Estudios:

Cernuda: entre el regreso y la errancia

Análisis del poema "Peregrino"
de Luis Cernuda

por Patricio Eufraccio
eufracio@servidor.unam.mx
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM)


para Alberto Paredes

 

 

     

Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos.
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas ¿tú? ¿volver? Regresar no piensas,
Sino seguir siempre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

        

 

Lo primero sobre el poema

El poema de Luis Cernuda titulado "Peregrino", pertenece a su último libro de poesía Desolación de la quimera, aparecido en 1962 y que, en forma póstuma (1963), se incorporó al libro La realidad y el deseo, que compila la totalidad de su obra poética publicada.

El poema plantea el dilema que vive un peregrino entre el regreso y la errancia; entre la continuidad y la claudicación de su errante voluntad.

Cernuda escribe este poema en la etapa final de su vida, una vida que ha sido errante, pues ha pasado de España a Gran Bretaña, después a Estados Unidos y, finalmente, a México. No le es desconocida la condición del peregrino que no regresa a su sitio original, quizá debido, como en su caso, a que no posee ninguno. Comienza su peregrinar en la época de la Guerra Civil y no lo detiene hasta llegar a México a la casa de Manuel Altolaguirre.

 

Analizaré cuatro aspectos del poema que me parecen relevantes: 1) su composición métrica; 2) las voces poéticas; 3) las imágenes y metáforas, y 4) la errancia como condición de libertad

 

La composición métrica y un "pero"

El poema se compone de tres estrofas de quintetos básicamente endecasílabos; salvo en los versos primero, que es un heptasílabo; el sexto, que es un decasílabo; el séptimo que es un nonasílabo y, el decimotercero que es un dodecasílabo, con un "pero" que explico a continuación. No obstante, el predominio rítmico del endecasílabo es lo que reverbera en los oídos al escuchar el poema.

El "pero" del decimotercer verso se encuentra en que siendo, efectivamente, un dodecasílabo, "suena" a endecasílabo. Veamos el verso separado:

Noe-ches-de-me-nos-un-des-ti-no-más-fá-cil= 12 sílabas

En el verso, el ritmo acentual es: ó o o ó o o o ó o ó ó o; es decir, las tónicas serían 1, 4, 8, (10), (11). Las primeras tres no presentan dudas; sin embargo, en la décima y undécima es donde se encuentra el hallazgo y problema del conteo acentual y la magia del ritmo.

El asunto se encuentra en dilucidar si podemos considerar a la unión de las palabras "más" y "fácil" como algo que llamaré, momentáneamente, "una esdrújula potencial sonora" para así "escuchar" este verso como un endecasílabo; o, bien, si en realidad la acentuación tónica de la "a" de "más", se "oscurece" ante el timbre sonoro de la "a" de "fácil", dejándolo en un dodecasílabo.

La regla dice que cuando el último acento de un verso de 12 sílabas cae en posición esdrújula, se le reduce una sílaba al conteo y se le considera endecasílabo. Cernuda lo cumple cabalmente en el décimo verso del poema: "Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope": 12-1= 11.

No existe mayor problema en aplicar la regla cuando el sonido tónico de una esdrújula se circunscribe a una sola palabra; Penélope, en este caso. Sin embargo, en el verso decimotercero existen dos palabras que cada una de ellas por separado posee acento tónico (prosódico) y ortográfico; "más", de palabra aguda y adverbio de cantidad y, "fácil", de palabra grave terminada en "l". De ahí que, si en la entonación del verso "hacemos" que cada una de ellas conserve su tonía, el verso se transforma en dodecasílabo; lo mismo ocurre si "oscurecemos" la tonía de "más" y resaltamos la de "fácil". En cambio, si resaltamos la tonía de la palabra "más" al tiempo que oscurecemos la de "fácil", (lo que llamé "esdrújula potencial sonora") entonces obtenemos un dodecasílabo esdrújulo que vale y, más que eso, se "escucha" como endecasílabo.

Pero ¿todo esto qué le produce al poema? Creo que es de primordial importancia para la cadencia endecasílaba esencial del poema. Como señalé, no todos los versos son endecasílabos pero, fuera del decimotercero en discusión, los otros tres versos de diferente metro son menores (7 y 9 sílabas) y no mayores que el endecasílabo, y su combinación (11, 9, 7) ha sido ampliamente usada en la poesía, además 9 y 7 son sílabas nones que combinan bien con el 11. En cambio, la presencia en este poema de un verso dodecasílabo rompería el rítmico diálogo que mantienen los endecasílabos con el heptasílabo y los nonasílabos.

No podría aseverar, en forma tajante, que las palabras "más" y "fácil" del decimotercer verso constituyen una "esdrújula potencial sonora", de hecho, a las tantas de repetir en voz alta el verso, me parece que la entonación que al final se me ha quedado en los labios y oídos, es la de marcar la tonía de la "a" de "fácil"; pero, confieso que tampoco logra "oscurecer" del todo la tonía de la palabra "más", por lo que persisten la duda, la sorpresa y el halago.

Una tercera posibilidad sería el que por caer ambos acentos en la misma vocal pareciera una "a" repetida que, en lugar de sumar dos, se mantiene en una sílaba.

 

Una sola voz para ambos: el yo y el tú en la voz poética

El poema lo dice un "yo" que se dirige a un "tú". Ambos personajes del poema están presentes no obstante que tan sólo escuchamos al "yo". Un "yo" cargado de aliento y esperanza, una pizca de imposición y unas pinceladas de angustia por la posible claudicación. Es como si dos grandes amigos conversaran sobre la posible renuncia de uno de ellos al peregrinaje, a la libertad de la errancia. Quizá, también, podría tratarse de un padre a un hijo. Tal vez, de un hombre a sí mismo. Esta última posibilidad es la que más me atrae.

La riqueza de posibles personajes involucrados en este poema se plantea en la primera palabra: volver; un verbo en infinitivo interrogando, que lo mismo puede referirse a un "yo" que pretende volver, que a un "tú": ¿Volver? (yo) (tú). Los dos primeros quintetos comparten esta característica de iniciar preguntando para, a continuación, contestar sin ambages. En ambos existe un diálogo, inmerso en el monólogo, entre el yo y el tú del poema.

El primer quinteto no aclara si el interrogado es un yo o un tú. Puede ser, por lo tanto, cualquiera de ellos. Lo que si destaca es que existe un antecedente de peregrinar: "largos años", "un largo andar"; así como una vida que aún no se agota ni se fatiga y que todavía promete nuevas tierras, amigos y amores. No obstante, el peregrino de la voz de este quinteto, ha hecho un alto (acaso solamente mental) para preguntarse (quizá para contestarle a alguien) sobre su situación errante. Puedo imaginarlo en un camino entre dos ciudades, o en el vagón entre dos estaciones, contestando, contestándose sobre la necesidad de continuar errando.

Nunca se aclara, ni en este quinteto ni a lo largo de todo el poema, cuál es la circunstancia que motiva la duda de donde emerge la pregunta inicial del primer y segundo: ¿volver? (yo); sin embargo, la respuesta es clara y tajante: no. Es decir, resulta impensable e imposible la vuelta a casa, al pasado, a lo ya vivido. Declara con ello que cuando se ha emprendido un camino no existe el verdadero regreso. La añoranza es una trampa del espíritu que busca atraparnos, inmovilizarnos en el sitio inexistente del "pasado".

Los elementos constitutivos del cuadro que presenta este quinteto son, la momentánea duda sobre el peregrinar y la pronta y segura respuesta afirmativa del compromiso vital de continuar. En este quinteto y el siguiente, el cuadro se logra por la interacción de la pregunta inicial concisa y fulgurante de un solo verbo, que conforman un claro hemistiquio muy marcado y recortado, junto al cual el resto del verso inicial es un hemistiquio holgado; como si fuera un verso de pie quebrado antecediendo un verso de cuerpo normal; y la respuesta de cinco versos en los que se arguyen las razones que impiden el regreso. La pregunta inicial de los primeros versos de los quintetos primero y segundo, agrupan todo el pasado; de ahí su fuerza que provoca esa respuesta tajante que establece la sólida convicción del peregrino de que su vida no es el regreso sino la continuación. No obstante, en el primer quinteto el pasado es más inmediato, particular: se regresaría a la tierra, la casa y al amor personales, cotidiano y doméstico de cualquier hombre. En cambio, en el segundo quinteto, el regreso sería universal, más hacia la humanidad, a un pasado que nos pertenece no únicamente por ser mío sino porque es nuestro, de todos los humanos. Ambos quintetos se continúan y ahondan en un solo deseo de aliento para no claudicar en su infinito ¿avance o errancia? El tiempo de este peregrino no es el circular de los antiguos mexicanos sino el tiempo lineal de Occidente, aquél para el que el pasado no es una opción de vida. Este peregrino sólo podría ser un occidental convencido de que nada regresa.

El tercer quinteto es una sublimación de lo que se declara en los dos primeros: lo único cierto es la errancia, la continuación. La duda ha desaparecido por completo y el yo y el tú del poema se fusionan en el aliento que el uno le proporciona al otro. Se ve la declaración esperanzada de que el continuar es mejor que el volver. Más aún, se menciona que el regreso es "un destino más fácil", aceptando con ello que el peregrinar no es tarea para todos, sino sólo para aquellos que buscan la libertad absoluta, que obliga a despojarse de todo lo que nos hace cotidianos y monótonos: el mismo aliento, las mismas claudicaciones, las mismas palabras.

 

Imágenes y metáforas

En los libros de Cernuda, Un río, un amor, de 1929 y Los placeres prohibidos, de 1931, hay poemas en los que las imágenes y metáforas corresponden a los postulados de las vanguardias europeas. En el poema "Daytona", leemos: "Hubo un día en que el día no engañaba/ En que sus manos tristes no sostenían un cuerpo/ Indiferente como labios de lluvia,/ Como el rojizo hastío". Por su parte, en "Diré cómo nacisteis", leemos: "Soledades altivas, coronas derribadas,/ Libertades memorables, manto de juventudes;/ Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,/ Es vil como un rey, como sombra de rey/ Arrastrándose a los pies de la tierra/ Para conseguir un trozo de vida".

En estos fragmentos de ambos poemas encontramos características de las vanguardias, como la unión de los sujetos: "labios" con "lluvia"; o la calificación maravillosa del "rojizo hastío"; o bien la cadena de imágenes: "Soledades altivas", "coronas derribadas", "libertades memorables", "manto de juventudes". Cernuda claramente construye estos poemas con imágenes y metáforas vanguardistas. En cambio, en el poema "Peregrino", la construcción es diferente, las imágenes y metáforas son de otra calidad y persiguen otro fin. Podría decirse que, en apariencia, "Peregrino" se forma sin metáforas y con imágenes sencillas y cotidianas; salvo, quizá, en el momento que aparecen las referencias mitológicas griegas, que merecen unos renglones aparte pues son de otro ámbito, quizá del de cultura general.

"Peregrino" no tiene, como los poemas antes referidos: "labios de lluvia", ni "libertades memorables", sino "codicia de su tierra, su casa y sus amigos" y "seguir siempre adelante". A diferencia de aquellos en que la intención del lenguaje es metafórica, en éste existe la de crear una imagen con elementos idiomáticos que podría calificar de "cotidianos". En "Peregrino", es notoria la inclinación de Cernuda por un tratamiento puro de la poesía. Puro en el sentido de sencillez en el lenguaje, tanto semántica como sintácticamente. No existe interés de tensar el idioma, de forzarlo a decir algo que no se encuentre a flor de piel en él mismo. Nitidez de comunicación y sensación.

Pero ¿no existen la metáforas en el poema? En el segundo y tercer verso dice: "Tras largos años, tras un largo viaje/ Cansancio del camino", los "años largos" y el "viaje largo" nos muestran el camino inmenso con que se enfrenta todo aquel que se decide o acepta la errancia como forma de vida; es un camino que dura un vida y lo dilatado de éste no se refiere tan sólo a la suma de kilómetros que pudiera tener, sino, también, a la suma de días, emociones, sensaciones y vivencias que se le presentan al peregrino. Un camino que puede llegar a cansar al peregrino, pero no un cansancio físico del que cualquiera se recupera con descanso, sino el cansancio espiritual, la fatiga del alma de aquel para el que andar y, no el llegar, es el sino. Pero, bien mirados, estos versos nos proporcionan imágenes "metafóricas", sin que por ello podamos señalar, en forma clara, que tal o cual parte del verso es una metáfora definida; como es el caso de "labios de lluvia" del poema "Daytona".

Por otro lado, las imágenes del poema refieren sitios, espacios y tiempos indefinidos. No podemos precisar dónde se encuentran y cómo son la tierra, casa y amigos del cuarto verso, qué podría codiciar el peregrino que claudicó a la errancia y decidió el regreso. Algo similar sucede con "la tierra antes no hollada" y "lo antes nunca visto", de los versos catorce y quince, respectivamente. Las imágenes del poema, aunque claras no están definidas, dejándole al lector la tarea de precisarlas. Esto se consigue por el uso de sustantivos generales, amplios y sin carga de adjetivos ni otras especificaciones.

El poema presenta una situación diferente en los versos noveno y décimo. En ellos la indefinición se disipa momentáneamente y vemos a tres elementos que podemos precisar de manera clara: Ulises, Ítaca y Penélope. Por supuesto, que son las imágenes clásicas del regreso; del hombre que, cumplida su tarea heroica, regresa al orden previamente establecido que dejó y, que al final, no recupera. Es el mito de la fidelidad, tanto en Ulises como en Penélope; de la conservación de la unidad familiar y ello es amenazado por el peregrino, aquel que no le es fiel más que al camino, como señala el verso decimotercero; de ahí que la elección de esta imagen en el poema nos permita comprender, por contraste, lo que el peregrino sacrifica, de lo que huye y que lo impulsa a continuar errando. No todos los seres nacieron para ser Ulises o Penélope y los peregrinos no tienen en su corazón una Ítaca que frene su andar. El peregrino lo es, precisamente, porque no es Ulises, ni piensa en una Penélope, ni tiene una Ítaca. Los peregrinos son diferentes del resto de la humanidad. Con poemas como éste, Cernuda va construyendo la contraparte del mito conocido; por contraste va construyendo el mito del hombre errante.

Finalmente, diré que la imagen que se me queda del poema es la de los gitanos. Con una pequeña salvedad ya que, siendo honesto, desconozco si los gitanos peregrinos (entiendo que los hay arraigados al terruño) son peregrinos por convicción o porque son expulsados de todos sitios. No obstante, el gitano en el que pienso es aquel idílico, mítico que hace de su peregrinar una errancia gozosa y desenfada; aquel en cuyo peregrinar no existe culpa (como la hay en el judío errante), ni un compromiso previo que deba cumplirse (como quienes emprenden la ruta del apóstol Santiago). El peregrino de Cernuda es alguien que es su errancia.

 

¿La errancia como condición de libertad o como aceptación de destino?

"Peregrino", podría denominarlo como un poetizar tanto de la libertad como de la aceptación del destino. La libertad primera sería aquella genérica y elemental que proporciona la ausencia de toda clase de arraigos. La libertad que proporciona sentido a la inclinación hacia la errancia en el poema. La segunda, la aceptación (¿resignación?) sobre el tiempo, hombres y circunstancias que le tocan vivir a cada quien. Si bien el sino de Cernuda se acerca más a la segunda posibilidad, deseo ensayar sobre ambas posibilidades.

En la primera posibilidad asumo que el personaje o personajes del poema están en un momento de reflexión sobre la conveniencia y necesidad de continuar con su peregrinaje. A diferencia de los otros poemas y de otros autores, en Peregrino no se "regresa" ni a la casa, ni a la infancia. Nunca conocemos elementos de la infancia o adolescencia de los personajes del poema. No vemos a la madre-hogar-infancia, como en el poema LXV de Trilce de Vallejo, o las características de la casa-infancia del poema La Quinta de Eliseo Diego. En el poema de Cernuda nunca vemos el pasado concreto porque no existe para el peregrino. Las referencias al "pasado" que se abandonó son vagas y desdibujadas: tierra, casa, amigos y amor fiel. Es verdad, que las referencias al futuro también lo son: fin del camino, tierra no hollada, lo antes nunca visto. De ahí que sea en esta imprecisión, en esta vaguedad, donde se afinque la condición elemental de la libertad que canta el poema. Una libertad ideal, ausente de compromisos y, por ello, absoluta para decidir sobre el siguiente paso. Cernuda consigue transmitirnos la sensación de libertad absoluta mediante el contrapunto de los verbos que denotan el regreso: volver, regresar, aguardar; y el verbo que sintetiza la errancia: seguir.

El poema obliga al lector a situarse entre las interrogaciones con que se abre el poema. ¿Volver? ¿A qué? ¿Por qué? ¿Por quién? El poema no desahoga la interrogación; es decir, no obliga al lector a continuar o regresar, sino tan sólo lo incita, con vehemencia, a que continúe, pero en ninguna forma lo obliga. La decisión final, de continuar o regresar, queda en manos del lector.

La segunda posibilidad es el destino y su aceptación. No tenemos claro si el poema "acepta" un sino o se enorgullece y elige una libertad bajo la forma de la errancia. Lo cual nos lleva a uno de los dilemas humanos más delicados en toda la poesía de Cernuda: ¿elección o condena? ¿Una biografía y obra marcada por el franquismo o un "demonismo" que se alimentó del exilio político (y del "exilio sexual")? ¿Puede alguien saberlo? No es circunstancial que el libro que compila toda su poesía se equilibre entre la realidad y el deseo; Cernuda: ¿realidad o deseo?; es decir, Luis Cernuda, poesía, poema, vida: ¿regreso o errancia?

 

Bibliografía:

Cernuda, Luis. La realidad y el deseo (1924-1962). México; Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 361.

 

© Patricio Eufraccio 1998

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero8/cernuda.html