Guía para las clases prácticas

Curso 2001/2002. Grupos A1, A2 y A3

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EL HERBARIO

Eugenia Ron

Un herbario es una colección de plantas debidamente preparadas y etiquetadas con los datos necesarios para que se puedan estudiar siempre que se precise.

Consejos para un botánico que vaya a herborizar plantas para un herbario.

Lo primero que hay que advertir a la persona que va a recoger plantas en el campo, es que nunca debe de arrancar aquéllas que están protegidas, bien por su rareza, o bien por estar la especie en peligro de extinción. Aunque es difícil para un estudiante saber de antemano cuáles son esas especies, en España hay bibliografía suficiente sobre la flora protegida, que se debe consultar antes de emprender una campaña de herborización en solitario. En las prácticas de campo dirigidas por profesores, hay que seguir siempre el criterio de éstos respecto a los ejemplares que hay que respetar. Se deben coger los ejemplares necesarios para hacer un buen estudio de laboratorio, pero no esquilmar ni destrozar injustificadamente una población vegetal. La experiencia demuestra que con frecuencia se desaprovechan las posibilidades que brindan las prácticas de campo por el poco interés que se pone en conservar las plantas que se han recogido en las excursiones. La mejor forma de aprender Botánica es, siempre que se pueda, estudiando los ejemplares naturales. Ello implica una herborización y preservación cuidadosa, para poder observarlos tiempo después de su recolección.

Herramientas que se deben llevar al campo.

Hay tres herramientas que son necesarias para herborizar correctamente:

  1. Tijera podadera.
  2. Azadilla o almocafre.
  3. Navaja.

Para tener un buen ejemplar de una planta leñosa, árbol o arbusto, que permita su posterior estudio en el laboratorio, es necesario recoger la muestra con hojas, flores y frutos. Una podadera facilita la tarea al recolector, con el mínimo daño para la planta. La azadilla o almocafre es un instrumento imprescindible para desenterrar raíces o sacar de la tierra los bulbos de las monocotiledóneas sin romper la planta por la base. Los esfuerzos que se hacen para sacar una orquídea, un gladiolo, o un narciso sin una herramienta adecuada, terminan siempre con el destrozo del ejemplar. La navaja es el mejor elemento para desprender líquenes, hepáticas o musgos delicados, de los sustratos donde crecen.

Instrumental necesario para orientación y ubicación de la zona de trabajo.

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Fig. 983: Instrumental de campo.

Material necesario para el estudio de plantas frescas en el campo.

  1. Lupa de mano.
  2. Material de disección.
  3. Cuaderno de apuntes.
  4. Lápiz portaminas.

Cualidades de las plantas como el color, o la posición relativa de los verticilos de las flores, en el caso de las angiospermas, se pueden perder al desecarlas, mientras que se observan fácilmente en estado fresco. La ayuda de una lupa de mano, cuentahilos o de filatélico, de 6x o 9x, soluciona estas necesidades durante el trabajo de campo. Unas pinzas de punta fina o una aguja enmangada, transportadas en un estuche que evite posibles accidentes, permiten hacer disecciones sencillas de los ejemplares. Los datos fisiográficos del paisaje, los ecológicos del entorno, los morfológicos de la planta, la fecha de herborización, el número de orden de la muestra, y todos aquellos que el recolector considere oportunos, deben de anotarse en un cuaderno de campo. La experiencia aconseja que el mejor instrumento para hacerlo es un lápiz portaminas. No hay peligro de que la humedad impida escribir o se corra la tinta, o de que se rompa la punta si es un lápiz normal. Las minas grasas son muy buenas para escribir pequeñas etiquetas que se pueden meter dentro de frascos, sin borrarse, cuando el material así lo requiere. El cuaderno de campo debe de ser pequeño, para que no incomode su transporte y se pueda guardar en un bolsillo de la ropa. Los que tienen las tapas de plástico o hule son los mejores, pero aun así deben de meterse en una bolsa de plástico cuando no se están usando, para evitar que la lluvia, la humedad o cualquier otro accidente estropeen las anotaciones.

Datos que se deben anotar y método de hacerlo.

A manera de introducción general, se debe reseñar al principio de un viaje la fecha, el lugar hacia donde se dirige la expedición y quiénes la componen. Al llegar al primer punto de herborización se anotan claramente todos los datos que se conozcan referentes a esa localidad: distancia a un punto importante, altitud, coordenadas UTM, orientación, tipo de sustrato, y si es posible, la vegetación del lugar. Se empieza entonces la herborización, y se le asigna un número, empezando por el 1, a cada ejemplar que se recoja. Se debe de continuar la secuencia, sin alteraciones, durante toda la vida profesional del botánico, y no empezar una nueva serie aunque se cambie de provincia, de país, o de tipo de plantas estudiadas. Si no se conoce el nombre de la planta, a continuación del número de orden se pueden escribir los caracteres que permitan identificarla durante la preparación. Anotaciones como “hojas opuestas y flores amarillas dispuestas en umbela”, frente a “hojas alternas y flores solitarias rojas”, pueden salvar una herborización poco cuidada. Además se tomará nota de todas aquellas peculiaridades de la planta que puedan desaparecer durante su secado y deshidratación. Nunca se deben dejar las anotaciones para la llegada al laboratorio fiando en la memoria, porque es la mejor forma de confundir los datos y perder un día de trabajo.

Forma de recolectar y prensar las plantas.

Todos los ejemplares que se recojan tienen que llevar en la bolsa, en el sobre, o en el frasco donde se guarden provisionalmente, el número de orden en la recolección. Ese mismo número, con el nombre o datos de la planta, se anota en el cuaderno. Las plantas deben pasar el menor tiempo posible en la bolsa de plástico para que no se sequen arrugadas. Se puede evitar ese problema envolviendo las raíces, o la base de los tallos, con papel de periódico mojado, para que duren frescas hasta el momento de prensarlas. Para preparar bien una planta destinada al herbario es necesario secarla y desidratarla bajo presión lo más rápidamente posible. Así se evita que siga creciendo y adquiera un porte ahilado. Este proceso se lleva a cabo mediante el prensado. Una prensa de campo sencilla consta de dos tableros sólidos unidos por tornillos o correas, entre los que se introducen los pliegos de papel que contienen las plantas, separados por almohadillas absorbentes.

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Fig. 984: Prensas de tornillo.

Las plantas se estiran sobre la hoja de papel en el que se van a prensar, procurando que sus órganos tengan una disposición semejante a la que tenían en vivo. Si el ejemplar es grande se puede doblar sobre el pliego mientras está fresco. Se empieza por colocar la parte superior de la planta en paralelo a la longitud del papel. Llegando a la base de éste se hace un ángulo, lo más agudo posible, hasta llegar arriba otra vez con el tallo, y se repite de nuevo el doblez, cuantas veces sea necesario. Este plegado en zigzag es el más conveniente para que las plantas no se rompan, se ajusten al tamaño del papel, y no sobresalgan por los bordes. Las hojas de las plantas deben estar siempre estiradas, unas mostrando el haz y otras el envés, para apreciar los caracteres del indumento y de la nerviación por ambas caras. Las hojas de papel que contengan ejemplares se separan con almohadillas absorbentes. Se pueden fabricar simplemente grapando un buen montón de hojas de periódicos. No es necesario sacar las plantas de los pliegos donde tan cuidadosamente se han colocado, sirve con reemplazar las almohadillas húmedas por otras secas cuando sea necesario.
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Fig. 985: Almohadillas de secado. Fig. 986: Prensa de aire caliente.

En los centros botánicos suele haber prensas más funcionales, con emisión de aire caliente, que permiten un secado muy rápido. De vuelta del campo, se puede pasar a ellas el contenido de la prensa de campo.

Consejos útiles para la preparación y conservación de algunos grupos de plantas.

Algas marinas.

Se pueden recoger en bolsas de plástico con buen cierre para contener el agua de mar que las mantenga hidratadas. Es un método práctico si se van a preparar enseguida, en caso contrario es mejor meterlas en frascos de plástico con agua de mar a la que se le añaden unas gotas de disolución de formol al 4%. Una vez en el laboratorio se vierte el contenido de la bolsa o del frasco en una cubeta cuidando de que las algas queden extendidas. Si son grandes, deben prepararse de una en una. Se sumerge en el agua un pliego de papel resistente y con ayuda de unas pinzas o de un pincel se le superpone un ejemplar del alga. Poco a poco se va subiendo el pliego hacia la superficie, inclinándolo ligeramente para tratar de escurrir el agua por los bordes hasta sacarlo de la cubeta. Antes de que el agua se seque se pueden extender las ramificaciones que tenga el alga con un pincel blando. A continuación se cubre el pliego con una tela fuerte, pero que no suelte pelusa, se introduce entre papeles secantes y se prensa. Aunque los papeles se vayan cambiando a medida que van absorbiendo humedad, el trapo no se quita hasta que el ejemplar no esté seco. En ese momento se despega la tela, cuidando de que el alga quede adherida al papel sobre el que se montó cuando todavía estaba en la cubeta. Después de estudiado e identificado el ejemplar, se confecciona una etiqueta con los datos de campo y el nombre de la especie, y ya queda preparado para incluir en el correspondiente herbario.

Algas de agua dulce.

Un método sencillo para conseguir ejemplares de diatomeas, cianobacterias, desmidiáceas, y algas microscópicas en general, es raspar las paredes de fuentes, pilones y superficies de rocas sumergidas en arroyos. La mejor forma de conservar este tipo de algas microscópicas es guardar en botecitos con agua y formol los barrillos que se han obtenido del raspado. Si las algas de agua dulce son suficientemente grandes como para apreciar su presencia a simple vista, como carofíceas, o algas rojas de los géneros Lemanea o Batrachium, para prepararlas se procede igual que con las marinas.

Hongos.

Son muy delicados de preparar y conservar. Los mixomicotes y los hongos corticícolas pequeños se deben recoger con la madera sobre la que crecen y guardar inmediatamente en cajitas individuales. Es conveniente sujetar la corteza al fondo de la caja con una gota de pegamento si el ejemplar es muy leve. Así se evita que se destroce por los movimientos durante el transporte al laboratorio. Los hongos macroscópicos con carpóforos grandes se deben recolectar en una cesta o en una caja espaciosa. El fondo se puede forrar con hojas de papel ligeramente arrugadas y húmedas, o con hojas de árboles. De todo el cuerpo del hongo solamente se colectará el cuerpo fructífero o seta, dejando los micelios subterráneos para que el hongo siga viviendo y pueda seguir fructificando. Para tener una buena colección de hongos bien identificados es necesario tomar nota, en el cuaderno de campo del color, aspecto, textura y olor que tienen al recogerlos. Todos estas propiedades cambian o se pierden cuando se secan los carpóforos. Si es posible se deben de recoger dos ejemplares de cada supuesta especie. Uno de ellos se deja secar al aire, lejos de humedades y de fuentes directas de calor. Al otro se le corta el estípite y el píleo se apoya sobre una cartulina blanca para que cuando suelte las esporas éstas queden sobre el papel. La cartulina se forra con celofán o papel adhesivo transparente, y así se puede observar la esporada cuantas veces sea necesario. El color, forma y tamaño de las esporas es un buen dato de diagnóstico en muchos grupos de hongos macroscópicos. El ejemplar desecado al aire y la cartulina con la esporada del segundo, se guardan juntos en una caja de tamaño conveniente, o en una bolsa de papel.

Líquenes.

Igual que en el caso de los hongos macroscópicos, lo mejor es dejarlos secar al aire y después guardarlos en bolsas de papel. Si los ejemplares son delicados o friables se pueden envolver previamente en papel fino de celulosa, y luego guardar los envoltorios en los sobres.

Musgos y hepáticas.

Los briófitos, en general, son fáciles de recoger. Se desprenden sin dificultad del sustrato sobre el que viven, y su capacidad de rehidratación permite arreglar los ejemplares en el momento de prensarlos si fuese necesario. Se aconseja recoger las muestras que parezcan diferentes en sobres individuales de papel poroso. Pueden ser sobres reciclados o fabricados expresamente con papel de periódico. Si son epífitos se debe anotar el nombre de la planta portadora, o si se desconoce, guardar sus hojas, flores o frutos.

Pteridófitos, gimnospermas y angiospermas.

Si las plantas son resistentes, como helechos, gimnospermas y angiospermas, pueden guardarse en bolsas de plástico suficientemente grandes para no dañarlas, hasta llegar al lugar donde se procederá al prensado. Se deben elegir siempre plantas que estén fértiles y en buen estado. A veces puede ser necesario recoger más de un ejemplar para asegurar que se llevan hojas, flores y frutos. Hay que poner especial atención en las especies dioicas, para herborizar pies de planta femeninos y masculinos. Los pteridófitos se fijan al sustrato por >rizomas de los que nacen las hojas y estructuras reproductoras. Los caracteres que se usan para la identificación se basan en la morfología de las frondes y de los órganos aéreos, por lo que no se deben de arrancar los rizomas. Aunque de esta forma el ejemplar queda incompleto, se asegura la identificación de la especie y la supervivencia de la planta. En el caso de que las piñas de las gimnospermas o los frutos de las angiospermas sean grandes o delicados, se pueden guardar en bolsas independientes, pero siempre con el mismo número de recolección que se dio al ejemplar de la planta de la que proceden. De las gimnospermas, siempre que sea posible, se recogerán hojas, amentos masculinos, y óvulos, o piñas completas. Las plantas bulbosas deben tratarse con especial cuidado. La mejor manera de preparar un bulbo para lograr prensarlo y desecarlo, consiste en cortarlo, al menos, en tres rodajas: las dos periféricas plano-convexas, y la central plana por sus dos caras, de poco grosor y unida al escapo floral o al tallo. La planta bulbosa así preparada se seca en la prensa con relativa facilidad. Hay algunas angiospermas que tienen piezas florales caducas, como los sépalos de las amapolas y los pétalos de las cistáceas. Si en estos casos se guardan en bolsas, el destrozo de las flores está asegurado. Para conservarlas completas es conveniente guardarlas entre pliegos de papel de periódico, dentro de una carpeta de cartón sin lomo, de tapas separadas, y atadas con cintas.

Etiquetado e inclusión en herbario.

Una vez que las plantas están prensadas, secas y determinadas se procede a guardarlas en el herbario. Cada ejemplar debe llevar una leyenda en una etiqueta en la que consten los siguientes datos:

En el Herbario del Departamento de Biología Vegetal I de la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid, el proceso que se usa para conservar los ejemplares es el siguiente:

Si la colección de plantas es pequeña, como la que se hace durante el curso de Botánica, en lugar de congelar las plantas y montarlas sobre cartulinas, se pueden guardar en pliegos de papel ordinario dentro de una carpeta, y ésta en el interior de una caja con un insecticida sólido como la naftalina, que asegura su conservación sin depredadores.