7.- La Conciencia
 

7.1. ¿A qué llamamos conciencia?

 

Hace sesenta mil años, en algún grupo de neardentales, surgió una magnífica propiedad que ha convertido al ser humano en ser humano: La Conciencia.

En yacimientos en el norte de Irak se encontraron restos de neardentales que contenían algo extraño: polen de flores de los alrededores de la cueva en donde yacían ocultos los restos. Pareciera que en estos enterramientos se habían depositado flores para honrar a los muertos. Si la lectura de este hallazgo es correcto, cabe suponer que aquellos antepasados de la especie humana sabían lo que significaba la muerte, o, tal vez, habían concedido una significación a la muerte que ningún otro ser vivo ha generado. ¿Eran nuestros antepasado neardentales conscientes de sus propias vidas y de sus destinos?

El ser humano es lo que es, al menos en su diferenciación con el resto de los seres vivos, porque es consciente. Pero, ¿qué entendemos cuando decimos que el ser humano es consciente?

Hemos estudiado el cerebro, hemos intentado comprender cómo pueden surgir de una maraña de células interconectadas entre sí las imágenes mentales que vemos cuando contemplamos un paisaje o cuando lo rememoramos, los conceptos que nos permiten clasificar los componentes del mundo, los significados de las palabras que usamos para nombrarlos; pero continúa siendo un misterio, que hoy empezamos a poder abordar científicamente, cómo de un órgano físico compuesto de células y de impulsos eléctricos pueden emerger imágenes, pensamientos, recuerdos y sentimientos tan complejos como el amor, los celos o la nostalgia.

Pensamientos y sentimientos que nos son exclusivos a cada individuo, que se manifiestan privada e incorregiblemente, que tienen un gran margen de variabilidad entre individuos, que son, en fin, de cada cual. Recuerdos y experiencias que nos conforman y que constituyen lo que somos y lo que hemos vivido. Porque podemos apreciar la secuencia de cosas que nos pasan y que sentimos, tenemos un sentido del tiempo, del yo y de la vida que estamos viviendo. Imaginemos que perdemos esta capacidad, imaginemos que no somos conscientes de lo que nos pasa en cada momento, ¿cómo serían nuestras vidas? Sin duda pareceríamos animales que respondemos a los estímulos inmediatos sin ninguna posibilidad de previsión, de valoración de lo que nos puede pasar, ni de lo que queremos hacer en el futuro. Viviríamos en un presente inmediato, no tendríamos la posibilidad de planificar, ni tampoco de pensar nuestras alternativas, nuestras posibilidades. No tendríamos una vida que contar y solamente nos guiaríamos por las emociones básicas como el dolor, el placer o el miedo.

Básicamente la conciencia es todo esto y sus consecuencias. Pensemos por ejemplo en la acepción de conciencia moral, del remordimiento o de la culpa. Esta posibilidad exclusiva de los humanos depende de una inteligencia compleja, de la capacidad de prever el futuro y de la capacidad de ponernos en el lugar de otra persona. Gracias a la conciencia tenemos la idea de lo que es una persona, y por ella podemos compadecernos de nuestros semejantes, comprendernos y comunicarnos. Para todo esto es preciso una mente consciente.

Fundamentalmente la conciencia es la experiencia fenoménica que tenemos del mundo. Es la diferencia entre estar despierto o estar dormido (y sin soñar).Esta experiencia fenoménica es la percepción particular e intencionada que hacemos de lo que nos rodea. Los filósofos han empleado diversas expresiones para referirse a esta experiencia fenoménica, nos hablan de los datos sensoriales, de los qualia para referirse e nuestras sensaciones subjetivas de color o de dolor, de calor o de frío, de temor o de alegría. Eso que sentimos al tener contacto con la realidad. Son la cualidades de las cosas en función de que alguien las perciba. Pensemos en el color, en realidad el color es algo que depende no sólo del objeto sino de un sujeto que perciba un determinado objeto de la realidad.

Naturalmente estos datos sensoriales son algo que en gran medida imponemos a nuestra percepción en función de una determinada segmentación de los datos que llegan al cerebro y en función de nuestra intención. Por eso una de las características de la conciencia es su intencionalidad. La conciencia siempre es conciencia de algo, apunta a algo, se refiere o nos remite a algo.

Comparémonos ahora con los modernos ordenadores. Los ordenadores, cada vez más, son capaces de realizar tareas que requieren inteligencia, muchas de ellas las ejecutan con fiabilidad y rapidez mayor que los humanos, pero por ahora carecen de la capacidad de ser conscientes de sí mismos. Los ordenadores son máquinas sintácticas, procesan cadenas de signos sin concederles ningún significado, el significado es siempre otorgado por el programador o por el usuario de la máquina. La Conciencia humana es semántica, es capaz de conceder significado a los contenidos de su mente. Es decir, la mente humana es capaz de establecer una relación entre el contenido de su mente y los objetos del mundo que se representan en la conciencia.

La experiencia fenoménica es entonces principalmente un intento por dar sentido al mayor número de datos que recibimos de la realidad atendiendo a nuestra utilidad. Naturalmente en este esfuerzo interviene algo que alimenta a la conciencia que es un sistema de creencias socialmente adquirido. Necesitamos saber lo que nos conviene y lo que no, y nuestra vida fundamentalmente consiste en ir adquiriendo opiniones sobre las cosas. Por eso la conciencia tiene un papel causal en nuestra conducta. Nos comportamos en función de lo que creemos y para eso saber que se sabe, es decir, ser conscientes resulta fundamental. Resumiendo, entonces, a lo que llamamos conciencia es:

  • Una propiedad o un proceso que emerge de nuestro cerebro

  • Que interpreta la realidad en función del sujeto

A esto es a lo que hemos denominado experiencia fenoménica, que es:

  • Intencional: Refiere siempre a alguna otra cosa

  • Semántica: Aporta un significado simbólico que permite relacionar el dato sensorial con los objetos del mundo.

  • Privada: La experiencia consciente es siempre de cada cual, no podemos sentir lo que siente el otro

  • Incorregible: En consecuencia no podemos corregir a nadie sobre lo que siente o piensa:

  • Indubitable: Se manifiesta con tal claridad que no dudamos de los que percibimos o sentimos, lo que no significa que sea verdadero o nos equivoquemos respecto del mundo. Solamente no nos equivocamos sobre lo que percibimos.

 

7.2.- El Estudio Científico de la Conciencia.

 

Prácticamente hasta la década de los 80, la conciencia no ha sido abordada por la ciencia. Podemos exceptuar de esto el trabajo de Freud, pero lo consciente o lo inconsciente en Freud es muy distinto de lo que estamos expresando aquí.

Indudablemente, la ciencia tal y como ha surgió desde el Renacimiento no tiene recursos para estudiar algo que no se puede experimentar en un laboratorio, que no se puede presentar públicamente y que no se compone de materia, fuerza o energía. La consecuencia de todo esto fue considerarla como un epifenómeno, algo que no tenía ninguna eficacia causal para el estudio del ser humano, era una manifestación marginal que podría explicarse en términos de causas y efectos físicos.

Sin embargo hoy por hoy esta concepción ha cambiado y hoy resulta ser uno de los problemas fundamentales que tiene planteada la ciencia. Se ha comprendido que cualquier ciencia que pretenda estudiar al ser humano, especialmente la psicología, debe abordar este fenómeno si quiere ser una ciencia que sirva a los hombres para su mejor comprensión.

Si más allá de las necesidades de la publicidad, el consumo, la manipulación política, pensamos en una ciencia que puedan utilizar los hombres para comprender cómo piensan y cómo actúan es evidente que hay que incluir a la conciencia como un objeto de estudio.

Si no revisemos brevemente las conductas que permite la experiencia fenoménica y veremos que finalmente son por estas conductas por las que decimos que somos inteligentes. La experiencia fenoménica es fundamental en los siguientes tipos de conducta:

 

1.- Auto-seguimiento: Es necesario para modelar nuestros estados propios y nuestra relación con el medio tener un seguimiento y modificar la información recogida por nuestros receptores sensoriales y relacionarla con nuestras grabaciones sobre nuestra posición y nuestros planes. Son estas operaciones las que nos va a permitir una existencia ordenada. Son precisamente estas operaciones relacionales en lo que consiste nuestra vida mental.

2.- Metacognición y aprendizaje: Por metacognición queremos expresar aquí el conocimiento de lo que se sabe o se percibe. Pero esto que se sabe o se percibe, es decir, el objeto del metaconocimiento es la experiencia fenoménica. Asociado al metaconocimiento cabe colocar ciertos tipos de aprendizaje. Para ciertos tipos de aprendizaje es necesario poder prestar atención a las propias sensaciones o acciones.

3.- Tareas: Los organismos más que sistemas que procesan información son sistemas que llevan a cabo tareas. La experiencia fenoménica nos permite mantener la relación que se establece entre el objetivo de la tarea, la intención, y cómo se lleva a cabo. Lo que mantenemos significativo, de lo que damos respuesta, es de la relación semántica que, como hemos visto, los modelos computacionales no pueden abordar, por no poder integrar los contenidos dentro de las funciones. La inteligencia es realizar tareas con éxito, y en la mayor parte de los casos eso exige un uso (creativo) de ciertos recursos que no tienen porqué estar disponibles. Parece evidente que la conciencia es necesaria en al menos tres casos:

(i) Cuando las tareas, que no son dadas biológicamente, se realizan por primera vez, la organización -la descripción de alto nivel- necesita ser consciente.

(ii) La intención de realizar tareas no habituales o no guiadas por estímulos necesita ser consciente.

(iii) También debemos ser conscientes de la tarea misma, es decir, del resultado deseado y de su relación con el punto de partida.

4.- Acciones voluntarias sobre el medio: En muchos casos esto resulta trivial. Sólo porque somos conscientes, por ejemplo, de algún segmento del medio iniciamos voluntariamente acciones sobre ese segmento. De lo contrario, porque la intención es consciente no podrá formarse si una parte de ella no está en el estado adecuado. Es decir, aunque tengo la intención de recoger un billete de cinco mil del suelo, no voy a emprender esta acción si no soy consciente de que está a mi alcance. Porque, además, no sería razonable y normalmente no realizamos acciones sin razón.

Desde este punto de vista existe hoy la necesidad de estudiar la conciencia si queremos comprender en qué consiste la inteligencia. Por ahora los resultados son muy especulativos y todavía es sumamente complicado recorrer por completo el camino que nos ha de llevar desde el cerebro a la mente consciente. Por lo que parece, resolver este enigma será algo que nos pueda deparar el futuro o tal vez no, pero por ahora podemos revisar algunos logros de la mano de los autores que más hemos estado siguiendo a lo largo de este curso Edelman y Damasio, veámoslo.

 

7.3.- Algunas ideas para una teoría de la Conciencia

 

Iniciando nuestro estudio en el cerebro hemos intentado analizar cómo puede este órgano construir imágenes mentales, cómo categoriza la realidad, como almacena recuerdos y como tiene emociones. Hemos visto que para tener sentimientos hace falta cierto nivel de conciencia.

Efectivamente la conciencia, tal y como la hemos descrito anteriormente, requiere de todos estos procesos y elementos para su emergencia. Sin embargo, como hemos visto también, para que toda esta capacidad se produzca se necesita también cierto nivel de conciencia. ¿Cómo podemos resolver este dilema? Si para la conciencia hace falta:

  • La habilidad para producir una categorización perceptiva

  • La memoria como proceso de recategorización continua

  • Aprendizaje, es decir, la capacidad de producir nuevas conductas dependiendo de las exigencias del medio.

  • Una discriminación entre lo que es el yo y lo que no lo es

Y para generar todo este conjunto de capacidades necesitamos de cierta consciencia, entonces ¿no es esto un círculo vicioso?

Nada en la mente humana es simple y efectivamente la conciencia es la propiedad que la hace más compleja aún. Los investigadores para comprender este dilema describen el surgimiento de la conciencia como un proceso gradual.

Damasio por ejemplo nos habla de tres tipos de conciencia que asocia con otros tantos yoes. Cada uno exige del anterior. Así encontramos la siguiente secuencia:

1.- Proto-Yo: Es una colección interconectada temporalmente coherente de patrones neurales que representan el estado del organismo momento a momento, en múltiples niveles del cerebro. No somos conscientes del proto-yo. Este proto-yo es lo que nos permite distinguirnos del medio externo, naturalmente debe existir en la mayor parte de los seres vivos.

2.- Yo Central: El yo central es inherente al informe no-verbal de segundo orden que ocurre siempre que un objeto modifica al proto-yo. El Yo central puede dispararse ante cualquier objeto. El mecanismo de producción del yo central experimenta cambios mínimos a lo largo del tiempo. Somos conscientes de este yo. Es de alguna manera la conciencia de que somos una entidad y de que otras cosas que no son yo nos afectan, se mueve exclusivamente en el presente, como dirá Edelman es un "presente recordado".

3.- Yo Autobiográfico: Se basa en la memoria autobiográfica que se constituye por memorias implícitas de múltiples casos de experiencia individual del pasado y del futuro anticipado. Los aspectos invariantes de la biografía individual forman las bases para la memoria autobiográfica. Los conjuntos de recuerdos que describen la identidad y la persona pueden reactivarse como patrones neurales y hacerse explícitas como imágenes siempre que se necesite. Cada recuerdo reactivado opera como un "algo-para-ser-conocido" y genera su propio pulso de conciencia central.

 

Secuencia del desarrollo de la Conciencia y del modelo del yo según A. Damasio

 

Correlativamente Edelman nos habla de una conciencia primaria y de una conciencia superior:

  • Conciencia Primaria: Compuesta de experiencias fenoménicas, limitada al tiempo medible como presente y cae bajo el informe directo, individual y descriptivo de su punto de vista. Se experimenta como una "imagen mental" de los eventos categorizados en el momento. Es un tipo de "presente recordado"

  • Conciencia Superior: Se basa en la ocurrencia de una conciencia directa de un ser humano que tiene lenguaje y una vida subjetiva narrable.

Efectivamente La conciencia Primaria de Edelman responde a lo que hemos descrito como experiencia fenoménica y se correspondería con la noción de Yo Central de Damasio, requiere lo que hemos indicado anteriormente para su emergencia. La Conciencia Superior es lo característico del ser humano y como vemos, y vimos en el tema de la memoria, depende de la capacidad de formar una memoria autobiográfica rica y de los recursos del lenguaje que permitirán narrarnos nuestra vida. Por eso en gran medida somos lo que nos contamos y por eso un amnésico no alcanza este nivel de conciencia, vive en el presente exclusivamente.

 

Mecanismos de la Conciencia según G. Edelman

 

Para adquirir una conciencia superior, los sistemas de memoria deben relacionarse a una representación conceptual de un yo verdadero que actúa sobre un medio y viceversa, un yo que resulta ser un yo social fruto de las interacciones del sujeto con otros sujetos que como en un espejo le devuelven una imagen de identidad. Debemos pues construir un modelo conceptual de la identidad personal, también tener un modelo del pasado.

Se necesitan repertorios cerebrales para retrasar respuestas. Estos repertorios deben ser capaces de categorizar los procesos de conciencia primaria. Esto se produce a través de medios simbólicos, por comparación y recuerdo durante la transmisión social y el aprendizaje.

Durante la adquisición de la semántica, un recuerdo aparece cuando relacionamos símbolos del habla a la gratificación de necesidades afectivas en interacciones coespecíficas familiares, alimenticias o sexuales. Es decir, cuando podemos establecer una relación significativa entre experiencias agradables para el organismo y el concepto que creamos de estas experiencia y que nombramos con palabras. De esta manera vamos construyendo nuestra vida.

La interacción entre el conjunto especializado de memorias y la memoria conceptual valor-categorial, que es esa memoria en la que incluimos los valores que nos producen las cosas al relacionarnos con ellas, permite una representación del mundo. Y dada la capacidad de distinguir tales modelos conceptuales-simbólicos de experiencias perceptuales en curso, puede desarrollarse un concepto del pasado. Si he tenido una experiencia dolorosa cuando he puesto la mano en el fuego, por ejemplo, y he asociado el valor de dolor con el fuego, ante una nueva imagen de fuego inmediatamente puedo compararla con recuerdos pasados. Diremos entonces: "no hagas eso porque yo una vez lo hice y me quemé". Indudablemente las posibilidades de supervivencia en muchos casos viene promovida porque alguien de mayor experiencia nos advierte del peligro o del daño que pueden representar para nosotros tales o cuales cosas. Por eso en gran medida la conciencia exige una relación con el medio, pero también social, con otras personas que van a ayudarnos a construir nuestro sistema de creencias.

El presente recordado se sustituye por una estructura de pasado y futuro. Nace así la conciencia del tiempo fundamentalmente asociado a nuestro transcurrir vital, a la secuencia de episodios que tenemos catalogados como buenos, agradables o placenteros o, a la inversa, malos desagradables y dolorosos. Nuestro nivel de conciencia es por así decirlo una conciencia de la conciencia de lo que nos pasa en cada momento como organismos independientes de un medio con el que interaccionamos y que nos afecta.

Para esto como vemos necesitamos de un aprendizaje social y, en consecuencia, de una vida en sociedad. Somos, como diría Aristóteles animales sociales, por eso nuestra explicación de la mente inteligente que hemos querido compartir queda incompleta, pero abierta al futuro por el deseo de compartir lo que se sabe.

La Conciencia nos abre a la aventura de imaginar alternativas, de crear metáforas, de ir más allá de lo que dispongo, de transcender la realidad. La conciencia es como dice Oatley, un psicólogo británico, "la actividad de simular aspectos del mundo en imágenes y metáforas que experimentamos de manera comparable a nuestra experiencia perceptiva inmediata". Pero, ¿qué es todo esto sino lo que denominamos pensar? ¿Y no se nos abre una puerta en ese pensamiento a la producción de nuevo conocimiento? Esa disponibilidad simbólica de la realidad es lo que nos permite obtener conclusiones, generar nuevo conocimiento a partir del que ya poseemos, en fin, razonar.

 

7.4. El Razonamiento como herramienta adaptativa

 

La conclusión fundamental a todo este largo recorrido -naturalmente- coincide con el principio: La inteligencia humana es un recurso adaptativo que ha generado el ser humano en su proceso evolutivo.

Efectivamente, pensar es un proceso que se inicia con la creación de imágenes que integramos, emparejamos, proyectamos o asociamos con nuestros conceptos o esquemas que tenemos memorizados, con los cuales nos representamos las situaciones del mundo y de nosotros mismos en un proceso simbólico que necesitamos estructurar en secuencias sintácticamente, esto es, lógicamente, organizadas. Tras ello podemos prever lo que sucederá, evaluar las consecuencias de nuestros actos, anticipar para evitar episodios desfavorables y promocionar los que más nos benefician. Naturalmente este curso de pensamiento puede verse influido por nuestras emociones, por factores físicos o sociales que modulan, habitúan, prejuzgan nuestras maneras de representarnos las cosas del mundo. Constantemente pensamos, eso significa que construimos secuencias temporalizadas de imágenes o conceptos que representan simbólicamente cosas o eventos y que podemos poner en movimiento para producir -simbólicamente- lo que aún no ha acontecido. Ese poner en movimiento, que necesita naturalmente no sólo una memoria en funcionamiento, sino también una conciencia de lo que estamos pensando, es a lo que podemos denominar razonamiento.

De esta manera, tal y como Kant nos dijo, el razonamiento consiste en producir juicios. Un juicio tiene la forma de una proposición, es decir, de una oración. Por ejemplo 'esta mesa es verde' es un juicio. En él están contenidos conceptos: 'mesa', 'lo verde'; también hay imágenes que singularizan nuestros objetos o que emparejamos con los conceptos y hay una estructura lógica, sintáctica, que nos permite en una secuencia expresar un estado de cosas del mundo. Para incorporar esa estructura lógica nos servimos de elementos de enlace como el verbo 'ser' o de conjunciones o cuantificadores que nos indican el dominio del que hablamos, etc. Estos elementos, como vimos, tienen un origen en nuestros esquemas de imágenes que contienen una lógica implícita, pero que hemos exteriorizado, para facilitar nuestro pensamiento, en ciertos elementos del lenguaje. Esos elementos, que nos permiten razonar, también nos permite ir de lo dado a que todavía no sabemos o no ha ocurrido. Pues una vez creado un juicio podemos conectarlo con otro e incluir una secuencia causal o deductiva entre ellos. Por ejemplo:

Supongamos que hemos obtenido un juicio tal como:

(1) Todos los hombres son mortales

Y que posteriormente conocemos a Juan y construimos el siguiente juicio

(2) Juan es un hombre

¿Necesitamos esperar a la muerte de Juan para deducir

(3) Juan es mortal?

Razonando, es decir, encadenando juicios conocidos podemos llegar a obtener nuevos conocimientos, prever situaciones, tomar decisiones, etc. Pues bien, esa es la idea de Razón. Visto así la Razón no es una facultad del ser humano, no es nada sustantivo, como tampoco lo era la memoria o la conciencia, mejor, es una característica que adopta el pensamiento cuando compone, relaciona y genera juicios respetando las estructuras lógicas contenidas en los juicios mismos.

Pero con la idea de Razón va asociado además un componente adicional de suma importancia. Analicemos el siguiente texto:

La razón no es una facultad especial: es un proyecto de la inteligencia, decidida a saber si hay evidencias más fuertes que las privadas, a evaluarlas y a aceptarlas si llegara el caso. Por eso es más correcto usar el adjetivo «racional». Hay una inteligencia racional, que es un paso más en la larga historia que comenzó con una inteligencia computacional capaz de autodeterminarse.

Pero ya he dicho que el conocimiento de la realidad es sólo una de las funciones de la inteligencia. También es tarea suya inventar nuevas posibilidades y también en esta tarea se deja seducir desde la lejanía por la idea de racionalidad. Recordará el lector que la inteligencia se definía por sus proyectos y que su proyecto de mayor envergadura era el de un sujeto inteligente o de una vida inteligente. Pues bien, ese proyecto se concreta en un sujeto universalizado por la razón dispuesto a plegarse ante el argumento más poderoso o ante el valor más alto que no sería sino la mejor posibilidad pensable.

José Antonio Marina. Teoría de la Inteligencia Creadora. Anagrama. Madrid, 1993

En las páginas anteriores hemos criticado la idea del ser humano como un sistema computacional, como un sistema que procesa información. Sin embargo lo que J.A. Marina presenta en este texto es esclarecedor. Pues efectivamente se reconoce que sobre un nivel de procesamiento, hay otro nivel superior en el que el organismo se autodetermina, fija sus planes y objetivos y elabora estrategias para conseguirlos. Ahora bien esta capacidad creadora de inventar posibilidades mediante el razonamiento nos lleva directamente a desear la mejor de las posibles. La razón tiene que ver con esa idea de lo mejor, con el mejor argumento y con el máximo valor. Eso es efectivamente un proyecto, pero un proyecto de la humanidad, pues necesita unanimidad determinar que es lo mejor de lo posible y esa unanimidad sólo se puede conseguir si la propia estructura lógica de la secuencia de razonamiento es evidente en sí misma, esto es, si nadie que analizara el argumento pudiera negar su validez. Este proyecto, que ha seducido a la humanidad desde siempre, sólo se ha concretado con rotundidad en las ciencias formales, matemáticas y lógica; y aún deseamos concretarlo por ejemplo en el campo de la ética. Posiblemente sea imposible, pero sin duda a la humanidad le gustaría construir y convencerse de que algo constituye la mejor vida de las posibles. A eso, tanto en la práctica como en la teoría, Kant lo llamó el Ideal de la Razón.

La Inteligencia humana, generada en el proceso evolutivo de la especie, ha sido capaz de crear el proyecto de lo mejor, la mejor manera para hacer tal o cual cosa, la mejor manera para relacionarnos entre nosotros mismos y con nuestro medio natural, el mejor yo que podamos, el mejor de los mundos posibles. Ha depositado en estos propósitos la esperanza en cierta idea de la humanidad y del progreso, no ya biológico sino social.

Con nuestra inteligencia apareció la espiritualidad que demostraban nuestros antecesores los neardentales cuando depositaban flores en las tumbas de sus seres queridos muertos. Con nuestra inteligencia aparece la curiosidad de saber, de preguntarse por el principio, la causa y el fin, eso es la Filosofía. Con nuestra inteligencia surge la preocupación por vivir bien, por ser felices y eso es la ética. Cultivar la inteligencia es lo propio del ser humano.

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