Entrevista:

Arturo
Colorado
Castellary

"EL HIPERMEDIA INVITA A IR DE LA ADMIRACIÓN DEL ARTE A SU COMPRENSIÓN"

Susana Pajares Toska
spajares@eucmos.sim.ucm.es
Dpto. Filología Española III
Universidad Complutense de Madrid


                

Acaba de aparecer el libro de Arturo Colorado Castellary, Hipercultura visual. El reto hipermedia en el arte y la educación, publicado por la Editorial Complutense en su colección "Estudios Complutenses". Es un ensayo muy interesante y bien construido que introduce a los lectores españoles en los conceptos básicos de la cultura hipermedia y sus repercusiones en el mundo del arte, tanto en su enseñanza académica como en aplicaciones prácticas del análisis de las obras, la divulgación en CD-ROM, los museos y las autopistas de la información. Incluye al final una útil bibliografía por temas y un listado de arte en hipermedia y museos en Internet.


P— ¿Cómo surgió la idea de escribir Hipercultura visual?

R— Bueno, de alguna manera confluyen en mí dos aspectos: uno, ser historiador del arte, y dos, haber trabajado durante varios años como guionista en el campo del documental de televisión. En el año 91 hice el guión de un videodisco sobre pintura española para el Pabellón de España en la Expo 92. Atraído por el multimedia, al ver algunos CD-ROM que se habían publicado sobre arte, pensé que se iniciaba una nueva era en el campo de la transmisión de contenidos culturales, especialmente para la historia del arte. Empecé a investigar sobre el tema y me surgió la oportunidad de hacer el guión sobre el Museo del Prado (diseño interactivo y textos), y otros CD-ROM. Después me marché a Estados Unidos, a la Universidad de California, donde continué investigando sobre el hipermedia. Y todo este cúmulo de circunstancias me llevó a plantearme no sólamente trabajar como profesional en el campo del diseño del multimedia, sino a teorizar sobre ello. Este libro es el resultado.

P— Le voy a pedir que me haga parte del trabajo con un pequeño resumen sobre el contenido del libro.

R— En pocas palabras, estamos en el inicio de una era marcada por el lenguaje del hipermedia que supone un auténtico reto para el campo de la cultura. El libro analiza las repercusiones que esto puede tener en el campo de la historia del arte, los cambios que supone para todos los ámbitos: la divulgación de la historia del arte, la museología y la didáctica.

P— El libro comienza con una distinción muy útil entre hipertexto, hipermedia y multimedia, conceptos entre los que no se suele distinguir en este boom editorial de los hipermedia.

R— Me pareció importante iniciar el libro con una delimitación de conceptos porque creo que hay mucha confusión en este campo, confusión que yo mismo compartía antes de iniciar la investigación. El concepto de "multimedia" está establecido comercialmente, todo el mundo habla de multimedia porque los productores, las casas editoriales, han insistido en esta palabra. Esto se ha popularizado de tal manera que incluso se anuncian bailes multimedia o interactivos, cuando realmente no se sabe muy bien de qué se está hablando. El concepto correcto en el campo académico de la investigación es el de "hipermedia" porque se basa en el de "hipertexto". El hipermedia es el soporte físico que sirve de estructura interactiva, como el CD-ROM. El hipertexto es una estructura semántica: aquellos "puntos calientes" dentro del programa que permiten ser pulsados para interactuar e indagar a través de los caminos de información que ofrece el hipermedia. El hipertexto no es sólamente texto, sino imágenes, gráficos, iconos, sonidos..., cualquier punto caliente.

P— ¿Qué está más de moda, el hipertexto o el arte?

R— Creo que está más de moda el arte.

P— ¿Qué arte? Porque hay colas kilométricas en las exposiciones de Velázquez, pero el arte moderno es ignorado.

R— Es un fenómeno que no puede ser calificado de cultural-artístico, sino que es sociológico. El arte está de moda. Los grandes museos atraen a masas ávidas de ver las obras de los grandes maestros en una especie de ritual religioso en el que los museos son los templos de la nueva religión del arte. Es también un ritual turístico, pues sin acudir a los grandes museos parece que se ha fracasado en el viaje. El hipermedia viene a replantearnos esa moda en la que se ve sin comprender, sin entender las obras maestras dentro de su contexto.

P— ¿El hipermedia va contra está función ritual vacía de comprensión?

R— De alguna manera sí. El hipermedia invita al usuario a introducirse en la historia del arte de otra forma: ver la obra, ver la información sobre la obra a través de la imagen, grafía, voz, etc. Es una invitación a ir de la admiración a la comprensión.

P— ¿Se puede tener admiración sin comprensión?

R— Por supuesto, sobre todo en arte. La inmensa mayoría admira sin comprender.

P— En el libro dice que "la pérdida de la capacidad comunicativa del arte es un hecho".

R— La obra de arte tal y como se ha entendido históricamente ha desaparecido. El arte contemporáneo se centra más en el metalenguaje, en la meditación sobre la propia obra de arte, perdiendo la capacidad comunicativa de transmisión de mensajes que había tenido. Cuando se hacía un retrato real era con una función propagandística del poder. Hoy día la obra de arte se complace en sí misma y transmite su propio lenguaje. A esto se añade que los medios de comunicación audiovisual han superado ampliamente al arte en capacidad comunicativa, produciéndose un divorcio entre éste y el gran público. El arte contemporáneo sigue siendo algo incomprendido que produce rechazo en una gran parte del público y quizás el hipermedia pueda resolver ese divorcio precisamente dando claves de comprensión, eliminando esa actitud de rechazo y cambiándola, por lo menos, por la aceptación y el respeto.

P— ¿Es el elemento lúdico del hipermedia la zanahoria?

R— Es un elemento importante, no sólamente la zanahoria. Es la invitación a pasárselo bien, lo cual no tiene que asustar a ningún intelectual de altos vuelos. La cultura es divertida por definición, pero los expertos la hemos hecho aburrida por farragosa e incomprensible. El hipermedia nos obliga a los expertos a replantear nuestro concepto de la historia del arte y a utilizar todos estos medios a nuestra disposición: audio, voz, imagen, grafía... Todas estas alternativas nos obligan a hacer un lenguaje ameno y atractivo sin tener por qué perder en profundidad o en contenido.

P— Quizá algunos expertos puedan pensar que estos CD-ROM son una trivialización, ¿ha sabido ya de reacciones con respecto a su libro?

R— He tenido recientemente una experiencia muy interesante. Presenté una ponencia sobre El historiador del arte en la era hipermedia en el Congreso organizado por el Comité Español de Historia del Arte dedicado a "El historiador del arte, hoy". Mi ponencia fue la única sobre el tema y hubo dos tipos de reacciones: una, la de los profesores que por muy consagrados que estén tienen un espíritu abierto y recibieron con aprobación mi ponencia, como Juan Antonio Ramírez y los historiadores jóvenes; la segunda fue la de los profesores de escuela más tradicional, que no supieron entender lo que intenté transmitir porque les resultaba demasiado novedoso, produciéndoles cierto rechazo y desconfianza. Es verdad que estos CD-ROM están, hoy por hoy, en el campo de la divulgación, pero pienso que con el desarrollo del hipermedia llegaremos a utilizarlos como soporte de investigación de gran profundidad. No tiene por qué suponer trivialización, sino divulgación científica de calidad. El hipermedia no hace un buen programa igual que el hábito no hace al monje. Hay en el mercado hipermedias de muy baja calidad que pueden decepcionar al usuario atraído por la moda. Para hacer un buen hipermedia se necesitan buenos contenidos y una comprensión de las posibilidades técnicas del nuevo medio. No puede ser ni un archivo de imágenes ni un texto ilustrado como hay muchos en el mercado.

P— A parte de ser un útil almacén de datos, ¿cómo puede ayudar el hipermedia al análisis de las imágenes?

R— Utilizando todos los lenguajes que aporta el hipermedia: la imagen estática y en movimiento, la grafía, el audio, el 3-D, etc., y todo ello combinado de una manera adecuada. Un apropiado diseño interactivo supone una invitación a la comprensión de la obra y al mismo tiempo, la estructura del hipermedia puede organizarse en función del análisis de la obra. O sea que hay un doble camino: el hipermedia es el soporte idóneo para el análisis de la obra artística, y la obra artística, a su vez, se convierte en diseño interactivo para comprenderla mejor. Por ejemplo, en los CD-ROM que yo he diseñado he procurado plantear el análisis de la obra a partir de tres pasos fundamentales. Uno: ver, una invitación a ver de una manera más profunda de lo que se hace en una visita turística; dos: indagar, la posibilidad de investigar los datos históricos e iconográficos para una mejor comprensión de la obra; y finalmente: interpretar, o el análisis definitivo más profundo de la obra. El diseño interactivo está en función de esos tres pasos fundamentales que creo que el hipermedia puede desarrollar plenamente.

P— Habla usted constantemente de acercar, explicar, hacer accesible, etc. ¿Supone esto para su disciplina perder esa aparente condición de guardián del tesoro?

R— Tendrán que desaparecer los guardianes del tesoro. El historiador del arte hoy cumple una misión muy específica, y es convertise en un funcionario atento y reconocido públicamente que certifica la calidad de una obra. Precisamente hace poco ha surgido una polémica sobre obras de Velazquez que ya no son de Velázquez, y otras obras que se atribuían a un discípulo de Velazquez que resultan que son de Velázquez. Creo que hay que pasar ya de esa etapa de las atribuciones a una etapa del análisis de la historia de arte como una disciplina científica de caracter humanístico. Hay que entender que el historiador del arte es el experto en cómo el hombre se ha comunicado a través de la imagen artística a lo largo de la historia. Ese es el concepto que yo propongo de la historia del arte y que podemos denominar cultura visual. A mí, que el cuadro La Infanta Margarita sea de Velázquez o sea de Martínez del Mazo me parece una cuestión secundaria. Lo importante es llegar a entender por qué se produjo esa obra, cuál era la intención, qué función comunicativa cumplía en la época...

P— Ha hablado usted de divorcio entre público-arte moderno, ¿cómo se ocupan los hipermedias divulgativos del arte moderno?

R— El divorcio se ha establecido porque el público no ha llegado a entender lo que suponen las vanguardias históricas y el arte contemporáneo. Pero los mecanismos de la imagen siguen siendo los mismos, lo que cambian son las claves de cómo realizar la obra. Ya no interesa tanto copiar la realidad como crear otra realidad distinta y paralela a la propia realidad. El arte ya no tiene la función imitativa a través de imágenes reconocibles. Una obra abstracta puede tener una capacidad comunicativa en sí misma y el hipermedia nos permite, a través de un esquema interactivo adecuado, dar claves de comprensión no sólamente de la historia del arte del pasado sino también del arte contemporáneo.

P— La democratización que puede traer este nuevo soporte se opone al carácter elitista que se le ha atribuído al arte durante mucho tiempo ¿Puede ser esto un choque?

R— Yo espero que no lo sea. Creo que la gente está ávida de entender lo que hasta ahora sólo se le ha ofrecido como objeto de adoración. Lo que ocurre es que hay unos mitos tan asentados en torno al arte que va a ser muy dificil romperlos, y el hipermedia en este caso puede realizar una labor muy positiva. Hasta ahora se nos ha invitado sencillamente a admirar la obra, a acudir al templo del arte, que es el museo, y ponernos si no arrodillados físicamente sí arrodillados mentalmente ante la visión de la obra maestra. La gente siente una emoción ante la obra de arte, lo cual es un elemento cultural que hemos aprendido. Pero no se nos ha invitado a llegar a comprenderla. Lógicamente cuando se invita a comprender y se dan claves de comprensión de la obra, la obra mitificada pierde ese caracter de objeto religioso y se convierte en lo que es realmente: un objeto de cultura, una imagen sobre un soporte bi-dimensional con una técnica determinada, con unas claves del lenguaje y con un mensaje que transmitir. Yo creo que el proceso de comprensión conlleva necesariamente un elemento de desmitificación de la obra. El hipermedia nos obliga a replantearnos todo esto e invita al usuario a que se convierta en autor, porque interviene a través de la interactividad en el desarrollo de la información.

P— Habla usted separadamente de cultura visual y textual, ¿no es lo textual visual?

R— Sí. Pero yo no entro en una oposición de lo textual y visual, lo que discuto es que la historia del arte sea transmitida a través del texto ilustrado con imágenes. La imagen era un apoyo del texto, durante siglos se ha considerado que la comunicación textual era la única intelectualmente válida. Por ejemplo, en el libro cito el caso de Velázquez. Velázquez fue despreciado en su época, considerado como un simple artesano, y él se pasó toda la vida reivindicando el carácter intelectual de la obra que creaba; si partimos de ahí, llegaremos a entender a Velázquez, si no, no. En la época contemporánea imagen y texto confluyen hacia un lenguaje interactivo donde cada cual ocupa el lugar correspondiente sin establecer prioridades. Para la historia del arte supone un auténtico reto, porque ya no se trata de transmitir textualmente un mensaje que es visual, sino que se tiene la imagen como apoyo fundamental para, a partir de ella y en relación con el texto, crear un nuevo sistema de comunicación que rompe viejos esquemas.

P— La imagen dejará de ser simple ilustración. ¿Comparte usted el augurio de los que dicen que el texto pasará a ser pie de foto?

R— No lo creo. Y no lo creo porque, aunque el hipertexto incluye todos los elementos propios del hipermedia, tiene un apoyo fundamental en el texto. A parte de que el texto tiene de por sí una importancia comunicativa que no tiene por qué obviarse en el hipermedia. Lo que es verdad es que hay una tendencia actualmente en el campo del hipermedia a ir eliminando texto y ganar en imagen, y esto forma parte de la política de algunas productoras y editores que piensan que el público se siente más atraído por el campo de la imagen, llegando incluso a crear auténticas ferias audiovisuales, olvidando la importancia del texto.

P— Dickey señala que hay un paralelismo entre el rechazo de la linealidad causal que hacen las artes visuales y la nueva organización de la poesía y la narrativa en la forma hipertextual que se acerca, de alguna manera, a la organización de la imagen. Es decir, hay un acercamiento entre las dos cosas....

R— Si. Se está produciendo actualmente un fenómeno cultural insólito e imprevisible, porque siempre se ha dicho que la tendencia de la cultura es a la especialización. Hoy se está produciendo un fenómeno de confluencia, en el campo de la historia del arte no sólo hablamos de imagen los historiadores del arte sino también los expertos en imagen, los antropólogos visuales..., y ese fenómeno de confluencia, que podemos denominar cultura visual, es muy significativo. El hipermedia es el soporte idóneo para ese proceso de confluencia.

P— Es muy interesante esto que ha dicho de ir contra la especialización y la pregunta que se me ocurre es: ¿obliga a las personas que se dedican a esto, a los estudiosos, a ser una especie de hombres del Renacimiento, capaces en su especialidad, capaces en informática, capaces en conectar con otras especialidades?

R— Yo creo que sí. Yo creo que hoy en día hay una actitud de ampliar los conocimientos, salir de la estricta especialidad y recoger otras aportaciones del campo de la cultura. Por ejemplo en historia del arte la imagen artística nos está hablando de cultura, tenemos que saber no solamente el estilo de la obra (en la tónica de la historia del arte como una historia de los estilos, que yo creo que desaparecerá), sino también historia, iconografía, mentalidades, elementos de comunicación de la época, etc. Quizá no lleguemos a ser hombres del Renacimiento porque el campo de la cultura ahora es mucho más amplio que lo era en el Renacimiento, pero sí tenemos que aceptar la informática y el lenguaje del hipermedia como algo que hay que aprender a utilizar. Creo que en las universidades se deberían implantar asignaturas sobre informática y el lenguaje del hipermedia, no solamente en el campo científico sino también en el de las humanidades. Un historiador del arte del futuro no podrá serlo si no utiliza las herramientas del futuro.

P— ¿Cómo ve las actitudes universitarias ante el hipermedia? Alumnos, profesores, institución...

R— Empieza a producirse una mayor apertura, pero sigue habiendo un amplio espectro del profesorado que ve con cierta actitud escéptica y despectiva el campo del hipermedia. Creo que es un poco la misma actitud que hay hacia el campo de la imagen. La actitud de rechazo o desprecio hacia el campo de la imagen se transfiere también al campo del hipermedia, y en este caso se añade el desconocimiento de la informática. Sin embargo entre el alumnado he podido apreciar una actitud absolutamente abierta. Las nuevas generaciones que acceden a la universidad ya traen una aceptación del lenguaje informático e hipermedia. Se está produciendo cada vez un divorcio mayor entre el profesorado que no ha aceptado la situación y los alumnos.

P— El hipermedia se dirige a un aprendizaje constructivista en esta relación con los alumnos mientras que nuestro sistema actual propicia la pasividad de los estudiantes. Este paso a la actividad, ¿encontraría resistencia entre los alumnos?

R— Encontraría resistencia entre el profesorado. Y es un fenómeno muy interesante que se está produciendo ya en la universidades americanas y que aquí sucederá a corto plazo. Hasta ahora la clase ha sido magistral, con el profesor que llega al aula, imparte el tema del día y después se marcha sin haber invitado a la participación al alumno. También es verdad que la masificación que sufrimos es el caldo de cultivo perfecto para este tipo de clase magistrales. Con la progresiva implatación del hipermedia, el alumno irá adquiriendo cada vez una mayor autonomía de aprendizaje porque el hipermedia le invita a adquirir esa información y ahorra al profesor el tener que limitar su clase a una simple impartición de información. Cuando yo doy bibliografía actualmente no sólamente incluyo libros, sino también títulos en CD-ROM. Cuando el alumno adquiere información mediante el soporte hipermedia el profesor se puede convertir en lo que realmente debe ser: un coordinador de adquisición del conocimiento. Siguiendo la teoría constructivista es la persona que coordina, que relaciona los conceptos y que invita a los alumnos a producir conocimiento por sí mismos.

P— ¿Hay alguna posibilidad técnica y económica real de aplicar el hipermedia en las universidades españolas?

R— La verdad es que los presupuestos que tenemos son tan escasos que casi parece una utopía en este momento plantearnos la implantación generalizada del hipermedia. Pero, por ejemplo, aquí en la facultad de Ciencias de la Información se acaba de cablear toda la facultad. En todas las aulas podemos conectar con nuestro ordenador personal, proyectar hipermedias en clase y acceder a Internet, eso es un paso fundamental para que los alumnos se incorporen a este lenguaje. Ahora, yo me pregunto, ¿cuántos profesores de esta facultad estarán dispuestos a utilizar esta nueva posibilidad que se les ofrece? Creo que seremos al principio muy pocos, pero poco a poco se irán desarrollando estas posibilidades. Yo realmente estoy muy ilusionado con la posibilidad de no sólamente tener el proyector de diapositivas, que es hasta ahora el único instrumento que he tenido en clase, sino poder mostrar un CD-ROM y que el alumno pueda apreciar las posibilidades que ofrece.

P— En el libro advierte usted sobre el peligro de que algunas universidades americanas ven al hipermedia como la posibilidad de reducir costes de personal. Pero el hipermedia exige mucho trabajo previo y de apoyo ¿no es una contradicción esperar esta reducción de costes?

R— Yo creo que tal como está concebida la universidad americana, que es una empresa que tiene que rendir beneficios, el temor de ciertos profesores puede estar en cierta manera justificado porque, así como algunos profesores de las universidades americanas han recibido el lenguaje del hipermedia con auténtica euforia y se han incorporado de una manera decidida a ser autores de títulos hipermedia, hay otros que ven con escepticismo esta progresiva implantación porque las autoridades académicas, empresarios académicos de las universidades americanas, han visto la posibilidad de ahorrarse una parte del profesorado introduciendo el hipermedia en las aulas. La verdad es que, conociendo las universidades americanas y la mentalidad empresarial que tienen, yo entiendo su temor. Ahora, creo que estos profesores tienen que luchar contra ese ahorro de personal y considerar que el hipermedia viene a enriquecer su labor, no a entorpecerla o a eliminarlos a ellos.

P— ¿Que podemos aprender de estas universidades americanas?

R— La universidad americana está excesivamente mitificada, y no supone importantes novedades para las universidades europeas que estén mínimamente desarrolladas. Es verdad que tienen algo que es envidiable: grandes presupuestos, grandes inversiones en el campo de las nuevas tecnologías, bibliotecas extraordinarias..., sin embargo la media de las universidades americanas no me parece que tenga un nivel excesivamente alto. Quizás los europeos tendríamos que aprender de los americanos la apertura de mente hacia las novedades, cuando esas novedades son útiles y aportan, y quizás los profesores americanos tendrían que aprender de la universidad europea un mayor nivel de exigencia.

P— ¿Cómo afecta el hipermedia a los museos?

R— Ese es uno de los capítulos fundamentales del hipermedia. El museo, tal como se concibe hoy día, es un depósito de obras de arte donde la gente acude a admirar las obras descontextualizadas. Es el gran templo de la historia del arte y, sin embargo, el museo va a tener que cambiar si quiere sobrevivir, a pesar de toda la gran parafernalia que hay en torno a los museos. Hay dos vías de renovación de los museos a través del hipermedia: uno, el que los museos tengan que realizar su propio hipermedia, la producción de un CD-ROM que se venda al público y que pueda utilizar en su casa para acceder a la información que el museo no aporta. La segunda vía de renovación, que me parece mucho más importante que la primera, es la implantación, la incorporación del hipermedia al campo del museo. Me refiero que los museos tienen que hacerse interactivos si queremos que dejen de ser simples almacenes de obras en vez de lugares de aprendizaje. Ha habido una experiencia muy novedosa e importante en la que tuve oportunidad de participar junto a Isidro Moreno (también de esta Facultad): el Museo del Libro de la Biblioteca Nacional de Madrid, que es una de las grandes novedades en el campo museográfico en todo el mundo, pues se concibe como un museo de participación. Hay obras expuestas, hay objetos que se muestran al visitante, y al mismo tiempo hay una gran cantidad de módulos de participación interactiva a través de la holografía, a través del video-disco, a través del diaporama, utilizando la voz en off, utilizando la música... Para el visitante supone una auténtica invitación a la comprensión de lo que es la aventura del saber, la aventura de la comunicación a través del libro, a través de la imagen, a través de los grabados, a través de todos los soportes que ha utilizado el hombre para comunicarse textualmente o a través de la imagen. Este ejemplo del Museo del Libro de la Biblioteca Nacional de Madrid debería servir de acicate para muchos museos, no solamente en el campo del libro o en el campo del grabado, sino en el campo de la pintura y la escultura, para actualizar sus estructuras y renovar sus circuitos de visita a través del hipermedia. La actitud de rechazo de gran parte de los directivos de los museos viene porque parece que introducir el hipermedia en el campo del museo es trivializar el museo. Yo creo que es todo lo contrario, es actualizarlo, renovarlo y convertirlo en un auténtico centro de extensión cultural y comprensión de la obra, y no solamente en un lugar de admiración.

P— El hipermedia derrumba fronteras, ya sean temporales o espaciales. Probablemente la mayoría nunca tengamos la oportunidad de visitar l´Ermitage o de ver todos los fondos del Prado. ¿Trae el hipermedia nuevas perspectivas de internacionalización de la cultura?

R— El hipermedia rompe fronteras. Crea lo que Malraux calificó de museo imaginario, ese museo en el que pudieran estar todas las obras de todos los museos del mundo. Decía Malraux que no hay museo en el mundo que pueda plantear una visión general y global de la historia del arte, el hipermedia es un soporte que lo permite y con mayor capacidad de almacenamiento que el libro. El hipermedia cuestiona al conservador del museo como la persona que tiene que decidir lo que podemos y lo que no podemos ver, rompe los muros del museo, nos introduce en los almacenes donde están las obras consideradas como secundarias y, por tanto podemos acceder a toda la información. El usuario decide lo que quiere y no quiere ver, a dónde puede acceder y a dónde puede ir para ver lo que le interesa realmente.

P— En el asunto de los museos hay bastante nacionalismo y rivalidades. ¿Que implicaciones políticas puede tener el hipermedia?

R— Aquí se plantea un problema no resuelto, que es el problema de los derechos de la reproducción de imágenes. Es un tema muy polémico que los gobiernos no han sabido resolver. Los museos son los depositarios de las obras, por tanto tienen que conservarlas, pero la imagen de esas obras es de todos, por tanto deben poner a disposición del público en general todos sus fondos. No tienen porqué cobrar derechos de reproducción porque la imagen es de todos.
Los museos pretenden ser los propietarios de la imagen y cobrar derechos de reproducción aunque sea un pintor que vivió en el siglo XVII. Es verdad que actualmente hay unos derechos de autor para aquellos artistas vivos o que murieron hace menos de 70 años, lo que me parece absolutamente lógico porque el autor de la imagen ha creado la obra y cuando es reproducida tiene derecho a cobrar un canon establecido por las asociaciones de artistas existentes. Pero una vez pasados los 70 años de la muerte de autor, la imagen es de todos. Es un bien que pertenece a toda la humanidad y los museos no pueden erigirse en propietarios de la imagen. Es cierto que según los países hay mayor o menor libertad de utilización de imágenes. Por ejemplo, los museos de Estados Unidos persiguen de una manera sistemática a cualquier persona que utilice sus imágenes. La verdad es que la gran capacidad de divulgación que tiene Internet va a cuestionar todo este tipo de planteamientos y va a obligar a los gobiernos a legislar, liberalizando la reproducción de las imágenes y ofreciéndolas al usuario universal.

P— A parte de ser el hipermedia un soporte para el estudio de las obras de arte ¿puede ser él mismo objeto de estudio artístico?

R— Creo que el hipermedia es un lenguaje artístico en sí mismo porque pone en nuestras manos todos los lenguajes de que disponemos y nos obliga a ser creativos. Incluye el guión, el tratamiento de la imagen, el grafismo, el diseño de pantalla, el diseño gráfico, es decir, son tantos aspectos que podemos calificar al hipermedia como un lenguaje artístico en sí mismo de gran riqueza. Estamos en los inicios, en los balbuceos del hipermedia, pero ya se están produciendo unos CD-ROM de una altísima calidad de diseño gráfico, de guión, etc., lo que ocurre, repito, es que estamos en los inicios y se producirá una auténtica renovación.

P— En el hipertexto sucede que hay mucha más teoría que ejemplos, es decir, que el boom y el entusiasmo ha sido tan fuerte, sobre todo en Estados Unidos, que hay infinidad de artículos y libros sobre muy pocas aplicaciones prácticas, ¿se ha levantado también de la nada una teoría en el mundo del arte?

R— Se está levantando una teoría, pero yo creo que no se parte de la nada. En el mundo del arte hay tantos ejemplos en el campo del CD-ROM que podemos distinguir entre buenos ejemplos, que aportan algo, y algunos hipermedia que son un auténtico insulto a la inteligencia del usuario. El fenómeno del hipermedia ha afectado de una manera profunda el campo del arte porque parece que la historia del arte es un ámbito propicio al hipermedia, y así lo han entendido muchos editores. De hecho, dentro de un mes se producirá en París la convocatoria de premio Möbius internacional, donde acuden 40 candidatos que son los hipermedias que han ganado en cada uno de los concursos regionales en el mundo. De estos 40 títulos habrá por lo menos 10 que serán sobre historia del arte, lo cual indica que la historia del arte ha entrado de manera evidente en el campo del hipermedia, y yo creo que contamos con suficientes ejemplos para poder teorizar mostrando casos concretos y no solamente hablando en abstracto.

P— Sobre el mal aprovechamiento del medio, dice usted que "la bestia es el mal diseño interactivo", es decir no comprender las posibilidades del medio y hacer un cromo. En Internet ¿hay más cromos o hipermedias?

R— Yo creo que estamos todavía en la etapa en la que Internet pueda ser considerado un juguete interesante, pero donde ya hay ejemplos importantes de aportaciones esenciales en el campo del lenguaje hipermedia. De hecho la revista en la que estamos incluyendo esta entrevista es un ejemplo de las posibilidades extraordinarias que ofrece Internet. Al mismo tiempo hay muchas cosas que son auténticamente deleznables en Internet. De hecho, para producir un hipermedia de calidad se necesita la confluencia de varios expertos: un experto en contenido, que realmente sepa lo que le ofrece el campo del hipermedia, un experto programador, que sepa traducir, a través de la programación, esos contenidos, ese diseño interactivo, y en tercer lugar un experto en el campo audiovisual porque el hipermedia tiene un lenguaje audiovisual y, a veces, el tratamiento que se hace de la imagen en los hipermedia no tiene la suficiente calidad porque no hay un experto que entienda ese lenguaje a la hora de la realización. La cuarta pata de esta mesa es el propio usuario, y esto no es demagogia, porque el hipermedia rompe la imagen del usuario como simple receptor pasivo, ahora interviene activamente en el proceso de comunicación y se convierte de alguna manera en autor.

P— Como autor de libros y de hipermedia ¿que le cuesta más trabajo y que le causa más placer?

R— El hipermedia cuesta más trabajo. Cuesta más trabajo porque para ser un buen autor de hipermedia hay que pensar siempre en la estructura interactiva. El libro tiene un discurso lineal, el hipermedia te obliga a replantear ese discurso lineal al tener que interactuar, interconectar todas las opciones que ofrece el menú principal y ver cómo una opción se complementa con las otras opciones del CD-ROM. El que quiera acercarse al hipermedia tiene que romper el esquema del autor del libro y plantearse ser un experto en el campo hipermedia. Utilizar el texto, pensar en imágenes estáticas o en movimiento, y utilizar todos los elementos que le ofrece el hipermedia. Yo creo que es más dificil el hipermedia, pero al mismo tiempo es un medio más creativo porque te ofrece todas esas posibilidades, y además después de haber pasado todo el proceso de programación acude uno a la pantalla, y ver cómo se ha desarrollado todo el tratamiento audiovisual, textual, e hipertextual del guión que se ha elaborado en la mesa supone una satisfacción extraordinaria.

P— ¿No es una paradoja que nos cueste tanto empezar a pensar o a escribir siguiendo el pensamiento asociativo, que es lo que propugna el hipertexto, cuando se considera más natural que este pensamiento lineal con el que estamos viciados desde nuestra alfabetización?

R— Exactamente. Yo creo que es, precisamente, uno de los grandes retos del hipermedia. Se ha comparado el hipermedia con la manera de actuar de la mente humana, o sea se ha comparado el hipermedia con el cerebro porque nosotros funcionamos y pensamos mediante asociación de ideas. El hipermedia se adecua de una manera más evidente con la estructura de la mente humana que el propio libro y esa capacidad interactiva que tiene el hipermedia cuestiona la linealidad a que estamos acostumbrados en el ámbito académico.

P— Pero como lectores nos resistimos y como autores nos sale la linealidad...

R— Yo creo que nos sale la linealidad por el peso cultural, pero la adecuación de la interactividad a la mente humana nos obliga a cuestionar esa vieja linealidad y a acudir a los campos de la interactividad. De hecho la obra de arte, a lo largo de la historia, puede calificarse de interactiva, pues plantea cuestiones al espectador de la imagen que, a su vez, resuelve, en parte, lanzando nuevas cuestiones a la obra de arte. Este fenómeno se producía en el contexto histórico en el que la obra fue producida, por ejemplo en el románico, cuyas imágenes eran fácilmente legibles para el espectador de la época y hoy día son incomprensibles. El museo ha eliminado esa interactividad al descontextualizar la obra y colocarla en un muro. Sin embargo el hipermedia puede recuperar ese caracter interactivo que tiene la obra. El usuario lanza cuestiones a un programa inteligente y bien hecho, y de alguna manera se recupera ese caracter interactivo que la obra ha perdido a lo largo de los siglos.

P— ¿Dejará de ser interesante ir al museo?

R— El museo siempre será un paseo interesante para ver las obras en su apariencia física real y será mucho más interesante si los directivos del museo se deciden a incorporar el hipermedia. Será realmente cuando el museo sea una invitación no solo a un paseo admirativo sino a un paseo participativo.

P— ¿Le gustaría añadir algo que no le haya preguntado?

R— Bueno, ya que no hay límite de espacio... El libro pretende ser una aportación en el campo de la cultura visual apostando de una manera decidida por el nuevo lenguaje hipermedia. Quisiera felicitar al editor porque ha tenido el coraje de lanzar un libro que es totalmente nuevo en este campo, y que quizá sea el primer libro que se lanza en España sobre este tema y uno de los primeros en el mundo. Invitaría a los posibles lectores interesados a que adquieran el libro para compensar al editor de esta aventura a la que se ha lanzado, confiando en el libro y en el autor, y le anime a seguir en esta línea de innovación.

P— Compraremos el libro con la promesa de que haya otro, porque este es breve. ¿Tiene usted otro proyecto?

R— El proyecto es continuar en el campo del hipermedia. En este momento tengo cosas entre manos sobre todo relacionando el campo del museo con el CD-ROM, porque hay muchos museos que desean tener su propio CD-ROM. Al mismo tiempo seguiré trabajando en el campo del guión interactivo, del diseño y de la dirección del hipermedia, lo cual me obliga a teorizar sobre el trabajo para que no sea meramente práctico, sino que tenga un apoyo teórico y de una progresiva implantación de novedades. Lo que procuro es que cada hipermedia que escriba o que dirija tenga siempre algo que decir, algo prometedor, algo de invitación, algo de novedad creativa y actualmente, lo que más me atrae y quisiera incorporar de manera decidida al campo del hipermedia es el campo de la simulación de espacios virtuales, de espacios desaparecidos, que a través del hipermedia podemos recrear de manera extraordinaria. Esos son los proyectos más inmediatos, aparte de que con otros compañeros de esta facultad estamos iniciando una investigación dentro del ámbito académico de la que esperamos surjan también otras aportaciones teóricas tanto a través del libro individual como a través del libro colectivo, el hipermedia colectivo y, por supuesto, Internet.

© Susana Pajares Toska 1997

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