Mediaciones sociales, Nº 4
Primer semestre 2009
Universidad Complutense de Madrid, España
ISSN electrónico: 1989-0494





Sociología Fenomenológica y Comunicología Histórica. La Sociología Fenomenológica y sus aportaciones al pensamiento en comunicación

Phenomenologycal Sociology and Historical Communicology. Phenomenological Sociology and its Contributions to the Communication’s Thought


Marta Rizo García
Universidad Autónoma de la Ciudad de México - México
mrizog@yahoo.com





Resumen

¿Qué tienen en común la Sociología Fenomenológica y la Comunicología? ¿Qué aporta el pensamiento socio-fenomenológico a la construcción de la ciencia de la comunicación? Éstas y otras preguntas guían el presente texto. En él se presentan los puntos de encuentro entre la vertiente sociológica de la Fenomenología, representada por autores como Schütz, Berger y Luckmann, y la Comunicología. En un primer momento se exponen los juicios básicos de la Sociología Fenomenológica y su relación general con la comunicación. Posteriormente se hace énfasis en las aportaciones de estos juicios a la conceptualización de la comunicación, y se sintetiza el tratamiento de la comunicación desde de la perspectiva de la Sociología Fenomenológica. En un cuarto momento, se explora la construcción de objetos comunicológicos por parte de la Sociología Fenomenológica, se hace una revisión de los objetos, temas y fenómenos relacionados con la comunicación.

Palabras clave: Comunicología, Sociología Fenomenológica, historia de la ciencia, epistemología, comunicación.

Abstract

What do Phenomenological Sociology and the Communicology have in common? How does the socio-phenomenological thought contribute to the construction of communication science? These and other questions guide the present text. It presents the points of contact between the sociological side of Phenomenology, represented by authors like Schütz, Berger and Luckmann, and the Communicology. In first place, the basic judgments of Phenomenological Sociology and its general relation with the communication are exposed. Later the contributions of these judgements to the conceptualization of communication are emphasized, and the treatment of communication from the perspective of Phenomenological Sociology is synthesized. At a fourth moment, the construction of communicologycal objects on the part of Phenomenological Sociology is explored, the objects, subjects and phenomena related to the communication are revised.

Keywords: Communicology, Phenomenological Sociology, history of science, epistemology, communication.


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1. Presentación

La relación entre la Sociología y la Comunicación es compleja y está en muchas ocasiones fundamentada en afirmaciones del sentido común del campo de la comunicación. Dicho de otra forma, la propia asunción generalizada de que las Ciencias de la Comunicación -en plural- forman parte del campo mayor de las Ciencias Sociales es ya un punto de partida para hablar de la relación entre Sociología y Comunicación. Sin embargo, la propuesta que en este texto se presenta es muy distinta. Para empezar, se parte de la posibilidad de construcción de una Ciencia de la Comunicación, la Comunicología, y para ello, se parte de dos rutas de reflexión distinta: la comunicología a priori y la comunicología a posteriori.

El ejercicio que se presenta en las siguientes páginas se ubica en la segunda ruta, a partir de la revisión de una de las comunicologías históricas, la Sociología Fenomenológica, una de las fuentes científicas históricas de la ciencia de la comunicación que consideramos dentro del Grupo hacia una Comunicología Posible (GUCOM) [1]. No se trata de ver si la ciencia de la comunicación es una ciencia social o no lo es. Más bien se trata de exponer qué elementos, conceptos, juicios, y procesos constructivos de la Sociología Fenomenológica tienen o han tenido algo que ver con la comunicación como ciencia. En primer lugar se presenta la problemática básica de la Sociología Fenomenológica y su relación con la comunicación; se exponen los puntos de encuentro y coincidencia entre los dos espacios conceptuales. Posteriormente se presenta de forma sintética el tratamiento de la comunicación desde la perspectiva de la Sociología Fenomenológica, con énfasis en la definición de los objetos de la fuente que tienen que ver con la comunicación. Para complementar lo anterior, se detallan los objetos y conceptos a partir de los cuales la Sociología Fenomenológica aborda lo que entiende por comunicación. En el cuarto apartado se abandona la revisión de la fuente desde la perspectiva sociológica en sentido estricto, y se asume la necesidad de observar o revisar el proceso epistemológico de construcción conceptual de los objetos y conceptos presentados en el apartado anterior. De alguna forma, el cuarto apartado implica una aproximación epistemológica a la fuente, a sus formas de construcción del discurso científico, a sus procedimientos de observación de los fenómenos que nombra.


2. Sociología Fenomenológica y Comunicología Histórica. Primeros acercamientos

La Fenomenología es un movimiento filosófico del siglo XX que describe las estructuras de la experiencia tal y como se presentan en la conciencia, sin recurrir a teorías, deducciones o suposiciones procedentes de otras disciplinas. Aunque presenta varias ramificaciones, suele haber consenso en considerar a Investigaciones filosóficas (1900) de Edmund Husserl como primera fuente de inspiración del pensamiento fenomenológico. La misión de la filosofía de Husserl fue trascender todo significado cultural y científico, regresar al contacto prerreflexivo con el mundo que define a la conciencia natural para darle el estatus filosófico necesario. Para comprender las afirmaciones de la actitud natural -el dejarse vivir de la conciencia en el que ésta vive efectiva y definitivamente en sus actos- hay que suspenderlas, y esto se logra con la “reducción fenomenológica”, que nos permite volver consciente lo que naturalmente no lo es.

El más claro acercamiento entre la Fenomenología y la Sociología se da en lo que conocemos como Sociología Fenomenológica o Fenomenología Social, cuyo máximo representante es Alfred Schütz. La propuesta de Schütz está basada en la filosofía de Edmund Husserl (1913, 1925) y en el método de comprensión (
verstehen) de Max Weber (1978) [2]. El debate general de la Sociología Fenomenológica schütziana gira en torno a cómo se puede lograr el conocimiento, a partir de preguntas como las siguientes: ¿cómo podemos tratar los datos subjetivos en términos objetivos?, ¿cómo conocemos otras mentes?, ¿cómo se produce la comprensión y la comunicación recíproca entre sujetos?

La propuesta sociofenomenológica pone énfasis en la interpretación de los significados del mundo (lebenswelt) y las acciones e interacciones de los sujetos sociales, y no tanto en el sistema social ni en las relaciones funcionales que se dan en la vida en sociedad. Del mundo conocido y de las experiencias compartidas por los sujetos, se obtienen las señales, las indicaciones para interpretar la diversidad de símbolos. La última frase apunta ya un primer acercamiento entre las bases de la Sociología Fenomenológica y el espacio conceptual de la comunicación: los sujetos comparten experiencias, interactúan y se comunican, y como producto de estas situaciones de interacción obtienen las señales necesarias para comprender la realidad.

La diferencia básica entre las propuestas de Husserl y Schütz radica en que este último comprendió a la fenomenología como una instancia de aproximación a lo cotidiano, y definió a la realidad como un mundo en el que los fenómenos están dados, sin importar si son reales, ideales o imaginarios. En este mundo, los sujetos viven en una actitud natural, desde el sentido común. Esta actitud permite a los sujetos suponer un mundo externo en el que cada sujeto vive experiencias significativas y asume que otros también las viven.

Por lo tanto, Schütz transforma la fenomenología trascendental de Husserl en una fenomenología mundana. Mientras que Husserl pone el paréntesis sobre el ámbito del sentido común, y se aproxima a la conciencia en estado puro y a la subjetividad trascendental, Schütz orienta su pensamiento hacia la vida cotidiana y pone entre paréntesis la duda del filósofo.

2.1. Ideas y conceptos centrales de la Sociología Fenomenológica

La propuesta de la Sociología Fenomenológica implica una apuesta por la explicación del verstehen [3], la experiencia de sentido común del mundo intersubjetivo de la vida cotidiana. Según Schütz, los sujetos que viven en el mundo social están determinados por su biografía y por sus experiencias inmediatas, de modo que cada individuo se sitúa en un determinado lugar en el mundo, y su experiencia es única e irrepetible. Los sujetos aprehenden la realidad desde esta posición que ocupan en el mundo, y desde este mismo lugar se configura un repositorio de conocimiento disponible que consiste en el “almacenamiento pasivo de experiencias” (Schütz, A., 1932: 107), mismas que pueden ser traídas al “aquí y ahora” y constituir una nueva experiencia personal inmediata. Gracias a esta reserva de conocimientos, los sujetos pueden comprender nuevos fenómenos sin tener necesariamente que iniciar un proceso reflexivo para ordenar cada una de las vivencias nuevas con que se encuentren.

La propuesta de Schütz fue retomada por Berger y Luckmann (1967), cuyo propósito principal fue la reconstrucción de las construcciones sociales de la realidad. Los autores parten de que los sujetos crean la sociedad y de que ésta se convierte en una realidad objetiva que, a la vez, crea a los sujetos. El eje básico se encuentra en el concepto de intersubjetividad, comprendida como el encuentro por parte del sujeto de otra conciencia que va constituyendo el mundo en su propia perspectiva. La intersubjetividad no se reduce al encuentro cara a cara, sino que se amplía a todas las dimensiones de la vida social. Así, tanto Berger y Luckmann como Schütz abandonan la concepción de la intersubjetividad como flujo de conciencia interior y la conciben como el vivir humano en una comunidad social e histórica. Sus propuestas implican un tránsito de lo individual a lo social, de lo natural a lo histórico y de lo originario a lo cotidiano.

Igual que Schütz, Berger y Luckmann conciben a la realidad de la vida cotidiana como una realidad intersubjetiva, compartida con otros. La interacción cara a cara es considerada como la más importante de las experiencias de interacción social, porque de ella se derivan todas las demás situaciones de interacción. La realidad de la vida cotidiana es aprehendida en un continuo de tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan del “aquí” y “ahora”, de la situación de interacción cara a cara.

A continuación se exponen de forma muy sintética los conceptos básicos de la propuesta de Schütz. En un momento posterior se verá la relación que guarda cada uno de estos conceptos con la comunicación.

- En el tránsito de Husserl a Schütz, la intersubjetividad experimenta un cambio: no se reduce al encuentro cara a cara entre el ego y el
al-terego, sino que se amplía a todas las dimensiones de la vida social. Para Schütz, la configuración particular del sujeto está determinada por la intersubjetividad, que constituye una característica esencial del mundo social. El aquí se define porque se reconoce un allí, donde está el otro. El sujeto puede percibir la realidad poniéndose en el lugar del otro.

- Con respecto a las acciones y significados, Schütz retoma de Husserl el concepto de corriente interna de conciencia para profundizar en la teoría de la acción social. Este concepto le permite explicar la elaboración de un proyecto en la conciencia del sujeto, que da origen a la acción. Es en la corriente interna donde se dilucidan los “motivos porque” y los “motivos para” que justifican las acciones y donde se elaboran los contextos de significado.

- Un tercer concepto importante es la realidad social, concebida por Schütz como la suma total de objetos y sucesos dentro del mundo social, tal como los experimenta el pensamiento de sentido común de los sujetos que viven su existencia cotidiana entre sus semejantes. La realidad social no es un mundo privado sino intersubjetivo, común a todos los sujetos, y es otorgado y potencialmente accesible a cada uno de ellos.

- En este sentido, el mundo de la vida cotidiana es la realidad que se muestra como evidente para los hombres que permanecen en actitud natural. Sólo dentro del ámbito de la vida cotidiana los sujetos pueden ser comprendidos por sus semejantes; y sólo junto a ellos los sujetos pueden actuar en el mundo. Desde una actitud natural, el sujeto siempre se encontrará con un mundo que presupone y considera real: nació en él y presupone que existió antes de él y que seguirá existiendo después de que él no esté.

- La actitud natural se explica a partir de la existencia corpórea de otros sujetos; la consideración de que esos cuerpos están dotados de conciencias similares; la igualdad de sentido entre los objetos del mundo externo incluidos en el ambiente de un sujeto y en el de sus semejantes; la posibilidad del sujeto de entablar relaciones y acciones recíprocas con sus semejantes; la posibilidad de los sujetos de hacerse entender entre ellos; y el carácter históricamente dado del mundo social y cultural (Schütz, A. y Luckmann,
Th. 1973).

- Al comportamiento específico de cada individuo Schütz lo denominó situación biográfica. Cada sujeto lleva una secuencia en su vida de las interpretaciones de lo que encuentra en el mundo, según sus intereses, motivaciones e ideología. Aunque la realidad del sentido común es dada a los sujetos en formas culturales-históricas universales, la forma en que éstas se expresan en las vidas individuales depende de las experiencias que una persona construye a lo largo de su existencia.

- Relacionado con lo anterior, el acervo de conocimiento se refiere a que a lo largo de su vida, el sujeto incorpora y acumula una gran cantidad de indicaciones, que luego usa para comprender o al menos controlar aspectos de su experiencia cotidiana.

- Por último, la intersubjetividad requiere de interacción y en toda situación de interacción se produce un contacto intersubjetivo. Para Schütz, cualquier forma de interacción tiene su origen en las construcciones de la comprensión del otro, de modo que cualquier interacción entre sujetos presupone una serie de construcciones de sentido común; es decir, se construye la conducta que un sujeto prevé de otro, y viceversa.

En el caso de Berger y Luckmann, los conceptos básicos que propusieron son muy semejantes a los de Alfred Schütz. Sin embargo, existen algunas particularidades, de ahí que se presente a continuación una síntesis de la definición de cada uno de los conceptos básicos de los autores de La construcción social de la realidad (1967).

- La significación es la única forma por medio de la cual es posible hablar de una realidad de la vida cotidiana.

- El lenguaje es el sistema de signos vocales más importante de la sociedad humana. Las objetivaciones comunes de la vida cotidiana se sustentan primariamente por la significación lingüística, lo que hace que la comprensión del lenguaje sea esencial para cualquier comprensión de la realidad de la vida cotidiana.

- El lenguaje constituye campos semánticos o zonas de significación lingüísticamente circunscritos, dentro de los cuales se posibilita la objetivación, la retención y la acumulación de la experiencia biográfica.

- Esta acumulación forma un acopio social de conocimiento que se transmite de generación en generación y está al alcance del individuo en la vida cotidiana.

- El universo simbólico se construye mediante objetivaciones sociales y aporta el orden para la aprehensión subjetiva de la experiencia biográfica. El universo simbólico “pone cada cosa en su lugar”, es decir, ordena las diferentes fases de la biografía.

Como se puede observar, los conceptos de situación biográfica y repertorio de conocimiento de Schütz son nombrados por Berger y Luckmann como experiencia biográfica y acopio social de conocimiento, respectivamente. Asimismo, lo que para los sucesores de Schütz es el universo simbólico, fue nombrado como mundo de la vida cotidiana -con sujetos en actitud natural- por Schütz. En la cuarta parte de este texto se profundizan estas relaciones entre las construcciones conceptuales procedentes de varias genealogías de la Sociología Fenomenológica.

Las propuestas de Schütz, así como las de Berger y Luckmann, bien pueden considerarse antecedentes básicos de lo que conocemos como Sociología de la Vida Cotidiana, una corriente inserta en las llamadas sociologías interpretativas. La Sociología de la vida cotidiana parte de considerar que la sociología no debe ser un cúmulo de teorías útiles para abordar la dimensión macro de la sociedad, esto es, las estructuras, los aparatos del estado, las instituciones, etc., sino que debe servir para abordar el acontecer social, los fenómenos micro que tienen lugar en el escenario de la vida cotidiana y que permiten explicar las relaciones sociales entre sujetos.

2.2. La centralidad de la intersubjetividad

Por la naturaleza de este texto, es importante ofrecer una revisión más profunda del concepto central de la propuesta socio-fenomenológica de Alfred Schütz: la intersubjetividad. Este concepto, como se verá posteriormente, permite reflexionar en torno a las relaciones -reales y posibles- entre la Sociología Fenomenológica y la Comunicología.

La intersubjetividad es uno de los conceptos esenciales en la adopción del pensamiento husserliano por parte de Schütz. Para Husserl, la intersubjetividad es el encuentro por parte del sujeto de otra conciencia que va constituyendo el mundo en su propia perspectiva. En el tránsito de Husserl a Schütz, la intersubjetividad experimenta un cambio: no se reduce al encuentro cara a cara entre el ego y el alterego, sino que se amplía a todas las dimensiones de la vida social. Es decir, aunque ambos autores se centraron en la intersubjetividad, Husserl lo hizo en el plano de la conciencia, mientras que Schütz [4] amplió su punto de mira a todo el mundo social.

Para Schütz, la configuración particular del sujeto está determinada por la intersubjetividad, que constituye una característica esencial del mundo social. El aquí se define porque se reconoce un allí, donde está el otro. El sujeto puede percibir la realidad poniéndose en el lugar del otro, y esto es lo que permite al sentido común reconocer a otros análogos al yo. Es en la intersubjetividad donde los sujetos pueden percibir fenómenos que escapan al conocimiento de su yo, pues los sujetos no pueden percibir su experiencia inmediata pero sí las de los otros, en tanto le son dadas como aspectos del mundo social. Dicho de otra forma, el sujeto percibe sólo sus actos, pero puede percibir los actos y las acciones de los otros con quienes comparte el mundo.

La intersubjetividad, siempre dada en situaciones de simultaneidad, es posible porque el mundo del sentido común permite anticipar ciertas conductas de otros para desarrollar la vida social: cuando un sujeto se dirige a otro, presupone que comparte con él ciertos códigos. Sirva un extenso pasaje de Schütz para ejemplificar este fenómeno:

“Si usted y yo contemplamos un pájaro en vuelo, mis observaciones del pájaro en vuelo son una sucesión de experiencias de mi propia mente así como sus observaciones de un pájaro en vuelo son experiencia de su propia mente (…) No obstante aunque no puedo conocer el contenido específico y exacto de su conciencia, sé que usted es un ser humano vivo y dotado de conciencia. Sé que cualesquiera que hayan sido sus experiencias durante el vuelo del pájaro, ellas eran contemporáneas con las mías. Veíamos un pájaro juntos (…) envejecíamos juntos…” (Schütz, A., 1974: 18).

Para Schütz pueden darse relaciones con otros de los que el mismo sujeto forma parte, constituyendo una relación nosotros, un vínculo entre un conjunto de sujetos que comparten una misma vivencia o vivencias muy similares. También se pueden dar relaciones de otros sin él, esto es, relaciones ustedes. Y por último, pueden darse relaciones de terceros, nombradas por Schütz como relaciones ellos. Esto en cuanto al espacio. En cuanto a las relaciones referidas al tiempo, Schütz establece tres tipos: los contemporáneos, aquellos otros con los que se puede interactuar, es decir, experimentar acciones y reacciones con ellos; los predecesores, que son otros con los que ya no se puede interactuar, aunque sí es posible acceder a sus actos; y por último, los sucesores, aquellos otros con los que no es posible interactuar pero hacia quienes el sujeto puede orientar sus acciones (Schütz, A., 1963: 45-46). En el mundo de los contemporáneos existe una categoría particular de otros, los llamados asociados, para la que no basta solamente con el reconocimiento y la vivencia compartida. En este caso, es indispensable una relación cara a cara ininterrumpida, en la que el sujeto es capaz de conocer a tal punto a otros que puede orientar su acción hacia las reacciones que espera de esos otros. Los asociados, por tanto, reviven la relación nosotros que establecieron anteriormente.


3. La relación entre la Sociología Fenomenológica y la Comunicología

Las ciencias sociales tienen como objeto de estudio el conocimiento de diferentes dimensiones de la vida de los sujetos que viven en sociedades y grupos diversos. Aunque dentro de las ciencias sociales existen múltiples disciplinas, la mayoría de ellas pone énfasis en las dimensiones temporales de la vida social y en la interacción entre sujetos y entre éstos y el entorno. Para Weber, las ciencias sociales tienen como fin explicar y comprender las acciones de los sujetos, algo que posteriormente recuperaría Schütz en su propuesta socio-fenomenológica.

Durante la segunda mitad del siglo XX aparecen las llamadas teorías sociológicas contemporáneas. Junto con el funcionalismo estructural de Parsons y Merton, la teoría del conflicto de Dahrendorf, la teoría de sistemas de Luhmann y el Interaccionismo Simbólico de Mead, la Sociología Fenomenológica suele ser considerada una de las principales escuelas sociológicas contemporáneas. Si bien abundan los escritos sobre esta corriente de la fenomenología, es muy pobre la reflexión en torno a las relaciones entre la Sociología Fenomenológica y la comunicación. Aunque Alfred Schütz habló de la comunicación -sin ser éste el tema central de su propuesta-, desde el campo académico de la comunicación no se han atendido suficientemente sus aportes.

3.1. Los aportes del Interaccionismo Simbólico

Hablar de la historia de la Sociología Fenomenológica en el campo académico de la comunicación nos remite, sin duda, a la Escuela de Chicago, y concretamente a los aportes realizados unas décadas más tarde por la corriente del Interaccionismo Simbólico, que supuso una ruptura con el pensamiento sociológico anterior. Esta corriente, inaugurada por Herbert Blumer en 1938, parte de la importancia de la comunicación en el desarrollo de la sociedad, la personalidad y la cultura. Sus raíces históricas son el pragmatismo y el conductismo: el primero, por la importancia dada a la acción de los sujetos para la existencia de la realidad; el segundo, por la preocupación por las conductas empíricamente observables de los individuos. Este último, sin embargo, adoptará la forma de “Conductismo Social”, una propuesta de George Herbert Mead.

El Interaccionismo Simbólico se propuso estudiar la interpretación por parte de los actores de los símbolos nacidos de sus actividades interactivas. En Symbolic Interaccionism (1968), Herbert Blumer establece las tres premisas básicas de la corriente: 1) los humanos actúan respecto de las cosas sobre la base de las significaciones que estas cosas tienen para ellos; 2) la significación de estas cosas deriva de la interacción social que un individuo tiene con los demás actores; y 3) estas significaciones se utilizan como un proceso de interpretación efectuado por la persona en su relación con las cosas que encuentra.

George Herbert Mead es el pensador más relevante en la historia del Interaccionismo Simbólico. Su pensamiento se plasmó en la obra Espíritu, persona y sociedad (1968), en la cual se pone de manifiesto la prioridad de lo social, y no lo individual, en el pensamiento del autor. Según el autor, su propuesta fue “explicar la conducta del individuo en términos de la conducta organizada del grupo social en lugar de explicar la conducta organizada del grupo social en términos de la conducta de los distintos individuos que pertenecen a él” (Mead, G.H., 1968: 7). Así entonces, lo social puede explicar lo individual, y no a la inversa. La unidad de análisis básica de la teoría de Mead es el acto, un concepto que lo acercó más a la propuesta conductista de estímulo-respuesta y que le sirvió, a la vez, para desmarcarse de la concepción automática e irreflexiva de las respuestas de los actores humanos. Es decir, Mead concibió los estímulos como oportunidades para actuar, y no como compulsiones o mandatos que generan respuestas automáticas. A diferencia del acto, que implica a una sola persona, el acto social implica a dos o más personas. En él, los gestos ocupan un papel primordial. El autor distinguió los gestos no significantes de los significantes: los primeros son aquellos que tienen lugar de forma instintiva, irreflexiva y automática, y se dan tanto en el mundo animal como en el mundo de los seres humanos; los gestos significantes, por su parte, sólo son posibles en el terreno de lo humano, ya que requieren de la reflexión por parte del actor antes de que se produzca la reacción.

Sin negar la importancia de los conceptos anteriores, la aportación central de la obra de Mead la encontramos en el self o sí mismo, uno de los conceptos de mayor importancia dentro de la corriente del Interaccionismo Simbólico. En términos generales, el self (“sí mismo”) se refiere a la capacidad de considerarse a uno mismo como objeto; el self tiene la peculiar capacidad de ser tanto sujeto como objeto, y presupone un proceso social: la comunicación entre los seres humanos. Es decir, el self permite a las personas participar en situaciones de interacción con otros.

El mecanismo general para el desarrollo del self es la reflexión, o la capacidad de ponernos inconscientemente en el lugar de otros y de actuar como hablarían ellos, o lo que es lo mismo, la condición del self es la capacidad de los individuos de salir “fuera de sí”. Según Mead (1968: 184-185), “sólo asumiendo el papel de otros somos capaces de volver a nosotros mismos”. Es mediante la reflexión que el proceso social es interiorizado en la experiencia de los individuos implicados en él. Por tales medios, que permiten al individuo adoptar la actitud del otro hacia él, el individuo está conscientemente capacitado para adaptarse a ese proceso y para modificar la resultante de dicho proceso en cualquier acto social dado. Mead identifica dos aspectos o fases del self: el yo y el mí. La primera fase, el yo, es la respuesta inmediata de un individuo a otro; es el aspecto incalculable, imprevisible y creativo del self. Las personas no saben con antelación cómo será la acción del “yo”. El yo reacciona contra el mí, que es el conjunto organizado de actitudes de los demás que uno asume. El autor sitúa el surgimiento del self en dos etapas del desarrollo infantil: la etapa del juego y la etapa del deporte. Durante la primera, el niño aprende a adoptar actitudes de otros niños concretos, mientras que en la segunda, el niño ya es capaz de adoptar el papel de todos los que están involucrados en la situación de interacción. Es en esta segunda etapa donde los niños empiezan a ser capaces de funcionar como grupos organizados. La etapa del deporte contiene uno de los conceptos que más aportan a la comprensión del self: el otro generalizado. Mead lo concibe como la actitud del conjunto de la comunidad, misma que puede ser adoptada por un solo individuo y que permite el desarrollo del self de éste. De igual forma, la adopción de la actitud del otro generalizado le permite al sujeto pensar de forma abstracta y objetiva, dado que lo hace capaz de evaluarse a sí mismo como los otros lo harían.

Para sintetizar, se puede decir que la principal aportación de Mead a la conceptualización de la comunicación se encuentra en el concepto de self. Como se ha dicho anteriormente, el self presupone procesos de comunicación entre sujetos, permite a los sujetos interactuar. En este sentido, es mediante el self que los sujetos pueden participar de situaciones de interacción, en las que son capaces de ponerse en el lugar de otros, y de verse a sí mismos desde el punto de vista de los otros.

La Escuela de Chicago, por un lado, y los trabajos del Interaccionismo Simbólico, por el otro, son quizás las caras más visibles de la relación entre la Sociología y la Comunicología. Aunque poco, en el campo académico de la comunicación se suelen tomar en cuenta dichas escuelas. Sin embargo, en un sentido estricto, y tomando a Schütz como principal representante de la Sociología Fenomenológica, es casi inexistente su presencia en la reflexión sobre la comunicación. Lo anterior se contradice con las interesantes reflexiones en torno a la comunicación realizadas desde la Sociología Fenomenológica. A ello dedicamos el siguiente apartado.


3.2. La comunicación desde la perspectiva de la Sociología Fenomenológica


La comunicación, en sentido estricto, no aparece como objeto de conocimiento en las obras básicas de la Sociología Fenomenológica. Sin embargo, son muchas las reflexiones que Schütz, Berger y Luckmann hicieron al respecto. En la mayoría de casos, la comunicación aparece vinculada a los conceptos de acción e intersubjetividad, y como se verá posteriormente, esta afirmación da lugar a que la Sociología Fenomenológica sea considerada una fuente histórica científica importante de lo que llamamos Comunicología Histórica, por sus aportaciones al espacio conceptual de la comunicación, concretamente a lo que comúnmente conocemos como comunicación interpersonal.

A continuación se exponen los principales juicios que sobre la comunicación hizo esta corriente de pensamiento.

- No es posible la comunicación en la esfera trascendental, porque toda situación de comunicación necesita de elementos del mundo intersubjetivo de la vida cotidiana.

- La naturaleza de la intersubjetividad es el vínculo, la comunicación entre semejantes.

- La posibilidad de comprender a los otros se fundamenta en la existencia de relaciones de mutuo entendimiento y de un ambiente común comunicativo.

- Para comprender las acciones de los otros es necesario no sólo conocer la materialidad de los mensajes, sino también comprender a quien los está emitiendo.

- La comunicación es el medio por el cual los sujetos superan su experiencia de la trascendencia de los otros, especialmente sus experiencias del mundo.

- La comunicación necesita de la existencia de un mundo de objetos físicos y culturales; de los otros como seres dotados de conciencia; de la capacidad de los sujetos de atribuir significados a las conductas de los otros; y de la conciencia de que muchos objetos y fenómenos de la vida cotidiana tienen el mismo significado para el otro que para uno.

- Para que exista comunicación, los sujetos deben compartir un mundo y deben comprender este mundo de una forma similar a como el otro lo comprende.

- Existen dos tipos básicos de comunicación: aquellos en los que el resultado final de la acción comunicativa le es ofrecido al receptor para que lo interprete y aquellos en los que el sujeto participa en el proceso en curso de la acción comunicativa del otro.

- Sólo son comunicativas las acciones que intentan transmitir un determinado significado.

Lo anterior da lugar a la definición de comunicación que elaboró Schütz. Para el autor, la comunicación no es sólo un sistema semántico, implica un “compartir el flujo de las experiencias del otro en el tiempo interior, este vivir a través de un presente común que constituye la experiencia del ‘nosotros’, que es el fundamento de toda comunicación posible” (Schütz, A., 1974: 173). Así, la comunicación sólo puede ser concebida si se cuenta con un “tú” al que dirigir nuestros actos expresivos con el fin de que sean interpretados.

3.3. Intersubjetividad y comunicación

Para la Sociología Fenomenológica, el individuo es un actor que reproduce su contexto social a partir de sus interacciones cotidianas. La reflexión se centra en las relaciones intersubjetivas, bajo el ángulo de la interacción, y se otorga un rol relevante a los elementos de negociación y de comunicación en la construcción social de los referentes de sentido que posibilitan el diálogo, negociación y/o conflicto en cualquier encuentro o situación de interacción humana.

Abordar la Interacción desde la Sociología Fenomenológica implica hablar de la relación entre el yo y el otro. Esta relación dialéctica es el punto de partida para la construcción social de la realidad, y se sitúa en el debate sobre la intersubjetividad como principio básico del mundo social. Como afirma Schütz, “al vivir en el mundo, vivimos con otros y para otros, y orientamos nuestras vidas hacia ellos. Al vivenciarlos como otros, como contemporáneos y congéneres, como predecesores y sucesores (…) comprendemos la conducta de los otros y suponemos que ellos comprenden la nuestra” (Schütz, A., 1993: 39).

Así entonces, la interacción en el mundo se da en el plano de la intersubjetividad, lo cual implica la cualidad de las personas de ver y oír fenomenológicamente. Estas acciones constituyen las dos formas de relación por excelencia con el mundo. Y el habla, como principal canal de comunicación, es consecuencia de ellas. Es a partir del ver y el oír que se forma el sentido, desarrollado a través de los diálogos y las interacciones. Lo anterior se explica por el hecho que la interpretación de lo social tiene como telón de fondo a las influencias que las acciones de las personas tienen en los demás.

La creación del consenso en torno a los significados de la realidad social es resultado de las interacciones de las que participan los sujetos, por lo que el mundo de la cotidianeidad sólo es posible si existe un universo simbólico de sentidos compartidos, construidos socialmente, y que permiten la interacción entre subjetividades diferentes.

En conclusión, para la Sociología Fenomenológica la subjetividad está inevitablemente presente en cualquier acto de comunicación, pues éste parte de las perspectivas particulares -ya sean convergentes o divergentes- de los participantes en el acto. Sin interacción no existen los sujetos sociales, dado que la construcción de sentidos compartidos sobre la realidad social requiere, inevitablemente, de la interacción.

3.4. Preguntas para abordar la comunicación desde la Sociología Fenomenológica

En este acápite se presentan algunos apuntes y vetas de reflexión para explorar las posibles aportaciones de la Sociología Fenomenológica en el proyecto de construcción de una ciencia de la comunicación, la Comunicología. Ya en algunos trabajos anteriores (Rizo, 2004, 2005, 2006, 2007) se han desarrollado propuestas para relacionar la Sociología Fenomenológica y la comunicación; concretamente se ha presentado una propuesta para leer a la dimensión comunicológica de la Interacción -que incluye desde la comunicación interpersonal hasta la interacción social general- desde los aportes de esta fuente. También se han trabajado anteriormente revisiones bibliográficas sobre la presencia de la Sociología Fenomenológica, o corrientes afines, en manuales de teoría de la comunicación (Rizo, 2006a).

En sentido estricto, si evaluamos la trayectoria de la Sociología Fenomenológica en el campo de la comunicación en México, podemos decir que simplemente no existe. Pese a esta situación desalentadora, una lectura prospectiva de la fuente nos puede hacer plantear algunas preguntas que permitan retomar esta fuente para la construcción de la Comunicología.

Partiendo de la centralidad de los medios de difusión como objeto de estudio básico de las ciencias de la comunicación, y de la inexistencia de reflexión sociofenomenológica en el campo de la comunicación de habla hispana, nos podemos preguntar lo siguiente: ¿será que no se ha leído correctamente la obra traducida de autores como Schütz, Goffman y Mead? O bien, ¿será que la Sociología Fenomenológica ha sido considerada como una corriente filosófica, y la filosofía no ha sido muy tomada en cuenta en el pensamiento sobre comunicación? Si revisamos el impacto de la bibliografía básica de la Fenomenología y la Sociología Fenomenológica en el campo académico de la comunicación en México vemos que, en el mejor de los casos, las obras referenciadas son las de Berger y Luckmann y las de Goffman, sin que ello signifique que se ha hecho una buena lectura de ellas [5].

La reflexión en torno a las aportaciones que la Sociología Fenomenológica puede hacer a la construcción de la Comunicología puede presentarse a partir de algunas preguntas de corte teórico. La más general debe responder a cómo se ha conceptualizado la comunicación a lo largo de la historia de la Sociología Fenomenológica. Dicha pregunta implica realizar una historia de la ciencia, y el método crítico-histórico -entendido como método de reconstrucción de la historia de un determinado campo de conocimiento, desde un punto de vista crítico, esto es, que permita observar relaciones entre genealogías de autores, conceptos, etc.- puede ser una buena opción para conocer cómo ha evolucionado el concepto central que nos ocupa, la comunicación, a lo largo de una determinada escuela de pensamiento, en este caso la Sociología Fenomenológica. Esta misma reconstrucción nos debe permitir identificar los momentos por los que ha pasado la conceptualización de la comunicación a lo largo de la historia de la fuente, esto es, los cambios o evoluciones que ha sufrido el concepto en las diversas etapas que conforman la historia del pensamiento socio-fenomenológico. Preguntas más particulares pero no por ello menos importantes, pueden ser las siguientes: ¿la intersubjetividad puede considerarse condición indispensable de la interacción y la comunicación?, ¿qué relación conceptual existe entre acción y comunicación?, ¿qué aporta la Sociología Fenomenológica a la reflexión sobre esta relación?, ¿qué conceptos e ideas hacen que se pueda considerar al Interaccionismo Simbólico como una propuesta sociofenomenológica? Las interrogantes anteriores parten de la consideración de que existe una concepción sociofenomenológica de la comunicación, misma que aunque ha sido poco retomada y considerada en la historia oficial del campo de la comunicación, nos parece importante para conceptualizar a la comunicación y sus fenómenos afines, específicamente todo lo que tiene que ver con la relación entre sistemas de comunicación, con la puesta en común e interacción entre sujetos, así como también con las relaciones sociales o interacción social general.

Habiendo revisado los juicios básicos de la Sociología Fenomenológica con respecto a la comunicación, y habiendo también expuesto algunas preguntas que pueden guiar las reflexiones en torno a este tema, se está ya en posibilidades de afirmar que la comunicación, desde el enfoque socio-fenomenológico, es intersubjetividad, es relación entre sujetos que se asumen similares a sus interlocutores, es acto significativo de expresión de sentidos sobre el mundo de la vida cotidiana, es flujo de conciencias entre semejantes, es acción de compartir sentidos, es puesta en común de significados.

Las apreciaciones anteriores sirven de guía para apartados posteriores del presente texto, donde se desarrollará con mayor profundidad la conceptualización de los objetos comunicológicos por parte de la Sociología Fenomenológica. Sin embargo, antes de proceder a ello, es importante detenernos un momento más en el tratamiento de la comunicación por parte de la fuente que nos ocupa. No hay que perder de vista que la Comunicología históricamente ha abordado fundamentalmente cinco grandes objetos, atendiendo a la propuesta de Jesús Galindo (2007) [6]: la formación de comunicadores, los medios de difusión masiva, las nuevas tecnologías de información y comunicación, la comunicación interpersonal y el lenguaje. Sin duda, la Sociología Fenomenológica se ha ocupado, junto con la Psicología Social, de los fenómenos más cercanos a lo que oficialmente conocemos como comunicación interpersonal.

Aunque la Sociología Fenomenológica no habla de comunicación interpersonal estrictamente, es decir, no usa este término, se refiere a la interacción cara a cara, a la intersubjetividad y a la interacción social. Estos tres fenómenos están relacionados con la comunicación interpersonal. La interacción se comprende, por tanto, en su doble configuración: como comunicación interpersonal -donde entraría también la intersubjetividad- y como interacción social general. Por su carácter sociológico-filosófico, la Sociología Fenomenológica observa estos fenómenos de forma inductiva, apriorística, a partir de una lógica de significaciones y con base a la especulación filosófica. Posteriormente regresaremos a este punto, en el marco de la reflexión epistemológica acerca de cómo construye los objetos y juicios comunicológicos la Sociología Fenomenológica. Las rutas conceptuales de la intersubjetividad, la interacción cara a cara y la interacción social general, dan lugar a unos objetos específicos, entre los cuales destacan la interacción interpersonal, la subjetividad social y los sistemas de información y comunicación.

Todos los objetos nombrados en los párrafos anteriores se podrían situar, sociológicamente hablando, en la reflexión en torno al gran macro-objeto de las Sociologías Interpretativas: la relación social. Este fenómeno general constituye una categoría básica de las ciencias sociales, no así de la filosofía. Las dos grandes corrientes para el abordaje de la relación social son el holismo metodológico y el individualismo metodológico, y la Sociología Fenomenológica se sitúa en este último enfoque. En cuanto a las aproximaciones particulares, Herrera (2000) considera que son nueve los acercamientos a la relación social; entre ellos destacan las aproximaciones histórica-comprensiva (Weber y Sociologías de la acción), fenomenológica (Husserl, Schütz, Berger, Luckmann) y el Interaccionismo simbólico, las tres cercanas e íntimamente relacionadas con el programa sociofenomenológico.

3.5. Objetos y conceptos comunicológicos de la Sociología Fenomenológica

¿Qué objetos de conocimiento comparten la Sociología Fenomenológica y la Comunicología? ¿Qué conceptos usa la Sociología Fenomenológica para hacer referencia a fenómenos relacionados con la comunicación? En los apartados anteriores se han expuesto los juicios o ideas básicas de la Sociología Fenomenológica, fundamentalmente de la propuesta de Alfred Schütz, en torno a la comunicación. En este caso, interesa resaltar los objetos cognitivos que están explícita o implícitamente presentes en dichos juicios. Y a la vez, interesa poner énfasis en los conceptos a partir de los cuales la Sociología Fenomenológica nombra y construye los fenómenos comunicativos presentados en el segundo apartado. Lo anterior servirá para dar paso a una revisión epistemológica de dichos conceptos, es decir, una exploración de cómo fueron construidos dichos conceptos.

Para empezar, la Sociología Fenomenológica no hace referencia a un interés explícito por conocer u observar el mundo a partir de objetos comunicológicos. Lo anterior es hasta cierto punto lógico, ya que la fuente que nos ocupa se inserta en la intersección entre la Filosofía y la Sociología. No es de extrañar, por tanto, que ni Schütz, ni Berger ni Luckmann, definan sus objetos de conocimiento como comunicológicos. Ni siquiera en las introducciones de sus obras, los autores hacen referencia a la comunicación como objeto de estudio. Todo lo anterior, sin embargo, no debe hacernos pensar que lo que afirmaron y construyeron dichos autores, entre otros, está completamente alejado de la Comunicología. Más bien al contrario. En este punto, se presenta la hipótesis de que los objetos comunicológicos de la Sociología Fenomenológica, aunque implícitos, se insertan en las dimensiones comunicológicas de la interacción y la estructuración.

La dimensión de la estructuración se sitúa en un plano temporal, su proceso constructivo implica la alteración, a partir de la acción, de los sistemas de información y/o comunicación; dicha alteración provoca una modificación estructural del sistema, que puede alterarse o reproducirse bajo otra forma. En tanto que la Sociología Fenomenológica parte de la permanencia o semejanza entre sistemas de información y comunicación en contacto (los sujetos), no está claro que la Sociología Fenomenológica se sitúe de lleno en esta dimensión comunicológica. Por su parte, la interacción se ubica en el plano del espacio; su foco de interés es la relación entre sistemas de comunicación en un contexto dado. Para la Sociología Fenomenológica, toda relación tiene lugar en un espacio determinado, sea éste real o imaginario. Aunque sólo en las relaciones entre asociados, según Schütz, es necesaria la interacción cara a cara, es decir, la co-presencia espacio-temporal entre sujetos, los demás tipos de relaciones (relaciones-ellos, relaciones-ustedes) también tienen un componente espacial importante: cuando nos relacionamos con otros, cuando sabemos de la existencia de otros, siempre ubicamos su presencia en un espacio determinado. La interacción, y por ende la comunicación, requieren de un espacio para poder existir.

Si revisamos la historia de los procesos de conceptualización de la Sociología Fenomenológica podemos comprender hasta qué punto sus objetos de interés son comunicológicos. La Sociología Fenomenológica tiene su antecedente básico en la Fenomenología de Husserl, que a su vez, estuvo precedida por la propuesta de Psicología Empírica de Franz Brentano. Según este último, cuyo interés básico fueron los objetos psíquicos, todo fenómeno se caracteriza por ser intencional y por ser representación de objetos. A la vez, los fenómenos se dividen atendiendo a la forma de relación -de comunicación- con el objeto: existen representaciones, juicios y movimientos de ánimo. Husserl retoma de Brentano la idea de la ciencia como ciencia de posibilidades. Para el autor, la fenomenología puede ser también llamada psicología pura, y debe concebirse como una ciencia de esencialidades o posibilidades del espíritu o de la conciencia [7].

Como se ha afirmado en otro pasaje de este texto, el tránsito de la Fenomenología de Husserl a la Sociología Fenomenológica de Schütz implica la consideración de la Fenomenología como instancia de aproximación a lo cotidiano, al mundo social, y no como ciencia de las esencias. Una de las preguntas que guían la reflexión schütziana es la siguiente: ¿cómo se produce la comprensión y comunicación recíproca entre sujetos? Como se puede observar, desde sus inicios, Schütz plantea la necesidad de considerar a la comunicación como categoría básica para el análisis de las relaciones entre sujetos, aunque no la toma como objeto de estudio en sentido estricto, sino “solamente” como categoría para analizar otros objetos como la intersubjetividad y la acción. Para el autor, la acción social es una conducta proyectada hacia otros, de ahí que acción y comunicación vayan íntimamente ligadas. La interacción es definida como el escenario en el que se producen los contactos intersubjetivos, mismos que sólo pueden tener lugar si por parte de un sujeto existen construcciones de sentido común sobre sí mismo y sobre el otro con quien interactúa. Los sucesores de Schütz, Berger y Luckmann, abordan también el asunto de la interacción, sobre todo en relaciones cara a cara, a partir de conceptos como universo simbólico, significación y lenguaje, como ya se ha visto anteriormente. En este punto es importante recordar que para Berger y Luckmann (1967), el lenguaje es el medio tipificador -constructor de significados- por excelencia en las relaciones sociales; es el lenguaje el que permite a los sujetos compartir sistemas simbólicos de significados que orientan sus acciones en el mundo de la vida cotidiana. De ahí que podamos avanzar que el lenguaje, desde esta perspectiva, es un objeto comunicológico de la Sociología Fenomenológica de Berger y Luckmann.

La definición schütziana de comunicación que se ha expuesto páginas atrás, como el “compartir el flujo de las experiencias del otro en el tiempo interior, este vivir a través de un presente común que constituye la experiencia del ‘nosotros’, que es el fundamento de toda comunicación posible” (Schütz, A., 1974: 173), implica considerar que la simultaneidad es necesaria para que tenga lugar cualquier proceso comunicativo. Según el autor, esta simultaneidad se da en el tiempo interior de los sujetos -no es, pues, observable empíricamente-, y la situación privilegiada para la existencia de los procesos de comunicación la encontramos en la relación-nosotros, la interacción con aquellos con quienes compartimos un mundo social e histórico dado, un “aquí y ahora”. La relación comunicación-espacio-tiempo daría para otra reflexión más completa que sobrepasa los objetivos de este texto, pero es pertinente recordar aquí los vínculos establecidos entre las concepciones socio-fenomenológicas de la comunicación y las dimensiones comunicológicas de la interacción (espacio) y la estructuración (tiempo).

3.6. Sistematización de conceptos y objetos comunicológicos

Pese a que lo afirmado anteriormente deja entrever cuáles son los conceptos básicos de la Sociología Fenomenológica que permiten observar ciertos objetos comunicológicos, consideramos necesario sistematizar esta información en aras de presentar de forma más rigurosa el tema.

Para ello, partiremos de la relación entre los objetos de la comunicología histórica, los objetos de la fuente y los objetos de la comunicología general posible [8], para posteriormente plantear algunas preguntas que contribuyan a ver las relaciones -explícitas o implícitas- entre estos tres niveles de objetos.



¿Qué relación existe entre la interacción interpersonal, la subjetividad social y los sistemas de información y comunicación? Para empezar, no hay que perder de vista que una cosa son los objetos de la fuente y su relación con la historia del campo de la comunicación, con lo que conocemos como comunicologías históricas; y otra cosa son los objetos cognitivos de la comunicología posible que guardan relación con los objetos de la fuente en cuestión, la Sociología Fenomenológica. Aquí cabría preguntarnos si la Sociología Fenomenológica constituye estrictamente una Comunicología histórica particular. La hipótesis general es que oficialmente no ha sido reconocida como tal, pero sí es posible reconstruir la historia de la fuente con el objetivo de ver qué ha aportado a la conceptualización de la comunicación, sobre todo al campo de lo que conocemos como comunicación interpersonal. Dicho de otra forma, los objetos comunicológicos de la Sociología Fenomenológica han sido poco tomados en cuenta en el campo académico, porque la historia oficial del pensamiento sobre la comunicación ha sido dominada por la reflexión sobre los medios de difusión de información, y en mucha menor medida, por asuntos relacionados con la comunicación interpersonal. Sin embargo, sí forma parte del sentido común del campo académico de la comunicación -y de su trayectoria histórica reconocida como oficial- el considerar que todo aquello que no son medios de difusión puede ubicarse en el ámbito de la comunicación interpersonal.

La definición general de comunicación de la Sociología Fenomenológica, así como sus juicios básicos sobre la comunicación, permiten percibir ciertos objetos. Dada la importancia de las coordenadas del espacio y el tiempo para la construcción de la comunicología, dividiremos los objetos percibidos bajo la definición general de comunicación en estas dos coordenadas. Así, tenemos que bajo la dimensión temporal, a partir de conceptos de Schütz como biografía y situación biográfica, podemos observar trayectorias de vida; y tenemos también que el concepto de situación comunicativa -que Schütz nombra en algunas ocasiones haciendo referencia, por ejemplo, al ambiente común comunicativo necesario para que una relación-nosotros tenga lugar- nos permite percibir los procesos de comunicación mismos. En el eje del espacio, la interacción cara a cara de la que hablan sobre todo Berger y Luckmann pero también Schütz, nos permite percibir el contacto entre sistemas de comunicación, esto es, la interacción, íntimamente relacionada con las acciones que cada sujeto proyecta en el otro.

En síntesis, los conceptos de la Sociología Fenomenológica presentados que permiten percibir con mayor claridad objetos comunicológicos son los siguientes: situación biográfica, acción, significación, situación y/o ambiente comunicativo, lenguaje, interacción e intersubjetividad. Estos objetos constituyen los elementos básicos de toda situación comunicativa, que tiene lugar en el escenario del mundo de la vida cotidiana, donde los sujetos, que se saben semejantes, se comunican.


4. Construcción conceptual de los objetos comunicológicos desde la perspectiva de la Sociología Fenomenológica

Este apartado introduce una veta que sólo ha sido apuntada de forma muy general en los apartados anteriores. Se trata de aunar la perspectiva teórica-conceptual con la perspectiva metodológica. Las preguntas que guiarán la reflexión son las siguientes: ¿cómo construye los conceptos sobre comunicación la sociología particular?, ¿cómo observa qué objetos con esos conceptos?

Siguiendo el programa de trabajo del Grupo hacia una Comunicología Posible (GUCOM), la perspectiva adoptada para el abordaje de las cuestiones expresadas en el párrafo anterior aúna elementos de la historia de la ciencia, la historia de las ideas y la epistemología constructivista. Así pues, es indispensable iniciar con una reconstrucción histórica que dé cuenta de las genealogías del pensamiento sociológico y filosófico, y específicamente sociofenomenológico, en el ámbito de reflexión sobre la comunicación.

4.1. Un apunte sobre las genealogías de la Sociología Fenomenológica

Como ya se ha afirmado en varias ocasiones, la Sociología Fenomenológica nace de la intersección entre la Sociología y la vertiente Fenomenológica de la Filosofía. Aunque se considera a Schütz como el máximo representante de esta sub-disciplina de la Sociología, es importante tener clara la historia de su pensamiento, que incluye obviamente otros momentos, autores y conceptos.

En el siguiente mapa conceptual se presenta una genealogía general de la Sociología Fenomenológica. En él se destacan los autores que más claramente están presentes en la historia de la fuente, sin que ello signifique que son los únicos.



En el mapa se aprecia la línea iniciada por Lambert, con influencias sobre Brentano y Husserl. Se observa también la presencia de las Ciencias del Espíritu, que aunque importantes, tuvieron menos influencia en el desarrollo y consolidación de la Sociología Fenomenológica. Si bien la fuente aparece completamente ubicada del lado de la Sociología, hay autores que consideran que la Sociología Fenomenológica bien podría llamarse Fenomenología Sociológica o Fenomenología Social.

Un mapa más complejo y completo es el que se presenta a continuación. Como se observa, en el mapa se ubican tanto épocas como autores y conceptos. Aun y siendo sintético, puede tomarse como guía para reconstruir la trayectoria histórica-científica de la Sociología Fenomenológica.



Nuevamente, la Sociología Fenomenológica se presenta en el marco de la trayectoria histórica-científica de la Filosofía y la Sociología. Su vínculo con la Filosofía Fenomenológica de Husserl, la Sociología Comprensiva de Weber y la Sociología del Conocimiento de Berger y Luckmann ya se expuso en apartados anteriores. Sin embargo, la reflexión en torno al vínculo de Schütz con otros autores, como James y los constructivistas, se presenta todavía de forma muy incipiente.

Para trabajar la Sociología Fenomenológica no es del todo pertinente la distinción entre Filosofía y Ciencia, dado que como hemos visto, la fuente que nos ocupa tiene tanto de una como de la otra. Pese a que la Sociología Fenomenológica puede considerarse una ciencia social interpretativa, habrá que ver qué tanto de especulación filosófica tiene, así como qué tanto de ciencia tiene. No es del todo clara, por tanto, la pertinencia de la dicotomía Filosofía-Ciencia para el ámbito de las ciencias sociales, y la Sociología Fenomenológica no es una excepción.

Veamos a continuación la trayectoria o evolución de los objetos de la Comunicología Histórica vinculados con el espacio conceptual socio-fenomenológico. Del espacio de objetos que oficialmente han sido atribuidos a la Comunicología Histórica, sólo dos tienen algo que ver con la Sociología Fenomenológica: la comunicación interpersonal y la interacción social general. Si bien la Sociología Fenomenológica no habla estrictamente de comunicación interpersonal, sí hay constantes referencias a la interacción cara a cara (sobre todo en Berger y Luckmann) y a la interacción social general (tanto en Schütz como en Berger y Luckmann). Sin embargo, el concepto de intersubjetividad parece ser el central, pues es a partir de éste que los autores mencionados dan cuenta de los objetos comunicológicos relacionados con la comunicación interpersonal. De igual manera, el término de “ambiente común comunicativo”, con el que Schütz se refiere a la necesidad de que los sujetos interactuantes compartan universos de significados comunes, también es un concepto pertinente para explicar a partir de qué términos la Sociología Fenomenológica abordó determinados objetos comunicológicos.

No hay que perder de vista que el carácter filosófico de la Sociología Fenomenológica convierte a esta “ciencia social interpretativa” en una disciplina en cierto modo más cercana a las operaciones de construcción conceptual de la filosofía que a las de la sociología. Esto último da pie a explicar brevemente la forma como se han estudiado los objetos comunicológicos (comunicación interpersonal e interacción social general) desde la Sociología Fenomenológica. De manera sintética, y como ya se anunció anteriormente, podemos decir que la Sociología Fenomenológica ha estudiado estos objetos de forma inductiva, apriorística y con base en la especulación filosófica. El vínculo entre estos objetos comunicológicos y conceptos como acción, sentido común e intersubjetividad es nombrado por los autores sin referencia alguna a objetos empíricos observables. No se hacen explícitas, pues, las lógicas de construcción conceptual de los conceptos ni las formas de acercamiento metodológico a los objetos observados con estos conceptos.

El gran objeto de estudio de la Sociología Fenomenológica es, como ya se ha mencionado, la subjetividad social. Este objeto no aparece en ninguna referencia a los objetos de estudio de la ciencia de la comunicación a lo largo de toda su trayectoria histórica. De hecho, el asunto de la subjetividad se perfila como un fenómeno no observable empíricamente, y en torno al cual sólo pueden presentarse especulaciones, pensamientos o reflexiones no comprobables. Sin embargo, si vemos el objeto de la Comunicología Histórica más asociado con la Sociología Fenomenológica, la comunicación interpersonal, podemos apreciar ciertas relaciones entre ambos objetos. Para que exista la subjetividad social es necesaria la existencia de un universo común de significados compartidos (el sentido común), mismo que sólo puede emerger de la interacción cotidiana con sujetos que se saben semejantes. De ahí que las relaciones entre asociados de las que habla Schütz, donde necesariamente debe haber simultaneidad espacio-temporal entre sujetos, constituyan el fenómeno que nos permite ver en cierta forma la objetivación de la subjetividad social en situaciones comunicativas.

Terminaremos este apartado con una breve referencia a la historia de los procesos de conceptualización en la Sociología Fenomenológica. Las relaciones Husserl-Schütz, Weber-Schütz y Schütz-Berger y Luckmann son las díadas de autores consideradas para realizar este breve ejercicio de revisión histórica de la conceptualización. Alfred Schütz niega el concepto de intersubjetividad trascendental de Husserl, pero en realidad sus aportes tampoco contribuyen a modificar la “egología” husserliana. Por otra parte, los aportes de Schütz niegan en cierto modo lo que ya había planteado anteriormente Weber, sobre todo con respecto al concepto de acción social; si bien Schütz critica el concepto de acción de Weber, no logra construir, a mi entender, un concepto que dé cuenta de fenómenos distintos a los que Weber ya pretendía percibir a partir de su concepto de acción. Por último, Berger y Luckmann no asumen explícitamente el formar parte de la genealogía de la Sociología Fenomenológica iniciada por Schütz; se ubican en lo que ellos denominan Sociología del Conocimiento y de hecho usan conceptos muy similares a los de Schütz (por ejemplo, usan acervo de conocimiento para referirse a lo que Schütz nombró cono repertorio de conocimiento disponible). Lo anterior permite identificar más continuidades que rupturas en las genealogías del pensamiento sociofenomenológico.

Según Piaget (1978) hay dos formas de describir cómo surge una idea nueva, y las explicaciones pueden ser de dos tipos: performistas (donde lo nuevo ya estaba en lo viejo) y emergentes (donde lo nuevo no estaba en lo viejo y por tanto es completamente nuevo, azaroso, emergente). Aunque no está muy clara la posibilidad de aplicar la epistemología piagetiana a una disciplina simultáneamente filosófica y sociológica, a continuación se apuntan algunas generalidades que, desde este punto de vista, pueden dar cuenta de las rupturas y continuidades entre los autores básicos de la historia de la Sociología Fenomenológica. Dentro de las explicaciones performistas encontraríamos el concepto de acción de Schütz, que ya estaba en Weber; los conceptos de biografía, interacción y acervo de conocimiento de Berger y Luckmann, que ya estaban en Schütz; y el concepto de actitud natural de Schütz, que ya estaba en Husserl. Por su parte, encontramos explicaciones emergentes en conceptos como acervo de conocimiento y situación biográfica de Schütz, que no estaban presentes ni en Husserl ni en Weber. Entonces, cabe preguntarnos lo siguiente: ¿qué ruptura existe entre Brentano, Husserl, Weber, Schütz y Berger y Luckmann?, ¿las nuevas ideas que cada autor planteó fueron emergentes? Encontramos sin duda continuidad en al menos dos planos: entre Brentano, Husserl y Schütz se da una continuidad de corte más filosófico trascendental; y entre Weber, Schütz, Berger y Luckmann se da una continuidad de corte completamente sociológico. Como se puede ver, Schütz se encuentra en ambas genealogías, algo que ya ha quedado claro en apartados anteriores cuando nos hemos referido a este autor como un ejemplo claro de la relación entre Sociología y Filosofía.

En este texto se ha presentado un mapa general de la historia de la Sociología Fenomenológica, como fuente científica histórica de la Comunicología, y su relación con la Comunicología Histórica. Se han puesto a debate las relaciones entre los conceptos y objetos de estudio de la comunicología histórica y los que la fuente, la Sociología Fenomenológica, asume como propios. La relación entre subjetividad social y comunicación interpersonal, objetos de la Sociología Fenomenológica y de la Comunicología Histórica respectivamente, parece ser una ruta conceptual a seguir para continuar con la exploración de los encuentros y diálogos -explícitos o implícitos- entre estos dos grandes campos de conocimiento.






NOTAS:

[1] Ver Portal del GUCOM en http://www.geocities.com/comunicologia_posible. Para mayor información sobre la propuesta de las fuentes científicas históricas de la comunicología, ver Galindo (2008).

[2] La Sociología Comprensiva de Max Weber se considera fuente de la propuesta de Alfred Schütz fundamentalmente por dos razones: la primera, por el intento de Weber -recuperado por Schütz-, de dotar a las ciencias sociales de un estatuto de ciencia, esto es, por la necesidad de buscar procedimientos objetivos que permitan el tratamiento y abordaje de datos subjetivos; y la segunda, por el énfasis dado a las acciones de los sujetos en el mundo de la vida, a partir de métodos que permitan comprender dichas acciones subjetivas.

[3] Traducido al español,
verstehen significa comprensión. La noción se atribuye a Max Weber, impulsor de la llamada Sociología Comprensiva y uno de los precedentes claros de la propuesta sociofenomenológica de Alfred Schütz. Weber definió el verstehen como un método que intenta comprender al individuo, entender y buscar los motivos racionales de su proceder.

[4] Para la conceptualización de la intersubjetividad, Schütz tomó como fuente el pensamiento de tres autores: Scheler, Sartre y, en menor medida, Leibniz. Para el primero, el objeto de la percepción del otro no es su cuerpo, ni su alma, ni su mente, sino una totalidad indivisa de objetos de experiencia exterior e interior. Por su parte, Sartre construye su propuesta sobre la intersubjetividad a partir del rechazo hacia las posturas realistas e idealistas. Por último, Schütz toma de Leibniz el concepto de mónada, que le sirve para construir su concepción del ego.

[5] Para mayor información sobre los análisis de la bibliografía básica del campo académico de la comunicación, se recomienda la consulta de Galindo, Karam y Rizo (2005).

[6] Notas de trabajo de Jesús Galindo para el III Seminario hacia una Comunicología Posible de GUCOM. Material disponible en la página del seminario:
http://www.geocities.com/seminariocomunicologia

[7] La Fenomenología puede ser considerada una psicología descriptiva porque se basa en la comprensión inmediata (intuición) de los sucesos psíquicos; porque busca lo esencial en los fenómenos, lo típico, lo que se expresa en su definición; y porque se refiere al fluir de lo psíquico concreto, aunque hace abstracciones en sus descripciones de este fluir.

[8] Para mayor información, consultar textos de Jesús Galindo en el Portal de Comunicología de GUCOM, disponible en
http://www.geocities.com/comunicologia_posible y en la página del Seminario hacia una Comunicología Posible, disponible en
http://www.geocities.com/seminariocomunicologia.





Bibliografía

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PARA CITAR ESTE TRABAJO EN BIBLIOGRAFÍAS:

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Disponible en: http://www.ucm.es/info/mediars


Recibido: 3 de enero de 2009.
Aceptado: 20 de marzo de 2009.