FUNCIÓN METALINGÜÍSTICA
Y USO DEL LENGUAJE


Dra. Ana María Vigara Tauste
Profesora Titular
Dpto. Filología Española III
CC. Información - Universidad Complutense de Madrid


A Mercedes Gómez del Manzano,
persona excepcional, compañera y amiga,
que ha dejado vacío, tan por sorpresa, su lugar
junto a nosotros. Con una sonrisa, como ella querría.

 

0. Como es sabido, el concepto de función metalingüística y su ámbito de aplicación han quedado tradicionalmente reducidos a esos casos en que el lenguaje se convierte en el referente explícito de la comunicación y surge el metalenguaje. Las múltiples excepciones que podemos encontrar con frecuencia en las descripciones de los lingüistas suelen ser simples usos "intuitivos" de muy útil aplicación práctica, pero poco acordes con el desarrollo teórico (escaso) alcanzado por esta función, sin duda, junto con la fática, una de las más descuidadas.

1. De función metalingüística habla por primera vez -que sepamos- Roman Jakobson en 1956, en una "disertación" presentada en la Linguistic Society of America y publicada veinte años más tarde bajo el título "Metalanguage as a Linguistic Problem"1. Según su propia confesión, Jakobson calca el término metalenguaje del lógico polaco Alfred Tarski, primero, al parecer, que encerró entre comillas los signos (palabras, expresiones) cuando eran objeto de mención (y no de uso)2. A su vez, la distinción

a) uso: los signos son nombres de las entidades (extralingüísticas) que designan (p.e.: "Necesito un bolígrafo para escribir");

b) mención: los signos son nombres de sí mismos, etiquetas lingüísticas de entidades también lingüísticas (ej. "Bolígrafo es lo que yo he dicho")

es introducida por el lógico norteamericano W.V. Quine hacia 1940 y tiene como base la teoría de la jerarquía de lenguajes propuesta por Bertrand Russell (1922) en su "Introducción" al Tractatus Logico-Philosophicus de L. Wittgenstein para evitar la paradoja semántica derivada de uno de los principios explícitos en la obra: "Lo que puede ser mostrado no puede ser dicho"3. En clarificadoras palabras de Agustín García Calvo:

La palabra rosa, mientras está nombrando rosas, no se nombra a sí misma como cosa, y si se la nombra como cosa, en ese trance no nombra rosas ni cosa alguna4.

La afirmación de Wittgenstein, central en su concepción del Tractatus, causa extrañeza en Russell, puesto que "después de todo, Wittgenstein encuentra el modo de decir una buena cantidad de cosas sobre aquello de lo que nada puede decir"5, y lo hace con un lenguaje (el lenguaje filosófico) que, de por sí, no expresa hechos, se limita a mostrarlos, "sugiriendo así [Wittgenstein] al lector escéptico la posible existencia de una salida, bien a través de la jerarquía de lenguajes, o bien de cualquier otro modo"6. Consecuentemente, Russell propone distinguir entre lenguaje-objeto (aquel del que el lenguaje usado habla) y metalenguaje (lenguaje con el que se habla)7, y tal distinción permite además preservar el principio de no inefabilidad del lenguaje ("Todo lo que puede ser pensado puede ser dicho").

Jakobson habla, en su momento, de función metalingüística o glosadora, asignando al término "metalenguaje" un significado equivalente al que en el paradigma tendría un término como "metateoría". Si ésta podría ser descrita como la teoría "que hace de la(s) teoría(s) el objeto de su reflexión", el metalenguaje podría definirse como el lenguaje "que hace del lenguaje el objeto de su reflexión".

2. Muy poco ha añadido la lingüística, desde su propia perspectiva, a esta concepción filosófica que está en el origen de la función metalingüística y que ha llevado de hecho a la identificación reductora de ésta con el llamado metalenguaje (o lenguaje con el que se habla acerca del lenguaje) y a considerarla una función "externa", de categoría "secundaria", que sólo "ocasionalmente" y "por manipulación" se emplea y que ha gozado, salvo excepciones, del olvido de los lingüistas8.

2.1. Básicamente, dos son los argumentos con que se relega a las funciones fática y metalingüística, que es la que ahora nos interesa, a la categoría de secundarias:

a) la ausencia de rasgos formales que permitan identificarlas inequívocamente; y

b) la imposibilidad de aislar en los enunciados una función fática o metalingüística en rigor diferenciada de verdad de la apelativa y referencial, respectivamente.

En efecto, reducida al metalenguaje9, la función metalingüística (en adelante, FM) queda limitada a ciertas estructuras típicas como la mención ("Bolígrafo es lo que yo he dicho") o la llamada frase ecuacional, típica de las definiciones ("La mesa es un objeto de cuatro patas"); estructuras, como se ve, en nada diferentes de "Bolígrafo es lo que yo necesito" y "La mesa es un objeto bonito", si no es con criterios estrictamente semánticos. Así, pues, desde el punto de vista formal, parece que se trata de un uso particular de la función referencial o representativa en el que se toma como referente al propio lenguaje (en lugar de una realidad extralingüística).

Esta reducción es seguramente la principal responsable del abandono en que se ha tenido el estudio de esta función y de su minusvaloración (sorprendería comprobar lo poco que se habla de ella en la literatura lingüística, hasta donde hemos podido conocer), sobre todo teniendo en cuenta que no hay -que sepamos- ningún impedimento "teórico" explícito ni sugerido en Jakobson, su introductor, y referencia imprescindible en los estudios posteriores.

Al contrario: como todos seguramente hemos sospechado alguna vez, la presencia de la FM no se limita en nuestros actos comunicativos a los casos normalmente descritos, en los que el lenguaje se convierte en el referente explícito de la comunicación (definiciones del diccionario, clase de lengua, explicaciones puntuales sobre el significado...). En realidad, su importancia va mucho más allá, como ya sugieren el título del trabajo de Weinrich (De la cotidianidad del metalenguaje)10 y el propio Jakobson cuando dice:

Como el Jourdain de Molière, quien empleaba la prosa sin saber que era prosa, practicamos el metalenguaje sin percatarnos del carácter metalingüístico de nuestras declaraciones. Lejos de limitarse a la esfera de la ciencia, las operaciones metalingüísticas resultan ser una parte integral de nuestras actividades verbales11.

Habla además este autor del "control metalingüístico bajo el cual se efectúan muchas operaciones verbales" (p.e., la creación de palabras derivadas), de las "operaciones metalingüísticas que se llevan a cabo en la traducción", del metalenguaje como "factor vital de todo desarrollo verbal (en los niños)"; y cierra su artículo con estas palabras:

Nos damos cuenta con una claridad aún mayor de que todo mensaje verbal en la selección y combinación de sus constituyentes implica un recurso a un código dado y que un conjunto de operaciones metalingüísticas latentes subyace a este armazón perpetuo12.

Apunta así Jakobson, al hilo de sus explicaciones, numerosas sugerencias interesantísimas, que nunca desarrolla y que tampoco han encontrado eco teórico posterior.

2.2. Para ampliar, pues, legítimamente, el campo de acción y consideración de la FM, de acuerdo incluso con las sugerencias del propio Jakobson, bastaría:

a) por una parte, con ampliar los criterios de consideración teórica, como M.A. Garrido Gallardo, y hablar de criterios formales y/o semánticos: "Las funciones se traducen en la huella formal y/o semántica dejada en el mensaje por su orientación a cada uno de los elementos del proceso comunicativo"13;

b) por otra, con tener en cuenta algo esencial que parece haberse olvidado: si la FM es una constante en la comunicación, en nuestra vida, es, sin duda, porque el lenguaje humano no sólo es el único (/"lenguaje" animal) capacitado para hacer uso de ella (reflexividad), sino que está confinado, definitivamente condicionado por tal característica.

A ello podemos añadir que, como afirma M. Yaguello, "la comunicación humana se distingue de las otras formas de comunicación por el hecho de que no tiene necesariamente como finalidad la información [de la realidad extralingüística]"14 y mientras que el resto de las funciones pueden ser expresadas por medios no lingüísticos (mímica, gestos...) o ser asumidas por otros sistemas de signos, la FM es la única de las seis funciones inseparable del lenguaje (y exclusivamente humana), dado que está centrada sobre el código y su funcionamiento.

Por eso estamos "invadidos" de FM, porque, inevitablemente, todo uso lingüístico hace referencia a su propio código,

todo hablante ejerce una actividad metalingüística inconsciente, aunque no fuese más que porque todo acto de habla representa una serie de elecciones que remiten a un código, cuya adquisición, en el niño, se acompaña de un trabajo de análisis que no por [no] ser percibido es menos considerable15,

y hasta la designación que damos o dejamos de dar a las cosas es una cuestión metalingüística16. Y por eso también, aunque casi siempre intuitivamente, los psicólogos hablan de conductas y de habilidades metalingüísticas17, comprendemos sin dificultad que muchas veces el efecto cómico de nuestros chistes favoritos reside en el conocimiento metalingüístico que aplicamos a/en ellos18, y los propios lingüistas hemos hablado muchas veces de FM en ejemplos que no son "de metalenguaje" y, a pesar de todo, nadie se ha atrevido a discutírnoslo.

3. Así, pues, aunque seguramente no podremos llegar tan lejos como Jakobson sugería en su trabajo y nuestras últimas palabras defienden, contamos con un buen punto de partida para intentar establecer racionalmente la extensión del ámbito (teórico, práctico) de la FM: la constatación elemental, aunque intuitiva todavía, de que hay comportamientos lingüísticos que facilitan (intencional o involuntariamente) información acerca del funcionamiento y de las posibilidades del código.

Y obsérvese que hablo de "comportamientos lingüísticos", puesto que las llamadas "funciones del lenguaje" no son sino funciones de los signos lingüísticos actualizados, concebidas por Jakobson para mejor comprender el papel de los agentes en la realidad de la comunicación. Por eso, una vez abstraído el concepto de FM, cuando Jakobson tiene que justificar su presencia en el proceso comunicativo, acude a facilitar las razones del comportamiento lingüístico de los interlocutores que en él intervienen:

Siempre que el remitente y/o el destinatario necesitan comprobar si están utilizando el mismo código, el habla se centra sobre el código, y de esta forma realiza una función metalingüística (o glosadora).19

Y en este mismo marco del lenguaje en interacción inscribe Weinrich sus observaciones acerca del metalenguaje: "Siempre que al hablar se producen perturbaciones o dificultades en la comprensión, los interlocutores intentan aclarar por procedimientos metalingüísticos la comprensión del texto problemático"20. Creemos, sin embargo, que desde este punto de vista es lícito matizar y ampliar el alcance "metalingüístico" que tanto Jakobson como Weinrich atribuyen a nuestro comportamiento comunicativo y esbozar una posible clasificación de la FM que nos permita un estudio más racional de ella.

Normalmente, en el proceso de codificación-interpretación de un mensaje verbal se produce un acto de contextualización de los diferentes signos, de manera que asignamos espontáneamente a cada uno de ellos un determinado significado que contribuye de forma coherente al sentido del conjunto: es lo que hemos llamado automatismo verbal-psicológico.

Dicho de otro modo: un significante (p.e., /amór/) nos conduce mentalmente (='significado') a un determinado referente "extralingüístico" que adquiere contextualmente sentido en el acto comunicativo21: 'delicadeza', 'blandura, suavidad' (los padres castigan a sus hijos con...), 'afán' (amor propio), 'cariño', 'persona amable', 'antónimo de odio', 'pasión', 'acto sexual'. etc. De modo que, en la realidad comunicativa, el funcionamiento del código se basa en un sencillo principio (entre otros, claro está), que es el de que la asociación significante-significado-sentido es un automatismo verbal-psicológico. O, si se quiere, un automatismo verbal-psicológico-social, dado que el hablante recibe simultáneamente de la comunidad en que se integra tanto el sistema de lengua como su modo de empleo.

3.1. Si por cualquier motivo aparecen perturbaciones o "dificultades" en el funcionamiento espontáneo de este automatismo verbal (bien en el proceso codificador o bien en el de interpretación), surge la reflexión metalingüística y, con frecuencia (pero no siempre), el metalenguaje, la conducta metalingüística explícita.

Así, por ejemplo, la conciencia que Fortunata tiene acerca de su escaso conocimiento del código le impiden comunicarse con fluidez e incluso la inducen en ocasiones a una deficiente comprensión del mensaje. Sin embargo, la reflexión metalingüística que se hace el personaje no da lugar en ninguno de los dos casos que siguen a la aparición del metalenguaje en su enunciación:

* -indicó Fortunata, agradecida-, porque yo soy náu...
Iba a decir náufraga; pero temiendo no pronunciar bien palabra tan difícil, la guardó para otra ocasión, diciendo para sí: "No metamos la pata sin necesidad".
(B. Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, Hernando, Madrid, 1975, pág. 397)

* Fortunata apoyó esta idea [de Maxi: "prefiero los inmuebles"] con un signo de cabeza; mas no estaba segura de lo que significaba la palabra inmueble, ni quería tampoco preguntarlo. Ello debía de ser lo contrario de muebles. Maxi la sacó de dudas más tarde, hablando de us olivares y viñas y de la buena cosecha que se anunciaba; por lo cual vino a entender que inmuebles es lo mismo que decir árboles.
(Ibídem, pág. 408)22

Cuando el metalenguaje aparece (explicaciones del narrador, en los ejemplos anteriores), la función metalingüística constituye un fin en sí misma y el lenguaje es fuente de conocimiento acerca del propio lenguaje. Ésta es la función metalingüística explícita (primer miembro de nuestra clasificación), la tradicionalmente estudiada, cuya "cotidianidad" es, como Weinrich sostiene, innegable. Aparece en espontáneas actividades de desambiaguación ("He dicho 'pana', no 'gana'") o de reflexión sobre terminología ("A los niños se les llama 'guachos' en La Manchuela"), en el lenguaje técnico de los profesores de lengua23, en las diversas operaciones de traducción ("No hay palabra en castellano para traducir el gallego 'xeito', 'xeitoso'"), en aprendizaje y enseñanza de lenguas, con preguntas concretas o correcciones sobre la pronunciación o la ortografía correctas ("¿Con cuántas 'pes' se escribe 'suppose'?"), sobre el significado o la propiedad de una palabra o expresión ("Aquí tienes que usar 'like', no 'as'"), sobre su formación gramatical, etcétera.

3.2. Pero la FM aparece también con mucha frecuencia implícita (segundo miembro de nuestra clasificación), como instrumento que sirve a otros fines (humor, actividad literaria, lúdica, simple interacción...), a modo de reflexión (más o menos consciente) que se hace sobre el código o su funcionamiento o de juego con sus posibilidades de relación significante-significado-sentido.

Nuestras actividades cotidianas nos proporcionan también numerosísimos ejemplos de esta FM implícita, poco o nada estudiada, que aparece ligada a otras funciones, con las que, obviamente, no es incompatible. Y en todos ellos podemos rastrear la presencia de la FM porque, aun cuando la finalidad primaria del acto comunicativo en que se insertan no sea la de informar acerca del propio lenguaje, en algún momento del proceso comunicativo, el emisor o el receptor han tomado el código (o su funcionamiento) como "referente".

Así, en el siguiente ejemplo:

* Hallábase en la planta baja [del antiguo Bodegón de Botín] Mariano de Cavia y un su íntimo amigo y "concurdáneo" ocupados en trasegar unas botellas cuando vieron bajar de un reservado a [...],24

difícilmente llegaríamos al significado de "concurdáneao" sin pasar previamente por el significante "curda" y desglosar metalingüísticamente en el neologismo:

a) con- (prefijo: 'compañero'; cp. 'consuegro, conciudadano'),

b) curda (lexema: 'borrachera'),

c) -áneo (sufijo: cp. 'coetáneo','con-temporáneo'),

(concurdáneo: 'coetáneo compañero de curdas'). Y aunque no siempre podremos delimitar claramente el carácter de la actividad metalingüística implicada en los ejemplos, nos ha parecido que podemos establecer todavía una nueva subdivisión dentro de este apartado según tal conducta responda o no a una clara intención de "manipulación lingüística" por parte de los hablantes.

3.2.1. Los ejemplos más numerosos corresponden, con mucho, a casos de reflexión metalingüística (implícita), en los que se supone que se hace un empleo intencional del recurso al código como referente:

* -Este tío es gilipuertas, eh...

-Giliventanas.

Esto no quiere decir que la actividad metalingüística implicada en el acto de habla sea consciente, sino simplemente que es intencionada; es decir, la meta que se persigue (manipulación lingüística) puede ser consciente, pero no siempre tiene por qué serlo el proceso; proceso por el cual, en un momento determinado, alguno de los interlocutores ha recurrido a información "lingüística" en la comunicación, desglosando sobre el eufemismo "gilipuertas" dos constituyentes y asociando a uno de ellos (cuyo significante conduce a un significado independiente del contexto: 'puertas'), un significante (/bentánas/) que adquiere ocasional y contextualmente sentido en la creación léxica (hablaban de alguien que acababa de golpearse por segunda vez con una ventana).

Naturalmente, la lengua escrita (y particularmente la literaria) es, dadas sus condiciones de actualización, más propicia para la aparición de este tipo de conducta metalingüística reflexiva que la oral-conversacional, caracterizada por su inmediatez, fugacidad, intrascendencia e improvisación formal. Sin embargo, salvo excepciones lógicas como las relacionadas con la manipulación gráfica, privativa, como es de suponer, del registro escrito, salvo excepciones de este tipo -decía-, los procedimientos empleados son sustancialmente los mismos en las diversas modalidades. Lo que varía en cada una de ellas es, más que el procedimiento pragmático-lingüístico que la FM adopta para hacerse presente (implicarse) en el enunciado, la razón de su presencia en él.

Se trata, no lo olvidemos, de enunciados cuya finalidad primaria no es la de informar acerca del lenguaje; por eso no surge el metalenguaje, sino una conducta que podemos describir como "metalingüística" y que se inscribe en el acto de habla con fines no propiamente "informativos", al servicio unas veces de la función poética o de la voluntad de estilo del autor; de la simple connotación ingeniosa, otras; de la expresividad en la interacción, de la función lúdica o de una mayor eficacia comunicativa para con el receptor, etc.

Aunque sin pretensiones de exhaustividad (dado que, más que buscarlos, nos han ido "asaltando", inesperadamente, a lo largo del período en que preparábamos este trabajo), presentamos ahora unos cuantos ejemplos, agrupados convencionalmente según el carácter del recurso lingüístico empleado, con los cuales pretendemos, sobre todo, mostrar la abundancia y frecuencia de esa conducta metalingüística (reflexiva) implícita de que venimos hablando. La detallada explicación de todos y cada uno de ellos llevaría mucho más tiempo y espacio de los que ahora disponemos; todos son, sin embargo, suficientemente representativos -creemos-, en la medida en que en todos podemos identificar un determinado procedimiento lingüístico(estilístico) cuya descripción revelaría justamente ese paso en que se interrumpe y altera (en el plano codificador, en el interpretativo o en ambos) el automatismo verbal-psicológico de realización del sentido. Veámoslo.

a) * Me apasiona el hoy, pero siempre desde el ayer (¿me hapasiona, dije?), y es así cómo a mi edad el pasado se vuelve presente y el presente es un extraño y confuso futuro donde [...]
(Julio Cortázar, Rayuela, EDHASA, Barcelona, 91980, pág. 84)

El origen de la conducta metalingüística de Oliveira está en la extrañeza que siente ante su elección léxica (exagerada, para lo racional y frío de su carácter). La alteración en la forma gráfica de la palabra (apasiona > hapasiona) es a la vez consecuencia de la reflexión metalingüística que surge en el personaje y de la que utiliza el narrador con el fin de transmitir, sin intervenir con su propia voz, la actitud del personaje al lector, obligándole, a su vez, a la reflexión metalingüística también. De este modo, la creación del autor actúa simultáneamente en los tres planos comunicativos de la narración (el del personaje, el del narrador, el del lector), como en el siguiente ejemplo:

* -[...] Pero te voy a hacer una cita penúltima. Tú la recuerdas -no me preguntaba, me decía-. "C'est qu'il y a de tragique dans la Mort, c'est qu'elle transforme notre vie en destin".
-Es bien conocida -dije con Sorna. En estos casos procuro no estar solo.
(G. Cabrera Infante, Tres tristes tigres, Seix Barral, Barcelona, 1971, pág. 342),

en el que hay un triple aprovechamiento de recursos metalingüísticos: gráfico (S- mayúscula, indicativa de nombre propio), morfológico (-a, terminación habitual para el femenino) y sintáctico-semántico (combinación de preposición con y "nombre propio femenino": compañía: "En estos casos procuro no estar solo").

b) * Pureza. Horrible palabra. Puré y después za. Date un poco cuenta. El jugo que le hubiera sacado Brisset.

(J. Cortázar, Rayuela, cit., pág. 92)

El desglose morfosemántico que aparece en este ejemplo actúa simultáneamente sobre la forma y sobre el contenido, identificando (y obligando al lector a reconocer) en los componentes unidades de significación inéditas. De este modo, tanto emisor como receptor tienen que acudir, en un determinado momento de la comunicación, a información propiamente lingüística, que es la que lúdicamente se asocia con la extralingüística transmitida. Es lo mismo que ocurría en el ejemplo, antes visto, de giliventanas y que ocurre en este otro, perteneciente también al registro coloquial:

* -Ah, claro, por supuesto

-Por tupuesto; tutéame, por favor

 

c) * ALICIA: ¿Querría ser tan amable de parar un minuto?

EL REY: Ciertamente soy tan amable, pero me faltan las fuerzas. Ya sabes lo terriblemente veloz que pasa un minuto; sería como intentar alcanzar a una estrella fugaz,

EL aprovechamiento intencional por parte de L. Carroll (no sabemos si también por parte del personaje) de las posibilidades de la polisemia hace elegir al Rey la opción significativa menos acorde con el contexto, lo que provoca la extrañeza metalingüística en Alicia y, por añadidura, en el lector, que, espontáneamente, contextualizan de modo diferente tanto la expresión realzada en el ejemplo como el acto de habla (no literal) realizado mediante la pregunta. Éste es también uno de los procedimientos predilectos del chiste popular, que sorprende al receptor resolviendo el sentido del texto de la forma menos esperada por el contexto, provocando su risa:

* Bueno, un argentino que pasa por aduana y le preguntan, diz [con tono argentino nativo]: "Nombre". Dice: "Oscar". Dice: "Apellido". "García". Dice: "Nacionalidad". "Argentino". Dice: "Sexo". Dice: "Enoorme, desproporcionado..."

d) * Cuando yo era capaz de recoger ese recado celular, una savia -¿sabia?- calma me embargaba
(Marta Portal, Pago de traición, Planeta, Barcelona, 1983, pág. 40)

Mientras que en la comunicación estándar la homonimia raramente provoca ambigüedad (el contexto se encarga de realizar uno u otro sentido), su aprovechamiento metalingüístico consciente induce en el receptor asociaciones léxicas connotativas que amplían expresivamente el grado informativo del mensaje, obligándole a relacionar metalingüísticamente los varios significados implicados. Éste es, sin duda, uno de los procedimientos favoritos de los titulares de prensa, sobre todo en las secciones de "opinión" y en los suplementos, donde son particularmente pródigos:

* Sobre guerras, golfos y otras tribulaciones (Diario 16, 13-1-91, pág. 9)

[Juan Guerra + guerra en el Golfo Pérsico]

 

e) * [...] Arsenio Cué solamente, que organizó un sonido rugiente mientras daba un corte para evitar arrollar a un hombre gordo. El pesado peatón se aligeró por el susto y ganó la acera o perdió la calle de un brinco y quedó en el contén haciendo giros, cabriolas [...]

(G. Cabrera Infante, Tres tristes tigres, cit., pág. 368)

Sin duda, una de las actividades más claramente metalingüísticas es, junto con la etimológica, que veremos a continuación, la de la búsqueda de sinónimos, que supone un recurso (antieconómico) al código de la lengua, hecho casi siempre al margen de las necesidades comunicativas. En el ejemplo anterior, la sinonimia se realiza mediante la contraposición de contrarios aparentes ("ganó la acera"="perdió la calle"), al servicio de la expresividad y de la función poética. El empleo intencional de sinónimos es una constante en los periodistas del área cultural, que, obligados a un cierto lenguaje técnico y a una comunicación fluida con el lector, buscan la variedad sin caer en la imprecisión25. Y puede aparecer, por distintos motivos, casi siempre de carácter expresivo o lúdico, en la lengua coloquial:

* -¿Estás mal, cariño?

-Mejor que bien

Tan bien estás?

-No, quiero decir más bien mal que bien, o sea, más mal que bien

 

f) * Yo creo que los Golfines, aunque aparentemente venimos de maragato, tenemos sangre inglesa en nuestras venas... Hasta nuestro apellido parece que es de pura casta sajona. Yo lo descompondría de este modo: Gold, oro...; to find, hallar... Es, como si dijéramos, buscador de oro...

(B. Pérez Galdós, Marianela, Edit. Hispania, Argentina, sin fecha, pág. 63)

Como el personaje de Galdós, los hablantes buscan muchas veces la razón del nombre de las cosas, aunque no siempre consciente o intencionalmente (excluimos, pues, por el momento, las etimologías poulares). Como generalmente la relación entre significante y significado es arbitraria, convencional, los hablantes deben acudir a información lingüística, la única que les permite fundamentar, dentro del sistema, un determinado significado en una palabra. En la lengua hablada podemos encontrar, como en la escrita, casos de reflexión etimológica:

* ¿Y el salchichón por qué se llama cular, porque es de culo?

* Tú sí que eres urbana; pero urbana de urbenidad, no de urbanidad,

casos de deformación etimológica (intencional, expresiva):

* burrocracia, sociolisto (cp. "socialista"), televicio, pechonalidad y coñocimiento, mal de muchos consuelo de tantos...

y casos de atribución etimológica errónea (etimología popular de semieruditos), como la que relaciona a "homosexual" con 'hombre' en vez de con 'mismo', o la que atribuye el origen de la palabra "penetración" a 'pene'26.

g) * Un joven me miró despacio de pies a cabeza y dijo con cierto entusiasmo:

-¡Viva el glorioso movimiento!

Por lo visto quería hacer propaganda política a la salida del templo. Esperaba que yo respondiera: ¡Viva! Pero no respondí porque soy extranjera. Lo oyó mi novio, se le acercó y le dio una bofetada.

(R. J. Sender, La tesis de Nancy, Magisterio Español, Madrid, 1969, pág. XXXX)

Las unidades fraseológicas, de valor unitario y semánticamente fosilizadas, permiten jugar fácilmente con las posibilidades de relación significante-significado-sentido y romper con el automatismo verbal, bien descontextualizándolas, como se hace en el ejemplo anterior, bien simplemente deformándolas ("antes de que te pongas de mal yogur..."), aprovechándolas connotativamente para contextos nuevos ("La salud del pie, por los suelos", rezaba un titular de Diario 16, 13-1-91, pág. 17) o interpretándolas literalmente:

* ¿Sabes una cosa? A las aves... tener un hijo les cuesta un huevo

(Pedro Reyes, TV, "No te rías que es peor").

La productividad de la lengua viva permite además derivar expresiones nuevas a partir de una unidad fraseológica: debemos, así, pasar por la información puramente lingüística antes de llegar al pleno significado del mensaje. Esto es lo que ocurre cuando, asociando con la expresión "hacer pared" ('pases cortos con devolución inmediata entre compañeros de equipo'), el aficionado se queja en el campo de fútbol: "¡Ya estamos con los edificios...!"

h) * Y desde ese punto de vista, Alfonso Guerra sé que es capaz de hacer muchas maniobras... orquestales en la oscuridad que ... (Periodista, A-3 TV, 12-12-92) [grupo inglés de música: Orchestral Manoeuvres in the Dark]

Aunque poco frecuente en la lengua coloquial, dados sus condicionamientos, la intertextualidad nos conduce también a una determinada información lingüística que tenemos ya asociada a otro determinado contexto y que es preciso recontextualizar, de acuerdo con las nuevas circunstancias comunicativas. El ejemplo siguiente (titular de Diario 16, 13-1-91, pág. 59) pertenece al registro escrito, donde es mucho más usual; el último, a un anuncio televisivo:

* El Atlético reescribió "la venganza... a don Mendo"

[Ramón Mendoza + venganza de Schuster, poco menos que expulsado del Real Madrid, el que "marca las diferencias" ahora en el Atlético de Madrid + intertextualidad y deformación de > a]

* "PASSAT: 2001 mm: una odisea del espacio"

(Volkswagen Passat; con música de "Así habló Zaratustra", original de Strauss, versión de Eumir Deodato para la película de Stanley Kubrik que popularizó el título-texto del anuncio]

i) * Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban [...]

El comienzo del conocido capítulo 68 de Rayuela27 nos sirve como ejemplo de fonosimbolismo, fenómeno por el cual la asociación de los sonidos de una palabra (conocida o no) con los de otra palabra (conocida y significativa) provoca una asociación de sentido (asociación, pues, interna a la lengua). Aunque el fonosimbolismo es, en lo esencial, "interno" al lenguaje (¿pueden los sonidos, por sí mismos, sugerir significados?) y constituye la base de figuras como la aliteración, la verdad es que sus posibilidades raramente son conscientemente empleadas más allá del registro escrito, al que pertenece también el siguiente ejemplo de La venganza de don Mendo:

* Para asaltar torreones
cuatro Quiñones son pocos.
¡Hacen falta más Quiñones!

Títulos como Los Inrockuptibles (una revista de música:"rock" + "incorruptible": lo/s que del rock permanece/n) o anuncios publicitarios como el de "Feliz Navidul" (con la mayúscula de "Navidul" incluida) se basan en la asociación fonosimbólica de constituyentes morfológicos o léxicos normalmente no asociables (lo cual invita, en todo caso, a la reflexión metalingüística).

j) * Abel Sánchez y Joaquín Monegro (Unamuno)

Fortunata y Jacinta, Benina (Galdós)

Si aceptamos que los nombres propios son meras etiquetas identificativas sin significado, no tendremos más remedio que admitir que su empleo "significativo" nos conduce a una información "lingüística" antes que a la información extralingüística que se les atribuye, unas veces haciendo uso del fonosimbolismo ("Abel/Joaquín Monegro", en la novela de Unamuno Abel Sánchez; cp. "Caín/Abel"), otras aprovechando sus resonancias etimológicas ("Fortunata: afortunada"; "Jacinta: bella"; "Benina: benigna, bondadosa, la que tiene piedad"), y otras, en fin, deformándolos a conveniencia (a Alfonso Guerra se atribuye la conversión de Monseñor "Innocenti", ex-nuncio de Su Santidad, en "Culpabili").

k) * Roma-amor (anacíclico)

Salvador Dalí-Avida Dollars (anagrama)

Anita lava la tina; amigo no gima; así le ama Elisa (palindromos)

* A este Lopico, lo pico. Con dados ganan condados (calambur)

¿Usted no nada nada? Es que no traja traje (retruécano: aprovechamiento de la homonimia)

* [Léanse por su nombre los signos de puntuación que aparezcan]

La niña que gaste . y no tenga cono que , tiene que vender el . para que con el . coma (chascarrillo)

También los juegos de palabras, generalmente intrascendentes, basados unas veces en la forma gráfica (anacíclicos, anagramas, palindromos) , otras, en el sonido o forma fónica (calambur, en la segmentación; retruécano) y otras, en fin, en la combinación peculiar de los componentes (chascarrillo del ejemplo), requieren para ser usados una cierta "reflexión metalingüística", pues es obvio que no conducen directamente a un determinado significado; son, más bien, asignificativos y suelen desviar la atención de los hablantes-oyentes hacia el carácter lúdico del acto de habla.

 

l) * Lecciones de inglés del calendario de Gomaespuma para 1992:

* Qué= What

De= Of

Sastre= Taylor

¡Qué desastre! = What of taylor! (viernes 13-3)

* Te pareces a Marilyn Monroe:

Tea pair shit to sea and lemon rode

Lúdicos también, pero más difíciles de explicar, son estos ejemplos, que aprovechan peculiarmente el mecanismo de la traducción palabra-a-palabra: los autores desglosan primero, mediante una nueva segmentación de la secuencia de la lengua de origen (el español, en este caso), nuevos constituyentes significativos, a partir de los cuales traducen palabra a palabra, significado a significado, a la segunda lengua (el inglés). De modo que la traducción de "Te pareces a Marilyn Monroe" es, en realidad, la traslación palabra a palabra (unas veces de acuerdo con el significado; otras, como la última plabra, por simple aproximación fónica) de:

te par heces a mar y li()món roe

tea pair shit to sea and lemon rode

... Un estudio más detallado podría, en fin, multiplicar los ejemplos de conducta metalingüística (implícita) reflexiva. Aunque aparentemente muy variados, hay un rasgo común que los caracteriza: en todos los casos, el fenómeno descrito (aprovechamiento de la homonimia, búsqueda sinonímica, fonosimbolismo...) está causado por/provoca (o ambas cosas) la ruptura del automatismo verbal, insertando reflexión metalingüística en un proceso comunicativo cuya finalidad no es primariamente la de informar acerca del lenguaje. Frustrada la expectativa del receptor, su atención se ve momentáneamente desviada desde la posibilidades "lógicas" de sentido atribuibles a (y en) una determinada situación, al funcionamiento del sistema de la propia lengua implicada.

3.2.2. Pero hay también, aunque se muestra con frecuencia mucho menor y no siempre es fácil de identificar, conducta metalingüística irreflexiva (implícita). En estos casos se recurre aintencionalmente (como "sin querer ni saber") al código como referente, produciéndose una desviación (inconsciente) en el proceso normal de automatismo verbal, desviación que genera, a su vez, un nuevo automatismo del que, con frecuencia, los hablantes tampoco son conscientes.

Una compañera profesora de inglés en un instituto de bachillerato me comentaba divertida que todavía no había conseguido nunca pronunciar en sus clases la palabra picture sin oír a continuación la risita de alguno o varios de sus alumnos, que la asociaban, por proximidad fonética, con "picha". Los profesores de lengua y de literatura podemos contar también algo parecido respecto de Follas novas (la obra de Rosalía de Castro) o del tecnicismo aparato fonador, que los alumnos asocian automáticamente con el tabú sexual. Éste es un caso típico y representativo, creemos, de conducta metalingüística irreflexiva (por parte de los alumnos), parecida a la que conduce al pueblo llano a interpretar espontánea y erróneamente condonar como derivado de "condón" e hijo putativo como eufemismo semiculto de "hijo de puta" (por asociación etimológica); si bien en casos como estos tal conducta (psicológica, interna) no suele dar lugar a manifestación verbal alguna que nos permita rastrear a posteriori "en el lenguaje", en el enunciado, la función metalingüística.

Creemos, sin embargo, que algunos ejemplos sí nos permiten identificar en los enunciados una función metalingüística implícita que no responde a una manipulación intencional por parte de los hablantes, los cuales tampoco suelen ser conscientes de los resultados (salvo deformación profesional: el caso del lingüista). Concretamente, como ya sugería Jakobson, casi todos los que nos revelan un empleo analógico espontáneo del sistema, tales como la regularización/irregularización de las formas verbales:

* Yo conducí un milquinientos y era la gloria,

las creaciones léxicas:

* Ha llovido, o niebleao o lo que sea ¿sabes?

* ¿Por qué eseas? ['hacer eses con el coche'],

etcétera. Y a todos ellos podemos añadir la etimología popular, según la cual un determinado significante (p.e. 'inquilino') se asocia con otro, que tiene un significado "próximo" al que el hablante interpreta de "debe de tener" el primero ('alquilar, el que alquila'); como el hablante no es consciente de esta asociación, que le hace perder conciencia de la relación forma-significado en la palabra original, adapta y adopta un nombre nuevo para el concepto que poseía ('inquilino' > 'alquilino'). Así, esparadrapo se convierte en esparatrapo, latrocinio en ladrocinio, renacuajo en ranacuajo, mandarina en mondarina, arañar en aruñar, puente levadizo en puente elevadizo, visto para sentencia en listo para sentencia, etc.28

No sabríamos, en cambio, si encuadrar dentro de la conducta metalingüística reflexiva o dentro de la irreflexiva los ejemplos que nuestros escolares dejan en sus ejercicios y exámenes. A Manuel Alvar Ezquerra debo éste en que una alumna define la función fálica (que no fática) como aquella "mediante la cual se introduce en el canal aquello que se quiere transmitir". Y si éste, como muchas de las respuestas que podemos encontrar en las múltiples "antologías del disparate" que circulan, del tipo:

* ¿Qué es un monopolio? Es un mono con parálisis

¿Para qué sirven los dientes caninos? Son los dientes de los perros y sirven para comer

¿Qué es leísmo? Creo que es la facultad de leer mucho

Ovíparos: los que tienen un par de huevos,

nos parecen, intuitivamente, no intencionales ni conscientes, otros, en cambio, probablemente no tenemos más remedio que atribuírselos al ingenio personal del alumno:

* ¿Conoces algún vegetal sin flores? Conozco

Ejemplo de oraciones finales: "Esto se ha acabado"

Pon en latín el siguiente comparativo: "más bueno que el pan"

Respuesta: Foie-gras La Piara

 

4. Los ejemplos, podrían, en fin, multiplicarse, dado que no parece a priori que los distintos fenómenos sean exclusivos de alguno de los diferentes registros. Aunque es lógico que unos resulten más representativos que otros. La conducta metalingüística irreflexiva es característica de la lengua oral (inmediatez, fugacidad, espontaneidad), aunque, naturalmente, también pueden aparecer fenómenos de irreflexión metalingüística en la lengua escrita. Y a la inversa; como hemos visto, también la reflexión aparece en la lengua oral; de hecho, casi todos conocemos a alguna persona con habilidades metalingüísticas particularmente desarrolladas, que nos sorprenden continuamente con su modo peculiar de interpretar "lingüísticamente" lo que para los demás no es sino reflejo (más o menos apropiado o torpe) de la realidad extralingüística. Uno de mis compañeros, por ejemplo, que ante preguntas de sus alumnos como "¿Tenemos límite para escribir [el examen]?", es capaz de responder: "Procure no salirse del papel"; o, en otra ocasión, ante "¿Podemos cambiar el orden de las preguntas?", afirmar tajantemente y sin titubear: "No, cambie el de las respuestas, por favor".

La casi indiscriminada aparición de los ejemplos confirma -creo- la tesis fundamental de este trabajo: concebida como "connotación del código" en el mensaje, la FM es una constante en nuestras vidas y parte esencial de muchos de nuestros intercambios comunicativos. Puede actuar, como hemos visto, tanto en la dimensión codificadora como en la decodificadora o interpretativa, y básicamente de dos formas: poniendo expresamente en relación el lenguaje con el lenguaje (FM explícita), y jugando con las posibilidades de asociación significante-significado-sentido (transformando en algún momento del proceso comunicativo la información "extralingüística" en "lingüística", aunque ésta aparezca al servicio de otros fines).

La función metalingüística es, además, importantísima en cualquiera de sus manifestaciones. Sin metalenguaje no podríamos aprender otras lenguas ni estudiar una lengua o un lenguaje en particular (lo cual, además, nos dejaría sin trabajo ni vocación a los lingüistas). Como se ha afirmado29, el metalenguaje cumple un papel esencial en el aprendizaje infantil de la lengua: los niños comparan sus nuevas adquisiciones con las antiguas y su forma de hablar con la de los adultos, discuten con viveza sobre formas, sonidos, significados, sinónimos y homónimos, construcciones... Nuestras habilidades metalingüísticas30 son determinantes en actividades y problemas cotidianos como la interpretación de textos (saber que algo está escrito de "esta" manera y debe interpretarse de "tal" modo y no de tal otro), juzgar y crear el estilo literario, entender juegos de palabras, aprender una segunda lengua, crear y/o interpretar expresiones ambiguas, reír ante ciertos lapsus linguae ("Ponme un bocadillo de cerveza y una coca-cola"), sacar puntuación alta en un test de inteligencia, comprender/interpretar bien a algunos de nuestros semejantes, y jugar: al ahorcado, al scrabble, a las películas; hacer crucigramas, resolver jeroglíficos...31

 

 

NOTAS:

(1) Roman Jakobson, "El metalenguaje como problema lingüístico" (1956), recogido en El marco del lenguaje, Fondo de Cultura Económica, Méjico, 1980, pp. 81-91; y en Obras selectas (I), Gredos, Madrid, 1988, pp. 369-376. Su conocidísima conferencia sobre "Lingüística y poética" data de dos años más tarde (1958), pero fue publicada mucho antes, de ahí no sólo que sea mucho más conocida, sino que se la haya considerado tradicionalmente la fuente primera de su doctrina sobre las funciones del lenguaje; sin embargo, las consideraciones generales que sobre las funciones del lenguaje hace en la conferencia de 1958 repiten casi literalmente las de "Metalanguage as a Linguistic Problem" (1956).

(2) La costumbre continúa vigente entre los lógicos, que suelen utilizar comillas simples en estos casos; y ha pasado como norma a la lengua escrita usual, que emplea comillas dobles, subrayado o cursiva.

(3) Rastreamos estos datos en el Diccionario de filosofía de José Ferrater Mora, Edit. Suramericana, Buenos Aires, 1975, vol. II, s.v. "metalenguaje". También en Alianza, Madrid, 1982, 3 vols.

(4) Artículo "Lenguaje" del Diccionario de terminología científico-social (dir. R. Reyes), Anthropos, Barcelona 1988; recogido en Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje, Lucina, Madrid, 1989, pp. 17-25 (cita pág. 17). Marina Yaguello (Alicia en el país del lenguaje. Para comprender la lingüística, Mascarón, Madrid, 1983, págs. 26-29) simplifica aún más en su "principio que resume la función metalingüística": "La palabra 'perro' no ladra" (pág. 27). Esto, a su vez, es lo que, en el orden pictórico, había expresado agudamente René Magritte al colocar bajo su dibujo de pipa el letrero "Esto no es una pipa" (éste y otros letreros similares los pone Emma Martinell en relación con el estudio de las ideas lingüísticas; véase su trabajo publicado en las Actas del Congreso de la Sociedad Española de Lingüística XX Aniversario, Gredos, Madrid, 1990).

(5) Bertrand Russell, "Introducción" a L. Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus, Alianza Universidad, Madrid, 1973, pág. 27 (trad. E. Tierno Galván).

(6) B. Russell, ibídem.

(7) Para Coseriu, "'Lenguaje primario' y 'metalenguaje'" (1977); véase en Principios de semántica estructural, Gredos, Madrid, 21991 (reimp.), págs. 107-109.

(8) "Secundaria", "externa", "ocasional" y "por manipulación" son precisamente algunos de los especificativos con que muchas veces se han descrito las tres funciones del lenguaje que Jakobson añade al esquema inicial de K. Bühler, frente a las otras tres, consideradas casi unánimemente "internas" y "primarias". Véanse, por ejemplo, los trabajos de Miguel A. Garrido Gallardo, "Todavía sobre las funciones externas del lenguaje", RSEL, 8, 1978, 461-480; Salvador Gutiérrez Ordóñez, "Del uso metalingüístico", Archivum, 37-38/1987-88 (Miscelánea Filológica Dedicada al Profesor Jesús Neira), págs. 5-19; Guillermo Rojo, "Función del lenguaje y dimensiones del lenguaje", ap. 1.5. de El lenguaje, las lenguas y la lingüística (Lalia, 1), Univ. de Santiago de Compostela, 1986, págs. 23-26; Ramón Trujillo, "Semántica y funciones del lenguaje", en Elementos de semántica lingüística, Cátedra, Madrid, 1976, págs. 17-36.

(9) Aunque siempre dentro del esquema filosófico esbozado, el metalenguaje sí ha sido suficientemente estudiado, y sus características bien analizadas. De acuerdo con Salvador Gutiérrez Ordóñez (obra citada): a) el fenómeno del metalenguaje se ciñe al campo léxico (los usos metalingüísticos no son sino "incrustaciones de signos especiales en el cañamazo sintáctico del lenguaje ordinario"); b) una "gramática" del uso metalingüístico incluye, entre otros, los siguientes puntos: todo segmento usado metalingüísticamente se comporta (en el lenguaje-objeto) como sustantivo y ve neutralizadas sus marcas morfemáticas (equivalentes siempre a las de tercera persona, como en el caso del sustantivo: "Bah tiene tres letras"); como segmento mencionado no precisa requisitos formales de actualización (artículos, etc.); todo elemento significante del lenguaje primario puede convertirse en nombre de sí mismo (y tiene entonces un comportamiento similar al de los nombres propios).

(10) Harald Weinrich, "De la cotidianidad del metalenguaje" (1976), en Lenguaje en textos, Gredos, Madrid, 1981, págs. 110-139.

(11) R. Jakobso, 2El metalenguaje como problema lingüístico", cit., pág. 372 (las cursivas son nuestras).

(12) R. Jakobson, ibídem, pág. 376 (las cursivas son nuestras).

(13) M.A. Garrido Gallardo, obra citada en nota 8, pág. 475.

(14) Marina Yaguello, Alicia en el país del lenguaje, Mascarón, Madrid, pág. 13.

(15) Marina Yaguello, obra citada en nota anterior, pág. 11.

(16) Esto lo saben bien los medios de comunicación, que hacen generalmente una selección léxica acorde con sus interesas: "etarras, asesinos, banda de criminales, libertadores del pueblo...".

(17) Véase Susana López Ornat, "Las habilidades metalingüísticas", en Miquel Siguán (coord), Estudios de psicolingüística, Pirámide, Madrid, 1986, págs. 135-146.

(18) Pude comprobarlo en un estudio que sobre el chiste popular realicé con una "ayuda a la creación literaria" del Ministerio de Cultura, donde dediqué un apartado a "experimentación metalingüística". Este trabajo, con leves modificaciones, se encuentra actualmente en proceso de publicación en Ediciones Complutense (Madrid).

(19) Obra citada, pág. 372.

(20) Harald Weinrich, "De la cotidianidad el metalenguaje", cit., págs. 114-115.

(21) Naturalmente, el proceso puede también realizarse en dirección contraria, según nuestro papel sea el de receptor o el de emisor.

(22) El metalenguaje sí lo emplea, en cambio, el narrador, para explicarnos, desde su punto de vista omnisciente, los sentimientos de Fortunata.

(23) Metalenguaje que, por (de)formación profesional, no es, lógicamente, el mismo que el del pueblo llano. Cf., por otra parte, E. Coseriu, "Determinación y entorno", pág. 233: "aislada de sus contextos, la frase es otra: es nombre de la frase real e implica un traslado del lenguaje primario al 'metalenguaje'" (en Teoría del lenguaje y lingüística general, Gredos, Madrid, 31978, págs. 282-323.

(24) Julio Casares, El humorismo y otros ensayos, Obras completas, vol. VI, Espasa-Calpe, Madrid, 1961, pág. 202

(25) Manuel Seco llega a mencionar hasta dieciséis sinónimos, extraídos de las páginas culturales, para "exposición (de pintura)": muestra, muestrario, manifestación, edición expositiva, presentación, exhibiicón, oferta, antológica, colectiva, conmemorativa, retrospectiva, bienal... (véase "El lenguaje del área cultural", en Varios, Cultura en periodismo, Fundación Juan March, Serie Universitaria, Madrid, 1979, págs. 75-90)

(26) En su mayor parte, los ejemplos de etimología que aparecen, descontextualizados, en este trabajo, tanto en este apartado como en el siguiente, los he tomado de Gonzalo Ortega Ojeda, "La etimología popular: un estudio filológico", Serta Gratulatoria in Honorem Juan Régulo. I. Filología, Univ. de La Laguna, 1984, págs. 543-550. El autor explica que ya San Isidoro de Sevilla relacionó 'camisa' (< 'camisia') con 'cama', "porque con ella estamos en la cama" (etimología popular semierudita).

(27) Julio Cortázar, Rayuela, EDHASA, Barcelona, 1977, pág. 428.

(28) Estos ejemplos y muchos más puede encontrarlos el lector en el trabajo de Gonzalo Ortega Ojeda, citado.

(29) Véase R. Jakobson, obra citada, pp. 375.

(30) Véase el trabajo de Susana López Ornat, citado.

(31) E incluso, en algunos casos, para evitar ciertas disfunciones de carácter psíquico: "La afasia puede ser descrita como la pérdida de la capacidad para llevar a cabo operaciones metalingüísticas" (R. Jakobson).


© Ana María Vigara Tauste 1992, 1998

Publicado previamente en Epos, nº 8, 1992, pp. 123-141.

El URL de este documento es "http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero9/fmetalin.html"