LA SOCIOLOGÍA ESPAÑOLA
el debate metodológico

JESÚS IBAÑEZ

Cuando uno cuenta una historia en la que ha sido uno de los protagonistas, queda escindido en "el que haba" y "aquel de que habla". Lo que no deja de plantear problemas gramaticales. ¿Se referirá a sí mismo como "yo" o como "él"?. Aquí utilizo los dos modos. Utilizo la primera persona cuando hablo de asuntos más privados, la tercera cuando hablo de asuntos más públicos.

LA «GUERRA» INCRUENTA ENTRE «CUANTITATIVISTAS» Y «CUALITATIVISTAS»

I. LAS CATACUMBAS
II. LOS CAMINOS DE LA VERDAD
lII. ALGUNOS NOMBRES PROPIOS

El orden social es del orden del decir. Está hecho de dictados e inter-dicciones. En una dictadura está prohibido todo lo que no es obligatorio: sólo hay dictados e interdicciones. Para saber lo que pasa basta con leer el Boletín Oficial: o la prensa que, en dictadura, lo interpreta. La sociedad está totalmente regulada por el Estado. Por eso, en las dictaduras no hay sociología, sea teórica o empírica.

Pero esto ocurre sólo sobre el papel. Bajo tierra, por férrea que sea la dictadura, hay viejos topos que excavan túneles: en esos túneles es posible la reflexión, teórica y empírica, de la sociedad sobre sí misma.

El suelo de la dictadura franquista se fue infectando paulatinamente de toperas. La primera fue el Instituto de Estudios Políticos. La última «CEISA» y la < Escuela de Ciencias Sociales». Cuando ocurrió la muerte final -en ralentí- del dictador, los topos salieron de sus madrigueras. La investigación social se institucionalizó. Los investigadores sociales empezaron a deambular por el mercado o a anidar en las instituciones.

Fue, en cierto modo, providencial que el proceso fuera clandestino. Pues no hubo vigilantes ni represores. Gracias a ello, surgieron, en los campos de la tecnología, la metodología y la epistemología, ideas nuevas. España es -que yo sepa-, por ejemplo, el único país en que está insticionalizada la técnica del grupo de discusión. Y esta técnica se está exportando a otros países (subdesarrollados, por supuesto).

A lo largo de este proceso, se fue perfilando una oposición entre investigadores cualitativos (su base metodológica era estadística) y cualitativos (su base metodológica era lingüístico/semiótica). La mayoría de unos y otros no han llegado a comprender que son proyecciones simples de un espacio complejo. Para acceder a la verdad de lo social se precisa un dispositivo de doble-pinza que conjugue palabras y números.


I. LAS CATACUMBAS

a) La primera topera fue el Instituto de Estudios Políticos. Javier Conde era un antiguo marxista que, para salvar la vida (y la carrera), se cobijó bajo un techo (el IOP), un tejido (el uniforme blanco de Falange) y un texto (la Teoría del caudillaje). Pero, bajo cuerda y sotto voce, trató de cubrir con ellos a los «rojos» perseguidos por el Régimen. Reunió a muchos, y muy importantes.

Entre ellos, Manuel García Pelayo. Este organizó unos «Cursos de sociología». Los primeros. Estos cursos fueron, el germen de la investigación sociológica empírica en nuestro país.

El jefe de estudios de los cursos era un joven de origen alemán llamado Juan Linz. Pronto consiguió una beca para estudiar en los Estados Unidos. Allí se empapó de sociología norteamericana. Cuando, al inicio de los cincuenta, fui solicitado por el Instituto de la Opinión Pública para dar cierta consistencia científica a sus estudios, escribí a varios famosos sociólogos de allí para pedirles orientaciones. Todos me contestaron, y sus cartas terminaban todas con casi- la misma coletilla: «Espero mucho de los sociólogos españoles. Como todos sean como una alumno que he tenido que se llama Juan Linz...» Linz no retornaría a España del todo nunca, pero en su nombre lo hizo Amando de Miguel, el sociólogo español por antonomasia. Durante muchos años, para los sociólogos, sólo había un dios -Linz-, y Amando era su profeta.

En los mismos cursos, José Bujeda tenía un seminario sobre « Sociografía» . En el seminario participaban los becarios Jesús Ibáñez y Salustiano del Campo. Se estableció una línea jerárquica: Bujeda, Ibáñez, del Campo (en este orden). Bujeda, verdadero «abuelo» de la investigación sociológica empírica en España, no llegó a alcanzar un sólido status ni académico ni profesional. Su destino fue el de todos los iniciadores. Cuando las sedimentaciones en el eje de selección no son retenidas por el eje de combinación, su memoria se pierde (es la «pérdida de los pedúnculos» de que hablaba Teilhard de Chardin). Pero su escuela prendió al bifurcarse en dos líneas metodológicas: una sedente (del Campo), otra disidente (Ibáñez); sus respectivas opciones invirtieron su orden jerárquico. Del Campo podía decir, como el Guerra: «Primero, yo; después, nadie, y después de nadie, Ibáñez». Salustiano del Campo obtuvo -como Linz- una beca para los Estados Unidos, y la tarea de hacer prender una metodología original en suelo autóctono recayó sobre los hombros -poco consistentes- de Ibáñez. Menos mal que tuvo buenos «ayudantes».

b) Interludio

La sociedad corre más que el Estado. Antes de que el Estado franquista legitimara la investigación sociológica empírica, los empresarios -ala vista de la flexibilización de los flujos que hicieron posible los Planes de Desarrollo (de momento sólo los flujos de objetos)- empezaron a requerir los servicios de institutos de investigación del mercado.

Muchos «vivillos» se los ofrecieron. Pero (aparte de intentos que no llegaron a cuajar del todo, como el de Rubén Caba y Arturo Romaní, que fundaron « Iberométrica» , antes de la fundación de «ECO») sólo dos ofrecían garantías teóricas y metodológicas. Los habían montado -naturalmentesociólogos. El «Instituto ECO» tenía como técnico principal a Ibáñez. Funcionaba desde 1958. «DATA», creado en 1965, aglutina a Amando de Miguel con sus discípulos Manuel Gómez Reino y Andrés Orizo. Pero funcionaba desde mucho antes. Fue producto de una excisión en el equipo de « Iberométrica» .

«ECO» empezó haciendo encuestas, pero, a partir de 1965, hizo los primeros tanteos con el grupo de discusión. En torno a Ibáñez se fue sedimentando un plantel de profesionales muy destacados: Alfonso Ortí, Angel de Lucas, Francisco Pereña, José Luis de Zárraga... más tarde Luis Martín de Dios. Fue providencial la incorporación de Alfonso Ortí: fue precisamente un estudio realizado por él para la revista alemana Quick el pistoletazo de salida de una nueva orientación metodológica. Entonces utilizó la entrevista abierta: pero de la entrevista abierta al grupo de discusión no hay más que un paso.

La nueva orientación fue presentada en sociedad en 1969. En unas jornadas sobre publicidad organizadas por Miguel de Haro, Ibáñez presentó una ponencia con título abracadabrante: « El empleo de técnicas no codificadas en el proceso de investigación motivacional: su función para el desarrollo de la creación publicitaria y, eventualmente, para su control». El impacto producido fue notable. Y fue precisamente Manuel Gómez Reino quien, en el coloquio posterior, percibió la importancia de una nueva orientación.

(En aquel tiempo, los que nos dedicábamos a la investigación empírica, aunque no teníamos ni idea de lo que era eso, provocábamos cierta fascinación. Yo me las apañaba con ciertas ideas que me había transmitido René Kónig al volver de América. Recuerdo que me recomendó el libro de Mildred Parten (Surveys, Polls and Samples, Nueva York, 1950). Era todo mi bagaje metodológico. En las primeras oposiciones a una cátedra de sociología, los dos candidatos -Arboleya y Lisarrague- fueron «asesorados» por mí. El día en que se suicidó, Arboleya estaba citado conmigo en «ECO» para visitar con sus alumnos el Instituto. Lisarrague había sido siempre, con Ollero, mi protector. En las oposiciones, la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas le apoyó sin reservas. Se montó una cadena de asistencia. A su lado esta Tierno. Yo era el mensajero. Los catedráticos de la Facultad me contaban los temas, yo se los contaba a Tierno y éste se los contaba a él. Más adelante, en conversaciones conmigo, se despertó la vocación de Francisco Murillo como investigador empírico. Ambos éramos colegiales del «César Carlos». Los que fueron a América, de Miguel y del Campo, sí sabían. Lo habían aprendido todo. No tuvieron, como nosotros, que inventar nada.)

Salustiano del Campo había regresado de los Estados Unidos. Desde el principio se orientó hacia la sociología académica. En 1962 ganó por oposición una cátedra de sociología en Barcelona. De la mano de Salustiano surgió una pléyade de catedráticos: González Seara, Díez Nicolás, Moya... Apoyados por ellos, ya en 1982, obtendrían también cátedra en la Complutense los que hoy encabezan las dos corrientes metodológicas: Francisco Alvira («cuantitativista»), apoyado por del Campo y Díez Nicolás; y Jesús Ibáñez («cualitativista») apoyado por Moya, del Campo y González Seara. Salustiano del Campo era el comodín, abierto a todas las orientaciones metodológicas.

Amando de Miguel tuvo que esperar. A1 fin también Amando fue catedrático. Pero el ejército se cruzó en su camino. Por un artículo, lúcido y crítico, como todos los suyos, le impidieron -por un tiempo- la toma de posesión, e incluso le confinaron en un piso de las Ramblas de Barcelona. Amando ha sido calificado por Alberto Cardín (El Mundo, 28-10.90) de «sociólogo de guardia». Como Ramón Tamames en Economía, y Carlos Castilla del Pino en psiquiatría, ha atravesado la barrera de los medios de comunicación masiva. Los tres llegan con sus escritos a un público no profesional. Los tres han contribuido decisivamente a inyectar ideas renovadoras en la cabeza de una amplia masa de ciudadanos de nuestro país. Los tres son grandes comunicadores.

Así se iban perfilando dos escuelas, conocidas respectivamente como «cuantitativa» (sedente) y «cualitativa» (disidente). Aunque la denominación era imprecisa, éstos son los nombres que tienen que soportar. Se iban a enfrentar en «CEISA» , cuando la sociología empezaba a asomar la cabeza de las catacumbas.

c) Fernando Alvarez-Uría y Julio Varela han contado la historia en otro capítulo de este informe. Tierno y Aranguren eran profesores en los cursos de sociología organizados dentro de la Universidad de Madrid. Los cursos habían sido promovidos por estudiantes próximos al partido comunista: Pablo Cantó, Ricardo Varea y Francisco Betriú. Por su apoyo al movimiento estudiantil, Tierno y Aranguren perdieron su condición de catedráticos. El conjunto de los profesores y alumnos de los cursos se exilió voluntariamente de la Universidad. La gran capacidad organizadora de José Vidal Beneyto permitió que los cursos siguieran adelante. Se fueron montando sociedades privadas a medida en que la policía clausuraba los cursos. Primero «CEISA» , luego «Escuela Crítica de Ciencias Sociales». Como cobertura se montó una «Asociación Europea de Sociología». Sociólogos de renombre, como Morin, Lefebvre, Crozier, Duverger... los apoyaban. Cada año venía uno a dar la lección inaugural.

(Conviene en este punto reflexionar sobre dos hechos. En el campo de las ciencias sociales, los únicos catedráticos expulsados de la Universidad han sido Tierno, Aranguren, García Calvo y -temporalmente- Montero Díaz y Aguilar Navarro (luego se autoexpulsaría en solidaridad Valverde); las dos únicas tesis doctorales rechazadas han sido las de Julián Marías -sobre el padre Gratryy Fernando Sabater -sobre Cioran-. Durante la dictadura, la Universidad española siguió estando presidida por el lema de la Universidad de Cervera: «Lejos, muy lejos de nosotros la peligrosa novedad de pensar». La han cambiado, pero ¿tanto?)

En «CEISA» coincidieron todas las orientaciones teóricas y metodológicas -también ideológicas- de la naciente sociología española. A1 menos de la madrileña. En otros países aparecieron análogos de «CEISA», especialmente en Barcelona. Sólo Salustiano del Campo, ligado a través de su coincidencia en el Instituto de Estudios Políticos y el Instituto de la Opinión Pública con Manuel Fraga, quedó fuera. Como Moisés, no llegó a penetrar en la «tierra prometida». Esta circunstancia, en cierto modo occidental, ha empañado la imagen de del Campo entre los sociólogos. Con toda injusticia. Si Bujeda fue el «abuelo», del Campo es el «padre» de nuestra sociología. No sólo por encabezar el escalafón de catedráticos. De su mano han entrado en la Universidad no sólo los catedráticos citados -Seara, Díez, Moya-, sino también otros aún titulares, con orientaciones muy diferentes de la de su mentor, todos pesos pesados en sus respectivos dominios: Pío Navarro, Juan-José Castillo, Mariano Fernández-Enguita... ¿Hay quién dé más?

El debate metodológico en « CEISA» (y en la «Escuela Crítica de Ciencias Sociales») se desarrolló mediante fuegos cruzados entre tres polos. el primero tenía su centro en Amando de Miguel: representaba la corriente principal de la sociología (sociología «científica»). Los otros dos soportaban una considerable carga ideológica. Uno nucleaba a Pablo Cantó, Antonio Colodrón y Faustino Cordón: representaba la ortodoxia marxista. Otro («crítico») agrupaba -sin centro- a Alfonso Ortí, Angel de Lucas, Jesús ibáñez y José Luis de Zárraga: de orientación originalmente marxista, sus propuestas estaban aderezadas con esencias libertarias (era la década dorada de los sesenta, y se estaba incubando el mayo-68). Nuestro grupo luchaba en dos frentes. El debate con Amando de Miguel era más bien metodológico. El debate con los marxistas (comunistas) era más bien ideológico.

«CEISA» fue -a la vez- fábrica y escena. Se creaba y se representaba. Fue, sin duda, el crisol donde se fundó una sociología española autóctona. Y, sobre todo, una metodología. Aunque los científicos ortodoxos le negaron carácter científico. Los « cuantitativistas» sólo admitían alternativas excluyentes. Ellos eran la ciencia, lo demás era ideología. Los «cualitativistas» admitían alternativas incluyentes. Las dos orientaciones son puertas válidas de acceso a la realidad social.

Era un proyecto de «universidad popular». Las clases estaban abiertas a todos, incluso a los que no tenían estudios académicos. Por allí pasaron, además de muchos que han llegado a ser sociólogos conocidos, otros que se han dedicado a otras cosas. Siempre creando nuevos modos de pensamiento y acción. Desde «El Cubri» hasta Julieta Serrano (acompañada de Enrique Brassó). Desde Juan, el promotor del «Café Manuela» , hasta Alfonso del Val, ecologista (fundador de la revista Bicicleta). Era una nueva cultura la que de allí surgía.

Entre los alumnos estaba Isabel Pizarro, hermana de Narciso. Narciso estaba ya trabajando en Canadá. Allí hizo la carrera de físicas, y allí llegó a ser catedrático de la Universidad de Montreal. Cuando venía por Madrid, visitaba « CEISA»: enseguida entró en resonancia con el grupo «crítico». Pizarro es hoy uno de los metodólogos más destacados del país. Ha contribuido, en colaboración con F. Lorrain, al desarrollo del análisis de redes. Sus orígenes como físico contribuyen al rigor lógico de sus concepciones, lo que no es frecuente en nuestro país. Marginado por la mayoría de los colegas, ha logrado una plaza de profesor titular -gracias al apoyo de Mariano Baena- en el Departamento de Ciencia de la Administración.

Mientras estas cosas sucedían, se estaba gestando una licenciatura en sociología y una asociación española de sociólogos. La licenciatura no fue posible hasta los años setenta. Gracias al talante abierto y la mano izquierda de González Seara -el primer decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología-, entre el profesorado de la Sección de Sociología estuvieron presente casi todas las opciones metodológicas. La asociación se demoró. Pero el tesón de un grupo de jóvenes licenciados, con el apoyo de Alfonso Ortí, creó una Asociación Castellana de Sociología (hoy Madrileña). Asociaciones semejantes brotaron como hongos en otras nacionalidades del Estado Español: todas confluyeron en la FASEE. Paralelamente existía el Colegio de Doctores y Licenciados en Ciencias Políticas y Sociología, entonces fuertemente conservador. Hoy bajo la presidencia de Miguel Angel Ruiz de Azúa, el Colegio se ha convertido en la «casa común» de sociólogos y politicólogos. Las diferencias con la FASEE se han difuminado.

La sociología había salido de las catacumbas. El debate metodológico iba a proseguir a la luz del día.


II. LOS CAMINOS DE LA VERDAD

Jesús Ibáñez, en su tesis doctoral (Más allá de la sociología, Siglo XXI, 1979) y en su memoria para las oposiciones a cátedra (Del algoritmo al sujeto, Siglo XXI, 1985), trata de enfrentarse con el problema metodológico.

Construye un paradigma complejo de la investigación social, con tres niveles en vertical y tres perspectivas en horizontal. Los niveles: tecnológico (que responde a la pregunta «cómo se hace»), metodológico (que responde a la pregunta «por qué se hace así») y epistemológico (que responde a la pregunta «para qué y para quién se hace así»). Las perspectivas: distributiva (cuya técnica más completa es la encuesta estadística), estructural (cuya técnica más completa es el grupo de discusión) y dialéctica (cuya técnica más completa es el socioanálisis).

Podemos considerar tres niveles en un conjunto: el nivel de los elementos, el nivel de las relaciones entre los elementos (estructura) y el nivel de las relaciones entre las relaciones (relaciones entre estructuras o cambios de estructura: sistema). La perspectiva distributiva alcanza al primer nivel, la estructural al segundo, la dialéctica al tercero. Los conjuntos sociales incluyen los tres niveles: hay individuos, estructura social y cambio social. Para acceder a su verdad hay que conjugar las tres perspectivas.

Lo que se puede ilustrar con un ejemplo. Entre los modos de participación política están: el voto, la opinión pública y la acción de masas. Una votación es isomorfa a una entrevista: hay que elegir uno/a y sólo uno/a entre un conjunto cerrado de candidatos/(respuestas). Nada mejor que la encuesta estadística para investigar el comportamiento electoral. La formación y expresión de la opinión pública es isomorfa a un grupo de discusión: en los dos casos está implicado un dispositivo conversacional. Nada mejor que el grupo de discusión para investigar la opinión pública. La acción de masas es isomorfa al socioanálisis: en los dos casos funcionan asambleas (un dispositivo conversacional que además de utilizar el plano semántico -del orden del decir- como el grupo de discusión, utiliza el plano pragmático -del orden del hacer-). Para que una técnica de investigación social pueda alcanzar a un sector de la acción social es necesario que en la situación de investigación y en la situación de acción funcionen juegos de lenguaje del mismo tipo: pregunta/respuesta en la encuesta y en las elecciones, conversación en el grupo de discusión y en la formación y expresión de la opinión pública, asamblea en el acción de masas y en el socioanálisis.

Las tres perspectivas metodológicas no están en el mismo plano: en un plano exclusivamente tecnológico. Sobre el nivel tecnológico están el metodológico y el epistemológico. Las dos orientaciones que analizamos («cualitativa» y «cuantitativa») no se diferencian, ni sólo ni principalmente, en que manejen cualidades (mentadas por palabras) o cantidades (mentadas por números). La diferencia se despliega en un espacio de muchas dimensiones. Vamos a discutir brevemente las que parecen más relevantes:

* A nivel metodológico:
Palabras/números
Juegos de lenguaje mediante los que se construyen los datos
Matemáticas mediante las que se analizan los datos
* A nivel metodológico:
Conocer/comprender
Información/neguentropía
* A nivel epistemológico:
Modelos/realidad
Significación/sentido


a) Palabras y números

En investigación social, los datos con los que se echan cuentas son producto de cuentos. Los datos son producidos mediante juegos de lenguaje: pregunta/respuesta, conversación, asamblea. El lenguaje es la trama del orden social: el orden social es del orden del decir. Por eso, las relaciones entre las palabras y las cosas (o eventos) se transforma al pasar de los órdenes físico o biológico al social. En los primeros, las cosas preexisten a las palabras: las cosas luna o elefante son anteriores a las palabras «luna» o «elefante» ; y las palabras -por eso sirven- están codificadas a las cosas. En el orden social, las palabras son anteriores: las cosas (comportamientos) delictivos son producto de la palabra «delito» (emitida por quien tiene poder performativo para crear realidad, para construir cosas mediante palabras: en este caso, el poder legislativo de lo penal). Pero, además, las «cosas» sociales, frente a las físicas y biológicas que son sólidas, son fluidas: muy poco estables.

El lenguaje ha aparecido todo una vez: en un momento nada tenía significado, en el siguiente todo tenía significado. El lenguaje constituye una estructura saturada: no se puede cambiar una parte sin cambiar el todo. El proceso del conocimiento, en cambio, procede parte a parte (Levi-Straus C., «Introducción a la obra de Marcel Mauss», en Mauss: Sociología y antropología, Tecnos, 1971). Esas partes se pueden contar. Esta observación ha llevado a Deleuze y Guattari (Mille Plateaux, Minuit, 1980) a diferenciar el control por códigos y el control por axiomáticas. Una axiomática no está saturada: se pueden quitar y poner axiomas. Sobre un sistema controlado por códigos sólo se pueden contar cuentos, sobre uno controlado por axionáticas se pueden contar también cuentas. A medida en que el control por axiomáticas sustituye al control por códigos, los números sustituyen a las palabras en las investigación social. Sin olvidar que son posibles palabras sin números, pero no números sin palabras.

En general, los investigadores que hacen encuestas prestan poca atención al proceso de producción de datos, e ignoran en qué medida el producto (el dato) es función del proceso de producción (los juegos de lenguaje). Un conocido sociólogo preguntó en una encuesta: «¿Se siente usted alienado?»; y como la respuesta casi unánime fuera «No» , concluyó que en España la gente no estaba alienada. Cuando la máxima alienación es la no conciencia de la propia alienación... Luego, correlacionaba el nivel de alienación con cultura, práctica religiosa, ocupación, etcétera.

Los números están supeditados a las palabras, pues el lenguaje matemático es parte del lenguaje común. El número no es ni mucho menos un concepto central en matemáticas El concepto central -como observa Russell- es el de Orden. Hay matemáticas sin número, matemáticas cualitativas. Levi-Strauss («Las matemáticas del hombre», en Estructuralismo y epistemología, Nueva Visión, 1970) las reclamó hace tiempo. Hoy, los investigadores sociales más avanzados utilizan matemáticas cualitativas: geometrías, como teorías de catástrofes o fractales; álgebras, como teoría de grupos; redes, como teoría de redes, redes de Petri, e -incluso- Q-análisis de Atkin.

La topología va cobrando una importancia cada vez más relevante. En topología sólo son invariantes el número de puntos y el orden entre puntos: no lo son ni los ángulos ni las distancias (que no tienen interpretación en sociología). Thom, para la teoría de catástrofes, Pask, para la teoría de la conversación, Atkin, para el Q-análisis... utilizan la topología (el primero, la diferencial; los dos segundos, la algebraica). Fernando Conde («Una propuesta de uso conjunto de la técnicas cuantitativas y cualitativas en la investigación social. El isomorfismo de las dimensiones topológicas de las dos técnicas», en: Revista Española de Investigaciones Sociológicas, n.° 39, julio-septiembre 1987) ha propuesto la utilización de la topología para articular las técnicas cualitativas y cuantitativas.

Los números son exactos; las palabras, anexactas. El uso de números implica (como la moneda) un patrón de medida, el de palabras no. Las palabras permiten la inflación y la especulación. Los sistemas físicos son exactos; los biológicos y sociales, anexactos. Son sistemas abiertos que se alimentan de ruido. Si, por ejemplo, las reacciones condicionadas fueran exactas, no habría reacciones condicionadas: ninguna naranja es idéntica a otra naranja (ni siquiera a sí misma, pues cambia). Si, por ejemplo, los conceptos fueran exactos, no habría ningún concepto (sólo nombres propios): pues ninguna cosa es idéntica ni a sí misma ni a otras cosas. Los robots sólo operan con números: un ser humano opera, también y sobre todo, con palabras. Matemáticas (del griego «manzanein» = aprender) es la autoconciencia de la propia actividad. «Un aspecto reconocible del avance en matemáticas consiste en el avance de la autocoenciencia de lo que estamos haciendo, gracias a lo cual lo cubierto se transforma en abierto» (Spencer Brown G., Laws of form, E. P. Dutton, 1979). Matemático es el que sabe lo que hace. El pensamiento matemático es reflexivo.

Los investigadores sociales, sean cuantitativos o cualitativos, pueden ser o no matemáticos. Lo son los que piensan.


b) Juegos de lenguaje

Cada perspectiva metodológica emplea un tipo de juego de lenguaje: pregunta/respuesta la distributiva, conversación la estructural, asamblea la dialéctica.

En el juego de lenguaje de tipo pregunta/respuesta se pierde información: pues la pregunta limita el ámbito de las respuestas posibles. En los juegos de lenguaje de tipo conversación se gana información. «Información» tiene dos significados: extraer información mediante la observación (informarse de), inyectar neguentropía mediante la acción (dar forma a). El grupo de discusión extrae información, la asamblea inyecta neguentropía. En el grupo de discusión se gana información semántica (informarse de), en el socioanálisis información pragmática (dar forma a).

El juego de lenguaje pregunta/respuesta es asimétrico: el poder queda del lado del que pregunta (puede preguntar), el deber del que contesta (debe contestar). Los juegos conversación y asamblea son simétricos.


c) Juegos matemáticos

En el tratamiento estadístico de los datos producidos por encuestas suelen incluirse dos dispositivos demasiado rígidos:

* La clasificación de las respuestas tiene forma de partición. Las respuestas deben ser disjuntas y llenar el espacio de la pregunta. A cada pregunta cada entrevistado debe dar una y sólo una respuesta. Lo que ejerce una violencia sobre él. En encuestas sobre «hechos» la cosa no es grave: pues la lógica de la propiedad privada (todo bien tiene un y sólo un propietario) distribuye así los «hechos». En encuestas sobre «opiniones» la cosa es grave: nuestros pensamientos y nuestras emociones no están estructurados, así hay solapamientos o bifurcaciones o contradicciones...

* El análisis se suele realizar mediante técnicas de regresión y correlación. El concepto de regresión surgió en biología: indica vuelta hacia atrás (reaparición de un rasgo anterior en la filogenia). El cálculo de la función de regresión exige ajustar los datos a una línea en un espacio de dos o más dimensiones, generalmente recta. Lo que hace perder información: si comparamos lluvias con cosechas, es obvio que las cosechas dependen de las lluvias, pero no sólo -tal vez no principalmente- de las lluvias. A1 ajustar los datos a una recta convertimos en función la relación entre cosechas y lluvias, y perdemos la información sobre la relación de las cosechas con otros factores.

En ambos casos producimos una representación de lo real más rígida que lo real. Perdemos información para ganar neguentropía: para contribuir a que las cosas sean así, que no haya otras clasificaciones que particiones, que no haya otras relaciones que funciones. Un preso para cada celda y una celda para cada preso. Las palabras utilizadas nos indican de qué va la cosa. Regresión = andar hacia atrás (prevenir el cambio social). Ajustar.: imponer a lo que es lo que debe ser. Recta: hacer andar por el camino recto y hacia la derecha.

Atkin, creador del Q-análisis, propone una alternativa: en vez de particiones, cubiertas: en vez de funciones, relaciones. Véase Gould P., «Q-analysis, or a language of structure: an introduction for social scientists, geographers and planners», en Int. J. Man-Machine Studies, 13, 1980, parcialmente reproducido en Suplementos Anthropos, n 22, 1990).

Si, por ejemplo, queremos clasificar las opiniones políticas, éstas no constituyen una partición. Hay solapamientos, etc. La opinión de Solchaga puede ser cubierta por los términos «liberal» -que cubre también la de Suárezy «socialdemócrata» -que cubre también la de Redondo-, etc. Usando cubiertas en vez de particiones no se pierde información, o se pierde menos.

Todas las funciones son relaciones, pero no todas las relaciones son funciones. Si empezamos por relaciones, encontraremos las funciones -si las hay- Si empezamos por funciones, perderemos las relaciones que no son funciones -si las hay-. Pero «ganaremos» un orden social cada vez más rígido.


d) Posiciones del sujeto

Las posiciones del sujeto epistémico han cambiado con las revoluciones de la mecánica (ciencia-guía).

El sujeto de la mecánica clásica (Newton) era absoluto: había un lugar absoluto para que el sujeto accediera a la verdad de un objeto exterior a él.

Con las revoluciones relativistas (Einstein) y cuántica (Plank), la posición del sujeto experimenta dos inflexiones. En mecánica relativista y cuántica hay una interpenetración entre sujeto y objeto: en mecánica relativista, el objeto modifica al sujeto (para observar un cohete de velocidad próxima a la de la luz, debe meterse en él, y sus parámetros fundamentales -espacio, tiempo, masa- se verán alterados); en mecánica cuántica, el sujeto modifica al objeto (al observarlo y manipularlo para medirlo, lo altera: su posición o su estado de movimiento quedarán indeterminados). En mecánica relativista hay una inflexión relativa: la observación es función del punto/momento de observación (para acceder a la verdad del objeto, es necesaria una conversación entre todos los observadores posibles). En mecánica cuántica hay una inflexión reflexiva: el sujeto es interior al objeto y el objeto es interior al objeto (para acceder a la verdad del objeto, el sujeto necesita acceder a la verdad de la relación sujeto-objeto).

El presupuesto de objetividad es sustituido por el presupuesto de refexividad (Navarro, P., «Sistemas reflexivos», en: Suplementos, n.° 22, Anthropos, 1990). Según el primero: sujeto y objeto son independientes y anteriores a la relación sujeto-objeto. Según el segundo: sujeto y objeto son funciones de su relación, y el objeto es producto de la actividad objetivadora del sujeto. Lo que investiga el investigador es «una realidad compuesta por un sujeto y la realidad que ese sujeto intenta objetivar».

Las dos flexiones son obvias en sociología. El investigador (sujeto) y los investigados (objetos) son sujetos que ejercen una actividad objetivadora. Cualquier observación y/o manejo de la realidad social está teñida por el sistema de valores del investigador producto de su ideología que es producto de su posición en el orden social. El sociólogo es interior a la sociedad (la investigación es un actor social) y la sociedad es interior al sociólogo (en cuanto conoce objetos y comprende a sujetos).


e) Conocer y comprender

La ciencia intenta conocer objetos. Sin limitaciones epistémicas intrínsecas, la ciencia clásica; con limitaciones epistémicas intrínsecas, la ciencia no clásica; principios de incertidumbre (Heisenberg: la prueba empírica es paradójica, pues intenta medir la materia con instrumentos hechos de material) e incompletitud (Gódel: la prueba teórica es paradójica, pues intenta pensar el pensamiento). La cibernética intenta comprender las acciones de los sujetos. Las decisiones de los sujetos la clásica, las distinciones la no clásica. La cibernética clásica tiene en cuenta la información como « informarse de»: es lo que permite reducir la incertidumbre de las decisiones. Pero decidimos entre alternativas construidas por distinciones de alguien: de uno mismo en los sistemas autopoiéticos, de otros en los alopoiéticos. La cibernética clásica tiene en cuenta la información como dar «forma a». Mediante distinciones -que clasifican: dividen un conjunto en subconjuntos- e indicaciones -que ordenan: marcan la preferencia de valor por uno de los subconjuntos o lados de la distinción- damos forma al mundo. Véase: Navarro P. «Cibernética: de la ciencia del control al control de la ciencia», en Preceedings Conference «Support, Society and Culture. Mutual uses of cybernetics and science», Amsterdam, 1989 (parcialmente incluido en: Suplementos, n.° 22, Anthropos, 1990).

Las palabras ley, lectura y elección tienen la misma raíz. Se puede consumir la ley mediante una lectura semántica o una elección pragmática. La decisión tiene la potencia de una respuesta: de una lectura o elección. La distinción y la indicación tienen la potencia de una pregunta: de una escritura. Por ejemplo: en unas elecciones, el poder está al lado de los que proponen candidatos (distinguen), no de los que votan (deciden).


f) Información y neguentropía

Una investigación social cumple dos funciones. Una semántica: extraer información mediante la observación. Otra pragmática: inyectar neguentropía mediante la acción.

La encuesta estadística tiene un déficit semántico (se pierde información). Pero, desde la perspectiva de las clases dominantes, lo que se pierde en información se gana en neguentropía. Su práctica contribuye a que las relaciones sociales sean cada vez más como deberían de ser para que esta metodología estuviera justificada:- a que los individuos sean cada vez más idénticos (robots) y más «libres» (con libertad de decisión, pero no de distinción ni de indicación). A1 dividir a su campo en dos conjuntos, el de las variables independientes o inputs o ecosistema (que representan a las clases dominantes), y el de las variables dependientes u outputs o sistema (que representan a las clases dominadas), produce dos tipos de libertad: de distinción e indicación para los miembros de las clases dominantes, de decisión para los de las clases dominadas.

El grupo de discusión tiene un superávit semántico (se gana información). En la discusión, cada uno puede decir todo, con tal de que no haga otra cosa que decir (que no haga nada). No hay inyección de neguentropía: ni de arriba a abajo, en dirección a las clases dominadas, ni de abajo a arriba, en dirección de las clases dominantes. Hay excepciones, posibles, pero no probables: un grupo (terapéutico) catalizó la explosión de mayo1968. Pero era parte de un socioanálisis.

El socioanálisis desarrolla todas las potencialidades semánticas y pragmáticas en todas las direcciones: vertical, horizontal e -incluso- transversal.

En términos políticos: la encuesta tiende a liberar el comportamiento electoral; el grupo de discusión, la opinión pública; el socioanálisis, la acción de masas.


g) Control/promoción del cambio social

La investigación social es un actor social. Puede contribuir a la estabilidad o al cambio.

En la sociedad hay sistemas, pero la sociedad no es un sistema: no tiene frontera. Lo que constituye a un sistema es una frontera que lo unifica.

La investigación social es un actor fuerte como dispositivo de control del cambio en sistemas sociales (incluidos en la sociedad). Ello se debe, en gran parte, a la forma de las técnicas de investigación social.

En la perspectiva distributiva, son estabilizadoras: por la forma de la producción de datos (pregunta/respuesta) y de su tratamiento (generalmente estadístico). La entrevista es un dispositivo disciplinario que contribuye a que se reproduzca la estructura de dominación: unos preguntan (mandan) y otros responden (son mandados), y no puede haber respuesta que desborde la pregunta. El uso de matemáticas rígidas -álgebra lineal, geometría euclídea, estadística paramétrica, etc.- contribuye a producir una imagen rígida de las relaciones sociales que a su vez contribuye a hacerlas más rígidas. La estadística, en general, produce dos efectos. Uno semántico: al no reconocer fronteras «naturales», y esa ocultación facilita el trazado arbitrario de fronteras «artificiales» (los que mandan, ecosistema o conjunto de variables independientes, trazan arbitrariamente la frontera que los separa de los mandados, sistemas o conjuntos de variables dependientes). Otro pragmático: contribuye a conjugar la rigidez a nivel de la estructura (ausente por oculta) con la flexibilidad a nivel de los elementos.

En la perspectiva estructural, son tácticamente promotoras del cambio pero estratégicamente estabilizadoras. Frente a la «muestra», el grupo es un sistema entreabierto. Los que componen la muestra nunca podrán conjunto porque nunca estarán juntos: no podrán ser grupo-sujeto. Los del grupo de discusión sí (en teoría). Eso, hacia el futuro. Pero hacia el pasado el grupo está cerrado en dos dimensiones. En la dimensión del grupo, los elementos que lo van a formar son seleccionados por el preceptor. En la dimensión del discurso, el tema de discusión les es impuesto por el mismo preceptor. Su juego conversacional está abierto en lo semántico (pueden decir todo) pero cerrado en lo pragmático (no pueden hacer nada). Esta técnica revela la estructura -las fronteras- pero tiende a fijarla: reprime el sistema. Permite los cambios necesarios para que todo siga igual.

En la perspectiva dialéctica, son estratégicamente promotoras del cambio. Se abren los dos cierres del grupo de discusión. El grupo no es producido, sino recolectando: el socioanálisis es análisis institucional en situación. El decir no está constreñido por una imposición inicial de nadie, en lo semántico, y queda liberado el hacer, en lo pragmático. El uso de esta tecnología se estrella también con fronteras: pero son fronteras recolectadas, no producidas por la investigación. Se tropieza con límites institucionales que hacen que el efecto sea más reformista que revolucionario. Pero hay corrimiento de fronteras.


h) Modelos y realidad

Como actor social, la investigación social trabaja con modelos. Sustituye lo real --concreto- por un modelo -abstracto-, y funda sus predicciones y decisiones en el análisis del modelo. El modelo puede ser explícito -teórico- o implícito -ideológico-. Es más fácil de controlar un modelo explícito.

Se pueden construir modelos de los sistemas en la sociedad pero no de la sociedad que no es sistema.

La investigación puede ser actor fuerte cuando trabaja con sistemas. Como esos sistemas tienen fronteras, puede construir modelos de ellos. Pero el uso de un modelo puede plantear algunos problemas. Si el modelo es inadecuado, su uso puede producir efectos no deseados debidos precisamente al modelo. Por ejemplo: el equipo de Maravall construye el modelo de una Universidad compuesta de maestros y discípulos; diseñan una Ley de Reforma Universitaria para promover en las universidades un cambio en la dirección deseada (un cambio beneficioso para todos); como la Universidad está compuesta de padrinos y pandillas, la autonomía universitaria ha servido para reproducir o endurecer la dominación de los padrinos (o -en casos de rebelión de las pandillas- para. imponer, incluso a los padrinos, las dictaduras de las mayorías). Si el modelo es adecuado, como sus fronteras no se mueven y las del sistema modelado sí, el uso de modelos puede tener un efecto conservador: fija las fronteras, y, en todo caso, si las fronteras del sistema se corren, el modelo acaba siendo inadecuado (de Zeeuw G., «Can social change be supported by inquiryr, en Kybernetes, vol. 13, 1984, pp. 165-171 -reproducido parcialmente en Suplementos, n.° 22).

De la sociedad no es posible un modelo explícito. Pero todos nos servimos de modelos ideológicos implícitos. Todos tenemos una ideología, y algunos tienen la más peligrosa de todas: la ideología de que no tienen ideología. En estas condiciones, ¿puede ser la investigación social actor fuerte para promover el cambio en una dirección deseable? Puede, con dos condiciones.

Hay que reintroducir lo que los partidarios del presupuesto de objetividad excluyen: el sujeto y los valores. Spencer-Brown (op. cit.) los reintroduce en el primer axioma de su cálculo de distinciones e indicaciones: para que exista una distinción, alguien (sujeto) la tiene que haber trazado, y para que la haya trazado los dos lados de la distinción han de diferir en valor para él.

El investigador es sujeto, pero los investigadores también lo son. En la investigación hay componentes subjetivos (intersubjetivos) y objetivos. Lo objetivo no lo define el investigador: lo deciden por mutuo acuerdo el investigador y los investigados, es la intersección entre los productos de las acciones objetivadoras de investigador e investigados. Los investigadores clásicos suelen dividir los valores en científicos (objetivos e indiscutibles) y políticos (subjetivos y discutibles). La ciencia es el reino de lo objetivo, la política el de lo intersubjetivo. Pero investigador e investigados distribuyen sus valores en políticos y científicos. Ambos ejercen una actividad objetivadora. No se puede colocar el investigador encima de los investigados.


i) Significación y sentido

El valor de verdad -semántico- de una expresión es su significado. El valor de supervivencia -pragmático- su sentido (Wilden A., System and structure, Tavistpck, 1972).

Una técnica de investigación puede tener valor de verdad (es su significado metodológico) o valor de supervivencia (es su sentido epistemológico). Verdad y supervivencia son relativas. Pero la supervivencia es más relativa que la verdad. Lo que es verdadero para uno puede ser falso para otro: pero el conflicto intersubjetivo entre uno y otro puede detenerse si uno y otro se ponen de acuerdo sobre un objeto. Lo que hace vivir a uno hace morir a otro. Por ejemplo: lo que hace vivir al terrateniente hace morir al colono. Inevitablemente. Pero caben situaciones intermedias: lo que hace vivir al capitalista no hace morir al trabajador, le hace vivir menos.

Cuando la lucha de clases no está planteada en términos de sí o no (como en el caso de terratenientes/colono) sino en términos. de más o menos (como en el caso de capitalista/trabajador) hay posibilidad de acuerdo. La revolución puede ser sustituida por la reforma. Para ello, hay que mirar hacia el exterior/futuro, no hacia el interior/pasado.

La supervivencia de un sistema exige la supervivencia de todos los ecosistemas que lo contienen. Una investigación puede tener valor de supervivencia: para el investigador (si se la pagan), para la profesión (si mejora su imagen), para la sociedad (si contribuye a su reproducción y desarrollo), para su medio natural (si asegura que el desarrollo de la sociedad no implique la destrucción de ese medio).

Sólo la investigación con valor de supervivencia para el ecosistema máximo es plenamente válida. Lo malo es que, porque la posición del investigador es relativa y reflexiva, nunca estaremos seguros de su validez. Tenemos que seguir debatiendo.


lII. ALGUNOS NOMBRES PROPIOS

En todas las dimensiones y a todos los niveles hay aportaciones valiosas de nuestros profesionales. Aunque la mayoría de ellos se ha limitado a importar tecnología, algunos han preferido inventarla: ya se empieza a exportar.

El talante de los investigadores sociales tiende a ser cada vez más abierto. Así lo demuestran Miguel Beltrán («Cinco vías de acceso a la realidad social», en Revista Española de Investigación Sociológica, n.° 29, Madrid, 1985) y Manuel García Ferrando (Sobre el método, CIS, Madrid, 1979).

Mencionaremos a algunos de los que han contribuido más a desarrollar los diferentes dominios.


a) En el dominio de la ciencia clásica

En este dominio hay desarrollo, pero proviene en gran parte de la importancia y de la continuación de las líneas importadas.

a.1. Desde el polo «cuantitativo»

A nivel metodológico destaca Francisco Alvira (Los dos métodos de las ciencias sociales, eds. CIS, Madrid, 1979). También ha contribuido J. Ibáñez («Las medidas de la sociedad», en Revista Española de Investigación Sociológica, n.° 29, Madrid, 1985).

A nivel tecnológico hay desarrollos interesantes:

* Sobre indicadores sociales: Salustiano del Campo, Amando de Miguel, Juan Díez, Nicolás, Antonio Medina... y, desde una posición crítica, Carlos Moya.
* Sobre análisis de contenido .y de discurso: Javier Sánchez Carrión.
* Sobre diseño de experimentos: Francisco Alvira.
* Sobre análisis de datos secundarios: Manuel Navarro.
* Sobre análisis cuantitativos de datos por ordenador: Modesto Escobar y Javier Sánchez Carrión.
* Sobre evaluación de servicios sociales: Francisco Alvira y María Ángeles Cea.
* Etcétera.

a.2. Desde el polo «cualitativo»

Los profesores catalanes Francesc Mercadé y Francesc Hernández; con una orientación antropológica, Pío Navarro (Mecina. La cambiante estructura social de un pueblo de la Alpujarra, CIS, Madrid, 1979); y trabajando con historias de vida, Bernabé Sarabia.


b) En el dominio de la ciencia no clásica

Es el dominio en el que se han producido aportaciones más novedosa, algunas exportables.

b.1. Grupo de discusión

A nivel metodológico y epistemológico, J. Ibáñez (Más allá de la sociología, Siglo XXI, Madrid, 1979) y Alfonso Ortí («La apertura y el enfoque cualitativo o estructural: la entrevista abierta y la discusión de grupo», en: García Ferrando, Ibáñez y Alvira, El análisis de la realidad social, Alianza Universidad, Madrid, 1986).

A nivel tecnológico, hay que reseñar la emergencia de varias olas:

* La primera es el equipo de estudios cualitativos de «Instituto ECO»: Ibáñez, Ortí, de Lucas (que ahora anidan en las instituciones), y Zárraga, Pereña y Martín de Dios (que aún deambulan por el mercado).

* Constituyen la segunda profesionales que trabajaron con los anteriores: Félix Recio, Angel Carrión, Anselmo Peinado, Ana Botana, Carlos Pereda, Luis Seoane, Miguel Angel de Prada, Adolfo Estrella...

* Está emergiendo una tercera ola: Juan de Dios Ruano, Enrique Martín, Demetrio García de León...

b.2. Otras técnicas

* En una perspectiva estructural de base matemática:.

- Narciso Pizarro ha contribuido, como vimos, al desarrollo del análisis de redes (en colaboración con F. Lorrain, «Structural equivalence of individuals in social networks», en J. of Mathem. Sociol., 1, 1976). Es autor de libros notables sobre metodología estructural: Contribución al análisis estructural de la novela, Siglo XXI, Madrid, 1970; Metodología y teoría lingüística, Comunicación, Madrid, 1979.

- En torno a Manuel Martín Serrano (Métodos actuales de investigación social, Akal, Madrid, 1978) se ha aglutinado un equipo de investigadores con tecnología original para la investigación de la comunicación: José Luis Piñuel, Carmen Caffarel, María Antonia Arias...

- Habría que citar a Fernando Conde, y su intento de articular mediante la topología las técnicas «cualitativas» y «cuantitativas».

* En una perspectiva estructural de base lingüística:

- José Vidal Beneyto (Posibilidades y límites del análisis estructural, Ed. Nacional, Madrid, 1981) es el indiscutible cabeza de fila de esta orientación.

- Gérard Imbert (Los discursos del cambio, Akal, Madrid, 1990) ha colaborado con Vidal, desde una metodología original -sociosemiótica- que conjuga orientaciones de Greimas y de Baudrillard.

- También desde una orientación semiótica, más próxima a Eco y Fabri, destacan Jorge Lozano, Gonzalo Abril y Cristina Peña Marín (Análisis del discurso, Cátedra, 1982).

* En una perspectiva dialéctica: el equipo «IOE» (Carlos Pereda, Walter Actis, Miguel Angel Prada) practica la Investigación Acción Participativa.


c) En el dominio de la cibernética clásica

El enfoque sistémico y cibernético se va abriendo camino en nuestro país. Primero, ha entrado la cibernética de primer orden o de los sistemas observados.

Destaca, entre los sociólogos, Francisco Parra Luna (Elementos para una teoría formal del sistema social, Ed. Complutense, Madrid, 1983), en la línea de Bunge. También: Rafael Bañón, José Almaraz, Ramón García Cotarelo, José Antonio Garmendía, A. Colomb, R. de las Heras... trabajan en esta dirección.


d) En el dominio de la cibernética no clásica

Ahora, empieza a desarrollarse la cibernética de segundo orden o de los sistemas observadores.

* En la línea de Von Foerster, Maturana y Varela, Pask:

- A nivel epistemológico, es muy importante la contribución de Pablo Navarro («Sistemas reflexivos» y «Cibernética: de la ciencia del control al control de la ciencia: fragmentos», en Suplementos, n.° 22), así como su tesis doctoral sobre « El holograma social» (inédito). Hacia este nivel y este dominio se desliza el trabajo de Ibáñez: Del algoritmo al sujeto (Siglo XXI, Madrid, 1985); El regreso del sujeto (Amerinda, Santiago de Chile, 1990); coordinación y diseño del n.° 22 de Suplementos, «Nuevas tendencias en investigación social (la investigación social de segundo orden)».

- A nivel metodológico, varios jóvenes investigadores se acercan a esta orientación. Juan de Dios Ruano trabaja sobre la sustitución del concepto «indicador» por el concepto «analizador» para la investigación de los movimientos sociales.

* En la línea de Luhmann: José María García Blanco, muy crítico con la línea de Ibáñez.


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