LA METAFORA
Y LOS ESTUDIOS DE TRADUCCION


Eva Samaniego Fernández
evasam@wamba.cpd.uva.es
Universidad de Valladolid



ÍNDICE Estudios sobre la metáfora (II)

La metáfora y los estudios de traducción

  1. Ogden & Richards 1923/1984
  2. Nida & Taber 1969/1982
  3. Dagut 1976
  4. Mooij 1976
  5. Vázquez Ayora 1977
  6. Newmark 1981/1988
  7. Van Den Broeck 1981

    (continuación)

  1. Mason 1982
  2. Toury 1985
  3. Dagut 1987
  4. Newmark 1988
  5. Snell-Hornby 1988
  6. Van Besien & Pelsmaekers 1988
  7. Azar 1989
  8. Larson 1989
  9. Newmark 1991
  10. Rabadán 1991

    (continuación)

  1. Menacere 1992
  2. Álvarez 1993
  3. Pliego 1993
  4. Torre 1994
  5. Kurth 1995
    NOTAS
Conclusión
NOTAS

 

Los únicos que están
siempre de vuelta de todo son
los que no han ido nunca a ninguna parte.
(Antonio Machado)

 

1. OGDEN & RICHARDS 1923/1984

OGDEN y RICHARDS 1 entremezclan en su obra de modo algo caótico los problemas que reúne la metáfora, pero se quedan en una pura mención, sin analizar la causa de su inequivalencia o sus soluciones (pág.242):

"(...) la traducción puede resultar o fracasar debido a varias razones perfectamente inteligibles. Cualquier uso puramente simbólico de las palabras puede reproducirse si en los dos vocabularios similares se han desarrollado distinciones simbólicas 2. De otra manera, se requerirán perífrasis3 o nuevos símbolos (...) cuanto más se hallen implicadas las funciones emotivas4, tanto menos fácil será la tarea de mezclar varias de éstas en los dos vocabularios (...) lo que se llama el 'éxito' de una traducción se debe a menudo a sus propios méritos intrínsecos".

Con esta última afirmación sobre la "calidad" o éxito de una traducción, los autores parecen ser de la opinión de que la traducción del lenguaje figurado es "buena" por méritos propios, es decir, sin tener en cuenta para nada el factor "lector meta". Esto implicaría que OGDEN y RICHARDS se basarían en un análisis erróneo, pues tendrían en cuenta el lenguaje por sí mismo de modo exclusivo y excluyente, sin considerar factores fundamentales en los Estudios de Traducción, como son los agentes intratextuales y extratextuales (lector meta, objetivo de la traducción, cánones estéticos vigentes, etc), indispensables en cualquier obra que trate el trasvase interlingüístico. Sin embargo, no podemos exigir demasiado de una obra cuyo objetivo principal es la Semántica, no la Teoría de la Traducción.

2. NIDA & TABER 1969/1982

Por fin comienza a abrirse paso entre los estudiosos de la traducción la convicción de que el lenguaje figurado en general y la metáfora en particular presentan un alto grado de dificultad para su trasvase interlingüístico. Así lo creen estos autores5, que deciden dedicar un capítulo a "The Problem of Figurative Meaning". Sin embargo, a pesar de tener el indudable mérito de al menos ser conscientes de este área de inequivalencia, el tratamiento que le dedican es básico y extremadamente simplista.

La formulación del concepto de figuración se realiza mediante el establecimiento de una diferenciación básica entre "significado central" o "primario", "significado literal" y "significado figurado", que abarcarían las tres posibilidades de explotación semántica que puede llegar a lograr un término (pág.87):

"If each term is assumed to have some primary or central meaning, then the term may also have other 'literal' meanings which are relatively close to the central one through the sharing of important components. On the other hand, a word may have additional meanings assigned to it which are very different in every essential aspect from the primary one, and where the link is not through essential components, such meanings are called 'figurative".

No se explica, sin embargo, qué elementos se incluyen bajo una denominación tan vaga como "lenguaje figurado", y la clasificación de su traducción es, repetimos, apenas rudimentaria (pág.107):

1. "Shifts from figurative to nonfigurative usage".

2. "Shifts from one type of figurative expression to another figurative expression (e.g. 'heart' to 'liver' in African languages)".

3. "Nonfigurative expressions changed to figurative ones".

Sin embargo, el último caso carece de base real, pues los ejemplos en que el traductor crea una metáfora cuando ésta falta en la Lengua Origen son realmente escasos. Por otro lado, y a pesar de la indudable insuficiencia de este análisis, sorprende que estos autores establezcan ya el criterio primordial por el que se ha de guiar todo traductor a la hora de reproducir el mensaje, que es la respuesta del receptor modelo, medio o estándar (pág.1):

"What one must determine is the response of the receptor to the translated message (...) Correctness must be determined by the extent to which the average reader for which a translation is intended will be likely to understand it correctly".

Como hemos visto, NIDA y TABER se limitan casi exclusivamente a reconocer que ahí existe un problema grave, pero no lo analizan, aunque la visión general que presentan puede resultar ilustrativa para un público no especializado.

3. DAGUT 1976

La primera vez que aparece en el campo de la traducción un análisis con un mínimo de profundidad sobre el trasvase de la metáfora es en la revista BABEL. DAGUT (1976:21-36) comenzó por sentar las bases claras para el estudio de este fenómeno, afirmando categóricamente -como después confirmarían y avalarían LAKOFF y JOHNSON (1980)- que era necesario "desmitificar" la metáfora, puesto que ésta no constituye un fenómeno propio exclusivamente de la tradición literaria, sino que se halla presente en todos las funciones en que se manifiesta el lenguaje que utilizamos a diario (pág.21):

"(...) a phenomenon which is central to all forms of language use".

Además, no comprende cómo un fenómeno tan sumamente importante en los estudios literarios puede tener tan mala reputación en los Estudios de Traducción (pág.21):

"There is thus an almost grotesque disproportion between the importance and frequency of 'metaphor' in language use and the very minor role alloted to it in translation theory".

Según DAGUT, el complejo problema de la opacidad metafórica queda definido como incongruencia interlingüística6, pues no existe ningún equivalente preestablecido al que podamos acudir cuando tenemos que hacer un desplazamiento metafórico de una lengua a otra. La primera dificultad que ve el autor es, evidentemente, la preocupante falta de criterio existente para el establecimiento de una terminología que funcione con un mínimo de fiabilidad (pág.22):

"What does need to be questioned and clarified, though, is the actual range of lexical items to which the term 'metaphor' should be properly applied".

Lo cierto es que ni siquiera hoy en día se han podido sentar unas bases terminológicas firmes que comprendan todas las manifestaciones de la figura; en la mayoría de las ocasiones se confunden vocablos como lenguaje figurado, símil, metonimia, etc, y es preocupante la poca o ninguna claridad de las fronteras entre estos términos, todos ellos distintivos y con entidad propia7. Así, DAGUT se encontró con que se le colocaba la etiqueta de metáfora a todo elemento lingüístico que contuviera un mínimo de figuración, como la ironía, los juegos de palabras, las expresiones idiomáticas o "idioms"8, etc. Quizá para compensar tanto caos, él es el primero en reivindicar el casi ilimitado poder creador de la figura9, que trasciende las fronteras semánticas del lenguaje para dar vida a una nueva comprensión, más profunda y enriquecedora, del mensaje que queremos trasmitir (pág.22):

"Every metaphor in the proper, narrow sense, is an individual flash of imaginative insight (...), a sudden inspired 'observation of affinities' (...) which trascends the existing semantic limits of the language and thereby enlarges the hearers' or readers' emotional and intellectual awareness".

Entre las primeras afirmaciones del autor se halla la de que esta figura no es un fenómeno lingüístico normal en el sentido de que no sigue normas prefijadas y por ello muestra una sintomatología divergente respecto a lo que sería la normalidad lingüística (pág.23):

"(...) metaphor (...) is unpredictable and irreducible to 'rules'. Metaphors are not to be found in that repository of semantic 'competence', the dictionary (...) since every metaphor is an entirely new and unique creation. The elusiveness of metaphor - the difficulty in getting a linguistic grip on it, so to speak - derives from its being at the frontier of linguistic change and fluidity".

Sin embargo, DAGUT no profundiza demasiado en la categorización de las metáforas, puesto que la división que ofrece es una mera casuística diacrónica (pág.23):

"metaphors can be divided into three categories (...) first (...) the great majority which prove to be ephemeral and disappear without a trace: the forgotten metaphors of literature; (...) another very large group of metaphors which remain as they began (...) such metaphors retain their 'apartness' from the routine, institutionalized patterns of the language; (...) the third and much smaller category (...) those that are taken up and used by an ever-increasing number of other speakers, so that they gradually lose their uniqueness and peculiarity, becoming part of the established semantic stock of the language and being recorded as such in the dictionary".

Es decir, que el autor diferencia entre las metáforas "que permanecen" y las que "se pierden", lo cual evidentemente no sirve como paradigma divisorio a la hora de investigar la traducción de modo sincrónico, pues según la clasificación de DAGUT sólo al cabo de los años podríamos llegar a dilucidar aquellas metáforas que se han acuñado en la lengua de uso cotidiano y cuáles se consideran originales. Lo que estamos buscando, por lo tanto, es una clasificación pragmática, no meramente utópica. Además, la frontera entre las metáforas "que aparecen en el diccionario" y "las que no" está muy desdibujada, pues la mayoría de las metáforas que comienzan siendo originales siguen un proceso lento pero progresivo de desgaste en el que terminarán por fosilizar y cristalizar en forma de expresiones idiomáticas, colocaciones ("collocations"), frases hechas u otro elemento lingüístico de características similares. Según DAGUT, esta congelación de la metáfora tiene lugar "when this passage of metaphor from 'performance' into 'competence' has occured" (pág.23), y dicho proceso puede dar lugar a dos posibles nuevos términos:

1. "POLYSEME": se aplicaría a lo que él llama metáforas "simplex", es decir, formadas por un sólo elemento léxico.

2. "IDIOM": formado a partir de metáforas "complex", compuestas por más de un elemento léxico.

Estos dos fenómenos lingüísticos tendrían una relación efecto-causa con las metáforas, pero ya no se podrían tomar como una variedad de éstas, sino en todo caso como un grupo aparte que, frente a la anomalía semántica de esta figura, mostraría regularidad y sistematicidad de significado. El último paso en la fosilización lo compondrían expresiones ya totalmente irreconocibles como metáforas, denominadas por el autor "formators", es decir, expresiones del tipo "a pesar de", "en vista de", etc. De nuevo, la clasificación de DAGUT es válida desde una perspectiva puramente teórica, pero a la hora de aplicarla sistemáticamente a la traducción en textos nos encontramos con una gran variedad de figuras que escapan a esta división.

En cuanto a la transmisión interlingüística, DAGUT marca una diferencia entre las expresiones idiomáticas, "polysemes" y "formators" por un lado, y metáforas por el otro. En los tres primeros, el autor afirma sin lugar a dudas que el primer factor determinante es "the bilingual competence of the translator" (pág.24). No hemos de pensar que esto es una obviedad: a lo que se refiere el autor es al hecho evidente de que para poder buscar el equivalente de una expresión idiomática, primero hemos de reconocer ésta como tal, o la viabilidad de transferencia semántica queda bloqueada o al menos desvirtuada10. Por tanto, la condición sine qua non para poder comprender estas expresiones en el idioma origen es que el traductor sea avezado y posea -si ello es posible- experiencia (o al menos tenga cierta práctica) en la localización de este tipo peculiar de figuras.

La traducción de las metáforas, sin embargo, sería para DAGUT objeto de estudio aparte al tratarse de un elemento único e irrepetible en la creación semántica11. Esto nos retrotrae a la notoria dificultad que ofrece esta figura para su interpretación ortodoxa. Es decir, que incluso en nuestra lengua podemos no comprender en absoluto una metáfora, pues desde el momento en que uno de los campos figurativos nos es desconocido (nos referiremos a ellos por el momento con la terminología clásica de objeto, tenor y vehículo, RICHARDS 1936/1965), será una tarea muy ardua tratar de adivinar con qué campos semántico-figurativos está jugando el autor.

El problema, pues, parece consistir no tanto en si la metáfora es traducible o no, sino hasta qué punto es interpretable o decodificable dentro de la Lengua Origen. Si, efectivamente, podemos contar con un amplio margen de comprensibilidad, entonces la dificultad subsiguiente sería: ¿se puede traducir la metáfora per se o hemos de limitarnos a reproducirla del modo que nos sea posible?12

Tras un breve análisis de las corrientes existentes sobre el tema, DAGUT clama la inviabilidad de la visión que afirma que una metáfora puede ser reproducida mediante creación, es decir, buscando un equivalente en la Lengua Meta, algo que cumpla exactamente la misma función; la razón principal que aduce es que es totalmente imposible "medir" de modo exacto la originalidad o el grado de invención que cada figura muestra en el idioma origen; por lo tanto, al no poder calcular de modo ni siquiera aproximado el efecto o impacto que la metáfora le ha supuesto al lector del Texto Origen, es imposible reproducir algo tan disperso en el idioma meta. De igual modo, en teoría al traductor le sería imposible localizar un "vehículo", un "objeto" y un "tenor" que estén a la misma distancia semántica que el original y tratar de unirlos en una metáfora, porque ¿cómo determinar un concepto tan difuso?13 Además, entraría en juego la imprevisibilidad de la figura que tratamos: si cada metáfora es una creación única que surge de una particular clasificación y relación establecida en la mente del hablante, las posibilidades son infinitas y por tanto el porcentaje de probabilidad de acierto por parte del traductor se reduce a priori a una cifra ridícula.

Para ilustrar su propuesta, DAGUT hace un estudio representativo de las metáforas que han supuesto mayor dificultad de traducción para el par de lenguas hebreo-inglés, y la conclusión a la que llega el autor es que, sorprendentemente, no son las más arduas de traducir las metáforas más originales, sino aquellas que no comparten lazos culturales o asociaciones semánticas con la Lengua Meta14. Aquí nos encontramos con un panorama que se complica peligrosamente: no sólo estamos tratando con un fenómeno de creación individual e intransferible que presenta una dificultad añadida de decodificación en su propia lengua, sino que además no nos ofrece ningún punto de referencia o consulta (los diccionarios no pueden reproducir algo que se encuentra en un continuo proceso de creación y fosilización), aparte del hecho de que la mayoría de las metáforas se hallan inmersas en una progresiva y vertiginosa lexicalización15 que desdibuja unas fronteras ya borrosas per se. A todo esto se suma un factor tan complejo como su estrecha relación con el sistema cultural16 e idiosincrático de la civilización en la que ha surgido17. Vemos, pues, que cada metáfora lleva tras de sí todo un mundo de asociaciones implícitas que hay que reproducir de algún modo en la Lengua Meta (pág.32):

"(...) the framework for any given language is determined by a combination of the accumulated cultural experience of the members of that language-community and the 'institutionalized' semantic associations of the items in the lexicon, (...) the latter being themselves the outcome of the collective effort to classify cultural experience by verbalization".

A pesar de que el estudio realizado por el autor parece demostrar que en la mayoría de los casos el traductor opta por recurrir a una expresión idiomática en la LM para reproducir una metáfora de la LO, DAGUT recomienda cautela acerca de las generalizaciones sobre este área en concreto (pág.32):

"(...) inadequacy of any single generalization about the translatability of metaphor. Such generalization must fail to do justice to the great complexity of the factors determining the ontology of metaphors -why certain metaphors are created and others not; why a metaphor that is strikingly effective in one language becomes peculiar or even unintelligible if transferred unchanged into another".

La conclusión, por lo tanto, parece en un principio llevarnos a un callejón sin salida para los estudios de la metáfora: aparentemente ésta se basaría en un anisomorfismo, una imprevisibilidad pura que cerraría las posibilidades a cualquier tipo de sistematización que se quisiera hacer en este campo. La única generalización posible sería en todo caso con referencia a un par de textos y su traductor, es decir, a estudios muy concretos. La conclusión final a la que llega DAGUT es que la traducibilidad de la metáfora dependería en primer lugar de las experiencias relacionadas con la cultura y las asociaciones semánticas que explotara dicha figura, y en segundo lugar del grado de superposición que presentasen ambos factores; respecto a este último elemento, parece demostrado en su artículo (al menos estadísticamente) que la traducción es relativamente simple (en el sentido de "automática") cuando hay un alto grado de superposición, y sin embargo cuando la coincidencia es poca o nula se puede llegar a la intraducibilidad, factor que determina "why metaphor constitutes such a searching test for translator's powers" (pág.33).

Sin embargo, ni NEWMARK (1988) ni MASON (1982) parecen estar de acuerdo con DAGUT. Este último en particular es de la opinión de que la función primordial del traductor es explicar, y que por ello se ha dejar intacta la metáfora o, en todo caso, añadir una explicación de ésta18. Autores como NIDA19 (1964) o VINAY y DARBELNET20 (1958/1960) hacen referencia a que en la mayoría de las ocasiones no es viable la traducción literal y hay que sustituir el término metafórico por uno no metafórico. Por otro lado, KLOEPFER21 (1967) y REISS22 (1971) sostienen que esta figura no es un problema para la traducción puesto que siempre existe la posibilidad de traducir "palabra por palabra".

4. MOOIJ 1976

MOOIJ (págs.103-104) menciona la traducción de la metáfora, aunque no se detiene en un análisis profundo, pues el corpus principal de su libro investiga detalladamente las características de esta figura, su identificación, los procesos de lexicalización que sufre y su clasificación. Su brevísimo estudio sobre el trasvase interlingüístico se limita a reconocer que no siempre existe en la Lengua Meta un equivalente literal, que el significado "central" de la metáfora en muchas ocasiones se pierde irremediablemente y ha de ser sustituído por connotaciones marginales, y que a veces es inevitable la creación de nuevos términos metafóricos23 para traducir. Veamos con detalle la postura que defiende el autor (págs.103-104):

"S will have to be explicated in a certain language L. (...) it is by no means certain, however, that the vocabulary of language L is rich enough to render the relevant meaning-parts of the metaphorical words in S. This does not imply that these meaning-parts could not be expressed literally in any language at all. (...) The sentence T can only be formed if L has expressions whose central meaning is identical with the relevant marginal meanings of the metaphorical words in S (...) The expressions required may very well not exist at all, or only complex equivalents may be available. Hence, it is a matter of course that explications of metaphor often show a certain groping for words and that in such explications new metaphorical expressions are often inevitable".

5. VAZQUEZ AYORA 1977

Gerardo VAZQUEZ AYORA parece, por sus planteamientos, adherirse en su obra a las corrientes24 de la "Emotive and Tension Theory" y la "Anomaly Theory", pues para él la metáfora se basa en una ruptura de las normas gramaticales (pág.59):

"El lenguaje figurado25 (...) por tocar un campo que trasciende las reglas normales de la gramática, se coloca en un nivel de fineza y abstracción difícil de manejar".

Es también de los primeros en reconocer y declarar que este tipo de trasvase requiere, de modo ineludible, un estudio aparte, aunque su análisis peque de rudimentario y excesivamente lingüístico -en el sentido de unívoco, que adopta una única visión-, pues significativamente incluye este estudio en el capítulo titulado "Lingüística aplicada a la Traducción" (pág.59):

"El lenguaje figurado (...) rehúsa la traducción directa y requiere sus propias técnicas de transferencia a otra lengua".

Para el autor, habría tres únicos modos de transferir una metáfora: mediante una metáfora, bien equivalente o bien adaptada, o mediante una explicación. Sin embargo, observamos que aún no se había desarrollado plenamente el concepto actual de equivalencia, que se presta a confusiones en el contexto: ¿se refiere a la equivalencia de efectos en el receptor meta26? ¿a la equivalencia semántica? ¿a la equivalencia funcional tal como se concibe hoy en día27?. Según VAZQUEZ AYORA (pág.311):

"(...) formas de transferir una metáfora: con una metáfora equivalente, con una metáfora adaptada o simplemente con la expresión del simple fenómeno. El traductor muchas veces se ve forzado a este último procedimiento en vista de la tendencia del inglés al esquema y a la síntesis"28.

Unas pocas páginas después, el autor especifica más, y afirma (págs.318-319):

"(...) la traducción de una metáfora puede dar lugar a tres operaciones: (a) modulación de una metáfora transformándola en una expresión no metafórica, (b) modulación de una metáfora a un símil y (c) equivalencia de una metáfora con otra".

Respecto a la creación de nuevas metáforas, se preocupa por el tono general de la obra; así, un traductor no debe nunca utilizar la "overtranslation"29 o sobretraducción, pues entonces estaría embelleciendo innecesariamente el Texto Origen30, y de ahí que esta parcela de la traducción requiera del traductor "gran discernimiento, buen gusto y discreción", o de otro modo el resultado sería "un estilo churrigueresco" (pág.312).

6. NEWMARK 1981/1988

NEWMARK en Approaches to Translation31 dedica un espacio considerable a la traducción de las metáforas, aunque peque de caótico, pues éstas aparecen en varios capítulos de modo disperso.

Comienza por evaluar negativamente el estatus tan irrelevante que se le ha dado a la metáfora hasta hace poco, y hace un llamamiento a la gran importancia que tiene. Según él (pág.84):

"the main and one serious purpose of metaphor is to describe an entity, event or quality more comprehensively and concisely and in a more complex way than is possible by using literal language".

Pero el error más grave que ha cometido la investigación sobre la metáfora hasta hoy en día para NEWMARK no reside en las hipótesis sobre el objeto final de la metáfora, sino sobre todo en su función, que hasta ahora se ha considerado relacionada con la ornamentación, la literatura o la poesía, las figuras de dicción y el reflejo de similitudes pre-existentes. Otro gravísimo error que se encarga de subsanar el autor es el que se refiere precisamente a la ubicación de las metáforas (pág.84):

"(...) linguists assume that scientific or technological texts will contain mainly literal language, illustrated by an occasional simile (a more cautious form of metaphor)".

Sin embargo, para el autor la metáfora se basa en un proceso científico observable, que consiste en la percepción de un parecido entre dos fenómenos, objetos o procesos. Dicha similitud a veces es física, pero para NEWMARK la mayoría de las veces se basa en connotaciones.

Una vez desechadas las hipótesis tradicionales que no se consideran pertinentes en una aproximación a la metáfora, se pasa a definir cuidadosamente los términos que se van a utilizar, para que el lector no caiga en confusiones con respecto a denominaciones como "objeto", "imagen", "sentido", etc., ya que en la mayoría de los casos estos vocablos se utilizan de un modo personal que difiere en mayor o menor grado de la acepción considerada estándar. Además, divide las metáforas en cinco grupos de acuerdo con criterios cronológicos, es decir, según la longevidad de la figura; en cuanto a criterios gramaticales, las divide en metáforas "simplex" ("one-word metaphors") y "complex" ("which range from two or more words or idioms through nearly all the proverbs to complete poems", pág.85).

Antes de ver las distinciones que hace NEWMARK, es importante aclarar que el autor, como paso previo, marca diferencias a efectos de traducción entre los diversos tipos textuales: texto informativo, declarativo, vocativo, etc. En segundo lugar, para él es muy importante la consideración del tipo de traducción que se va a elegir: en un extremo estaría la traducción semántica y en el otro la traducción comunicativa32, entendiendo por la primera un mayor acercamiento al Texto Origen, y por la segunda una mayor concentración sobre el Texto Meta33. Así, el autor opina que para cada texto tendría preferencia un tipo de traducción, resultante de la calibración de los distintos factores que entren en juego. Otros elementos que inevitablemente habría que tener en cuenta son (págs.32-33): la metáfora en sí, el objeto al que hace referencia, la imagen (vehículo richardsoniano), y el sentido (tenor de RICHARDSON), además de todos aquellos elementos culturales, universales y personales que puedan influir en el proceso de traducción.

Una vez establecidos los requisitos previos, NEWMARK aporta su definición de la metáfora (pág.125):

"Metaphor is the concrete expression of the ability to see resemblances or contrasted differences (which is one definition of intelligence as well as imagination), the normal sign of innovation in language as is invention in life".

Veamos, pues, los tipos de metáfora (y su traducción) que analiza NEWMARK (págs.85-95):

1) DEAD METAPHORS

Dentro de este punto considera los tipos de metáforas muertas, entre ellas las transparentes y las opacas, aunque sin embargo no aporta ninguna definición de este concepto. En cuanto a la dificultad de traducción, afirma el autor (págs.48-49):

"Normally dead metaphors, being furthest removed from their source, are the easiest metaphors to translate, and their figurative aspect is ignored in SL and TL".

2) CLICHE METAPHORS

Este tipo de metáforas constituiría un área difusa en la que se entremezclarían metáforas muertas y tradicionales; entre las fórmulas que incluye aquí destacan lo que él denomina "stereotyped collocations", que serían de dos tipos: adjetivo figurativo + nombre literal ("filthy lucre") y verbo figurativo + nombre figurativo ("leave no stone unturned"). En cuanto a la traducción, NEWMARK recurre a criterios textuales (pág.87):

"(...) a translator is entitled to get rid of cliché in any informative text (...) and, more riskily, in a 'socially operative' or 'vocative' text (...) such as propaganda or publicity. A translator is not entitled to touch clichés in expressive texts, authoritative statements, laws, regulations, notices, etc".

3) STOCK OR STANDARD METAPHORS

Estas serían las metáforas tradicionales, que se han acuñado a fuerza de uso y que se han incorporado tanto al habla como al diccionario. Puesto que este tipo de figura conforma una especie de depósito cultural en una lengua determinada y por ello refleja lo que el autor denomina "foco cultural"34 de una comunidad lingüística, la dificultad de su traducción sería un parámetro que estaría en relación directamente proporcional a la distancia cultural entre ambos polisistemas (pág.109).

Respecto a la traducción de este subgrupo, NEWMARK nos recuerda repetidamente que, antes de tomar una decisión, es necesario valorar aspectos como la frecuencia de uso de la traducción elegida, la naturalidad de la expresión y su actualización dentro del registro particular en el que se encuadra (pág.48-49):

"In making a decision, the translator has to weigh each option against the relative frequency (and, therefore, naturalness) and currency of the TL equivalent within the appropriate language variety".

4) RECENT OR ORIGINAL METAPHORS

Según el autor, este tipo de figura es "the constitutive form of language" (pág.49); cuanto más original sea la metáfora, es decir, cuanto más se desvíe de la norma lingüística de la Lengua Meta, más razón habrá para una traducción semántica (que se acerque al Texto Origen), puesto que "in its essence it will be remote from common semantic as well as cultural associations" (pág.49). Sin embargo, el autor se contradice, pues después de afirmar que estas figuras se alejan de asociaciones culturales, acto seguido afirma que su traducibilidad dependería del grado de contacto cultural que haya entre la lengua/cultura origen y la meta:

"(..) the translatability (...) is determined by the extent to which the cultural (i.e. referential) experience and semantic (linguistic) associations on which it draws are shared by speakers of the particular TL".

De nuevo se insiste en aspectos que tienen una enorme relevancia a efectos de traducción35, entre ellos la importancia de la metáfora en el contexto, el elemento cultural, el grado de compromiso del lector, su educación, elementos personales, idiolectales, etc.

Para defender su postura y diferenciarla de otras propuestas, hace NEWMARK una crítica de las investigaciones de DAGUT (1976) y KLOEPFER (1967). Respecto al primero, no está de acuerdo en que las metáforas "culturales" sean intraducibles, y reitera que en su opinión DAGUT pasa por alto el hecho de que las metáforas originales en ocasiones tienen menos componente cultural que las expresiones idiomáticas, que para DAGUT sin embargo no constituyen un problema traductológico. En cuanto a KLOEPFER, parece estar más de acuerdo con él; aunque opina que exagera al decir que cuanto más original sea un metáfora más fácil será de traducir, coincide en el principio teórico de que "the image of an original metaphor, unlike that of a stock metaphor, should normally be transferred" (pág.93). Sin embargo, considera la salvedad que existe cuando las metáforas originales que él denomina "de mejor calidad" contienen un doble significado, como los juegos de palabras, polisemias, etc. En estos casos, a no ser que se tenga la enorme suerte de que exista un equivalente más o menos próximo al original, el traductor se verá obligado a elegir entre traducir la figuración o el juego conceptual, dependiendo siempre de la relevancia relativa que tenga cada elemento en el texto.

El último apartado se dedica íntegro al aspecto de la traducción de metáforas de prensa y del argot, iniciativa valiosísima por lo poco frecuente; NEWMARK en poco más de una página denuncia con firmeza la escasa atención que ha recibido este área, y hace un llamamiento al estudio serio de estas metáforas en particular, puesto que hasta ahora no se les había concedido valor de ningún tipo, y para NEWMARK (pág.94): "in serious non-literary texts, original or recent metaphors must be treated with the same respect as those in serious literature". Veamos el llamamiento final que hace el autor (pág.96):

"I hope that linguists will treat it (the translation of metaphor) less trivially than they have up to now".

Como conclusión, veamos las diferentes posibilidades de traducción de la metáfora que NEWMARK considera posibles. El autor, además, hace una valoración evaluativa de las ventajas y posibilidades de cada propuesta (págs.88-91):

(1) Reproducing the same image in the TL, provided the image has comparable frequency and currency in the appropriate register. This procedure is common for one-word metaphors (...) Transfer of complex metaphors or idioms is much rarer, and depends on cultural overlaps.

(2) The translator may replace the image in the SL with a standard TL image which does not clash with the TL culture (...) the images often have to be replaced by a cultural equivalent, unless the translator is trying to inform the reader rather than affect him in a way similar to the SL reader.

(3) Translation of metaphor by simile, retaining the image. This is the obvious way of modifying the shock of a metaphor.

(4) Translation of metaphor (or simile) by simile plus sense (or occasionally, a metaphor plus sense). It has the advantage of combining communicative and semantic translation in addressing itself both to the layman and the expert if there is a risk that the simple transfer of the metaphor will not be understood by most readers.

(5) Conversion of metaphor to sense. In principle, when a metaphor is converted to sense, the sense must be analysed componentially, since the essence of an image is that it is pluridimensional -otherwise literal language would have been used. Further, the sense of an image will usually have an emotive as well as a factual component.

(6) Deletion. If the metaphor is redundant or otiose, there is a case for its deletion, (...) provided the SL text is not authoritative or expressive. A decision of this nature can only be made after the translator has weighed up what he thinks more important and what less important in the text in relation to its intention. A deletion of metaphor can be justified empirically only on the ground that the metaphor's function is being fulfilled elsewhere in the text.

(7) Same metaphor combined with sense. The translator who tranfers an image may wish to ensure that it will be understood by adding a gloss. This suggests a lack of confidence in the metaphor's power and clarity, but it is instructive.

Como hemos podido ver, éste es uno de los análisis más completos y concienzudos que existen hoy en día sobre la metáfora. Quizás se echan en falta dos aspectos: un estudio de los factores que influyen en la traducción, que se mencionan de un modo algo aleatorio, y una aplicación práctica de sus principios a textos concretos, que pruebe que las conclusiones a que ha llegado no son erróneas.

7. VAN DEN BROECK 1981

La primera reacción a las teorías de DAGUT no se hace esperar: en 1981 VAN DEN BROECK publica un artículo sobre la traducibilidad de la metáfora como ejemplo patente de frontera en la posibilidad de traducción. La primera afirmación del autor confirma la posibilidad evidente de generalizar en este campo, puesto que negarlo sería tanto como decir que toda regla universal sobre traducción es algo vacuo (págs.73 y 77):

"To admit the inadequacy of generalizations about the translatability of metaphor is to admit that translation theory as a whole is an absurd undertaking, since it then should be incapable of accounting for the translation of one of the most frequent phenomena in language use (...) it may content itself with the more modest task of laying bare some of the hidden mechanisms governing the translation of metaphor and their theoretic degree of translatability".

"(...) the theory of translation cannot be expected to specify how metaphors should be translated. What it can attempt, then, is to set up models according to which the observable phenomena can properly be described".

Por primera vez se propone un modelo científico y operativo para la descripción del fenómeno36, modelo que según el autor debe comprender al menos cuatro pasos fundamentales (pág.74):

1. Una definición adecuada y válida de la metáfora.

2. Una enumeración de los diferentes métodos que existen de transferencia de esta figura.

3. Una especificación de los contextos o diversas relaciones estructurales en que puede aparecer implicada la metáfora para poder establecer una relación entre estos elementos contextuales y las restricciones de traducción de la figura.

4. Una catalogación de las normas que según la teoría de la traducción impondrían sus límites en el tratamiento interlingüístico de la metáfora.

VAN DEN BROECK propone una triple división de la figura:

a) Aquellas metáforas que han perdido su excepcionalidad y se han visto lexicalizadas hasta formar parte del inventario semántico de una lengua: "(...) those that have gradually lost their uniqueness and have become part of the established semantic stock or 'lexicon' of the language" (págs.74-75). Bajo esta categoría se clasificaría toda metáfora congelada, gradación que comprendería desde los "formators" ("in the face of", "beforehand", etc.) hasta los "idioms" o expresiones idiomáticas ("lay heads together"), pasando por "single lexical items" ("to harbour evil thoughts"). Dentro de este grupo habría variaciones en cuanto a grados de "petrificación"37.

b) Metáforas tradicionales o convencionales, que han quedado "institucionalizadas" 38en el sentido de que se las asocia con una determinada corriente literaria: pertenecerían exclusivamente al terreno literario y no pueden expandirse más allá del período y generación a los que pertenecen.

c) Metáforas privadas o individuales, que surgen de la creatividad innovadora de los poetas o de los particulares.

A pesar de todo, otra vez nos encontramos ante una clasificación sin límites claros, pues la metáfora parece ser un fenómeno tan sumamente dinámico38 que escapa a estas categorizaciones. En cuanto a la división según el uso y "validez" a la hora de traducir, VAN DEN BROECK distingue entre metáforas "functionally relevant", es decir, relevantes en cuanto a su función comunicativa en el texto, y las que no lo son, o, lo que es lo mismo, "creative metaphor"39 y "decorative metaphor"40. Según el autor, habría por lo tanto tres formas de traducir las metáforas (pág.77):

1. TRADUCCION SENSU STRICTO, en la que se transfieren tanto el tenor como el vehículo. Según el vehículo sea traducible o no, podríamos encontrarnos con dos situaciones:

a) Traducción idiomática, si los dos vehículos se corresponden.

b) Anomalía o innovación semántica, cuando los vehículos difieren.

2. SUSTITUCION: el vehículo de la LO se ve reemplazado por otro diferente en la LM, compartiendo sin embargo el tenor ambas versiones.

3. PARAFRASIS: en la LM aparece una expresión no metafórica que explica la metáfora original.

Sin embargo, el panorama se complica cuando la metáfora de la LO está basada ya no en una violación semántica, sino en una peculiaridad gramatical del sistema origen, que impide en muchos casos su reproducción al no haber puntos de coincidencia entre la Lengua Origen y la Lengua Meta. Otra dificultad añadida serían las convenciones estéticas de ambos sistemas41. Este caso es muy frecuente, según VAN DEN BROECK, en el campo de las metáforas privadas o poéticas. Por el contrario, las convencionales se muestran propicias a la traducción al haber pasado a formar parte de la herencia cultural de la humanidad (al menos en el mundo civilizado), como son los casos de la herencia greco-latina, etc.; el único problema que acecha es su "over-translation" o sobretraducción, es decir, el intento de crear una metáfora original donde lo único que hay es una convencional. En cuanto a las metáforas lexicalizadas, VAN DEN BROECK parece querer enfatizar que su dificultad de traducción es mucho mayor de la que hasta ahora se había creído (pág.82):

"(...) the treatment of lexicalized metaphors will entirely depend on their functional relevancy to the communicative situation in which they occur".

Y parece ser que esta dificultad se debe a dos factores fundamentalmente: en primer lugar, a la llamada42 "l'illusion du traducteur", que disocia en la interpretación de éste lo que es cliché o lugar común de la Lengua Origen, confundiéndolo con la creación propia del autor y por tanto no diferenciando lo uno de lo otro. El segundo escollo vendría a través de la explotación de las posibilidades del lenguaje mediante los juegos de palabras43, que harían que una expresión determinada pudiera interpretarse de modo literal y metafórico a la vez44. Este recurso se utiliza a menudo en los juegos de palabras o "puns"45. También podemos encontrarnos con la técnica denominada "foregrounding", que consiste en llamar la atención sobre el lenguaje en sí, "desautomatizarlo". Para VAN DEN BROECK, este tipo de "foregrounded idioms" (expresiones idiomáticas con relevancia funcional) constituiría los mismos límites de la traducibilidad, pues el anisomorfismo entre lenguas sólo en muy raras ocasiones permite una equivalencia en la que el significado "literal" y el figurativo se entrecrucen.

Todas estas reflexiones llevan al autor a la elaboración de una regla básica sobre la traducibilidad de estas figuras (pág.84):

"(...) translatability keeps an inverse proportion with the quantity of information manifested by the metaphor and the degree to which this information is structured in a text. The less the quantity of information conveyed by a metaphor and the less complex the structural relations into which it enters in a text, the more translatable this metaphor will be, and vice versa".

Por tanto, podemos deducir que la traducibilidad de una metáfora será muy alta cuando (pág.84):

1) los idiomas respectivos tengan puntos de coincidencia, al menos en los niveles más elementales, y haya contacto entre ellos.

2) la evolución cultural de dichas lenguas siga líneas más o menos paralelas.

3) la traducción abarque sólo información unívoca y no compleja.

Una vez deducida la regla general, podemos expandir ésta en especificaciones más particulares (pág.84):

1) Las metáforas lexicalizadas de textos referenciales (sin relevancia funcional) presentan una alta traducibilidad.

2) Las metáforas léxicas "foregrounded" que aparecen en textos complejos tienen una traducibilidad muy baja, pues compilan mucha información además de agentes contextuales, poéticos y metalingüísticos.

3) Las metáforas "privadas" en textos literarios presentan mayor traducibilidad que las metáforas convencionales, pues manifiestan menos vínculos culturales.

4) Las metáforas decorativas son más fáciles de traducir que las creativas, pues al ser menos relevantes para la función comunicativa del texto, pueden ser reemplazadas por equivalentes específicos de la LM o por una simple paráfrasis.

Respecto a las restricciones contextuales, el traductor habrá de escoger entre dos opciones (y su elección se verá influida por el tipo de texto que esté traduciendo):

1) La "domesticación"46 de la metáfora, sometiéndola a las normas polisistémicas de la Lengua Meta.

2) la traducción sensu stricto o retentiva, que resaltaría lo "exótico", lo propio de la Lengua Origen47.

La elección de una postura o de la otra dependería por completo del contexto y las convenciones48 con que nos encontremos en el polisistema meta.

VAN DEN BROECK, por tanto, descubre de modo patente mediante reglas generalizadoras que "(...) the translation of metaphors, together with the other literary devices, is subjected to higher hierarchies of constraints than merely linguistic ones" (págs.85-86). Además, para él incluso en aquellos casos en que exista un equivalente natural en la LM, se puede dar la circunstancia de que la situación contextual prevenga el uso de dicho término (pág.86):

"Even when, for example, the TL may possess an item that corresponds perfectly to a given SL metaphor, the norms governing these models may neutralize the serviceability of the former".


CONTINUACIÓN