Entrevista



ERNESTINA DE
CHAMPOURCIN

olvidada entre los equívocos linderos de la Generación del 27

Edith Checa
echeca@pas.uned.es
PERIODISTA
LOCUTORA-REDACTORA DEPARTAMENTO DE RADIO UNED

.

Conferencia impartida en la Unión de Escritores y Artistas (UNEAC) en la IV Fiesta Iberoamericana de la Cultura en Holguín (CUBA), octubre de 1996


 

Tuve conocimiento de la existencia de Ernestina de Champourcín de forma casual. Cuando oí decir a alguien que era la única representante femenina de la generación del 27 me quedé tan sorprendida que mi reacción primera fue de escepticismo y luego de reafirmación de mi propia ignorancia "En la generación del 27 no hubo mujeres" contesté. Sin embargo la seguridad con la que mi interlocutor me confirmaba esa noticia hizo que dudara de mis escasos conocimientos. Una curiosidad casi insoportable me obligó a buscar rápidamente entre los libros de literatura que tenía mas a mano para averiguar algo de esta poeta.

Efectivamente en las dos historias de la literatura española que tenía, la de Valbuena y la Diez Borque, encontré breves reseñas sobre Ernestina de Champourcin encuadrada dentro de la generación 27, en el apartado de OTROS POETAS. Junto a Ernestina aparecen otras dos poetisas menos conocidas todavía; en uno de los trabajos nombran a JOSEFINA DE LA TORRE , en el otro a CONCHA MÉNDEZ

Tras esta primera incursión en los libros de literatura respiré un poco mas tranquila, por dos razones fundamentales: la primera porque sí hubo mujeres poetas en la generación del 27, eso me alegró sinceramente, y segundo porque mi ignorancia, y no es una disculpa, venía dada por la escasez de datos que sobre Ernestina o cualquier otra mujer de esa época se da en los libros. En los libros y en los medios de comunicación puesto que Ernestina de Champorcin vive aquí en Madrid y hasta este momento, enero de 1997, apenas se habla de ella.

A los pocos dias comenzó la Feria del Libro de esta ciudad, y me fui una mañana espléndida cuando aún estaban abriendo las casetas con el propósito de dejarme llevar por los libros. Y como por arte de magia la primera caseta que tuve frente a mí fue Torremozas. Tenia dos libros de Ernestina en sitio destacado: "Antología Poética" y "Del vacío y sus dones". Leí los prólogos, en ellos también constaba que era poeta de la Generación del 27.

Salí del recinto ferial y me senté en la hierba frente al lago del Retiro para, por primera vez en mi vida, leer un poema suyo. En ese momento no se me pasó por la cabeza, no podía imaginar, que meses después me sentaría a charlar con Ernestina de Champourcin en su casa.

Y se va marchitando la caja de las rosas;
no tiene quien las saque y las lleve al camino.
Un airón de perfume se nos quiebra en las manos
mientras algo se muere y nace al mismo tiempo.

Se nos frustró la cita con aquella fragancia
de tan pura, invisible, ese ramo de brisa
que apenas huele a nada
y que agavilla en sí todo el amor del mundo.

Hay cosas que no son, pero que siguen siendo
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido.

Tras leer este poema de Ernestina de Champourcín me quedé mirando el lago y me dije ¿qué mujer tiene que ser y tiene que haber sido Ernestina si es capaz de escribir un poema así con ochenta y seis años? Más tarde me enteré que, justo por en esta primavera, acababa de publicar a sus noventa y un años otro libro más: "Presencia del Pasado".

Un airón de perfume me llegó del libro entreabierto y ya no pude parar de leer. Tenía que saber más sobre ella.

 

Ernestina de Champourcin nació en Vitoria en 1905 aunque desde muy niña residió en Madrid. Recibió una esmerada educación en la que destacaron los idiomas. Años después cuando estalla la guerra y se exilia a México con su marido, el también poeta Juan José Domenchina, esa excelente formación le servirá para conseguir un lugar destacado como traductora.

Ernestina descubrió su vocación poética cuando era muy joven, pero, como muchos otros creadores, no estaba satisfecha con los poemas que escribía así que los destruyó.

El primer libro que Ernestina publica es "En silencio", cuando solo cuenta con ventiún años. A partir de ahí los libros comienzan a sucederse: "Ahora" en 1928, "La voz en el viento" 1931, "Cántico inútil" 1936. Con estos cuatro primeros libros, como dice JOSÉ ÁNGEL ASCUNCE en el prólogo de la POESIA A TRAVÉS DEL TIEMPO", adquiere un renombre sólido y gana un puesto puntero en el panorama poético de la España de Preguerra".

A medida que me iba informando sobre el trabajo de Ernestina de Champourcín comprendía cada vez menos por qué se le reconocía de forma vaga en aquella época como miembro de la generación del 27.

Pero en realidad no es dificil entender este silencio y este olvido sobre ella. Lo primero es que hay una serie de poetas, los ocho mas conocidos, Lorca, Guillén, Dámaso Alonso, Cernuda, Alberti, Salinas, Aleixandre y Gerardo Diego, que consiguen deslumbrar tanto con su obra que oscurecen o dejan en penumbra la labor de otros poetas no menos importantes pero que quedan relegados a un segundo plano, como Altolaguirre, León Felipe, Domenchina, Basterra... y, sobre todo, a las poetisas: Josefina de la torre, Concha Méndez y Ernestina.

La segunda causa por la que Ernestina de Champourcín queda relegada a ese segundo o tercer plano (el de las poetisas) dentro de la generación del 27 es precisamente por ser mujer. Todos sabemos que la actividad literaria, como otras muchas actividades, ha sido considerada hasta hace poco casi exclusiva de los hombres. ASCUNCE recuerda, en las obras completas de Ernestina, cómo Gerardo Diego tuvo que soportar presiones de diversas instancias para excluirla de la obra antológica "Poesia Española Contemporánea". Pero Gerardo Diego no la excluyó, de esa forma la reconoció como miembro de su propia generación.

La tercera causa de este silencio y marginación viene dado por la propia poesía de Champourcin, por escribir una poesía íntima y muy personal. Su poesía es una búsqueda constante en el interior de su alma. En cuarto lugar podríamos destacar el exilio, treinta y cuatro años en México. Exilio que alejó a Ernestina de la vida literaria de Madrid aunque no de la vida literaria de los poetas que se fueron como Emilio Prados, León Felipe o Luis Cernuda, entre otros.

Por ultimo, como quinta razón de esta marginación y silencio que ha rodeado a Ernestina, destacaríamos la propia actitud de la poeta que siempre quiso estar, como ella misma diría en la poética que entregó a Gerardo Diego, "desdibujada entre los equívocos linderos de la vaguedad y la vagancia".


Ernestina de Champourcin tiene noventa y un años, está muy sorda y prácticamente ciega, pero emana un airón de perfume de mujer joven. Le gusta moverse aunque casi no puede. Hemos ido a visitarla a su casa, en Madrid, y se levanta, acompañada, para recibirnos en la puerta. Delgada, muy delgada. Después de las primeras palabras la imagino en otra época hiperactiva y vitalista, llena de desparpajo, Risueña, satírica, irónica y tierna.

Le llevé una rosa de tallo largo porque en casi todos sus poemas habla de esta flor, cogió la rosa y olió su perfume. ¿Le gustan las rosas? le pregunté, sí, mucho, me contesta. Al final de la tarde le pregunté cual era su flor preferida, me dijo que los nardos. La próxima vez lo tendré mas fácil.

Nunca pensé que me costara tanto entrevistarla; fue difícil porque desde su aparente dulzura de anciana, su voz de timbre de niña, ese aspecto de persona frágil, se esconde un carácter fuerte, muy fuerte. Sabe lo que quiere y lo que no quiere y además lo dejó muy claro. "Lo que no quiera contestar no contesto" me dijo.

Me siento muy cerca de ella, tengo que hablarla fuerte al oído. Y comienzo a preguntar.

Le digo que es la representante femenina de la generación del 27, que así se le ha reconocido en España en diversos homenajes y algún premio, como el Euskadi de Literatura en 1989, y pregunto que por qué no querían reconocerla en su época como miembro del 27.

—No, porque no reconocían mujeres

—¿Por qué?

—Porque no les daba la gana, yo que sé. Nunca me interesaron estos problemas. Yo tengo vocación para la poesía, lo único que he hecho es cumplir con mi vocación, no me he presentado a ningún concurso, no he aspirado a ningún premio. El único premio de poesía que tengo me lo consiguió una amiga que me acababa de publicar un libro y en Vitoria, porque yo he nacido en Vitoria. Le escribí un libro, ella tiene una editorial de mujeres...

—...Luz María, de Torremozas, le digo

—Luz María, y Luz María sin decirme nada me acababa de publicar un libro, me ha publicado varios y lo mandó sin decirme nada, y me dieron el premio. Es el único premio literario que tengo. No que me he querido presentar nunca a nada, porque lo que me interesa es la poesía, nada más.

— ¿Cómo se relacionaba con los poetas de la generación del 27?

—Pues de diversas... eran amigos, amigos míos casi todos. Iba a veces a la tertulia del café Gijón, a otra tertulia, y eran amigos míos todos.

—¿Había mas mujeres poetas en el grupo del 27?

—No, no tantas como ahora

—¿Quiénes eran sus mejores amigos?

—Amigos, todos.

—Juan Ramón Jiménez le gustaba mucho, ¿no?

—Bueno, sigue siendo uno de los dos poetas españoles que más me gustan, que son Juan Ramón Jimenez y San Juan de la Cruz.

Le digo que los críticos dicen que ella estuvo muy influida por la poesía de JRJ, una gran sonrisa ilumina su cara

—Espero que sí

—¿Conoció usted a Zenobia, a la mujer de Juan Ramón?

—Mucho, fuimos muy amigos, y después cuando me fui a México, por mi trabajo, en congresos internacionales, fui mucho a Estados Unidos y allí me encontré con Juan Ramón y Zenobia. Otra vez ellos se fueron de España cuando empezó la guerra, yo me casé y me fuí a Mexico y los vi mucho. Zenobia trabajaba en una univesidad, Juan Ramón también a temporadas y nos veíamos mucho.

—La periodista Rosa Montero, en su libro titulado Historia de mujeres, habla de Zenobia, la mujer de Juan Ramón Jimenez, y, mediante párrafos del diario que Zenobia escribió, podemos apreciar que tuvo épocas en las que sufrió mucho junto a él por sus desequilibrios. Un diario que salió a la luz hace cinco años editado y publicado por la profesora Graciel Palau de Nemes, un libro, apunta Rosa Montero, "desolador y terrorífico, un minucioso e involuntario estudio sobre la patología humana".

Le pregunto a Ernestina si está de acuerdo con lo que dicen: que en realidad no formaban una pareja maravillosa y perfecta como durante años se creyó. Responde enfadada.

—Pues dicen una mentira como una casa, porque yo no conocí un matrimonio más unido y que más ha ayudado... ¿ Que dicen eso?, es la primera vez que oigo ese disparate.

Le digo que no me lo invento, que hay estudios sobre ellos, que se han publicado algunos libros.

—Ah, los escritores escriben lo que les da la gana

—Es que dicen que Juan Ramón era una persona muy excéntrica, con una personalidad un tanto especial...

—Como todos los poetas. Juan Ramón tenía sus dificultades como todo el mundo, que es muy sensible y muy... pero se llevaban de maravilla. Yo he vivido con ellos en Estados Unidos y aquí los he visto antes muy a menudo. Aquí hay una cosa falsa contra Juan Ramón que yo conozco muy bien, no sé por qué, primero no se le ha leído a fondo, en absoluto. Juan Ramón ha dejado inéditos miles de libros que se están publicando ahora. Si quieren ustedes una entrevista interesante sobre la labor de Juan Ramón vean ustedes a este poeta... otra de mis dificultades es que cuando quiero nombrar a alguien o hablar de alguien se me olvida. Arturo de Villar.
Arturo de Villar es un poeta... ya mayorcito, soltero, que se ha dedicado a bucear en toda la obra de Juan Ramón, y es muy amigo del sobrino de Juan Ramón, de su albacea, y ha publicado y sigue publicando muchísimos libros...


José Angel Ascunce comenta en "Poesía a través del tiempo" que Ernestina de Champourcín luchó en todo momento por la dignidad de la mujer. Decía nuestra poeta "Me parece bien que la mujer luche por sus derechos; pero he visto que , por lo general, la mujer luchadora se veía obligada a trabajar en su casa como mujer y en la calle como hombre, de modo que se mataba para nada y doblemente". Dice Ascunce que Ernestina junto a María de Maeztu, María Baeza, Concha Méndez, entre otras mujeres inquietas y preocupadas por la cultura femenina, crean El Liceo Femenino. Ernestina fue secretaria de la institución hasta que se cerró por la Guerra Civil. En este liceo femenino organizaban actos culturales y tertulias con grandes intelectuales y artistas.

 

—Doña Ernestina, le digo, usted era feminista, estaba siempre defendiendo los derechos de las mujeres, es verdad?

—No, es una mentira como una casa. Yo feminista en el sentido de que, de que creo que la mujer tiene sus derechos y hay que respetarlos. Pero no he escrito nada feminista, nunca. Yo me he dedicado a la poesía nada más.

Ernestina de Champorucín se casó con Juan José Domenchina, poco después de estallar la guerra.

—Domenchina, le digo, fue un gran poeta de la generacion del 27.

Un gran poeta del que acaban de publicarse en Madrid las obras completas.

¿Cómo llevaban eso de ser los dos poetas?

Muy bien, aunque la voz pública dice que tienen que llevarse mal, pero nosotros nos llevamos muy bien siendo muy distintos y con una vena poética muy diferente.

¡Los árboles contigo!
Masas de hojas verdes traspasadas de luz
y mi nombre allá lejos,
murmurando allá lejos
a la orilla del mar por voces que no saben
qué página de un libro
me estalla entre los labios.

—Utilizando las mismas palabras que usted utiliza, Ernestina, en alguno de sus poemas ¿qué página de su vida le estalla entre los labios? Se ríe a carcajadas.

—Ninguna, sería una cursilería.

Gerardo Diego para su POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA pidió a todos los poetas un resumen de su vida y una poetica. Así lo hizo con Ernestina de Champourcín quien escribió:

 

"Nací en Vitoria el 10 de julio de 1905; este es el único dato real y esencial de mi biografía. El resto es.... literatura, y no de la mas amena. Mi infancia y adolescencia constituyen el cielo verdaderamente intelectual de mi vida. Durante esos años he escrito y leído en serio, cómicamente en serio. Mis muñecas y mis llegados tuvieron que sufrir las exuberantes y acaparadoras primicias de mi vocación literaria. Pero esto es historia antigua, mejor dicho, historieta. En la actualidad no puedo oir mi nombre, acompañado por el terrible calificativo de poetisa, sin sentir vivos deseos de desaparecer, cuando no de agredir al autor de la desdichada frase".
"¿Mi concepto de poesía? Carezco en absoluto de conceptos. La vida borró los pocos de que disponía, y hasta ahora no tuve tiempo ni ganas de fabricarme otros nuevos. Por otra parte, cuando todo el mundo define y se define causa un secreto placer mantenerse desdibujada entre los equívocos linderos de la vaguedad y la vagancia".

 

—En algún momento de su vida usted dijo que no quería que la definieran sino que quería quedar desdibujada.

—Sí, sí yo dije una vez una cursilería, pero bueno. Yo nunca le he dado importancia a las cosas que digo.

Pero, le pregunto, usted puede definirse como poeta, o poetisa de algo, de algún estilo.

—No, poeta, nada más.

—Ernestina, le digo, ¿qué sintió cuando estalló la Guerra Civil?

—Cuando estalló la guerra estaba yo en mi casa con mi familia, de pronto me quedé sola porque ellos tuvieron que esconderse. Se fueron. Mi madre era parienta del embajador de Uruguay y estuvieron en la embajada.

¿Por qué tuvieron que exiliarse?

—En los primeros momentos se quedaron en España y en su casa.

—Se tuvieron que exiliar a México ¿no?

—¿Tuvieron? No sé. En esos días, primeros días de la guerra en Madrid nos casamos y nos... y luego nos fuimos a Valencia y nos fuimos a Barcelona porque mi marido fue secretario de Azaña esa temporada y Azaña le hizo secretario diplomático suyo. Y estuvimos en Valencia y en Barcelona.... y de allí directamente recibimos una invitación de México... para irnos allá y nos fuimos a México y he vivido en México muy feliz treinta y cuatro años. Pero eso ya no interesa a la poesía.
Me gustó mucho México y fui muy feliz... Murió allí mi marido.

Ernestina de Champourcin ha escrito cerca de veinte libros de poesía. En la antipoética escrita para sus obras completas, escribe...

"Si no hay mas remedio, puedo decir que mi poética, si es que la tengo, puede ser una cosa en la que logro reconocer varias etapas. Primera: la eclosión inesperada, o sea el primer verso del que brota como un débil surtidor, el primer poema.
Segundo: paisaje de amor. Pasión y pintura.
Tercero: invasión de algo que lo emula todo. Que algo se desgaja a su vez en Amor va, ¿de qué o hacia quien?
Amor humano. Búsqueda de fusión hacia otro
y por último, amor trascendente. No basta el ser, es inevitable trascender, subir, ir mas lejos."

Estas son las diferentes etapas que la propia autora reconoce en su poesía.

Ernestina de Champourcin con sus noventa y un años, acaba de publicar un libro, "Presencia del pasado".

—¡Que no me gusta!. Le voy a firmar un ejemplar, pero tipográficamente está hecho con los pies. He dado muy pocos porque han añadido cosas que yo no mandé. En fin, es el único libro mío que estoy en contra de él. Las erratas es lo de menos, ya sabemos que es el plato del día ahora, pero los errores de impresión son fatales. Han metido incluso versos que yo no escribí nunca.

—Ernestina, en el libro "Los encuentros frustrados" usted habla mucho de la muerte y de la vejez. Y con su cara de niña, esta gran poeta de la generación del 27, se ríe a carcajadas.

—¡Claro! del vacío... Es natural, a los noventa y un años ¿de qué quiere usted que hable?.

—Pero dice usted que ese vacío que siente está colmado...

—Ah, yo no sé. Yo no.. primero, yo no me releo casi nunca. No suelo releer mis poemas así que no me puedo acordar de esos matices que a usted le interesan.

—¿Qué piensa usted ahora sobre llegar a ser mayor, a ser una persona mayor?

—Que es un tanto aburrido.

—¿Le ha afectado en su vida o en su poesía el hecho de haber perdido la vista y el oído?

—Claro que me ha afectado perder el oído, la vista. Uno espera la vejez pero no tan molesta.

—¿Qué es lo que más echa de menos desde que no ve? Porque usted siempre habla de paisajes en los poemas.

—Pues que me sea más difícil leer. Enterarme de las cosas. Oír. Ahora gracias al audífono puedo hablar con mis amigas según las luces, porque también eso influye.

Cuando se está ante una escritora como Ernestina a uno le entra la curiosidad de saber cual de todos sus libros es el predilecto. Así que le pregunto si tiene especial cariño a alguno de sus libros.

—No.

—¿Y puede decirme cuál cree usted que es el mejor? Se ríe, picara.

—Eso que lo digan los críticos.

Inés, la amiga que la acompaña durante la entrevista, nos informa que acaba de escribir dos poemas y así se lo preguntamos.

—No lo sé, porque los pocos que escribí últimamente se los ha llevado mi amiga que tiene una secretaria que los pasa a informática y no me los ha dado, no me los ha devuelto todavía. No sé cuantos son. No suelo contar mis poemas.

 

Y a esta poeta, que siempre quiso quedar desdibujada y que el hecho de oír recitar su poesía le parece cursi, le preguntamos si se acuerda de algún poema de memoria.

—Nunca!. Felizmente. Le doy gracias a Dios porque no me he acordado nunca de ninguno y me he salvado... de la cursileria de leer y recitar los propios poemas.

"No quiero saber nada...
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente...

No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.

Le pedimos a Ernestina de Champourcin un consejo para saber escribir poesía.

—Eso es tan personal, que no se sabe, no se puede saber. La poesía es una vocación. Si uno tiene la suerte de tener esa vocación tiene una cosa sincera, escribir lo que siente y lo que piensa, nada más.

Le decimos que los jóvenes que empiezan a escribir no saben si lo que escriben es bueno o no. Y nos contesta...

—¡Ni falta que hace!. Si empieza uno a pensar en si es buena... yo nunca he pensado que lo mío sea bueno o malo, escribo porque lo siento y ¡ya!

—Usted cuando lee un poema, cualquier poema, cómo sabe si es bueno.

—No, sé si me gusta o si no me gusta.

—¿Es cuestión de emoción?

—De emoción, de sensibilidad... Hay poemas que emocionan a unos y a otros no.

—Luego entonces entender la poesía o que guste un poema es cuestión subjetiva

—Muy subjetivo. La poesía es el arte más subjetivo que hay.

—¿Publicó en su juventud una novela?

—Tengo una novela, desgraciadamente, publicada, pero muy mala.

—¿Por qué no ha vuelto a escribir más novelas?

—Porque no me gusta escribir en prosa, me aburre.

—¿Elabora usted mucho sus poemas o le salen a la primera?

—Me salen... sale la primera o la segunda línea y si lo tengo que terminar ya, hay que hacer un esfuerzo pero no hago mucho.

Ya por último Se me ocurre decirle que vamos a leer alguno de sus poemas, alguno del libro que acaba de publicar "Presencia del pasado". Con voz de niña mimada y sonriendo me contesta:

—!Ay, no!, !por favor! esa cursilada no.

No pudimos leer delante de ella ninguno de sus poemas. Es una pena que a Ernestina de Champourcin no le guste oír sus creaciones, no sabe lo que se pierde, porque hoy día, esta poetisa del 27, es capaz de escribir poemas tan hermosos como aquel que leí en el Retiro y que ha hecho posible esta charla.

"Y se va marchitando la caja de las rosas;
no tiene quien las saque y las lleve al camino.
Un airón de perfume se nos quiebra en las manos
mientras algo se muere y nace al mismo tiempo.

Se nos frustró la cita con aquella fragancia
de tan pura, invisible, ese ramo de brisa
que apenas huele a nada
y que agavilla en sí todo el amor del mundo.
Hay cosas que no son, pero que siguen siendo
gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado,
hermosura secreta que sólo fue latido.

 

© Edith Checa 1998

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