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"LEGIONELLA" UNA INFECCIÓN "DE ACTUALIDAD"

La reciente aparición de nuevos brotes de la enfermedad hacen saltar la alarma social. La detección precoz se convierte en el mejor arma para combatirla.


Legionella pneumophila, es una bacteria grampositiva que vive en ambientes húmedos y que se transmite por el aire. Se han reconocido 14 serogrupos de este bacilo, pero el serotipo 1 es el más asociado con las enfermedades que provoca este microorganismo. Los lugares donde se puede encontrar más fácilmente son los conductos de aire acondicionado, las tuberías, las alcachofas de las duchas y los sistemas de refrigeración. Desde allí se extiende por el aire a los pulmones de los afectados.

En 1976 soldados de la Legión Americana asistían a una convención anual en la ciudad Estadounidense de Filadelfia cuando una enfermedad respiratoria se empezó a extender. La culpable: una bacteria que no se conocía y que el centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta bautizó en 1978 (Legionella pneumophila).

Son brotes que se repiten periódicamente en lugares como hoteles, hospitales, oficinas o cualquier gran superficie con problemas de ventilación o climatización.

Cada vez que un caso salta a la palestra, las autoridades sanitarias correspondientes se enfrentan a posibles demandas judiciales. Y la polémica se vuelve a plantear. Si se sabe donde vive Legionella, si se sabe los lugares donde es más probable que se produzcan los brotes ... ¿Por qué no se revisan regularmente en busca de la bacteria maldita? Esto es lo que recomendó un grupo de investigadores EEUU en una extensa revisión sobre legionelosis publicada en the Lancet..

La realización de cultivos de la bacteria, al menos en los hospitales (donde más personas inmunodeficientes pueden verse afectadas) podría conseguir, a juicio de estos especialistas de la Universidad de Pittsburgh (EEUU), una reducción del número de víctimas de esta enfermedad que, por desgracia, cada relativamente poco tiempo vuelve a ponerse de actualidad.

Enfermedades que provoca

Es la causante de 2 enfermedades de pronóstico muy desigual. La más conocida es la enfermedad del legionario, una infección respiratoria severa que puede implicar neumonía. De hecho, se cree que el 20% de los casos de neumonía está provocado por esta bacteria. La otra dolencia que causa es mucho menos grave. Se trata de la fiebre de Pontiac y es una enfermedad que cursa con episodios de fiebre alta, que dura poco tiempo (desde horas, hasta como mucho cinco días) y que se suele curar por sí sola.

La enfermedad del legionario o legionelosis, incluye dolores de cabeza fuertes, fatiga, pérdida de peso, dolor muscular y fiebre. Los enfermos también sufren episodios de tos, que puede ser seca o con esputos. En muchos casos la bacteria ataca a los pulmones y los afectados desarrollan neumonía.

Los síntomas de la fiebre de Pontiac son: fiebre y dolor muscular y los afectados por esta enfermedad no sufren neumonía.

Legionella pneumophila vive en los lugares húmedos, desde allí se expande, por el aire hasta los enfermos. La manera que éstos contraen la enfermedad es la microaspiración de las partículas de agua contaminadas. La enfermedad del legionario no se contagia de persona a persona. Un nebulizador infectado puede ser también una forma de transmitir la legionelosis. Se han dado casos de personas que se han contagiado por compartir un respirador que tenía Legionella pneumophila en un centro hospitalario.

La enfermedad del legionario tiene un período de incubación relativamente largo. La bacteria permanece inactiva en el organismo entre 2 y 10 días antes de dar la cara.

No es fácil de diagnosticar, ya que es difícil distinguir, con una radiografía de tórax, la neumonía provocada por Legionella pneumophila de la causada por otros agentes. Se requieren pruebas específicas de laboratorio. El análisis de esputo muchas veces no es efectivo.

La infección afecta con mayor virulencia a personas con deficiencias inmunes. Esa es, quizá, la razón de la alta tasa de mortalidad (Hasta un 15% de los pacientes fallecen). Aataca con más fuerza a personas mayores o enfermos con otras dolencias, lo que suele hacer que la legionelosis se agrave.

También tienen más riesgo de padecer la enfermedad los fumadores, los que sufren enfermedades pulmonares crónicas, aquellas personas que se han sometido a trasplantes y los que acaban de pasar por el quirófano. La incidencia es mayor en personas que están recibiendo tratamiento con corticosteroides.

En el tratamiento se utilizan antibióticos. Es importante no retrasarse en la aplicación, ya que eso puede implicar un aumento en la mortalidad. El antibiótico que se ha usado tradicionalmente ha sido la eritromicina, pero el uso de este fármaco se ha ido desechando ante la llegada de nuevos macrólidos como la azitromicina, que ha demostrado ser más eficaz a la hora de penetrar en el tejido pulmonar. El tratamiento tiene una duración media entre 10-14 días.

Medidas preventivas: Como para la mayoría de las infecciones, llevar una vida sana es la mejor forma de prevención. Para conseguir este objetivo es básico evitar tabaco y alcohol.

Para eludir los brotes de legionelosis se deben vigilar regularmente las zonas donde la bacteria se suele esconder. Para ello se pueden realizar cultivos de la bacteria. Si dan positivos los médicos deben estar atentos a un posible brote de la enfermedad.

Además se deberán desinfectar las zonas afectadas. Se han probado diversos métodos de desinfección, desde sobrecalentar el agua o hiperclorarla, hasta la instalación de unidades nuevas de ionización.


FUENTE:

Revista: The Lancet – vol 355 – 17 Junio 2000


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