Entrevista

Soledad Puértolas:

"He vuelto a la realidad
de otra manera..."

Katica Urbanc (*)
kurbanc@wagner.edu
Dpt. of Humanities
Wagner College
Staten Island, NY USA


Katica Urbanc: En "La vida oculta" ha dicho que para cada novela se planteaba un reto distinto. ¿Cuál fue el reto que se planteó al escribir su última novela, "Una vida inesperada"?

Soledad Puértolas: Es la contrucción de un personaje femenino que va definiéndose. En definitiva, el reto era la creación de un personaje que desde hace mucho tiempo quería crear, un personaje muy dubitativo al que le ha costado mucho encontrar su definición, y su definición tampoco es muy precisa, pero sí es algo a lo que ella se va a ir aferrando. Hay una identidad que a lo mejor ella no puede definir, pero la va encontrando.

Desde hace mucho tiempo, yo quería enfrentarme a fondo con un personaje así, pero no era algo que estaba en mis planes inmediatos, quizás era algo que iba posponiendo. Era un personaje que me interesaba muchísimo, que estaba dentro de mis sueños... Yo sabía que tenía este reto, sobre todo después de "Si al atardecer llegara el mensajero", que fue la gran crisis de todas las novelas que he escrito.

KU: ¿En qué sentido?

SP: Me metí en un mundo tan distinto al que había indagado hasta entonces, que claro, pues, bajar del cielo, por así decirlo, y encontrarme con personajes reales... Fue muy cómodo para mí estar en un mundo de fábula, ¡fue maravilloso! Realmente ha sido una de las experiencias más importantes para mí como escritora. También, quizás, tenía que romper con esa línea de realismo simbólico desarrollada desde "Bandido" hasta "Días del Arenal". Yo sentí que en "Días del Arenal" estaba llegando al límite de esa línea. Todas mis obras, con variantes, estaban en esa línea de realismo, con cierta fragmentación también, pero siempre con una base muy realista. Me pesaba mucho la realidad, no es lo que yo soy, no me sentía capaz ni me interesaba suficientemente describir la realidad, me gusta otro tipo de literatura... Yo buscaba ya romper con eso.

KU: En "Una vida inesperada" ha vuelto otra vez a la realidad…

SP: He vuelto a ella, sí, pero de otra manera. Es una realidad muy subjetiva.

KU: Esta novela presenta una narrativa particularmente intimista. La protagonista es mucho más abierta que los personajes de sus novelas anteriores, como por ejemplo el caso de Aurora en "Queda la noche". ¿A qué se debe esta nueva dirección en su escritura?

SP: Tenía la necesidad de explorar el mundo que verdaderamente me interesa. Yo notaba que el realismo, de algún modo, se me estaba agotando internamente. Lo que necesitaba era la realidad interior; es donde yo quería entrar.

Hasta después del personaje del "Atardecer", no me he sentido con fuerzas para meterme dentro de una persona, que es verdaderamente lo que yo he pensado siempre que era el problema de la literatura. Tenemos muchos reportajes sobre la realidad, pero todavía el interior es un terreno muy literario. Por eso Aurora –si la comparas– no se muestra, porque yo estaba todavía en esa etapa en que quería mostrar a las personas desde fuera, y aunque habla ella en primera persona, no quiere dar muchos datos. Había una lucha entre ella y el narrador, o la narradora, que era yo, de no mostrarla. Yo no la dejaba mostrarse... tuve una lucha tremenda. Entonces ella se abre muy poco y tienes pocos datos para juzgarla de verdad, lo cual supuso para mí una tensión tremenda en esa novela. Sabía que tenía que romper esa tensión, pero en ese momento no me sentía capaz de hacerlo. Por fin, con "Una vida" rompí puertas y me metí hacia adentro...

KU: ¿Por qué decidió crear una protagonista anónima en "Una vida inesperada"?

SP: No vi ninguna necesidad de poner el nombre. No salía el momento adecuado… Yo tenía un nombre para ella pero no lo utilicé... y ¡ya me lo callo! Como realmente es un monólogo, aunque hay una corriente del exterior, en ningún momento le llaman a ella. Seguramente también ha sido una intencionalidad inconsciente.

KU: El recuerdo y la nostagia son elementos fundamentales en todas su obras. ¿Qué representa aquí el pasado para esta mujer?

SP: El pasado, aquí, es complicado. Yo no creo que sea una persona nostálgica, no, en absoluto. Habría más rencor quizás. Habría una sensación de que ha luchado demasiado, se ha esforzado demasiado por ser algo que los demás pudieran aceptar. Siempre está en grupos, siempre está rodeada de gente con la que se esfuerza por estar bien, disimulando dolores, cansancios... Cuando empieza ya a escribir es una mujer que tiene ganas de volver al pasado y restructurarlo, porque hasta entonces ha vivido una vida sin pensarlo mucho. Ha sido una vida poco analizada y poco satisfactoria.

Hasta alrededor de los treinta años ha sido una persona que no ha podido centrarse en sí misma. Ha estado dispersa en el ambiente de los otros, dejándose llevar por mitos, por hombres, por amigas y por situaciones. La primera vez que se pone a escribir es cuando empieza a recuperarse y a ver el pasado con otros ojos, porque se quiere desprender del rencor que tiene a la vida.

KU: Parece que el único que se salva de ese rencor es el hijo.

SP: Sí, el hijo se salva completamente, lo deja fuera de la contaminación. Eso lo vi en seguida, pero era difícil, porque la relación entre madre e hijo no se ha tratado mucho en literatura.

KU: Hablando del tema, Ud. fue una de la contribuidoras de la antología de Laura Freixas, "Madres e hijas". . .

SP: Claro, es una relación que me pesa muchísimo, y quizás no se haya explicado todavía tanto como se podría explicar. A mí me daba miedo abordar este asunto sin caer en sentimentalismos, en algo con poca fuerza, pero comprendí que era una de las cosas que tenía que hacer y decir la verdad. En "Una vida inesperada" la protagonista consigue con su hijo una relación de afecto enorme, y fuera de todo rencor.

KU: Ud. Habló mucho acerca de la relación entre estilo y argumento en "La vida oculta". ¿Cómo se presenta esta relación en "Una vida inesperada"?

SP: Efectivamente, están ligadísimos. Cada asunto que tienes en las manos y que quieres desarrollar te exige un abordamiento estilístico completamente distinto. Aquí, además, me he divertido mucho –porque yo me he reído mucho–, aunque es una novela que tiene momentos de descripción de angustia y de descripción de dolor, pese a eso, yo diría que soy yo la que menos ha sufrido sentimentalmente, me he divertido porque el lenguaje, el estilo que utilizo, aunque precisamente sea un monólogo, es un lenguaje más distanciado.

KU: ¿Se trata, entonces, de lo que ha llamado en "La vida oculta" "una primera persona despersonalizada"?

SP: Quizás... Es una primera persona que lo cuenta todo y que se expone, pero que es muy intelectual. Analiza sus sentimientos muy mentalmente, y eso me ha permitido un tipo de estilo, yo diría, más reflexivo, más envolvente, y más matizado, pero menos sentimental que en otras ocasiones. Yo creo que aquí para la protagonista el gran apoyo en su vida es su capacidad de reflexión. Es lo que le salva, por así decirlo, porque sino la vida la hubiera dejado de lado. En este sentido el estilo es bastante distinto al de otras novelas... Es una persona que quiere dominar su mundo, y entonces utiliza todos los recursos del lenguaje, frases mucho más largas, mucho más matizadas... Quiere ir abarcando la realidad, no describirla.

KU: Sus novelas presentan frecuentemente a mujeres viajeras. . .

SP: Sí, porque en realidad, ¡las admiro mucho! Yo no soy buena viajera. Sufro mucho viajando, necesito muchas cosas seguras alrededor mío, mis libros, mi mesilla... Con lo cual yo veo que soy una persona que necesita muchas seguridades. Quizás por eso, he admirado y he necesitado crear personajes femeninos viajeros, personajes que fueran lo desconocido para mí, porque siempre indagas en lo desconocido, es lo que más me fascina. Y sin embargo ya con este último personaje dije: "No, a este personaje le voy a dar ese miedo mío al límite", porque ella no va a viajar más que una vez al final. Ha sido el contraste con todas las mujeres viajeras anteriores que ha habido en mi literatura. Dije: "Ahora, ya no, ¡voy a decir la verdad!"

KU: ¿Le resultó difícil escribir acerca de sus propias obras en "La vida oculta"?

SP: No, ¡me ha divertido mucho! Toda esa parte de "La vida oculta" en la que hablo acerca de cómo escribo novelas ha sido una liberación. Me he tratado como un personaje, mirándome un poco de lejos... El personaje soy yo, escritora. Esa sección salió de un tirón. La verdad es que toda "La vida oculta" salió de un tirón. Eran trozos que luego fui estructurando, y de repente se hiló todo muy bien. Es uno de esos libros que fluyen...

KU: Allí se le ve no sólo como escritora, sino también como lectora...

SP: Claro... es que es igual. Yo soy lectora porque sino no sería escritora. Mi vida de escritora es mi vida de lectora. Escribo con lo que he leído, siempre.

KU: ¿Suele releer sus novelas?

SP: No... las encontraría pertenecientes al pasado. No… no sería capaz. No quiero... es como volver a un lugar en el que he sido muy feliz, pero que a lo mejor va a parecer muy distinto... No me gusta la idea de reencontrarme con el pasado.

KU: De allí el título de su libro, "Recuerdos de otra persona"...

SP: Sí, exacto... Son mis recuerdos, pero ya son de otra persona, son de cualquiera, son vuestros, son de los demás, yo no los voy a cambiar ya, pertenecen a los otros... Y eso es muy liberador también.

KU: Entre todas sus novelas, ¿hay una que prefiere?

SP: Es difícil contestar porque todas tienen una historia. Pero, claro, está la primera, "El bandido doblemente armado", la que sentimentalmente me supuso más alegría porque por fin publiqué. Antes de poder publicar "El bandido" había intentado publicar tres novelas, pero no se pudo. Luego hay otra novela que también ha supuesto para mí mucho, que es "Si al atardecer llegara el mensajero", porque creo que es la vez en que he sido más feliz en mi vida. Ha sido la felicidad total y completa... he sido una persona muy feliz escribiéndola. Sé que esa felicidad que tuve ha sido extraordinaria.

KU: Se ha hablado mucho de la presencia de la soledad en sus obras. ¿Cree que sus personajes femeninos viven su soledad de manera distinta que sus personajes masculinos?

SP: Para mí es muy difícil ese tema porque cuando me pongo a escribir no me digo: "Puesto que es mujer va a ser así, o puesto que es hombre va a ser así..." Si pensara eso no escribiría. Yo creo que el tema de la soledad es esencial en el ser humano. Creo que mis personajes masculinos, tanto en el "Bandido" como en "Burdeos" y en "Todos mienten", son hombres que viven con angustias de soledad también, que tampoco -- diría yo – la viven de manera muy distinta a como la viven las mujeres. Tenemos el prototipo de hombre que soluciona su soledad fuera de casa, o en el trabajo, pero hay otro tipo de hombre que no, que es él que a mí más me interesa. En ese sentido ese tipo de hombre se parece más al tipo de mujer que yo describo. Creo que escojo a tipos humanos parecidos, con dificultades similares. Para la mujer en "Una vida...", todo el proceso de la novela es en realidad aceptar su soledad. El problema que tiene es llegar a aceptar con su soledad, pero que sea una soledad que le sirva, que no sea una soledad que la aniquile. La sociedad nos va ensombreciendo y angustiando con la idea de la soledad aniquiladora, pero llega un momento en la vida en que lo que tienes que aprender es a transformar precisamente esa soledad en algo positivo. Y eso, realmente, es muy difícil . . . no hay fórmula.

KU: Las relaciones interpersonales no parecen ofrecer consuelo para sus personajes. En "Una vida inesperada" la amistad femenina es muy compleja. ¿Ha sido difícil abarcar el tema?

SP: Es muy interesante el tema de la amistad femenina, para mí es algo esencial en la vida… con hombres también, pero seguramente tengo más amigas, porque tengo una naturalidad y una complicidad con muchas mujeres que no tengo con los hombres. Eso me parece completamente natural. Sin embargo, el ejemplo de Clara en "Un vida..." es un ejemplo muy constante en las amistades.

Es muy duro cuando defrauda la amistad, es casi como un amor. Creo que de categoría y de desilusión tiene un fondo muy triste, cuando pierdes a una amiga... y eso pasa mucho. Es algo que me ha preocupado, que lo he vivido, y lo he querido desarrolar en esta novela. La mujer en "Una vida..." va encontrando una hermandad muy básica. Hay algo que ella establece, no una amistad tan intensa, pero, sí, hay un fuerte nexo con las mujeres. En las escenas de los vestuarios, yo veía que ella era feliz porque estaba rodeada de mujeres y que al fin estaba en una situación de igualdad con ellas.

KU: ¿Qué opina del llamado "Boom" en la narrativa española contemporánea?

SP: Por un lado, es verdad que ahora los lectores españoles leen a autores y a autoras españolas, cosa que antes no sucedía. Pero claro, también es verdad que hay un fenómeno editoral comercial muy fuerte, de negocio, que quizás esté ahora emborronando un poco el panorama. Hay unos intereses comerciales muy fuertes…y claro, habrá que tener un poco de calma. Yo soy un poco más escéptica con este boom... ¡Ya veremos qué pasa!

KU: Carmen Martín Gaite ha dicho en una entrevista para "El País": "Hoy en España la gente lee más, pero lee de prisa". ¿Está de acuerdo con ese comentario?

SP: Leen muy de prisa…!muchisimo! A parte de que leen más, ¿o compran más? No sé hasta qué punto se está creando en España un criterio, o si todavía estamos —lo cual es lógico, porque es muy difícil tener ese criterio— bajo el fenómeno de las modas, de las influencias, de lo que hay que leer… Tener un criterio... por ejemplo, decir: "A mí me gusta este autor o esta autora por este o por esto...", no lo oyes decir. Lo que oyes decir es: "¿Has leído a tal?" "¿Tienes la última de tal?" "Dicen que es muy bueno…" Pues no, dime tú lo que te parece, por qué sigues a un autor, por qué te interesa su mundo…

KU: Ud. enseñó en la universidad cuando estuvo en California. Si fuera a dar hoy una clase de literatura española contemporánea, ¿a qué autores elegiría?

SP: ¡Madre mía, qué difícil! Eso sí que es una pregunta difícil... Hay muchos autores que me interesan, pero no son los que se están leyendo... Bueno, Ana María Matute, sí, la pondría desde luego, como escritora contemporánea, aunque también tiene obra anterior. Tengo una lista de escritores jóvenenes que no serían los que ahora están en el mercado. De los que están en el mercado... ¡casi te diría que no me quedaría con nadie!

KU: ¿Y entre los que no están en el mercado?

SP: Hay muchos... Clara Sánchez, Enrique Vila-Matas también me gusta... Ignacio Vidal-Folch... Hay muchísimos. Yo leo bastante literatura española actual, pero los "consagrados" no se arriesgan nada, no me interesa mucho lo que hacen, realmente, son caminos que tampoco los veo muy emocionantes...son caminos muy retóricos en general, y en España, la retórica gusta. Se puede hacer mucho daño promocionando, por intereses editoriales, un tipo de autores que a lo mejor, ¡no son lo que ellos creen que son! Eso ha pasado un poco en España. Había mayores expectativas de lectura hace unos años, pero el público se ha retraído un poco porque no han leído cosas que le han convencido.

KU: En "Todos mienten" dice un personaje: "Los finales nunca son felices. Quedan cerradas demasiadas cosas. Cuando llego al final de una novela, me gusta dejarla un poco. Y el último párrafo es siempre malo. No hay buen final". ¿Piensa mucho en los finales de sus novelas? Me viene a la mente la penúltima frase de "Queda la noche", un frase magnífica de más de 400 palabras…

SP: No, no pienso mucho en los finales, pero en el caso de "Queda la noche", sí. Comprendí que Aurora salía a la ventana y que de repente tenía una visión de la circularidad del mundo, esa sensación de que está todo ligado... A mí eso es una cosa que me interesa mucho, que haya una continuidad en la vida, que no todo sea tan fragmentado... ¡eso me angustia!

Literariamente es muy potente esa idea, porque claro, la literatura es eso, dar unidad donde no la hay.

Mi vida de escritora es mi vida de lectora.
Escribo con lo que he leído, siempre.

(*) Katica Urbanc es autora de Novela femenima, crítica feminista: cinco autoras españolas (Textos Toledanos, 1996).

© Katica Urbanc 1998

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