NOMADAS.2 | REVISTA CRITICA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURIDICAS | ISSN 1578-6730

Colonialismo moderno, Derechos Humanos y cooperación
Las nuevas ideologías justificadoras de la ingerencia colonial
[Fernando Oliván López]

La cooperación para el desarrollo como
la nueva carga del hombre democrático  (¡y blanco!)

Un nuevo modelo de sociedad no estatal
El fin de la historia
Dos post-scripta
Notas

 

El mejor de los mundos posibles. Voltaire ironizaba hasta la burla con esta expresión, pero nuestra época, falta de sentido del humor, ha terminado creyéndose la fábula. El humanismo se extiende bajo la "camillera" expresión de lo humanitario y hasta los ejércitos parecen haber renunciado a la función guerrera para hacer el amor. El viejo sueño de los "70" se funde, confuso, en cacofonías éticas proclamadas a todos los vientos por los nuevos voceros de la violencia institucional: "injerencia humanitaria", "guerra humanitaria", "amor armado". Viejos y nuevos mamporreros del príncipe. Pero, ¿hemos llegado por fin a un mundo nuevo?

Es cierto que los puntos de atención no faltan. Una guerra que no se ha dudado en llamar "postmoderna" ha sombreado ambivalentemente de catastrofismo y esperanzas el año 99. Un nuevo fenómeno, me atreví a decir una vez (1), un nuevo fantasma, no deja de recorrer el Mundo y nuestra vieja Europa: la "Solidaridad", concepto que ha desbordado la política de los gobiernos hasta el punto que no hay acción pública que no requiera proclamarse bajo su égida protectora. Otro concepto, lo "Humanitario" viene también a definir el contenido mismo de las funciones exteriores del Estado. En definitiva, un dinamismo de los "valores" frente a la "realpolitik" que no ha dejado de señalarse como factor anunciador de un "new deal" entre los pueblos, ¿Estamos realmente ante una nueva concepción de la política y el derecho?, si esto fuera así verdaderamente estaríamos ante la mas profunda crisis del derecho desde la Revolución Francesa (2).

Digo del derecho porque nuestro enfoque pretende ser meramente jurídico, no podría ser de otra manera, por eso nos interesa analizar los grandes cambios que se están produciendo en nuestra disciplina desde la perspectiva de estos nuevos conceptos: la "Solidaridad", lo "Humanitario", la "Cooperación para el Desarrollo", el "Voluntariado", en definitiva, lo "Social", categorías jurídicas que vienen a enriquecer el acervo lingüístico de las definiciones del derecho, instrumentos, en definitiva, con los que pretendemos enfrentarnos a los nuevos retos que se nos avecinan. Grandes cambios que deben servirnos de continuo reclamo al ingenio, pero que también nos muestran los riesgos que corremos y a los que, un ejercicio mínimo de precaución, debe llevarnos a superarlos.

Hemos mencionado un concepto, quizá sea la principal aportación de esta época finisecular: La Solidaridad, manifestación moderna de la doctrina de los Derechos Humanos y principio básico en el ejercicio del derecho público. Solo desde ese principio podemos entender fenómenos también nuevos como el movimiento de las ONGs, el voluntariado, la cooperación para el desarrollo que mencionamos y la moderna acepción misma del concepto Humanitario.

Pero con ello la doctrina de los Derechos Humanos sufre una fuerte inflexión: frente a una concepción de los derechos subjetivos donde el individuo se impone a la abstracción objetiva de lo social, va a surgir hoy otra línea discursiva e ideológica. Corriente, esta última, antihumanista por más que se esconda tras el marbete de humanitario: frente a la vieja -y racional- doctrina de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que se redactan el tórrido agosto de 1789, aparece ahora una doctrina de lo "humano".

Oposición entre hombre y humano, entre la persona del ciudadano (hombre dotado con el plus de lo social) y un descarnado "hombre sin atributos" que ya perfigurara Robert Musil en el período de entre-guerras. El primero ser-en-el-mundo, ser social que desde su individualidad proclama su voluntad cívica; el segundo ser radicalmente solitario. Será de su pura soledad de donde surgirá su voluntad de renuncia, ¡renuncia de hasta su misma individualidad!. Por eso esta segunda tradición de los Derechos Humanos es profundamente tributaria del Romanticismo, su manifestación como derechos sociales, o derechos del grupo, colectividad o nación, surge de su radical individualismo, de su voluntad de diferencia. La Declaración y programa de Acción de Viena responde a este asalto cuasireligioso a la Ilustración de la Declaración de 1789 (3)

Está por escribirse la completa genealogía de estos conceptos, genealogía foucaultiana o incluso un análisis arqueológico (4) que nos lleve a analizar los estratos donde se han desarrollado los principios civilizadores que los mantiene. Arqueología, también, en el inconsciente lingüístico de las lenguas europeas y su conexión con ese gran concepto del derecho contemporáneo: el principio social.

Lo social y su derivado el socialismo, pero también sus muchas otras incorporaciones lingüísticas que contribuyen a una fuerte promiscuidad semántica: socialdemocracia, socialcatolicismo, incluso nacionalsocialismo, principios todos ellos incardinados en los estratos arqueológicos que estudiamos, repletos de cargas ideológicas, progresistas por definición, pero también saturados de resonancias reaccionarias. La Restauración católica y las Encíclicas de León XII o Pío XI, en unos casos o dinámicas "superadoras" del derecho, en otros, que no pueden por menos que traernos a la memoria los "decisionismos" y otras propuestas antijurídicas de inquietantes recuerdos (5).

Hoy, un siglo después, una generación alejada de los sinsabores de la "creación del hombre nuevo" y de los dolores del parto de la modernidad, parece que vuelve a abrir su corazón a la tentación del utopismo. Con ello nuevamente conceptos vinculados al gran tronco semántico de "lo social" reaparecen en la boca de todos, sin que hayamos tenido el coraje de recuperar el "gotta" en el que se inscriben (6).

Lo cierto es que, a partir de aquí, se ha ido tejiendo un discurso propio que ha permitido llegar hasta la aceptación de conceptos hace bien poco incomprensibles. Propuestas léxicas como "guerra humanitaria", o "catástrofe humanitaria" han pasado a formar parte de nuestro lenguaje en una dislocación del sentido que solo la hiperinflación semántica del periodismo ha podido incorporar a nuestra lengua (7). Lo interesante para nosotros es que estos nuevos conceptos atañen también al derecho y lo hacen desde la propia base del sistema.

Con ello se ha creado una nueva polémica, o mejor dicho, una vieja polémica pero bajo nuevos ropajes en un intercambio de papeles aplazado desde hace más de medio siglo: antiguos contra modernos, nueva edición de las polémicas medievales, pero que se resiste, como siempre por otra parte, a una nueva comprensión desde "los viejos odres".

Deseo legítimo de conocer el mundo que viene, pero también de trasformarlo, de dirigir la "nave" hacia el puerto deseado. Pero es ahí, justamente, donde la polémica alcanza su valor mas alto, y también sus puntos mas confusos, aquellos que nos hacen perder definitivamente la perspectiva. No sólo hay propuestas distintas, sino que, incluso los modelos de trabajo son diferentes lo que convierte al lenguaje en el centro mismo de la lucha. El control de los conceptos -el terreno de juego- sirve para imponer las modalidades del discurso. No olvidemos que no es un problema ideológico el que anda en juego (8), los matices discursivos y el análisis científico han sido marginados brutalmente por el imperativo de la acción, lo que anda en juego, en definitiva, no es una disputa de académicos sino una feroz guerra de "ejecutivos" sociales por el liderazgo contemporáneo.

"Viejos Odres" decíamos, incapaces de contener el vino nuevo que nos viene. Mi preocupación viene de una guerra que ha desgarrado las conciencias y que, después de implicarnos a todos nos ha dejado la amarga sensación de habernos equivocado radicalmente. Un ejemplo: durante la guerra de Kosovo, luego apuntaremos algunas consideraciones si cabe aún más modernas, izquierda y derecha perdieron definitivamente su sentido. En uno y otro bando, a favor y en contra de la acción militar, se alinearon viejos militantes de una y otra posición, basta recorrer las hemerotecas para participar del confusionismo, ¿no fue un socialista, en definitiva, el que inició los bombardeos?, las premisas utilizadas ya no hablaban de "imperialismo", de la "expansión del capital", del gransciano concepto de "americanismo", "defensa de la libertad", "amor a la patria" ni de todos aquellos viejos reclamos de la izquierda y la derecha clásica: los nuevos conceptos remitían a "solidaridad", "humanitarismo", "cooperación"...

Los paradigmas de bien y mal ya no se exorcizan con vocablos como "fascismo" y "antifascismo", "estalinismo" o "maoismo" o los mas clásicos de "capitalismo", "colonialismo", que tanto llenaron los discursos de toda una época, ahora vienen reclamados por conceptos de nuevo cuño: a la lista ya enunciada añadimos los conceptos de "limpieza étnica", "genocidio" "tribalismo", o incluso los mas neutros de "nacionalismo" y "nación" cuyo contenido se vuelve objeto de favor en unos casos o en paradigma del mal en otros sin que lleguemos a saber realmente en que se diferencia una opción de la opuesta.

Ahora bien, aquellos conceptos, los antiguos, se articulaban en un universo simbólico que nos era conocido, cierto es que no era tampoco puro, ni de una lógica discursiva plena, pero nos habíamos acostumbrado a sus contradicciones que explicábamos gracias a mecanismos más o menos partidistas (9), La "Guerra Fría" constituyó el modelo más elaborado en este reparto de papeles, así como de todo el repertorio de excusas y justificaciones que garantizaron la coherencia a toda una época. Una época que arranca con la Revolución Francesa donde se construyeron los conceptos de derecha e izquierda tal y como los conocemos hoy día y donde los conceptos sociales -¡y jurídicos!- adquirieron la consistencia que hoy les caracteriza, o al menos, hasta fechas bien recientes.

Pues es esta duda la que nos inquieta. ¿estamos en el mismo paradigma político científico que elaboró estos grandes principios o, por el contrario, ya hemos cambiado de paradigma y de ahí surge la gran ceremonia de la confusión en la que nos movemos?. La respuesta a este interrogante, repito, no es competencia exclusiva de la teoría del estado ni de la filosofía social, compete aún más a los actores políticos. Los poderes que se aprestan al combate ya han tomado sus opciones en el juego semántico, la responsabilidad que compete al científico es desentrañar los intereses que se esconden en esta disputa del lenguaje.

La Revolución Francesa vio construir el concepto de estado en su pleno sentido, de pueblo y nación en su acepción moderna, de soberanía en su carga jurídica, pues hoy nos resulta incomprensible el mismo concepto de Justicia mas allá, o mas acá, del revolucionario concepto de Estado de Derecho tal y como nace con la Crisis del 89. Pues bien, son todos estos conceptos los que hoy han entrado en crisis y sobre los que quiere asentarse la nueva juridicidad. ¡Cuidado!, el nuevo paradigma jurídico definirá, también, el perfil de los titulares del poder. Cada paradigma jurídico acude con sus propios "gurus". El nuevo botín está al otro lado de la elección: ya no se saquea a los paupérrimos países conquistados, el botín, que sí lo hay, lo aporta la "Comunidad Internacional" (10).
 

UN NUEVO MODELO DE SOCIEDAD NO ESTATAL

La investigación que propongo nos debe llevar a conocer los límites reales de esta crisis y el paradigma sobre el que se asienta.

Lo primero que salta a la vista en las sociedades post-modernas es la pérdida de protagonismo del estado. El estado ha sido el núcleo de la vida política en las sociedades del período anterior, tanto en su momento monárquico como en el democrático post-revolucionario. Si bien es cierto que el núcleo político nunca, hasta el socialismo y la socialdemocracia moderna, alcanzó dimensiones exorbitantes, su nivel de prestigio oscurecía cualquier otra alternativa social. Las viejas monarquías encontraban en el concepto "palacio" el paradigma de esta hipostasiación de lo público, recreación arquitectónica del "fisco", auténtico doble cuerpo del rey. El prestigio de lo público se refleja tanto en el aparato institucional como en el artístico, no deja de ser sintomático el proceso de recreación divina de la figura del monarca, apoteosis mítica o católica que llega a su cumbre en un Rubens o en un Bossuet (11). La soberanía era la manifestación pura de lo público y, por eso, no tenía mas remedio que tener su origen en Dios.

Las democracias que suceden al estado monárquico nunca se desprendieron de este concepto de "palacio", de entrada por la propia recreación ideológica de los conceptos de lo público y que convierte al pueblo en sujeto diferenciado y con protagonismo propio, idea roussoniana que hace del todo algo más que la suma de las partes y al que se dota de toda la parafernalia de un soberano monárquico. El concepto de soberanía (12) , por lo tanto, subsiste y el cuerpo ficticio del viejo rey destronado se encarna en el cuerpo social del pueblo. A esta recreación de lo público, ahora identificado con el pueblo, se añaden los fuertes reflujos de la tradición anterior, reacción del Antiguo Régimen nunca realmente enterrado. Así, como sucedió a los viejos monarcas, sus mas destacados servidores, "coperos", "mayordomos", "escanciadores", devinieron los íntimos del poder y, a veces, sus sustitutos, no fue extraño que aconteciese lo mismo en las nuevas estructuras democráticas, pronto sometidas a la arrogancia de sus funcionarios. La función pública, sobre todo en sus actividades mas prestigiosas -el ejército, la justicia, la diplomacia- se mantuvo colonizada por la vieja aristocracia, en una perennidad que convirtió los nuevos regímenes liberales en una continuidad onomástica (13) del antiguo régimen. La soberanía se mantiene. Antiguo régimen y nuevo régimen se identifican en este estadio. Dominio de lo público, sacralizada en uno y otro caso, en la doctrina teologal primero, en la recreación pagana de la Revolución, o en el cuerpo santo de la nación con el Romanticismo que le siguió (14), en todo caso y aún más fuerte que la pura idea, en la identidad de los hombres, y de los "nombres", que la ejercieron.

Esta sacralización de lo público es la que vemos hoy quebrar y lo hace con un discurso que nos resulta difícil ubicar en el espectro ideológico. El proceso se ha desarrollado en dos niveles, en la tradición de la política interior, donde vemos al estado abdicar de su compromiso hobbiano y ceder a "compañías privadas" el control de la seguridad (15). Pero la superación de "lo público" queda aún más radicalmente expresa en el ámbito de la política exterior, donde, además, se producen algunos de los fenómenos más interesantes y que motivan este artículo. Veamos algunos ejemplos.

De entrada, el fenómeno de la cooperación para el desarrollo, modelo básico de este proceso de privatización. Hablo aquí de privatización aunque, quizá, el término no sea radicalmente exacto, sobre todo por la propia autodefinición de las entidades que pretenden gestionarla: las ONGDs. El interés de este fenómeno es doble, por un lado la incorporación de una propuesta ética frente al carácter "maquiavélico" que exige el estado. Propuesta ética articulada en un discurso humanitario que trata de volver al hombre en su calidad preciudadana. Frente al Todo social y su "Volonté Général" núcleo duro del modelo democrático moderno, propone la identidad en el hombre y más que como hombre como meramente humano, es decir, despojado de sus atributos cívicos en una metáfora casi musiliana (14).

Y junto a este componente valorativo un planteamiento organizativo. Frente al estado como gestor de los recursos, "palacio" donde habita el espíritu de esa voluntad general, ha de ser un nuevo ente, la sociedad civil, nueva entelequia, la que prime como protagonista en la escena (15).

Sociedad civil de imposible definición, aunque no resulta difícil rastrear su origen semántico: oposición elemental frente a lo castrense y militar, a lo que se identifica con el viejo concepto de estado. Elemental y falsa, ya que si civil nos remite a ciudad -civitas- castrense nos lleva a castro, también ciudad, en definitiva, ya que la institución del ejército, y más en la edad moderna, es inseparable del mismo concepto de sociedad (16).

Pero es aquí donde se ha construido la estructura de las ONGs o ONLs, según la terminología al uso, auténticos "aparatos" de esta sociedad civil. Organizaciones que se vindican como No-Estatales (ONG) pero también como No-Privadas (ONL), en doble oposición a lo público y lo privado, lo gubernativo y lo lucrativo, ambas instancias contrarias al proyecto ético que las mueve, pero que, por ello mismo, constituyen una condena absoluta de la misma modernidad que proclaman (17).

Pues es desde aquí desde donde se ha lanzado el más virulento ataque contra el dominio público del Estado, y lo que es más interesante, es el propio estado el que ha encontrado en ellas la vía ideal para despojarse del compromiso político de una política "pública" exterior. Renuncia a lo público que hace derivar al aparato del estado desde la política a la mera administración.

A este ejemplo se añaden muchos otros. La presencia de un Tribunal Penal Internacional. viene también a confirmar esa crisis de la soberanía, como estamos viendo en esos extraños procesos de judicialización de la guerra y la política que caracteriza la sociedad moderna. El ataque aquí no radica tanto en la puesta en cuestión de la soberanía, consecuencia de la persecución de los responsables de crímenes de lesa humanidad, sino en el sometimiento de una acción política -la guerra- al criterio de la jurisdicción. Es decir, de nuevo el triunfo del hombre -en su carencia de atributos- frente a la "Volonté" del estado (18).

Consecuencia de esta degradación de lo público resulta la nueva doctrina de la Injerencia Humanitaria, en puridad compromiso (o derecho, valla usted a saber) de los estados (solo los poderosos) de violar la soberanía de otros cuando no se respetan los parámetros definidos como universales de los Derechos Humanos. El escándalo aquí no es tanto la violación de las fronteras del otro, algo común a lo largo de la historia, todo estado se ha reservado siempre el derecho a atacar a otro si de ello redundaba una ventaja suficiente, sino la razón esgrimida: se reniega de lo público y se individualiza en el hombre (los derechos humanos) la causa agendi de la actividad internacional. Que un estado sea democrático o no, no le convertirá ipso facto en objeto de injerencia, lo determinante es esta otra consideración. Al extrapolar estas premisas llegamos a las situaciones sorprendentes que leemos a diario en la prensa. M. Albrith no duda en pedir un duro bloqueo contra Serbia que haga tiritar (y morir) de frío y hambre a su gente hasta que elijan otros gobernantes. La elección democrática es lo de menos si el elegido no reúne los requisitos del modelo "globalizado"(19).

Es por aquí por donde penetran las nuevas propuestas jurídicas, la sustitución del principio de soberanía por una "Auctoritas" universalizada, que aunque definida por extraños contornos, pudiera encontrar en el viejo Derecho Romano un modelo teórico para su fundamentación. El problema es que esta propuesta nace huérfana de una conceptualización correcta. Hay que ser conscientes que la propuesta de este Hiperderecho no nace fruto de un proceso revolucionario, sino de una conceptualización artificial, diseñada desde los gabinetes diplomáticos y escolares, por lo que esta carencia técnica se vuelve mas incomprensible todavía.

No es casual la confusión entre todos estos fenómenos. Las ONGs han sido las principales impulsoras, si no por su actividad, sí por su discurso, de las operaciones militares de "injerencia humanitaria"(20): Se criminaliza la actuación de los estados, se persigue a sus líderes juzgando actos puros de soberanía y se trata de convertir la guerra, es decir, la política, en mera acción de policía, olvidando que la instauración de los estados siempre tiene consistencia criminal desde la legalidad anterior a la que derrocan o desde una legalidad abstracta que trate de superarla, ¿No se funda la democracia que hoy conocemos en el regicidio de Luis XVI y en el asesinato feroz de más de medio millón de franceses "reaccionarios"?. En expresión de Charles Tilly Occidente se fundamenta en esa explosiva combinación de "money, guns and lawyers", que no debiéramos olvidar tan fácilmente.

La Guerra de Kosovo ha sido el paradigma de esta crisis y donde se dan todos los elementos de esta quiebra de lo público, pero también, es posible, de su desenmascaramiento. Es curioso, el afán de protagonismo de algunas de estas ONGs de la Sociedad civil terminó convirtiéndolas en el último gran tentáculo de ese Estado-Leviathan que tanto dicen aborrecer. (21)

Pero vallamos por partes, el discurso sobre esta guerra ha insistido en algunos extremos que nos interesa destacar: De entrada el carácter humanitario de la agresión. Con el bombardeo de los aviones de la OTAN se ha culminado, quizá hasta un estadio ya no superable, la doctrina de la "injerencia humanitaria". La guerra se ha hecho por motivos éticos a despecho de todas las otras consideraciones políticas, económicas y estratégicas. Con independencia de nuestra credulidad sobre estos propósitos, lo cierto es que el conflicto realmente escapó a las consideraciones interesadas y no-éticas que hemos mencionado, en su trasfondo no existieron realmente componentes ni económicos, por el contrario, la guerra ha supuesto altos costes, materiales y negociales a las partes y el EURO vio desplomarse su cotización sin remedio; tampoco adivinamos ventajas políticas, por el contrario, los partidos europeos se vieron profundamente divididos, la confianza hacia la clase política se vio fuertemente dañada, y las voces críticas, a pesar de los gigantescos esfuerzos para acallarlas, han terminado por hacerse oír provocando corrientes subterráneas de rechazo de cuya ola todavía desconocemos el alcance (de entrada, el Partido Socialista Alemán vio derrumbase sus apoyo electoral). Por último, también los intereses estratégicos resultaron dañados. Una Rusia que avanzaba hacia posiciones occidentales se sintió sacudida de su sueño europeo, pero con ella muchos otros pueblos, Búlgaros, Georgianos y Rumanos, profundamente anticomunistas desde hace una década y ya amigos de Occidente, han dejado traslucir su hastío hacia Europa y una sensación de traición que nos costará años superar. Y lo que es peor, China, la otra superpotencia, ha terminando por reconciliarse con su vecino del norte en oposición a lo que considera un afán hegemónico que le resulta intolerable. Mas de un militar de la OTAN ha confesado la sensación de que nos hemos equivocado de bando(!). Justamente por esto podemos ya proclamar el carácter no interesado de esta guerra (22)

La otra característica enunciada fue su condición postmoderna: fue una guerra de alta tecnología en la que las tropas de la OTAN no tuvieron ningún caído. De ahí la expresión de una victoria 2.000 a 0, en comparación (¡¿también humanitaria?!) del número de víctimas. En puridad la distancia tecnológica no fue tan radical en este conflicto, de entrada el ejercito yugoslavo, pese a todo lo proclamado por la propaganda, a penas sufrió bajas humanas y materiales (en el más abultado de los recuentos, se cifra en cien los tanques e ingenios militares destruidos), esta fue la causa de la reorientación de los objetivos hacia blancos civiles. Si realmente los ataques hubieran tenido la eficacia militar deseada, la posterior búsqueda de objetivos civiles carecería de sentido y sería un verdadero crimen de guerra (23)

Por otro lado la batalla no fue tan desproporcionada, la OTAN se comportó como la fuerza aérea de un ejército insurgente, el ELK, que acumuló mas de 20.000 víctimas, lo que dibuja, ya, otro escenario (24)

Y por último interesa analizar la solución política propuesta, solo comprensible al reconocer la carencia de metas políticas con que se emprendió la guerra. Se crea, así, un Kosovo dependiente de la soberanía yugoslava pero "administrado" por una entidad extraña, donde participan los insurgentes y fuerzas de ocupación. Recuerda esta solución a la vieja historia de la paz de San Estefano por la que la Rusia zarista creó el estado de Bulgaria: bajo control ruso aunque sometida a una hipotética soberanía otomana. Despropósito histórico que pronto llevó a nuevas guerras ¡con curiosas inversiones de alianzas! (25). Y ¿no empieza a cundir en Europa el temor de haber armado hasta los dientes a las poderosas y criminales mafias albanesas y kosovares?.

Bosnia y Kosovo se presentan como el paradigma, pero también como el banco de prueba, de ese nuevo modelo de juridicidad basado en nuevos principios de la Auctóritas, enfrentado a los contornos claros y precisos de un derecho clásico regido por el principio de la soberanía. Su éxito nos abrirá realmente a un nuevo sistema jurídico, pero su fracaso puede llenar de amargura los próximos veinte años (26). Y el abandono cada vez más acelerado del "circo internacional" montado en Bosnia, dejando a la mitad los proyectos emprendidos, no nos permite llenarnos de entusiasmo victorioso.

Por todo esto es por lo que hemos llegado a creer que ya estamos ante una nueva época, momento de surgimiento de un nuevo orden político, social, económico y, sobre todo, cultural, una nueva cultura con nuevos modelos de comportamiento ético. Una revolución en el sentido copernicano del concepto. Revoluciones así han ocurrido en la Historia, es cierto, pero ello no impide considerar a la época que alumbran como radicalmente nueva. Momentos de crisis universal como lo fueron La Revolución Francesa, aunque afinando mas tendríamos que decir la Revolución romántica pues es, justamente bajo este aspecto ideológico como descubrimos su radical novedad. La crisis gregoriana que alumbrará el estado territorial moderno, o la crisis de las guerras civiles romanas que Syme (27) denomina, acertadamente, con el concepto de Revolución. Cada uno de estos acontecimientos ha hecho nacer una nueva mentalidad, instituciones nuevas y un cierto cierre de la historia. Es, quizá, esta sensación de crisis lo que llevó a Fukuyama a plantear nuestra época como un nuevo "el fin de la Historia" (28).
 

EL FIN DE LA HISTORIA

El planteamiento no deja de tener sus atractivos y sus coartadas. De entrada coincide con un nutrido conjunto de fenómenos históricos que no dejan de marcar nuevos caminos: la crisis del comunismo, la expansión del modo de producción capitalista, la unidad europea y, con ello, la sensación de un continente definitivamente pacificado. Los intereses tampoco faltan. A parte del interés directo del posible lider del cambio, los Estados Unidos de América, deseoso de que se le reconozca la supremacía, hay también intereses más dispersos: el de las ONGs que podrán reafirmar su novedad absoluta frente a las viejas prácticas del interés y la codicia; las expectativas en una posición ética que instaure definitivamente una justicia universal; incluso planteamientos académicos deseosos de vender la tesis del alumbramiento de un nuevo mundo. Ahora bien, al éxito de esta posición también ha contribuido la falta de memoria histórica de nuestro siglo, incapaz de recordar los antecedentes de su pasado por más cercano que éste sea (29).

El cambio parece, quizá, mas radical debido a su parangón con la etapa anterior de la Guerra Fría. El mundo mantuvo durante todo este período una estabilidad desconocida, estabilidad del miedo, se ha dicho, sometida a la tensión de la certeza de una destrucción mutua asegurada, pero en el fondo, salvo algunos conatos de histeria, la sociedad vivió una paz jamás conocida, máxime para las generaciones que directamente habían padecido una o, incluso, las dos guerras mundiales (30). Época cínica, como toda época de paz, pero también de esperanzas. Durante los cincuenta años que dilató su estadio, se producen los procesos políticos mas interesantes: la independencia de las colonias, la revolución feminista, la libertad de la juventud, la consagración del estado del bienestar, la superación de los miedos atávicos que habían constreñido al mundo. Bajo el miedo de la Bomba, nos atreveríamos a decir, el mundo encontró cierta felicidad.

Esta sociedad cambia radicalmente con la caída del Muro, y lo hace en los tres dominios que señalábamos como fundamentales: En lo estratégico, al caminar hacia un mundo unipolar, frente al bipolarismo perfecto que sostuvo inincandescente la guerra; en lo político ya que ha convertido en caducas todas las doctrinas de los últimos cincuenta años. ¿Quién se reconoce en el concepto socialismo?. Socialismo, como comunismo, liberalismo e incluso el mismo concepto de democracia, pierden contenido brutalmente. El concepto de soberanía del pueblo se difumina bajo la presión de globalizaciones de todo tipo, económica, jurídica, ideológica. Y también en la ética. Frente a una conciencia clara y sin rubores de la necesidad de realismo, donde un guiño de maquiavelismo resultaba siempre de buen tono, se instaura la dictadura de una ética que no por mojigata resulta menos inquisitiva en sus planteamientos (31). Si un Kissinger o un Mitterand pudo representar los valores de la época pasada, el nuevo mundo se alumbra bajo la mirada cándida de una "Teresa de Calcuta" o una acaramelada "Princesa Diana".

La cuestión viene, pues, a plantearse bajo esta óptica: los cambios acaecidos, ¿suponen una revolución tan radical como para proclamar la crisis de una época?, la respuesta, ya hemos dicho, entraña también una baza beligerante.

Los ciclos históricos son invisibles para sus protagonistas, es cierto, no hay mayor número de predicciones fallidas que en la teoría política, por ello no es malo dejarse guiar desde posiciones no coincidentes para rescatar de su discurso un análisis que evite la autocomplacencia.

La Guerra Fría no fue más que un período dentro de un movimiento mas extenso y en el que la riqueza de matices, aún dentro de una unidad reconocible, fue verdaderamente impresionante. Huntington (32) detecta, a lo largo de los dos últimos siglos, tres períodos estratégicos, resueltos bajo los modelos de dominio: primero un sistema multipolar, imperante en la vieja Europa del siglo pasado. Desde la caída de Napoleón la lucha se centró en la búsqueda de este equilibrio multipolar moldeado desde el Congreso de Viena o el Pacto de los Emperadores. El sistema impuso, es cierto, guerras violentas, ideológicas, nacionalistas, pero en el fondo racionales, ningún estado buscó la destrucción del otro, el principio de equilibrio exigía siempre la existencia de contrapesos, Habsbowns comenta en su "Historia del Siglo XX", que ningún político decimonónico hubiera entendido las guerras de destrucción que han asolado nuestro siglo.

Decimos guerras cortas y racionales, su única pretensión era retomar el equilibrio, se era bien consciente que el enemigo de hoy sería normalmente el aliado de mañana, así la guerra Austro-prusiana, o la guerra de Crimea que enfrentó a rusos contra ingleses y franceses, el incidente de Fachoda, que opuso Francia a Inglaterra, las mil guerras en los Balcanes, todos los juegos eran posibles, a la espera del cambio de posiciones: así Austria sería la aliada de Alemania en la Guerra Franco-Prusiana, la misma Rusia zarista sería aliada de Francia frente a la poderosa Prusia, Italia conoció todas las partidas en sus pocos años de historia. Este equilibrio ni siquiera se rompió con la época de Bismark (33) pues si el Reich adquirió una potencia nueva, al final solo consiguió movilizar en su contra prácticamente a toda Europa. La habilidad de Bismark consistió solamente en eso: evitar durante veinte años que en el platillo de contrapeso se acumulasen a la vez todas las fuerzas enemigas.

El equilibrio definitivamente se rompió con la Gran Guerra, crisis que durará hasta el año 45 donde se instaura un nuevo equilibrio. La nueva solución estática se denominará la Guerra Fría, auténtica paz armada donde los nuevos poderes, consagrados como "Superpotencias" impusieron un equilibrio que mantuvo alejada la guerra de Europa durante cincuenta años.

Nadie habla de equilibrio perfecto, la tensión de la guerra se mantuvo a través de procuradores, guerras revolucionarias que instauraban el modelo de guerra civil como único camino para trastocar el equilibrio alcanzado: Dado que la confrontación entre dos países era imposible pues recibiría el veto inmediato del aliado que llevara la peor parte, el cambio se buscaba desde dentro, haciendo surgir en la periferia la guerra de clases.

El Fin de la Guerra Fría rompe este equilibrio y nos deja ante una situación inestable. La potencia americana no ha querido ni sabido imponer el monopolio absoluto de la fuerza y, aunque algunos de sus panegeristas hablan de su hiperpotencia, la realidad es que, como atinadamente explica Huntington, junto a su poder hay una pequeña constelación de potencias de segundo orden, todas ellas con un cierto carácter regional, pero incuestionables en su área: Rusia en Eurasia, China en extremo oriente, el Eje Franco-alemán en Europa, México y Brasil en sus continentes, India, Irán, Israel. Potencias con las que necesariamente tiene que contar, incapaz de imponer soluciones con absoluta independencia. Ahora bien, estas potencias secundarias se encuentran rodeadas, a su vez, por potencias terciarias, celosas del poder de las anteriores y que esperan contar con el respaldo americano para imponer sus razones: Paquistán frente a la India, Arabia -y quizá Irak, algún día- frente al Irán, Japón y Corea frente a China, Argentina frente al Brasil, Inglaterra frente al eje centroeuropeo.

La estructura bipolar era estática, frente a ella, la nueva configuración se manifiesta inestable, de ahí que, lejos de imponer la paz por largos períodos como consiguieron los viejos modelos monopolares del Imperio Romano o el Imperio Chino, la nueva situación no deja de crear tensiones. El ELK supo que conseguiría el respaldo americano, por ello no dudó en provocar a las autoridades Yugoslavas hasta la exasperación, los Chechenos hoy esperan otro milagro igual, como Argentina no duda en romper la baraja en un mercado del Sur liderado por los brasileños. Paquistán prueba sus bombas en amenaza a la India, la violencia en Chiapas paraliza a México e, innecesario ya el bastión de Israel, no dejan de surgir tentaciones de crearle problemas con unos palestinos mas dóciles (34).

Ahora bien, la partida también se puede jugar a la inversa, de ahí que no pocos analistas, más americanos que europeos, por cierto, vean con temor el juego caro e inútil de hiperpotencia que le toca jugar a los Estados Unidos de América por lo que proponen una OTAN minimalista descargada de un compromiso que la asfixia (35), incorporada al juego de las garantías mutuas, verdadera única garantía en un mundo cuyo equilibrio futuro tiende de nuevo al multipolarismo se quiera o no se quiera.

La percepción de si estamos ante el cambio de un gran ciclo o no, tiene un interés adicional, y este es un interés jurídico. Paralelamente a la confrontación que define el dominio aparece hoy día una exigencia de definir los marcos de la acción jurisdiccional y desde ahí se ha puesto en cuestión la definición del estado. Vieja polémica entre lo jurídico y lo político y que ha encontrado en la idea de una supracomunidad, de difíciles contornos, el basamento de una jurisdicción universal que sepa desbordar el mismo concepto de soberanía.

La apuesta no es baladí y pondría en cuestión toda la estructura sobre la que se basa el derecho occidental surgido con la territorialización del poder que impuso la revolución gregoriana. La posibilidad de este desquite antioccidental ha movido a viejas conciencias de la ultraizquierda a un novedoso pro-americanismo, deseosas más de matar sus propios fantasmas que de propiciar la convivencia y el buen gobierno.

Con ello llegamos al problema que abría este artículo, la pregunta sobre cual es el modelo que se impone, para deducir desde él si realmente se produce la gran ruptura que unos proclaman o, por el contrario, solo estamos ante un cambio de juego sin que nadie dé por perdida la partida.

De entrada, ya constatamos la semejanza que el modelo que vemos surgir en la postmodernidad mantiene con el modelo decimonónico. Es cierto, las diferencias también se detectan, pero, pese a ellas, destacan las identidades. Un equilibrio inestable, en constante búsqueda de reposo. Multipolarismo puro durante el siglo pasado, y ahora recorrido por la presencia de un actor dominante pero dependiente. Ahora bien, el rasgo de semejanza que más destaca es justamente el factor moralizante de la política: esa potencialidad romántica que llena hoy de contenido las acciones del estado.

Mas de un autor recuerda la continuidad del siglo XIX hasta la guerra del Catorce. La Gran Guerra supondría la definitiva ruptura con el siglo anterior, por su dinámica, su tecnología, su fenomenología incluso; pero la paz que se definió en Versalles -y quizá ahí debemos apreciar el coeficiente de fracaso que arrastraba- se enmarcó todavía en la conciencia decimonónica. Lo que quiero destacar es el profundo carácter decimonónico que entrañó la política wilsoniana y, sobre todo, los catorce puntos que la definieron (36).

Aquí está la gran contradicción de la Guerra del "14": Si la "política de guerra" de Wilson (y de Poincoré), es ya moderna en sus medios y en su radicalidad, en cambio las propuestas de paz que impone en Versalles se enmarcan todavía en modelos decimonónicos y románticos.

No se ha insistido demasiado en lo wilsoniano de la teoría de las nacionalidades que consagró el imperio de la nación en un juego solo entendible desde el romanticismo más apasionado. Factor sobre el que se suele pasar por alto en beneficio de la gran aportación que se le supone, destacando el espíritu humanitario como novedad radical en el quehacer político.

Pero aún este ocultamiento sirve también para confirmar esta tesis. Vemos ya un antecedente, ¡y de que prestigio!, en el imperio de la ética sobre la política; no será el único y bastará un recorrido por los grandes discursos del XIX para comprobar las raíces de este modelo. Los comités de ciudadanos contra la esclavitud en el corazón del Londres tras las guerras napoleónicas fueron los motores que movilizaron la presencia humanizadora de Inglaterra en el continente africano, la conquista del Chad solo la podemos entender en ese afán redentor que recorrió Europa (37). La obra descubridora de un Libingstone o de un Gordon, y en éste caso incluso su sacrificio, solo se comprenden desde un sincero deseo de asistencia y ayuda a los otros, auténtico antecedente de la cooperación moderna y de las soflamas a la solidaridad. Los partidos coloniales, minoriatarios y camuflados dentro de los otros grandes partidos, desarrollaron un lenguaje no muy distante de la actual semiología humanitaria y cooperante que hoy conocemos. ¿O es que el concepto solidaridad y el compromiso de occidente no deja de sonarnos a la vieja proclama de Kipling sobre "la carga del hombre blanco" (38)?.

He sacado a colación el modelo colonial porque no deja de ser un antecedente fundamental en nuestra época. Ambos momentos, el colonialismo de antes y la cooperación para el desarrollo de hoy, aunque fenómenos marginales en lo económico, fueron de una centralidad absoluta en la configuración jurídica de los tiempos posteriores. También en la época colonial se produjo una privatización de la política exterior como la que hoy nos asombra, compañías privadas -los charter- fueron las puntas de lanza de los Cecil Rodhes y los Lüderitz, la geopolítica se convirtió en el modelo de interpretación de los programas de hegemonía, como ocurrió, ayer mismo, con los debates durante la guerra de Kosovo.

El colonialismo presenta, así, un modelo de interpretación de interés. Política no deseada, a la que eran contrarios los grandes políticos del XIX, Bismark, Glastone, Disraeli, ninguno de ellos entendía para que servían las colonias y los parlamentos aún fueron mas reacios a las cargas que conllevaban. Las políticas coloniales surgieron caóticas y erráticas, carentes del diseño de un proyecto prefigurado. Algunas veces contra el propio deseo de los grandes políticos de la época. Prueba del carácter marginal que mantuvo esta política colonial ante la Gran política exterior fue que el ministerio de colonias siempre se consideró la hermana pequeña del "Foreing Office", tierra más de aventureros y arribistas que de auténticos diplomáticos formados en las altas escuelas. El mismo ejército mantuvo esta marginalidad sobre la política colonial, competencia de los regimientos de menor prestigio. Es cierto que poco a poco fueron ganando adeptos, y que pronto hubo un auténtico partido de colonias cuyo discurso mezclaba conceptos diversos, lo humanitario, el prestigio nacional, el futuro interés económico, la función civilizadora, "la carga del hombre blanco". Jules Ferry, en su conocido discurso ante la Cámara en 1885, ya plantea tres argumentos para sostener su política colonial: económico, político y humanitario. Otro tanto podemos decir hoy sobre las políticas de cooperación y humanitarias, atendidas solo en tanto puntas de presión de los grupos activos que las defienden.

Sólo desde esta óptica podemos comprender las mecánicas del nuevo fenómeno de la injerencia humanitaria. A la postre, nada nuevo y cuyo siniestro antecedente hay que buscarlo, de nuevo, en la "injerencia colonial". Leroy-Beaulieu, el gran apologista del racismo francés, ya dejó escrito en 1902: "esta situación del globo y de sus habitantes (la realidad de la desigualdad de las razas) implica para los pueblos civilizados el derecho de una intervención, cuyo carácter e intensidad pueden variar...", variarán según afecte a pueblos, en la clasificación de este autor racista, salvajes, bárbaros o meramente estacionarios, tipología de todo lo que no era europeo (39). Más tarde él mismo empieza a advertir que, más de la mitad del globo, en estado salvaje y bárbaro, "solicitan la acción metódica y perseverante de los pueblos civilizados".

Y lo mismo sucede, también, con los medios. Hoy nos asombramos de lo que algún autor ha llamado el acontecimiento de la guerra limpia, que ha reducido a cero el riesgo de la potencia atacante, ejemplo, se nos ha dicho, de un cambio trascendental en la doctrina militar, pero el modelo tiene sus antecedente, ya estuvo dibujado por la vieja política de las "demostraciones" tan utilizada por las potencias coloniales para "convencer" a los pueblos extraeuropeos. Cuando la flota inglesa bombardeó la Alejandría de Arabí Pachá, los cañones de las defensas apenas salpicaron a las fragatas británicas (40).

Una serie de factores refuerzan este paralelismo: Política de "demostraciones" o de las cañoneras, en las que, salvadas reales excepciones, estuvo más pendiente de evitar bajas propias que de conseguir los fines proclamados. Privatización de los procesos interventores, "carters", ONGs, que evitan una implicación indeseada de las metrópolis. Interés del ejército como vía para promover su propio prestigio. Ejércitos que habían perdido toda su autoestima vieron en el expediente colonial la mejor vía para redimirse ante su propia sociedad, de ahí que vivieran el proceso como un auténtico reparto de áreas de influencia, el ejército de tierra francés, por poner un ejemplo, vio en la conquista del Chad su gran oportunidad de competir con el prestigio de la marina, un ejército de tierra que venía de ser derrotado en la Guerra Franco-prusiana (hoy el paralelismo se reproduce: unos ejércitos con pasados de resonancias reaccionarias y golpistas, vienen a proclamarse humanitarios y defensores natos de los derechos humanos).

Es en ese contesto donde Hubert Lyautey pudo proclamar la gran misión civilizadora que competía a las Fuerzas Armadas y el "papel social de los oficiales". El humanitarismo como discurso central de ambas épocas. Leopoldo II y su Asociation International Pour l¨Afrique (A.I.A.) (41) se presentaron en la Conferencia de Berlín como el gran proyecto para la redención del continente africano. Y por último, la superioridad del occidente, como hombre blanco, como democracia parlamentaria, como liberalismo económico, y hoy como custodia de los derechos humanos.

Es frente a esta política que se construyó el frío edificio de la "legalidad" internacional, arquitectura que hoy vuelve a parecernos tan incómoda. Así la Doctrina Drago (42), por ejemplo, vino a condenar toda acción militar, toda "demostración", incluso cuando la potencia atacante estuviese cargada de razones, y fue largo tiempo jaleada como ejemplo de triunfo del débil sobre el fuerte. Luego vendría el Pacto Briand Kellogg y otros esfuerzos en la misma línea. Las Guerra Fría abundó en esta línea "legitimista", racional, juridicista pero profundamente antihumanitaria. Issaac Berlin, con su siempre poderosa intuición, habla de las convulsión del XIX como la revolución romántica, ese romanticismo antiracional es el que nos debe guiar en el análisis de la época, a sabiendas de que racionalidad no es en absoluto sinónimo de moderación y buen sentido aunque sí de la frialdad que hemos conocido en este corto siglo XX.

La Guerra Fría, llevaría hasta su cumbre la racionalidad en la que se enmarcó el fenecido siglo, ocupó la atención de hasta dos generaciones y con ellas se consolidó un esquemático reparto de papeles: izquierda-derecha, progresismo-reacción, conservadurismo-imaginación, que nos ha condicionado hasta impedirnos leer el presente. No obstante la Guerra Fría tiene también su historia y su origen en el tiempo que debemos tener el coraje de remontar, pues antes de ella podemos encontrar otros modelos de comprensión que se semejan a los que vuelven a aparecer hoy día.

La pregunta: ¿cambiamos o no de paradigma?, se vuelve así crucial y no tanto, como ya hemos dicho, por su interés doctrinal, sino básicamente por plantearse sobre modelos de dominación. La inestabilidad del modelo que nos plantea Huntington, llevará a sucesivos estallidos bélicos en los que, querámoslo o no, terminaremos implicados. Frente a esa dinámica aún cabe el modelo anterior, solo construible a través de la reafirmación de los principios liberales de la soberanía y el derecho. No hay muchas más alternativas, o la racionalidad fría de un derecho de base territorial o esa juridicidad universal que calientan los neorromanticismos de este fin de siglo. Ahora bien, tenemos que recordar que el romanticismo del siglo XIX condujo a los grandes holocaustos del Catorce y el Cuarenta y cinco.

Mientras tanto hemos vuelto al viejo modelo colonial. No nos debe extrañar que el paralelismo pueda llegar más lejos que los puntos señalados. Una política que, tanto antaño como ahora, pretende ser barata, es la que de nuevo hoy ha llevado a la masiva utilización de esas nueva "empresas" -los viejos "charter" del colonialismo inglés y alemán- que son las modernas ONGs para el desarrollo. También hoy se huye de la rigidez de los presupuestos donde no caben las llamadas "acciones humanitarias", siempre precisas de una agilidad y antiformalismo incompatible con la legalidad contable. Pero también hoy, en las escasas ilustraciones que nos llegan desde alguna prensa independiente, apreciamos la rudeza del mundo real fuera del discurso virtual de lo humanitario. La atroz criminalidad de los Gurkas de la ONU en la guerra de Biafra, fue ya un antecedente de lo que veríamos llegar más tarde: la violencia de los soldados italianos, belgas y canadienses de los cascos azules contra los niños de Mogadiscio, el proxenetismo y la prostitución promovidas en Bosnia y Kososvo por algunas tropas de la comunidad internacional, ponen en entredicho la cacareada "labor civilizadora del ejercito" (43) que proclamara la Francia de la Restauración en la conquista de Senegal, en definitiva, la corrupción en algunos de los nuevos protectorados y que ha salpicado incluso instituciones del prestigio del ACNUR. Todas estas historias no pueden por menos que recordarnos a la vieja A.I.A. aquella asociación "científica" que utilizó el monarca Leopoldo II de Bélgica para la conquista del Congo. Fue considerada en su época como la organización más humanitaria de la historia, equiparada por todos a la Cruz Roja en su empeño de proteger a los africanos. Luego se vio que detrás de esa máscara se ocultaba el mas despiadado sistema de explotación y violencia que jamás se haya conocido en África y que el humanitarismo de esa pionera ONG no era más que, en palabras de Joseph Conrad, el mismo "corazón de las tinieblas" (44).
 

DOS POST SCRIPTA

Hoy se presenta como un escándalo el conocido ya como "caso de los espías", esa larga serie de nombres que en Occidente -imagino que igualmente tras el "Telón de Acero"- sirvieron de vasos comunicantes de los progresos científico-militares (45). En el fondo todos ellos fueron también constructores de la paz a los que les debemos sincero agradecimiento. Su labor facilitó el equilibrio estable que mantuvo en paz al mundo durante mas de medio siglo. Su racionalidad antirromántica, pudo acumular injusticias e impiedades, pero el nuevo siglo no deja de proyectar una sombra mucho mas inquietante.

Segunda propuesta. Leo que hasta cincuenta Premios Nobel piden al gobierno de los Estados Unidos que paralice su proyecto de "Escudo antimisiles". Las palabras de nuevo nos engañan. ¿Por qué se teme más al escudo que a la lanza?. Nueva astucia del Poder que por fortuna no engaña a todos, como proclama el manifiesto de los Nobel. También los Estados han cambiado el nombre de sus viejos ministerios de Guerra y Colonias por los nuevos nombres de Defensa y Cooperación. ¡Cuanto ha avanzado el Hombre!, pero que poco sus intenciones.



NOTAS

1) La solidaridad y los Derechos Humanos. Fernando Oliván. Boletín del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Número 9. 3ª época. Julio 1998
2) Aunque mas que la Revolución Francesa el acontecimiento que realmente marca el límite anterior de la modernidad es la Revolución Romántica. La Revolución Francesa aún participa de ambos mundos: entre la Ilustración de la que nace y el mundo de las nacionalidades que surgirá con ella. Dos modelos de la razón: una razón secularizada e instrumental y una razón sacralizada, cuyo sueño será auténtica partera de monstruos.
3) La Conferencia Mundial de Derechos Humanos. Declaración y Programa de Acción de Viena. Junio 1993.
4) Análisis de estirpe foucaultiana. La búsqueda de los orígenes de las instituciones requiere un nuevo tipo de análisis que sepa rastrear en los estratos donde se incustran sus raíces. Foucault también nos plantea el análisis genealógico: búsqueda de los orígenes genéticos de esas mismas instituciones. Para el estudio de las instituciones burguesas. (véase: Las palabras y las cosas. M. Foucault).
5) La genealogía de lo social nos llevará también a lo mas oscuro de nuestra época. Una auténtica genealogía de la modernidad nos dejará un amargo sabor de boca, auténtica Caja de Pandora donde veremos extrañas familias de conceptos, filiaciones y paternidades: fascismo y socialismo, democracia, nacionalismo, nazismo, ¿no terminan teniendo el mismo ethios?.
6) " los extraños llamamientos en pro de una sociedad civil y de la comunidad, sin otros rasgos de identidad, procedían de una generación perdida y a la deriva. Se dejaron oír en un momento en que las palabras , que habían perdido su significado tradicional eran solo palabras hueras. Solo quedaba un camino para definir la identidad del grupo: definir a quienes no formaban parte del mismo". E. Hobsbawm, Historia el siglo XX. Barcelona 1999.
7) Es interesante apreciar la persistencia del error a sabiendas de la falsedad de sus premisas. Aquí las palabras solo pretenden aprovecharse del prestigio del concepto "humanitario". Pero ¿la palabra funciona realmente?, ¿hemos vuelto a un neonominalismo mágico?, con Rosset pudiéramos concluir que no, "el hombre es mucho mas desconfiado de lo que creen las empresas anti-ideológicas". Las propuestas liberadoras (anti-ideológicas) terminan cayendo en su propia trampa: no es el conocimiento del bien el que nos hace buenos ni desvelar los mecanismos de la explotación del hombre por el hombre conduce al paraíso de un mundo igualitario. El sueño de Platón llevó la tiranía a Siracusa y en nombre de Marx se crearon las mayores aberraciones de la historia. Clement Rosset, Lógica de lo peor. Elementos para una filosofía trágica. Barcelona 1975.
8) Choque de modelos de acción. Los discursos solo viene a justificar las acciones. Modelos que traen sus propios técnicos, su idioma, sus programas informáticos, sus escuelas formadoras. Un ejemplo es el gran laboratorio de Bosnia. Allí compiten americanos, franceses, alemanes y españoles por implantar sus leyes, sus modelos, en definitiva. Quien venza ya conoce las ganancias: serán sus universidades las encargadas de formar a los nuevos profesionales del derecho, será libros de ese país los que se vendan (eso sí, comprados por la "Comunidad Internacional"), los programas se adquirirán en sus escuelas. Luego se dirá que todo esto es ayuda humanitaria desde ese país a Bosnia, pero lo que terminan acaparando los suculentos contratos son esas universidades, esas editoriales, los funcionarios de esa administración...
9) Denominábamos desviacionaismos a los desajustes del sistema. Incapaces de ver la realidad creíamos que las contradicciones surgían por esa misma desviación: se definía como titismo, maoismo, o modelo albanés lo que no era mas que la realidad de historias distintas que precipitaron distintos modos de dominación, ni había tronco común, ni desviación que valga. La interpretación ideológica llevó, incluso a que algún loco pudiera entender aplicables aquellas realidades a otra realidad como la española. Aún así el discurso funcionaba en la pura abstracción de la palabra, y lo hacía con la suficiente solvencia como para justificar el reparto de papeles.
10) Cada paradigma jurídico acude con sus propios titulares. Me remito al ejemplo comentado de Bosnia. El nuevo botín está al otro lado de la elección.
11) La "Apoteosis de la casa de Médicis", aquí se simbolizan todos los elementos míticos del poder. La realeza adquiere un status santo. No es tanto el rey, en su individualidad, el que adquiere la condición sagrada sino la institución. Por eso la Apología no duda en abrumarnos con temas de una mitología pagana incompatible con el concepto cristiano de santidad. El arzobispo Bossuet recrea también este valor mítico, hablando de Luís XIV dice: "Es la imagen de Dios, que sentado en el trono en los cielos mas altos pone a la totalidad de la naturaleza en movimiento". Federico Guillermo, tras ser elevado al trono, escribía: "Se debe servir al rey con vida y miembros, con bienes y propiedades, con honor y conciencia, y con la energía de todo, excepto la salvación. Esta última se reserva a Dios. Pero todo lo demás es mío". Quizá, aún mas radical que el mismo Calderón.
12) La autonomía del concepto de soberanía. He aquí la gran cuestión, piedra angular para conocer realmente los límites del cambio de paradigma. Al final la Revolución no revolucionó tanto, solo hubo un cambio de dinastía: de los Capeto al Pueblo. El Terror, La Terreur, fue estéril y el gran cambio soñado no despertó tampoco, o solo lo hizo a medias. Ya Rousseau volvió la cabeza hacia otro sitio cuando los obreros de Ginebra le suplicaron avalase su petición de un derecho al voto para todos.
13) La continuidad de las familias con poder entre el Ancien Régime y el nuevo estado post revolucionario demuestra la persistencia de ese antiguo régimen. Hasta bien entrado nuestro siglo XX no será difícil encontrar una continuidad en los grandes nombres que pasa sin tropiezo alguno por el cataclismo de la Revolución. Primero como nobles al servicio de la Corona, luego como grandes funcionarios al servicio del Estado. Es interesante que, pese a las proclamas de que el soberano es el pueblo, esos estados que nacen a la democracia no duden en incorporar títulos ni de expedir tratamientos a esos mismos funcionarios que aparecen como servidores del pueblo, ¿que sentido tiene, si no, incorporar los términos de excelentísimo o ilustrísimo señor a ministros, generales, directores o fiscales?.
14) Hablábamos de la consagración mítica del soberano autócrata, los mismos esquemas se reproducen con el soberano pueblo y aún mas en el soberano nación. La nación deviene un ser sagrado donde se combinan míticas paganas y cristianas. García Gutierrez en su poema "El dos de mayo" reproduce esta simbiosis de elementos sacrales: "la campana y el cañón", "matriarcado y muerte". Sangre y filiación, muerte, religión y guerra, he aquí los signos básicos de la nueva teología patriótica. Sobre estos elementos, elevados a hierofanías, se construye la apoteosis del pueblo.
15) La crisis en la primacía de lo público ha provocado el surgimiento de movimientos alternativos inspirados en realidades muy diversas. Es significativo, sin embargo, que los nuevos modelos de resolución de conflictos traten de desregularizar los sistemas procesales profundamente asentados en la conciencia jurídica de cada país. Por contra, ahora, el derecho se cambia por la sociología o la psicología, curiosamente importada desde universidades americanas. ¡La globalización llega al derecho.!
16) Robert Musil en "El hombre sin atributos" recrea la deshumanizada radicalidad de nuestra sociedad. Es un hombre que, a fuer de humano, deja de ser hombre. En expresión nitzcheana "Humano, demasiado humano".
17) Así surge esta nueva entelequia: la sociedad civil, monstruo polimorfo que trata de sustituir al Estado. No obstante el concepto tiene un origen distinto. Sociedad civil es el concepto desarrollado por la Ilustración Escocesa, en el XVIII, para designar esas sociedades en las que el Estado había encontrado un cuerpo social capaz de gobernarse por sí mismo. Sociedad civil es, por lo tanto, el estado democrático. El término resulta incorrecto cuando se usa como oposición al Estado.
18) El carácter simbiótico entre ejército y sociedad queda reflejado en la institución del pomerium. El pomerium, espacio civitatis al margen del ejército; prohibido al imperator y sus legiones bajo la pena de muerte. El general solo podía entrar en la ciudad cuando le era concedido el Triunfo. Ejercito y ciudad deviene conceptos complementarios, nunca opuestos.
19) . La solidaridad y los Derechos Humanos. Fernando Oliván. Op. Cit.
20) Con un elemental rigor jurídico, la guerra moderna resulta incompatible con el Derecho Internacional Humanitario. Hoy el campo de batalla no es ese valle donde se encuentran dos ejércitos, ni el frente es esa línea concreta dibujada en una geografía. Hoy tanto el frente como la batalla abarcan todo un país. ¿Hubiera sido posible derrotar al ejército serbio sin atacar sus ciudades, hospitales, fábricas, puentes, incluso colegios?, la respuesta es no. Todo un año de bombardeos no hubieran mellado su capacidad de resistir. Por eso era necesario herir al cuerpo civil.
21) El periodismo actual ha dado un nuevo ejemplo de este fenómeno. En Kosovo se descubrieron las fosas comunes inmediatamente a la conquista de su espacio. En Timor ha habido declaraciones que sugieren que no hubo masacres. Se aclara, eso sí, que hubo muertes pero que no constituían masacres. La definición de lo horrible se vuelve subjetiva, mas aún, dependiente de la subjetividad de la autoridad internacional. El Tribunal para la Exyugoslavia no se atreve a investigar las posibles violaciones de la convenciones de Ginebra y de la Haya, que prohiben el bombardeo de ciudades no defendidas. La subjetividad de los conflictos contrasta con las proclamas de objetividad que se plantean. Una noticia publicada en un periódico, nos dice: "El número de civiles asesinados durante la guerra de Kosovo no superaría los 2.500, segúnel patólogo español, Emilio Pérez Pujol..... El dato contrasta mucho con el ofrecido en mayo por el Secretario de Defensa de EEUU, Wiliam Cohen, cuando dijo que 100.000 albaneses habían muerto..." EL MUNDO lunes 1 de noviembre 1999.
22) La Guerra de Kosovo ha sido uno de los grandes laboratorios de la ocultación. La aplicación de las nuevas doctrinas militares se ha unido al radical cambio de la doctrina del Derecho Humanitario. Frente a los principios irrenunciables de imparcialidad y racionalidad y condena general de la guerra se pasó a una apología de la guerra que provocó extraños compañeros de cama: militaristas violentos junto a ecopacifistas en Alemania, ultras neonazis junto a socialistas europeos. No fue extraño que las Organizaciones humanitarias cayeran en la trampa de contribuir al esfuerzo de guerra. En auténtico delito internacional, determinadas organizaciones, tuvieron una participación irregular en la contienda. En un primer momento España quedó excluida, pese al interés expresado por sus autoridades, en la participación en el esfuerzo militar. Para conseguir esta presencia se utilizó a las ONGs. El montaje de los campamentos de refugiados no fue mas que el toma y daca para promocionar una intervención a la que, sin demasiados escrúpulos, se sumaron Cruz Roja Española, Cáritas y otras organizaciones menores.
23) Esta es la situación denunciada ante el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya por Belgrado. Es cierto que España y Estados Unidos han quedado fuera de responsabilidad, pero esto lo ha sido por motivos formales. En cambio las otras demandas siguen su curso con la incógnita sobre su resultado. El problema es que pende la posibilidad de una condena, lo que convertiría en antijurídicas las operaciones de "Injerencia humanitaria"
24) Al declarar una guerra como humanitaria surge una contradicción: ¿como mantener la propaganda clásica sobre la destrucción del enemigo?. Esta contradicción la vivimos día a día en el caso de Kosovo, resultaba insostenible el discurso de los partes de guerra, si sostenían que los bombardeos conseguían sus objetivos matando a los enemigos, el discurso humanitario flojeaba, pero sostener lo contrario, manifestando que no producían víctimas, resultaba aún mas ridículo y desmotivador. Por eso hubo que recurrir a producir nuevos conceptos como el de "daños colaterales" que fracasaban, no obstante, al "reconocer" que la supertecnología no conseguía la perfección proclamada.
25) La guerra de San Estefano enfrentó a Rusia con Turquía.
26) Aunque desgraciadamente ambos modelos están fracasando. Hasta la fecha no disponemos de estructuras conceptuales democráticas al margen del Estado nacional, es mas los esfuerzos por crear modelos de trabajo democráticos al margen del concepto de soberanía no encuentra, por el momento, una consolidación efectiva. Lo cual no quiere decir que esto sea imposible.
27) R. Syme. La revolución romana. Madrid 1989.
28) Francis Fukuyama planteó, tras la caída del muro de Berlín, que la Historia, como desarrollo de la política de las naciones, había llegado a termino. Su tesis, confesadamente hegeliana no dejaba de recoger todas las aspiraciones de una época deseada como pacífica: la conversión de la política en pura administración, administración económica en los asuntos de la riqueza, administración de justicia en los temas criminales. Renuncia a lo político, sobre todo en su faceta revolucionaria. En el fondo la tesis de Fukuyama es mas extensa de lo que parece e incluso ha llegado a las posiciones progresistas que mas la criticaron. ¿no responde el deseo de enjuiciar a los tiranos y no reventarlos a través de la Revolución, a una concepción del fin de la historia?. En realidad los acontecimientos se han empeñado en salirse del molde propuestos, testarudez que los hace incomprensibles y que, frente a toda "lógica" han llevado a que, desde esa muerte de lo político, el número de guerras, movimientos ideológicos incomprensibles y catástrofes humanas se haya disparado incontroladamente.
29) "La destrucción del pasado, o mas bien, de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos mas característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en que viven..." E. Hobsbawm. Op. Cit.
30) El Terror Nuclear realmente nunca cuajó en los sentimientos de la sociedad. Por mas que una propaganda catastrofista arañara en el temor al colapso total, el pánico no llegó a atenazar a nadie. Los refugios antinucleares fueron un raro capricho de multimillonarios mas pendientes de una manifestación de lujo suntuario que de un sentimiento real de miedo. Por otro lado, el hombre de la calle nunca se sitió atenazado por el miedo a la "destrucción nuclear" pese a las numerosas películas que trataron de recrear estos miedos.
31) Globalización y nueva ética aparecen extrañamente superpuestos. Esta es, quizá, la gran sorpresa de esta época, la consolidación de dos procesos que, aparentemente, son definidos como antagónicos: el antihumanismo de la globalización y el neohumanitarismo de la ética moderna. El proyecto de este trabajo es demostrar las raíces comunes de ambos procesos y, con ello, sus miserias.
32) S. Huntrington. La superpotencia solitaria. Política exterior. Septiembre 1999.
33) Bismark era consciente de lo inestable de su sistema, de ahí la necesidad de una continua labor de equilibrio. El sistema bismarkiano es, por lo tanto, un sistema dinámico que, una vez perdida la necesaria capacidad de adaptación continua, se derrumbó precipitadamente.
34) También es cierto que el sistema bipolar estuvo fuertemente dinamizado por los acontecimientos históricos. La pugna por África, la violencia en Latinoamérica, las guerras en Oriente Próximo y Extremo son fiel reflejo de los esfuerzos de ambos bandos por imprimir movimiento al sistema, incluso hubo conflictos que se saltaban estas reglas abriendo aún mas la capacidad de movimiento: la Guerra de las Malvinas entre países occidentales, o la que enfrentó a China y Vietnam o Camboya o entre Etiopía y Somalia, ambas en la teórica esfera comunista. Pero, respecto de Europa, el consenso era pleno, lo que, con mayor o menor fidelidad histórica, se ha dado en llamar el sistema de Yalta. También hay que tener aquí en consideración otros aspectos de dinámica que sería difícil de definir si su carácter contradice este sistema de "Yalta" o viene a reafirmarlo: los conatos de "golpe de estado" en Bélgica e Italia, el "terrorismo negro" las estructuras tipo "Glaudio" en extraña alianza entre la Mafia, los servicios secretos y la OTAN, constituyen uno de los capítulos mas oscuros de nuestra reciente história. Hoy en cambio el dinamismo afecta, incluso, al marco europeo y lo hacen a la luz de la opinión pública. Las guerras en Yugoslavia, el Caucaso, los conatos de conflictos trasnacionales en Iberoamérica, resultan radicalmente nuevos y esto por dos factores: lo hacen fuera de un sistema que les de cobertura, y se reciben en un marco propagandístico mas que ideológico que ha hecho recobrar a los ejércitos, y la "salida militar", un protagonsimo antes desconocido.
35) Sobre una propuesta de estructura minimalista para la OTAN véase M. Brown, Una OTAM minimalista. POLITICA EXTERIOR. Julio 1999.
36) El espíritu de Wilson participa de una doble naturaleza, por un lado es un nuevo faro hacia la modernidad, pero, por otro, no deja de tener una fuerte impronta reaccionaria. Lo mas curioso es que, hoy, cuando nuevamente reaparece su discurso como manifestación del neo progresismo, las notas reaccionarias reaparecen como si no hubieramos aprendido nada de los últimos ochenta años. La confrontación entre Albrith y Holbrooke , como trasfondo del conflicto en los Balcanes y en especial en la Guerra de Kosovo, no deja de introducir los componentes ideológicos que aportaron los famosos catorce puntos de la propuesta del Presidente Wilson y con ellos la mezcla "explosiva" de Derechos Humanos, Nacionalismos étnicos, "democracias dictadas" y, a la postre, una confusión indeseada que hacía imposible encontrar salidas, a lo Bismark, en los conflictos.
37) Las organizaciones humanitarias no son, por lo tanto, nada nuevo. Los Comités contra la esclavitud arraigaron en toda Europa y, fundamentalmente, en los países mas desarrollados. Inglaterra, Francia, España incluso, sintieron la fuerza y el influjo de estas organizaciones, su capacidad movilizadora tanto de la opinión pública como de recursos económicos. Ellas son las que promueven algunas de las aventuras mas curiosas de la presencia europea en África, como fue la misión de Gordon en el Chad. El progreso de la civilización, la propagación de la fe cristiana, etc. fueron parte de la agenda que llenó de un contenido humanitario a la política colonialista. J. Ferry no dudó en proclamar el carácter humanitario de la colonización francesa en África.
38) Rudiard Kipling. Aunque ya sin esa carga poética, plantearán lo mismo los Leroy-Beaulieu de media Europa. Todo humanitarismo, al ser una visión asimétrica, produce a la postre el efecto perverso que denuncia. La percepción del otro en su desnudez -como sencillamente humano- termina cosificándolo. Sin embargo, el encuentro con el otro no precisa necesariamente incorporar esta cosificación, ni siquiera en los casos de conquista. Cortés puede destruir a los indios, pero lo toma como hombres, su mirada no incorpora discriminación ni humanitarismo. Ver Tzvetan Todorov, "la conquista de América" y "Las morales de la historia".
39) Leroy-Beaulieu, P. "De la colonisation chez les peuples modernes". Paris 1902.
40) La política de las demostraciones fue una constante en la necesario reforzamiento de las posiciones hegemónicas de los estados europeos y norteamericano. Alejandría, Tanger, Chad, conocieron esta política basada en el desequilibrio tecnológico entre la potencia colonial y el pueblo colonizado. Churchill describe la batalla de Omdurmam donde el general Kitchener se enfrentó al ejercito derviche de Chad: "La infantería disparaba continuamente y sin tregua, sin prisas o excitación, pues el enemigo estaba lejos y los oficiales eran prudentes. Además, los soldados estaban interesados en la tarea e hicieron un gran esfuerzo. Pero pronto el simple acto físico se volvió tedioso" Al otro lado las consecuencias eran distintas: "...y durante todo el tiempo, al otro lado de la llanura, las balas se abrían paso a través de la carne, quebrando y fragmentando huesos; la sangre manaba de terribles heridas; los hombres valientes luchaban en medio de un infierno de metal silbante, explosiones de granadas y chorros de polvo, sufriendo, desesperando, muriendo..." Era el efecto de la moderna ametralladora Maxim.
41) La A.I.A., luego la A.I.C. fue considerada en su momento como entidad mas humanitaria de la historia moderna, equiparable, como sociedad filantrópica, a la Cruz Roja (Times), o la actividad de los misioneros. No será extraño ver como se sumaron a este proyecto tantas personas de diversos países llevadas por los mejores sentimientos. Joseph Conrad, sin embargo y contra corriente, pero con una visión penetrante, percibe una realidad distinta y aterradora. Su novela "El corazón de las tinieblas" resulta el testimonio mas sobrecogedor de la "asistencia" belga a los africanos.
42) Aunque la Doctrina Drago se refiere a la responsabilidad comercial, la mecánica de su funcionamiento es coincidente con nuestro tema: la agresión de un estado a otro no puede efectuarse en ningún caso, ningún país puede arrogarse el derecho de atacar a otro basándose en un incumplimiento de éste. El precedente jurídico es neto y por ello lo traigo a colación como ejemplo de este proceso de legalidad en el derecho internacional.
43) las expresión es del general Hubert Lyautey, líder de la presencia francesa en África.
44) ¿se escribirá algún día una página tan negra de las ONGs que hoy conocemos? . La pregunta empieza a no ser, ya, meramente retórica. Los escándalos de ineficacia y corrupción, desviación de capitales, entrega de medicinas y alimentos en malas condiciones, voracidad por en la atracción de la opinión pública, uso abusivo de imágenes que, en otro tipo de campañas publicitarias nos llevaría a la náusea, todo esto empieza a ser un lugar común en un sector que, en expresión de un alto cargo de Cruz Roja, está "matado la gallina de los huevos de oro". Hoy vemos ya un cansancio en la sociedad hacia este tipo de empresas, empieza a deslizarse la crítica contra las mismas, cosa imposible de concebir hace, apenas, un lustro. Pudiéramos interpretar que el huracán Mitch fue el punto de inflexión en la consideración pública de estas entidades. A solo un año de aquella macrocampaña de recaudación de fondos, los terremotos de Turquía y Grecia, los volcanes reactivados o, en lo político, la tragedia de Chechenia, a duras penas despierta un mínimo sentimiento de angustia que mueva a la solidaridad hacia los que sufren. El exceso de campaña en los acontecimientos de Centroamérica y Kosovo arrastra los "barros" de esta neo-apatía desmovilizadora.
45) El conflicto doctrinal surge del solapamiento entre estas dos posiciones: por un lado el nuevo globalismo ingenuo en el que se ha querido interpretar la nueva unidad del mundo, (las dos Alemanias se reencuentran sin vencedores ni vencidos, rusos y americanos se descubren en el camino a la democracia), por otro lado los viejos clichés de la guerra fría que tratan de imponer un vencedor en la contienda. Hoy parece que definitivamente triunfa la pervivencia del modelo de la confrontación, lo que demuestra una resistencia mucho mayor que la esperada. ¿estamos cambiando de paradigma? Nos preguntábamos al principio, día a día la respuesta es mas difícil.


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