TEORIA Y PRACTICA EN LA SOCIOLOGIA ESPAÑOLA (1)
b) práctica:
de la sociología (informarse de) al socialismo (dar forma al)


SOBRE LA SOCIOLOGIA EN ESPAÑA (*)
NOTAS DE UN "CUADERNO DE CAMPO"

IGNACIO FERNANDEZ DE CASTRO

El general Franco, una vez que impuso su "paz" sobre la totalidad del "territorio nacional", colocó la espada fronteriza de lo permitido por debajo de la cabeza de sus súbditos, por lo que la "sociología", si es que la había, quedó excluida de la realidad oficial del país. La alabanza al orden constituido, desde el campo de las "ciencias sociales", donde la sociología se esfuerza en señalar y hacer respetar su "territorio", se ha considerado siempre una representación "no científica" de la sociedad, ni siquiera la tradicional tolerancia con el poder de la Academia otorga a la "alabanza" la calificación de "corriente" científica.

En el periodo "negro" de la postguerra, la "sociología", negada su existencia por el poder, malvivía de la clandestinidad o en el exilio. Rastrearla en el "inerior" es leer trabajosamente entre líneas o interpretar el hosco silencio de los vencidos. En el "exterior" la sociología española la producían, o bien el Partido Comunista aplicando al conocimiento de la sociedad la "técnica sociológica dialéctica" que los discípulos de Marx habían institucionalizado como "ciencia oficial" en los partidos adscritos a la "tercera internacional", o bien algunos intelectuales exiliados con sus ensayos críticos sobre la guerra y sobre la dictadura. En el "interior" todavía no había sociólogos profesionales. Eso vino después y también después la Facultad de Sociología.

Resulta sugestivo y llama a reflexión, quizá sociológica, esa vida intrauterina de una ciencia en una etapa oscura de la historia de un pais. Bien mirado, la punta del crecimiento del conicimiento, los tiempos y todavía indecisos brotes de las ramas más altas del viejo tronco que conoció el pecado de Adán, siempre se producen fronterizos a la ignorancia y acechados por la "sabiduría" establecida que privilegia a quienes la detentan con los halagos del poder. La ridícula prepotencia de los "elegidos" por el pueblo en la democracia y el populismo de los tiranos en la dictadura, son la demostración hasta la evidencia de que todo orden social contiene su negación y una dynamis en la que se fundamenta la ciencia social dialéctica. Porque la sociología nace de su negación, de la negación de sus avances por los sociólogos "oficiales", la sociología, hoy todavía, se alimenta, crece y prospera. En aquellos años tristes de la postguerra todos cuantos se oponían al Régimen y trataban de cambiarlo estaban "haciendo" sociología. En la transición democrática, en 1977, el país obtuvo un aprobado general bien merecido. Más tarde la sociología fue ejercida por los sociólogos, la negación de la negación, la caricatura de un proceso de conocimiento. De eso hablaré después, ahora estamos todavía en el momento de su nacimiento (o renacimiento).

El conocimiento culmina en la transformación del objeto que ha sido conocido o, al menos, en su significación operativa, base para el posterior proceso de transformación, con el que, en cualquier caso, forma unidad, aunque ésta se encuentre despiezada para su uso por el poder. El objeto de la ciencia transformado por el proceso de conocimiento en que la ciencia consiste, registra materialmente su avance, marca su nueva frontera y produce el objeto siguiente del conocimiento (el objeto transformado) y su próximo objetivo (la nueva transformación del objeto). Cuando, como en la sociología, la sociedad es el objeto de conocimiento, su transformación permanente es el objetivo del proceso de conocimiento en que esa ciencia consiste.

La sociología, como toda ciencia, o es crítica en relación con el orden que cohesiona a su objeto, o no es ciencia.

La singularidad de la sociología, como la de algunas de las otras ciencias humanas, es que su objeto, la sociedad, comprende en su orden al sujeto que la practica. Este es una parte del sistema social y, al mismo tiempo, en ese sistema desempeña la función conocedora o alguna de sus complejas secuencias. Esta extraña posición del analista social invierte el sujeto y el objeto del conocimiento, ya que por su mediación es la sociedad, o el sistema, la que conoce y son las mujeres y los hombres, convertidos en "población", el objeto que debe ser conocido y, en definitiva, transformado, con ello la actividad sociológica pierde el sentido que la define como ciencia y se convierte en una práctica del poder social. Entre las muchas cosas que entre nosotros "andan de cabeza" y que parece necesario poner sobre los pies, se encuentra la sociología.

En el perido oscuro de la postguerra, sin embargo, su sujeto: el pueblo, abrumado por el peso de la bota del tirano, emprendió trabajosamente la actividad sociológica. Su tesis doctoral sobre "La tiranía y su negación" ha hecho historia y recibió una justa calificación de "cum laude", cuando presentó transformado en democracia el objeto de su conocimiento: la sociedad española. Al lado de otra obra "mayor" producida durante el periodo, pueden quizá citarse otras, "menores", de autores que supieron, pese al riesgo real que hacerlo suponía, colocarse frente a ... y al lado de ..., que hicieron sociología creyendo que hacían política. El caso más destacado, porque mantiene durante el periodo la presencia de una escuela de esta "ciencia", auqnue, no el único, es el ya citado Partido Comunista de España. Lo dicho plantea, me temo, un serio problema de comprensión.

Hablar de sociología y de quienes la practican, supone para alguno hablar, no del campo que define su objeto y sus objetos, y de la activación en que consiste su práctica y la de quienes la realizan, sino de otra cosa. Cada ciencia, a medida que se desarrolla y que produce o conquista su propio campo y adquiere carta de naturaleza, se estructura en mecanismos, en técnicas y metodologías, crea su propio lenguaje y organiza su "Academia" para que acumule sistemáticamente conocimientos y experiencias. La ciencia, convertida en "disciplina", excluye a cuantos no se ajustan a sus reglas, y a quien habla de ella y de quienes la practican, le exige que hable de lo que se produce por sus "disciplinados", por quienes para su producción científica utilizan los mecanismos, las estructuras, las técnicas y las metodologías, el lenguaje, en fin, de esa ciencia, destinando lo producido a ser acumulado, para que, tras haber sido severamente juzgado por la "Academia" y admitido por ella, cuidadosamente valorado y sistematizado, conforme el "cuerpo" de la ciencia, aquello que sus maestros enseñan a sus discípulos para que también lleguen a ser maestros. Algunos, cuando hablan de sociología, hablan de esa "sociología" que les disciplina, yo hablaba y hablo de sociología y, por eso, pienso que la comprensión es difícil.

Quizá, sin embargo, lo que dificulta la comprensión es sólo el lugar desde donde se habla y, acaso, todos estemos reflexionando sobre lo mismo: sobre la sociología española en el periodo oscuro de la postguerra. En ese periodo y en este pais la "sociología", en tanto estructura, disciplina, Academia, cuerpo sedimentado y sistema matizado de conocimientos, de metodologías y de técnicas, no existía, ni tampoco, y por la misma razón, existían sus "disciplinados" practicantes. Entre el enemigo que el general había dispersado y vencido estaba la "sociología" o lo que de ella hubiera "antes de la guerra". La sociología, en tanto proceso de conocimiento de la sociedad para transformarla (la ciencia definida por su objeto y por sus objetivos y no por la estructura formal que la adopta), vive durante el periodo una vida intrauterina en la clandestinidad o en el exilio, y es practicada por cuantos "conocen", o tratan de conocer, aquella sociedad para transformarla. La estructura que adopta en aquel periodo la sociología y la actividad de conocimiento en que consiste es dominantemente política y el riesgo que entraña su práctica es la cárcel.

Por entonces el quehacer sociológico, la práctica de la sociología la realizaron gentes sin la titulación exigida, sin los conoicmientos de las técnicas y de las metodologías al uso, improvisando lenguajes y aún pidiéndolos prestados a otras disciplinas (la historia, la economía, la política, el derecho, etc.), mujeres y hombres "ignorantes" que, sin embargo, se jugaron el pellejo en la práctica de una ciencia de la que no sabían nada. No eran "sociólogos", no, pero conocieron y transformaron la sociedad en la que vivían, realizaron con su práctica "chapuza" de la sociología la obra mayor que esta disciplina ha realizado en nuestro pais desde su nacimiento. Después de todo estábamos hablando de lo mismo: de la única sociología española en la postguerra, lo que nos separa es el calificativo que le otorgamos.

*  *  *

A paratir de los últimos años de la década de los cincuenta el sistema de poder que impone el orden que cohesiona la sociedad española, empieza a mirarse el ombligo y ensaya hacer "sociología". Lentamente nace (renace) la disciplina y la Academia, se importan las técnicas y las metodologías del donde las hay, se traducen las obras y se aprende el lenguaje, y aparece el "sociólogo" que pronto va a recabar para sí la exclusiva de la práctica de la sociología. El "régimen" emprende la tarea de automodificación para sobrevivir: "hace su sociología". Enfrente, la sociología adjetivada de "chapuza" desde el punto de vista de la profesionalidad, adjetivada de "crítica", desde la posición donde se encuentra el sujeto del conocimiento, continúa produciendo su obra.

La relación entre las dos "escuelas", si podemos llamarlas así, de la misma ciencia, es evidente: la "sociología" oficial nace como respuesta defensiva a los efectos que está produciendo ya, sobre el orden que cohesiona al sistema la práctica de la sociología que se realiza en la clandestinidad por la otra "escuela": la sociología "crítica". Pienso que esta relación que descubre la vida de la sociología en la segunda etapa franquista --relación en la que la iniciativa científica se encuentra en las corrientes críticas, en tanto que la acción defensiva, y por ello marcada de inmovilismo aún en sus despliegues transformadores, se desarrolla en las estructuras científicas oficiales-- puede extenderse a otras situaciones y a otras ciencias. Pese a la importancia de esta constatación, que no descubrimiento (el significado de la relación entre la crítica y la innovación con las estructuras inmovilizadas de las "academias", ha sido reiteradamente denunciado por los analistas desde Galileo), a mí me parece más sugerente la reflexión sobre el calificativo de "chapuza" (léase) "intuitiva", "no científica", "utópica", "poco seria", "ideológica" (y otras lindezas semejantes) con el que se adorna y se descalifica, desde la profesionalidad que reclaman para sí y en exclusiva los "disciplinarios", a la casi totalidad de la sociología "crítica".

Dejando a un lado la utilidad de arma defensiva que para quienes lo empleen puede tener el calificativo "chapuza" cuando lo aplican a sus contrincantes, la cuestión que queda en pie es la relativa al dominio y a la utilización o no, por quienes practican una ciencia, en este caso la sociología, de instrumentos técnicos cuya eficacia operativa en esta ciencia está demostrada. El primer punto de este problema que está en íntima relación con la breve historia de la sociología en nuestro pais, es la confusión en la práctica de la investigación sociológica que se utilizan como instrumentos, y el proceso mismo de conocimiento en que consiste la investigación; de tal manera que hay quienes creen que es la técnica la que produce el conoicmiento e incluso, que el resultado de la aplicación de una técnica específica es un conocimiento "objetivo", en tanto que los que se obtienen con otra pecan de "subjetivismo". Así hemos visto andar a la greña conformando "escuelas", a los que gustan emplear y emplean la "encuesta" frente a los que prefieren el "grupo de discusión"; distributivos frente a estructurales, olvidando unos y otros que sólo se trata de instrumentos, que los procesos de conocimiento son otra cosa y que sólo ahí, sobre los objetos de conocimiento y sobre los objetivos perseguidos, las discrepancias pueden, quizá, constituirse en "escuelas".

En la etapa que rememoro, cuando el sistema social sobre el que estaba organizada la vida de la sociedad española busca automodernizarse para sobrevivir, empieza a dotarse de organización "científica" que le permite enfrentarse con este objetivo. Renace la "sociología oficial", (1959/1975), y en sus arrabales aparecen iniciativas de investigación sociológica que, aunque superan en sus objetivos transformadores a las estrictamente oficiales, fueron toleradas por el Régimen. La Iglesia y algunas fundaciones privadas que patrocinan grupos del capital financiero interesados por un cambio político controlado, ofrecen espacios y dineros a una "sociología crítica" de tono menor, exigiendo, eso sí, un "rigor científico" que en la práctica se traducía en el empleo de "técnicas sociológicas" reconocidas, del lenguaje de esa ciencia y, hasta cierto punto, currículas académicas a sus investigadores. Fronterizo a estos arrabales de la "sociología oficial" que acompaña e ilustra a los "planes de desarrollo", la oposición política al Régimen produce a su propia sociología.

Las delimitaciones entre los tres campos señalados, donde se desarrolla y se afirma el quehacer de los sociólogos, empiezan a desdibujarse, y las migraciones y los pasos de frontera son frecuentes. La sociología marxista se "interioriza" y penetra en la universidad y en algunas prácticas investigadoras y, frente a ella, se afianzan las técnicas sociológicas distributivas y una "sociología" empírica que limita su objeto a partes concretas de la sociedad y que se especializa al profesionalizarse. En 1977 termina este periodo y el franquismo. La sociedad española se reorganiza en el sistema democrático y también la sociología que, cumplido su objetivo de conocimiento/transformación de la sociedad española, se divorcia de la política y se reconvierte en "sociología".

* * *

El hecho más significativo que se produce en este pasaje en la breve historia de la sociología en España, es el de la profesionalización de los sociólogos, la conversión de la sociología en una "disciplina" con todo lo que conlleva de aplicar al conocimiento y transformación de la sociedad la división técnica y social del trabajo y al quehacer de los sociólogos (y también al de los políticos) un valor de cambio (el coste de su reproducción) en relación con su valor de uso para "otros". Al conocimiento de la sociedad se le arrebata la secuencua de transformarla, a los que transformaron la sociedad, el pueblo, la secuencia del conocimiento de su objeto: la sociedad en la que viven y sobre la que, en los términos formales de la Ley, se les han devuelto la soberanía. Las dos secuencias (conocimiento y transformación) separadas en estructuras científicas distintas, quedan en manos de profesionales, de gentes que saben su oficio, que conocen las técnicas y las aplican, que se han hecho en la Universidad, se han formado, han adquirido una riqueza para sí (una exclusiva, una propiedad privada) que, como toda riqueza en el mundo capitalista, es un excedente que se define por su unidad para otros: su fuerza de trabajo valorizada en y por el proceso de enseñanza.

Cierto que la secuencia de conocimiento en la etapa anterior y en la "escuela" marxista de la sociología, se realizaba sobre la "chapuza" de la "toma de conciencia", que más se parece a una conversión por la vía de la fe en las vanguardias que a un proceso de conocimiento, y que las élites se reservaban para sí el poder del conocimiento, cortocircuitando así la técnica sociológica dialéctica; pero ahora a este problema, al que ya se habían enfrentado las corrientes críticas del marxismo, se añade la incidencia de la operativa y eficaz división del trabajo que diferencia en "ciencias" y "prácticas" separadas a la "sociología" y a la "política".

Las vanguardias, dentro de la organización del "sujeto de la historia", se dedicaron a la "política" y pidieron a sus bases transformadoras que pusieran "su voto a trabajar". La sociología crítica que, en los periodos anteriores, había hecho "historia" y transformado la dictadura en democracia, pierde la técnica sociológica dialéctica antes de que puedan corregirse sus defectos, y así la sociología marxista se reduce a una "corriente", sospechada de ideologismo, de la "sociología" convertida en disciplina. En el periodo que se abre a partir de 1977, la "sociología oficial" sigue su fructífera andadura, y la sociología crítica se encorseta en la estructura formal de la "sociología", campo acotado para los profesionales sociólogos que excluyen en su delimitación la transformación del objeto conocido.

Sin embargo, en los albores de esta nueva etapa de la sociología en España, enraizado en la práctica de los estudios de mercado para el sector privado de la economía que algunos sociólogos críticos ejercen para poder vivir, aparece un hecho que, en definitiva y dentro de la estructura formal de la "sociología" y hasta en el interior de la Universidad y de la Academia, va a servir de eje sobre el que quizá empieza a gravitarse el futuro.

* * *

Asumidas en la normalidad las actividades hasta entonces clandestinas, y realizada por quienes las ejercían la opción integradora que estimaron mejor entre las que les ofrecía el nuevo sistema social, unos se dicidieron por el ejercicio de la "política" en el seno de un partido legal y según sus reglas, y otros muchos más de las que parece, aunque no quisieron abandonar la actividad política, tampoco aceptaron ejercerla como profesionales o en el tono forzosamente menor y delegable del militante de base de una organización política, se aferraron a seguir haciendo sociología (conociendo la sociedad para transformarla) por libre, pese a la casi segura ineficacia a la que les condena su empecinamiento. Entre ellos había algunos profesionalmente "sociólogos", y esta coincidencia es la que va a producir el "hecho" que estamos analizando. El ser profesionalmente "sociólogo" en la "sociología funcional del sistema" --"Sociología" a la que el orden sistémico asigna la función de "conocer" la sociedad para que otra organización también sistémica (la política) se encargue de la función de "transformarla"-- supone el dominio y la utilización de las técnicas sociológicas reconocidas.

En mi "cuaderno de campo", en 1969, tengo anotada una curiosa y excepcional investigación sobre "clases sociales" realizada por el Instituto ECO, Centro de Investigación de Mercado, S.A., para Danis Publicidad Técnica, S.A., en la que la técnica sociológica utilizada fue la "encuesta". El marco teórico que sirve de base a esta investigación, en el que, entre otras cosas, puede leerse una definición de "clases sociales" que no oculta su pertenencia a la sociología marxista, contrasta, así como su objeto (las clases sociales), con la técnica distributiva utilizada (la encuesta) y con el objeto (valor de uso) subyacente del trabajo marcado por el cliente para quien se realiza (una empresa de publicidad que trabaja en el lanzamiento publicitario de productos para la conquista o expansión de mercados). La propia empresa investigadora se autoproclama de investigación de mercado. El contrasentido que descubre esta investigación y que podría extenderse a otras realizadas en la misma época, se explica por el "quién es quién" y por las tensiones que soportaban en aquel entonces algunos "quienes" que encargan y realizan estos trabajos sociológicos contradictorios, algunos de ellos tan excelentes como el citado como pradigma.

El punto que quiero subrayar es que dentro de la "sociología funcional", y a medida que el proceso de transición a la democracia avanza y se consolida, aparece una tensión que va a manifestarse como "sociología crítica"; tensión que procede de la presencia de profesionales que en la etapa anterior practicaron en la clandestinidad la actividad sociológica de conocer y transformar la sociedad, utilizando al hacer política, la técnica dialéctica marxista. Este hecho produce unos interesantes efectos internos:

-- La forzada limitación del campo que impone la "profesionalidad" de sociólogos --limitación que se traduce en reducir la sociología a la secuencia "conocimiento" del proceso complejo en que consiste el conocimiento, excluyendo de él la secuencia "proyecto" y la de la "transformación" del objeto o registro material del proyecto a cuantos, al margen de su profesión de sociólogos, siguen sobre la realidad del pais una sociología dialéctica marxista y transformadora de la sociedad, les produce una tensión que les lleva a incluir en el campo reducido de sus investigaciones (en el "conocimiento" profesional del objeto investigado) una lectura crítica de la realidad que descubre tomada del campo de su actividad dialéctica. Sobre esta tensión se constituye una corriente "crítica" que pronto va a ser tachada de "subjetiva" o "ideológica" por aquellos profesionales sociólogos que no proceden de este campo y que ejercen sin tensión la "sociología funcional" que el sistema les reclama.

-- Por otra parte, el dominio progresivo de las técnicas sociológicas que la "sociología del sistema" exige para el ejercicio profesional, lleva a ese mismo grupo de profesionales "indisciplinados" o críticos, a trasladar al campo de las metodologías y de las técnicas sociológicas su tensión y la polémica que les enfrenta a los "disciplinados" funcionalistas. La polémica se traslada así al campo de la "sociología" en cuanto disciplina distinta de la "política" y su tensión sobre la operatividad de unas técnicas sociológicas de las que se habían excluido las dialécticas. Centrado el debate sobre las técnicas y las metodologías, en la corriente crítica se produce un singular proceso de reflexión sobre las metodologías, acontecimiento sobre el que empieza a bascular la sociología en España.

No es ciertamente casual que en el mismo contexto de las investigaciones de mercado en el que aparece la de "clases sociales" mencionada, y en la actividad del mismo equipo y aun de la misma empresa que la realiza, se empiece a ensayar, y en la práctica a "crear", una técnca sociológica distinta a la encuesta y a las demás técnicas sociológicas admitidas hasta entonces en la "disciplina": el "grupo de discusión". Tampoco es casual que el análisis de esta técnica, su presentación al mundo académico, haya sido el objeto elegido y desarrollado para su tesis doctoral por quien estaba al frente del equipo de investigación de la empresa citada.

En el espléndido libro donde el autor recoge su tesis doctoral, Más allá de la sociología. El grupo de discusión, técnica y crítica, publicado en 1979, apoyada la innovación que contiene en una abrumadora demostración de sabiduría y de erudición, se plantea, sobre el eje de las lógicas que subyacen en las técnicas sociológicas, una crítica a la sociología al uso, situándola en esta ocasión, en la relación en que, a nivel de conocimiento, se encuentran las técnicas distributivas (la encuesta en ellas ocupa una posición paradigmática) y las estructurales (donde es el grupo de discusión el que ocupa esa posición paradigmática).

El libro "sienta plaza" en el interior de la "disciplina" y el "grupo de discusión" en el quehacer de los sociólogos; pero el hecho trasciende a estos efectos, ya que marca un camino que, por el desarrollo de las lógicas que esconden las técnicas, va "más allá de la sociología", señaliza el bucle recursivo que puede permitir retomar la sociología en su unidad primitiva, en esa globalidad en la que el conocimiento se prolonga hasta la transformación del objeto conocido y es este objeto transformado (el orden que estabiliza el sistema social) el nuevo objeto del conocimiento.

En el más acá de las técnicas sociológicas estructurales se encuentran las técnicas sociológicas distributivas y en su más allá las técnicas dialécticas, del mismo modo que en la lógica del lenguaje se encuentra todo lo que "tacha" o niega la lógica matemática distributiva y en su más allá lo que la lógica del lenguaje niega o "tacha" y que la lógica dialéctica descubre. En este juego, en el que las técnicas y sus lógicas se embrican, es en el que hoy la corriente "crítica" de la sociología avanza y conquista nuevas posiciones.

En el "grupo de discusión", el analista, sociólogo funcional donde el poder social está presente porque es este poder el que le es atribuido por la via de su profesionalidad, permite con su silencio (presencia/ausencia) el "habla" del objeto poblacional de su observación y, al hacerlo, desencadena la lógica del lenguaje, lógica negada en la encuesta, porque con ella lo que se pretende y se obtiene es la distribución de la población observada atendiendo a lo ya hablado por el poder que él, como analista funcional, representa (el cuestionario), para así poder medir (lógica matemática) la intensidad de su registro. En el "grupo de discusión" la lógica del lenguaje presente en las hablas de los participantes, cuando en su propia dinámica conforma el discurso grupal, lo hace tachando las diferencias y las contradicciones internas para cohesionar sobre lo común ese discurso del grupo frente a otro grupo ausente, o frente o al lado del poder presente/ausente, de esta forma queda desvelada la estructura, paralela al lenguaje, de las relaciones sociales y de sus contradicciones. El analista ha obtenido su objeto: la información sobre la estructura que la encuesta por su propia lógica niega, habla (analiza) sobre el habla, cambia el objeto de la técnica que ya no es el tema puesto sobre la mesa, sino las hablas de los participantes y, cambiando el objeto, entrega su análisis a su cliente para que éste, si así le conviene, continúe la secuencia del conocimiento que, quizá, en el grupo se ha iniciado sobre el tema/objeto de la reunión, que queda clausurada cuando la reunión del grupo se levanta.

Los tres elementos que en esta técnica se clausuran, porque en ella, a diferencia de las distributivas, se abren, son la dynamis que contienen las hablas de los participantes que quedan tachadas por el consenso del discurso grupal, la dynamis de este mismo discurso con el que, quizá, se inicia un proceso de conocimiento del tema sobre el que se desarrolla la discusión del grupo, y además este mismo proceso de conocimiento sustituido por el "conocimiento" que la técnica busca. Pero, aunque después los cierre, el grupo de discusión ha abierto estos tres elementos y al abrirlos/cerrarlos se sitúa en la frontera y en el campo de la "dialéctica" y de sus técnicas, el más allá de la "sociología", allí donde le espera la sociología.

La sociología marxista, punto de partida de la "sociología crítica" y por la presencia de las técnicas dialécticas, situada en el más allá de la "sociología", lleva entretanto, en su otra mitad escindida, la "política", una "mala vida". Los "golpes" recibidos por la sociología marxista aplicada (la política) han sido rudos en los últimos tiempos y han hecho temblar a todas las secuencias del proceso de conocimiento en que consiste su quehacer: alcanzar su objetivo de conocer, proyectar y cambiar la sociedad que es su objeto.

El rápido desmoronamiento del objeto transformado (el cataclismo que está hundiendo al "mundo socialista/comunista") cuestiona el proceso mismo de conocer que está en la base de su construcción. Nuestros sociólogos marxistas de la postguerra, aquellos que tan eficazmente contribuyeron a la transformación de la dictadura en una sociedad democrática, y que optaron por hacer "política funcional" y no "sociología" cuando llegó la hora de abandonar la clandestinidad e integrarse, hoy se las ven y se las desean para mantener la cara y los votos que les dan la existencia funcional que llevan.

Desde el punto de vista de la técnica sociológica dialéctica, cuando los hoy "políticos" hacían sociología colaborando al lado de ese sujeto anónimo de la historia que estaba registrando en la sociedad española la transformación para ajustarla al modelo democrático de funcionamiento, utilizaron, en cuanto técnica sociológica de conocimiento/transformación, la versión defectuosa al uso de la técnica que Marx, el primero, había deseñado, ya que en esta técnica diseñada el sujeto del conocimiento/ transformador es la clase obrera, y no sus "vanguardias", tal como aparece en su versión defectuosa, a las que se les daba sólo una función instrumental, esa que, en las versiones actuales de las técnicas dialécticas, se denomina "analizador" (objeto provocador).

Por parte de la sociología marxista en la organización del proceso de conocimiento/transformación, la aceptación por razones de una eficacia operativa malentendida, de una división de la actitud cognoscitiva que separa funcionalmente el conocimiento de la sociedad (conocimiento del objeto), su análisis, el diseño del proyecto para su transformación y aún la estrategia a seguir para realizarla, de la realización de la misma en la práctica (registro material), estructurando al "sujeto" del proceso como se estructura a un ejército en campaña, desfigura la técnica sociológica dialéctica y la desvía de su objeto (la sociedad sin clases), hasta hacerlo imposible, sustituyéndolo, cuando la técnica cumple su objetivo, por una sociedad militarizada (la dictadura del proletariado en la que éste es un cuerpo de ejército).

La defectuosa aplicación de la técnica sociológica en la que se empecina la "ciencia aplicada" marxista, en la década de los sesenta ya había sido duramente denunciada dentro del propio marxismo; y también en esa misma década se producen dos hechos significativos en la sociología anotada en mi cuaderno: por una parte, la aparición en el campo de la "sociología" de las "técnicas sociológicas dialécticas" cuyos primeros ensayos desencadenantes del mayo del 68 se hacen en la Universidad de Nanterre, y, más tarde con efectos más limitados, en la Universidad de Québec, y el sociopsicoanálisis que empieza a ser aplicado en algunas instituciones educativas por otra "escuela" sociológica; por otra, en la "base" del "sujeto histórico" del conocimiento, en los soldados de a pie del cuerpo del ejército proletario, se acusa la presencia de "movimientos asamblearios" que cuestionan el papel de las vanguardias.

En nuestro país y dentro de la "sociología" en su corriente "crítica", el desarrollo de las técnicas sociológicas de investigación, en su esfuerzo por colocarse más allá de esa "sociología" y en el despliegue teórico de las técnicas estructurales (el grupo de discusión), coloca a la disciplina frente al desfío de las técnicas sociológicas dialécticas.

En la otra vertiendte del quehacer sociológico, en la política, las organizaciones políticas (partidos) que asumen el marxismo para la transformación del orden en que se pretende estabilizar el cambio social en el momento de la transición, reprimen con éxito, y colaboran con el poder para reprimir, los brotes "asamblearios" de las bases "obreras". El movimiento se estrecha y se limita a una presencia reflexiva sobre sí mismo y crítica frente al poder, donde ya sitúan a las élites de las vanguardias. Esta reflexión ensimismada deriva hacia la necesidad de revisar la técnica dialéctica, sus objetos y sus objetivos, situándose así en ese más allá de la sociología ante el cual se encuentra también la corriente crítica de la "sociología".

* * *

Termina la década de los años ochenta, y la "sociología" está aquí, en el hoy y en el ahora con los que cada día termina y empieza la historia, con más de medio siglo a sus espaldas. Disciplina impartida en las facultades de algunas universidades. Profesión ejercida por centenares de mujeres y de hombres que, salidos de esas facultades, se encuentran repartidos por la Administración Pública, por las empresas privadas, o enfrentados con el ejercicio "libre" de su profesión en sus propios despachos. Academia que vigilante cuida de que no se acumule como "ciencia" lo que no cumpla los requisitos exigidos. Ciencia que ocupa un lugar en el proceso de conocimiento y que posteriormente se profundiza por el despliegue de sus especialidades. Lenguaje que protege su campo específico y que permite la comunicación en los Congresos y el reconocimiento entre sí de los "pares". Técnica especializada de la sociedad para reconocerse y diagnosticarse. Hoy también y aquí, vademécum.

Termina la década de los años ochenta, y la sociología no está aquí, en el hoy y ahora, está sólo rememorada en el ayer y evocada en el mañana, está donde la historia todavía no había terminado en el hoy, está después del ahora. Pero está. Hoy también y aquí, vademécum.

Termina la década de los ochenta, y en el año cero de la "sociología" y de la sociología, sus objetivos separados: la población y la sociedad, sus sujetos invertidos: la sociedad y la población, reclaman que se construya el más allá en el que ambos, sujeto y objeto, están implicados por el despliegue de su dynamis, es decir, la actualización de sus capacidades virtuales que como sujeto tienen.

La población objeto por excelencia de la "sociología" tiene la capacidad virtual y reconocida de ser el sujeto real de la transformación y a actualizar esa capacidad tiene que aplicarse la sociedad, su sujeto, instrumentalizando a la "sociología". La sociedad objeto por excelencia de la sociología tiene la capacidad virtual de ser el objeto, el medio en el que vive y sobre el que se vive, de la población, y a actualizar esta capacidad tiene que aplicarse la población, su sujeto, instrumentalizando a la sociología.

* * *

Las técnicas sociológicas dialécticas son hoy la llave de la posible confluencia de la corriente crítica de la "sociología" con ese más allá donde la sociología marxista tiene planteado el problema de su técnica dialéctica en el estrepitoso fracaso de su aplicación política. Desde una "sociología funcional", un proceso de conocimiento de la población, de sus costumbres, de sus hábitos, de sus opiniones, de sus actitudes, de sus necesidades, para prever, y aún incidir en, sus comportamientos sociales, que la sociedad realiza como sujeto valiéndose de los sociólogos y de las técnicas sociológicas como isntrumentos, el marcarse como objetivo producir en la población la actualización de su capacidad virtual y reconocida de conocer en sentido pleno como sujetos, es una decisión política en íntima relación con el proceso de democratización real de la organización del orden que estabiliza esta sociedad.

Las técnicas sociológicas dialécticas cuyo objetivo es cambiar el sujeto de conocimiento y producir la actualización de esa capacidad para que este cambio de sujeto sea posible aparecen como el más allá de la sociología desde el más allá de la democracia formal. Desde la sociología marxista, la constatación de que el fracaso de su técnica ha consistido en que, al comprobar que el sujeto de la historia, alienado, no tenía actualizada la capacidad virtual de conocer, aceptó, por razones de operatividad y de eficacia, en las secuencias de conocer la sociedad, del diseño del proyecto para su transformación, de la decisión de realizarla y aún del control sobre los comportamientos tácticos y estratégicos para su realización, la sustitución de ese sujeto por las "vanguardias" y, dentro de ellas, por sus "élites" dirigentes con el resultado de una democracia, la rectificación es un problema técnico y, por ello las técnicas sociológicas dialécticas para que el sujeto del proceso completo del conocimiento no sea sustituido en alguna de sus secuencias, se sitúan dentro de una estrategia metodológica como un más acá necesario y alternativo al más acá de la sustitución operativa en que la técnica se había equivocado.

Esta teórica coinidencia de la corriente "crítica" de la "sociología" y de la sociología marxista en la necesidad del desarrollo de técnicas sociológicas dialécticas, coloca al quehacer científico en la búsqueda permanente de una alternativa en la dynamis de su objeto.

Hoy en el año "0" de la década de los noventa, en la dynamis de la población está el pueblo y en la dynamis del sistema social democrático está la democracia. Hoy la Sociología tiene su objeto y, en la interna contradicción de este objeto, la Sociología tiene como objeto su transformación, y el quehacer sociológico puede colocarse de nuevo sobre los pies.


(1) Salvo que razones de actualización recomienden lo contrario, respetamos el texto, estructura y contenido del vademécum de Jesús Ibáñez (1992): Sociología [R. Reyes (Ed.): Las Ciencias Sociales en España: Historia inmediata, crítica y perspectivas, Tomo 1], Madrid, Editorial Complutense. Las eventuales alteraciones serán explícitamente señaladas. Ya que ahora ofertamos un texto virtual, señalamos, en consecuencia, los enlaces que a los términos o nombres correspondan.
(*) El presente trabajo está tomado directamente de la "memoria" de su autor, memoria unas veces recogida en notas escritas y otras simplemente archivadas como recuerdos, de ahí su título, las imprecisiones y también los vacíos; el más importante, quizá, el de los nombres, el de las citas de las mujeres y los hombres que practicaron y practican la sociología.  El autor se reconoce desmemoriado en la materia e incapaz de establecer una "lista" razonablemente completa de quienes estuvieron en uno u otro lugar de los que menciona, recuerda a sus amigos y a pocos más, pero no le parecen del todo bien los "bombos mutuos", por eso ha preferido hacer tabla rasa y no citar a nadie, confiando en que el lector coloque en cada caso a los que él prefiera.  Por otra parte, parece necesario advertir que el trabajo se centra sobre el proceso de conformación de una corriente sociológica crítica y que es sobre este proceso sobre el que se estructura. Tema mayor de la historia reciente de la sociología en España, según piensa el autor.

<<< HOME