Román Reyes (Dir): Diccionario Crítico de Ciencias Sociales

Dialéctica, realidad, sociología  
 
María Teresa Fernández y Elena Ron
Universidad Complutense de Madrid

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La Sociología, que emerge con la Revolución Burguesa, se configura a lo largo de la historia como ciencia de conocimiento de la sociedad, de su organización, o de alguna de sus partes o condiciones, siendo, por su parte, la actividad del sociólogo la realización del análisis y, en su caso, la valoración sobre ese objeto de conocimiento, la sociedad. El conocimiento sociológico, de esta forma, queda restringido a la producción de la representación de la realidad social, deteniéndose ante la transformación de esa realidad, con la que realmente culmina todo proceso de conocimiento (de producción de la verdad).

Por el contrario, la 'sociología dialéctica' -cuyo origen teórico se situa en el pensamiento marxista- parte del presupuesto de que en toda sociedad existe una posición enfrentada (dialéctica) entre los miembros de esa sociedad y los sistemas sociales en que se organizan, cuando sus miembros se situan en la posición de sujetos. Esto es, que la realidad social objeto de la Sociología es dialéctica -cualquier unidad social encierra su contradicción y por ello su dynamis o posibilidad de resolución de esa contradicción-, lo que necesariamente conlleva en la actividad investigadora sociológica la formulación de un proyecto (utopía) primero, y más tarde la producción de un cambio. Desde esta perspectiva dialéctica se recupera la unidad del proceso de conocimiento en sentido pleno, que hoy se encuentra escindido.

En este sentido, entendemos que la actividad del conocimiento en sentido pleno (el conocimiento no parcelado) secuencialmente comprende: 1) la significación del objeto que se pretende conocer a partir de la autorreferencia del sujeto que la realiza (subjetivación); 2) la construcción de su representación simbólica de forma que le permita operar sobre esta representación; 3) la realización de un proyecto de transformación desde su propia significación; 4) la producción del correspondiente plan de acción para realizarlo; y 5) la realización del plan y ajuste del objeto conocido al proyecto (objetivación-registro material). El conocimiento, en este sentido pleno, permite al individuo sujeto afirmarse frente al medio y no ser mera representación de un orden social exterior a él.

Por otra parte, desde esta perspectiva dialéctica la capacidad y actividad de conocer (la condición de sujeto de conocimiento) se situa en todos, hombres y mujeres. Ni la división del trabajo, ni la distribución funcional de una población en la organización social, ni la división jerárquica, ni cualquier otra división por muy eficaz y operativa que aparezca, puede justificar el que se prive a ningún miembro de la sociedad de su capacidad de conocer, de ser sujeto. Si el objeto de la Sociología es el conocimiento de la sociedad y/o de alguna de sus partes con el fin de transformarla para que la organización social sirva a sus miembros en el despliegue de sus potencialidades, parece evidente que el sujeto de esa actividad no puede ser otro que los propios miembros de la sociedad y/o de cada una de sus partes.

Se trata, en definitiva, de colocar a la población en la posición de sujeto que conoce, sacándola de la posición de objeto a conocer en que hoy se encuentra, entre otras razones, por la expropiación y desigual atribución del poder que se realiza desde el sistema social y, por ende, del ejercicio de la Sociología.

La organización del sistema se estructura sobre funciones jerarquizadas y especializadas (el ejercicio de la Sociología es una de ellas), lo que conforma diferentes posiciones (de poder) sociales de la población, también jerarquizadas y especializadas. A cada una de esas posiciones se le atribuye el poder necesario para el ejercicio de la función sistémica correspondiente, lo que significa, necesariamente, la privación y expropiación a otros de ese poder. Pero también, significa que la atribución del poder que el sistema reserva a un sujeto determinado, un sociólogo, por ejemplo, para el ejercicio de su profesión, coloca a éste en una falsa posición de sujeto, por su dependencia al sujeto del poder social atribuyente.

La constatación de que por ese 'despiezamiento' de la actividad de conocer registrada en la sociedad la población se encuentra privada de esa capacidad de conocer y de su ejercicio, obliga a que en la perspectiva dialéctica se incluya el mecanismo adecuado para desbloquearla y producirla.

En su realización práctica, las técnicas sociológicas dialécticas nacidas del pensamiento de Marx tomaron la forma de revolución proletaria. La 'toma de conciencia' de los proletarios suponía su conversión en sujetos no sólo de la Historia, sino, antes que otra cosa y más fundamentalmente, en los sujetos del conocimiento que la comprendía, que la realizaba a la vez que conformaba su 'verdad', su carácter 'científico'. Lo que para él marca el final de la prehistoria y el principio de la historia de la humanidad es que la historia sea hecha conscientemente por mujeres y hombres, y para hombres y mujeres que, al recuperar la capacidad plena de conocer, recuperaban esa condición humana de la que habían sido expropiados.

El diseño genial de las técnicas sociológicas dialécticas quedaba así escrito en las páginas en blanco del pensamiento. Lo malo es que quienes las transcribieron en la Historia cometieron errores de bulto. Sustituyeron a las personas por la clase, a ésta por el partido, al partido por sus dirigentes y a éstos por el 'padrecito' y, en lugar de transformar la sociedad capitalista en una sociedad democrática, construyeron una dictadura bloqueando ellos mismos la virtualidad del pensamiento del que la revolución proletaria había nacido. El cataclismo que ha producido el hundimiento del poder expropiado al pueblo en nombre del proletariado y que está alcanzando al más modesto de los dirigentes del más modesto de los partidos comunistas, libera al pensamiento de Marx del marxismo y permite que en el campo de la investigación y de la práctica de la sociología aparezca la perspectiva dialéctica como una salida de simple coherencia democrática.

Las técnicas sociológicas articuladas por una perspectiva dialéctica ensayan llevar adelante, en la práctica, lo que en teoría se admite: colocar a la población en la posición de sujeto que conoce sacándola de la posición del objeto a conocer. Tienen, al propio tiempo, la pretensión de devolver a la actividad de conocimiento de la sociedad su quehacer 'natural', es decir, la pretensión de 'verdad' que todo conocimiento tiene para desde esa 'verdad' transformar el medio para que se ajuste a la verdad valorativa (subjetiva) producida por el sujeto de conocimiento. Esta es la sociología que reclama una sociedad democrática.

Entre nosotros ha sido Jesús Ibáñez quien ha introducido la reflexión sobre la relación que existe entre las técnicas sociológicas y las lógicas que las presiden, colocando a las técnicas dialécticas sobre el futuro todavía incierto de las transformaciones democráticas. En estas técnicas señala como paradigmática a la 'asamblea', sujeto social colectivo capaz de conocer/transformar a la sociedad o a alguna de sus partes.

La 'asamblea' como técnica sociológica es hoy un sueño o una 'utopía'. Cuantos ensayos se han realizado para que funcione como instrumento y organización social de conocimiento/transformación han fracasado. La función social de la 'asamblea' se ha limitado a la toma de decisiones sobre opciones alternativas previamente producidas desde su exterioridad y, en el mejor de los casos, previo un período de información a sus miembros; información producida y significada también desde fuera de la 'asamblea'. Es en esas afueras y exterioridades donde se realiza una buena parte de las actividades en que consiste el conocimiento y su pretensión de 'verdad'. Los mecanismos mismos de constitución, organización y funcionamiento de la 'asamblea' son escasamente operativos y en la mayor parte de los casos escasamente democráticos.

Este problema no puede obviarse y la existencia de la Sociología como disciplina científica y de los sociólogos como expertos socialmente 'capacitados' para ejercerla, nos dan las claves, o al menos una de ellas, para ensayar resolverlo y para la comprensión de lo que hoy llamamos 'técnicas sociológicas dialécticas'.

En la base del problema se encuentra la cuestión de 'la capacidad de los que teóricamente deben conformar la asamblea en tanto técnica de conocimiento', su capacidad de conocer en sentido pleno -significar al objeto, diseñar el proyecto para su transformación y transformarlo para ajustarlo al proyecto-, ya que el ejercicio de esta capacidad compleja se encuentra hoy funcionalmente dividido en una multitud de grupos sociales con diversas profesiones y organizados en relaciones asimétricas según los poderes que tengan socialmente atribuidos, y todo ello de forma no siempre, ni siquiera generalmente, democrática, lo que hace que en las personas teóricamente miembros de la 'asamblea' aparezcan capacidades desplegadas y desarrolladas junto a capacidades potencialmente existentes pero bloqueadas, cuando no desaparecidas en la práctica.

Estas incapacidades individuales relativas, desigualmente distribuidas entre los miembros de una posible 'asamblea', en cuanto dificultad real de esta técnica, se dobla por una segunda incapacidad que, para distinguirla de la primera que afecta al poder individual, calificamos de social. Incapacidad de coordinarse y ponerse de acuerdo para realizar actividades posibles socialmente pero imposibles si pretenden realizarse individualmente, como, por cierto, son la casi totalidad de las que requieren el conocimiento (de 'lo social') que estamos considerando como actividad de la 'asamblea'.

Las técnicas dialécticas que hoy empiezan a desarrollarse en el campo de la investigación sociológica, se enfrentan con esta base previa del problema ya que sin resolverla parece inútil plantear su paradigma: la 'asamblea'. Por tanto, las técnicas dialécticas ensayan el despliegue de los individuos como sujetos activos de conocimiento para que la 'asamblea' termine funcionando como instrumento de los colectivos de ejercicio de su actividad de sujetos con competencias actualizadas y capacidad plena de conocimiento.

Lo interesante es la comprensión de que el desplazamiento de la actividad de sujeto a los miembros de la sociedad supone la implantación de estructuras metodológicas complejas producidas con el amplio combinado de técnicas a veces no dialécticas pero en un orden tal que las convierte en supuestos 'analizadores' con un contenido provocador e interactivo. Ello unido a técnicas propiamente dialécticas en cuanto desencadenantes de ese cambio de posiciones a los miembros de la sociedad con poder social capaz de ser ellos los sujetos del conocimiento pleno: 'exposiciones dinámicas', 'juegos de simulación', 'grupos de afinidad' (desarrolladas por Equipo de Estudios "EDE"), 'sociopsiconálisis' (Mandel), 'socioanálisis' (Lapassade) y todas aquellas a incorporar que sirvan a este fin, ya que la relativa novedad de estas técnicas en el campo de la Sociología y la escasa aplicación de las mismas las convierte en terreno virgen en donde cabe la incorporación de múltiples más.


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