DICCIONARIO CRITICO DE CIENCIAS SOCIALES

PROFESOR (OFICIO DE)
Román Reyes
Universidad Complutense de Madrid

"Yo desconfío de todos los sistemáticos
y me aparto de su camino.
La voluntad de sistema
es una falta de honestidad"

FRIEDRICH NIETZSCHE

Cuestionable/cuestionado, aunque acreditado intérprete de lo real y de su historia, tal como se supone que aconteciera, tal como esa realidad-interpretada se nos muestra y tal como debería mostrarse-interpretarse en lo sucesivo, es, en la práctica, la función específica de un profesor. Vigilante celosamente vigilado, controlador especialmente controlado-- si es preciso, hasta más allá de su función académico-docente--  los profesores son, por eso --y a pesar de eso-- , "privilegiados" funcionarios del sistema, a-típicos ciudadanos que consienten ser desposeídos de su privacidad y que, en consecuencia, renuncian a ampararse en ella como descarga/eximente en su favor cuando fuere acusado.

Pero suponer, estimar, creer, re-producir/fijar un debe en función de un pretendido es, resulta demasiado arrogante. Se dice que el oficio de profesor --ese fiel y agradecido "perro guardián"--  es tanto transmitir --con el máximo rigor e incuestionable fidelidad--  el corpus de conocimientos que la correspondiente comunidad científica considere sancionado, cuanto seducir/provocar al estudiante a "participar" de/en ese oficio. Esta legítima y deseable participación --si se tradujera por "formar parte de"/ser "co-protagonista" del invento, mucho más legítima, tanto más deseable--  cobraría en la Universidad y en los Centros Superiores de Investigación un nivel de responsabilidad que, de ser asumido con explícita voluntad de crítica, supondría aceptar un no despreciable grado de complicidad.

Por lo que las clases --cualquier "acto académico" en el que estén representados los dos (recíprocamente excluyentes)polos del "sistema educativo"--  mucho antes que en un dictado, deberían convertirse en una co-(re)producción: de teorías suficientemente acreditadas como científicas, tanto como de aquellas herramientas metodológicas y técnicas que les correspondan. Sólo así podría hablarse "con propiedad" de progreso científico-técnico: Que algo nos ha dejado huella, que uno se siente otro después de la "instrucción". Tal vez así no se tendría al final la (auto)in-culpable sensación de "haber perdido el tiempo".

Cualquier programación académica que un determinado profesor haga no puede ir más allá de una proposición --una excusa-- , un plano de referencia ?? una exigencia de legitimación ?? , una pantalla de proyección --una imprescindible autoafirmación-- . Una caja de herramientas, en definitiva. Como tal debe ser considerada. Porque todo sistema --como toda palabra, cualquier escritura--  es un sistema de más, uno no va a convertirse precisamente en esclavo de su propio sistema. La voluntad de fragmento es --debería ser--  la que mejor definiera la esencia del ser humano: ser lo mismo y lo otro en una secuencia relativamente corta. Desear insaciablemente ser/aparentar siempre más/mejor: no saber --o no querer--  decir jamás "basta".

Voluntad de fragmento significa también voluntad de ruptura/apertura, voluntad de riesgo/suerte, de reiterativa re-visión y multi-focales lecturas ... Son, por ello, importantes, los silencios que el saber genera, que la asimilación/generalización de los conocimientos exigen: aquel estremecedor silencio que se instala cuando ya ni siquiera sirve como puente/correa de transmisión de lo que se dice o se pretende comunicar. Cuando la palabra trastoca la intencionalidad de su emisor, anulando la voluntad/ disposición de apertura de un eventual y oportuno oyente/receptor.

Ante situaciones-límite se impone el atrevimiento: forzar la proliferación de hipótesis de trabajo, cuanto más provocadoras, mejor. Hay que asumir, por ello, un riesgo que, a veces se paga a un precio muy alto: la probable marginación institucional, cuando no la exclusión directa o solapada de los espacios de creación y circulación de los discursos, de los micro-espacios de poder. Llámense éstos, Facultades, llámense también plataformas de convergencia/divergencia de ideas, es igual que esas plataformas se presenten bajo la cobertura de una "editorial de reconocido prestigio", de una "revista altamente especializada", o de cualquier "medio suficientemente acreditado". Ante tales situaciones-límite guardar silencio puede seguir siendo un oportuno, aunque incómodo, acto de rebeldía. Sólo que ese silencio se carga entonces --cuando los referentes/legitimación académico-cultural o político-social fallan-- de una densidad expresiva tal que provoca la airada respuesta de esos "ciudadanos sin palabras": única alternativa, justificada reacción/oportunidad que las masas --esa "peligrosa" por sorprendente, mayoría silenciosa--  tienen para vengarse.

Situaciones-límite en las que el individuo llega a descolgarse del medio, desconocerse a sí mismo, porque, o no se fía de ellos --la, diariamente renovada, cotización que en determinados (con)textos se dice que le corresponde--  o que esos medios se han convertido ya en fines, se han confundido con los mensajes/descriptores que originariamente les legitimaron. Mensajes-patrón/ inamovible matriz de esa peculiar imagen que de lo real a un --omnipresente y amenazador, aunque siempre (semi)oculto--  poder le interesa transmitir y conservar.

Un programa es --debería ser--  pues, un conjunto de ficciones útiles/definiciones provisionales, aleatoriamente ordenadas/ caprichosamente entrecruzadas, conjunto de proposiciones abiertas, conjunto de aproximaciones que garanticen la provisionalidad, la puesta entre paréntesis de cualquier filtro de asimilación-procesamiento. Es necesario, por ello, saber leer entre líneas para garantizar el tipo de receptividad que de cualquier espíritu crítico sería de esperar. A cada proposición, frente a cada pronunciamiento, una lectura específica. Un responsable/militante compromiso.

Desde que el hombre es considerado como tal --mucho antes de adquirir esa "peligrosa manía de pensar"--  se hace preguntas --tanto antes como ahora--  acerca de aquello que, por suceder tan cerca, siente que le afecta, preguntas para las que va encontrando respuestas satisfactorias, ya en su más inmediato/"natural" entorno, o recurriendo a las "autoridades mágico-religiosas"/científico-académicas "competentes". Lo importante es relajar su "tensión esencial", la tensión pregunta sobre algo/respuesta que (se supone) le corresponde.

En tiempos de crisis, a estas alturas de la historia del pensamiento occidental, constatados los evidentes efectos que su praxis generara, la pregunta --nuestra pregunta--  es si, en realidad, hay alguna ciencia, alguna parcela del conocimiento que no pueda reivindicar para sí el calificativo de social. Sorprendente división del trabajo intelectual que responde a unos intereses que se escapan al propio conocimiento y que bajo tal nombre determinadas instituciones presentan, tras ese nombre en el que y por el que se legitiman/(auto)perpetúan.

Pensar sobre/desde un determinado --suficientemente "acreditado"--  plano/posición no garantiza homogeneidad, no legitima oficio estable alguno. Se impone asumir determinados riesgos, aproximarse a menudo a los márgenes, asomarse al vacío, para ver más allá, cómo desde esa angustiosa/amenazante negatividad, ese interminable otro --expresión última de la impotencia y del desencanto-- , nuestro oficio recibe un nombre ocupando un lugar: el de la proyección en ese misterioso otro, más allá del espejo. Un espejo de la reproducción a n +/- 1, de la posibilidad de saberse-otro sin dejar de ser-lo-mismo.

Los planos son intercambiables. La red que soporta a/describe un determinados plano está abierta por cualquiera de sus cruces: se accede a ella sin recurrir a "códigos secretos"/ palabras-clave. Desde cualquier punto de la red puede uno instalarse en ella como abandonarla. Por eso los planos reiteradamente se superponen creando un estado de incertidumbre, fijando una lógica de otro orden --supra/infra-lógica de lo real: la organización del caos y en el caos. Consenso, coyuntura, provisionalidad, incertidumbre ... riesgo: A eso se reduce y en esto consiste nuestro oficio.


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