TODO DERECHO

 

Sin ser conscientes de ella hay una verdad óptica que todos sabemos, aunque no sepamos que lo sabemos. La hemos interiorizado hasta tal punto que incluso resulta difícil de explicar. Esta verdad es que en medios homogéneos la luz se propaga en línea recta. Este es el caso de regiones pequeñas de la atmósfera en el que transcurre casi toda toda nuestra vida ordinaria. Hasta tal punto creemos en la propagación rectilínea que cuando se deja de verificar sufrimos un engaño y una decepción. Este es el caso de los espejismos. Puede ver  algunos ejemplos en este enlace.

 

La fe en esta idea nos viene de que durante toda nuestra vida encontramos un acuerdo perfecto entre el espacio que vemos y el espacio en el que nos movemos, es decir una concordancia entre el espacio óptico y el mecánico. Si veo una puerta (óptica) y me muevo en línea recta hacia ella (mecánica) paso a través de ella sin problemas. Si la luz no se propagara en línea recta no se daría esta asombrosa coincidencia de que la puerta se encuentre donde la "vemos". Otras evidencias de la propagación rectilínea de la luz pueden verse en este enlace.

             

                          

       

El éxito continuado en el paso por las puertas nos lleva a suponer que la luz se propaga siempre en línea recta de forma que los objetos se nos sitúan en la prolongación rectilínea del segmento de luz que llega hasta nosotros. Cuando la luz ha llegado hasta nosotros describiendo una curva resulta que el objeto no está donde lo "vemos". El pájaro de la figura puede sentirse seguro frente a un cazador firme creyente en la propagación rectilínea de la luz.