José Antonio Millán:



Lo literario
puede ser
cualquier
cosa


Susana Pajares Toska
Dpto. Filología Española III
Ciencias de la Información - UCM


El Café Comercial está prácticamente vacío. Aún así no veo a quien supongo José Antonio Millán hasta que no está ya sentado a una mesa. Cohibidos como si los dos hubiéramos llegado tarde, comentamos nuestra poca sagacidad literaria, pues deberíamos haber quedado en vestir un determinado color o llevar un cierto libro en la mano. En fin, nos hemos reconocido y vamos a empezar la entrevista, pero el camarero nos expulsa de la mesa, reservada a una cliente antigua que llega casi inmediatamente. Desde ese momento empezará a entrar gente en el café hasta lograr que casi no oigamos nuestras preguntas y respuestas. José Antonio Millán aguanta heroicamente tanto el ruido como el hostigamiento interrogador.




P- Su interés por la lengua empieza por la etimología según usted mismo confiesa al hablar de su infancia, luego ha sido traductor y ha elaborado diccionarios y bases de datos sobre gramática, ¿qué busca detrás de las palabras?

R- A lo mejor más palabras... Lo de la etimología sí me impresionó mucho de pequeño, descubrir que detrás de lo que decíamos había otras palabras con otros sentidos. La verdad es que es una afición que he tenido siempre, con la suerte de ir pudiendo vivir de ella. Estoy encantado. Voy a decir una tontería, pero el campo de la lengua es una cosa tan rica, tan desafiante intelectualmente que es un terreno en el que se puede hacer muchísimo.

P- El segundo de sus intereses, el de contar historias, ¿le surgió en el momento que lee Jim Botón y Lucas el Maquinista, de Michael Ende, como alguna vez ha escrito?

R- Creo que tuvo bastante que ver, aunque recuerdo otros cuentos que leía de pequeño, o que me leían. Fue la primera vez que cogí un libro por la mañana y leí hasta por la noche, sin querer dormirme. Ahora se lo estoy contando a mis hijos, no leyendo porque no tengo el libro, que me robaron. Estoy reconstruyéndolo, y me acuerdo de toda la trama, detalles, imágenes y juraría que hasta de frases al pie de la letra. Creo que es un libro muy bueno.

P- Sus cuentos hablan de momentos puntuales muy cotidianos que encierran un significado profundo, a la manera de las epifanías joyceanas o las "horas-estrella" de Zweig, ¿qué tiene esto que ver con sus novelas de ciencia ficción?

R- Es muy fácil montar un cuento sobre uno de estos momentos, porque el cuento por su naturaleza se presta bien a concentrar muchos significados y a condensar la realidad apuntando a un sitio. La novela, por motivos de longitud y aliento, es otra historia, aunque probablemente también haya metido algún momento de estos.

P- Los cuentos suelen centrarse en este momento de revelación que suele pasar inadvertido para los personajes.

R- Sí. A veces es una revelación a posteriori, otras veces es una sensación muy sutil, interesante vitalmente. Hay momentos que si uno está atento y los aprehende son un poco como una iluminación. En el fondo estamos rodeados de momentos de estos, y si no cogemos más es por un estado de aturdimiento. Pero a lo mejor se pueden capturar a través de la literatura para compartirlos.


"CUALQUIERA QUE SE FIJE EN UNA COSA, EN UNA SOLA, INCLUSO HUMILDE COMO UNA VELA, PUEDE VER A TRAVÉS DE ELLA TODO EL UNIVERSO"

P- Este elemento está presente también en sus novelas, como decía. Me gustaría leer un párrafo de Nueva Lisboa que me parece definidor de su intención literaria: "cualquiera que se fije en una cosa, en una sola, incluso humilde como una vela, puede ver a través de ella todo el universo, porque todas las cosas están ligadas unas a otras, y quien lo desee y tenga el pulso suficiente puede navegar por la red de canales que las unen, a bordo de una canción o de un cuento." El proceso de revelación y comprensión lleva a una capacidad de relacionar unas cosas con otras.

R- Lleva a ver la interconexión entre las cosas. Es parecido a las experiencias químicas, como por ejemplo con cannabis, en que se tiene una relación de relación que al ser trabajada fuera de este contexto es rica intelectualmente.

P- En El día intermitente me parece fascinante el estar hablando de algo que no se sabe lo que es, como tener la metáfora delante y correr el riesgo de interpretar cualquier cosa. Esto es una constante en su obra...

R- Es de nuevo el ejercicio de interpretación del mundo: lo evidente no lo es tanto. Es un tema que me gusta mucho y que estudio a través de la metáfora, donde unas cosas nos hablan de otras. Pero también tiene que ver con el pensamiento científico, que intenta descubrir una lógica interna debajo de los hechos. En esta novela yo quería presentar un sistema formal del cual no se sabe nada y empezar a proyectar contenidos como sobre un frontón. Era un proceso contrario al que yo podía hacer profesionalmente: tienes una empresa, o una zona de la lengua, y la reduces a la estructura formal, a un programa. Aquí se empieza con una estructura formal. La pirueta novelesca final es que el personaje tiene delante su propia vida y su propio mundo social.

P- ¿Son pues todas las estructuras en el fondo similares se ocupen de lo que se ocupen?

R- Eso es un aspecto interesante también. Hay una serie de experiencias, comportamientos, procesos, etc., que pueden ser isomórficos, por eso el lenguaje es tan plástico.

P- ¿Cómo halló el modo de representar gráficamente algo tan complicado como una red de relaciones sociales?

R- En aquel entonces no usaba aún ordenador. Trabajé con mi propia red social, en cartulinas y cuadernos, viendo su complejidad, tipos de estructuras, intercambios... Partí además de una anécdota real, la del robo del ordenador donde está todo el sistema y su venta al protagonista. Me pareció un modo de renovar el viejo tema del manuscrito encontrado.

P- ¿Es también autobiográfico el haber trabajado informatizando una empresa de máquinas tragaperras?

R- No. Me documenté para la novela. Empecé a ir a ferias del sector utilizando un carnet de prensa de una revista de arte. Pude conocer el sector y recopilar sus revistas. Es un mundo extraño a mitad de camino entre lo legal y lo ilegal. Hay cosas raras y personajes extraños que han montado emporios con influencia sobre el gobierno. Fue un juego en el que me lo pasé bomba y luego saqué datos, aún tengo un carpetón de estas actividades...

P- Otro tema crucial en El día intermitente, es el personaje que controla la trama, Blanco, que aparece casi como un Gran Hermano. La Nueva Lisboa es una especie de soma holográfico u opio colectivo, ¿Le preocupa el tema del control de la población a través de la informática? ¿Qué peligro real existe?

R- Es un tema real que ha aflorado de vez en cuando y que ahora parece estar adormecido, pero que es preocupante. Es una realidad cada vez más fina, porque antes se decía que el control informático, en tarjetas de crédito, en desplazamientos, en autopistas, etc., era algo muy disperso como para permitir un seguimiento fino del individuo, pero eso no es verdad. Ahora con los procedimientos de minería de datos, de control y de análisis te pueden seguir individualmente por todas partes. Se podría pensar que al estado no le interesamos o que van a velar por nosotros, pero yo creo que del Estado no te puedes fiar ni un pelo.

P- Da la impresión de que es usted un escudriñador de la realidad, por utilizar su propio término (de Nueva Lisboa), El día intermitente es una búsqueda, ¿cuando escribe busca o quiere mostrar lo encontrado?

R- Normalmente quiero mostrar, pero el procedimiento literario es de búsqueda. Aunque empiezas habiendo encontrado ya algo, escribir ayuda mucho, la recreación literaria de la búsqueda es un proceso iluminador

P- Cambia de estilo en todos sus libros: tiene un modo de contar infantil, uno de cuento, uno muy coloquial en El día intermitente y otro onírico-fantástico a veces solemne en Nueva Lisboa, parece que cada obra pide un tratamiento, ¿no le preocupa que los críticos -"esos señores muy viejos que señalan con el dedo" (El pequeño libro que no tenía nombre)- le acusen de no tener un estilo propio?

R- No. Los críticos, "esos señores muy viejos que señalan con el dedo", van a desaparecer en las ediciones danesa y alemana de El pequeño libro que no tenía nombre. Como sabes, el cuentecito protagonista viaja por los tomos de una enciclopedia buscando "crecimiento", y entra en el tomo de "Calamidad-Crimen". Resulta que en danés tiene que entrar en otro tomo, y ahí no hay ni "cetáceos" ni "críticos" ni nada. Es un problema lingüístico, y estamos reconstruyendo el mundo de la novela en cada una de las ediciones.
Volviendo a la pregunta, como dices, cada obra necesita un estilo. En Nueva Lisboa es más solemne porque se trata de una situación límite de la humanidad. Lo coloquial de El día intermitente fue despreciado, los críticos me tacharon de escritor costumbrista, como si fuera una especie de Mesonero Romanos de los años ochenta. Pero la novela actual escribe unas cosas que no sé dónde las habrán oído, desde luego no por la calle, porque no es un lenguaje que exista. Yo quería mostrar un momento histórico real y apoyarlo con todo, cómo era la calle, cómo se hablaba...

P- Quizá la crítica venía porque sospechaban que no era capaz de utilizar otro registro, cosa que desmiente Nueva Lisboa.

R- No. Me reprochaban que mi registro no era literario con "L" mayúscula, que reflejara a un habla sin pretensiones. Creo que esta postura es un error, porque lo literario puede ser cualquier cosa.

P- No es la primera vez que dice que la literatura española contemporánea evita su entorno real y se nutre de espacios y temas ajenos, ¿cómo ve el estado de la cuestión en este momento?

R- Creo que el problema, bastante extendido, es que los escritores se sitúan en una especie de limbo extraño. Si se coge un libro actual se ve que podría haber sido escrito ahora o en los años sesenta, podría ser un libro francés o inglés o de ningún sitio. Aunque a veces aparezcan nombres, los personajes tienen unas pasiones y unos intereses que tampoco son de ningún lugar ni momento. Lo veo descafeinado y falto de compromiso con la realidad en aras de una presunta literariedad.


"HAY EMISORES PRIVILEGIADOS, PERO NO MENSAJES PRIVILEGIADOS"


P- A usted en cambio, le interesan las manifestaciones culturales periféricas que no entrarían en el "sistema establecido", como demuestran por ejemplo sus "flores de farola", esos documentos que ciudadanos anónimos pegan por las calles y usted recoge. Su mirada les da un rango de texto analizable que normalmente no tienen, ¿cuál es el límite de la cultura y del texto susceptible de ser llamado literario?

R- Es un ejercicio que también hice en el libro Rosas y Puerros. Se trata de coger elementos de la periferia de la cultura y analizarlos con las armas del análisis serio. Esto desvela parte de los mecanismos de legitimación de la crítica, que da carta de existencia a las cosas por el simple hecho de dirigir su mirada hacia ellas. Esta novela o este ensayo existen porque yo estoy hablando de él en este medio. Dirigir estos recursos sobre el cartel de un loco o un libro autoeditado va borrando barreras. Puede parecer algo posmoderno al estilo del "todo vale", pero yo lo encuentro sano porque en el fondo se transmite que hay emisores privilegiados pero no mensajes privilegiados. A veces puedes encontrar más hondura poética, de pensamiento o piruetas conceptuales en el cartel de un loco que en el último artículo del ensayista más reconocido. El sistema está siendo un poco pesado y mortecino, así que a lo mejor por aquí encontramos un estímulo.

P- ¿Es entonces literaria la mirada y no el texto en sí?

R- Las dos cosas. La mirada ha de serlo, pero el texto te devuelve el interés con creces. En mi colección de carteles hay cosas escalofriantes. He intentado publicar estas "Flores de farola" un par de veces y lógicamente no lo he conseguido porque es un material un poco raro. Ahí está una de las ventajas del Internet, que en mi página sí lo publico.

"LA LITERATURA ES UNA ESPECIE DE VISITA GUIADA"



P- Vamos a volver a la literatura. En Nueva Lisboa, la humanidad renuncia a la realidad por lo virtual, y al cuerpo humano por extensiones mecánicas. El libro termina con un despertar a la realidad del que dice que "no parecían muy contentos", ¿son la realidad virtual y la literatura una evasión?

R- Claramente sí. ¿no? Una evasión poderosa que es capaz de hacerte olvidar tu vida y atarte a un libro doce horas seguidas. Lo usarás de titular escandaloso de la entrevista: "la literatura es una evasión"...

P- No, no, algunos se subirían por las paredes. Quiero decir, ¿es sólo una evasión?

R- No. Ahí ya no. La evasión es el vehículo, en términos farmaceúticos, el excipiente. La literatura tiene una parte de atracción con la que se hace que el lector entre en el libro y luego se le pueden enseñar otras cosas, se le puede llevar de la mano en una especie de visita guiada. No es una fuga.

P- En Nueva Lisboa, el narrador no rechaza irse metiendo en las historias que van surgiendo, de modo que el lector es arrastrado hasta la desesperación de sospechar que no hay final. ¿Quiso usted hacer lo contrario de Ende en su Historia Interminable con aquel latiguillo de "pero esto es otra historia y ha de ser contada en otra ocasión", que forzaba la linealidad?

R- Una de las intenciones era provocar un sentimiento de claustrofobia en el lector para hacer más claro el paralelismo entre el acto de leer y la realidad virtual. El personaje está encerrado en un mundo virtual en el que no sabe lo que va a pasar ni si va a salir, y quería que el lector se fuera también encerrando. Me atraía el recurso a provocar angustia para llevar a la práctica el cierre de perspectivas y de fronteras.

P- La diferencia entre su novela y otras "historias dentro de las historias" como el Calila e Dimna o las Mil y una noches es que en ellas las historias se van cerrando a pesar de haber una continuidad del acto de contar, pero Nueva Lisboa tiene una estructura de auténticas muñecas rusas en que una historia va dentro de otra y todas se dejan inconclusas. ¿No hay algo masoquista en el lector que se va dejando atrapar y sigue leyendo disfrutando de las historias ramificadas a pesar de sospechar que no podrá salir?

R- Quizá la novela se parezca más al Manuscrito encontrado en Zaragoza. No convenía meter límites. Incluso llego a jugar con las convenciones de la página impresa, advirtiendo explícitamente al lector de que aunque le parezca que lleva el libro por la mitad, la historia no tiene porqué terminar con el fin físico de las páginas.

P- El contar del Sistema-Scherezade y el abrirse incesante de nuevas historias tienen un indudable componente lúdico. Usted introduce abundantes menciones del juego, (hasta de las máquinas tragaperras o los videojuegos), haciendo a la dimensión lúdica inherente al hombre, ¿Cuál es para usted la relación entre literatura y juego?

R- El juego tiene sus reglas y sus límites. Eso se ve con los niños cuando juegan: "yo era el príncipe y tú eras el ogro", si te equivocas y dices, "ahora la bruja te come", en seguida reaccionan: "¡no, no! Eres un ogro." Sin reglas no hay juego. La literatura también tiene sus reglas, su suspensión de la incredulidad, su aceptación de convenciones textuales. Si el lector acepta las normas se deja arrastrar por la obra y así funciona. Además se lo pasa uno bien.

P- Usted simula violar estas reglas en su obra.

R- Esto tampoco es tan nuevo, es normal en la literatura posmoderna. Hay precedentes muy ilustres de jugar con las expectativas en los bordes de la convención. Es un efecto artístico interesante, y a mí desde luego como lector me gusta.

P- ¿Pudo ser esto lo que desconcertó a los críticos en la recepción de Nueva Lisboa? Porque según he leído, no fue demasiado afortunada...

R- Fue algo muy extraño, que no me importó demasiado porque no estaba escrita para los críticos. Las respuestas de muchos lectores han sido más satisfactorias, con lo que la obra cumplió para mí su cometido. Creo que lo que les desconcertó fue el género, porque la mayor parte de los críticos que conozco no sólo no han leído Ciencia Ficción, sino que la odian. No le conceden categoría literaria. Si me hubiera puesto a escribir a lo Joyce por ejemplo hubiera sido conocido y literario con "L" mayúscula. Pero la Ciencia Ficción en castellano no tiene ninguna tradición. Otra cosa es que los lectores de Ciencia Ficción estamos acostumbrados a estos temas, sabemos qué es la realidad virtual y no necesitamos que nos lo expliquen. Si alguien no tiene esa experiencia de lector o espectador de cine no puede entender lo que ocurre y ya no puede hacer nada.

P- Como dice, la Ciencia Ficción es un género habitualmente despreciado aunque trate con maestría temas universales (como por ejemplo en una película como Blade Runner), ¿por qué?

R- Quitando el caso de Huxley en la literatura anglosajona, no es un género que haya tenido un paladín literario. Scott Carr o Asimov son autores considerados menores. Hay un caso interesante, el de un escritor polaco, Stanislav Lem, especialista en inteligencia artificial que coge estos temas y las convenciones del género para hablar de otras cosas y no ha tenido ninguna repercusión. Están fuera del canon.

P- Cae en el mismo saco de la literatura de terror a lo Stephen King, la fantástica heredera de Tolkien y la novela rosa.

R- Esto se considera evasión pura, como las formas populares de literatura policiaca, del oeste y demás. Pero refleja una cierta ceguera, porque aprovechando las convenciones del género se pueden hacer cosas buenas. Por ejemplo, la novela policiaca de los años treinta-cuarenta, de la que se ocuparon Borges y Bioy, se vió como una forma de análisis del mundo, de tratar problemas metafísicos, Chesterton también jugó con el género... Hay una época en que se aprovechan los géneros populares, ahora parece que la moda es despreciarlos.


"CON LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS,
DEJARÁN DE EXISTIR ALGUNOS TIPOS DE LIBROS"


P- Usted también ha escrito literatura infantil. En El pequeño libro que aún no tenía nombre, se percibe una concepción casi "biológica" del libro y además se aprende mucho de libros con él.

R- Este es claramente mi best-seller, lleva ya cuatro ediciones en castellano y tiene tres traducciones en curso con los problemas que comentábamos. En un curso de Introducción a la Edición de la Universidad de Salamanca fue lectura obligada porque ahí están vertidos mis conocimientos profesionales como editor, aunque estén explicados para niños. Me encantan los libros, después de tantos años de hacerlos y editarlos, desde los de poesía a las tablas de logaritmos.

P- ¿Qué reorganización de la educación literaria preve con las nuevas tecnologías digitales?

R- Probablemente dejarán de existir algunos tipos de libros, como por ejemplo las enciclopedias, porque las ventajas del medio electrónico son muy grandes y los costos en papel son enormes. Se creará otro tipo de acceso a la cultura que también puede resultar interesante. En otros terrenos no desaparecerán los libros.

P- ¿Qué cambios ha experimentado usted como editor al pasar del medio impreso al digital ? ¿Cuáles nos queda por vivir todavía?

R- Ha sido un viaje bastante apasionante. Cuando empecé a trabajar aún había composición en plomo, aunque ya había fotocomposición, monotipo, etc. En estos años he ido de un extremo al otro. Lo mejor es que se abren un montón de posibilidades nuevas y se mantienen todas las anteriores. Aparecen nuevas formas de relación con la obra. Es una ganancia para todos: editores, lectores y autores en el momento en que se metan, cosa que aún no ha sucedido.

P- A partir de esta explosión del mundo digital, se habla de la sobrecarga de información a que se ve sometido el ciudadano, ¿no necesitaremos como en su Nueva Lisboa "escudriñadores" que nos guíen por la Internet o por el mundo?

R- Parece claro que sí. En Internet hacen falta sistemas automáticos de recuperación de información mejorados y expertos humanos documentalistas. Es una renovación del oficio tradicional de bibliotecario. En el mundo impreso había muy buenas herramientas (el CDU, la búsqueda por palabras clave, los repertorios...), con las que un usuario experto se podía manejar bien, ahora habrá que crear otras nuevas.

P- En su experiencia como director del Centro Virtual Cervantes en Internet trabajó por dar a conocer nuestra lengua en la red, ¿es esto del español una batalla perdida?

R- El problema no es cuánto español hay en la red, que hay bastante comparativamente, sino para qué. Si de algo nos puede servir la red a la comunidad hispanohablante es para ser una comunidad de verdad. Es decir, el español está muy disperso geográficamente y hay muy poco tráfico de información entre los continentes, por ejemplo, es casi imposible comprar aquí una revista de Suramérica. El Internet puede servir para que las comunidades de gente con intereses comunes, como investigadores en lengua o en endodoncia, puedan intercambiar información y relacionarse.

P- El riesgo quizá viene por la gente que escribe en Internet usando un idioma híbrido inglés-español que no es ni una cosa ni la otra.

R- Bueno, el español siempre ha tenido influencias y ha acogido palabras de muchas lenguas. Ese problema es relativo, y se puede solucionar en un foro donde estas cosas se discutan, como intentamos en el Centro Virtual Cervantes. Esto no se puede regular por decreto.

P- ¿Cómo traduciría "download"?

R- "Bajar" o "descargar".

P- ¿"On-line"?

R- Yo uso "por línea".

P- ¿Un "attachment" de un correo electrónico?

R- Un "anejo", aunque no es exactamente eso, se podría decir "añadido". No lo veo claro. Hay expresiones nuevas muy divertidas como "mandar un Emilio", donde se castellaniza y se da la vuelta a la expresión en inglés. Todo esto se arreglará naturalmente a través del uso.

© Susana Pajares Toska 1998

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