La función del
cronotopo de la escuela
y el tema de la educación
en La barraca
de Blasco Ibáñez

Dr. Alicia de Gregorio
gregorio@griffon.mwsc.edu
Departamento de Inglés, Lenguas Extranjeras y Periodismo
Missouri Western State College
St. Joseph, MO 64506, U.S.A.



En enero de 1900, Vicente Blasco Ibáñez publicó un artículo que, bajo el título de "Pan del alma", postulaba la necesidad de hacer llegar la educación a los ámbitos social y económicamente más desprotegidos de la Valencia del momento. Proponía como vehículo para la transmisión de la instrucción de que se carecía en dichos ámbitos la creación de una biblioteca popular, a través de la cual se lograría el propósito de cambiar "la faz moral de...la ciudad" (41) y se contribuiría activamente en la lucha contra la incultura española y, como consecuencia, en la regeneración del país, ya que para Blasco "mientras exista [la incultura] hará imposible la regeneración de nuestra patria" (42).

La confianza de Blasco en la educación como instrumento que, no sólo mejoraría las condiciones sociales de las clases humildes, sino que, como consecuencia, contribuiría a la salud de España en su conjunto, aparece subrayada nuevamente en unas palabras pronunciadas por el escritor en 1905 y que recoge Inocencio Ruiz Lasala:

La misión de los revolucionarios no consiste únicamente en agitar los ánimos, sino en educar a los hombres, en difundir la cultura entre ellos, pues sin un pueblo culto y consciente, la República futura arrastraría una vida llena de dificultades (62).

Por lo que se refiere a las aportaciones de Blasco Ibáñez al mundo de la educación en el terreno práctico, Ruiz Lasala destaca la fundación por el escritor valenciano del diario "El Pueblo," el hecho de que pusiera su biblioteca personal al servicio de las clases humildes y la creación, gracias a sus gestiones, de la Universidad Popular de Valencia en 1903 (62-63).

La barraca, una de las novelas del llamado "ciclo valenciano," aparece en 1898, en el contexto histórico de fuerte atraso cultural1 que tanto preocupaba a Blasco.

Esta novela ha sido estudiada desde el punto de vista de sus rasgos naturalistas, realistas, costumbristas y hasta impresionistas. El tema de la educación en la novela sólo ha sido tratado de una manera lateral y secundaria, en afirmaciones de carácter general (Suárez, Chamberlin) o más profundamente, pero de manera sumamente sintética por Richard A. Cardwell. Desde el punto de vista de la presencia textual real que el tema de la instrucción tiene en La barraca, no es de extrañar que los análisis no se hayan concentrado en él, pues, de los diez capítulos en que se divide el texto novelístico, sólo uno (VI) se desarrolla en la escuela y hace de ella, del maestro y de sus discípulos los sujetos principales de la acción. Al margen de dicho capítulo, la novela sólo presenta al maestro don Joaquín en otras dos ocasiones: acudiendo a la barraca de la familia Borrull con motivo del entierro de Pascualet y rememorado por Batiste un día después del incidente en el que éste ha herido de muerte a Pimentó.

Es el propósito de este estudio demostrar que, pese a esta escasa presencia textual del tema de la educación, del ámbito en el que se desarrolla y de las fuentes de las que —al menos teóricamente— ha de proceder, dicho tema merece más atención crítica de la que ha recibido. El tema de la educación tiene una importancia estructural y significativa en La barraca de Blasco Ibáñez como se demostrará a través de su análisis a partir del concepto de "cronotopo" literario establecido por Mikhail Bakhtin como marco teórico de aproximación a la novela. A través del estudio de la escuela y su función cronotópica en La barraca se probará que, a diferencia de lo establecido por Cardwell, no existe en esta novela de Blasco una presentación de la educación como fuente de progreso (64), lo que establecería un paralelo con las posturas ideológicas y prácticas de Blasco descritas en los inicios de este trabajo. En La barraca, la educación no sólo contribuye a la presentación negativa del hombre en la novela, sino que sirve como elemento clave en la articulación de dicha presentación.

Bakhtin define el cronotopo (=tiempo espacio) como "the intrinsic connectedness of temporal and spatial relationships that are artistically expressed in literature"2 (84). La significación del cronotopo dista mucho de ser meramente escénica. Se trata, por el contrario, de una significación semántica, ya que "every entry into the sphere of meaning is accomplished only through the gates of the chronotope" (258). Esta importancia semántica se traduce en una importancia representativa que hace que "all the novel's abstract elements —philosophical and social generalizations, ideas, analyses of cause and effect— gravitate toward the chronotope and through it take on flesh and blood" (250).

Entre los diferentes cronotopos de la novela se establecen distintos tipos de relaciones ya que, como señala Bakhtin

Within the limits of a single work...we may notice a number of different chronotopes and complex interactions among them...
...Chronotopes are mutually inclusive, they co-exist, they may be interwoven with, replace or oppose one another, contradict one another or find themselves in ever more complex relationships (252).

En el caso de La barraca, existe un triángulo cronotópico en torno a cuyos vértices se concentra el material narrativo e ideológico más importante del texto, ya que a ellos, más que a ninguna de las otras unidades cronotópicas de la novela3, puede aplicarse la idea bakhtiniana de que "belongs the meaning that shapes the narrative" (250). Estos tres cronotopos son: la barraca que perteneció a Barret y a su familia y en la que se instalan Batiste y la suya; la taberna de Copa; y la escuela de don Joaquín. Los dos primeros ámbitos se presentan como mutuamente excluyentes a lo largo de los ocho primeros capítulos de los diez que forman la novela. De hecho, el rechazo que la "huerta" siente por la familia Borrull y que es signado de diversas maneras4, sólo tiene una realización cronotópica5: Batiste no entra nunca en el marco de la taberna a lo largo de los ocho primeros capítulos y los "huertanos" lo hacen en la barraca de manera excepcional con motivo de la muerte de Pascualet.

Es precisamente en esta exclusión mutua que se establece entre los dos cronotopos que probablemente tienen un mayor peso textual —la barraca de Batiste y Teresa origina el conflicto argumental y de la taberna surge su desenlace— la que dota de su valor clave desde los puntos de vista estructural e ideológico al cronotopo de la escuela en La barraca. Este cronotopo sirve de vínculo entre los otros dos de las siguientes formas:

En los albores de la novela se hace referencia retrospectiva al período de abandono de la que fue barraca de Barret. Los niños son los únicos que han mantenido un contacto constante con este cronotopo, prácticamente olvidado por sus adultos: "Esta [la barraca] sólo interesaba a los muchachos, que, heredando el odio de sus padres, se metían por entre las ortigas de los campos yermos para acribillar a pedradas la abandonada vivienda..." (19). Si bien, como afirma Cardwell, La barraca no ofrece un papel destacado a un naturalismo o determinismo de carácter hereditario (48), no deja de resultar llamativa la expresión "heredando el odio de sus padres," por lo que tiene de transposición de un primer motivo ajeno al cronotopo de la barraca y vinculado a los huertanos (=los clientes de la taberna) a partir, si no del cronotopo de la escuela, sí de sus educandos.

Otro de los motivos ajenos que reitera el cronotopo de la escuela es el de la autoridad-violencia paterna característica entre las familias de la época y que el narrador de La barraca describe como "la terrible majestad del padre latino, señor absoluto de sus hijos, más propenso a infundir miedo que a inspirar afecto..." (76). Paralela a dicha autoridad basada en el temor al más fuerte, se manifiesta la cólera traducida en violencia de don Joaquín, el maestro que castiga de forma física el fallo académico: "Y enarbolando la caña empezó a repartir sonoros golpes..." (110). El icono de la "caña" es, por otra parte, uno de los motivos del cronotopo de la escuela que encuentra un paralelo exacto en el cronotopo de la barraca de Batiste y en la taberna de Copa. La escopeta del primero y la porra del segundo son objetos tan preciados para sus propietarios como la caña lo es para don Joaquín. Si Batiste hacia el final de la novela "vivía en continuo contacto con su arma, la pieza más moderna de su casa, siempre limpia, brillante y acariciada con ese cariño de moro que el labrador valenciano siente por su escopeta" (185); y Copa cifraba su autoridad en la "porra que tenía bajo el mostrador, especie de as de bastos, al que le temblaban Pimentó y todos los valentones del contorno..." (170); el maestro, por su parte, basaba la suya en el único objeto "nuevo" de su decrépita escuela: "la luenga caña que...tenía detrás de la puerta, y que renovaba cada dos días en el cañaveral vecino" (106).

Volviendo al tema de la autoridad paterna basada en el temor, que se reitera en el establecimiento de la autoridad de don Joaquín bajo la amenaza de su caña y la violencia física que impone a través de ella, resulta muy significativo establecer una relación de los dos primeros ataques físicos directos que se narran en el texto6 contra miembros de la familia Borrull con 1) la educación basada en la imposición autoritaria, 2) los educandos como establecedores de vínculos entre cronotopos a través de la reiteración. En el capítulo V, Roseta es víctima de la violencia de las huertanas. Por lo que al primer aspecto se refiere, el narrador presenta los resultados de una crianza basada en la agresividad como una mera reproducción de dicha agresividad: "La juventud, libre de la severidad paternal, se desprendía del gesto hipócrita fabricado para la casa, y se mostraba con toda la acometividad de una rudeza falta de expansión" (99). De la misma manera, un capítulo más adelante, los niños de la escuela, una vez fuera del control de la caña del maestro, hostigan a los hijos de Batiste y Teresa y, tras varios ataques, son finalmente responsables del que conducirá a la muerte del más pequeño de los hermanos. Aún más importante es el hecho de que estos ataques deriven de la reproducción de los odios que anidan en los huertanos y en el cronotopo que los acoge, la taberna. El desencadenante de la paliza recibida por Roseta son los insultos y calumnias proferidos por la sobrina de Pimentó, que los autoriza diciendo que "en casa de Copa no se hablaba de otra cosa" (101). Por otra parte, en el caso del ataque que provocará la muerte de Pascualet, el narrador, significativamente, sitúa el origen de la disputa en la reiteración, por parte de los niños de las barracas vecinas a las de Batiste, de sus ejemplos familiares en la casa de Copa: "Los enemigos, hijos o sobrinos de los que en la taberna juraban acabar con Batiste, iban acortando el paso, para hacer menor la distancia entre ellos y los tres hermanos" (117).

La muerte del niño es el elemento más significativo en la caracterización negativa de la educación en La barraca. Esta muerte es el producto de la mimetización de los motivos más negativos del ámbito cronotópico de la taberna en el de la escuela. En este sentido, es pertinente referirse a un motivo cronotópico, el de la repetición recitativa como único método de aprendizaje en la escuela de don Joaquín: "Allí imperaba el método moruno: canto y repetición, hasta meter las cosas con un continuo martilleo en las duras cabezas" (106). En un proceso de simbiosis cuyos resultados contribuyen a aumentar aquello que de negativo hay en la condición humana, la escuela, fiel a su método repetitivo, recoge en su cronotopo una serie de motivos —la violencia, sus iconos, la autoridad basada en la amenaza— que hacen imposible la regeneración de las nuevas generaciones. No deja de ser irónico que el narrador presente, a través de un uso metafórico del lenguaje, a la sociedad de las barracas y de la taberna reiterando el motivo recitativo del cronotopo de la escuela para los fines negativos del engaño y del disimulo. La coartada preparada por los habitantes de la huerta para proteger a Pimentó es repetida por éstos como lo son las "enseñanzas" de don Joaquín en su escuela: "Todos recitaban la misma lección. Hasta viejas achacosas que jamás salían de sus barracas declararon que aquel día, a la misma hora que sonaron los dos tiros, Pimentó estaba en una taberna . . ." (45).

La recitación memorística aparece presentada metafóricamente en la imagen del "rumor de avispero" con que el narrador abre el capítulo VI. El paralelo entre el cronotopo de la escuela y el de la taberna aparece signado con la reiteración de este motivo metafórico cuando, con motivo de la apuesta entre Pimentó y los hermanos Terrerola sobre quién será capaz de beber más aguardiente sin dejarse vencer por sus efectos, se describe el ruido de la gente, que acude a la plaza donde se encuentra la taberna para observar la hazaña, en los siguientes términos: "Toda esta gente, comiendo, bebiendo y gesticulando, levantaba el mismo rumor que si la plazoleta estuviese ocupada por un avispero enorme" (171).7

Por otra parte, la "contaminación" del cronotopo de la escuela por la reiteración de motivos del de la taberna aparece explícitamente expresada por don Joaquín cuando, ante el empleo de motes por parte de sus alumnos para referirse a sus compañeros, exclama: "¡Qué modo de hablar, Dios mío! Parece que esto sea una taberna..." (110). Por añadidura, el narrador se ocupa de ironizar la figura del maestro y de su cronotopo al establecer un paralelo paradigmático en el que al "sacerdote de la instrucción" (107) y al "templo de la buena crianza" (118), tal y como don Joaquín se refiere a sí mismo y a su escuela, enfrenta el "sumo sacerdote" del "templo del alcohol" (167-8), en la caracterización de Copa y su taberna.

Richard Cardwell afirma que La barraca apunta a la educación como medio de progreso social y moral y que para ello la novela se sirve de don Joaquín como su portavoz (64)8. Es cierto que éste postula la necesidad de una regeneración del hombre a través de la educación cuando afirma: "Aquí lo que se necesita es instrucción, mucha instrucción. Templos del saber que difundan la luz de la ciencia por esta vega, . . ." (153), con lo que parece ser el eco de las palabras de Blasco con las que éste pregunta en su artículo "Pan del alma": "¿Cuán incompleto resulta buscar la salud del cuerpo, el mantenimiento del bruto, dejando en el olvido el alma siempre hambrienta del pan de la educación?" (39). Sin embargo, don Joaquín y Blasco no se están refiriendo a la misma educación, el primero aboga por un tipo de enseñanza que no logra volver a trazar la línea divisoria entre hombre y bestia, que, como afirma Suárez, se ha esfumado en La barraca (382). El "seudomaestro" (372)9, como también lo denomina Suárez, identifica esa ciencia iluminadora con el cronotopo de su escuela, al decir: ". . . . En fin, si vinieran más chicos a mi templo, digo, a mi escuela, . . . , de otro modo andaría esto" (153).

En La barraca el cronotopo de la escuela, al reproducir los motivos de la sociedad huertana epitomizada en el cronotopo de la taberna de Copa, no sólo no logra su presunto propósito de regenerar al hombre y cambiar su condición, sino que perpetúa la bajeza de éste. Si la arrogancia ridícula de don Joaquín le lleva a creer que de "bestias" ha hecho personas —"Sin mí, ¿qué serían ustedes? Unas bestias, y perdonen la palabra: lo mismo que sus señores padres . . ." (109)—, el texto demuestra lo contrario: son precisamente sus "discípulos," los que, acostumbrados al imperio de la mimetización en sus enseñanzas y rodeados por la agresividad de una sociedad que también reitera la escuela, ejercen más impunemente la violencia contra seres inocentes. La barraca, a diferencia de los artículos y los discursos de Vicente Blasco Ibáñez, no postula que la educación pueda mejorar la condición del hombre, al menos no el tipo de instrucción recitativa, acientífica y carente de medios presentada en el texto.10 En la novela, la educación no sirve ningún propósito regenerativo; todo lo contrario, en unos casos reitera y en otros origina los esquemas de violencia denunciados por el texto novelístico.


Notas

1 La situación de la educación en España a lo largo del siglo XIX y en los inicios del XX fue de lastimoso estancamiento. Manuel Tuñón de Lara ofrece una serie de datos estadísticos que dejan claro el atraso cultural de la España de fines del XIX: Si en 1870 había en España 22.711 escuelas primarias, las 23.132 de 1880 no suponen un aumento real si se considera que la población española crecía a un promedio de un millón de personas por decenio. Por lo que se refiere al índice de analfabetismo, del 71.5% registrado en 1887 sólo se había descendido a un 63.79% en 1900 (2:95). El porcentaje de analfabetos del año 1898, el de publicación de La barraca, era, de acuerdo con datos de Macías Picavea, del 68% (75). Por su parte, José Luis Aranguren señala como causa de tan escandalosa falta de alfabetización entre los españoles decimonónicos el hecho de que la enseñanza primaria no fuera de carácter gratuito y obligatorio en el siglo XIX: "¿. . . cómo no continuaría habiéndolo [analfabetismo] mientras la enseñanza primaria no fuese sólo obligatoria, sino también enteramente gratuita?" (185).

2 A lo largo de la historia de la novela, han ido apareciendo muy diversos cronotopos y Bakhtin presenta los que han sido más productivos para el desarrollo del género. El cronotopo del encuentro, el del camino, el del castillo, el del salón burgués, el de la ciudad provinciana...son tan sólo unos ejemplos.

3 El camino de Alboraya, la barraca de Pepeta, Valencia, la fábrica de sedas, el Tribunal de las Aguas, el barrio de los pescadores, la feria de ganado...sólo son algunos de los múltiples cronotopos de la novela.

4 Así a partir del silencio, del uso de la violencia, del insulto indirecto, del empleo del engaño en el Tribunal de las Aguas, etc...

5 La familia Borrull y los huertanos comparten otros cronotopos: Roseta y otras muchachas de la huerta trabajan juntas en la fábrica de sedas, y en el camino de Alboraya se producen encuentros entre miembros de la familia de Batiste y los huertanos.

6 Batistet, el primer hijo varón de la familia, también es víctima de un ataque, pero ese ataque no aparece descrito en la narración, sino simplemente referido indirectamente por el narrador: "Aún tenía la cabeza envuelta en trapos y la cara cruzada de chorlos, luego del descomunal combate que una mañana sostuvo en el camino con otros de su edad que iban como él a recoger estiércol en Valencia" (121).

7 La imagen metafórica vuelve a utilizarse una vez más aplicada a los huertanos en la percepción subjetiva de éstos por parte de Batiste cuando se agolpan ante la puerta de la barraca de Pimentó, estando éste herido de muerte: "Estaban lejos, y no obstante...en el zumbar de sus oídos, en el latir de sus sienes ardorosas por la fiebre, creyó percibir el susurro amenazante de aquel avispero" (197).

8 De manera sucinta, Chamberlain expresa también una opinión positiva de la labor educadora de don Joaquín, al señalar: "La única fuerza civilizadora . . . es el maestro rural" (25).

9 Hay que recordar que don Joaquín ejerce la enseñanza sin disponer de un título que lo autorice a ello.

10 Este tipo de instrucción refleja el estado de la enseñanza en la España del momento. Ricardo Macías Picavea presenta a las escuelas públicas de la España de fines del siglo XIX que le es contemporánea como "cuadras destartaladas," y Fermín Solana resume la descripción del anterior añadiendo que estaban "faltas no sólo de las condiciones normales de habitabilidad, sino del material didáctico necesario para llevar a cabo una enseñanza eficaz, moderna" (72).

Obras Citadas

Aranguren, José Luis L. La moral social española en el siglo XIX. Madrid: Editorial Cuadernos para el Dialogo, 1970.

Bakhtin, Mikhail Mikhailovich. "Forms of Time and the Chronotope in the Novel." The Dialogic Imagination. Ed. Michael Holquist. Trans. Caryl Emerson and Michael Holiquist. Austin: U of Texas P, 1981. 84-258.

Blasco Ibáñez, Vicente. La barraca. Valencia: Círculo de Lectores, 1979.

—- "Pan del alma." Los mejores artículos de Blasco Ibáñez. Ed. Paul Smith. Valencia: Editorial Prometeo, 1982. 39-42.

Cardwell, Richard A. Blasco Ibáñez: La barraca. London: Grant & Cutler Ltd., 1973.

Chamberlin, Vernon A. "Las imágenes animalistas y el color rojo en La barraca." Duquesne Hispanic Review. 6 (1967): 23-36.

Macías Picavea, Ricardo. El problema nacional: hechos, causas y remedios. Introducción, enlaces y notas, Fermín Solana. Madrid: Seminarios y Ediciones, S.A., 1972.

Ruiz Lasala, Inocencio. Blasco Ibáñez redivivo: Radiografía de un español universal. Zaragoza: Española de Artes Gráficas, 1979.

Suárez, Bernardo. "La creación artística en La barraca de Blasco Ibáñez." Cuadernos Hispanoamericanos 371 (1981): 371-85.

Tuñón de Lara, Manuel. La España del siglo XIX. Barcelona: Editorial Laia, 1975. 2 vols.


© Alicia de Gregorio 1998


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