Estudios:

COMODIDAD Y RECURRENCIA
EN LA ORGANIZACIÓN
DEL DISCURSO COLOQUIAL

Ana Mª Vigara Tauste
amvigara@eucmax.sim.ucm.es
Departamento de Filología Española III
Universidad Complutense de Madrid


    Introducción
  1. Recurrencias "temáticas"
  2. Recurrencias fáticas
  3. Recurrencias expresivas
  4. Recurrencias parafrásticas
  • Ecos prospectivos (o de progresión ilocutiva)
    Why is there repetition in conversation? Why do we waste our breath saying the same thing over and over? (Why, for example, did I write the preceding sentence, which paraphrases the one before?)
    (Tannen, 1989, p. 47)

    [¿Por qué la repetición en la conversación? ¿Por qué gastamos nuestro aliento diciendo lo mismo una y otra vez? (¿Por qué, por ejemplo, he escrito la oración anterior, que parafrasea a su vez a la que la precede?)]

    El principio de la "no repetición" es, sin duda, un postulado estilístico propio de la lengua escrita (y muy poderoso, por cierto, en español), que refleja, sobre todo en los textos literarios (mucho menos en los científicos, por ej.), la voluntad estética de su autor. No rige, desde luego, para la lengua hablada espontánea (lengua coloquial (1)), donde la repetición aparece con tal frecuencia y naturalidad, que pasa —salvo excepciones— inadvertida tanto para quienes la usan como para quienes la escuchan y hasta para quienes nos dedicamos a su estudio.

    En el registro coloquial, las circunstancias de actualización imponen sus propias leyes al hablante (2). La inmediatez, fugacidad e imprevisibilidad propician un uso del lenguaje fundamentalmente irreflexivo, donde lo que importa es, más que la pura transmisión de informacion (es decir, más que los contenidos "objetivos" transmitidos), la participación (subjetiva) en la comunicación y la fluidez. Todo esto se traduce en dos características del lenguaje coloquial que permiten explicar la aparición de la mayor parte de sus fenómenos más representativos:

    1. la improvisación formal: organización y formalización del mensaje al ritmo del pensamiento-sentimiento subjetivo del hablante; y

    2. la actualización del sentido por aproximación (en el doble plano interlocutivo: emisión-recepción) durante la interacción comunicativa.

    ¿Por qué —como se pregunta Tannen— surge la repetición en la conversación e incluso la impregna con su presencia persistente si, dados tales condicionantes, la precisión no forma generalmente parte de los intereses comunicativos de los hablantes? Como punto de partida, la pregunta no hace más que plantear un problema de carácter general y pragmático: ¿qué mueve a los hablantes a hacer reiteradamente uso de palabras o información ya expresadas durante su relación interlocutiva? Es ésta una de esas curiosas tendencias típicamente coloquiales, omnipresente además, cuyo estudio ha estado casi siempre vinculado al de la lengua escrita o al de las condiciones de transmisión (objetiva o subjetiva) de la información y mediado por ellos, y cuya descripción global no se ha realizado todavía —que sepamos— en español.

    La lengua —se nos ha dicho desde la Teoría de la Información— tiene un mecanismo infalible para mitigar el "ruido" y asegurar el mensaje: la redundancia, que actúa —dice la Psicología— como "refuerzo cognoscitivo" en los hablantes. La repetición —afirman los estudios de Retórica y Estilística literaria— es redundante y "viciosa" si no aparece como afirmación estética de la voluntad de estilo del autor... Si en el coloquio fluyen unas tras otras las repeticiones y su finalidad no es casi nunca la de contribuir a la belleza o a la precisión del mensaje coloquial, ¿no debemos considerar que constituyen, en rigor, elementos de redundancia informativa, "viciosa", en la comunicación? Y si admitimos que es así, que las repeticiones, por serlo, son redundantes y "viciosas" también en la lengua oral, ¿aceptaremos sin más que su papel es en la conversación el de simplemente asegurar la transmisión del mensaje y que éste es el objetivo perseguido intencionalmente por los hablantes?

    Unos cuantos trabajos parciales (3), pero que abordan desde un punto de vista más o menos pragmático, "comunicativo" el estudio del lenguaje y de lo que todavía estamos denominando (no muy técnicamente) "repeticiones" nos permiten adelantar ya una respuesta: podemos usar (y usamos de hecho) palabras y/o información anteriormente expresadas con finalidades tan diversas como aludir al tema de la conversación y hacerlo presente en el acto comunicativo, evidenciar nuestra actitud como hablantes e interlocutores, matizar o atenuar lo dicho, realizar ciertos automatismos verbales, progresar de forma fluida en la transmisión de información..., e incluso expresar (con las mismas o muy parecidas palabras) contenidos distintos a los expresados con anterioridad.

    Lo cierto es que la lengua coloquial proporciona tantos ejemplos, y tan variados, de recurrencia, que se hace difícil su sistematización global y necesario intentar una reducción metodológica que facilite su estudio, aunque no garantice el éxito de los resultados. Este trabajo no tiene, en realidad, otra pretensión. He intentado, simplemente, introducir un poco de coherencia en el aparente caos de la iteración coloquial (4), ilustrar con unos pocos ejemplos algunas de sus posiblidades de aparición, sin pretensión alguna de exhaustividad; cualquiera podría, sin duda, añadir a sus ejemplos otros tantos o muchos más, discutir fundadamente su clasificación, estudiarlos desde un punto de vista diferente o añadir categorías nuevas... El punto de partida ha sido, una vez más, la extrañeza que ha provocado en mí el haberme dado cuenta de que una tendencia tan clara y sistemática en el registro coloquial, tan específica de él, no había recibido —hasta donde he podido llegar, al menos en lo relativo al español— atención global por parte de los estudiosos.

    La dificultad de su estudio radica, sin duda, no tanto en su posible valor estrictamente "informativo" ni en su caracterización formal (que no nos interesa particularmente aquí) cuanto en la especificación de sus funciones y valores comunicativos. Pues si, por una parte, parece claro que "desde el punto de vista semiótico, la iteración de elementos dados en un mismo discurso parece significativa, pues manifiesta regularidades que sirven para su organización interna" (5), lo cierto es que, por otra, no es fácil precisar cuáles son exactamente esas "regularidades" ni cuál su valor (formal, informativo, funcional, comunicativo) y todo intento de análisis y clasificación del fenómeno corre el riesgo de limitarse al terreno de la abstracción o de ser excesivamente simplificador.

    De hecho, su uso espontáneo en la conversación pone en juego con frecuencia no pocas habilidades (lingüísticas, de interacción) que sólo con la práctica y la competencia comunicativas pueden ser desarrolladas por parte de los hablantes. ¿Cómo, si no, procesar e interpretar de forma automática en un ejemplo como éste:

    * —Locutor TV ("Noticias", Tele 5, 5-11-93): Las negociaciones sobre el pacto social no están rotas
    A.) —¡Están muertas...!
    B.) —No están rotas: ¡están destrozás...!,

    la presencia simultánea de las siguientes actividades (al menos) de carácter comunicativo?:

    1. función metalingüística implícita (la expresión "no están rotas" y su posible valor significativo funcionan como referentes de la comunicación);
    2. procesos de sinonimia o cuasisinonimia ("rotas-muertas-destrozás");
    3. corrección social y de sentido a las palabras del locutor de televisión por parte de los interlocutores, mediante sendos paralelismos sintáctico-semánticos ("no X: sí Y"); la intervención de B supone a su vez una doble corrección: al contenido de lo dicho por el locutor (a partir de la repetición de sus propias palabras) y a la forma en que A acaba de expresar lo mismo que él piensa ("muertas-destrozás");
    4. contraposición humorística interenunciados, mediante la afirmación (en su grado sumo) de lo negado por el locutor ("Y no es lo contrario de X, es X+");
    5. afirmación-negación rotundas, enfáticas: la afirmación de la existencia de X ("conversaciones rotas") mediante sus superlativos léxicos (X+: "muertas, destrozás") muestra la firme convicción de los hablantes respecto al contenido de sus proferencias; aparte, naturalmente, de los datos prosódicos, factor decisivo de análisis en éste y otros muchos ejemplos (="no, X no, sino X+");
    6. sintonía interlocutiva: la reacción de A y B ante la noticia es la misma, ambos utilizan el mismo marco sintáctico y semántico, transmiten básicamente la misma información objetiva, traslucen respecto de ella actitudes subjetivas similares y se permiten corregir y corregirse en voz alta espontáneamente y sin consecuencias, alcanzando en común y en abierta colaboración la realización del sentido en sus respectivos actos de habla.

    Debemos añadir, sin embargo, algo obvio: la repetición no es, por sí misma, imprescindible en la lengua hablada para realizar tales funciones: la contraposición, el acuerdo-desacuerdo, el énfasis asertivo, la actividad metalingüística implícita, etc. pueden valerse de otros muchos procedimientos expresivos para aparecer en la conversación. Y de hecho, el sentido global realizado habría sido más o menos el mismo )pero no "el mismo", obviamente) si la comunicación hubiera tenido lugar en estos términos (ej. inventado, sin repeticiones formales):

    * —Locutor TV ("Noticias", Tele 5, 5-11-93): Las negociaciones sobre el pacto social no están rotas
    A.) —¡Si llegan a estarlo...!
    B.) —¡Desde luego!

    ¿Quiere esto decir que son "redundantes" las repeticiones que aparecen en el primer ejemplo, o sea, que no aportan al mensaje información que se necesite o se valore desde el punto de vista de la interacción? ... Para nada. Es verdad que el buen conocimiento mutuo de A y B (cónyuges entre sí, con más de 17 años de convivencia) convertía en personal y contextualmente predictible la información contenida en sus enunciados; esto, sin embargo, no la convierte necesariamente en superflua o "viciosa". En rigor, la redundancia que surge de abstraer a posteriori en el discurso lo que podríamos llamar la base de la expresión lógica (abstracción conceptual que manejamos de fondo en el análisis de repeticiones, etc., y que no siempre es fácil "objetivar" en la realidad del uso) raramente actúa como información sobrante o inútil en el coloquio, pues suele ser parte esencial en él del modo en que las personas interactuamos durante nuestra actividad comunicativa:

    1. proporciona a la nueva información un "marco de referencia" estable en el que encauzarse e integrarse;
    2. contribuye a la fluidez emisora del hablante, que puede encontrar en lo previamente formulado parte de la nueva emisión ya lista;
    3. facilita la comprensión del oyente, proveyéndole información aproximadamente al mismo ritmo y en la misma proporción que el hablante la produce (piénsese, en cambio, en un texto leído, que obliga a decodificar y asimilar la información a un ritmo mucho más rápido que el que el autor ha empleado en elaborarla);
    4. evidencia la actitud del hablante, el modo en que asume su relación interlocutiva y contribuye al sentido del discurso;
    5. actúa como un dispositivo de cohesión más (Halliday y Hassan, 1976), que muestra cómo las nuevas emisiones están unidas al discurso previo y cómo las ideas presentadas en el discurso están unidas unas a otras;
    6. cumple fines sociales de interacción, en la medida en que vincula a los hablantes, regula el flujo discursivo y administra la tarea de la interpretación durante la conversación (cf. Tannen, 1989).

    Más aún, en realidad muchas veces los ejemplos procedentes de este registro nos obligan casi a invertir el punto de vista del análisis y afirmar que es precisamente la recurrencia la que convierte la información transmitida en ellos, de puro predictible, de tan obvia, en totalmente imprevisible... El siguiente ejemplo es un fragmento de una conversación telefónica personal con el más pequeño de mis tres hermanos:

    * —Y de nuestros queridísimos hermanos ¿qué sabes?
    —Pues mira, el viernes precisamente hablé con los dos. El viernes hablé con Pepe Luis y con Paco
    —¿Y qué se cuentan?

    Aunque he señalado en él sólo las repeticiones más obvias (en la segunda intervención, la de mi hermano), obsérvese que todo el fragmento no es sino repetición de un mismo acto de habla ilocutivo-perlocutivo inacabado. Mi hermano me contesta con información no requerida, que repite acto seguido casi literalmente con una leve ampliación informativa; yo reitero, en otros términos pero con el mismo sentido, mi petición de información. No era, desde luego, previsible que mi hermano respondiera a mi pregunta con información complementaria; mucho menos lo era que repitiera esa información (digamos) aparentemente no esencial; y más que imprevisible, parece a primera vista absurdo que se molestara en especificar el nombre de los dos únicos hermanos que ambos tenemos en común. Puestos a ser "informativos", es —creo— precisamente esa predictibilidad unívoca (únicos hermanos= únicos nombres posibles) la que convierte en totalmente imprevisible el contenido transmitido por mi hermano pequeño.

    Para nosotros, espontáneamente, esta parte de la conversación funcionó a modo de preámbulo (simultáneamente fático, de memorización y afectivo) de una intervención posterior más informativa; la información "objetiva" contenida en ella no fue especialmente importante para nuestra comunicación, ni pretendía serlo. Tiene razón E. Lorenzo cuando afirma que cuanto mayor sea el grado de familiaridad o la coincidencia de experiencias entre dos interlocutores, mayor puede llegar a ser el grado de redundancia de un mensaje,"o a la inversa, de concisión posible, pues están presentes en la comunicación, sin explicitarse —es decir, aludidos pero no mencionados— todos los componentes de ese universo de vivencias comunes que llamamos lo consabido y que no siempre están sustituidos por los recursos gramaticales o gestuales, que designamos como anáfora o deíxis, los cuales, en tales casos, pueden resultar superfluos" (1981, p. 29). Lo que, dicho de otro modo, significa que, en la realidad del acto comunicativo, el lenguaje puede (y suele) ser simultáneamente redundante y conciso, a la vez explícito (e incluso demasiado explícito) en su dimensión estrictamente lógica y sólo alusivo-implicador en cualquiera de sus otras dimensiones (afectiva, fática, etc.). Lo realmente interesante en el registro coloquial no es tanto lo que los interlocutores han dicho cuanto el hecho mismo de decirlo precisamente en ese momento de su relación vital y comunicativa; el haberlo dicho de un modo determinado (mediante reiteraciones expresivas, en este caso) y no de otro distinto no hace sino reflejar una manera particular y puntual de tratar subjetivamente la información.

    Quizá por eso, frente a lo que ocurre en el registro escrito, que propicia la reflexión, parece que el hablante no encuentra ninguna buena razón para evitar en el coloquial el empleo (tan inconsciente, que pasa inadvertido) de palabras, expresiones o conceptos ya expresados. Para el hablante lo más cómodo es, sin duda, aquello que le supone el menor esfuerzo para obtener una comunicación rápida y fluida, sea o no lo más económico. En la inmediatez del coloquio, que obliga a la improvisación instantánea del lenguaje, el contexto verbal o cotexto actúa formal y temáticamente sobre el mensaje (y el propio hablante), y la reiteración surge de modo espontáneo, más como una necesidad que como una opción.

    Frecuentemente, la presencia de una determinada palabra o construcción "impulsa" el empleo de esta misma o de otra similar a continuación. Cuando esto ocurre en el turno de réplica del interlocutor, se suele hablar de ecos: construcciones que "el otro" repite literal o casi literalmente, aunque, como es lógico, al servicio de su enunciación y desde su propio horizonte deíctico, que impone como hablante (8). Pero en realidad, esto mismo (o algo tan parecido, que podemos considerarlo parte de la misma tendencia) ocurre de hecho también en el fluir discursivo del hablante, que repite una y otra vez sus propias palabras o expresiones como un "eco":

    * ... porque tardan una hora, tardan una hora y, claro, si tardan una hora... no pueden tener más que dos autobuses para toda la línea. A mí que no me cuenten... cuentos chinos.

    Múltiples ejemplos demuestran que unos y otros "ecos" (o los "ecos" del interlocutor y las "resonancias" del hablante, si se quiere) aparecen perfectamente entrelazados en los actos comunicativos, al servicio de una expresión más "cómoda" del sentido en la lengua hablada:

    * —Oye, ¿qué me dijiste en tenis?
    —Que te probaras el chándal
    —¿Qué chándal?
    —El que está encima de tu cama
    —Pues no lo he visto
    —¡Claro que no lo has visto! Ya lo he visto que no lo has visto
    * —Es que es fresco [el pan]..., y no se quema más
    —Qué va a ser fresco, ¡es de ayer!
    —Por eso, que es fresco...
    —Yo todos los días lo quemo más y es de ayer... [=del día anterior]
    —¡Que te lo comas!
    * Cristian.— Yo creo que siempre es bueno adquirir una experiencia, ¿no? Con una mujer de 30 años o... lo que tenga, pero... me gusta más instruirlas. Ser instructor.
    Bertín.— Ah, ser instructor
    Cristian.— Sí, aunque hoy día... no sabes quién te puede sorprender
    Bertín.- Ahí está la cosa
    Cristian.— Ahí está
    Bertín.— Ahí está la cosa, señores. Que hoy día donde menos se lo piensa usted salta la liebre [risas]
    Luis.— O el conejo
    Bertín.— Y donde se cree usted que dice: aquí voy yo sobrao / Aquí voy yo sobrao [se incorpora en el sillón], porque yo aquí, manejo, dirijo, mando, templo y muleteo [imita gestos de toreo] [Los concursantes hablan a la vez en segundo plano] Y llegan, y llega uno que no te lo esperas y te hace un ocho, pim pim, que me cogió.
    (Bertín Osborne y concursantes, TV-T5, "Contacto con tacto", 18-12-93)

    Es lo que en conjunto (tanto en lo relativo a la locución como a la interlocución) he llamado contagio de contextos expresivos (Vigara, 1992, p. 440), algo tan usual en el español coloquial y tan propio de él, que podemos encontrarlo en casi cualquiera de sus subregistros. Muchos de nuestros ejemplos son (como se verá) auténticos ecos desde el punto de vista formal, auténticas repeticiones léxicas impulsadas por lo dicho en el cotexto previo inmediato. Por lo demás, como "cada vez que una palabra o frase es repetida, su significado es alterado" y se reinterpreta a la luz del nuevo contexto creado mediante su aparición (Tannen, 1989, p. 53), la reiteración, la recurrencia, no impide ni la progresión temática ni la fática en la conversación y contribuye más que estorba a la participación mutua en la elaboración del sentido. (9)

    Pero como ocurre con los ecos (que son, en rigor, iteraciones léxicas del interlocutor, de amplitud variable), ocurre con las recurrencias semánticas y conceptuales, que surgen también inducidas de forma natural por lo dicho inmediatamente antes, al servicio siempre de la actualización espontánea (improvisada) del mensaje coloquial y de la expresión global de su sentido. Por eso hemos intentado que el foco de la clasificación que proponemos no se centre en los aspectos formales de la recurrencia, que no parecen esenciales, a la vista de los ejemplos, para delimitar su valor informativo ni sus funciones comunicativas, pues es normal que encontremos en un mismo acto comunicativo tipos diferentes de repetición, incluso mezclados, al servicio de los mismos fines comunicativos; y a la inversa, una misma repetición (formal) al servicio de fines distintos (de afirmación del tema en el turno de FV, de "afirmación interlocutiva" —se explicita a FV que se ha comprendido la importancia del dato y se hace llegar a los radioyentes— en el turno de E):

    * E.— Bueno, Paco, tenemos que dejarte ya, pero queremos oír, eh, queremos oír algo de tu disco, nos apetece muchísimo y quisiera saber si está ya a la venta en todos los grandes almacenes y sitios donde se venden discos, en tod...
    FV.— Sí, sí, sí: almacenes, tiendas de discos, todo, pero... hay que pedirlo, porque como no es normal verlo, porque no sé en qué sección lo pondrán, pero como de poesía no hay secciones en ninguna parte...
    E.— Claro
    FV.— o está en letra muy pequeña... pues, hay que pedirlo...
    E.— Hay que pedirlo, Francisco...
    (entrev. a Francisco Valladares, R1, "Vente conmigo", 24-8-94).

    Desde el punto de vista de la información que se transmite, podríamos quizá establecer dos grandes grupos en nuestros ejemplos: uno en que hay de hecho una suerte de identidad "referencial" entre la recurrencia y lo repetido (se está "hablando de lo mismo", en suma); otro en que la recurrencia implica algo más o algo distinto de lo reiterado. Al primero pertenecerían las tres primeras categorías de recurrencia que hemos delimitado:

    1. recurrencias "temáticas"
    2. recurrencias fáticas
    3. recurrencias afectivas y enfáticas;

      al segundo, las dos últimas:

    4. recurrencias parafrásticas.
    5. ecos prospectivos (o ecos de progresión ilocutiva).

    Creemos, sin embargo, que ni siquiera en el primero de los grupos (el de "identidad referencial" entre lo repetido y la repetición) sería lícito hablar, al menos en lo que al registro coloquial atañe, de "redundancia" o de información sobrante, pues la recurrencia aparece siempre (y en estos casos, desde luego, también) en el acto de habla al servicio de unos determinados fines comunicativos y de interacción, como una más de las muchas estrategias que desarrolla la oralidad, y no siempre es fácil establecer la línea sutil que separa a unos ejemplos de otros en los diferentes grupos. Y debemos advertir que hemos hecho la clasificación a la vista de los ejemplos documentados, que son muchos más, obviamente, de los contenidos en este trabajo, pero constituyen al fin y al cabo un corpus limitado, en todos los sentidos. Esta clasificación debe considerarse, pues, meramente aproximativa y, como tal, sólo provisional, a falta de nuevos estudios sobre el tema que consigan acaso profundizar más o/y mejor en ciertos aspectos que no hemos sido capaces de aclarar suficientemente aquí: un dato aparentemente tan significativo, por ej., como el que la repetición se realice en el interior del enunciado (en un mismo hablante) o interenunciados (en el turno del interlocutor) no nos ha permitido delimitar categorías especiales (aun cuando la última se limita a "ecos" interlocutivos).

    I. RECURRENCIAS "TEMÁTICAS"

    En general, en toda situación de habla improvisada, tanto el tema del discurso como la intención de comunicación de quienes en él participan pueden de hecho oscilar en cualquier dirección, redefinirse, romperse, renovarse, frustrarse, cambiar...: variar imprevisiblemente, en suma. Naturalmente, el grado de "preparación" (intencional, formal, de contenidos) que haya recibido el discurso condicionará en muchos aspectos su posible (im)previsibilidad. Sin embargo, de su rigurosa improvisación actual pueden surgir siempre inesperados comentarios, desvíos no buscados de la intención inicial de comunicación, sorprendentes reajustes en la relación interlocutiva y/o en la contextual, etc. El hablante, que actualiza el mensaje con clara orientación hacia su receptor-destinatario, se ve obligado a expresar linealmente lo que para él es una "totalidad con sentido". Y lo hace en una "línea asociativa en que la conexión entre las ideas es asegurada por la serie de asociaciones libres" (Dubsky, 1970, p. 48) que van surgiendo al ritmo de su pensamiento y al hilo de su actualización discursiva, al servicio siempre del sentido global del conjunto:

    * Bueno, vamos a ver. Yo tengo... una de mis hermanas se casó con... con mi cuñado, ¿entiende?, y mi cuñado, cuando acabó la guerra lo destinaron a Oviedo [...]
    (HM, II, 24) (19).

    Ésta es seguramente la razón por la que el hablante llega incluso a decir, mediante la recurrencia, lo contrario de lo que realmente quiere decir, sin que esto tenga consecuencias en la comunicación; en los ejemplos siguientes, la doble negación equivale a una "afirmación temática" (el resultado pasó inadvertido en todos los casos tanto para hablante como para interlocutor/es):

    * Lo que tienes es que evitar que no se te note cuando mientes...
    [lo contrario: "evitar que se te note"]
    * Y evidentemente a mí me parece muy cruel que la Iglesia prohíba a sus gays que se abstengan de ejercer su sexualidad
    (TV, "¿Y usted qué opina?", 22-6-87).

    Con tales condicionantes discursivos, la repetición de lo que, en un momento dado, parece al hablante el "tema" central de su emisión (11) contribuye, sin duda, a preservar la coherencia de su discurso y a realzar ese núcleo semántico en torno al cual organiza en gran medida su enunciado y su progresión informativa:

    * —Y... por ejemplo, eeh..., ¿usted cree que los insultos son sexistas? O sea, que marginan a...?
    —Desde luego... Sí, sí, sí [...] Son sexistas, vamos, eh... eh..., se dice "qué coñazo" y no se dice "qué pollazo", [...] así que sexistas sí son, sí
    * —¿Y Manolo dónde anda?

    —Pues Manolo aquí; como tampoco le ha tocao la lotería, no se ha ido a Hawai de vacaciones... Aquí está
    —Pues si está ponestible...
    —Te lo pongo.

    Seguramente a un mismo afán de no olvidar el "tema" central de la emisión podemos atribuir la recurrencia conjuntiva en casos como:

    * Te pido que me perdones, Adela, no va a volver a ocurrir esto jamás, he cortado de raíz, [...] y te pido que por favor que lo antes posible que volváis a casa
    ("A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94).

    A veces el hablante, cuando no encuentra la palabra adecuada o no está seguro de haber dejado suficientemente claro lo que quería decir o incluso de que sus palabras sean bien aceptadas por su interlocutor, recurre a repetir sinonímicamente lo dicho:

    * Y nos dier..., claro, nos dieron la cosa... el cacharrito aquel [= título de Bachillerato]

    * E.— Y est estoy como un perro aquí metío..., ¿no?, como un can..., un perro, un can...
    L.— ¿Se siente un perro?
    E.— Sí, yo sí. Un chucho; na más que con dos patas... Dos puntos de apoyo tengo na más
    L.— Entonces está un poco de pie, je, je...
    (RNE, "La petición", 24-8-94, locutor Manuel Ferreras y entrevistado).

    Para expresar contraposición en (o entre) los enunciados, el hablante dispone de variados mecanismos de recurrencia que ayudan a expresar e identificar las partes contrapuestas, incluso si éstas aparecen alejadas en la enunciación:

    * El problema no es que se incluya las categorías léxicas dentro de la preposición [sic], [...]: el problema es que no veo las conjunciones

    * —¿No sabes que ayer tuvo que ponerme mami Aliviol... en la rodilla?

    "Calmatel"... Te puse "Calmatel", tío... ¡No "Aliviol"! [además, corrección léxica explícita].

    A reafirmación puramente "temática" parecen responder también ciertas asociaciones léxicas (palabras que, al parecer, se atraen de hecho en el uso) aparentemente redundantes (éstas sí), algunas de las cuales podemos considerarlas ya fosilizadas, dada su alta frecuencia de uso:

    * Pero hombre, ¿ustedes son personas humanas o qué son ustedes?

    * Con la que yo monto para freír un huevo frito...,

    (unanimidad total y absoluta, versión totalmente íntegra, un acuerdo común, la totalidad entera del campo, etcétera).

    Nuestro concepto de "tema" no tiene aquí, pues —como puede apreciarse—, valor gramatical ni funcional (no podríamos, en sentido estricto, oponerlo a "rema", por ej.). Las recurrencias "temáticas" revelan, ante todo, el interés del hablante por dejar claro a su interlocutor cuáles son los contenidos informativos a los que concede prioridad en su enunciación. Tienen función, pues, sobre todo referencial; o, si se quiere, "de insistencia referencial", lo cual nos permite hablar también, en un cierto grado, de función expresiva (la predominante en el tercero de los apartados establecidos).

    II. RECURRENCIAS FÁTICAS

    En un registro como el coloquial, en que a) se ha de contar de forma inmediata con el interlocutor, se necesita ser entendido y atendido al instante, b) la relación interlocutiva tiene carácter abierto, c) interesa más la fluidez que la precisión "lógica" y d) hay que contar con la alternancia en los papeles de emisor y receptor (y, consiguientemente, en el uso del canal), es lógico que el hablante sufra un cierto "apresuramiento discursivo" y que surjan en el lenguaje numerosas señales de encadenamiento del habla, con las que se van haciendo continuamente explícitas tanto la conexión interlocutiva (contacto) como el juego del turno de palabra (véase Vigara, 1990). Numerosas recurrencias tienen (nos parece) valor fundamentalmente fático porque actúan en el coloquio como "reguladoras" del flujo de comunicación, facilitando al hablante la emisión del mensaje y orientando al destinatario, para su cabal entendimiento, acerca del uso del canal y del contacto.

    Encontramos, en efecto, en la lengua coloquial numerosos rastros del esfuerzo del hablante por ocupar inmediatamente el canal y por conservar su uso incluso mientras vacila o titubea antes de conseguir progresar en la información (recurrencias "automáticas") los dos primeros ejemplos, de respuesta y de pregunta-eco, respectivamente, de dilación (el tercer ejemplo) y de titubeos (los tres siguientes):

    * —Cuando os cabreáis, por ejemplo, ¿procuráis evitar los insultos ooo o los utilizáis pa para desahogaros, y esto?
    Para desahogaros..., sí

    [obsérvese cómo el automatismo verbal de la respuesta reproduce incluso los parámetros deícticos del entrevistador]

    * —¿Y que te has sacao de éste [grano], por ejemplo?
    ¿De éste? ¡Buuff...! Sangre... No sé, porque como meto la uña sin ver... Lo que saco saco

    * Puees..., reencarnación ... Reencarnación ... [...] ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? No sé; así lo he pensado siempre y lo lo sigo pensando.
    (TV, "Tal cual: «Reencarnación, vida eterna o qué?", 1994, entrevistados en la calle, se ven sólo sus intervenciones)

    * Yo creo que la envi, la la ambigüedad es más la ambigüedad del, del del del, del vecino de enfrente, que tú ofreces, es decir, [...]
    (Miguel Bosé, TV-A3, "Queremos saber", primer programa)

    * —Bueno, no, quiero decirte, es que mira, a mí me pasa lo mismo ¿eh?, nunca me he metido en nada.
    —No, pero ya no, no, no te, no te no, no, no no es una huida esto, ni una retirada a tiempo, ni a destiempo
    (HM, XVII, 312)

    * ... Pero, amigo mío, a quién le, a quién le molesta un dulce, ¿eh? (TV);

    y rastros del esfuerzo del hablante por progresar en la transmisión de información sin perder, ante las puntuales interferencias que le van surgiendo, la unidad sintáctica y de sentido (recurrencias de reestructuración lineal):

    * A mí me parece que es que como... los americanos, los americanos no lo explican, no llegan a decirlo... Yo creo que si llegaran a decirlo )espera que tenga yo un rato al bicho ¿no? porque te cansarás) yo creo que si llegaran a decirlo, los americanos es que creo que hacen el más espantoso de los ridículos si no dicen nada
    (HM, III, 48).

    Podemos encontrar además también, en la necesaria relación de alternancia interlocutiva, rastros del esfuerzo personal por obtener el uso de la palabra (r. de obtención del turno de palabra; en este ej., aceptando aparentemente lo que ha dicho el otro, antes de dar su propia versión):

    * —[...] ganaremos más, tendremos más ocio, mejorará nuestra calidad de vida, seremos más
    Mejorará nuestra calidad de vida, o no, eso siempre se dice, pero [...],

    del esfuerzo del locutor por integrar a otro u otros en el contacto comunicativo (r. de integración interlocutiva):

    * —¿Cuándo sale tu AVE?
    —Mi AVE sale..., sale... Sale a las ocho, ¿no? ¿Cuándo sale mi AVE? [a una tercera persona]

    * A.— Eh, ¿la puerta hay que pintarla?
    C.— No
    A.— ¿No? ... Hay que pintarla, ¿a que sí, L.?, ¿a que sí, tronco?

    e incluso por diferenciar explícitamente los diversos planos de interacción establecidos en la comunicación (r. de diferenciación interlocutiva):

    * Muchísima suerte para la final. Muchísima suerte
    [primero a la candidata; después a la cámara, es decir, haciendo, desde su papel de presentadora del programa, partícipes a los espectadores]
    (Paola Dominguín, TV1, "La modelo del año", 1993 o 1994).

    Y a mitad de camino de este apartado y del de recurrencias expresivas, que viene a continuación, incluimos aquí las que podemos llamar recurrencias de sintonía interlocutiva, que revelan sobre todo, como su nombre indica, que los interlocutores "están en la misma onda" o, si se quiere, que hay entre ellos "buenas vibraciones" (o voluntad de que tal cosa acontezca, o al menos el deseo de hacer explícita la voluntad de que tal empatía se experimenta, se desea o se pretende). En lo esencial, el sentido de este tipo de recurrencias coincide con la llamada comunión fática, descrita originariamente por Malinowski (1964), "cuya función primaria consiste en crear un ambiente de solidaridad que permita entablar una conversación placentera para los interlocutores" (Haverkate, 1994, 57) y que "se manifiesta como la realización lingüística de una máxima que, de acuerdo con la índole del intercambio verbal, se define positivamente en términos de Sigue hablando o negativamente en términos de Evita el silencio" (ibídem, p. 58).

    Como se explica de la comunión fática, habitualmente las recurrencias que yo llamo "de sintonía interlocutiva" se realizan como "actos de habla asertivos cuyo contenido proposicional ya le es conocido al interlocutor" (ibídem, p. 58). Esto no significa, sin embargo —en contra de lo habitualmente considerado para la "comunión fática" y hasta para la función fática jakobsoniana— que los temas tratados en estas circunstancias hayan de ser necesariamente "estereotipos, por lo que el contenido de lo comunicado suele carecer de valor informativo" y tener "un alto grado de redundancia conceptual" (ibídem) y, por consiguiente, de prescindibilidad en el mensaje. Creemos, más bien, que, como veíamos en el ejemplo de la conversación telefónica con mi hermano y se puede ver en el siguiente (diálogo padre-hija), el uso de información "objetiva" perfectamente conocida por el interlocutor, contando, además, con que el otro sabe que él sabe que la conoce, convierte precisamente al mensaje en "informativo" en otras dimensiones (la fática y la afectiva, en este caso) y además en "relevante":

    * —¿Qué más te traigo? ... ¿O no quieres nada más?
    —¡Ah, sí, [compra] cominos! Los hay enteros; los quiero machacaos
    Machacaos los quieres...
    —Sí; los tengo enteros; no voy a andar comineando... [gesto de machacar].

    Y parece claro también que, como afirma Haverkate de la comunión fática, nuestras recurrencias de sintonía son incompatibles con la interacción de personas que tienen sentimientos de mutua antipatía (1994, p. 58). Tal y como concebimos la sintonía interlocutiva, sin embargo, no nos parece aplicable a ella la contundente restricción comunicativa que Laver (citado por Haverkate, p. 58) hace para la comunión fática:

    Laver (1975) destaca que la comunión fática no puede aplicarse en cualquier situación comunicativa. Se excluye absolutamente en los tipos de intercambio verbal en que tanto el tema como los papeles de los interlocutores están preestablecidos, como, por ejemplo, en un interrogatorio policial, en una clase universitaria o en una subasta pública.

    Quizá porque todos sabemos que prever un tema y preestablecer y adoptar un determinado papel en la comunicación no impide que en un momento dado, en la realización actual e improvisada del mensaje y el lenguaje, variemos el contenido y hasta el tono del mensaje, por gusto o por necesidad, consciente o inconscientemente (¿me atrevería a excluir completamente esta posibilidad, en mi calidad de profesora universitaria?). Más aún, en realidad, las recurrencias-eco de sintonía interlocutiva son típicamente características de las entrevistas, incluso en los medios de comunicación, donde tanto el tema como el papel de los participantes están previamente establecidos y delimitados con cierto rigor (12):

    * —Eeeh, ¿cuáles son los motivos más frecuentes de sus cabreos?
    —Soy impaciente
    Impaciente...
    —Cuando [risa]. Sí... Soy impaciente, y cuando las cosas no, me enfado, conmigo misma

    * IG.— Y a ti te influyeron esas, eh
    JM.—
    IG.— ¿Sí? ...Esos rumores o esos consejos, o....... esas
    JM.— Malos consejos
    IG.— Malos consejos, [siempre] en este caso te influyeron a ti
    JM.— Me influyeron porque, no es que se vea en mí [...]
    (TV-A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94; al mismo programa pertenecen los dos siguientes)

    * IG.— ¿Tú crees que... sus sentimientos hacia ti eh no han cambiado, es decir, que eso que te dijo que estaba todo muerto no es verdad?
    JM.— No es verdad
    IG.— Estás seguro
    JM.— Estoy seguro

    * IG.—¿Qué tal, Adela?
    A.— Bien... Un poquito nerviosa
    IG.— Un poco nerviosa
    A.— Sí.

    La recurrencia-eco se interpreta en estos casos, a modo de pregunta, como una amable invitación a hablar, hecha desde un punto de vista "afectivo" muy cercano al del interlocutor entrevistado (al que se trata "profesionalmente" y del que raramente se tiene conocimiento personal previo).

    III. RECURRENCIAS EXPRESIVAS

    En realidad, se puede afirmar que todo acto de habla está "matizado" emocionalmente, pasa, de forma inevitable, por el filtro de subjetividad del hablante que emite el mensaje (y, en la dimensión receptiva, también por el del oyente). Por eso no es extraño que, como hemos visto, algunos de los ejemplos incluidos en los dos apartados anteriores nos parezcan, al menos intuitivamente, tan "expresivos" como "temáticos" o fáticos.

    De hecho, salvo excepciones (como las recurrencias léxicas del tipo personas humanas o párpados de los ojos, por ej.), el que el hablante decida repetir una parte de su mensaje o del de su interlocutor supone ya una elección personal (subjetiva) innegable, cuyas "connotaciones" intentamos estudiar. En el lenguaje, que no es sino una forma más, quizá la más importante, de comportamiento, el hablante se revela (y desvela) personalmente; pero no siempre es fácil delimitar dónde queda exactamente la huella de su subjetividad ni cuál es su valor o su importancia, entre otros motivos porque tampoco las nociones de cantidad, grado, intensidad y énfasis son fácilmente delimitables en la realidad del uso.

    En este apartado incluimos sólo ejemplos de recurrencias que nos han parecido que conducían tan directamente a la subjetividad del hablante, que éste (su sentimiento, su modo de ver las cosas, su actitud, etc.) se acababa convirtiendo, para su interlocutor, en "referente" (no ignorable, pero acaso ignorado) de la comunicación: lo que acababa prevaleciendo en ella era, gracias a las recurrencias correspondientes, más que lo dicho, la valoración personal que el hablante traslucía respecto de lo dicho-repetido. Es decir, en el ejemplo siguiente, más que la negativa del hablante, resalta la insistencia con que éste se empeña en repetirla, reflejo de su particular vivencia personal y comunicativa:

    * Yo no, yo no pienso ir. [Ante la falta de reacción del interlocutor] Yo no pienso ir; tú no sé, yo desde luego no voy.

    Naturalmente, basta con prestar un poco de atención para darse cuenta de que ésta de la expresividad es una de las funciones primarias de la recurrencia (13), quizá la más espontánea. Este apartado puede, pues, llenarse fácilmente de ejemplos. Traemos a colación sólo unos pocos que nos parecen suficientemente claros y representativos:

    * X.— ¡Eh!, ¡pasa primero [la baqueta]!
    A.— Espera, espera, espera, me la va a dejar a mí primero
    B.— Tío, pero si es que esto es ilógico. Le quedan tres días y que le diga que limpie el subfusil...
    C.— Pero total, pero total, totalmente de sobra
    (reclutas en el cuartel)

    * Entrevistador.) Y [se cabrea e insulta] cuando... lo típico que... va conduciendo y alguno le dice "Taxista tenías que ser", o... lo típico de los taxistas, que conducen muy mal...
    Taxista.) Soy sordo
    E.) ¿No dice nada nunca?
    T.) Sordo, sordo

    * Una infinidad..., innumerable, increíble, infinita, de artículos [en El Chollo]
    (Radio, Onda Sierra, 9-4-93)

    * IG.—Claro, es que para el amor yo creo que tiene que tiene que existir amistad «no?, en una pareja tiene
    A.— Limpia, muy pura, limpia, limpia, limpia
    IG.— Eso es cierto
    (Isabel Gemio y Adela, "A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94)

    * JM.— [...] pero claro, también era mucho dolor, tanto para uno como para otro estar conviviendo bajo el mismo techo
    IG.— Era duro
    JM.— Era duro, bastante, cruel, muy cruel, y entonces, bueno pues parece que hubo una semana [...]
    (TV-A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94).

    Y me gustaría destacar, de entre todos los posibles, los que usan la recurrencia como una estrategia del hablante para mostrar aprecio por, regodearse o recrearse en una determinada posibilidad, un hecho particularmente excitante, unas palabras ingeniosas, un buen chiste o una buena broma... (recurrencias "de complacencia"):

    * Lo vas a dejar limpio [el subfusil], ¿no?, ya que te vas lo dejarás limpito, ¿no? [risas]. Lo vas a dejar limpito, ya que te vas
    * —Le debo 128

    —¿A quién, al Chuste, al Chuste?

    * Con lo bien que estaba yo ahora mismo currando y ganándome mil duritos al día. Mil duritos que estoy perdiendo ahora mismo por venir aquí

    * A [dirigiéndose a B].) Vistes como los gané a todos, ¿no?, en las maniobras, ¿no? ¿Eh? Estaba él cuando los gané a todos en desmontar el subfusil
    X.— ¡Ah, sí! Los ganó a todos, tío: es un artista, el colega
    (reclutas en el cuartel)

    * A) Pues ya sabes, hija, que eres joven todavía...
    B) ¡Gasto completo!
    C) Al padre le daba un infarto, a la hija dos seguidos, y al otro no sé
    D) Yo no me daba un infarto: me moría de la impresión
    B) Y a la madre no le daban infartos, ¡era triplicao!
    D) Yo no, me daba un infarto. Me moría de la impresión.

    Naturalmente, no hace falta insistir en que unas y otras modalidades de recurrencia no son en absoluto incompatibles y que cualquiera de ellas puede ser polifuncional; algunos ejemplos las combinan con tal naturalidad, que intentar su deslindamiento "científico" acabaría probablemente traicionando (y desluciendo) el sentido del conjunto:

    * —Y quiere que le quieran, que le quieran todas, que le quieran mucho,
    Y que se lo digan continuamente
    y que se lo digan... Entonces cualquier "pero", cualquier perecillo... [es grave]

    IV. RECURRENCIAS PARAFRÁSTICAS...

    Si hasta aquí las recurrencias que hemos visto parecían particularmente relacionadas con el contexto verbal temático ("temáticas"), el uso del canal y el contacto comunicativos ("fáticas") o la afectividad del hablante ("expresivas"), éstas, las recurrencias parafrásticas, parecen responder a la necesidad que experimenta el hablante en el coloquio de adecuar instantáneamente y del mejor modo posible su expresión a la situación general enunciativa, de modo que pueda ser atendido y bien entendido por su destinatario también al instante. En los ejemplos de los tres apartados anteriores podríamos hablar, además, de una cierta "identidad referencial" entre la recurrencia y lo repetido (lo cual no significa necesariamente redundancia, como hemos visto); a partir de aquí (en este apartado y en el último) nos moveremos en un terreno mucho más resbaladizo, en el que la recurrencia surge, paradójicamente, al servicio de información/intención nueva o distinta, más como estrategia de progresión en la expresión del mensaje (recurrencias parafrásticas) o en las relaciones de interacción (ecos prospectivos, apartado V) que de organización de sus contenidos (aspecto predominante en las otras tres categrías delimitadas).

    Las recurrencias parafrásticas equivalen a recuperaciones parciales (formales y/o conceptuales) de una información ya expresada, a partir de la cual se añaden explícita y hasta implícitamente matizaciones, explicaciones o aclaraciones que completan o especifican su sentido. He intentado organizar los contenidos de este apartado teniendo en cuenta simultáneamente los aspectos formales, "informativos" y de sentido contextual en los ejemplos. Debo admitir, sin embargo, que no es fácil encasillarlos, quizá por aquello —tópico, pero cierto— de que la realidad (del uso) supera toda ficción (de la teoría, del estudioso), de modo que los tres grandes subtipos de recurrencias parafrásticas que se distinguen en este apartado:

    1. amplificaciones,
    2. reformulaciones y
    3. reajustes expresivos,

    no constituyen categorías cerradas. En realidad —ya lo hemos advertido— ninguna de las que, en este intento de análisis, establezco debe considerarse excluyente, sino predominante, pues en toda recurrencia (o "repetición", sea de la clase que sea) lo realmente importante es, desde el punto de vista comunicativo, el hecho mismo de su aparición, relacionado siempre simultáneamente con los aspectos temáticos, afectivos y de organización y expresión de la información transmitida en la enunciación.

    4.1. Amplificaciones

    Mediante las recurrencias parafrásticas de amplificación se desarrolla "una proposición o idea, explicándola de varios modos o enumerando puntos o circunstancias que con ella tengan relación, a fin de hacerla más eficaz [...]" (DRAE, s.v. "amplificación"). De modo que lo repetido sirve, en estos casos, sólo de base conceptual a la recurrencia. Las amplificaciones aparecen al servicio de una mayor claridad en los contenidos transmitidos, cuyo sentido (actual, contextual) normalmente se conforma el hablante con expresar simplemente por aproximación en el registro coloquial, dados sus condicionantes (de inmediatez e improvisación formal sobre todo). Son en cierto modo complementarias de las recurrencias temáticas, en la medida en que ambas pretenden una mayor eficacia espontánea en la transmisión de ciertos contenidos "objetivos" del mensaje (predominio de la función referencial): destacando del conjunto lo que más interesa al hablante en las temáticas, concretando o precisando su significado mediante diversos procedimientos en las amplificaciones.

    Podemos encontrar amplificaciones de definición, muy frecuentes por ejemplo cuando aparecen creaciones léxicas espontáneas y, en general, cuando siente el hablante que las palabras o conceptos empleados pueden no ser espontáneamente comprendidos o aceptados (por asistemáticos, por ejemplo) por su interlocutor:

    * —¿Qué te ha pasado, te has cortado?
    —No, que me he dao con el anillo... ¡Me voy a desdedar...! De verdad, me voy a quedar sin dedos...

    * Ah, perdona. Estaba embebido... Me había quedao absorto en esta maravilla [ante un cuadro];

    amplificaciones de ejemplificación:

    * L.— ¿Y por qué se siente un perro, hombre?
    E.— Porque estoy solo en la vida, como la luna y el sol, que están solos en el mundo...
    (RNE, "La petición", 24-8-94, locutor Manuel Ferreras y Entrevistado)

    * ... el cantante de movimientos catatónicos, como de robot;

    de identificación deíctica:

    * Se coloca aquí. Exactamente encima del fuego, y no en cualquier lado

    * —¿Qué hora es?
    Mucha hora. Tarde, para lo que tú quieres hacer...: las ocho y veinte;

    reformulaciones de desambiaguación:

    * —[No, pero ella] estaba cubierta [= estaba protegida]
    Cubierta sí: está casada

    * Intentos que no han tenido, ninguno, la suerte de funcionar;

    y hasta, aunque parezca paradójico, de inespecificación (no precisar lo que el propio hablante no tiene demasiado claro puede ser muy útil en la situación de enunciación coloquial):

    * Lo que pasa es que..., claro, hay que buscar un poco..., vamos, apetece quizás un poquitín llevar algún compañero o algo así
    (HM, II, 29)

    * —Al final, ¿salís algunos sargentos o esto, o no?
    —En un principio no;

    etcétera.

    4.2. Reformulaciones

    Existe en el registro coloquial una curiosa tendencia aparentemente no funcional y antieconómica por la cual se tiende a decir una y otra vez lo mismo de diferente modo. Sin embargo, aunque se puede hablar también en las reformulaciones (o recurrencias que surgen de este singular proceder espontáneo del hablante) de una cierta identidad referencial entre las diversas unidades lingüísticas en las sucesivas apariciones, lo cierto es que su presencia implica siempre además nuevos (y a veces oscuros) valores comunicativos. Encontramos, así, reformulaciones de identificación (aproximadamente) sinonímica:

    * Porque a mí me ha espantado siempre el clásico galán de vodeville, ése que entra y zas, como que se caen por él. Eso me entra una vergüenza ajena, propia, y todo. Lo he hecho porque lo he tenido que hacer, porque este oficio es así, pero en cuanto he podido me he zafado y hago todo lo contrario [...] Hago todas las cosas que un galán no debería hacer, como es tropezar. Todas esas cosas que un galán es imposible que las haga
    (Fco. Valladares, R1, "Vente conmigo", 24-8-94)

    * A (a D)) Las viejas ya no podemos, pero las jóvenes como tú sí podéis [tener hijos]
    [afirmación de X + negación de lo contrario de X = recurrencia semántica];

    de hipo- o hiperonimia:

    * Antes me he subido a la noria, y digo "Madre mía, como se caiga esto no vuelvo a ver a mis padres, ni a mi madre, [...]"
    (adolescente, TV1, "Informe Semanal", 3-6-94; hablando sobre accidente feria S. Fdo. de Henares, niña en coma]

    * Sí, en esos seis años los cuatro que estuvimos trabajando en el mismo sitio y... fue para mí, pues eso, un amigo, porque le contaba todo y le decía todo y...
    (A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94);

    reformulaciones de autocorrección, cuando el hablante no alcanza a decir (o simplemente lo siente así) lo que quiere decir e intenta expresarlo de otra manera, y de heterocorrección, mucho menos frecuentes, porque corregir al otro puede ser descortés si no se tiene gran confianza con él o se le considera en clara "inferioridad jerárquica" (padre-hijo o profesor-alumno, por ejemplo):

    * [X, Y, Z], tres de los corredores..., corredores de los tres más importantes [del Tour]
    [= corredores, los tres, de los más importantes...] (Tour de Francia, TV2, 22-7-92)

    * [Algo tiene que ocultar, porque ha tratao de escapar por la ventana] Si no tuviera nada no tendría que haberse escapao..., o tratar de escaparse
    (TV1, TD, 3-6-94)

    * ... Bueno, pues eso, de que la mano es más rápida que la vista, en realidad no es real, no es verdad )fíjate lo que me ha salido: "no es real"), no es verdad [así que...]
    (Juan Tamarit, TM, "Tan ta tachán", 30-6-92)

    * [...] que cada uno se presenta alli a cuerpo limpio... o a cuerpo descubierto..., y claro, ...
    [cp. "a pecho descubierto"]

    * IG.— ¿Cuanto tiempo has estado con... ¿Adela?, ¿Adela se llama?
    JM.— Sí, Adela
    IG.— ¿Cuánto tiempo habéis estado juntos?
    JM.— Juntos, año y medio, viviendo
    IG.— Conviviendo
    JM.— Conviviendo
    (Isabel Gemio y entrevistado, TV, A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94):

    * —[Es que los futuribles...]
    —Pero es que eso es preterible
    —Eso es pasarible;

    reformulaciones de catálisis apreciativa, con las que se reconstruye expresivamente, con todos sus elementos explícitos, la expresión recuperada (ésta en negrilla y aquéllos en cursiva, en los ejemplos):

    * E.— Y est estoy como un perro aquí metío..., «no?, como un can..., un perro, un can...
    L.— ¿Se siente un perro?
    E.— Sí, yo sí. Un chucho; na más que con dos patas... Dos puntos de apoyo tengo na más
    L.— Entonces está un poco de pie, je, je...
    E.— ¿Cómo me explico, usted?: dos puntos de apoyo...
    L.— ¿Y por qué?

    E.— ¿Me explico como un libro abierto o cerrao?
    L.— ¿Y por qué se siente un perro, hombre?
    E.— Porque estoy solo en la vida, como la luna y el sol, que están solos en el mundo...
    (RNE," La petición", 24-8-94, locutor Manuel Ferreras y entrevistado)

    * FV.— Me analicé un día y digo: "Esto es pura vanidad, Paco"
    E.- Pero te... ¿De sillón o tú mismo? ¿Te analizaste de sillón o tú mismo?
    (R1, "Vente conmigo", 24-8-94, entrev. a Fco. Valladares)

    * [Hablando por teléfono] ¿Aquí? Nadie... Aquí no hay nadie, ¿por qué lo preguntas?
    [después de la pregunta (retórica) y la respuesta, la reconstrucción asertiva anticipa la desconfianza detectada en el interlocutor que está al otro lado del teléfono].

    Encontramos también reformulaciones de implicación contextual, subtipo general y muy amplio, de nombre poco descriptivo, con el que pretendemos abarcar todas esas reformulaciones casi idénticas (formal o conceptualmente) a la expresión de referencia, en las que se sigue hablando "de lo mismo" con las mismas o casi las mismas palabras, pero en las que se puede detectar un cambio en el punto de vista adoptado por el hablante para manejar la información "repetida" o formularla. Los ejemplos pueden ser muy numerosos, y en todos podríamos añadir la explicación de los nuevos valores significativos adheridos connotativamente a la recurrencia. Así, la repetición casi exacta (obsérvese la pronominalización globalizadora del sujeto y el cambio en el tiempo verbal, que pasa a presente) de este ejemplo implica reproche defensivo por parte del hablante:

    * Todo lo que hemos hecho ha sido intentar explicarlo. Eso / es todo lo que hemos hecho [= "no hace falta ponerse así, no es pecado"];

    la que aparece en el siguiente tiene valor de "demostración" (frente al de simple constatación de su referencia):

    * Tío, si está apagao [el calentador]. La bombona cruzada: está apagao;

    la pronominalización mediante el demostrativo en la recurrencia orienta claramente sobre la expectativa de respuesta que maneja el hablante en:

    * E.— ¿Qué piensas cuando te dicen qué bien te conservas? ... ¿Qué piensas cuando te dicen eso?
    FV.— Pues, eso ya es una grosería
    E.— ¿Verdad?;

    también la pronominalización es la responsable principal, en el siguiente ejemplo, junto con la entonación, de que podamos identificar en la recurrencia una cierta desconfianza del hablante hacia lo dicho:

    * La muerte no sé..., es una cosa... muy larga y... la vida..., pues corta..., y... había que, no sé..., experimentar qué pasaría después de la muerte. Los entendidos... dicen que hay resurresión..., pero claro, eso habría que experimentarlo
    (TV, "Tal cual: Resurrección, vida eterna ¿o qué?", entrevistado en la calle);

    el diferente punto de vista utilizado por el sacerdote en su sermón nos informa acerca de su interés por tener en cuenta (o hacer explícito al menos) al sector femenino de sus feligreses, tantas veces dejado de lado por el lenguaje en los actos oficiales y sociales; creo que la paradoja curiosa de haberse incluido el sacerdote, en su afán solidario, entre las propias mujeres pasó completamente inadvertida en su momento:

    * (Sacerdote, en una misa-funeral, 14-11-93)
    ... Y eso es un consuelo para todos nosotros..., para todas nosotras;

    la insistencia con que la mujer repite lo que le han dicho revela directamente en éste las veces que, sin duda, le habían dado la noticia y el horror y la impotencia que tanto ella como su informadora sienten por lo ocurrido:

    * [Nada más] que dijo que la había violao, y dijo que la violó, y dijo que la violó... Y eso es to(d)o lo que sabemos
    (hablando de una vecina que había matado a su propio hijo, TV1, TD, 17-10-94);

    la necesidad del hablante de reiterar con diferentes enfoques (conceptuales) lo mismo que acaba de decir, da lugar a curiosas recurrencias, muy ricas desde el punto de vista significativo, en:

    * [Pregunta supuesta: "¿Reencarnación, vida eterna o qué?"] Respuesta calle:
    Yo creo que se acaba todo. Es el final... No..., no, no creo que haya nada más
    (TV1, "Tal cual", 1994);

    etcétera.

    Como puede apreciarse, lo que tienen en común todos los ejemplos de este apartado es el resultado final, en el cual lo (formal o conceptualmente) repetido (r) no es más que la base de la recurrencia (R), en la que se sigue, en lo esencial, hablando "de lo mismo". De modo que, por los más variados motivos que pueden surgir en la comunicación, R ("¿Qué piensas cuando te dicen eso?") no es en realidad ni pretende serlo —por eso surge la reformulación— del todo equivalente a r ("¿Qué piensas cuando te dicen qué bien te conservas?"), sino a r + n ("¿Qué piensas cuando te dicen qué bien te conservas?" + "¿... cuando te dicen semejante cosa?"). Como ya hemos dicho repetidas veces, no es fácil establecer categorías unívocas y, como tales, incompatibles con otras; con frecuencia, la realidad de la comunicación viva ofrece ejemplos muy ricos, que podríamos integrar en varias de las categorías definidas. Durante mi estancia en Almería para participar en el Simposio que ha dado lugar a estas actas, pude documentar en televisión esta respuesta de la infanta Cristina, preguntada por sorpresa, cuando se dirigía a su trabajo, sobre la recién anunciada boda, para el mes de marzo siguiente, de su hermana, la infanta Elena:

    * [...] Estamos muy contentos y no hay nada / tampoco hay nada más que decir
    (TV2, 24-11-94).

    Antes de terminar lo que pensaba decir, la infanta se interrumpe, probablemente porque se da cuenta de que su afirmación ("no hay nada más que decir") puede resultar demasiado rotunda e implicar que se siente, como parte integrante de esa pluralidad ("estamos"), molesta ante la pregunta, algo que al parecer no desea (y que podemos suponer poco esperable del discreto comportamiento habitual de nuestra familia real); reinicia entonces la infanta la expresión de su pensamiento cambiando el adverbio de negación (tras una levísima variación entonativa sin pausa audible) y cataliza el resto de los elementos que faltaban cuando interrumpió su discurso, para completar la respuesta ("tampoco hay nada más que decir"). La interrupción tiene valor de autocorrección (un subtipo de amplificación, como hemos visto); la recurrencia, de reformulación; y el nuevo adverbio funciona de hecho como un atenuador de la respuesta: sin la referencia de una negación previa, "tampoco" entra de lleno en el terreno de las presuposiciones, de esa información que no está en el enunciado, pero con la que es necesario contar para interpretarlo adecuadamente (15); esa información justamente que la infanta no quiso dejar de tener en cuenta, para mejor adecuarse o para no traicionar su intención final de comunicación, intención que, por otra parte, no siempre aparece clara para el hablante desde el punto de vista "lógico", en la inmediatez del coloquio. Y entramos así de lleno en los criterios que nos sirven de base para establecer el último miembro de las recurrencias temáticas: los reajustes expresivos.

    4.3. Reajustes expresivos

    En el registro coloquial, el hablante siente a veces la necesidad de "reajustar lo dicho" para mejor adecuarse a su intención (a veces sólo "oscuramente clara" para él mismo, como decíamos) de comunicación y a los requerimientos del contexto vivo (activo) de la enunciación, que pueden variar (tanto las condiciones contextuales como los objetivos del hablante) a lo largo de la interacción. Surgen así los reajustes expresivos o recurrencias en las que no se puede hablar de "identidad referencial" entre r y R ni siquiera en la intención inicial del hablante, que se encuentra en realidad repitiendo formal o conceptualmente algo ya expresado, pero intentando transmitir contenidos diferentes, adaptándose a su nueva vivencia del mensaje o de la relación interlocutiva: hablando, en suma, de lo mismo, pero diciendo cosas distintas, como en el siguiente ejemplo:

    * E.— ¿Qué piensas cuando te dicen qué bien te conservas? ... ¿Qué piensas cuando te dicen eso?
    FV.— Pues, eso ya es una grosería
    E.— ¿Verdad?
    FV.— A mí me parece una grosería porque si dices... "qué bien estás", viene a ser lo mismo, pero...
    E.- "Conservarse" es como un insulto ¿no?, ¿es como un insulto?
    (R1, "Vente conmigo", 24-8-94, entrev. a Fco. Valladares).

    En él, la repetición en forma de pregunta de lo que había sido originariamente una afirmación orienta acerca de las presuposiciones que maneja el hablante, pues, como explica el principio de cooperación interlocutiva (Grice, 1975), el que afirma suele estar de algún modo comprometido con la creencia en la existencia de lo dicho y quien debe dar esa información en una entrevista es, teóricamente, el entrevistado, que es además a quien le atañe directamente.

    En realidad, las mayores dificultades de estas estructuras residen, sin duda, en su análisis (o quizá en nuestra capacidad, como lingüistas, para llevarlo a cabo), pues en general nosotros hacemos, como receptores, espontáneamente su correcta y adecuada interpretación en el acto comunicativo. En cambio, lo que como locutores u oyentes ni nos planteamos e incluso, como estudiosos del lenguaje, nos parece (intuitivamente) claro se resiste luego al análisis o requiere larguísimas explicaciones que parecen complicar las cosas en vez de ayudar a aclararlas. En el fragmento que sigue, por ejemplo, puede parecer, con razón, que el hablante se contradice, no sabe lo que dice o se ha equivocado:

    * [...] Pero, por favor, sin droga no se puede vivir, droga es igual a "muerte
    (Javier Cremades, periodista, TM, "Rifi-rafe", 21-10-94)

    Se trata, en realidad, de una contradicción sólo aparente:

    1. El comienzo de la intervención (Pero, por favor) es réplica de rechazo hacia lo dicho por alguien que defendía la legalización (o el consumo, no recuerdo bien) de drogas;
    2. en contra de lo que parece, sin droga no se puede vivir no equivale, en la intención de comunicación del hablante, a con droga sí se puede vivir = droga es igual a vida, sino , si acaso, a todo lo contrario, que es lo que intenta expresar con la recurrencia.
    3. Podríamos reconstruir el proceso "lógico" que ha seguido el hablante a lo largo de su enunciación más o menos así: ¿Cómo se puede decir una cosa así? La realidad es que la droga crea adicción y, una vez que la ha creado, no se puede vivir sin ella, se sigue tomando, y su consumo continuado provoca la muerte.

    Como se puede apreciar, la no explicitud de todos los pasos lógicos intermedios que conducen desde "vivir" hasta "muerte" origina una aparente contradicción que sólo ahora, con tiempo y voluntad de reflexión sobre el ejemplo, se percibe. Como, en su momento, el hablante, sus interlocutores y los espectadores del programa compartíamos total o parcialmente el contexto de comunicación y conocíamos la actitud asumida por el hablante, su emisión fue automáticamente decodificada en su recto sentido.

    Como éstos, los ejemplos siguientes nos conducen mediante la recurrencia a nuevos o diferentes significados contextuales respecto del antecedente (lo repetido):

    * ¡Ay!, cayó todo... Lo caí (16)

    * —¿No le dices nunca nada?
    No... Pocas cosas [tb. hiponimia]

    * Porque no es normal, es completamente anormal, que haya una caída del consumo tan fuerte [y tan intensa en una sociedad]
    (Diputado PP, TM, "Diario tarde", 18-7-94)

    * Tú lo que tienes que hacer es callarte la boca para que no te contradigan ni te lleven la contraria

    * Todo lo que sea trabajos manuales los hace de maravilla, todo lo que no sea usar la cabeza...

    * FV.— Ya sólo voy a las... Por ejemplo el otro día estuve en el homenaje a Lola Flores, que eso sí es una cosa...
    E.— Claro, que no se puede evitar
    FV.— No, no, eso es obligatorio
    E.— No te puedes negar. Te apetece, además
    FV.—Te apetece estar ahí con ella en un momento tan importante de su vida y de la tuya, por supuesto (R1, "Vente conmigo", 24-8-94, entrev. a Fco. Valladares);

    Se trata en todos los ejemplos salvo el primero, como puede verse, de recurrencia conceptual, luego es lógico que los diferentes significantes que aparecen en ella aporten matices nuevos o diferentes a lo expresado. En el primero de los ejemplos, la recurrencia cambia la modalidad enunciativa, y es este cambio el que permite la expresión de la auténtica intención comunicativa del hablante.

    V. ECOS PROSPECTIVOS (O DE PROGRESIÓN ILOCUTIVA)

    Particularmente interesantes me parecen, desde el punto de vista comunicativo, los que llamo ecos prospectivos o ecos de progresión ilocutiva, mediante los cuales un hablante repite, a veces literal o casi literalmente, lo dicho por su interlocutor, incorporándolo a su propio acto de habla y al servicio de su particular intención de comunicación, con una referencia y un sentido nuevos.

    Aunque no he podido recoger muchos ejemplos de este tipo (sólo tres, todos al oído), los que he recogido y presento me han parecido tan claramente diferenciados de todos los demás, de un valor comunicativo tan rico y tan precisos (paradójicamente) y bien caracterizados en la expresión del sentido (coloquial) por aproximación, que he considerado que valía la pena establecer con ellos una categoría única y distintiva.

    El primero de los ejemplos es, sin duda, excepcional. No sólo porque su extensión y espontaneidad lo hacen difícilmente documentable al oído si no se participa directa y activamente en la conversación (y se tiene muy a mano papel y bolígrafo, lo cual es una casualidad que no siempre acontece), sino también porque es, dados su tamaño y la abundancia de recurrencias formales y conceptuales que realiza (cuatro, que equiparo tipográficamente por parejas en la transcripción) y teniendo en cuenta que se trata de una réplica, es —decía— de una "perfección" inusual (si es que es lícito conceptualizar así los ejemplos procedentes de la lengua hablada espontánea):

    * —¡No me puedo creer que os estéis otra vez peleando por la música...! ¡Qué más dará...! Parecéis tontos, no tenéis remedio...
    "¡Que más dará!". ¡No me puedo creer que estés otra vez diciendo lo mismo, mami! Tú sí que eres [cantando:] toon-ta, Simón, y no tienes solución... [risas de los cuatro].

    Como puede apreciarse, el segundo hablante, el que realiza las recurrencias, retiene en su memoria los cuatro bloques de información (diferenciados en redondo, negrilla, cursiva y subrayado, en el texto) utilizados en la intervención previa de su interlocutora y los "reproduce" incorporándolos a su propia enunciación y utilizándolos para sus propios fines comunicativos. Repite casi literalmente los dos primeros bloques (a modo de cita literal el primero), intercambiando su orden y remedando el tono de la madre; modifica ligeramente el tercero (parecéis/eres) y juega con la intertextualidad en el cuarto y último, introduciendo la letra rimada de una canción bastante popular y "musicando" el mensaje, pero respetando su sentido (no tenéis remedio/no tienes solución).

    Todo ocurre rápidamente. La mujer interviene en el contexto de una discusión entre padre e hijo, en el coche, sobre gustos musicales (un momento antes se había hablado de otra canción de Radio Futura: Mecánico en un jardín botánico; esto induce, supuestamente, la intertextualidad del último bloque y su realización cantada); la réplica es tan inmediata, inesperada, relevante y efectiva, que deja primero perpleja y sin palabras a la interpelada y provoca enseguida una reacción divertida y lúdica en todos los presentes, incluida ella misma. Utilizando prácticamente las mismas palabras, contenidos ("objetivos") iguales o equivalentes, el hablante ha trascendido, sin embargo, el acto ilocutivo originario y ha realizado reproche, rechazo, burla e ingenioso distanciamiento donde esencialmente no había implicada más que una reacción de reproche (malhumorado, y colectivo) por parte de la madre (17). Todo ello produce además un efecto inmediato en la situación de comunicación, efecto no obligado y quizá tampoco buscado por el hablante-recurrente, que defiende su punto de vista: la discusión se acaba ahí y la conversación vuelve a un tono relajado y "amistoso", más adecuado para la obligada convivencia en el espacio cerrado de un coche.

    Advertíamos ya al principio de este trabajo que la recurrencia, pese a basarse en la repetición, no impide ni la progresión temática ni la fática en la conversación y contribuye más que estorba a la participación mutua en la elaboración del sentido. Más aún: en realidad, como puede apreciarse, la recurrencia en la réplica actúa de hecho como un auténtico recurso de progresión ilocutiva e interlocutiva, variando sustancialmente las condiciones pragmáticas de la interacción.

    El segundo de los ejemplos puede parecer, aislado de su contexto originario y transcrito sin más explicaciones, un breve pero perfecto diálogo de besugos (o un absurdo ejercicio de práctica en una clase de español para extranjeros, por ejemplo). Representó en su momento, sin embargo, una interesante transición a un estado nuevo de la conversación y a un estadio diferente en la relación interpersonal:

    * —Ah, sí..., yo soy un amante de los chalecos
    Yo también
    ¿Tú también... eres una amante de los chalecos?
    Sí, yo también.

    Como refleja el fragmento, el primero de los hablantes es hombre; el segundo, mujer. Mantienen una breve conversación relajada y casi "pública", pues forman parte de un grupo que empieza a disgregarse. Antes de esta conversacion, apenas se conocían; después de todas estas recurrencias, sin embargo, una vez constatado que ambos son amantes de los chalecos y que han querido decírselo y se lo han dicho y hasta han pedido y obtenido confirmación explícita de tal preferencia personal, ambos se encuentran en una situación de proximidad, solidaridad, covivencia y cooperación nuevas. Pero no es fácil explicar racionalmente cómo se ha producido esta transformación tras un intercambio de palabras aparentemente tan poco "informativo".

    ¿Cómo se ha dado el paso desde el comentario intrascendente del hombre y la afirmación solidaria de su interlocutora hasta el segundo gran bloque ilocutivo, que incluye la pregunta absurda del hombre (que no es de hecho tal pregunta) y su innecesaria respuesta por parte de la mujer? Hablar por hablar es para las mujeres —dice Tannen (1992)— una forma de estrechar vínculos; pero es el hombre quien, aparentemente, "pregunta por preguntar" en el ejemplo. Las preguntas no se hacen sin expectativas sobre las respuestas —enseña el Análisis del Discurso—, y éstas se interpretan en función de aquéllas; en rigor, la respuesta "lógica" a ¿Tú también... eres una amante de los chalecos? por parte de alguien que acaba de declarar que ella también es una amante de los chalecos, no puede ser más que una, la que obtiene el hombre (Sí, yo también); el dato más interesante aquí es probablemente "cultural": el hecho de que haya sido precisamente el hombre el que ha tomado la iniciativa de estrechar vínculos "preguntando sin preguntar", lo cual convierte, sin duda, en particularmente interesante la respuesta que obtenga, cualquiera que ésta sea. Por otro lado, como es sabido, nadie va por ahí diciendo lo obvio..., salvo que no sea realmente tan "obvio" o que, al decirlo, deje de serlo; las recurrencias de este fragmento no parecen sino una sucesión de "obviedades", pero obviedades que anuncian algo más, algo distinto, que están ya, en realidad, en representación de todo ello en el discurso. ¿Cuáles eran, en definitiva, las expectativas puestas en juego en la interacción y cómo han llegado a realizarse de este (indirecto) modo?

    Hay me parece— en estos dos ejemplos y en el que viene a continuación dos componentes decisivos que nos ayudan, como destinatarios o simples receptores del mensaje, a identificar el poder ilocutivo de las emisiones-recurrencia: el paralingüístico y el metalingüístico. En cada caso, el locutor que interviene en la réplica repite literal o casi literalmente lo dicho por su alocutor, pero (frente a lo que ocurría, por ejemplo, en los ecos de sintonía interlocutiva) atribuyéndole un valor "significativo" diferente: el hablante utiliza las mismas palabras (o casi) que el otro, pero no dice las mismas cosas. Esto significa que ha tomado como referente de su mensaje la emisión de su interlocutor en su más amplio sentido, tanto en su vertiente "informativa" como ilocutiva, y que, reutilizándola con los mismos contenidos pero otro valor, se está pronunciando sobre ella; o, mejor, sobre la relación subjetiva que su interlocutor ha establecido con ella y en la que él, como coparticipante en la comunicación, se ve también implicado y no, al parecer, en la exacta manera o medida que personalmente desearía.

    La diferente realización paralingüística que se hace del mensaje repetido responde, lógicamente, al nuevo punto de vista adoptado en la emisión y ayuda al otro a identificar el nuevo sentido que debe atribuir a "su" mensaje en boca de su interlocutor. Así se entiende que, en el siguiente ejemplo, la simple repetición literal, por dos veces, de una parte del mensaje escuchado exprese sendos modos distintos de tratar subjetivamente la (misma) información del otro o de relacionarse con ella. Como no hay posibilidades (o yo no las conozco) de trasladar al papel la exacta entonación (el exacto "tono" del discurso) con que fue realizada por cada uno de los hablantes cada vez, añado entre corchetes, a modo de acotación, el sentido con que me parece que fue, en su momento, expresada:

    * —Sigue ahí uno que fue alumno mío, uno que tiene barba ahora...
    Tiene barba ahora... [intentando identificar a la persona de la que habla el otro]
    —Sí, está desde hace años
    Que tiene barba ahora... ["no consigo identificar a nadie con esa característica allí": rechazo de la información]

    (En el teatro, el actor responsable de esta parte del diálogo debería saber cómo "decirla" a partir de lo acotado).

    De algún modo, parece que es precisamente la oralidad, el modo específico de concebir y realizar la lengua hablada (no leída o recitada, ni escrita), la que propicia (y hasta precisa de) el recurso espontáneo a la repetición (formal o conceptual), es decir, de la recurrencia, como mecanismo de organización y progresión discursiva por un lado, y de relación interlocutiva, por otro. La abundancia de los ejemplos y los múltiples valores significativos y de sentido del fenómeno sugieren, además, que la recurrencia no actúa normalmente como información sobrante o inútil en el coloquio, sino como estrategia esencial del modo en que las personas interactuamos durante nuestra actividad comunicativa.

    NOTAS:

    1. El concepto de "coloquial" que manejamos coincide con el delimitado en Vigara, 1992 (véase, por ej., el cuadro 1, en la pág. 13): modalidad diafásica de carácter oral y conversacional; es decir, hablada (no leída, ni recitada), en la cual el lenguaje se va concibiendo —por decirlo de un modo sencillo— al tiempo que se está usando y en función del "otro", interlocutor individual o plural destinatario del mensaje, con el cual el hablante se encuentra en relación simultáneamente subjetiva (en su más amplio sentido), espacial y temporal durante el proceso vivo de la comunicación. Se trata, pues —tal y como yo la concibo—, de una modalidad diafásica de carácter general en la que pueden establecerse grados (el de plenitud viene dado por lo que podríamos denominar "conversación cotidiana") según cómo actúen en la realidad del acto comunicativo los diferentes condicionantes que fundamentan su delimitación como "variedad contextual de la actuación lingüística": grados de jerarquización interlocutiva, de mayor o menor formalidad, de intencionalidad (profesional, estética, lúdica, etc.) más o menos marcada, de mayor o menor convencionalidad, de covivencia más o menos estrecha, de imposición personal/sintonía interlocutiva más o menos fuerte, de una (in)trascendencia más o menos previsible, mayor o menor premeditación o reflexión discursiva por parte de los interlocutores (e incluso grados de mayor o menor cultura), etcétera. Los "condicionantes" funcionan, pues, a modo de parámetros que interactúan en todas las situaciones comunicativas "coloquiales" (tal y como las he descrito al principio de esta nota), pero, lógicamente, de modo particular (único) en cada una de ellas. Por eso es posible también estudiar la "graduación" (idoneidad, frecuencia, exclusividad) de los diversos fenómenos de la lengua coloquial en sus diversas formas de realización (subregistros), pues algunos de esos fenómenos que surgen en la lengua hablada en cuanto hablada serán, lógicamente, más propios de unas circunstancias comunicativas que de otras (aunque no siempre sea fácil establecer esas circunstancias con precisión).
      El fenómeno de la recurrencia (que estudiamos aquí) es precisamente una buena muestra de cómo las condiciones de actualización coloquial (que podemos considerar "universales") imponen en los hablantes un cierto modo especial de concebir y realizar el lenguaje hablado en prácticamente todas sus diferentes manifestaciones, de ahí la presencia en este trabajo de ejemplos procedentes de los más variados subregistros coloquiales y en sus más diversas funciones, desde los tomados al oído de cualquier conversación (digamos) intrascendente a los recogidos en grabaciones o en entrevistas de los medios de comunicación (radio, televisión). Creo que, antes de progresar en el desarrollo de este trabajo, es importante aclarar al lector que frente a este concepto (amplio) de coloquial que yo manejo (tan cercano, aunque con necesarios matices, al de "oralidad" de la escuela de Friburgo —Wulf Oesterreicher, Peter Koch, etc.), la mayor parte de mis colegas participantes en este Simposio designan con "coloquial" —si lo he entendido bien— exclusivamente a esa submodalidad específica que yo considero, por mi parte, "coloquial plena": oral, conversacional, informal y cotidiana (=de temas "cotidianos"). Debo reconocer, sin embargo, que el término "coloquial" no me parece totalmente satisfactorio ni para mi conceptualización (demasiado amplia) ni para la de mis colegas (demasiado estrecha, y redundante —me parece— en el sintagma conversación coloquial); y que, en lo esencial, prácticamente toda la casuística utilizada en mi libro Morfosintaxis... procedía del subregistro que ellos, en su sentido estricto, denominan "coloquial" (y yo especifico como "coloquial pleno").
    2. Esto ocurre, en realidad, en todos y cada uno de los registros (y subregistros): las diferentes circunstancias de actualización discursiva son precisamente —como hemos señalado en la nota anterior— el factor esencial de diferenciación entre ellos y de sus respectivos lenguajes-producto.
    3. Véanse, por ejemplo, entre otros, los trabajos de Lamíquiz (1971 y 1988), Martinell (1974), Dumitrescu (1978), Blanche-Benveniste (1985), Gaulmyn (1987) y sobre todo Tannen (1989). También, en estas mismas actas, el de Gemma Herrero.
    4. Me he centrado sólo en la recurrencia sintagmática (léxica, semántica o conceptual). Quedan excluidos, pues, de este trabajo, otros tipos de recurrencia, como por ej. la "social", que viene dada por el empleo alusivo o explícito de refranes, chascarrillos, fórmulas rimadas, intertextos, etc. y que —como suele ocurrir con las muletillas— no se realiza en el plano sintagmático, intratextual:
      * Yo propuse un tema como [X] y, bueno, Lázaro Carreter fue más listo... Él dispuso. Él dispuso que [...] [cp. El hombre propone, y Dios dispone]
      * Indívil muere, en cierta manera, clavando..., bueno, clavado por una lanza en el pecho [...] Y lleva el nombre de la reina María, la esposa..., en cierta manera, del rey Alfonso el Magnánimo;
      queda excluida también la fónica (la cacofonía, por ej., raramente se percibe en la lengua hablada: cuando algo nos "suena mal" suele ser porque presenta algún desajuste contextual respecto del sistema, de nuestra conciencia lingüística intuitiva o del uso social), así como la que tiene lugar mediante procedimientos morfológicos principalmente:
      * ¿El tiempo? ... El que tú decidas... No te quiero obligar, quiero que sea voluntariamente tú decisión, pero sí decirte... que cuanto antes, que vuelvas, como si es un mes dos meses; el tiempo, lo decides tú..., y que no volverá a ocurrir jamás esto, sois lo más valioso que tenéis para mí, y quiero utilizar este medio... para eso, [...]
      ( Mensaje de JM para A, A3, "Lo que necesitas es amor", 30-1-94)
      * ...una cosita pequeña;

      y excluimos también la recurrencia pronominal, la mejor estudiada, sin duda.

    5. "Así, el término recurrencia, más neutro, parece preferible al de redundancia" (Greimas y Courtés, 1982, p. 335, s.v.), y —añado yo— al de "repetición", que nos parece menos descriptivo. Estos mismos autores definen la recurrencia como "Iteración de ocurrencias (identificables entre sí) dentro de un proceso sintagmático que manifiesta de modo significativo regularidades que sirven para la organización del discurso-enunciado" (ibídem, s.v.).
    6. Acepción de redundancia en el Diccionario de Lingüística de Ramón Cerdá (coord.), s.v.: "Com Información predictible por alguna razón estructural, contextual o extralingüística que contiene un enunciado".
    7. El trabajo con el que contribuí en Berlín al Primer Coloquio Internacional sobre español hablado y cultura oral en España e Iberoamérica me permitió desarrollar con cierto detalle este concepto (Vigara, 1997).
    8. Algunas de ellas acaban fijadas formal o/y funcionalmente en la lengua, como por ejemplo las que estudia la profesora Herrero en su contribución a este simposio.
    9. Constituye, así, un peculiar modo de cooperación interlocutiva en la ruptura de la máxima de cantidad griceana (Grice, 1975). Y esto —añado a modo de inciso aquí— podría llevarnos, a poco que nos esforzáramos, a un replanteamiento del famoso y útil "principio de cooperación interlocutiva" y de su funcionamiento en el registro coloquial, en el cual no es el aspecto informativo el que más interesa a los interlocutores, la precisión no forma parte —como hemos dicho— de sus intereses comunicativos y el sentido se expresa por aproximación (tarea que ha de quedar por ahora para mejor momento, pero dejo aquí sugerida, por si pudiera resultarle útil o interesante a alguien).
    10. HM son las siglas con que abrevio en los ejemplos la recopilación de grabaciones transcritas por Manuel Esgueva y Margarita Cantarero (1981); la numeración romana corresponde al número de encuesta; la arábiga, al de página.
    11. Esta atracción por el núcleo semántico que el hablante considera más importante en su enunciado da lugar a otros fenómenos muy representativos de la lengua coloquial (véase al respecto Vigara, 1992, pp. 433-438).
    12. Aunque es un recurso usado tanto por entrevistadores hombres como por mujeres, lo cierto es que el tipo de programa y el estilo personal del profesional graduarán decisivamente su índice de aparición en los medios.
    13. Ha sido estudiada en la dimensión del énfasis semántico (véase Vigara, 1992, p. 147 y ss.).
    14. En este apartado podrían quizá incluirse ciertas recurrencias léxico-sintácticas fosilizadas (en este sentido, no constituyen una elección libre por parte del hablante) que parecen tener su origen en el mismo principio; por ejemplo, la repetición exacta (a modo de reproche, rechazo o enfrentamiento con la opinión del otro) de la forma verbal en diferentes contextos sintácticos (como verbo principal en la recurrencia, como parte del complemento circunstancia en el antecedente) y correlacionada, al menos intencionalmente, con distintos referentes en:
      * [En unas oposiciones]
      Yo no formularía el ejemplo [X] así; y usted tampoco si se lo hubiera pensao. [...] O sea que, cuando se anda deprisa, se anda deprisa
      [implica reproche: "y usted no puede negar que ha hecho el trabajo precipitadamente"]
      * ... y es que ahora es justamente cuando la gente tiene frío, porque no ponen las calefacciones [oficialmente hasta el uno de noviembre]... Y cuando hace frío, hace frío ["tú no puedes negarlo"].
    15. Tampoco tiene aquí un papel equivalente (con las matizaciones oportunas y las connotaciones añadidas) al que tiene en un ejemplo como el siguiente (donde no aparece como parte de una recurrencia):
      * —Está convencido de que te vas a comprar un equipo [de música] nuevo y que va a heredar éste para entonces
      Tampoco es eso.
    16. No se trata en este caso sólo de un cruce entre la construcción de sentido activo y el verbo de sentido pasivo. En realidad, lo caí sitúa enunciativamente al sujeto en su lugar, como elemento activo de lo acontecido.
    17. Obviamente, la posible incoherencia resultante de la asociación en discordancia de sujeto y atributo adjetival ("eres tonta, Simón") no fue para nada percibida.

    BIBLIOGRAFÍA

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    © Ana Mª Vigara Tauste 1995, 1997

    El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero7/vig_como.htm