Editorial


Apoyo para los jóvenes investigadores


Investigar nunca ha sido una tarea fácil en ningún país. Los recursos suelen ser escasos y disputados. Como a cualquier otra cosa, a investigar se aprende. Y para aprender es necesario disponer de oportunidades para hacerlo. Son cada vez más los jóvenes que, acabados sus estudios de licenciatura, eligen la vía de la investigación y, en su caso, la de la docencia, iniciando un camino largo y duro. La realización de las tesinas de licenciatura y de las tesis doctorales suele ser el terreno en el que velan sus primeras armas. Sin embargo, una vez que estos jóvenes investigadores han demostrado su capacidad, el porcentaje de aquellos que tienen posibilidades de continuar en este campo se ve reducido drásticamente.

Echamos en falta una política adecuada de apoyo a los jóvenes que eligen —por vocación, por reto personal, por méritos demostrados— el camino de la investigación. No nos referimos exclusivamente a una política económica directa —también necesaria—, sino más bien a una política de encuentros científicos y, sobre todo, de publicaciones. Hacen falta jornadas, seminarios, congresos en los que puedan decir sus primeras palabras y debatirlas; y hacen falta espacios en los que poder desarrollar sus primeras ideas.

Cada día nos encontramos en las aulas con jóvenes dotados para la investigación: despiertos, interesados, con capacidad de búsqueda. Son personas con un rico caudal de cualidades que los convertirían en buenos investigadores si dispusieran de condiciones y estímulos para ello. Algunos deciden incorporarse al mundo de la investigación. El camino no es fácil. Muchos lo dejan por el camino. Que no sea por falta ni de estímulos ni de oportunidades. Está bien aumentar el número de becas, pero que las becas sean el principio y no el fin.