NOMADAS.9 | REVISTA CRITICA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURIDICAS | ISSN 1578-6730

El papel de la familia en la transmisión sociocultural
y de la salud mental
[Cristina Ruiz Ordoñez]

Resumen.- La familia es fundamental en el proceso de crecimiento personal así como en el crecimiento o cambio social. En la familia aprendemos (en el mejor de los casos) a ser Persona. Este ser Persona, con mayúscula, se aprende a través del Amor. En la Familia se generan círculos de transmisión de generación en generación, que pueden ser círculos viciosos (generando angustia, tristeza, depresión, miedos, agresividad, etc) o círculos de amor. Cuando una persona aprende el lenguaje del amor será capaz de transmitirlo. Por otro lado, las personas que aprenden a transmitir círculos viciosos, deben (y aquí entra la Salud Mental) aprender a pararlos. Es urgente ayudar a los demás a parar los círculos viciosos y enseñarles el lenguaje del amor que no aprendieron en familia. Una vez una persona rompe un círculo vicioso y entra en un círculo de amor, aprende a amarse a sí mismo, aprende a vivir con salud mental e se convierte en un agente activo social, capaz de transmitir a sus semejantes ese grande aprendizaje del amor. Para que una sociedad se convierte en una sociedad más Humana, debe aprenderse y transmitirse Amor.

"E Dâmaso rompeu pela sala,
carregado de luto, de flor ao peito,
gorducho, risonho, familiar com o chapéu na mão,
trazendo dependurado por um barbante
um grande embrulho de papel pardo"
EÇA, Maias, p. 373
 

En toda sociedad, existen dos tipos de fuerzas: las de integración, que aproximan a los individuos unos de otros, y las de repulsión, en las cuales, los individuos se sitúan unos contra los otros. En uno y en otro caso, nos encontramos individuos agrupados por afinidades o por consaguinidad, o bien individuos que se hallan en conflicto por divergencia de opiniones. En ambos casos, estos individuos, forman grupos. En cualquier grupo existe siempre una argamasa que los une: en la familia, en una asociación de amigos, en los alumnos de la UITI, etc.

Los seres humanos no logramos sobrevivir fuera de un grupo. El grupo, cumple la finalidad de agrupar a los individuos, unos con los otros, para hacer cosas juntos e compartir un territorio, una lengua, e una cultura. De este modo, un grupo es un conjunto de individuos que viven juntos un proceso de interacción social para satisfacer motivos sociales (necesidad de afiliación, de poder, de éxito y de altruismo)

René Maunier clasificaba a los grupos según el lazo que los unía. Así, tendríamos:
 


Dentro del grupo genético, doméstico o de parentesco, se incluye a la familia.

El Hombre nace, filogenéticamente, como un animal biológico. Será en la convivencia, la interacción, primero en la familia y después en la iglesia, clube, etc., donde este "animal social" se convertirá en un semejante muy próximo a nosotros: en un ser humano. En el caso del "niño lobo", o del "niño gallina", y otros casos en los que el individuo fue "educado" fuera de la convivencia humana, este individuo se transformó en aquello que biológicamente es: un animal. La familia tiene el papel fundamental de humanizar a este ser biológico y transformarlo en un ser social. La familia integra en si misma la cultura como una herencia social de una comunidad humana, de una sociedad, de una nación, transmitiéndolo, de forma gradual, a sus descendientes: sus hijos.

Los grupos de familia constituyen macrosistemas y subsistemas de la sociedad, que contribuyen para mantenerla viva y para perpetuar el sistema social y cultural. La familia representa en sí misma, la esencia y existencia de cualquier sociedad. La familia es como un recipiente de la herencia cultural que interioriza normas, usos, costumbres y valores sociales transmitiéndolos a sus descendientes. La familia es la garantizadora de la transmisión de la herencia cultural, de generación en generación, a través de un proceso sencillo: la socialización o la aculturación.

Existen varias tipologías de familia. Las más conocidas son: consanguínea, conyugal, nuclear, atomizada, extensa y ampliada, cuyas descendencias pueden ser: patrilineal, matrilineal y bilineal. Según el tipo de residencia se pueden agrupar en: virilocal, uxorilocal, neolocal, avunculocal, matripatrilocal. La familia puede estar constituida por una sola persona, por tres personas, o por una grande familia compuesta por varias generaciones y con muchas personas. Este tipo de familia varia conforme la sociedad (occidental, oriental, africana) y la época (Parra, J. M., 1992).

Para que exista familia, tiene que existir matrimonio. La familia es un género de agrupamiento u organización y el matrimonio es una relación o, como diría Malinowsky «un contrato para la producción y manutención de hijos». Con todo, Nimkoff, define familia como una «asociación más o menos durable de marido y mujer, con o sin hijos»

Familia viene del latín familaris, y designa a un grupo compuesto de padres, hijos, siervos y esclavos. En griego, familia deriva de oikonomia, que dio origen a economía y, de ahí, que la familia tenga connotaciones de organización económica (1).

El concepto de familia, en el "Dicionário da Origem das Palavras", es el "conjunto de las familias, o sea, de los criados, siervos e domésticos en la civilización romana (y, en cierto modo, entre los griegos). Va a ser sólo más tarde, que "familia" abarca a las mujeres e hijos. Los lazos de sangre agrupaban a las personas en la gens, de genere, generar. En la "familia" antigua, el elemento aglutinante no era el parentesco (una hija que casase dejaba de pertenecer). En el Derecho no eran los lazos lo que contaba (un padre podía adorar a una hija pero no podía legarle sus bienes). La familia (griega o romana) es más una asociación religiosa, que una asociación de naturaleza. Sólo aquellos que cultivaran la religión del hogar, formaban la familia. La palabra evolucionó, aglutinando el concepto de gens, y pasó a integrar los lazos de sangre, dejando de ser, solamente, el conjunto de bienes e inmuebles y los criados – que viviendo en la misma casa, pertenecían a la "familia" siempre que prestasen culto a los muertos antepasados, incluso si no estaban unidos por parentesco de sangre». (2)

Podemos observar en esta definición que, en su origen, la familia no tenía un significado de lazos afectivos, como actualmente la concebimos. Por el contrario, familia era considerada como el grupo de bienes e inmuebles que pertenecían a una casa. Posteriormente, el termino sufre una evolución, incorporando los lazos de "sangre". En la actualidad, son precisamente estos lazos de consanguinidad los que identifican a una familia (la adopción, a pesar de en ella no existir lazos de sangre, es también, apellidada de familia). Muchas veces, vislumbramos algunos resquicios de este concepto remoto de familia, cuando los padres ven a sus hijos como si fueran una propiedad privada, e interiorizan que los hijos son una pertenencia, simplemente por haber sido ellos los encargados de engendrarlos. En estos casos, no hay diferencias entre un hijo o un bien inmueble. Los padres, de forma egoísta, incorporan a los hijos como una continuidad de sí mismos.

Familia, en el "Dicionário da Língua Portuguesa", de la Priberam Informática e Poto Editora, es el "conjunto de personas que viven en común sobre el mismo techo; conjunto de personas de la misma sangre o parientes por alianza; grupo de personas unidas por el vínculo del matrimonio, afinidad o adopción; grupo de personas formado por los progenitores e sus descendientes; grupo de personas formados por los padres e hijos menores; linaje; descendencia, raza, estirpe; (Biol..) grupo taxonómico (categoría sistemática) constituido por seres que se asemejan por determinados caracteres y que comprende uno o más géneros:


En esta definición, observamos el significado de familia moderna, como un conjunto de personas unidas por vínculos, donde se establece una alianza. En ambas definiciones no encontramos una palabra que, sin embargo, es crucial para la Salud Mental: el afecto. Se define la familia simplemente en sentido de unidad de intereses. Se olvida que la familia es – o debería ser – sobre todo la génesis del intercambio de afectos: amor. Es este intercambio de amor (o de odio) el que permite la construcción, ladrillo a ladrillo, de unidad –cohesión- familiar. Es en la familia y en familia donde aprendemos a amar y a transmitir ese aprendizaje a otros seres humanos. No hay socialización sin amor. Amor que nos es transmitido a través de nuestro grupo de referencia: "nuestra" familia. Los vínculos afectivos establecidos en la familia determinan nuestra identidad como persona.

En los últimos 50 años, la función de la familia ha sufrido numerosos cambios. Sin embargo, continúa representando un papel importante en la renovación de los miembros de una sociedad y como agente social identificativo, contribuye para los cambios operados en la sociedad. La familia tiene como principal función, socializar a sus hijos de acuerdo con la cultura dominante y contribuir para un cambio social: la modernidad.

Es conocido el debate que arrastran las Ciencias Sociales (ciencias del Hombre), podríamos decir, desde su origen. Nos referimos al debate que gira entorno al cambio social: ¿Es la sociedad la que produce el cambio en el individuo o, por el contrario, es el individuo el que produce el cambio en la sociedad? Desde una perspectiva holística, la sociedad, por si misma, es la responsable de los cambios sociales y culturales por un lado, y de producir el cambio en el individuo por otro, visto que éste, está inserto en dicha sociedad. Desde la perspectiva individualista, es el individuo, por si mismo, de forma aislada, quien realiza su propio cambio individual, contribuyendo así, para el cambio social y cultural. No hay ninguna lógica en la insistencia de mantener esta dicotomía, ya que, las dos ópticas se complementan. Sociedad e individuo vivieron siempre de la mano a lo largo de la historia de la humanidad, porque el Hombre es un ser social y como social es cultural. No se puede concebir el Hombre sin sociedad. Cuando se define al Hombre, lo agregamos a una determinada sociedad que lo integra y, ambos, interactúan en un devenir- continuum- perpetuo. Uno y otro son el espejo de uno y de otro. Es la sociedad la que da al individuo su imagen, su identidad y es el Hombre quien proporciona a la sociedad su rostro. El Hombre se sabe hombre, porque vive en sociedad. Hasta el ermitaño que vive aislado en la montaña es un ser social. Nació en una determinada familia, tiene una nacionalidad y sabe que, a pesar de ser ermitaño, hay otros seres humanos no ermitaños. Son los otros ermitaños quienes le dan la identidad de ermitaños: su grupo de referencia.

La familia es portadora de la antorcha de los cambios sociales y culturales. En la familia se produce la transmisión de valores, emociones, afectos, pensamientos, creencias, actitudes, usos, costumbres, tradiciones. El espejo de la familia refleja la identidad del pueblo, la identidad grupal y la identidad individual. Y esta identidad llevará al individuo a elegir diferentes caminos a lo largo de su vida. En la elección de estos caminos, el individuo se convierte en agente social y, como modelo cultural identificativo, es un ser activo en el cambio social.

En la familia aprendemos a SER, a ser persona, a ser humano. La familia tiene la responsabilidad del cambio social y de la evolución del Hombre como Ser Humano, en un camino humanizador, cada vez más Humano. De este modo, la familia es la transmisora no sólo de la filogénesis (lo biológico), sino también de la ontogénesis (lo aprendido, lo cultural, la herencia cultural que humaniza al individuo en una persona capaz de amar a su semejante como a sí mismo). Es a través del desarrollo de la ontogénesis que el hombre alcanzó lo que hoy es y, suponemos que continuará en el futuro siendo otras cosas diferentes de lo que es hoy, alcanzando otras metas. La filogénesis cambia muy lentamente (poco nos diferencia del animal prehistórico que fuimos hace millones de años atrás). Sin embargo, la ontogénesis ha cambiado notablemente y de forma mucho más rápida. El hombre se transformó en un ser más Humano, aunque parezca que sólo vemos muerte y destrucción a nuestro alrededor. La familia es el agente de cambio responsable de la mutación ontogénica. En el seno de la familia es donde se transmite lo aprendido y, todo, se aprende a través de la educación. Un individuo que crezca aislado del contacto de cualquier otro ser humano nunca se humanizará, es decir, no desarrollará sus capacidades ontogénicas de amar y ser amado. ¿Por qué? Porque nadie le enseñó lo que es la ecología del alma. Porque nunca tuvo un aprendizaje en valores que asentasen en el pensamiento occidental, oriental o africano.

Incluso "nuestros" famosos "instintos" de muerte y sexo, tienen que ser educados, en un aprendizaje social, para tener utilidad, es decir, para que cumplan su respectiva función de matar y de procrear. El hombre nace capacitado para desarrollar una serie de potencialidades. Sin embargo, éstas jamás se desarrollarán sin un aprendizaje social, familiar. Por ejemplo, una mujer nunca desarrollará su instinto maternal si nunca aprendió con otras figuras de referencia (la madre, artistas de cine, de música, científicas, profesoras, etc.) – modelos culturales identificativos – a cuidar de su prole.

Existe una experiencia interesante, que la encontramos en los estudios que Harry Harlow realizó con monos (1905-1981). Harlow crió monos aislado de cualquier contacto (bien con humanos, bien con otros monos). Cuando los monos crecieron y fueron llevados junto de otros monos, se mostraban completamente inadaptados, "hembras anteriormente aisladas, se resistían a las iniciativas sexuales de machos normales. Algunas terminaban siendo fecundadas, en muchos casos por medios artificiales. Cuando estas monas huérfanas eran ellas mismas madres, parecían no presentar vestigios de amor por su prole. En algunos casos, había malos tratos terribles. Las madres oprimían la cabeza de la cría contra el suelo, les arrancaban los dedos con la boca o les mordían hasta la muerte. La privación social precoz, provocó, evidentemente, grandes estragos en el desarrollo social y emocional posterior de los animales" (Suomi y Harlow, 1971; Harlow y Harlow, 1972; Harlow e Novak, 1973).

Esta experiencia resulta esclarecedora de cómo la familia es la transmisora bien del amor, bien de la destrucción. No nacemos "buenos" por el simple hecho de ser "humanos". No nacemos diferentes del resto de los animales. Tampoco nacemos "malos". Nacemos, simplemente, con capacidades que deben ser desarrolladas y, otras que deben ser sublimadas. Nacemos con el instinto de vida y el instinto de muerte (Eros y Tanatos). Lo que nos diferencia, eso sí, del resto de animales es nuestra ontogénesis. Es a través del aprendizaje social que el hombre puede evolucionar para amar. Es función de los padre (o sustitutos de los padres) transmitir a los niños el amor y sublimar su agresividad. Ningún niño nace dotado de un don especial que le diferencie de los otros animales. El don es el de ser cuidado por una familia que le enseñe a amar porque él es deseado y amado. El Hombre es el único animal capaz de amar, pero ese amor tiene que ser aprendido, y cabe a la familia transmitirlo.

Sociedad y Hombre, interactúan para crear el cambio social. El Hombre sin sociedad jamás habría desarrollado sus capacidades para ser lo que hoy es. Continuaría siendo tal cual un animal. No queremos decir que el hombre haya dejado de ser un animal. En algunos casos (en la guerra, por ejemplo) es más agresivo y mortal que los animales. No debemos negar el hecho de que el hombre es un animal. Lo que debemos es combatir y luchar contra la animalidad, la bestialidad, del Hombre. Urge enseñar al Hombre a amar y a tolerar, para frenar sus impulsos más destructivos y su agresividad (en pro de su supervivencia). Urge enseñar valores de fraternidad, compañerismo, solidaridad, libertad, ecología, etc.

Las familias perpetúan círculos. En estos círculos se transmite un aprendizaje de generación en generación. El ser humano es un todo biológico, psicológico, social, cultural, económico, político y metafísico heredado de su familia de origen. A veces, esta transmisión contribuye para transformar a una persona en independiente y autónoma. Es decir: feliz. En este caso, tenemos un círculo de amor. Por desgracia, en muchas otras ocasiones, la familia transmite, solamente, agresividad, odio, dolor, sufrimiento, tristeza, desgracia, etc. En este caso, el círculo es vicioso. Estos círculos viciosos son dañinos porque degeneran a la sociedad y enloquecen – esquizofrenizan – a sus miembros.

Romper los círculos viciosos, es función del equipo de salud mental. La prevención primaria (para impedir la aparición de un problema de salud) y la promoción de la salud, ayudan a las personas a conservar la salud y a prevenir la enfermedad. Es necesario ayudar a las familias a identificar los peligros de los círculos viciosos, pero sobre todo, es importante, llevarlas a definir su propia concepción de salud y de enfermedad. Para ayudar a la familia a conservar la autonomía e independencia funcional y emotiva, hay que apostar en la salud mental.

Cada familia tiene madurez afectiva suficiente para delinear objetivos lógicos en su comportamiento social – interacción social – y adaptarse a las frustraciones de forma realista. La manutención de la salud mental, está relacionada con la salud mental de cada individuo en el seno de la familia y con el estilo de vida de la familia. De esta forma, cada individuo que logre librarse del círculo vicioso familiar – construyendo su autonomía e independencia como persona – logra transformarse en un agente activo en el cambio social. Esta persona, la nueva persona (recién nacida en el sentido de cambio de su personalidad), cuando se case y tenga una familia, contribuirá para que sus hijos perpetúen círculos de amor. Este "nuevo" individuo, al formar otra familia, transmitirá valores de amor, fraternidad, compañerismo, cooperación, tolerancia, libertad, respeto, que serán transmitidos de generación en generación. El círculo de amor se amplía y provoca ondas de cambio social en los valores de la sociedad.

Las familias deben tener como filosofía el camino de la libertad, de la tolerancia, de la independencia y de la autonomía. Los padres no pueden, ni deben, continuar potenciando la dependencia de los hijos (alimento del cual ellos mismos viven porque los consideran "suyos": su propiedad). Los padres deben incentivar la independencia y la autonomía de los hijos. Sólo a través de la educación para la autonomía y la independencia, los hijos serán adultos saludables y responsables. Una Persona sólo es persona, se es capaz de respetar los derechos humanos y si sabe actuar con independencia y autonomía (sin sentirse culpable por sus elecciones y decisiones). Una persona sólo será un agente de cambio si es libre. Esta libertad equivale al corte del "cordón umbilical" emocional que le interconecta a su familia de origen. Este corte se traduce en el decir "adiós" a las actitudes negativas y destructivas que le fueron transmitidas, equivale, además, a romper con una dependencia enfermiza. Equivale, por tanto, a ser adulto, desvinculado de vínculos emocionales que le impiden vivir en libertad y en autonomía. El Hombre debe asumir, con orgullo, el estatuto de persona independiente, autónoma, diferente, única.

Uno de los grandes problemas, en salud mental, lo encontramos en aquellos casos en que los padres incentivan la dependencia. Si los hijos luchan por su autonomía, los padres (principalmente las madres) inculcan en los hijos sentimientos de culpa, volviéndolos, así, más dependientes porque sienten que, en su independencia, están traicionando a los padres y éstos pueden dejar de amarlos.

Amar es un aprendizaje, que conduce inevitablemente a un conocimiento cada vez mayor de nuestro YO, que a su vez, conduce a una mayor comprensión e intensificación de nuestros sentimientos de amor para con los otros. El simple hecho de dar, sin pedir nada a cambio, constituye la esencia del Amor. La historia de un Amor no es importante, lo que importa es la capacidad de Amar. Es, quizás, el único vislumbre que nos es permitido de la eternidad. Debemos amarnos, eso sí, a nosotros mismos, tal y como somos, y en ese amor para con nosotros, encontraremos el amor allá donde miremos, y seremos capaces de llevar amor allá donde vamos, porque el amor creció dentro de nosotros y va con nosotros. El amor es tan importante en la vida de los hombres que San Pablo decía: "aquel que ama cumplió toda la ley". San Agustín refería a menudo: "amad e haced lo que quiserdes". Cristo declaró que el Amor es más grande que la propia ley. El amor encanta, satisface plenamente. "Ama a tu prójimo como a ti mismo" es una de las máximas de Jesucristo (Parra, J.M., 1989).

Cuando una pareja decide tener o adoptar un hijo, debe decidir tenerlo con amor. Amar a ese hijo implica darle amor, cariño y afectos para que este Ser se desarrolle y crezca en libertad, en seguridad, sin miedos y sin amenazas. Los padres deben estar conscientes de que no los pueden abandonar durante horas y que, este hijo no les pertenece, sino que pertenece a la vida. Ya decía el viejo poeta: "tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida". Los padres no pueden pensar que los hijos, por si mismos, les van a traer la felicidad. Nuestra felicidad depende exclusivamente de nosotros mismos. Los demás no son responsables de esa felicidad. Nunca seremos felices si nuestra felicidad depende de otras personas. Igual pasa con los hijos. Ellos no son responsables de nuestra felicidad. Por el contrario, nosotros somos los primeros responsables de su felicidad, de su futura felicidad, seguridad, independencia y autonomía.

Los niños, dependen completamente de los padres. Está en las manos de los padres la futura identidad personal y social de ese ser humano como persona. Su emocionalidad, sus valores, sus pensamientos, sus actitudes, sus acciones, dependerán de lo que ese niño aprendió y asimiló en familia. De esta forma, los hijos no son los responsables de la felicidad de los padres, en contrapartida, los padres son responsables de la felicidad del hijo.

¿Por qué será que cuesta tanto dejar a los hijos volar? (sobre todo a las madres). ¿No será porque las madres entienden que los hijos son una pertenencia? Dar libertad a un hijo, no es perder un hijo, es ganar un hijo. Las madres que sienten la libertad y la autonomía de los hijos como una pérdida o como una amputación, son madres sufridoras que crean hijos dependientes y sufridores (culpables y deprimidos). ¿Cuándo llegará el momento en el que las madres aprendan que los hijos son hijos de la vida y deben partir y hacer sus propias vidas? El único deber y función de los padres es crear hijos independientes y que sientan el mundo como un lugar seguro.

Madres que educan a hijos inseguros, llenos de miedos, dependientes, con baja autoestima, son madres interesadas en mantener a los hijos dependientes de ellas. Por ejemplo, una madre que siente que el hijo le pertenece, porque salió de dentro de ella, muchas veces, intenta tornar al hijo dependiente porque esto le da poder, el poder de sentirse importante. Estas madres suelen ser controladoras, manipuladores, y en muchos casos súper protectoras, creando una imagen de "buena madre" que sufre mucho por el hijo, pero cuyo único interés es el de mantener al hijo dependiente de ella, sin dejarlo ser libre e independiente porque, de este modo, perdería su poder. Estas madres crean hijos temerosos, hijos que imaginan el mundo como un lugar lleno de inseguridad, lleno de peligros que sienten que son incapaces de superar. Son, muchas veces, personas pasivas que desarrollan un gran sentimiento de culpa. En el fondo son las madres las que los volvieron inseguros y dependientes. Los hijos se sienten culpables simplemente al pensar esto, porque sus madres fueron unas "buenas madres", sacrificadas y siempre preocupadas.

Madres que educan hijos para "abandonarlos", abandono que puede ser real, de pura negligencia o de falta de afecto, son madres inmaduras que crean hijos delincuentes e toxicómanos. Existen madres controladoras y manipuladoras que también negligencian las necesidades reales de dar afecto y amor a su hijo. Esto es también abandono. Además tenemos a la llamada "madre frigorífico", una madre fría y distante. El abandono genera ansiedad y angustia en el niño, volviéndolo dependiente. El niño piensa que si no le quieren, si no le dan valor y atención es porque él no lo merece. En su mente infantil piensa que es culpable. Se crea así, un sentimiento de culpa que lleva, posteriormente, a personas adultas deprimidas, con baja autoestima, niveles bajos de auto confianza y de auto imagen, incapaces de autoafirmarse.

Existen padres que incluso amenazan al niño con el abandono, si éste no hace lo que ellos quieren: "si no haces esto, nos vamos y te quedas sólo", "si no haces aquello no vienes con nosotros al parque". Estas palabras que para los padres no pasan de una rutina y una forma de que el hijo haga lo que ellos quieren, marcan profundamente al niño, que siente que no es amado por lo que es, y que sólo será amado en caso de ser como sus padres quieren que sea. Este niño siente que no es valioso, que no tiene valor, porque si lo tuviera, los padres no lo amenazarían, y se siente culpable por no ser amado. Este sentimiento lo llevará consigo posteriormente en sus relaciones sociales adultas, en las que sentirá que tiene que agradar a los demás para sentirse valorado y para que le quieran. Scott Peck (2000), ejemplifica estos casos de "niños mal amados" argumentando: "(...) y es de este modo que estos niños abandonados psicológicamente o, de hecho, llegan a la edad adulta sin el profundo sentido de que el mundo es un lugar seguro y protector. Por el contrario, ven el mundo como peligroso y asustador. (...) para ellas, el futuro aparece de veras dudoso".

Desde un punto de vista psicoanalítico, en un matrimonio, el hombre representa el falo, es decir, quien tiene algo para dar. Él tiene algo que la mujer no tiene. La mujer desea cubrir esta falta (ella no tiene falo). De esta forma, uno y otro se complementan y – simbólicamente – el hombre da lo que tiene a la mujer que, así, se queda sin la "falta". Pero, lo que pasa en muchas parejas es que, el nacimiento de un hijo (sobre todo si es varón) viene a cubrir esa falta de la mujer. El hijo sustituye al marido e llena esa falta. Esta mujer pasa a realizarse a través del hijo y siente que él cubre su falta. Este hijo vino dentro de ella, y por eso es su pertenencia. Esta madre se olvida de que el hijo no es su pertenencia. Él pertenece a la sociedad. Quien realmente continúa a pertenecerle es el marido. El hombre con quien se casó para ser su complemento y la complementariedad en la vida. Muchas veces, los maridos asumen que la mujer dejó de serlo (dejó de ser la mujer-amante-amiga) para pasar a ser, solamente, la madre, llegando incluso a llamarla "mamá" en vez de por su nombre. La mujer pierde la identidad de compañera, amante, amiga, y pasa a ser sólo "madre". Un día, los hijos se irán de casa (por mucho que les cueste a la mayoría de las madres) y, ¿Qué pasará después, ya sin hijos y, probablemente, sin marido?

Los hombres, como maridos y padres, tienen un papel importante que desempeñar en esta "trama" y "drama" familiar. Cabe al hombre parar con este "juego vicioso" entre su mujer y su hijo. El hombre/marido/padre debe llevar a su mujer a la realidad, diciéndole: "acuérdate de que es a mí a quien perteneces y que yo te pertenezco. Acuérdate de que fue conmigo con quien te casaste y acuérdate de que los hijos un día se irán de casa y es conmigo con quien te quedarás, soy yo quien será siempre tu familia, tu amante, tu marido, tu amigo, tu compañero. Los hijos harán su vida, y es así como debe de ser. Tú eres una mujer, no sólo eres madre, sino también una mujer, con nombre e identidad, y con una vida, más allá del cuidado de los hijos. Ahora, tus hijos te necesitan, pero no será así durante muchos años. A ti, como mujer, como persona, te compete enseñar a tus hijos a ser libres, autónomos e independientes". La familia empieza en la pareja, y termina también en la pareja. Los hijos pasan por la vida de la pareja, pasan temporalmente formando parte de ese "nido", como lugar donde aprenden a ser Personas, aprenden el amor, aprender a amar.

En la familia, el papel del anciano, ha venido sufriendo algunos cambios a través de los tiempos. Este cambio, ha dado origen a la aparición de nuevos problemas de salud mental. El anciano que debería ser una figura venerable y poderosa en la familia, pasó, en la mayoría de las familias, a ser un peso. Otrora, el anciano tenía el principal papel en la familia, como transmisor de experiencias, conocimiento y sabiduría. Actualmente, la sociedad colocó al anciano "en la estantería", olvidando que fue él quien construyó la riqueza y la prosperidad de esa sociedad.

Vivimos en una sociedad apresurada, acelerada y competitiva en demasía, donde se ha perdido el valor de la importancia de ser viejo. No hay tiempo que perder para escuchar el "patrimonio" de saber-haceres de los ancianos ("un viejo que muere, es una biblioteca que arde"). Si la juventud oyese al anciano, ganaría tiempo y conocimiento al oír la voz de la experiencia y de la sabiduría. En las sociedades occidentales modernas, sólo hay tiempo para actuar, y actuar en el sentido de ser productivo y competitivo, si no es así, la persona se convierte en un peso social. Esto, naturalmente, afecta al anciano en su proceso de envejecimiento que empieza a los 65 años de edad, edad de la jubilación.

La persona mayor, con la jubilación, empieza a sentirse un ser inútil. Y es así porque es este el valor transmitido por los códigos sociales – mass media – a los más jóvenes. La juventud y los jóvenes adultos no dan valor al viejo porque entienden que el geronte está desfasado de la realidad sociocultural. A nivel biopsicosocial, el anciano sufre las consecuencias de este hecho, podríamos decir, de ser marginado. Por un lado, su cuerpo pierde el valor que tuvo: ya no es competitivo, ya no tiene "belleza". La propia visión del anciano sobre su cuerpo, como un cuerpo "inválido", hace que éste tenga menos cuidados. Negligenciar el cuerpo es el preludio para otras negligencias.

Las alteraciones de la movilidad, la percepción y de la cognición, llevan al anciano a considerarse socialmente como "inactivo" porque los más jóvenes, inculcan que únicamente quien trabaja es digno de participar en la construcción social. Esta es la excusa de un Estado que no quiere asumir la responsabilidad de proporcionar a los ancianos aquello a lo que ellos tienen derecho. Más cuidado y mejor cuidado, es decir, la manutención de la autonomía de los ancianos enfermos y su reinserción social en todos los casos en que sea posible y deseable.

El anciano que interiorice, bien sea el sentimiento de inutilidad, bien el sentimiento de "invalidez", tendrá un sentimiento de baja autoestima y desarrollará esquemas de tristeza, ansiedad y otras enfermedades mentales. A pesar de existir cada vez más trabajos científicos sobre la depresión, la depresión en el geronte, ha sido poco investigada. Jorge Branco cita: "(...) en la evaluación del anciano, deberá prestarse una atención especial a la valorización funcional y psicosocial. Existen patologías frecuentes en el anciano que son omitidas por las clínicas, como la depresión, incontinencia, anemia, sordez, déficit de visión, caídas, reacciones adversas a medicamentos".

Uno de los motivos de la depresión, es el hecho de que el anciano sufre grandes carencias afectivas, además, se añade a esto el hecho de que no son valorizados socialmente. Todo esto va minando su psique, y se traduce en una apatía cada vez mayor, a lo que se junta la falta de incentivos sociales, pues parece que los políticos se olvidan siempre de los programas prometidos para la "tercera edad". Los políticos olvidan que el Anciano quiere participar en la actividad de gobernación de su país, bien sea socialmente activo, bien socialmente productivo. Los ancianos quieren simplemente continuar haciendo cosas de interés real, estimulando el cuerpo, la mente y el espíritu y que, al mismo tiempo, les dé un lugar en la sociedad. Por suerte, aún hay instituciones prestigiosas como la UITI, donde las personas jubiladas continúan VIVIENDO, porque están VIVAS.

Es en la familia donde se debe producir el cambio social fundamental, en el sentido de dar al anciano el valor que éste tiene. Es en la familia donde se debe comenzar a dar más atención al anciano. La familia no puede ver al anciano como un peso. ¿Acaso ellos no serán algún día viejos? Es la responsabilidad de la familia, no del Estado, volver a dar VALOR al Anciano, como ser creativo, responsable y contributivo para la más valía de la familia. El anciano tiene un papel primordial que llevar a cabo con sus nietos. A los nietos puede transmitirles sus experiencias de vida, sus conocimientos e intercambiar con ellos las necesidades afectivas, de comunicación y de interacción. Sólo así, se establecen los lazos intergeneracionales. Tener un anciano en la familia es un privilegio.

El anciano satisface sus necesidades de filiación, de altruismo y de intercambio de cultura, en la familia. La familia como institución debe desarrollar todas las potencialidades del anciano, tanto a nivel psicológico, como a nivel afectivo, social, económico, espiritual. Por lo tanto, es en la familia donde se desarrollan todos los procesos importantes de la vida de una persona. Digamos, para concluir, que la familia debe cambiar con los tiempos porque también los tiempos cambian por el cambio en las familias. Pero el cambio debe ser siempre, cada vez más dignificante para el anciano.

"OITENTA ANOS! ADEUS OLHOS,
ADEUS OUVIDOS, ADEUS DENTES,
ADEUS PERNAS, ADEUS FÔLEGO!
E É ESPANTOSO, NO FUNDO,
COMO CONSEGUIMOS PASSAR
SEM TUDO ISSO..."
CLAUDEL


BIBLIOGRAFIA

BRANCO, G.O Médico de Família e a Saúde Mental.
FROMM, E.A Arte de Amar. Cascais, Pergaminho Editora, 2002.
GLEITMAN, H.Psicologia. Lisboa, Fundação Calouste Gulbenkian, 2002.
KOENIG, S. – Elementos de sociologia, 7ª Ed. Rio de Janeiro, Editora Guanabara, 1988.
NEVES, O. – Dicionário da Origem das Palavras.
PARRA, J. M. – A arte de envelhecer em família. Lisboa, Rotary Clube de Lisboa, 1992.
PARRA, J. M. – Antropologia do amor. Lisboa, UITI, 1989.
ROLLO, M. - O Homem à procura de si mesmo, 10ª Ed. Petrópolis, Vozes editora, 1984.
SCOTT PECK, MO caminho menos percorrido. Cascais, Sinais de Fogo Publicações Lda. 2000.


NOTAS

(1) Cf. KOENIG, S. – Elementos de sociologia.
(2) ORLANDO, N. – Dicionário da origem das palavras.


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