FIES: La cárcel dentro de la cárcel

En 1991 la Administración penitenciaria española comenzó a aplicar un régimen carcelario tan brutal como ilegal, el tristemente conocido como Régimen FIES. Hoy, siete años después, este inhumano régimen no sólo se ha cobrado ya seis vidas, sino que lejos de desaparecer, fue legalizado el año pasado dentro del nuevo Reglamento Penitenciario, un texto con un espíritu similar al del Nuevo Código Penal, que entró en vigor el mismo día. Patxi Zamoro Durán salió el año pasado de la cárcel, donde ha estado 18 años, una buena parte de ellos como preso FIES. Lo que sigue a continuación está elaborado con sus palabras. Un resumen de las charlas que ofreció en Likiniano Elkartea y en el Colegio de Abogados de Bizkaia en enero y febrero de este año.

La cárcel cumple dos funciones básicas. Una, de clara intimidación. Es un revólver con el que apuntan a la sociedad y le dicen: si os salís de las normas que están establecidas, pagáis cárcel. Y una segunda función que es la de castigar. Y lo mismo sucede en la cárcel. Si en la cárcel no aceptas las normas establecidas vas a la cárcel de la cárcel. Como han visto que las cárceles que tenían no cumplían una función intimidatoria total, las han llevado hasta su máxima expresión, conculcando hasta su propio reglamento. Dentro de la cárcel hay submundos. Desde la superficie, que serien los segundos y terceros grados, hasta ese intermedio que son los primeros grados, y ya el cieno, que sería el sótano carcelario, los departamentos de aislamiento, en especial los departamentos FIES.

LA EXCUSA

Enel verano de 1991 se produjo una oleada de motines para decir basta ya! a las situaciones limite que se estaban dando dentro de las cárceles. Pero en los medios de comunicación, en vez de aparecer nuestras reivindicaciones, como la excarcelación de enfermos terminales, el cese de las torturas o el cumplimiento de las condenas en el lugar de origen, se intoxicaba hablando de presos asesinos, musculosos violadores, criminales, que decapitaban y mataban. Así se creó una corriente de opinión alarmada, partidaria de intervenir para controlar todo aquello. Era el momento para que Instituciones Penitenciarias aplicara toda la información que ya desde muchos años antes recopilaba sobre determinados presos que le interesaban especialmente. Datos como: con quién solías pasear por el patio, con qué humor te habías levantado la mañana del día tal, con quién te relacionabas, si consumías droga, qué tipo de actitud tenias con los carceleros, quién te venia a comunicar, quién te escribía, si fumabas, etc, etc.

Dividió este fichero en cinco apartados. En el primero incluyó a aquellos presos que cuestionaban la institución, que hablan protagonizado algún motín, intentos de evasión, plantes reivindicativos, etc. En el FIES 2 incluyó a los narcotraficantes, pero también metían ahí a cualquiera que estuviera en la cárcel por cuatro porros, así tenían ya cobertura para que esa persona pudiera estar en el fichero FIES. El FIES 3 recogía a miembros de bandas armadas como GRAPO, ETA, etc. El 4 aglutinaba a Fuerzas de Seguridad del Estado y carceleros. Es en el único apartado en el que el fichero si que cobra una esencia de fichero y a la vez de protección. "Es necesario que hagamos un especial seguimiento a estas personas porque corren un especial peligro dentro de la cárcel, además son de los nuestros, no? Están aquí accidentalmente. Sólo han matado a su mujer en un ataque de nervios o han torturado a cuatro maleantes en un kanguro, en un furgón". Y por último, el FIES 5 donde están los insumisos y los presos por delitos con alarma social muy grande.

A los presos asociados a motines, fugas, etc, se nos envió a determinadas cárceles en las que se habían construido departamentos especiales, los departamentos FIES. Allí las puertas eran automáticas, en los corredores las puertas se abrían electrónicamente, sin absolutamente ningún contacto con los carceleros salvo cuando iban a entrar a cachearte o a agredirte. Se referían a nosotros como presos "peligrosos", pero en realidad lo que teníamos en común era nuestro carácter reivindicativo.

El objetivo del Régimen FIES era ser una herramienta para neutralizar, tratar psicológicamente y destruir a personas que molestasen, bien por razones políticas o por su carácter reivindicativo en la cárcel. Las celdas no tenían ni muebles ni espejos, sólo paredes desnudas o argollas debajo de las camas. Te quitaban la ropa y te daban un mono, intervenían la correspondencia sistemáticamente y los cambios de celda eran continuos, es decir, hoy vas a estar en la 16 y probablemente, si mañana no te llevan a otra, con toda seguridad pasado mañana te van a cambiar. Lo mismo con el cambio de cárcel. Te tienen un mes, dos meses, tres, cuatro, cinco, seis, y te llevarán a otra prisión. Ellos dicen que esto es por razones de seguridad y yo digo que es mentira, y no hay nadie que me lo pueda cuestionar. Dicen que no tienes un espejo por medidas de seguridad, pero el simple plástico transparente de las ventanas o las pantallas de las televisiones que conceden como prerrogativa a aquel que no tiene partes es igual de cortante.

Dicen que lo hacen para que uno no se autolesione o no agreda a un carcelero o a otro preso. Lo de agredir a otro preso es absurdo, porque estás las 24 horas del día en aislamiento. Y lo de agredir a un carcelero es imposible, porque la celda tiene una puerta automática que sólo se abre cuando ellos van a entrar, y cuando entran lo hacen 10 ó 12 protegidos con porras y escudos.

Lo que subyace detrás de eso es la despersonalización pura y dura. Podéis imaginaros lo que es un año o dos años de vuestra vida sin veros la cara? O que el recuerdo que tengáis de vuestro rostro sea el que veis a través del reflejo matizado de un cristal de una ventana? Lo que eso produce en la personalidad... Es algo brutal. Cuando hice noche en la prisión de Torrero porque iba a juicio por el motín de Daroca tuve ocasión de verme la cara en un espejo. LLevaba dos años sin verla. Encontré arrugas que no conocía. Alucinaba con cualquier parte de mi cara. Me habían hecho perder un poco mi identidad. Eso añadido al hecho de que, por medidas de seguridad, te quiten el anillo, una cadena. El reglamento dice que no se pueden tener objetos de valor porque te los puede quitar un preso o puedes trapichear con ellos, pero un preso FIES no tiene esas oportunidades. No puede vender a nadie porque no está con nadie, a menos que sea el carcelero, ni tampoco puede quitárselas a nadie, porque no está con nadie. Se trata de desarraigarte de tu memoria emocional. Si tienes la correspondencia intervenida, te quitan las cuatro fotos que tienes, en las que estás con tu compañera, con tu madre o con tu hija, te quitan el anillo que simboliza tus momentos de unión y te quitan la cadena que es la que te dio tu hermano, lo que te están quitando es tu memoria emocional. Si encima se llevan tu ropa y te dan un buzo como única prenda, es la esencia de la despersonalización.

Pero a todo eso hay que añadir un montón de agresiones continuas. Desde el tratarte con una prepotencia fuera de lo normal, con chulería, hasta lo de las palizas. En prisión se producen las palizas por dos razones: por el desarrollo del papel del carcelero, que es embrutecedor, y también (y cuando hablo de palizas continuas y sistemáticas me refiero en concreto a los departamentos FIES), por la función ya dicha del régimen FIES de destruir. Hay un hecho que pone en evidencia que las palizas son sistemáticas: si leemos cualquier carta, absolutamente cualquier carta de un preso, que no se conocen entre ellos de nada, pero que están viviendo una misma situación, todas dicen lo mismo, palizas, palizas. Todas. Y todas además dicen lo de los espejos, y no son gente organizada, porque precisamente están haciendo con ellos lo que están haciendo porque no están organizados. Pero además hay una prueba para mí evidente, es mi propia experiencia. Yo tengo cinco operaciones de estómago, me he dado puñaladas para reivindicar el cese de torturas, de apaleamientos, tengo mis antebrazos cortados, tengo la cabeza abierta de habérmela golpeado contra la pared, he padecido innumerables huelgas de hambre y de sed, me han dado palizas salvajes, se han pegado entre ellos por pegarme. Sé que unas veces obedece a tensiones que se producen fortuitamente, pero otras veces obedece a un plan establecido desde arriba.

Evidentemente no cargo las tintas en que los carceleros sean muy muy malos, sino en el hecho de que desempeñan un rol que les embrutece. En Estados Unidos se realizó un experimento con estudiantes de psicología en el que se simuló una especie de módulo tipo prisión. Unos estudiantes realizaron el rol de presos y otros el de carceleros. El objetivo era descubrir pautas de comportamiento, roles, liderazgos, etc. A los tres días tuvieron que pararlo. Quien desempeñaba el rol de preso se habla vuelto huidizo, temeroso, insolidario, y quien habla desarrollado el rol de carcelero se había vuelto perseguidor, torturador, sádico...

Pero, en verdad, pues si, el que continúa en la cárcel tiene que ser muy malo. Cuando han pasado 4 ó 6 meses en prisión nadie es inocente, nadie desconoce.

LOS MÉDICOS TAMBIÉN SON CARCELEROS

También los médicos, salvo contadas excepciones, realizan una función de tuerca, de engranaje o de connivencia. Los médicos pertenecen al cuerpo de carceleros, son carceleros sólo que ejercen de médicos, pero tienen la misma animadversión hacia el preso. En las huelgas de hambre, en las huelgas de sed, tras cualquier apaleamiento, salvo muy rarísimas excepciones, siempre hay un dictamen favorable al Centro. Aparte, en el día a día, sus compañeros carceleros de uniforme, cuando toman el café o se están cambiando de ropa le están comentando: el cabrón de fulanito y el menganito que me ha hecho esto. Viven eso igual, están en el mismo proceso de embrutecimiento y te lo hacen sentir de una manera descarada, desde no hacer informes cuando han visto que estás claramente apaleado, desde las huelgas de hambre llevarlas con una frialdad increíble o cuando les dices que últimamente se te está cayendo mucho el pelo y te responden: "sí, a mí también se me cae el pelo". Si tuviera que hacer un dibujo y describiros qué es la cárcel pondría a dos carceleros con una porra pegándote y a un médico detrás esperando a que acaben para decirte que no tienes nada.

JUZGADOS DE VIGILANCIA PENITENCIARIA

Cuando se crearon los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria en 1979 hubo grandes esperanzas entre los presos. Alguien iba a velar por nuestros derechos, nos iba a proteger de las agresiones de la Administración. Pronto se vio el error. Los Juzgados de Vigilancia obedecieron a ese punto de maquillaje que se hace en prisiones en un momento en que era necesario, por política, maquillar la prisión. Se trataba de pintar las prisiones, de cambiar del sistema de galerías al sistema modular, de cambiar los uniformes que nos recordaban al nazismo, aquellos uniformes verdes, por uniformes azules, se trataba de cambiar el léxico que se utiliza en las prisiones, y que ya lo utilizamos absolutamente todos: cárcel por centro penitenciario, carcelero por funcionario, preso por recluso. Pero la traición fue doble: los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria no sólo nos dejaban igual de indefensos que antes, sino que encima hacían ver a la sociedad que los presos tenían defensa, cuando su labor era de complicidad con la Administración Penitenciaria. Cuántas veces se recurre contra decisiones de la Administración y el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria devuelve el recurso recopilando íntegramente lo que acaba de decir ésta. Si los doctores daban una cobertura médica a la cárcel, los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria le daban la cobertura legal.

Un sistema represivo no se corta ni un pelo en conculcar absolutamente sus propias normas en aras de la seguridad y por lo tanto, todo lo que crea a su alrededor, aunque tenga apariencia de defensa, lo único que hace es cumplir esa función. Y si tuviesen que llegar más abajo de lo que es el Régimen FIES, que no me imagino cuál puede ser, porque ya van seis vidas humanas que se han perdido, unas por suicidio, otras por inducción, en cualquier caso son asesinatos claros del Estado. Es la máxima expresión de la tortura que es la cárcel.

Actualmente los presos FIES calculamos que son unos 100, eso sin contar a los presos políticos, porque los presos políticos sólo por ser presos políticos ya son FIES, y aunque no estén en Departamentos FIES, aquellos que estén en primer grado si que viven la misma situación que un preso FIES, con la diferencia de que viven en módulos, con más gente, pero si que tienen la correspondencia intervenida, si que hay el mismo tipo de puteo, la misma represión. Si aglutinamos el colectivo político con el social hablamos de unas 700 personas.

Nuevos nombres para la misma tortura:

Yo tuve ocasión, a través de un carcelero con sentimiento de culpabilidad, de acceder a un documento que hicieron correr por todas las prisiones en el que hablaban del por qué del FIES, la función que había cumplido y la necesidad que había ahora de cambiar un poco. Ese cambiar suponía ampliar el tiempo de patio, salir de dos en dos, de cuatro en cuatro, que tuvieran acceso a un taller, y tal y cual. Una serie de cosas. Pero siempre en ese gueto, en ese mundo, con especiales medidas de seguridad. Evidentemente con el FIES no pueden ya hacerlo, porque ahora hablar de un nuevo programa dentro del FIES suena a tortura, sigue sonando a pasadas, sigue sonando a juicio de Sevilla. Entonces qué hacen? Cambian el nombre poniendo otras siglas que ya están en algún cajón, que son PRIC, Programa de Recuperación de Internos Conflictivos. No se cuánto va a dar de si todavía el Régimen FIES, pero para nosotros siempre va a estar ahí el Régimen FIES, le llamen como le llamen. Y esa es la estrategia que creemos que debemos llevar a cabo. Si algún día desgastan el FIES y empiezan con el PRIC, continuaremos diciendo "el PRIC es FIES, sólo que con otro nombre". Pero sin duda alguna dentro de 4, 5 ó 6 años aparecerán las siglas PRIC y lo único que veremos serán transcurrir otros 7, 8, 9, 10, 12 años de luchas, de denuncias, hasta que agotemos el PRIC y entonces sacarán el PRAC. Es una lucha larga que hay que hacer para arrebatar a un gobierno, a un Estado, una herramienta que le permite neutralizar. y exterminar a las personas que le molestan políticamente, o tienen un carácter reivindicativo y cuestionen la institución, o poseen connotaciones de liderazgo o, sencillamente, no sucumben a las presiones de la Administración.

Huye, hombre, huye..

Prisión de Sevilla II, 30 de agosto de 1991.

"El tema estaba claro. Con la excusa de los últimos acontecimientos acaecidos en las cárceles españolas, Antoni Asunción, entonces recién ascendido al puesto de secretario general de Gestiones Penitenciarias, y su brazo derecho, Gerardo Mínguez Prieto, entonces subdirector general de Inspección Penitenciaria, determinaron de común acuerdo con el ministro de Justicia, de la Cuadra Salcedo, la aplicación de un régimen especial a todos aquellos reclusos conceptuados como muy peligrosos que hubiesen participado en motines, secuestros o evasiones, o que simplemente les resultasen molestos. Así crearon un círculo de cárceles de máxima seguridad dentro de otras cárceles de alta seguridad, auténticos búnkeres en los que enterrarnos, más que encerrarnos. Para ello quebrantaron todas las leyes habidas imponiendo las suyas propias, aquellas que proporcionaban al Estado derecho a TODO sobre todas las demás personas."

"A través del Ministerio de Justicia acallaron todas las voces judiciales y se prometieron ascensos. A los medios de comunicación prostituidos al poder les fue impartida una directriz por la cual debían omitir todo cuanto sucediese a partir de entonces en las cárceles españolas con aquellos presos y crear un ambiente contrario a los mismos, desdibujándonos y mostrándonos como psicópatas, con el fin claro de que la gente aceptase aquellos métodos si éstos llegaban a infiltrarse a la sociedad a través de algún medio honrado con su profesión. Se haría todo lo que fuese necesario, absolutamente TODO, para frenar las quejas de los presos, destruir la asociación y volver a restaurar el orden y la disciplina en las cárceles, a través del terrorismo carcelario. Conocía los métodos, pues ya hablan sido utilizados en el pasado con la COPEL. Se trataba de ejercitar la represión para bloquear la mente del recluso a través del miedo y de demoler el espíritu reivindicativo del mismo, su conciencia, bombardeando diariamente, de manera constante, su sistema nervioso hasta lograr su anulación efectiva. Para nosotros se avecinaban tiempos muy difíciles, pero ni aun así imaginábamos cuánto..."

Extraído del libro Huye, hombre, huye. Diario de un preso FIES , escrito por Xosé Tarrio González, donde narra su pesadilla carcelaria desde su ingreso en prisión con 19 años en 1987 hasta 1996. Tarrio continúa en la cárcel como preso FIES. La obra ha sido editada por Virus (Barcelona, noviembre de 1997).

Un@ +

La Haine