Tratamiento farmacológico

de los

trastornos de ansiedad

Dr. Antonio Cano Vindel

Presidente de SEAS (Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés)


    En Europa, la gran mayoría de los pacientes con trastornos mentales son atendidos por un médico de Atención Primaria (64,2% en el estudio ESEMeD-Europa), por lo que el tipo de tratamiento recibido mayoritariamente es el tratamiento farmacológico (Kovess-Masfety et al., 2007).

    En España, entre los individuos que sufren algún trastorno mental, el tipo de tratamiento recibido en los últimos doce meses con mayor frecuencia es la farmacoterapia con un 35,3% como terapia única y un 29,4 como terapia combinada con alguna forma de terapia psicológica. Mientras que sólo el 4,5% de pacientes recibió tratamiento psicológico como terapia única  (Codony, Alonso, Almansa, Vilagut, Domingo, Pinto-Meza, Fernández et al., 2007a).

    Para los trastornos de ansiedad, en nuestro país reciben tratamiento psicológico, como único tratamiento, en los últimos doce meses el 0,9% de las personas que tienen algún trastorno de ansiedad y no reciben ningún tratamiento el 39% de los pacientes que sufren cualquier trastorno de ansiedad (Codony, Alonso, Almansa, Vilagut, Domingo, Pinto-Meza, Fernández et al., 2007a).

    La evidencia científica señala que los tratamientos de elección para los trastornos de ansiedad son las técnicas psicológicas cognitivo-conductuales, mientras que hay evidencia que muestra que el tratamiento farmacológico no se ha resultado eficaz en un gran número de casos que han seguido este tratamiento durante varios años (a veces varias décadas).

    El paciente con trastornos de ansiedad necesita para curarse, en primer lugar, una correcta información sobre lo que le está sucediendo. Pero, el médico de atención primaria no tiene una buena formación sobre trastornos mentales, como lo demuestran los planes de estudio sobre medicina y las encuestas realizadas a los propios médicos, en los que son bajos los porcentajes de estos profesionales que declaran tener una buena formación en este campo. Tampoco tienen tiempo material para transmitir al paciente dicha información, pues ya hace algunos años que la duración media de una consulta era de siete minutos (Segui et al, 2004) y desde entonces ha empeorado, pese a que existe una plataforma de médicos de Atención Primaria que viene reclamando al menos diez minutos.

    En lugar de información, el paciente con trastornos de ansiedad sale de la consulta del médico con la sensación de que no le han escuchado y con una receta en la mano, donde le prescriben psicofármacos, que no sabe si tomar o no.

    Los tranquilizantes son eficaces para reducir la sintomatología ansiosa durante unas horas, pero no le enseña al paciente a pensar de otra manera para dejar de producir estos síntomas. Además, al cabo de un tiempo el organismo se habitúa a estos medicamentos y se reduce considerablemente su efecto. Sin embargo, el problema de estos tranquilizantes no se para ahí, sino que también producen adicción y a algunas personas les resultará muy difícil volver a dejarlos. A esto hay que sumar los efectos secundarios no deseados, tales como, los problemas que se pueden generar al conducir o manejar máquinas peligrosas, mujeres que desean quedarse embarazadas, señoras mayores que se caen y se rompen la cadera (disminuye en siete años su esperanza de vida, sino tienen un buen apoyo social), etc.

    El consumo de fármacos antiestrés en España se ha disparado en los últimos años según los datos de la Dirección General de Farmacia, DGF (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008), pero el fenómeno no es nuevo y sigue un ritmo constante. El problema del abuso en el consumo de estos fármacos tiene distintas vertientes (eficacia terapéutica, gasto farmacológico, otros gastos, efectos secundarios adversos, calidad de vida, etc.):

    Conocemos desde hace años el considerable gasto económico en fármacos ansiolíticos y antidepresivos (el gasto económico en antidepresivos no tricíclicos en el año 2001 alcanzó unos 448 millones de euros, 75.000 millones de las antiguas pesetas; en el año 2002 fue de 526,6 millones de euros, lo que supuso un aumento del 17,5% en un año); el número de envases de tranquilizantes dispensados en el año 2001 fue de casi 35 millones (con un incremento del 259,4% en el periodo 1997-2001), y en el 2002 fue de 36,274 millones de envases (prácticamente un envase por cada español adulto, según cifras de ese año). En el año 2004, el consumo de ansiolíticos (benzodiacepinas) alcanzó la cifra de 38,60 millones de envases, con un gasto de 108,74 millones de euros. Al mismo tiempo, debemos tener en cuenta que todos estos datos se basan en la receta oficial, que supone “sólo” en el mejor de los casos el 80% del consumo.

    Según García del Pozo et al. (2004), tras valorar el consumo de tranquilizantes en España, encontraron que el número de Dosis Diarias Definidas (DDD) por cada 1000 habitantes/día alcanzó en 2002 un valor de 62,02, cuando su valor máximo recomendado por el grupo de expertos es de 24 DDD. Es decir, el consumo de dicho año superó en más de un 158%, el consumo máximo recomendado. Además, estos autores constataron que el número de DDD se había incrementado en un 56,2% desde el año 1995, fecha en la que alcanzó un valor de 39,71 DDD, lo que supone un incremento medio anual superior al 7%.

    En la población adulta española, la prevalencia de consumo de psicotropos es mayor en las mujeres que en los varones. La variable más fuertemente asociada a dicho consumo son los problemas de ansiedad o depresión y la dificultad para dormir (Carrasco, Astasio y Ortega, 2001). En el área de AP de Albacete con una población superior a los 350.000 hab., en el año 2006, se consumieron más de 192.000 envases de antidepresivos (2,76% del consumo total de medicamentos), 340.000 envases de ansiolíticos (4,87%), y 82.000 envases de hipnóticos y sedantes (1,7%). En definitiva, casi un 10% de todos los medicamentos que se consumen tienen que ver con la ansiedad y/o la depresión. Además, solamente los antidepresivos suponen el 5,28% del total del gasto en medicamentos.

    Según los datos de la DGF del 2006 (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2007) en España, con receta médica oficial que representa el 68,56% del consumo total de medicamentos sin incluir las de uso hospitalario, se consumieron 42.526.740 envases de derivados de las benzodiacepinas (6,35% más que en el año anterior), 15.389.100 envases de antidepresivos tipo ISRS (6,54% más que el año anterior) y 6.075.070 de otros antidepresivos.

    Con datos aún más recientes, en el 2007 (69.03% receta oficial sobre el total) los ansiolíticos consumidos han sido 43.527.860 (2,35% más que el año anterior) y los antidepresivos tipo ISRS 15.767.920 (2,46% más que en el 2006) y 7.301.230 de otros antidepresivos (20,18% más que el año anterior). Es de resaltar los incrementos más fuertes en el subgrupo de otros antidepresivos, en torno al 20% por año en los últimos dos años, siendo el precio por envase de 36,57 euros el más caro de los tres tipos (2,61 euros por envase de benzodiacepinas y 23,94 euros de cada envase de los ISRS).

    El gasto en antidepresivos para ese año (2007), sumando ambos tipos, ascendió a 644,53 millones de euros y junto con los ansiolíticos el gasto total ascendió a 758 millones de euros.

    Si sumamos los tres grupos y calculamos teniendo en cuenta que la receta médica solo cubre el 69.03% del consumo total obtenemos que en el 2007 (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2008), se consumieron realmente 96,5 millones de envases relacionados con el tratamiento de la ansiedad y/o depresión, sin tener en cuenta el consumo hospitalario.

    Teniendo en cuenta que la población española mayor de 18 años el 1 de enero 2008 es de 37.644.314 habitantes, se da un consumo de 2,56 envases por adulto entre ansiolíticos y antidepresivos (1,68 envases de ansiolíticos, 0,61 envases de ISRS y 0,28 de otros antidepresivos). El coste aproximado es de 1.100 millones de euros al año, lo que equivale a un gasto de 29,2 euros por adulto y año. Teniendo en cuenta que según el estudio EsEMED en España un 16% de los adultos consumen este tipo de sustancias, el gasto por paciente es de 182,3 euros  en el año 2007. A su vez, este consumo representa el 16,16% de todos los envases consumidos con receta médica de cualquier tipo de fármaco.

    No hay muchos estudios sobre el impacto económico de las diferentes enfermedades atendidas en AP. En un trabajo realizado sobre los datos de un CS de Badalona (Sicras Mainar, 2002) se obtuvo un coste, referido al año 2000, de 304,3 euros por episodio de depresión y/o ansiedad (226,5 para depresión y 77,8 para ansiedad). En este coste se incluyen tanto los costes farmacéuticos (56% del gasto, ó 170,41 euros del año 2000, por episodio) como el resto (personal, mantenimiento instalaciones, pruebas diagnósticas, etc.). La depresión fue el cuarto tipo de enfermedad que más gasto generó en este centro de AP, con un 4,5% del gasto total.

    Pero el coste sanitario entra dentro de los costes directos, que sólo representan el 29% de los costes totales de esta enfermedad, pues el 71% se debe a costes indirectos (discapacidad, pérdida de productividad, etc.). Así, a pesar del alto coste farmacéutico en antidepresivos, sabemos que éste supone sólo el 9% del total del coste de la depresión en España hoy en día, que asciende a 5.005 millones de euros al año (Valladares et al., 2008).

    En un estudio hecho mediante el sistema de encuesta en Asturias, se encontró que el 37,9% de los pacientes que acuden a las consultas de AP consume psicofármacos. El consumo de estos medicamentos era significativamente superior en las mujeres, en las amas de casa, en los desempleados y en las personas de bajo nivel educativo. Los trastornos de ansiedad, del sueño y los síntomas depresivos fueron los motivos más frecuentes. El 28% de la muestra cumplía los criterios de dependencia a este tipo de sustancias (Secades et al., 2003).

    Por último, en uno de los estudios más importantes realizado en nuestro país (ESEMeD-España) con una muestra de 5.743 individuos se encontró que el 16% de la muestra consumió algún fármaco psicotrópico en el último año. Las benzodiazepinas (11,4 %) y los antidepresivos (4,7%) fueron los más consumidos y la combinación más frecuente (1,8 %). Las mujeres tenían un mayor consumo general (OR: 2,1; IC 95 %: 1,7-2,5) y de benzodiazepinas (OR: 2,3; IC 95%: 1,9-2,8), antidepresivos (OR 2,2; IC 95%: 1,6-3,1) y antipsicóticos (OR: 1,9; IC 95%: 1,2-3). La probabilidad de consumo aumentaba con la edad y con la presencia y número de trastornos mentales (Codony, Alonso, Almansa, Vilagut, Domingo, Pinto-Meza, Fernández et al., 2007b).

 

Referencias

Carrasco, P., Astasio, P., & Ortega, P. (2001). Factores asociados al consumo de fármacos psicotropos en la población adulta española. Datos obtenidos a partir de las Encuestas Nacionales de Salud de España de los años 1993, 1995 y 1997. Medicina Clínica, 116, 324-329.

Codony, M., Alonso, J., Almansa, J., Vilagut, G., Domingo, A., Pinto-Meza, A., et al. (2007a). Utilización de los servicios de salud mental en la población general española. Resultados del estudio ESEMeD-España [Mental health care use in the Spanish general populations. Results of the ESEMeD-Spain study]. Actas Esp Psiquiatr, 35 Suppl 2, 21-28.

Codony, M., Alonso, J., Almansa, J., Vilagut, G., Domingo, A., Pinto-Meza, A., et al. (2007b). Uso de fármacos psicotrópicos en España. Resultados del estudio ESEMeD-España [Psychotropic medications use in Spain. Results of the ESEMeD-Spain study]. Actas Esp Psiquiatr, 35 Suppl 2, 29-36.

García del Pozo, J.; de Abajo Iglesias, F.J.; Carvajal García-Pando, A.; Montero Corominas, D.; Madurga Sanz, M.; García del Pozo V. (2004). Utilización de ansiolíticos e hipnóticos en España (1995-2002) [The use of anxiolytic and hypnotic drugs in Spain (1995-2002)]. Revista Española de Salud Pública, 78, 379-87.

Kovess-Masfety, V., Alonso, J., Brugha, T., Angermeyer, M., Haro, J., Sevilla-Dedieu, C., et al. (2007). Differences in lifetime use of services for mental health problems in six European countries. Psychiatr Serv, 58, 213-220.

Ministerio de Sanidad y Consumo, M. S. C. (2004). Grupos terapéuticos y Principios activos de mayor consumo en el Sistema Nacional de Salud durante 2003. Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, 28, 121-124.

Ministerio de Sanidad y Consumo, M. S. C. (2005). Grupos terapéuticos y Principios activos de mayor consumo en el Sistema Nacional de Salud durante 2004. Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, 29, 49-53.

Ministerio de Sanidad y Consumo, M. S. C. (2006). Subgrupos ATC y Principios activos de mayor consumo en el Sistema Nacional de Salud en 2005. Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, 30, 42-49.

Ministerio de Sanidad y Consumo, M. S. C. (2007). Subgrupos ATC de mayor consumo en el Sistema Nacional de Salud en 2006. Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, 31, 130-135.

Ministerio de Sanidad y Consumo, M. S. C. (2008). Subgrupos ATC de mayor consumo en el Sistema Nacional de Salud en 2007. Información Terapéutica del Sistema Nacional de Salud, 32, 128-131.

Secades, R., Rodríguez-García, E., Valderrey, J., Fernández-Hermida, J., Vallejo, G., & Jiménez-García, J. (2003). El consumo de psicofármacos en pacientes que acuden a Atención Primaria en el Principado de Asturias (España). Psicothema, 15, 650-655.

Segui Díaz, M., Linares Pou, L., Blanco Lopez, W., Ramos Aleixades, J., & Torrent Quetglas, M. (2004). [Division of time in the consultation with the primary care doctor]. Aten Primaria, 33, 496-502.

Sicras Mainar, A. (2002). Impacto económico de las enfermedades y pacientes atendidos en atención primaria. Adaptación de los grupos clínicos ajustados (ACGs) en nuestro medio. Tesis Doctoral. Recuperado el 7 de diciembre de 2008 de http://www.tdx.cesca.es/TESIS_UB/AVAILABLE/TDX-1001102-092359//TOL110.pdf

Valladares, A., Dilla, T., & Sacristán, J. A. (2008). La depresión: una hipoteca social. Últimos avances en el conocimiento del coste de la enfermedad. Actas Españolas de Psiquiatría, 36.

 

 

 


Volver a Descripción de los Trastornos de Ansiedad