ROJOS Y LISTAS NEGRAS EN HOLLYWOOD: LUCHAS POLÍTICAS EN LA INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA

 

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INTRODUCCIÓN:

LA COLOCACIÓN DE COMUNISTAS EN LISTAS NEGRAS ACABA CON O TRASTORNA SERIAMENTE LAS CARRERAS DE CIENTOS DE EMPLEADOS DE LA INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA

 

            La creación de listas negras en la industria cinematográfica de Hollywood comenzó en 1947. Por primera vez en la historia de los Estados Unidos a un gran grupo de artistas y artesanos quizá unos 500, se les negó un puesto de trabajo simplemente por haberse negado a revelarle a la Cámara del Comité de Actividades Antiamericanas sus ideas políticas y sus actividades, y actuar como informadores. A pesar de que decenas de miles de profesores de escuela, sindicalistas, abogados, y doctores fueron incluidos en listas negras por toda la nación, fue la lista negra de Hollywood la que atrajo y ha continuado atrayendo la mayor atención de los medios de comunicación y los historiadores

 

            Es apropiado que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas deba promover esta extensa representación histórica de la lista negra de Hollywood. La Academia estaba profundamente involucrada en las tempranas luchas de gestión sindical que ayudaron a politizar Hollywood. Aunque se retiró de esas luchas, para centrarse en programas históricos, educativos y de preservación, retuvo Óscars de escritores enlistados durante los años 50. Algunos años después, otorgaría esos Óscars a los herederos de los legítimos ganadores. Pero entonces premió al director Elia Kazan con un Óscar por su carrera, y se encontró en medio de un tormentoso debate entre aquellos que se oponían rotundamente a dar premios honoríficos a ningún tipo de informadores y aquellos que querían separar los logros artísticos de la política. Esta controversia demostró que los temas planteados por las listas negras no se habían difuminado y las circunstancias que las rodeaban debían ser claramente iluminadas.

 

            La causa inmediata de la creación de la lista negra fue la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, que comenzó a finales de 1945. Pero la causa a largo plazo fue el antagonismo que los jefes de los estudios cinematográficos y los conservadores de Hollywood abrigaban contra los militantes de sindicatos y los comunistas.

 

LOS CONFLICTOS DE CLASE ESTALLAN EN HOLLYWOOD

 

            Desde que se empezaron a hacer películas en Hollywood, los empleados de la industria del cine estaban descontentos con sus condiciones de trabajo, e intentaron organizar sindicatos y asociaciones. Los jefes de los estudios, determinados a mantener el control total de su fuerza de trabajo y de su producto, lo que ellos llamaban “contenido de pantalla”, respondieron estableciendo sindicatos de empresa y “infiltrados” y operaban en secreto con los líderes sindicales.o les sobornaban

 

            En febrero de 1933, en lo más profundo de la Depresión, diez escritores se reunieron para planear una nueva y más fuerte organización para escritores. Un mes después, los estudios y la Academia pusieron en práctica un recorte de salario del 50%. Enfurecidos por esta acción unilateral y posteriores actos impuestos por parte de los directivos de los estudios, cientos de escritores respondieron favorablemente a la creación de una organización independiente de escritores, y acudieron en masa al Sindicato de Escritores de la Pantalla (“Screen Writers Guild”).

 

            Los escritores más mayores y conservadores, que habían llegado a Hollywood durante la época del cine mudo estaban descontentos ante estos acontecimientos. Se consideraban a sí mismos artistas de la pantalla más que empleados asalariados, apreciaban las relaciones personales cercanas con los productores, y formaron un nuevo sindicato de escritores, los Dramaturgos de la Pantalla (“Screen Playwrights”).

 

            Las asociaciones de productores reconocieron inmediatamente a los Dramaturgos de la Pantalla como el único agente negociador para los escritores y presionó a todos los escritores para asociarse a la nueva organización. El Sindicato de Escritores de la Pantalla solicitó con éxito a la Junta Nacional de Relaciones Laborales [National Labor Relations Board] una elección supervisada. Tuvo una victoria impresionante en la consiguiente elección y pasó a ser el único representante de guionistas en la industria del cine.

 

            Los fundadores de los Dramaturgos de la Pantalla, dirigidos por James K. McGuinness, aunque se volvieron a unir al Sindicato de Escritores de la Pantalla, seguían descontentos. Comenzaron a barajar otras formas de eliminar a los radicales y su influencia del restablecido sindicato y de la industria.

 

DIRECTIVOS DE LA INDUSTRIA DEL CINE Y ESCRITORES RADICALES BATALLAN POR EL CONTENIDO DE LA PANTALLA

 

             Incluso aunque las compañías cinematográficas fueron forzadas a reconocer y negociar con el Sindicato de Escritores de la Pantalla, los directivos de los estudios insistían en que ellos solos podían determinar el contenido y el estilo de las películas. Como resultado de su vigilancia, se observa muy poco contenido o estilo radical en las películas de Hollywood de los años 30.

 

            Los escritores radicales abrigaban muy pocas ilusiones en este aspecto. Principalmente se esforzaban por escribir guiones con tantos personajes realistas, emociones y situaciones como permitía el sistema de estudios. Intentaban evitar difamaciones raciales, étnicas y sexistas. Y, cuando les era dada la rara tarea que involucraba política o a trabajadores, intentaban insufrarla su ideología política, tanto como lo permitieran los directivos de los estudios y el Código Administrativo de Producción [Production Code Administration], dirigido por Joseph Breen, el censor de la industria y perro guardián.

 

            Pero incluso cuando un productor liberal independiente contrataba a un escritor radical para un guión sobre un hecho dramático internacional, los resultados podían ser decepcionantes. En 1936, el democráticamente elegido, gobierno de tendencia izquierdista de España fue atacado por un grupo de militares desleales, respaldados por la iglesia católica y otros grupos conservadores y reaccionarios. Los Rebeldes, como fueron llamados, fueron abastecidos con armamento y tropas por la Alemania nazi y la Italia fascista. La Unión Soviética apoyó al bando del gobierno, conocido como los “Leales. El apoyo a los “Leales” se convirtió en  una causa apasionada de la izquierda de Hollywood.

 

            Varios estudios hicieron proyectos de películas sobre el tema, pero sólo se hicieron dos películas. De la Paramount, “Last train from Madrid”, y de Walter Wanger, “Blockade”. Wanger, un productor independiente que estaba en la junta directiva de la Liga Anti-Nazi Hollywoodiense, asignó la escritura del guión a John Howard Lawson, el más destacado comunista en Hollywood.

 

            Lawson utilizó un melodrama de espionaje como marco para su relato de las hazañas heroicas de los “Leales”. Aunque la oficina de censura de la industria aprobó el guión de Lawson, la película al final no era capaz de identificar específicamente a los bandos de la lucha y sus apoyos.

 

            Estrenada en 1938, “Blockade” fue asediada por la iglesia católica y otros grupos conservadores y funcionó mal en taquilla. Otros estudios arrinconaron inmediatamente sus proyectos sobre la Guerra Civil Española y evitaron otros temas controvertidos.

 

 “LOS RADICALES DE HOLLYWOOD FORMAN UN FRENTE POPULAR ANTIFASCISTA

            

             El Partido Comunista Estadounidense atrajo a un número desproporcionado de artistas e intelectuales a sus filas en los años 30. Horrorizados por los efectos de la Depresión, convencidos de que el capitalismo estaba condenado, e impresionados por lo que ellos creían que había conseguido la Unión Soviética, creyeron que el Partido Comunista representaba el único movimiento efectivo para trabajadores y contra el racismo y el fascismo.

 

            Muchos más se unieron al Partido en 1935, cuando el Comunismo Internacional, de control soviético, anunció que de ahí en adelante los comunistas de todos los países debían unirse a los no-comunistas para bloquear la expansión del fascismo y el nazismo. Algunos de estos grupos de frentes populares fueron creados y controlados por los comunistas; otros los formaron los socialistas o liberales con apoyo comunista. La Liga de Escritores Americanos, un grupo de control comunista, atrajo a un número significativo de escritores hollywoodienses.

 

            Pero el mayor grupo de frente popular en Hollywood, la Liga Anti-Nazi Hollywoodiense, se llenó de artistas de Hollywood procedentes de todo el espectro político, ganados al antifascismo por el testimonio de una oleada de emigrantes europeos que huían de los nazis.

 

            Para impedir este esfuerzo, determinados anticomunistas comenzaron a formar una red para exponer a la luz pública “la subversión e infiltración anticomunista”. Estaba compuesta por los periódicos de Hearst, la iglesia católica, la Legión Americana, el FBI, el Congresista Martin Dies, el departartamento de escuadrones rojos varios entusiastas del ala derechista y excomunistas.

 

            Pero cuando en agosto de 1939 la Unión Soviética firmó un pacto de no agresión con la Alemania nazi, y los dos países pasaron a ser aliados, Josef Stalin ordenó a los partidos Comunistas del mundo que se opusieran a una guerra internacional contra Alemania. Cuando los partidos obedecieron, y demostraron claramente el control absoluto que Moscú mantenía sobre los comunistas en el mundo, la mayoría de no comunistas se dieron definitivamente de baja en los grupos de “frente popular”. Muchos, como el guionista Philip Dunne y el actor Melvyn Douglas, concluyeron que ellos nunca podrían volver a trabajar al lado de comunistas controlados por Moscú.

 

 “LA INVASIÓN ALEMANA DE LA UNIÓN SOVIÉTICA REAVIVA EL FRENTE POPULAR

 

            Envalentonados por el colapso del frente popular, los conservadores montaron una ofensiva a gran escala contra las reformas del New Deal de Roosevelt, los sindicatos organizados, y el Partido Comunista. La Cámara del Comité de Actividades Antiamericanas, establecida en junio de 1938 y presidida por Martin Dies, dirigió el ataque. En agosto él anunció vistas en la industria del cine, etiquetándolo como un “caldo de cultivo del comunismo”.

 

            Los liberales del cine, radicales, y comunistas, dejaron momentáneamente a un lado sus diferencias e hicieron un gran mitin de protesta en el Shrine Auditórium. Y Dies, formó en solitario una sesión ejecutiva, llevando a cabo un reestructuración de todos excepto  uno de los que fueron inicialmente nombrados, el actor Lionel Stander.

 

            Entonces, el 22 de junio de 1941, el ejército alemán invadió la Unión Soviética, y los comunistas pasaron a estar a favor de la guerra. Seis meses después, el 7 de diciembre, los japoneses atacaron Pearl Harbor, y Estados Unidos entró en la guerra. La ola masiva de patriotismo que se extendió en Hollywood permitió a liberales y comunistas reunirse en un nuevo “frente popular”, para ganar la guerra. La Movilización de Escritores de Hollywood sería la mayor y más activa organización, distribuyendo panfletos y promoviendo un gran congreso de escritores en la UCLA, en 1943. Dos nuevas organizaciones, el Comité de Ciudadanos para la Defensa de la Juventud México-Americana y el Comité de Defensa de Sleepy Lagoon, ayudaron a derogar las condenas de diecisiete jóvenes mejicano-americanos, que fueron arrestados, juzgados y condenados por asesinato bajo una tormenta de epítetos y procedimientos racistas.

 

            En la industria del cine, por primera vez, el patriotismo de los directivos de estudio y los escritores coincidieron perfectamente. Todos querían hacer películas glorificando el esfuerzo de la guerra y de los aliados y proclamar la hermandad de todos los humanos antifascistas. De esta manera, a los escritores de izquierdas se les dio finalmente la oportunidad de unir sus ideas políticas y su vocación.

Sin impresionarse por este brote de patriotismo, los anticomunistas de la nación estaban planeando formas de sacar ventaja de los sentimientos anti-soviéticos que habían surgido entre 1939 y 1941, y usar el anti-comunismo de esa época como base para una posguerra ofensiva contra todo tipo de reformas y reformadores.

 

 “LA CAZA DE BRUJAS ANTICOMUNISTA COMIENZA EN HOLLYWOOD

 

            El anticomunismo en Hollywood arraigó en las luchas de los sindicatos organizados. Los anti-comunistas también estaban en contra de las reformas del New Deal de la Administración Roosevelt, especialmente la legislación que ayudaba al sindicalismo organizado. Millones de trabajadores previamente sin organizar se habían unido al recientemente organizado Congreso de Organizaciones Industriales, y la Junta Directiva de las Relaciones Laborales Nacionales Del New Deal [New Deal´s National Labor Relations] habían ayudado a establecerse a esta nueva organización.

 

            A los patrones, especialmente en Hollywood, no les gustó esta exitosa oleada de militancia sindicalista. En 1941, cuando los Estudios de Walt Disney perdieron una huelga dirigida por el Sindicato de los Creadores de Dibujos Animados de la Pantalla [Screen Cartoonists Guild], Disney lo calificó de tinte comunista e invitó al Comité de Actividades Antiamericanas Californiano Unificado de Búsqueda de Hechos para comenzar una investigación de “Rojos en el cine”.

 

            La Cámara del Comité de Actividades Antiamericanas, vio desbaratada su investigación de agosto de 1938 por una industria cinematográfica unida, cuidadosamente planeó una segunda incursión en 1947. Esta vez se armó completamente con información de sus propios investigadores, agentes del FBI, y un nuevo grupo anti-comunista en Hollywood.

 

En 1944, los conservadores de Hollywood, muchos de los cuales habían sido miembros de los Dramaturgos de la Pantalla, se habían organizado en la Asociación Cinematográfica para la Preservación de los Ideales Americanos, para publicitar la amenaza comunista a la industria cinematográfica. Como con los Dramaturgos de la Pantalla, la casa de donde partía la alianza era la M-G-M. Walt Disney era vicepresidente. Su mayor conducto publicitario era la columnista de cotilleo de “Los Ángeles Times” Hedda Hopper y el propietario-editor del “Hollywood Reporter” Billy Wilkinson.

            La causa anticomunista recibió un fuerte empuje cuando una oleada masiva de huelgas sacudió el país en 1945 y 1946, incluyendo una especialmente amarga en Hollywood. Aunque los comunistas no habían provocado estas huelgas, normalmente eran culpados por ellas, y la “caza de rojos” proliferó.

 

 “LA GUERRA FRÍA EMPIEZA EN EL EXTRANJERO Y EN CASA

 

            El clima de miedo que produjo la Guerra Fría propició el anticomunismo en Hollywood (y en el resto del país). El Presidente Truman, otros funcionarios del gobierno, organizaciones empresariales, y los medios de comunicación se combinaron para asustar a la población y llevarles a una mentalidad militarmente preparada con graves advertencias sobre la expansión soviética y las maldades del comunismo.

 

            Los comunistas americanos se enfrentaron a este violento ataque debilitados por la pérdida de miembros en el Partido y de los aliados liberales como resultado de otro viraje agudo en 1945. El Partido rechazó la actitud cooperativa de los años de guerra y ordenó a los miembros del Partido criticar la política exterior de los Estados Unidos, promover la actividad sindical militante, y desistir de los esfuerzos por acoger a los liberales.

 

            En Hollywood, el más crudo símbolo de este cambio político hacia la retórica polémica fue el “caso de Albert Maltz”. Maltz fue quizá el escritor más exitoso del partido: Había escrito obras para el teatro de izquierdas, docenas de historias cortas que fueron bien acogidas, dos novelas, y varios guiones muy bien considerados. En febrero de 1946, Maltz respondió a una “invitación” del editor del “New Masses”, un periódico pro-comunista, para discutir los problemas de los escritores. Maltz admitió abiertamente que para nada podría haber escrito si hubiera seguido las directrices del Partido de utilizar el arte como “un arma en la lucha de clases”.

 

            Los líderes del Partido Comunista inmediatamente dirigieron toda su artillería cultural hacia Maltz. Fue considerado como escoria en publicaciones y en una serie de reuniones en Hollywood. Aunque muchos comunistas hollywoodienses simpatizaban secretamente con los comentarios literarios de Maltz, eligieron no hablar abiertamente en su defensa. Sientiéndose aislado, y no preparado para abandonar el Partido, Maltz se retractó.

 

            Este ataque al libre discurso condujo a los no-comunistas en la posguerra fuera de los grupos de “frente popular” como los Ciudadanos Progresistas de América. Y el número de personas que querían ser vistas o escuchadas apoyando los derechos de los comunistas menguó de forma significativa.

 

 “EL COMITÉ DE ACTIVIDADES ANTI-AMERICANAS ACUSA A LA INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA DE DAR COBIJO A ROJOS

 

            El 24 de marzo de 1947, James F. O´Neil, vicepresidente de la Comisión Nacional de Americanismo, comentó al Comité de Actividades Anti-Americanas que notaba “evidente influencia comunista” en las películas, y que el comité debía investigarlo.

 

            Tres días después, Eric Johnston, presidente de la Asociación Cinematográfica de América, reconoció ante el comité que había comunistas que trabajaban en Hollywood, pero expuso inequívocamente: “Si los comunistas se proponían tomar Hollywood, han sufrido una tremenda derrota”.

            El Congresista John Rankin y Karl Mundt advirtieron a Johnston de que era mejor que los ejecutivos del estudio hicieran una limpieza. El Congresista Richard Nixon aconsejó a la industria que empezara a hacer películas anti-comunistas.

            La industria cinematográfica no estaba en una posición particularmente buena para resistir a estas advertencias. La recaudación de taquilla y los beneficios del estudio habían comenzado a declinar; los mercados extranjeros no eran tan receptivos como lo fueron una vez; el Departamento de Justicia había renovado su persecución “antitrust” en contra de que los estudios poseyeran cadenas de teatros; y un nuevo medio, la televisión, amenazaba con atraer a grandes cantidades de espectadores.

 

            Por tanto, cuando el Comité de Actividades Anti-Americanas, dirigido por su nuevo presidente, J. Parnell Thomas, regresó a Hollywood, en mayo de 1947, Eric Johnston prometió que la industria cooperaría. Johnston propuso que los estudios dejaran de dar trabajo a ningún comunista probado en puestos que afectaran al contenido en pantalla. Los ejecutivos de los estudios votaron en contra de esta propuesta. Los agentes del comité comenzaron a visitar a los directivos de los estudios, presionándoles para despedir a sus empleados radicales y dejar de hacer películas críticas con los Estados Unidos.

 

            En septiembre de 1947, el Comité de Actividades Anti-Americanas emitió citaciones para ocho jefes de producción, ocho actores, quince escritores, cinco directores, y otros seis, ordenándoles que se presentaran en Washington en octubre. Diecinueve de los citados fueron etiquetados como “testigos inamistosos”, porque dejaron claro que no cooperarían con el comité. De hecho, planearon destruirlo.

 

            “Los Diecinueve” fueron apoyados por dos grupos que habían surgido del frente popular durante la guerra (el Comité Hollywoodiense de las Artes, las Ciencias y las Profesiones, y los Ciudadanos Progresistas de América). Un nuevo grupo, el Comité a favor de la Primera Enmienda, organizado por el guionista Philip Dunne, los directores John Huston y William Wyler, y el actor Alexander Knox, intentaron separarlo de “Los Diecinueve” y dirigieron sus esfuerzos exclusivamente contra el Comité de Actividades Anti-Americanas. Estos comités de apoyo pusieron anuncios en las cadenas de periódicos , organizaron mítines de protesta, e hicieron llamamientos por la radio.

 

            “Los Diecinueve”, deseosos por conservar sus puestos de trabajo y mantenerse fuera de prisión, decidieron basar su resistencia ante el Comité de Actividades Anti-Americanas en la Primera Enmienda, pero también decidieron que no introducirían ninguna respuesta con las palabras “Me niego a responder”. En su lugar, intentarían utilizar las preguntas del comité como trampolín para sus acusaciones contra el comité, negándose a responder diciendo: “Estoy respondiendo a su pregunta, pero estoy respondiendo a mi manera”. Cada hombre preparó también una declaración abierta, para ser leída antes del comienzo del interrogatorio.

 

            La primera semana de las audiencias de octubre se dedicó a los testimonios de los testigos amistosos. El Presidente Thomas permitió a estos testigos decir lo que quisieran, y les trató con gran cortesía.

 

            Mientras tanto, un avión fletado por el Comité a favor de la Primera Enmienda aterrizó en Washington, llevando, entre otros, a Humphrey Bogart, Danny Kaye, Lauren Bacall, y Marsha Hunt. Calcularon que su llegada coincidiera con los testimonios de los llamados “Los Diecinueve Inamistosos”.

 

            Once de estos testigos inamistosos declararon la segunda semana, y se les trató de manera marcadamente diferente que como se había tratado a los testigos amistosos. Sólo a uno, el guionista Albert Maltz, se le permitió leer su declaración entera. Thomas frecuentemente golpeaba su mazo para pedir silencio a los otros cuando intentaban criticar la existencia del comité. El trato de Thomas a los testigos inamistosos era tan marcadamente distinto del trato a los testigos amistosos, que la cobertura de la prensa comenzó a ser hostil al Comité de Actividades Anti-Americanas. Thomas pospuso las audiencias.

 

            De esta forma, el primer intento por poner a la opinión pública en contra de Hollywood fracasó. Al menos por el momento, con la Guerra Fría doméstica en su inicio, la gente aún creía en el trato justo, incluso para aquellos acusados de ser comunistas.

 

 “LOS DIEZ DE HOLLYWOOD EN LA LISTA NEGRA

 

            Debido a la repentina forma en que el Presidente Thomas había suspendido las audiencias, y debido a la gran cantidad de comentarios negativos sobre el Comité de Actividades Anti-Americanas en los periódicos nacionales, “Los Diecinueve” creyeron que habían ganado una importante victoria. Pero los directivos de las corporaciones cinematográficas creían que la industria había sufrido una gran pérdida y que debían tomar medidas drásticas para recuperar la confianza del público en las películas de Hollywood.

 

            Así pues, aquellos de “Los Diez” que tenían contrato en los estudios, fueron despedidos cuando se negaron a firmar declaraciones anti-comunistas: Cole, Dmytryk, Lardner, Scott, y Trumbo. Entonces, el 25 de noviembre de 1947, la Cámara de Representantes citó a diez de los testigos inamistosos por desacato al Congreso. El mismo día, los directivos de los grandes estudios cinematográficos (las “majors”) se reunieron en la ciudad de Nueva York e hicieron el borrador de un pronunciamento conocido como la Declaración Waldorf (Waldorf Statement), acordando no dar trabajo a ninguno de “Los Diez” hasta que se hubieran purgado ellos mismos de su comportamiento de desacato).

 

            Aunque los ejecutivos rechazaron etiquetarlo como tal, habían instituido una lista negra en Hollywood.

 

            Mientras tanto, “los Diez de Hollywood” estaban luchando para no ir a la cárcel. Debido a la falta de fondos y de tiempo, acordaron entre ellos presentarse a sólo dos juicios por cargos de desacato, el de Lawson y el de Trumbo,, que comenzaron en abril de 1949. Los otros ocho aceptarían esos veredictos. Lawson y Trumbo fueron considerados culpables por desacato por un Tribunal de Distrito de los Estados Unidos. El Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos mantuvo el veredicto, y el Tribunal Supremo se negó a revisar el caso.

 

            El 11 de junio de 1950 Lawson y Trumbo comenzaron a cumplir sus sentencias de un año en la prisión federal de Ashland, Kentucky. Los otros ocho pronto les siguieron. (Herbert Biberman y Edward Dmytryk fueron sentenciados por un juez más indulgente a seis meses).

 

            El Comité había suspendido sus audiencias mientras tenían lugar los juicios. “Los Diez”, desafiando al Comité de Actividades Anti-Americanas en las audiencias y en los tribunales, habían conseguido darle un respiro de tres años y medio a la lista negra para otros radicales de Hollywood. Según se cerraron las puertas de la prisión tras “los Diez de Hollywood”, sin embargo, el Comité de Actividades Anti-Americanas reabrió sus audiencias. Esta vez no habría resistencia organizada. Los grupos pro-comunistas estaban desorganizados. El Comité a favor de la Primera Enmienda había bajado la cabeza ante la presión de los estudios, y rápidamente se disolvió después de las audiencias de 1947. Los sindicatos, temiendo daños mayores, empezaron a purgar a los comunistas de los puestos directivos y consideraron expulsarlos a todos.

 

 “EL COMITÉ DE ACTIVIDADES ANTI-AMERICANAS SE LANZA A LA ÉPOCA DE JUICIOS COMO COMITÉ DEL CONGRESO Y CHIVATO

 

            Según entraron en prisión “los Diez de Hollywood”, la Guerra Fría empeoró. El Senador Joseph McCarthy comenzó a acusar a la Administración Truman de dar abrigo a comunistas, y comenzó la Guerra de Corea. El anti-comunismo era ahora el lema dominante de la política de los Estados Unidos.

 

            La Legión Americana, la más grande y entusiasta organización de los Estados Unidos comenzó una batalla contra los estudios. Había recopilado una lista de sospechosos de comunismo en Hollywood, y comenzó a enviar cartas para interrogar a los estudios, amenazando con boicotear las películas hechas por, o en las que aparecieran aquellos designados por la Legión como “subversivos”.

 

            Nerviosos empleados de los estudios, como los actores Edward G. Robinson y Sterling Hayden, se dirigieron a los investigadores del Comité de Actividades Anti-Americanas para purgarse de sus pasados políticos. Envalentonado por estos acontecimientos, el Comité de Actividades Anti-Americanas, a comienzos de 1951, emitió una gran cantidad de citaciones a los empleados de los estudios. Once de las primeras veintidós personas citadas eran actores y actrices, pero el Sindicato de Actores de la Pantalla rechazó apoyar a aquellos que no serían testigos amistosos.

 

            En marzo de 1951, una semana antes de que se retomaran las audiencias, Joyce O´Hara, a la cabeza de los integrantes de la Asociación de Productores Cinematográficos, les dijo a los ejecutivos de los estudios que la industria cooperaría completamente con el Comité de Actividades Anti-Americanas. Aquellos testigos que no negaran su afiliación comunista lo tendrían difícil para conseguir trabajo en Hollywood.

 

            Las nuevas audiencias fueron juicios de espectáculo, dirigidos no a revelar la influencia comunista en las películas sino a personas  de la industria del cine. El comité pretendía destruir la base política de los radicales en Hollywood, colocando en listas negras a aquellos que no cooperaran, degradando a los que cooperaron, y aterrorizando a los restantes.

 

            Para evitar la mala prensa de 1947, el comité había perfeccionado cuidadosamente sus procedimientos. Un testigo que quisiera evitar la lista negra tendría que admitir su pasado radical, mostrar arrepentimiento por ello, proporcionar los nombres de aquellos que habían trabajado por causas radicales, y felicitar al comité por su buen trabajo. Aquellos testigos que quisieran evitar la cárcel tenían que negarse a responder utilizando la Quinta Enmienda. Los abogados de ambos tipos de testigos informaron al comité de antemano, y hubo muy pocas voces combativas del tipo de 1947.

 

            El primer testigo fue el actor Larry Parks. Él había sido uno de los conocidos como “testigos inamistosos” que no fueron llamados a testificar en 1947, cuando las audiencias se suspendieron prematuramente. Aunque finalmente identificó a doce personas como comunistas, lo hizo tan de mala gana que su carrera terminó. El siguiente testigo, el actor Howard Da Silva, se convirtió en el primer testigo de Hollywood que invocó la Quinta Enmienda. La tercera testigo, la actriz Gale Sondergaard, hizo lo mismo. El cuarto testigo, el actor Sterling Hayden, cooperó completamente.

 

            De los primeros veintiún testigos, seis informaron, catorce invocaron la Quinta Enmienda, y uno, el actor John Garfield, respondió a todas las preguntas, pero no dio nombres. El vigésimo testigo fue Edward Dmytryk, uno de “los Diez de Hollywood”, que estaba decidido a salirse de la lista negra. Se había reunido con un grupo de importantes anticomunistas hollywoodienses, que le habían dicho que tenía que tenía que escribir una retractación en el “Saturday Evening Post”, y después reapareció ante el Comité de Actividades Anti-Americanas y dio nombres.

            En total, cerca de un tercio de los que comparecieron ante el Comité de Actividades Anti-Americanas durante los años 50 informaron. Dieron una gran variedad de razones por su decisión de cooperar: “No hice daño a nadie, porque sólo les di los nombres que ya sabían”; o “No pude evitarlo, por razones de salud o presión familiar”; o “Era una época de gran peligro, y yo tenía que apoyar a mi país contra una amenaza extranjera”. Todos ellos proclamaron que habían dejado el Partido Comunista años atrás, desilusionados con sus prácticas. Pero la razón subyacente que ningún informador se atrevió a mencionar fue la seguridad laboral. Al final, todos los que informaron, informaron para evitar la lista negra.

 

 “LA INDUSTRIA DEL CINE CAPITULA ANTE LA CAZA DE BRUJAS COMUNISTA: ABUNDAN LAS LISTAS NEGRAS, LISTAS GRISES Y JURAMENTOS DE LEALTAD

 

            La industria del cine se derrumba completamente al “miedo rojo”. Temiendo la represión económica, los ejecutivos de Nueva York insistieron en que los estudios no contrataran a nadie cuyo nombre apareciera en la lista negra o su prima hermana, la “lista gris”.

 

            La lista negra se podía encontrar en los informes anuales que publicaba el Comité de Actividades Anti-Americanas, que catalogaba los nombres de los trescientos empleados que habían rechazado comparecer o cooperar con él. Para salir de la lista negra, había que comparecer ante el comité y cooperar completamente con él.

 

            La lista gris consistía en los trescientos nombres impresos en las publicaciones difamadoras que surgieron a comienzos de los años 50, principalmente “Red Channels”, “Alert”, y “Counterattack”, y se recopilaban en una lista de la Legión Americana, en abril de 1952. Para salir de la lista gris había que seguir las pautas establecidas por el Consejo de la Industria Cinematográfica: Una declaración escrita, completa y detallada sobre los hechos que aclararan la postura de esa persona contra el comunismo y explicaran todas sus relaciones con organizaciones vinculadas al comunismo.

 

            Cada estudio creó una oficina de blanqueamiento, para revisar las listas y las declaraciones. Y, para 1955, los procedimientos de blanqueamiento se habían vuelto tan rutinarios que los grupos de presión anti-comunista tenían poco que hacer.

 

            Los sindicatos de oficios habían cesado en su resistencia, y los presidentes de sindicatos cooperaron completamente con el Comité de Actividades Anti-Americanas. Además, el Sindicato de Escritores de la Pantalla accedió a que los estudios pudieran quitar de las películas los nombres de los escritores de las listas negras. Los directores y actores de los sindicatos adoptaron el sistema de los juramentos de lealtad.

 

 “EL HUMO DE LA LISTA NEGRA ENVUELVE A HOLLYWOOD

 

            La industria cinematográfica no había funcionado bien en recaudación tras la Segunda Guerra Mundial. Había disfrutado de sus mayores ingresos en el años 1946, pero las audiencias y los beneficios decaían continuamente después de ese momento. Asustados por las perspectivas de grandes pérdidas si no cooperaban con la Guerra Fría doméstica, los ejecutivos cinematográficos intentaron agregar a la lista negra el impulso de películas sobre temas seguros. Las películas críticas con cualquier aspecto de la sociedad o del gobierno eran ahora consideradas demasiado peligrosas.

 

            Las películas más seguras eran aquellas con mensaje anti-comunista. Se estima que los estudios comenzaron la producción de cerca de cincuenta de tales películas entre 1948 y 1955. Portadoras de títulos tales como “La Cortina de Acero”, “La Amenaza Roja”, y “Me casé con un comunista”, todas eran de baja calidad y ninguna funcionó bien en la taquilla.

 

            Otros géneros seguros eran las películas de invasores del espacio (“Invasion of the body snatchers”), las películas épicas cristianas (“Quo Vadis”), las comedias sobre rubias que van detrás del dinero (“How to marry a millionaire”), y los espectáculos de Cinerama.

 

            Los guionistas se impusieron una estricta auto-censura, incluso en los proyectos aparentemente más banales. Y el contenido serio pasó a ser del dominio de las televisiones . Pero a pesar de los esfuerzos de los jefes de los estudios y de los escritores por evitar la crítica abierta a los Estados Unidos, los miedos, las inseguridades, las ansiedades engendradas por la Guerra Fría se filtraron en muchas películas.

 

 “LOS ENLISTADOS LUCHAN CONTRA LA LISTA NEGRA

 

            Los enlistados no se difuminaron silenciosamente en la noche. De una gran variedad de formas lucharon por recuperar sus trabajos, buscaron otras maneras de ejercer sus carreras cinematográficas, y resistieron a la lista negra. Se encontraron con una resistencia feroz de los anti-comunistas y del Gobierno de los Estados Unidos. El Ministerio de Asuntos Exteriores rechazó emitir pasaportes a muchos de los que deseaban ir al extranjero y buscar trabajo. Algunos de los que evitaron las citaciones abandonando el país se encontraron con sus pasaportes revocados mientras estuvieron fuera.

 

            Los pleitos contra los estudios fueron la primera línea de ataque de los enlistados. Individualmente y en grupos presentaron ocho acciones legales acusando a la industria de conspiración. Aunque los jueces del primer nivel de los procesos sentían empatía, pero los jueces de los tribunales o de las cortes de apelación normalmente les daban la vuelta a los veredictos. Unos pocos se desestimasron.

            Otra línea de ataque vino a través del bolígrafo y la máquina de escribir. Un pequeño grupo produjo el periódico “Hollywood Review”, un compendio de análisis críticos de películas, superando de lejos la corriente dominante. Otros participaron en el “California Quarterly”, un periódico dedicado a la literatura. Varios, como Dalton Trumbo y Guy Endore, escribieron panfletos o cartas al director en una esfuerzo por alertar al público del azote de la lista negra.

 

            Quizá el esfuerzo más ambicioso fue el de la Corporación de Producciones Independientes, fundada por el escritor Paul Jarrico, el director Herbert Biberman y el productor Adrian Scott. Su primer y único proyecto completado, “Salt of the Earth”, escrito por el escritor incluido en la lista negra Michael Wilson, reunió temas que habían sido importantes para los radicales: la organización sindical, los derechos de las minorías, los derechos de la mujer.

 

            El aparato de la Guerra Fría montó ante ello una oposición coordinada. Como resultado, “Salt of the Earth” se exhibió en sólo trece salas en los Estados Unidos; no recuperó sus costes, y la IPC no produjo otra película.

 

            La mayoría de la gente incluída en la lista negra pensó que no tenían ni tiempo ni dinero (o quizá energía) para seguir luchando. Tenían familias a las que mantener. Los escritores comenzaron a buscar trabajo en el mercado negro del cine o fuera del país. Los productores de películas independientes y algunos productores televisivos que simpatizaban contrataron a escritores incluidos en la lista negra, normalmente con salarios mucho menores que los de sus tarifas previas a la lista negra. Algunos escritores encontraron tapaderas, amigos o conocidos que pusieran su nombre en los guiones y asistieran a las reuniones de guión, a cambio de un porcentaje del salario. Algunos pudieron escribir con pseudónimos. Muchos se fueron a México o a Europa.

 

            Los actores y directores sólo podían trabajar en Europa o en Broadway. Dos actores que permanecieron en California triunfaron en carreras paralelas: Jeff Corey fundó una clase para actores, y Will Geer creó un teatro de repertorio, el Theatricum Botanicum.

 

            Pero incluso los más triunfadores ganaban mucho menos dinero y tenían muchos menos créditos en las películas, y no recibían contribuciones a sus fondos de jubilación del sindicato. Todos sufrieron el trato de parias por antiguos colegas, el estrés por labrarse nuevas carreras ya avanzada su vida, la presión sobre sus relaciones familiares, y las presiones de mantener en secreto su identidad y proteger a sus tapaderas. Muchos tenían dificultades para cobrar el dinero que se les había prometido.

 

            Un segundo frente contra la lista negra lo abrió Elizabeth Poe Kerby. En siete artículos, la mayoría de los cuales se publicaron en “Frontier”, detalló el aparato de la lista negra y su impacto. Su trabajó animó al Fondo a favor de la República a subvencionar el Informe sobre la Lista Negra, un doble volumen que examinaba las listas negras en los medios de comunicación. John Cogley, el citado como autor, basó sus capítulos sobre la lista negra del cine casi completamente en la investigación de Kerby.

 

 “LA LISTA NEGRA SE DEBILITA

 

            Los premios a escritores fueron durante mucho tiempo un grano de arena en los engranajes del mecanismo de la lista negra. Varios escritores, principalmente Michael Wilson, había sido nominado y ganó premios de la Academia y del Sindicato de Escritores después de haber sido enlistado en 1951. Entonces, a comienzos de 1957, fue de nuevo nominado a un Premio de la Academia y a un premio del Sindicato de Escritores por su guión para “Friendly Persuasion”. En un intento por acabar con esta situación de vergüenza, la Junta de Gobernadores de la Academia dictó una nueva ordenanza, prohibiendo que los testigos inamistosos recibieran un Premio de la Academia, ¡aunque podían aún ser nominados!

 

            Pero el mes siguiente, “Robert Rich” fue premiado con un Óscar a la mejor historia [best screen story] por “The brave one”. “El señor Rich” no estaba sin embargo entre el público, y su premio lo aceptó por él Jesse Lasky, jr., del Sindicato de Escritores de América. De hecho, “Robert Rich” era uno de los muchos pseudónimos de Dalton Trumbo, y él utilizó la espiral de rumores sobre este desconocido escritor para lanzar otra docena de rumores.

 

            Wilson no recibió el Premio de la Academia ese año, pero sí ganó el premio del Sindicato de Escritores al Mejor Drama Americano. En la ceremonia, Groucho Marx bromeó con el título de crédito a la mejor historia para “Los Diez Mandamientos”, que originalmente se había dado a Moisés, pero los productores fueron obligados a quitar su nombre cuando se enteraron de que había cruzado el Mar Rojo.

 

            La vergüenza continuó, en marzo de 1958, cuando el Óscar al mejor guión adaptado, para “The bridge over the River Kwai” se le dio a Pierre Boulle. Boulle había escrito la novela que los verdaderos escritores del guión, los enlistados Carl Foreman y Michael Wilson habían adaptado. Ya que el señor Boulle no hablaba ni escribía inglés, el estudio envió a Kim Novak al podio para recibir el premio en su nombre. Circularon más rumores.

 

            A finales de 1958, se hizo evidente que el Óscar a la mejor historia y guión lo ganarían los escritores de “The defiant ones”,(Fugitivos) Harold Smith y Nathan E. Douglas. Era públicamente sabido que Nathan E. Douglas era el enlistado Nedrick Young.

 

            En ese momento, Trumbo inició una seria campaña de cartas, que dio lugar a dos reportajes de televisión. En la “Tarea Especial” de Bill Stout, Trumbo reveló que él era “Robert Rich” y habló sobre la lista negra. Lew Irwin, en su “City final”, reveló la identidad de Nathan E. Douglas.

 

            Representantes de la Academia se reunieron con Smith y Young y acordaron anular la ordenanza de 1957 si Smith y Young prometían no avergonzar públicamente a la Academia.

 

           Aunque la lista negra no había muerto, el clima de miedo que había producido y sostenido se estaba disipando. Crecían los esfuerzos nacionales por eliminar el Comité de Actividades Anti-Americanas. En enero de 1960, el productor / director Otto Preminger anunció que Dalton Trumbo recibiría el título de crédito por “Exodus”, a estrenar próximamente. El productor / actor Kirk Douglas siguió con el anuncio de que Trumbo recibiría el título de crédito por “Espartaco”, también próxima a su estreno. El mes siguiente Stanley Kramer, que había producido “The Defiant ones”, criticó abiertamente a la Legión Americana. Frank Sinatra, sin embargo, cedería a la presión pública e incumpliría un trabajo que había prometido a Albert Maltz, escribir “The execution of private Slovik”.

 

            Aunque el estreno de “Espartaco” fue piqueteado por un pequeño grupo, y “Exodus” por la Legión Americana, sus ingresos de taquilla no se resintieron.

 

            Como un pequeño goteo, algunos de los enlistados comenzaron a trabajar de nuevo en Hollywood. Para muchos, la lista negra nunca acabó. Habían pasado muchos años sin un título de crédito; demasiados productores estaban tomando decisiones; muchos escritores, directores y actores más nuevos, más jóvenes y más de moda estaban en Hollywood.

 

 “LAS BATALLAS CONTINÚAN

 

            Muchos de aquellos que lucharon contra el fascismo en los años 30 y el “miedo rojo” en los 40 y 50 estaban ya muertos. También, por tanto, muchos de los anti-comunistas e informadores. Algunos vivieron lo suficiente para ver a la opinión pública volverse a favor de los enlistados y sus luchas contra los mecanismos censores de la Guerra Fría.

 

            A comienzos de los 80, se publicaron libros eruditos y objetivos sobre las luchas políticas en Hollywood. Se hicieron varios documentales cinematográficos compartiendo su punto de vista. Muchos de los enlistados hicieron sus propias biografías e historias orales.

 

            El Sindicato de Escritores en 1982, comenzó su proceso de redención. Al y Helen Levitt, que habían sido enlistados en 1951, persuadieron al Sindicato para conceder subsidios de jubilación adicionales a aquellos escritores que no pudieron contribuir al fondo de jubilación debido a estar en la lista negra.

 

            Diez años después, como resultado de los esfuerzos de Paul Jarrico, el Sindicato de Escritores instituyó un comité de devolución de créditos, que, hasta el momento, ha restaurado los créditos de noventa y cuatro películas escritas bajo tapaderas o bajo pseudónimos durante el periodo de la lista negra.

 

            El Sindicato de Escritores y la Academia comenzaron a reconocer a los escritores bajo las tapaderas, y les otorgaron a ellos o a sus herederos sus merecidos premios y títulos de crédito. Y, en octubre de 1997, en una brillante ceremonia en el Auditorio de la Academia Samuel Goldwyn, los Sindicatos de Actores, Escritores y Directores y la Federación Americana de Artistas de la Radio y la Televisión pidieron perdón por su participación en la lista negra.

 

            La voz de la lista negra no había sido muerto, pero había enmudecido. Y la lucha sobre el hecho de informar no había acabado. El tema del premio a una carrera, primero en el Instituto Americano del Cine, y después, unos años más tarde, en 1999, en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, a Elia Kazan, hicieron saltar una viva controversia. Kazan había testificado ante el Comité de Actividades Anti-Americanas dos veces en 1951, nombrando a diecisiete personas como comunistas. Razonablemente el director de teatro y de cine más exitoso del momento, Kazan se convirtió en el informador más destacado.

 

            Para los enlistados, Kazan representaba el más vívido símbolo de aquél que había informado para salvar su carrera sin disculparse. Recompensarle, de alguna manera, consideraban que era darle a su inmoralidad un inmerecido visto bueno. Otros creían que Kazan era un gran director, que merecía el aplauso de la industria, y que la política y el arte no debían mezclarse.

 

            De hecho, las dos no son tan fácilmente separables, y aquellos que lucharon en Hollywood durante los años 30, los 40 y los 50 lo sabían muy bien.

                                                

                                               Larry Ceplair.

                     Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas