Román Reyes (Dir): Diccionario Crítico de Ciencias Sociales

Movimientos indígenas  
 
José M. Fernández Fernández
Universidad Complutense de Madrid

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Uno de los fenómenos sociales de mayor relieve en la América Latina de finales del siglo XX es la emergencia de los pueblos indios. En las dos últimas décadas se ha producido un crecimiento rápido y dinámico de las numerosas organizaciones indias que, desde un amplio abanico de posiciones ideológicas y de modo cada vez más coordinado, han confluido en un amplio movimiento de dimensiones continentales, exigen la autodeterminación de los pueblos indios y la redefinición de los estados nacionales como estados multiétnicos y pluriculturales. A partir de ahora cualquier proyecto político serio debe tenerlos en cuenta.

 La impetuosa irrupción del movimiento indio en el escenario social latinoamericano parece desmentir las hipótesis que en torno a la década de los sesenta , en plena euforia desarrollista, formularon algunos antropólogos (ver Adams, 1964), sobre progresiva e irreversible aculturación, "ladinización" o "cholificación", de los indios a medida que se modernizasen las sociedades latinoamericanas. Los actuales movimientos de reivindicación étnica aparecen en el momento en que la cultura y sociedad de los pueblos indios se ven más amenazadas. Para compensar su debilidad las comunidades indias han iniciado un proceso de reconstrucción de su identidad étnica que revierta la atomización localista a que les redujo la dominación colonial y de una identidad panindia que les permita articular sus luchas a nivel continental.

 La cuestión india ha cambiado de modo significativo desde que en los años sesenta numerosos investigadores dieron la alarma sobre la destrucción de la civilización amerindia, particularmente la cultura de las sociedades de la selva amazónica. Este cambio puede apreciarse en las diferencias de énfasis entre la primera reunión de Barbados (1971) y la segunda (1977). Mientras que la primera, a la que acudieron antropólogos deseosos de concientizar a la opinión internacional acerca de la muerte física y cultural de las sociedades indígenas, tuvo como tema central el etnocidio, la segunda, a la que asistieron más líderes e intelectuales indios que antropólogos, se centró en "los movimientos de liberación indígena de América Latina" y planteó como gran objetivo para superar la situación de "dominación física y cultural" a la que están sujetos los indios de América: "Conseguir la unidad de la población india". Para alcanzar este objetivo de liberación se consideró necesario desarrollar "una organización política propia y auténtica", así como "una ideología consistente y clara", cuyo "elemento aglutinador debe ser la propia cultura" (Declaración de Barbados II). .

 
Las nuevas organizaciones políticas indias

 La creciente organización de los pueblos indios de América abarca desde el nivel local,pasando por los niveles nacional y regional, hasta el nive hemisférico y mundial.

 Al nivel nacional, parece existir al menos una organización india militante en casi todos los países latinoamericanos con población aborigen. En muchos de ellos, existe además numerosas organizaciones que defienden los derechos indios o buscan preservar las culturas nativas. Stavenhagen (1988:188) ha identificado tres tipos principales de organizaciones a este nivel: a) las organizaciones sindicales que movilizan comunidades en base a reivindicaciones étnicas, pero que funcionan principalmente como grupos de presión para conseguir mejores condiciones económicas y laborales; b) los grupos indígenas centrados estrictamente en promover intereses étnicos o que movilizan a las comunidades apelando a un programa de desarrollo integral que incluye aspectos culturales, económicos, sociales políticos, basados en la autodeterminación étnica; c) los movimientos ideológicos que ensalzan las virtudes de la cultura y sociedad indígenas.

 Los movimientos indios más desarrollados en la actualidad son los que se organizan a nivel nacional e integran en frentes comunes a pueblos del altiplano y de la selva. Los casos de Ecuador, Bolivia y Guatemala presentan bastantes similitudes en este sentido ,

 En Ecuador se formó en 1986 la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE). Culminaba así un complejo proceso de organización de los indios de la sierra, por un lado, y los de las tierras bajas, por otro. Los indios quichuas de la sierra se venían organizando desde 1972 a través de ECUARUNARI (Ecuador runacunapac richarrimui: Despertar del indio ecuatoriano) (ver Santana, 1988: 284-288). Por su parte, los seis pueblos o nacionalidades indias de Oriente (quichua oriente, shuar, siona, secoya, cofán y huaorani), tras desarrollar organizaciones propias como la Federación Shuar (1964), se unieron en 1980 a través de la Confederación de Nacionalidades Indias de la Amazonia Ecuatoriana (CONFENIAE). Desde que ECUARUNARI y CONFENIAE se articularon a través de CONAIE, los indios de Ecuador vienen librando de modo coordinado y con gran éxito una intensa batalla a favor del el reconocimiento de sus derechos. CONAIE ha mantenido la estrategia de no asociarse con ningún partido político en particular para proteger mejor la unidad del movimiento, aunque no ha dejado de apoyar algunas acciones concretas del movimiento obrero sindicalizado (Serafino, 1991: 71-89; Juncosa, 1990: 200).

 Un papel similar al de CONAIE es el que juega en Bolivia el Movimiento Revolucionario Indio Tupac Katari (MITK), en el que se articulan a nivel nacional organizaciones indias del altiplano y de las tierras bajas. Considerado como una fuerza revolucionaria de reivindicación nacional india, el MITKA compite por el liderazgo nacional indio con el Movimiento Revolucionario Tupac Katari (MRTK), fundado en 1978, que representa la orientación más sindical dentro del movimiento indio y no cuestiona a la nación boliviana como marco de su acción(Le Bot, 1988; Rivera, 1983; Serafino, 1991: 68-69).

 En el caso de Guatemala, una de las consecuencias no intencionadas de la violencia empleada por el Estado para resolver los conflictos con las comunidades indias ha sido la extraordinaria receptividad que los mayas de este país han mostrado a las corrientes políticas "democráticas y multiculturales" de finales de los ochenta. Con la transición a la democracia surgieron numerosas organizaciones y asociaciones que en 1990 lograron articularse a través del Consejo de Organizaciones Mayas de Guatemala (COMG). En septiembre de 1991 el COMG sorprendió a la opinión pública guatemalteca con un documento titulado Derechos específicos del Pueblo Maya, en el que, por vez primera, este pueblo, formado por 21 etnias, expone de modo detallado sus reivindicaciones territoriales, económicas, sociales, políticas y culturales (COMG, 1995).

 Se están dando actualmente importantes pasos hacia la unidad de las etnias en el sur de México, Honduras, Panamá, Venezuela y Colombia. Los casos de Brasil, Chile y Nicaragua son excepcionales en sus respectivos escenarios por la importancia que los pueblos indios han adquirido en procesos externos a ellos mismos,de trascendencia nacional. En otras áreas los movimientos son todavía un tanto aislados y vinculados mayormente a reivindicaciones inmediatas (Fondo Indígena, 1991: 222).

 Las organizaciones indias en los altiplanos del área andina y mesoamérica, donde se concentra más el ochenta por ciento de toda la población india, han sido tradicionalmente fuertes, con una larga experiencia en luchas agrarias y en el establecimiento de alianzas. El altiplano andino es el área de mayor concentración de población india en el continente americano y donde ha surgido con mayor vigor la movilización política actual de la población india(III, 1991: 23).

 El surgimiento de organizaciones indígenas en la Amazonia y otras tierras bajas es más reciente, pero muy dinámico e innovador en sus formas y plataformas. En los grupos tribales las movilizaciones han mantenido su carácter étnico, marcado frecuentemente por la voluntad explícita de reforzar la propia identidad y recuperar sus tradiciones, y se han orientado de modo especial a la defensa de sus territorios, acosados en forma sistemática por los agentes de colonización de variado origen, e incluso los ataques de otras etnias indígenas, a la conquista de la soberanía territorial, y a la autonomía en materia de gobierno. A pesar de los ingentes obstáculos que han tenido que superar, los pueblos indios de la Cuenca Amazónica consiguieron formar una de las organizaciones indias regionales más influyentes de América Latina: la Coordinadora Indígena de la Cuenca Amazónica (COICA). Fundada en 1984, la COICA aglutina a las diferentes organizaciones regionales de los pueblos indios amazónicos de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, con aproximadamente 1.2 millones habitantes:indias de los diferentes países amazónicos.

 La región del Caribe cuenta con la población indígena que sufrió la mayor pérdida demográfica durante la colonización y el proceso de mestizaje con la población de origen africano. Sin embargo, estos pueblos indígenas, de número reducido, están no sólo sobreviviendo sino también emprendiendo un proceso de recuperación étnica y fortalecimiento demográfico.

 Los pueblos indios del área andina y del resto de América del Sur dieron un importante paso hacia a coordinación de sus estrategias al constituir en 1980, en Ollantaytambo (Cuzco, Perú) el Consejo Indio de Sud América (CISA) con la participación de delegaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Surinám y Venezuela. Desde entonces el CISA vienen jugando un papel muy activo en la elaboración una filosofía e ideología dinámicas de la indianidad y en la promoción de la presencia cultural y política de los indios en la sociedad republicana. Uno de los principales objetivos políticos del CISA es que los indios lleguen a gobernar las repúblicas en donde son mayoría y ser reconocidos como minorías étnico-nacionales donde son minoría. Su propuesta concreta puede sintetizarse en la fórmula " democracia de culturas"(Ontiveros, 1988: 120).

 En el área centroamericana los movimientos indios comenzaron a coordinar sus estrategias con la creación del Consejo Regional de Pueblos Indígenas de América Central (CORPI) en el I Congreso Internacional Indígena de América Central,celebrado en Panamá del 24 al 28 de enero de 1977 y al que asistieron representantes de todos los países Centroamericanos y México. Durante varios años el CORPI ha desempeñado una importante tarea en la denuncia de la política "genocida y represiva" de algunos gobiernos del área, especialmente el de Guatemala ( ver CORPI, 1978).

 A nivel hemisférico ha habido dos momentos cruciales en la vertebración de las organizaciones indias:El primero de ellos, la creación en 1975 del Consejo Mundial de Los Pueblos Indígenas (CMPI), en Port Albani, Canadá, con la asistencia de representantes indios de muchos países de América Latina. El CMPI viene desempeñando desde su fundación un papel muy importante en "la reorganización de los aparatos políticos" de los pueblos indios dentro de cada país(Ontiveros, 1988: 117). El segundo, la constitución del Parlamento Indio de las Américas, cuyo primer encuentro se celebró en agosto de 1987. El Parlamento Indio de las Américas incluye miembros de América Latina, Canadá y Estados Unidos. Su propósito es promover los intereses, valores y modelos culturales indígenas, y promover el establecimiento de un orden político, económico, social y cultural que elimine la pobreza, segregación, marginalización, opresión, y el exterminio de los pueblos indígenas. También busca servir como un foro para el debate de los problemas de los pueblos indígenas (Serafino, 1991: 18).

 También han sido acontecimientos de gran trascendencia para el movimiento indio a nivel continental los encuentros mantenidos con motivo del Quinto Centenario y las dos primeras cumbres mundiales de los pueblos indígenas celebradas en Guatemala (1993) y México (1994), presidadas ambas por la maya quiché Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, en representación del Secretario General de la ONU.

 
Contexto en que surgen las organizaciones indias

 Las protestas de los pueblos indios de América contra su situación de opresión no es nueva. Las rebeliones y motines indios son una constante desde los inicios del período colonial ( Martínez, 1985). Lo que sí es nuevo es el grado de articulación de las organizaciones indias actuales, la formulación explícita de sus demandas y el desarrollo de una ideología panindianista militante. Estos cambios en las características y dimensiones de la organización india no se pueden entender al margen de los intensos cambios que han experimentado las sociedades latinoamericanas en la segunda mitad del siglo veinte (expansión del mercado interno, apertura de vías de comunicación, ampliación del sistema educativo en el ámbito rural, migraciones, presencia de los mass media, etc.), los cuales han contribuido a romper el tradicional aislamiento geográfico de las comunidades indias, a generar un proceso de diferenciación socieconómica dentro de las mismas comunidades, y a aumentar la heterogeneidad de las situaciones de los pueblos indios en su relación con sus respectivas sociedades nacionales.

 El intenso proceso de modernización de las diferentes esferas de las sociedades latinoamericanas que acompañó al período de expansión económica de posguerra suscitó grandes expectativas en muchas comunidades indias. Pero pronto se mostró la incapacidad del sistema dominante para dar respuesta a esas expectativas crecientes. La frustración que produjo la experiencia de exclusión y cierre social de carácter étnico-racial, contribuyó a activar el potencial político de la identidad étnica precisamente en el momento en que ésta se sentía más amenazada. Desengañadas, una vez más, de las promesas del mundo occidental y capitalista, muchas comunidades volvieron a buscar alternativas a su situación de marginación y opresión en el marco de su propia matriz civilizatoria. En muchos casos, los mismos indios educados por el sistema para liderar la integración en él de las poblaciones indias se convirtieron, tras un proceso de crisis y redefinición de su identidad india , en los principales defensores de la autodeterminación de sus pueblos.

 El pensamiento político y la ideología de la indianidad están siendo construidos por comuneros con experiencia y capacidad de liderazgo, indios retornados, quienes en circunstancias ajenas a la vida comunal se organizan, en base a su indianidad residual o recobrada, en defensa de su identidad y de su pueblo, e intelectuales y políticos convencidos de que no hay posibilidad de transformar la sociedad a la que pertenecen si no se reconoce el papel fundamental que deben desempeñar los pueblos indios en ese proceso revolucionario (Bonfil, 1992:100- 101).

 Con el surgimiento de una intelligentsia india en las últimas décadas, favorecido por la ampliación de los sistemas educativos nacionales, se empieza a revertir el proceso de campesinización que supuso la destrucción de las unidades políticas y culturales mayores de los pueblos precolombinos a raíz de la conquista y colonización. Es esta intelligentsia la que intenta dar forma al pensamiento político de los pueblos indios(ver Cojtí, 1991).

 El resurgimiento de las organizaciones indias en América Latina no es un fenómeno aislado, sino que tiene lugar en el contexto de un resurgimiento a escala mundial de las aspiraciones y demandas de las minorías étnicas y los grupos marginados (ver Adams, 1993). En todo el planeta las pequeñas y grandes etnias afirman su identidad y reclaman su autonomía y sus fueros. Por otra parte hay un creciente interés por revalorizar la tecnología y ciencia tradicionales, tanto como modo de contrarrestar la depredación de recursos naturales y la contaminación ambiental, como de aprovechar los conocimientos y prácticas menospreciadas durante el período de vigencia de un modelo desarrollista que se ha mostrado incapaz de resolver los problemas de los países en vías de desarrollo.

 De acuerdo con un Informe elaborado en 1991 por el Fondo Indígena, la vitalidad que actualmente muestran los pueblos indios está asociada a seis tipos de dinámicas que han operado en los últimos treinta años :a) la expansión de su presencia demográfica en el territorio nacional, incluyendo las ciudades; b) el desarrollo de estructuras organizativas regionales y nacionales que no reemplazan las formas comunales y son eficientes para procesar sus reclamos y organizar su participación; c) la formulación de una plataforma cada vez más alta de lucha, que lleva los reclamos específicos a su expresión más alta en el orden jurídico y político, para convertirlos en objetivos de justicia (demanda de derechos); d) una creciente y diversificada inserción en los mercados; e) una capacidad de formular y conducir proyectos de carácter étnico; y f) un nueva manera compleja, directa y política de relacionarse con el estado y con la sociedad, que desborda la institucionalidad que la contenía (Fondo Indígena, 1991).

 
Ideología

 Los movimientos y organizaciones que confluyen en lo que venimos denominando movimiento indio presentan un amplio abanico de posiciones ideológicas, pero no faltan elementos importantes de coincidencia que dan una identidad única al movimiento más allá de diferencias ideológicas y estratégicas muy importantes.

 Uno de los rasgos más característicos de la movilización política india de los últimos años es su ideología panindianista. La categoría de "indio", producto de la acción e ideología colonial, es asumida por el movimiento indio con un contenido político que pretende invertir su sentido original estigmatizante utilizándola como símbolo movilizador de una identidad panétnica que ponga en primer plano la contradicción colonizador colonizado y exprese el carácter descolonizador de la lucha panindia. Fausto Reinaga, uno de los intelectuales que más ha influido en las fases iniciales del movimiento indio actual, reivindicaba la identidad india en los siguientes términos: "Somos indios. Una gran raza; raza virgen; una gran cultura, cultura milenaria; un gran pueblo, una gran Nación. ?Tenemos derecho a la libertad!(...).El problema del indio no es asunto de asimilación o integración a la sociedad "blanca, civilizada"; el problema del indio es problema de liberación"(Reinaga, 1969).

 En función de esta unidad ideológica se viene elaborando un discurso de la indianidad que postula la existencia en América de una sola civilización india de la que participan todos los pueblos indios con su diversidad de culturas y lenguas. La filosofía indianista, desarrollada principalmente por las organizaciones más próximas al nacionalismo indio, se fundamenta en una concepción de la armonía cósmica, regida por leyes y principios comunitarios, entre los distintos elementos de la naturaleza, de la que forman parte integrante el hombre y la sociedad. El indianismo es también la búsqueda y la identificación con el pasado histórico, pues pasado y presente forman un todo inseparable, basado en la concepción colectivista del mundo (Barre, 1983: 186).

 Uno de los rasgos básicos del indianismo es su oposición explícita a la civilización occidental. Este antagonismo no se concibe como una mera antítesis negativa, sino más bien como una alternativa positiva. La contraposición que establecen algunos movimientos indios entre la civilización occidental y la civilización india les lleva a la negación de las "culturas nacionales" como algo híbrido, como la vana ilusión de un mestizaje imposible. La única civilización, las únicas culturas auténticas, son las que encarnan los pueblos indios.

 Las contradicciones internas de la sociedad dominante no contienen ninguna alternativa histórica real para la civilización india, porque se resuelven en le seno de la civilización occidental. El marxismo y las demás corrientes de pensamiento socialista son consideradas como incapaces, por su origen y filiación occidentales, de comprender y plantear adecuadamente el problema de la civilización india: "Europa nos ha impuesto su lenguaje, su religión, su historia, su moral, su cultura, su arte. Ahora pretende imponernos su versión de la revolución, sus estrategias y tácticas "correctas" de lucha"(Reinaga, 1972).

 Otro aspecto importante de la ideología del movimiento indio es la crítica a la dominación que padecen los pueblos indios como consecuencia de la "invasión" de América. Los sistemas de opresión y dominación que han destruido logros importantes de la civilización india y reprimido su capacidad creadora son conceptualizados como colonialismo, capitalismo e imperialismo: "La Indianidad comprende perfectamente y tiene muy claro que la explotación y marginación que padecen hoy nuestros pueblos, es producto directo de los sistemas coloniales que aún persisten en cada país de América" (Ontiveros, 1988: 128-129).

 La recuperación de la historia, su descolonización, y la revalorización de las culturas indias constituyen importantes recursos que emplean los movimientos indios de liberación como movilizadores y potenciadores de la identidad. Pero al mismo tiempo también reivindican el derecho a incorporar de occidente algunos elementos que corresponden al orden de los logros universales y a participar libremente de tales avances en la medida en que sean necesarios y compatibles con su proyecto civilizatorio. Además de recuperar la historia y la cultura de los pueblos indios, el movimiento indio considera posible y pretende recuperar al mestizo, ayudarle a recuperar la identidad perdida por la presión de la sociedad dominante, sin haber obtenido ningún beneficio a cambio (Cojtí, 1991)

 En relación con el futuro de la sociedad por la que lucha, el movimiento indio carece una visión homogénea . Hay dos objetivos que parecen comunes a las diversas variantes del movimiento: la persistencia de la propia identidad cultural y la supresión de la estructura de dominación. Por lo demás , existen diferentes posiciones que, para mayor claridad sintética, pueden agruparse a grandes rasgos de la siguiente manera ( ver Bonfil, 1992: 91-93):

 1.-Revivalismo: busca la restauración del pasado, "de la Gran Nación de los Ayllus como era le Tawantinsuyo" o de la "Gran Patria Maya", y pretende legitimar su posición en el postulado de que la sociedad precolombina era perfecta. Cierto tono de revivalismo puede hallarse en varios documentos del Movimiento Indio Peruano, del Movimiento Indio Tupac Katari (MITK) de Bolivia, o del minoritario Movimiento Indio Tojil de Guatemala, entre otros.

 2.-Reformismo: demanda cambios en la relación indio/no indio e indio/Estado, sin plantear una transformación radical del sistema imperante. Esta parece ser la postura predominante en la numerosas organizaciones indias de México

 3.-Socialismo indio: postula que en los pueblos indios existen los elementos sociales e intelectuales básicos para, una vez liberados de la dominación colonial, crear un tipo de sociedad igualitaria y justa, inspirada en formas de organización como los ayllus y no en modelos occidentales (Carnero, 1979; Reinaga, 1972).

 4.-Socialismo pluralista: propone la transformación revolucionaria del modo de producción capitalista para dar lugar a una sociedad socialista, pero demanda que en ella se reconozca la diferencia y haya un trato igualitario para los pueblos indios con su propia especificidad histórica y étnica. Los indios ganan el derecho a la diferencia en la sociedad futura al participar, conjuntamente con otras fuerzas sociales, en la lucha por el socialismo. Esta es la posición de las organizaciones indias vinculadas al movimiento popular y revolucionario. Una de las formulaciones más elaboradas en este sentido puede hallarse en el documento "Los Pueblos Indígenas y la Revolución Guatemalteca" elaborado por el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP, 1982).

 
Alianzas

 El modo de concebir el futuro de la sociedad se halla estrechamente relacionado con el análisis ideológico de las clases sociales y de las alianzas de clases. En el movimiento indio pueden apreciarse dos discursos aparentemente antitéticos que corresponden a dos posiciones políticas e ideológicas netamente diferenciadas en el tema de las alianzas con otras clases subalternas de la sociedad no india y con los partidos y movimientos políticos que actúan en nombre de ellas. Los calificaremos de nacionalista y popular, respectivamente.:

 1.-El discurso nacionalista indio pone el énfasis en el problema de la dominación colonial y la opresión cultural que padecen los indios sometidos a la colonización occidental. La contradicción entre colonizadores y colonizados es para ellos la contradicción fundamental. El análisis de clases occidental distorsiona la realidad cuando se aplica a los pueblos indios y los proyectos de liberación basados en él no dejan de moverse dentro de los parámetros colonizadores y racistas de Occidente, por lo que no son capaces de reconocer e incorporar en sus programas políticos las demandas de los pueblos indios. En este marco, la alianza con las organizaciones populares no indias es rechazada o cuando menos vista con recelo por el riesgo que conlleva de que la movilización india acabe siendo sometida e instrumentalizada por una dirección ajena, incapaz de aceptar al indio como protagonista de su propio destino. Cambiar la sociedad occidental es responsabilidad de quienes forman parte de ella. Los pueblos indios están sometidos a ella, pero no son parte de ella, porque tienen su propia civilización en la que se inspira su proyecto de liberación.

 2.-En el otro planteamiento, al que hemos calificado de popular, por ser característicos de las organizaciones indias que mantiene vínculos con otras organizaciones populares no indias, especialmente sindicatos campesinos, se concede una importancia similar a las cuestiones de la explotación económica y de la opresión cultural, analíticamente diferenciables pero en la realidad estrechamente interrelacionadas. En este tipo de discurso se reconoce que hay problemas compartidos con otros sectores de la sociedad, como la explotación económica y la opresión política, y problemas específicos de los indios: los relacionados con la opresión cultural. La explotación económica y la opresión política compartida con otros sectores populares les sitúa ante un enemigo común y hace necesaria una estrategia de alianza con las clases oprimidas que, al mismo tiempo, sea compatible con la existencia de organizaciones indias. Son muchos los documentos de organizaciones indias que mantienen este tipo de discurso, que actualmente parece el hegemónico. La Declaración de Quito con la que concluyó el encuentro continental "500 Años de Resistencia India" (julio de 1990) no pudo ser más rotunda al respecto: " los pueblos indios además de nuestros problemas específicos tenemos problemas en común con otras clases y sectores populares tales como la pobreza, la marginación, la discriminación, la opresión y explotación, todo ello producto del dominio neocolonial del imperialismo y de las clases dominantes de cada país. De ahí que son absolutamente necesarias e impostergables las alianzas con otros sectores populares. Sin embargo estas alianzas deben realizarse en un marco de igualdad y respeto mutuo" (Juncosa, 1991: 242).

 Esta proximidad al movimiento popular es vista con desconfianza por los sectores más nacionalista del movimiento indio, recelosos de que la excesiva influencia del movimiento popular acabe difuminando la especificidad del movimiento indio, contaminando la ideología de la indianidad con elementos ajenos y generando divisiones en el campo indígena donde las diferencias socioeconómicas entre individuos y comunidades se han acentuado mucho en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, la mayor sensibilidad hacia los fenómenos multinacionales y multiétnicos que se puede apreciar en la opinión pública internacional de los últimos años, así como la importancia creciente que los movimientos indios han adquirido en el panorama político del continente americano parecen abrir la puerta a un mejor entendimiento de las organizaciones indias con otras fuerzas políticas.
 

Principales reivindicaciones

 Las reivindicaciones del movimiento indio han partido en muchos casos de problemas concretos que de modo recurrente aparecen en la mayoría de los documentos de las organizaciones indias, pero a medida que el movimiento se fue articulando mejor las reivindicaciones concretas han perdido su carácter aislado y localista y se han ido situando cada vez más en el marco de la reivindicación de los derechos de los pueblos indios en cuanto pueblos. Así lo reconoce la Declaración de Quito: "La lucha de nuestros pueblos ha adquirido una nueva cualidad en los últimos tiempos. Esta lucha es cada vez menos aislada y más organizada, Ahora estamos plenamente conscientes de que nuestra liberación definitiva solo puede expresarse como pleno ejercicio de nuestra autodeterminación. Nuestra unidad se basa en este derecho fundamental".

 Esfera económica.-En la esfera económica las organizaciones indias reivindican el derecho a un desarrollo económico integral que parta de sus propios valores culturales, a la propiedad y tenencia de la tierra en forma comunitaria, a la participación equitativa y no discriminatoria en la provisión de servicios públicos, y a la explotación, en su propio beneficio, de las riquezas naturales existentes en sus territorios (ver COMG, 1995).

 El tema principal para los pueblos indios en la mayoría de los países latinoamericanos es el derecho a la tierra (ver Stavenhagen, 1988: 156-166). El acceso a y el control de significativas extensiones de tierra lo consideran vital para su supervivencia física y cultural. Sin embargo, las tierras o territorios de los pueblos indios se han visto reducidas y amenazadas por agentes externos, especialmente durante los ciclos económicos expansivos que periódicamente se han sucedido desde los comienzos del período colonial, y por las leyes que limitan la tenencia comunal de la tierra. El problema agrario es el más urgente, pero su solución no se puede hallar en reformas agrarias que promuevan la propiedad individual en contraposición a la propiedad comunitaria. Esto agrava aún más el problema de supervivencia física y cultural de las comunidades indias.

 Los pueblos indios no sólo exigen tener derecho a la tierra, sino derechos territoriales, con el consiguiente derecho al control de los recursos naturales que se hallen en el suelo y subsuelo. Recientemente, los pueblos indios de América Latina han vinculado el tema de sus derechos territoriales con la protección del medio ambiente. Argumentan que la rápida expansión económica en los territorios indios ha degradado el medio ambiente y la base natural de recursos, lo que supone una amenaza no sólo para el estilo de vida indio que depende de la tierra, sino también para el equilibrio ecológico regional y global. La mejor garantía de evitar el desastre ecológico, de acuerdo con algunas organizaciones indias, como la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) , es que la comunidad internacional apoye las reivindicaciones territoriales de los pueblos indios.

 Esfera cultural.-La reivindicación de la propia identidad étnica y del derecho a la autodeterminación cultural es una constante en todas las organizaciones y movimientos indios. Todas las organizaciones exigen el derecho a la diferencia, a que se reconozca su especificidad étnica y cultural, a que no se les reduzca a algunas categorías sociales de la sociedad dominante, como la de campesinos.

 Durante cinco siglos los indios se han aferrado a su cultura para hacer frente a la penetración occidental y a las políticas integracionistas. Pero no se conforman con que sus culturas permanezcan reducidas a "culturas de resistencia" , sino que exigen condiciones para su recuperación y desarrollo plenos en el marco de estados multinacionales y multiétnicos. Consideran que su cultura forma parte del patrimonio cultural de la humanidad y puede constituir un factor importante para el desarrollo integral de los países de que forman parte.

 La cultura, la lengua y las instituciones de cada pueblo, se entienden como razón de ser y de luchar en tanto unidad sociohistórica diferenciada. La defensa del idioma propio, que va desde su reconocimiento oficial hasta su incorporación a un sistema educativo bilingüe y multicultural constitucionalmente sancionado; la valoración de sus prácticas tecnológicas (en la medicina, la agricultura, etc.) y sociales (derecho, organización familiar, trabajo comunal, relaciones interpersonales, etc.); la vigencia de sus sistemas ideológicos (mitos, cosmogonías, valores); la reivindicación de su historia; todo, en fin, lo que constituye la especificidad étnica, es motivo de planteamiento políticos concretos.

 Esfera política.-El leitmotiv de las reivindicaciones indias es la autodeterminación política, condición imprescindible para una descolonización real. Los indios vienen reclamando de forma cada vez más insistente e inequívoca que "de una vez por todas" se les reconozca un espacio político en las estructuras del Estado" y no ocultan que la lucha por su liberación "debe ser definida a partir de ahora como una lucha por el poder" (Declaración de Temoaya, 1979).

 Aunque existe unanimidad en la reivindicación de la autodeterminación política, el modo concreto de entender en qué consiste esta varía mucho. Algunas organizaciones de países altos porcentajes de población india, como el MITKA de Bolivia, el Movimiento Indio del Perú, o el Movimiento Indio Tojil de Guatemala, plantean el problema indio en términos de liberación nacional, de reinstauración del Kollasuyu, del Tawantinsuyu o de la Gran Patria Maya. Sin embargo la mayoría de las organizaciones indias, especialmente las vinculadas al movimiento popular o las que representan pueblos indios muy minoritarios, reivindican "la plena autonomía en los marcos nacionales", que, de acuerdo con la Declaración de Quito (1990), implica el derecho de los pueblos indios "al control y manejo de todos los recursos naturales del suelo, subsuelo y espacio aéreo"; "la defensa y conservación de la naturaleza"; y el "autogobierno".

 El estatuto de autonomía de la Costa Atlántica de Nicaragua marcó un punto de inflexión importante en el camino de los pueblos indios de América Latina hacia su autonomía plena en el marco de estados multinacionales y multiétnicos.

 En los años noventa, siguiendo las orientaciones de la Declaración de Quito, muchas organizaciones indias están presionando porque se introduzcan modificaciones en las constituciones de sus respectivos países reconociendo el derecho de los pueblos indios y "especificando muy claramente las facultades de autogobierno en materia jurídica, política, económica, cultural y social" (Declaración de Quito, 1990). Este es el caso de los mayas de Guatemala ( COMG, 1995), cuyas aspiraciones se han visto sólo parcialmente reflejadas en el "Acuerdo sobre identidad y derechos de los pueblos indígenas", suscrito en la ciudad de México por el Gobierno de la República de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Guatemalteca el 31 de marzo de 1995. La autonomía indígena también figura entre los puntos claves de la agenda recogida en la "Ley para el Diálogo en Chiapas" que el Congreso mexicano aprobó casi por unanimidad en marzo de 1995.

 El principal instrumento jurídico internacional de que se dispone actualmente para reivindicar los derechos de los pueblos indígenas es el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, adoptado por la OIT el 27 de junio de 1989, con el que, en cierta forma, se oficializó el fracaso y fin del indigenismo integracionista con medidas que, con ciertas salvedades, favorecen o preservan la autonomía y la singularidad étnica de los pueblos indios. A diferencia del Convenio 107 al que sustituyen, que sólo hablaba de "poblaciones", el Convenio 169 utiliza el término "pueblos" y les reconoce el derecho de poseer "territorios", además de las "tierras" que les reconocía el Convenio 107.

 La aprobación por parte de la ONU de la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas; la ratificación del Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales para su plena vigencia en cada país; y la discusión y aprobación por parte de la OEA del Instrumento Jurídico para los Pueblos Indígenas, constituyen las principales reivindicaciones recogidas en la "Declaración Universal de las Primeras Naciones Indias"(Ottawa, Canadá, el 14 de noviembre de 1991).Estas mismas demandas fueron reiteradas en la Primera Cumbre de los Pueblos Indígenas, celebrada en Chimaltenango, Guatemala, del 24 al 28 de mayo de 1993. y constituyen el eje de sus reivindicaciones para la Década de los Pueblos Indígenas(1994-2003) proclamada por la ONU como extensión del Año Mundial de los Pueblos Indígenas (1993).

 Derechos humanos.- Si algo define la relación de la sociedad dominante con el indio es la violencia. Los obstáculos que hallan los pueblos indios en el camino hacia su autodeterminación en las esferas económica, política y cultural, tienen una de sus principales escenificaciones en la sistemática violación de los derechos humanos de los indios, empezando por el derecho a la vida.Este derecho fundamental es violado con una frecuencia aterradora como ponen de manifiesto "las frecuentes masacres en contra de los grupos indígenas (...)para que cesen las justas demandas y defensa de sus derechos legítimos" ( CORPI, 1978) Pero también se denuncian otras formas más sutiles de genocidio y etnocidio, como la esterilización forzada, (ver Declaración de Quito), así como la persistencia de la discriminación racial aunque de modo más sofisticado que en tiempos pasados.

 
Reacciones de la sociedad dominante

 Ante la emergencia de los pueblos indios y ante las expresiones de su pensamiento político, la sociedad dominante ha reaccionado, al menos inicialmente, con la violencia, el silencio o la incomprensión (Bonfil, 1981). Los gobiernos latinoamericanos han actuado frente a los intentos de organización política india según su propio carácter, las condiciones internas de cada país y la coyuntura del momento. Las campañas contrainsurgentes llevadas a cabo por los gobiernos militares de Lucas García (1978-1982) y Ríos Montt (1982-1983) contra las comunidades mayas del altiplano noroccidental ilustran uno de los casos en que esa reacción revistió formas de auténtico genocidio y etnocidio. En contraste nos hallamos con la respuesta relativamente dialogante del Gobierno mexicano al levantamiento armado de los indios de Chiapas en enero de 1994.

 La relación entre los pueblos indios y los estados nacionales de América Latina parece haber comenzado a experimentar cambios importantes, especialmente a partir de las celebraciones de 1992 y 1993, en la dirección de la descolonización de esas relaciones. El primer gran logro de la reciente lucha política de los pueblos indios es el hecho de que varios gobiernos de la región hayan comenzado a reconocer y aceptar la legitimidad del pluralismo étnico en el seno de las sociedades nacionales, llegando en algunos casos a valorar la diversidad étnica y cultural como un recurso potencial de enorme valía para superar la crisis actual. El hecho más paradigmático en este sentido ha sido, por ahora, la promulgación por parte del gobierno sandinista de Nicaragua de la Ley de Autonomía de la Costa Atlántica (Managua, septiembre de 1987).

 El indigenismo oficial ha tardado en reaccionar positivamente a las organizaciones políticas indias que, en cierta medida, han dejado completamente obsoletos los planteamientos de la convención de Pátzcuaro. Un logro de incalculable trascendencia es la reforma radical del Sistema Indigenista Interamericano iniciada en el XI Congreso Indigenista Interamericano (Managua, 1993) para dar paso a la participación de los representantes de los pueblos indios en todos los niveles del sistema (Matos, 1993). En cuanto a las iglesias, ha habido algunos sectores y organizaciones que han participado de forma activa en la reciente movilización india. El Consejo Mudial de las Iglesias, CIMI de Brasil o las misiones salesianas de la Federación Shuar (Bolivia), son sólo algunos ejemplos significativos.Tampoco faltan ejemplos sensu contrario tanto dentro de la Iglesia Católica como otras iglesias cristianas. De modo reiterado las organizaciones indias han pedido la expulsión del Instituto Lingüístico de Verano y de otros grupos religiosos por considerar que sus actividades están orientadas a acabar con sus culturas.

 Los partidos ortodoxos de izquierdas han mostrado muchas dificultades para aceptar teórica y prácticamente el hecho "movilización política india". Su discurso ha tendido a subsumir a los grupos étnicos dentro de la categoría "campesinado", aunque en los últimos años puede apreciarse cierto cambio hacia una valoración más positiva respecto a las reivindicaciones de los pueblos indios por parte de algunos intelectuales y partidos de izquierdas. También es cierto que algunos movimientos revolucionarios han hecho un esfuerzo real por entender la cuestión india, este sería el caso del EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres) y de ORPA (Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas) en Guatemala.

 El mundo académico, en particular el de los antropólogos, que tradicionalmente se han ocupado de la problemática indígena, "ha reaccionado lentamente y en pequeña medida al reto que representa la movilización política étnica para un discurso intelectual que no ha renunciado a su marca de origen colonial" (Bonfil, 1992: 56). Sin embargo, la contribución de los antropólogos críticos al despegue de las nuevas organizaciones indias no carece de relevancia, como se puso de manifiesto en los Encuentros de Barbados o en el hecho de que organizaciones como el CISA cuenten con antropólogos sociales entre sus asesores.

 La prensa y los demás medios de comunicación masiva tampoco han dado el debido relieve al surgimiento de las organizaciones indias, tendiendo a tratar este fenómeno como un hecho"folclórico" (Bonfil, 1992: 57). No obstante, el avance de los movimientos indios y la revitalización de las etnias no ha dejado de tener cierto grado de reconocimiento en la sociedad civil como pone de manifiesto el acercamiento entre el movimiento indio y el movimiento campesino u obrero, la presencia india en los sectores populares, el desarrollo de nuevas estrategias de base étnica para organizarse y sobrevivir en las ciudades (I.I.I., 1991:88-89). Esto no impide que haya en casos en los cuales el etnocentrismo e incluso el racismo continúen profundamente arraigados.

 La opinión pública internacional también ha comenzado mostrar una actitud más positiva hacia el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas al considerarlos convergentes con la sensibilidad actual hacia democracia, el desarrollo integral y la conservación medioambiental. Algunos organismos internacionales han elaborado y dado a conocer importantes documentos que sirven de sustento a una opinión pública cada vez más favorables a los derechos de los pueblos indios, entre ellos cabe destacar: el informe de la ONU sobre la Discriminación de los Pueblos Indígenas (5 vols, 1986-1987); el Convenio 169 de la OIT (1989); y el borrador de la ONU sobre la Declaración Universal de los Derechos Universales de los Pueblos Indígenas (1989).

 
Perspectivas

 La movilización política india de las últimas décadas apunta en una dirección distinta de la que señalaban quienes pretendían reducir la cuestion india a la cuestión campesina y vinculaban la solución de este problema a la solución del problema agrario y/o a la modernización de los países latinoamericanos con amplios porcentajes de población india. Si algo está claro en el movimiento indio es que su lucha no se agota - ni siquiera se explica como tal- en la esfera económica. Como ha señalado Guillermo Bonfil en varias de sus obras, no se puede abordar adecuadamente la cuestión india sin introducir en el análisis la dimensión nacional.

 El espectacular desarrollo de las organizaciones indias en los últimos años es la respuesta activa de los pueblos indios a la persistencia del colonialismo interno en el último cuarto del siglo XX, al fracaso de las políticas integracionistas del indigenismo oficial y del modelo de desarrollo en el que éste su fundamentaba, y a la insensibilidad de los partidos políticos hacia las reivindicaciones específicas de los pueblos indios en cuanto pueblos.Los pueblos indios reclaman ser reconocidos como tales y demandan la transformación de los actuales estados culturalmente homogéneos de la región en estados multiétnicos y pluriculturales, en sintonía con la naturaleza plural de la sociedad; desean, además, promover un desarrollo integral basado en el comunitarismo indio fundado en la armonía con la naturaleza y basado en las posibilidades endógenas de desarrollo, por consiguiente capaz de reducir la dependencia de los países indo y latinoamericano; aspiran, en última instancia, a una "democracia de culturas" en la que puedan promover su proyecto civilizatorio.

 Es claro que las perspectivas varían de país a país en función de varios factores, entre ellos, el peso demográfico de la población india en el conjunto de la población nacional, su grado de identificación con las grandes culturas indoamericanas o el grado de articulación con la economía capitalista y de diferenciación socia-económica. Parece obvio que los problemas y los proyectos políticos de grupos que representan en su conjunto el 0.2 % de la población nacional (caso de Brasil), han de diferir de los que se plantean los pueblos indios cuando, como en Bolivia o Guatemala , constituyen la mayoría absoluta de la población del país, se consideran herederos de las grandes civilizaciones precolombinas y mantienen una fuerte articulación con la economía capitalista que ha generado un proceso de diferenciación socieconómica entre diferentes comunidades indias e incluso dentro de una misma comunidad.

 El futuro de la relación entre los pueblos indios y los estados en cada uno de los diversos escenarios en que estas se producen depende de un sinnúmero de condiciones, entre las que cabe destacar: las transformaciones en la legislación para crear oportunidades de concertación entre gobiernos, organizaciones y otros actores sociales, y la posibilidad de apoyar las tendencias de desarrollo que se fundan en las experiencias culturales de los mismos pueblos y, principalmente, en su habilidad para manejar adecuadamente el medio y conservarlo (Fondo Indígena, 1991: 222-223).

 La movilización política india ya es un hecho. Lo que está en juego son las opciones estratégicas que, finalmente habrán de guiarla. La experiencia de las propias organizaciones indias será, sin duda, el elemento clave en el camino a seguir. El eco que encuentren en sus propios pueblos y en la sociedad nacional dominante; la evolución de las relaciones entre los pueblos indios y los estados nacionales;el grado de aceptación de sus demandas por parte de sectores populares no indios y la consiguiente posibilidad de formar alianzas con ellos en base al respeto a la diversidad; la agudización de contradicciones y conflictos por la expansión capitalista, son todos ellos factores que contribuirán a determinar en los próximos años el desenvolvimiento de las luchas políticas indias.


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