Informe

FELIPE GUAMÁN
POMA DE AYALA
Y SU OBRA

NUEVA CORÓNICA Y BUEN GOBIERNO:

¿VERDADERA O FALSA AUTORÍA?

María José Borrero
Universidad de Barcelona


El cronista mestizo peruano Felipe Guamán Poma de Ayala ha sido, de nuevo, en el IL Congreso Internacional de Americanistas, objeto de polémica, en relación con la autoría que se le atribuye. Ésta ha sido puesta en tela de juicio con motivo del rescate del olvido de un manuscrito comprometedor en sus declaraciones. Con anterioridad a esta novedad manuscrita, se había admitido que el autor de la crónica titulada Nueva Corónica y Buen Gobierno, hallada en 1908 por Ricardo Pietschman en Copenhague, era obra del cronista mestizo citado. La relación en sí supone un caudal informativo capital para la historia de Perú, lo que hace suponer que todo lo que de ella se conjeture o se considere afecta a la identidad de sus habitantes.

A pesar de que el autor de la Nueva Corónica y Buen Gobierno haya sido para los entendidos en el período colonial de la literatura hispanoamericana y para los conocedores de ésta Felipe Guamán o Huamán Poma de Ayala, su persona no ha dejado de ser un misterio. De hecho, su vida ha sido "reconstruida", en su mayor parte, por medio de hipótesis: su nacimiento, su región de origen, sus ascendientes... La razón de ello viene dada por la poca claridad, en ocasiones, de su redactado, a través del que rezuma una mente algo enigmática y una personalidad llena de orgullo, la cual se exculpa con la benevolencia que demuestra para con los indios. De este modo, se deduce, al declarar él mismo, hacia el final de la obra, que la ha compuesto a los ochenta años, y al sostener la crítica que la escribió, sin lugar a dudas —por las citas históricas y personajes presentes en la segunda parte del manuscrito—, entre los años 1613 y 1615, que su despertar al mundo tuvo lugar hacia el año 1534. De que recorrió la zona de Huamanga, actuó como intérprete, enseñó a leer, contribuyó a la difusión de la doctrina cristiana y defendió a los pobres da sobrada noticia a través de las páginas de su relato; un relato que presenta un idioma mezcla de español y quechua y que se halla dividido en dos partes: la primera, la Nueva Corónica, versa sobre los tiempos anteriores a la civilización inca. En ella, presenta, a grandes rasgos, un mundo atractivo de ocupaciones, fiestas, canciones, prácticas de superstición y de religión, quehaceres medicinales y costumbres funerarias, que tiene su expresión más intrínseca en la incorporación de textos escritos en quechua, aymara o en otras modalidades regionales; la segunda, el Buen Gobierno, denuncia las injusticias que acechan a los indios. A todo esto, se añade la abundancia de ilustraciones pictóricas a pluma y sin color que revelan la participación de una mano primitiva, las cuales han sido estudiadas por Mercedes López-Baralt en Icono y conquista: Guamán Poma de Ayala.

Como puede apreciarse, la relación de Guamán Poma se erige en un monumento cultural, base de la nación peruana. Y es en torno al personaje narrador que resonó en los oídos peruanos, el año pasado hacia el mes de julio de 1996, un clamor ignoto de parte de una estudiosa italiana. Ello, como es de suponer, fue acogido en el ámbito académico con sorpresa. Durante el IV Congreso Internacional de Etnohistoria, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú, la Dra. Laura Laurencich Minelli, invitada por el decano de la Facultad de Letras Franklin Pease, sorprendió a los oyentes al anunciar en su ponencia la existencia de un documento perteneciente al siglo XVII denominado Historia et Rudimenta Linguae Piruanorum Illanes- y localizado en el archivo privado Miccinelli-Cera de Nápoles, en cuyo intrincado narrativo se sacaba a colación el verdadero autor de la Nueva Corónica y Buen Gobierno: el jesuita italiano Blas Valera.

La profesora arqueóloga de la Universidad de Bolonia tuvo noticia cierta del manuscrito casualmente: de la lectura de un libro publicado en Italia en el año 1989, titulado Quipu, Il Nodo Parlante Dei Misteriosi Incas y escrito por Clara Miccinelli, barruntó la existencia de un manuscrito antiguo. Dada esta suposición, se puso en contacto con la editorial que había publicado el libro y ésta le facilitó los datos de la autora. Tras una entrevista con ella, en la que se cercioró del hallazgo del documento, obtuvo permiso para iniciar las investigaciones.

El manuscrito investigado por la experta italiana Laura Laurencich se nos presenta como un escrito cuyo nudo informativo resultó comprometedor en una época de prohibiciones. Su existencia fue y es debida a un jesuita italiano llamado Blas Valera, el cual quiso notificar al Papa mediante un manifiesto la verdad sobre la victoria de Francisco Pizarro, conocida por aquél gracias a su tío Luis Valera: el soldado español había envenenado a los soldados de Atahualpa mediante arsénico mezclado con moscatel y así había logrado proclamarse vencedor. A tal intención divulgativa se opuso el entonces general de la Compañía de Jesús en Perú, el padre Claudio Aquaviva. No obstante, Blas Valera, que a la postre era contrario al trato que le era propinado a los nativos, no desistió de su empeño. Por ello, fue declarado muerto por la orden y tuvo que exiliarse en España. Allí, procedió a la entrega de parte de sus papeles, de su Historia Occidentalis: el cronista Garcilaso de la Vega los poseyó, pero incluyó sólo algunas partes del trabajo del religioso en su conocida obra Comentarios Reales (1609), pues eliminó lo subversivo. Su regreso a tierras incas tuvo lugar en el año 1598: entró secretamente en el Cuzco, donde decidió publicar la historia del Perú y de la Conquista por él narrada. Por el año 1611, conoció a dos jesuitas y cronistas vinculados con la época colonial del Perú: a Joan Antonio Cumis di Catanzaro y a Joan Anello Oliva. Y a ambos desveló su secreto. Los tres idearon lo que se conoce con el nombre de la "conjura": Blas Valera estaba decidido a hacer público su relato y para ello tomó la decisión junto con Cumis y Oliva de obnubilar su testimonio: se valieron del nombre y de la firma de un mestizo que sobresalía por su soberbia y vanagloria: Guamán Poma de Ayala. Además, el redactado del documento se vio embrollado a propósito por dos manos : la de Valera y la de Oliva, con el objetivo de ocultar la escritura del auténtico autor. Esto hizo que se incluyeran notas sobre la vida de Guamán Poma. El mestizo Gonzalo Ruiz se encargó de transcribir la nueva obra. Al haber cumplido su cometido, Valera regresó a España en 1618 y poco después murió en Alcalá de Henares, donde fue enterrado con un quipu que daba a conocer la historia de los incas.

La noticia de la muerte de Valera se notifica como otras en el manuscrito encontrado por Laura Laurencich, el cual, según se dice en el documento, fue entregado por un indio, Juan Tacquic Menéndez de Sodar, en su lecho de muerte al jesuita Pedro de Illanes en Chile. Durante una visita de éste a Roma en 1744, se lo cambió por un óbolo al príncipe de Sansevero, Raimondo de Sangro. Posteriormente, fue la familia de Saboya la que guardó en su corte el manuscrito y el duque Amadeo de Saboya-Aosta se lo ofreció como regalo en 1927 a Riccardo Cera, tío materno de la actual propietaria.

Del escrito Historia et Rudimenta Linguae Piruanorum no son responsables únicamente Cumis y Oliva: cuenta con una pluralidad de redactores; es el resultado de la huella impresa de siete personajes: Blas Varela, Joan Antonio Cumis, Joan Anello Oliva, el curaca Mayachac Azuay, el padre Pedro Illanes y el duque Amadeo de Saboya-Aosta. En cuanto a su estructura, aquél se halla conformado por nueve folios obra de Joan Antonio Cumis y Joan Anello Oliva,

a los que siguen tres medio-folios debidos a Blas Valera. A estos trece folios, se engasta un quipu textil, cuya silabación tiene visos de europea, tal vez fruto de la adaptación del quipu indígena al sistema silábico europeo por parte de la Cofradía. Los nueve primeros folios contienen textos en latín, español e italiano: la lectura de los mismos, en general, nos da a conocer la tortura sufrida por Valera, su buen corazón en relación con la raza india y una breve gramática del quechua, que establece la clave para entender los quipus. Oliva, por su parte, detalla minuciosamente en italiano los avatares biográficos de Valera.

Es sabido gracias a algunos cronistas españoles de la época de la Conquista del Nuevo Mundo que la civilización inca utilizó cordeles anudados (quipus) para contar numéricamente y para narrar hechos históricos, religiosos, así como literarios . Pues bien, el quipu que acompaña a los folios aludidos es un ejemplo de cordel con nudos que entraña un mensaje estilístico: en la parte superior de cada cordel se halla escrita la palabra clave y en mayúscula la sílaba que se ha de leer y que aparece expresada mediante nudos. De su interpretación resulta el siguiente texto: Sumac Ñusta torallay quin puynuy quita paquir cayan unuy quita Pachacamac Viracocha paramunqui ("Bella princesa tu hermano tu urna ahora rompe tu linfa Pachacamac Viracocha manda con la lluvia"). A través de estas voces llenas de poesía, huellas del folclore de una nación agreste, queda demostrada la elaboración cierta de quipus literarios, acerca de cuya realidad se había dudado.

Si tenemos en cuenta todo lo expuesto hasta aquí, podemos deducir fácilmente todo el pensamiento de la paleógrafa italiana Laura Laurencich, pues progresivamente se ha ido apuntando: la arqueóloga especializada en culturas prehispánicas coincide con la estudiosa napolitana Clara Miccinelli en creer que el texto localizado fue redactado por dos misioneros jesuitas italianos: Joan Antonio Cumis y Joan Anello Oliva entre 1610 y 1638, y que los tres medio-folios tienen por autor a Blas Valera. Además, está de acuerdo con lo allí expuesto: el autor de la Nueva Corónica es realmente Blas Valera y las informaciones proporcionadas confieren fiabilidad. Con estas aseveraciones y tras la publicación de la transcripción íntegra del documento y de un estudio introductorio, la creencia de que Guamán Poma de Ayala es el autor de la Nueva Corónica y Buen Gobierno parece ya poco viable, del mismo modo que se confirma la no autenticidad del documento. El descubrimiento llevado a cabo traslada el protagonismo del yo narrador a un nosotros disgregado y a la vez plural que aboga por la verdad de ese yo que encubre el motivo real del nacimiento de la Nueva Corónica y Buen Gobierno. De hecho, es común en la vida que los encubrimientos tengan lugar en cualquier sitio y en cualquier momento con total dependencia de las circunstancias, para lo que es necesario cierto peligro en su revelación. Así, no es de extrañar que, en el caso que tratamos, la personalidad haya quedado velada conscientemente.

Estas hipótesis no son compartidas por todos los expertos en el tema.

Algunos de éstos se inclinan por unas consideraciones un tanto diferentes: el lingüista peruano Rodolfo Cerrón-Palomino no duda de la autenticidad del documento, pero resalta el hecho de que el quechua que en él figura es del siglo XVIII y que todo lo explicitado en el manuscrito podría ser pura invención. Al argumento cronológico del quechua empleado en el escrito y a la inverosimilitud de lo proferido en la relación múltiple se suma Bruce Mannheim, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Michigan, el cual sostiene que la lengua indígena usada pertenece, como mínimo, a finales del siglo XVII y que parece ser del norte del área peruana, quizás ecuatoriana. Se conoce por parte de los estudiosos otro aspecto, que pone en entredicho la hipótesis corroborada por Laura Laurencich, y ha sido sacado a colación por parte de los estudiosos: las referencias constantes que se dejan ver por doquier en la Nueva Corónica de la región de Ayacucho, al sur del Perú. Como señala Gary Urton, especialista en quipus, es impensable que Blas Valera, que había nacido en Chachapoyas, pudiera desconocer Ayacucho, tal como se desprende de lo referido en el manuscrito. Asimismo, el argumento de la autenticidad del documento no ha carecido de detractores: el historiador peruano Pablo Macera persiste en defender a Guamán Poma como único autor, y tanto John H. Rowe, profesor emérito de la Universidad de California, como Catherine Julien, arqueóloga y profesora de la Universidad del Oeste de Michigan en Kalamazoo, sospechan de la naturaleza de algunas partes del contenido global de la narración.

Es obligado reconocer en este punto que la Dra. Laura Laurencich en ningún momento se ha aferrado ciegamente a su postura. En su estudio publicado en diciembre de 1996 en Roma, así como en sus comunicaciones, insta a los especialistas a adentrarse en el estudio del manuscrito para obtener resultados concluyentes. No discrepa de la necesidad inmediata, que apunta el profesor Urton, de que un grupo de eruditos versados en el estudio de documentos españoles e italianos del Nuevo Mundo, pertenecientes a los siglos XVI y XVII, se sumerja en la aventura de lo desconocido para asegurar que el documento es a todos luces de la época que se presupone. Deja lugar a la duda y piensa que se han de aportar pruebas.

No puede permanecer en el olvido una noticia tan significativa como la que hemos presentado a lo largo de estas páginas. Tampoco es de extrañar que el disfraz de la identidad del narrador se haya efectuado a propósito de la Nueva Corónica y Buen Gobierno, puesto que responde a una muy lógica reacción, si consideramos el contexto en que se mueve el escritor. Con todo, éste no es un caso aislado. Recordemos el anonimato del Lazarillo de Tormes, una de las obras definitorias de la literatura española . No es exactamente la misma situación, puesto que en este caso ninguna persona encubre a otra o a otras. Sin embargo, coinciden en lo esencial del asunto: en las dos se denuncian hechos o actitudes nada agradables para ciertos interlocutores. Las circunstancias del momento llevan al autor/narrador a mantenerse en la oscuridad, aunque no a guardar silencio, a callar las injusticias o creencias y cambios sociales de ese período histórico.

La aportación de la profesora Laura Laurencich abre un debate, cuya resolución depende del factor tiempo: urge no sólo emprender la investigación para poder entresacar de lugares insospechados nuevos datos, sino también analizar la lengua quechua del manuscrito del archivo de Nápoles, la cual, a la larga, podría resultar una variedad regional algo evolucionada para la época, debido al contexto pragmático y situacional, y no ser el simple resultado del intento de hacer irreconocible la lengua. La esperanza ha de superar la imposibilidad inicial que se siente al intentar ahondar en un misterio.

Dirección
de la historiadora italiana

Laura Laurencich Minelli
cich@alma.unibo.it
Storia e Civiltà Precolombiane dell'America
Dipartimento di Paleografia e Medievistica
Via G. Petroni, 15
Bologna-Italia
Tel. 222598
Fax. 07-39-516457815

Referencias bibliográficas:

© María José Borrero 1997

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero7/guaman.htm