Nunca prediques porque tienes que decir algo,
sino porque tienes algo que decir.

(Richard Whately)

 

CONCLUSION

Como hemos ido viendo a lo largo de este trabajo, la metáfora es un fenómeno muchísimo más complejo de lo que parece a primera vista. No solamente es versátil hasta el punto de aparecer casi bajo cualquier forma1 , sino que además es sumamente dinámica y dúctil, y sus fronteras se modifican constantemente. Además, la aproximación a este fenómeno no puede ni debe hacerse de un modo monolítico, sino que requiere un estudio interdisciplinar que logre cubrir todas las características inherentes a la figura desde diversos puntos de vista.

Otro aspecto que hemos estudiado y que es fundamental para desechar teorías tradicionalistas es que la metáfora no es parcela ni exclusiva ni propia de la literatura; es más, apenas podemos hablar sin metáforas, aunque no seamos conscientes de ello. Tampoco es aceptable la división que se solía hacer entre lenguaje literal y lenguaje figurado, ni es cierto que el primero sea el origen del segundo, lo cual sería tanto como afirmar que el Castellano es el origen del Catalán, el Gallego o el Valenciano, cuando cada uno es una entidad diferente con atributos propios. Hemos de aceptar definitivamente que tanto el lenguaje literal como el figurado necesitan igualmente del contexto para su interpretación, pero no sólo del contexto comunicativo y/o lingüístico, sino también del contexto de modelos mentales del receptor.

También es interesante la cognición de esta figura, que no se basaría en un proceso de dos fases (literal primero y después metafórico), como ha demostrado la Psico-Lingüística, sino que tendría sus propios mecanismos.

Hemos derrumbado igualmente el tópico de la relación de similitud como base de la creación de una metáfora, pues en realidad la analogía no crea por sí sola trazados metafóricos, sino que son nuestros modelos metafísicos acerca del mundo los que determinan esos trazados conceptuales.

En cuanto a las conclusiones que atañen a los Estudios de Traducción, extraemos varias:

1. La metáfora, al basarse en lo que BLACK denomina "systems of commonplaces" (que equivale a los supertipos de la jerarquía de tipos dinámica de WAY), contiene un elevado porcentaje de referencias culturales que dificultan enormemente su trasvase interlingüístico.

2. Casi todos los autores acuden a una clasificación externa de la metáfora como parámetro útil para su traducción; sin embargo, y a pesar de que no neguemos que puede ser de ayuda, hay metáforas que por su misma naturaleza escapan a estos encasillamientos. Por otra parte, toda clasificación que acuda a criterios cronológicos del tipo "metáfora muerta" o "metáfora original" es necesariamente sincrónica y perecedera por la propia naturaleza dinámica de la figura.

3. En general se da por sentado que la auténtica dificultad es la traducción de la metáfora, y muy pocos se refieren a que, en muchas ocasiones, el problema parece consistir no tanto en si la metáfora es traducible o no, sino hasta qué punto es interpretable o decodificable dentro de la Lengua Origen.

4. Casi todos los autores están de acuerdo en que la máxima que ha de guiar la traducción de la metáfora no es tanto la igualdad semántica o formal como la equivalencia de efectos en el receptor de la Lengua Meta.

5. Otro factor relevante es la equiparación de tono o registro entre ambos polisistemas, que además ha de respetar las salvedades de cada lengua; las metáforas sufren procesos de lexicalización de diferente naturaleza y a diferente velocidad en cada lengua, y por ello es esencial la cuestión del uso lingüístico como parámetro que ha de guiar una traducción que se atenga a la frecuencia y estatus de cada metáfora.

6. Las generalizaciones que se hagan sobre la traducción de la figura se han de atener a binomios textuales, ya que el trasvase es un proceso único que ha de someterse a criterios restrictivos, entre los cuales figuran el lector meta medio y su idiosincrasia, el objetivo que ha de cumplir la traducción, etc. Todos estos criterios han de evaluarse a priori de modo que el traductor seleccione unas estrategias determinadas según el propósito que tenga en mente.

7. En general, no se está de acuerdo en si el mayor problema reside en la infratraducción ("undertranslation") o, por el contrario, la sobretraducción ("overtranslation"), pero sí se acepta que casi todos los métodos de traducción de la metáfora presentan un grado ineludible de pérdida.

8. En muchas ocasiones la "intraducibilidad" surge de la explotación consciente de los recursos formales de la Lengua Origen que hace el autor de la obra, lo cual fuerza al traductor a buscar mediante la Lingüística Contrastiva un efecto similar en la Lengua Meta; de igual modo influiría el grado de carga informativa y connotativa que contenga la figura.

9. Casi todos los teóricos consideran que las notas, tanto intratextuales como extratextuales, no son una solución adecuada para la traducción de la metáfora, pues se tiende a reservarlas como último recurso de trasvase.

10. Las posturas en cuanto a la "traducibilidad" se polarizan, pues las tres aproximaciones fundamentales que se adoptan ni siquiera están de acuerdo en sus planteamientos básicos: la primera afirma que la metáfora es totalmente traducible (aunque haya que recurrir a una explicación); la segunda, que la metáfora es absolutamente intraducible por ser un fenómeno de creación única e irrepetible, y la última afirma que ni siquiera existe el problema de la traducción de la metáfora. En realidad, nuestra opinión es que es traducible en tanto en cuanto se le da una respuesta interlingüística2 ; lo realmente importante es evaluar las consecuencias comunicativas que tiene cada tipo de trasvase, así como ver la validez relativa del modelo de traducción que se ha elegido respecto de las normas vigentes.

11. Haciendo un compendio de todas las investigaciones llevadas a cabo por los autores estudiados, podemos afirmar que los futuros trabajos sobre la traducción de la metáfora habrán de analizar, ineludiblemente, los parámetros de variación que presenta la traducción de la figura3 según los siguientes factores:

Todos estos razonamientos nos llevan a concluir definitivamente que necesitamos de modo apremiante:

1. Una definición adecuada, funcional y práctica de la metáfora, que sea extensiva e inclusiva a la vez y que dé cuenta de todas las posibilidades que comprende esta figura. Por ende, ha de ser una formulación flexible para que pueda adaptarse al dinamismo que caracteriza la evolución de la metáfora.

2. Un estudio de la influencia que pueden tener en la traducción de la metáfora factores intratextuales y extratextuales como el contexto, las relaciones estructurales, las referencias culturales, los objetivos de la propia traducción, las exigencias comunicativas del medio en que se desarrolla ésta, las convenciones genéricas y expresivas del polisistema meta, la influencia de lengua y cultura meta sobre el Texto Origen, presión de tiempo, etc.

3. Una sistematización de las posibilidades de traducción que presenta la figura en relación con todos estos factores. De nuevo, ha de ser una sistematización flexible que se ajuste a la versatilidad de la metáfora.

Todos estos elementos figuran dentro de las necesidades de primer orden que existen hoy en día en los Estudios de Traducción, y sin ellos es imposible arremeter la investigación de la "traducibilidad" de la metáfora, al menos desde un punto de vista descriptivo.


NOTAS


El presente texto fue publicado previamente como parte la obra de Eva Samaniego Fernández, La traducción de la metáfora (1996), Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valladolid. ISBN: 84-7762-638-3


© Eva Samaniego Fernández 1996, 1998


El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero9/e_samanf.html