La Dirección General del Libro y la promoción de la lectura

Fernando R. Lafuente
Director general:

"Formar lectores es formar ciudadanos libres y críticos"

por Javier Ochoa Hidalgo

La Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, integrada en la Secretaría de Estado de Cultura, es quizá un organismo poco conocido por el gran público; pero de su labor dependen en buena medida el desarrollo cultural del país y la repercusión de éste en el resto del mundo. Basta decir que entre sus competencias figuran la relación con la industria editorial, la proyección del libro español en las ferias internacionales y dentro del territorio nacional, la colaboración con instituciones públicas y privadas para el fomento de la lectura, la coordinación de la Red de Bibliotecas Públicas del Estado o la cooperación con Iberoamérica para la difusión del libro en español. Fernando R. Lafuente, madrileño de 42 años, ejerce el cargo de director general desde mayo de 1996. Es doctor en Filología y ha sido profesor en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Lenguas Extranjeras nº 2 de Pekín y en el Instituto Universitario Ortega y Gasset, donde impartía clases de Historia Intelectual y Literaria de España e Iberoamérica hasta su toma de posesión. A finales de los años ochenta y principios de los noventa dirigió el Instituto de Cooperación Iberoamericana del Ministerio de Asuntos Exteriores en Buenos Aires, y desde su regreso a España ha compaginado la docencia con el periodismo escrito y radiofónico en ABC y ABC Cultural, la Cadena SER, Onda Cero y Antena 3 Radio. También ha colaborado en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Ínsula o Revista de Occidente. En esta entrevista comenta los programas de la Dirección y divulga sus proyectos más inmediatos.


El organismo está organizado en tres Subdirecciones Generales: una dedicada al libro, la lectura y las letras españolas, otra a la coordinación bibliotecaria, y la tercera a los archivos estatales. Probablemente es en el ámbito de la promoción de la lectura donde se han producido los cambios más destacables. El director lo explica así:

-Al fusionarse los Ministerios de Educación y Cultura hemos dado un giro radical a esta promoción respecto a gobiernos anteriores. Queremos ir a la raíz de la formación de lectores, que empieza fundamentalmente en el período escolar. Los que no se forman en la lectura desde entonces, es difícil o cuesta muchísimo que lo hagan después. La lectura no es un acto inmediato: requiere tiempo, requiere formación, y sobre todo, interés; y eso se va adquiriendo con la propia instrucción del ciudadano. Por tanto, independientemente de que se realicen campañas más delimitadas, tanto en tiempo como en forma, dirigidas a la población en general, se trata sobre todo de llevar a cabo una política de formación de lectores en la escuela.

-¿En qué consiste concretamente esa política?

-En la formación de bibliotecas escolares, un instrumento que en España ha estado abandonado a lo largo de décadas; y en recordar a la sociedad la importancia de estas bibliotecas. Formar lectores es formar ciudadanos libres y críticos.

-¿Se presta algún tipo de atención especial a la literatura infantil?

-La literatura infantil y la juvenil requieren un particular mimo. El proyecto de fortalecer las bibliotecas escolares, además de ser una necesidad obvia, llegó también tras leer una serie de encuestas que revelaban que España tiene uno de los más altos índices de lectura entre los 4 y 14 años, pero que después, en la adolescencia, desciende. Eso significaba precisamente que la lectura podía impulsarse cuando el lector es niño, porque entonces representa un mundo de ensoñaciones, que además en España está muy bien hecho, ya que hay muy buenos autores de literatura infantil y muy buenos ilustradores. Este tipo de libro no es sólo un objeto de lectura, sino de fascinación. El índice cae en el momento exacto en que hay que enganchar al lector, cuando el niño pasa a adolescente y sus posibilidades de diversión se amplían muchísimo (cine, televisión, etc.). Es entonces cuando tienen que jugar un papel fundamental las bibliotecas escolares. No deben consistir en una habitación con libros, sino en un centro dinámico de incitación a la lectura, pensado no para futuros profesores de literatura, sino para cualquiera que pueda disfrutar con las obras de Stevenson, de Conrad, de London, de Emilia Pardo Bazán o de Clarín. Estamos trabajando con distintas fundaciones para lograr un mayor reconocimiento social de lo que significa la literatura infantil como pórtico de cualquier política de formación de lectores.

-Ahora mismo en Madrid se está llevando a cabo una campaña en el Metro que invita a la lectura de clásicos españoles.

-Esa campaña se impulsó desde este Ministerio.

-Pero en televisión no ha habido nada parecido.

-Vamos a tener una serie de reuniones con RTVE. Precisamente tratamos de mostrar lo que es una realidad: la revalorización del libro. No se trata de promocionar el libro porque sí, "porque es un bien", puesto que los ciudadanos ya están de hecho interesados en el libro, y lo único que hay que hacer es ayudar a servir a sus exigencias.

-¿Existen cifras sobre los actuales índices de lectura?

-Estamos elaborándolas. El gremio de libreros está realizando un estudio, con patrocinio de la Dirección General, que se llama "Los españoles y los libros", y que aparecerá dentro de este primer semestre del año. Creo que va a haber sorpresas. En los últimos años hay una mayor presencia del libro entre los jóvenes y las mujeres; el libro está en la calle. Se piensa en él como en un portador de valores y de fascinaciones; una especie de ventana a mundos desconocidos, o a mundos conocidos que se desea contemplar.

Las letras y el mercado editorial

-La misma Subdirección se ocupa de lo relacionado con las letras españolas. ¿Cuáles son sus cometidos al respecto?

-Las letras españolas incluyen toda la producción literaria nacional, entendida en el sentido más amplio: ensayo científico, ensayo técnico, poesía, narrativa, literatura dramática, etc. Nuestra tarea es ir ampliando su conocimiento y presencia tanto en España como en el extranjero, evitando cualquier tipo de dirigismo, es decir, evitando que haya "escritores de la casa". Solamente hay escritores españoles.

-¿Han desaparecido las ayudas a la creación?

-Hay una serie de incentivos que no se dirigen sólo a la creación. Entendemos que es muy importante la ayuda a la traducción de obras en lenguas españolas a otras lenguas, y también de obras extranjeras a las distintas lenguas españolas. Es algo que queremos fomentar. Se trata de ayudar a traer a España lo más granado e interesante de la producción bibliográfica internacional, y de ayudar a llevar a la sociedad internacional lo que ella misma solicita de la producción española, con un programa de ayudas muy concreto. En relación a la creación, lo que nos interesa es poner en contacto a creadores, mediante una serie de encuentros entre escritores iberoamericanos, europeos y del resto del mundo con autores españoles.

-Y por lo que respecta al mercado editorial en España, ¿se intenta fortalecer algún campo determinado?

-Se intenta consolidar el mercado editorial considerando siempre al libro como un bien cultural. Por lo demás, es la propia industria la que se desarrolla. Ciertamente, hay muchos tipos de libro; nosotros apoyamos un libro que aporta una imagen de la creación en libertad en el seno de la sociedad española.

-¿Se conceden subvenciones a editoriales?

-Tratamos de vertebrar programas dentro de una política cultural reformista, que prosiga con lo que puede estar bien y corrija o reforme aquello que ha cumplido un plazo o no responde a las expectativas. Concedemos ayudas a la edición, pero éstas no consisten en la subvención de un libro, sino en una inversión estatal: la ayuda se dirige a la compra de ejemplares de una determinada obra -un número relevante-, con destino a las bibliotecas públicas, tanto de España como del Instituto Cervantes, del Instituto de Cooperación Iberoamericana o de las Embajadas españolas. Es decir, que no se trata de dar dinero para que se haga un libro, sino de comprar una cantidad ejemplar, de modo que el dinero de los ciudadanos vuelva a los ciudadanos en forma de servicio a su disposición.

-Pero, ¿qué tipo de criterios se sigue en la concesión de estas ayudas?

-Hay una comisión de la que forman parte bibliotecarios, profesores, ensayistas; personas que conocen bien el mundo del libro. Y en los términos de la convocatoria del Programa de Ayudas a la Edición se explica que se da prioridad a aquellas obras que suponen una aportación importante al patrimonio bibliográfico español, pero que quizá no tengan una salida económica fácil. Libros más minoritarios que necesitan esa ayuda para poder ser publicados.

-¿Cómo marcha la exportación de libros españoles?

-La industria editorial es en España la más sólida de todas las industrias culturales. Los últimos datos sobre la exportación, de 1997, arrojan unas cifras espectaculares: más de 75000 millones de pesetas en exportación de libros. En comparación con otras industrias cada cual puede entender esta cifra como quiera, pero para el mundo cultural resulta espectacular. Significa, sencillamente, que la industria editorial española es, en volumen de ventas, la quinta del mundo, y la tercera de la Unión Europea.

-¿Después de?

-En la Unión Europea, después de Gran Bretaña -dada la difusión del inglés- y de Alemania, que es desde hace siglos una potencia editorial de primer orden, y que tras la caída del Muro de Berlín ha expandido el mercado del libro en alemán a Centroeuropa. Digo libro en alemán: piénsese en el caso de Kafka y otros escritores no alemanes. Pero inmediatamente después viene España. Casi después de doscientos años, es la primera vez que España está por delante de Francia en un aspecto cultural. La explicación es, por supuesto, la proyección española en Iberoamérica. Iberoamérica es la mayor importadora de libros españoles, pero además contamos con la presencia de la propias industrias editoriales españolas en los países iberoamericanos. En cuanto a la posición de España como quinta del mundo, se debe a que entran en liza Estados Unidos y Japón. Pero España es también uno de los países con mayor número de títulos al año: casi cincuenta mil. Lo cual no es en sí ni bueno ni malo, por supuesto. Después hay que analizar las obras, las ventas, la tirada media, los lectores, etcétera.

-Parece que la industria editorial española está muy concentrada en Cataluña.

-La producción editorial española está concentrada fundamentalmente en Madrid y en Barcelona, porque es en estas ciudades donde están los grandes grupos; y según en qué asuntos o áreas temáticas puede haber una mayor presencia en un sitio o en otro. Sin embargo, comienza a haber experiencias en otras zonas de España que muestran que ese crecimiento del libro de que hablábamos no está circunscrito a las dos zonas editoriales tradicionales.

-A propósito de las ayudas a la edición ha mencionado el Instituto Cervantes. Desde la Dirección General del Libro, ¿se plantea también apoyar la difusión del español?

-Como administración lo que nos corresponde es la difusión de las letras españolas. Ello se lleva a cabo, por ejemplo, con la presencia de escritores en distintas sedes del Instituto. Tenemos un programa que este año se va a concentrar sobre todo en dos o tres institutos, para reunir a una serie de autores españoles que puedan convertirse en el foco de interés cultural de la ciudad en que se encuentren. Queremos hacer viajes muy estudiados y muy concentrados, en lugar de muchos viajes esporádicos. Pero también cuidamos que haya siempre representantes de las distintas lenguas españolas.

Bibliotecas y archivos

-¿Qué tareas desempeña la Subdirección encargada de las bibliotecas?

-Existe la Red de Bibliotecas Públicas del Estado, cuya gestión -todo lo que se refiere a las dotaciones- está traspasada a las Comunidades Autónomas. Pero a nosotros nos corresponde su construcción y mantenimiento "físico", por un lado, y la vertebración de toda la red, por otro. Ahora se está llevando a cabo con una colaboración ejemplar de todas las Comunidades Autónomas. Puede decirse que hemos "desencastillado" el mapa de las bibliotecas públicas españolas, poniéndolas en comunicación. También es muy importante la cooperación con Iberoamérica, mediante ayudas técnicas o intercambio de modelos de dotaciones bibliográficas para la creación de bibliotecas, por ejemplo. Y la proyección de la biblioteconomía española en foros internacionales. Respecto a la configuración del modelo de biblioteca escolar, me gustaría destacar el papel desempeñado por la Asociación General de Coordinación Bibliotecaria, que ha sido decisivo.

-Queda la Subdirección General de Archivos.

-La gestión de los Archivos Históricos Provinciales está transferida a las Comunidades Autónomas, como la de las bibliotecas públicas de que hablábamos antes. Pero hay otros archivos de titularidad estatal: el Archivo General de Indias, importantísimo desde el punto de vista de la historia de España y de Iberoamérica; el Archivo de Simancas, la Real Chancillería de Valladolid, el Archivo General de la Administración, o el Archivo Corona de Aragón, entre otros, además del Archivo Histórico Nacional de Madrid y de su sección sobre la Guerra Civil en Salamanca.

-¿Se ha resuelto definitivamente la discusión sobre el destino de éstos últimos fondos?

-La Junta Superior de Archivos elaboró un informe técnico que está en el Congreso en este momento; pronto se verá su desarrollo. Lo que la Junta recomendaba era crear en Salamanca un gran archivo de la reconciliación, en el que se recogieran todos los documentos de la Guerra Civil y se fueran incorporando los que hoy están dispersos. Una vez creado el archivo sería su propio patronato el que estudiara las peticiones de la Generalitat.

-Volviendo a los libros, ¿qué ha quedado de la polémica del año pasado sobre la supresión del precio mínimo?

-Hubo un acuerdo en el Parlamento por el cual se resolvía que los descuentos en libros de texto, que hasta entonces podían alcanzar como máximo un diez por ciento, podrían llegar hasta el doce por ciento. En lo demás no ha habido ninguna variación. Lo que sí va a haber, espero, es una gran modernización del sector del libro, que consolide el excelente momento de la industria editorial española.

-Todos estos programas y proyectos, ¿reciben el suficiente respaldo financiero por parte del Gobierno?

-Nosotros hemos convocado a editores, distribuidores y libreros para analizar la situación actual del libro en España, y tratar de sacar adelante un plan de acción conjunta sobre el sector. Hace falta mucho diálogo, pero creo que dentro de unos cinco meses podremos presentar a la opinión pública el resultado de estas reuniones.

-¿Cómo cree que va a incidir el desarrollo de la informática y los nuevos soportes en el mercado tradicional del libro?

-Creo que en las dos últimas ediciones de la Feria Internacional de Frankfurt, que es la gran feria mundial del libro en lo tocante a presencia de editores, se ha visto claramente la evolución que van siguiendo el CD-ROM o el libro electrónico. Se dirigen fundamentalmente al ámbito de las obras de consulta: diccionarios, enciclopedias y repertorios en general. En este campo los nuevos soportes suponen un avance extraordinario y van a ir ganando cada vez más terreno. Sin embargo, se me hace difícil imaginar la lectura de Madame Bovary o de Bajo el volcán en libro electrónico. Otra cuestión que habrá que ver es cómo los propios soportes condicionan los modos de lectura, porque el libro de bolsillo permite unos modos de lectura determinados, mientras que aquellos volúmenes de los monasterios, que casi había que llevar entre dos personas, permitían otros. Como ha mostrado Roger Chartier, ha habido una transformación de la lectura porque ha habido una transformación del libro. Pero, en cualquier caso, hay modelos que están bastante consolidados, y el tipo de libro que nosotros conocemos tiene una larga vida. ¡Larga vida al libro!

© Javier Ochoa Hidalgo 1998

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero8/lafuente.htm