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Jaime Alejandro Rodríguez

Debido proceso

     


 

"DEBIDO PROCESO" O LA NOVELA DEL DETERIORO

   

por carlos l. torres g. (1)

"Debido proceso", la última novela de Jaime Alejandro Rodríguez, es definitivamente una novela urbana. Al terminar su lectura nos damos cuenta que esta novela, al igual que la ciudad, es un cruce de discursos, de miradas y de imágenes. Leer la novela es pararse en la esquina apropiada y enfrentarse a una ciudad translúcida donde se cruzan el interior y el exterior, lo público y lo privado, lo real y lo imaginario, la pintura y la escritura, lo simple y lo profundo, la conciencia y la emotividad, el amor y la cursilería, la fatalidad con la decisión, y todo lo anterior se cruza con la terrible certeza de estar frente a una novela que habla de lo inevitable: el deterioro.

La novela es la historia de Santiago, un terrorista loco, que está siendo procesado y condenado a la pena capital. Es la historia de su abogado defensor, también la de un escritor desesperado, utópico e idealista, que se lanza, al igual que los surrealistas, a alcanzar las cumbres de la literatura en el inconsciente, a través del agotamiento, y en este caso, además, en el encierro y la incomunicación. Es la historia de una mujer (pintora) que dibuja parte de la novela y que el narrador utiliza como mecanismo para completar, con este arte, ese pedazo de la realidad que no es posible denotarse.

Lo anterior sirve de telón a la verdadera historia: el deterioro. El deterioro de la ciudad, del escritor (narrador), de la moral, de la juventud, de la belleza, de la justicia, de la poesía (2). La novela es una historia sobre la pérdida de la fe.

 

Lo urbano en la novela.

La discusión sobre la novela urbana sería una acción inútil sino nos enfrentáramos tan frecuentemente a la publicación de novelas que avanzan en la construcción de imaginarios cada vez mas diferenciables al de una ciudad signo. La novela urbana actual, construye una metáfora de la metrópoli, se convierte en una historia de lenguaje, y en la novela "Debido Proceso", la fragmentación, la complementariedad de la palabra con la pintura, la fusión de las ficción probable con una realidad que nos negamos a aceptar como posible, se entremezclan en un nudo metaficcional que intenta deshacer un escritor que se deshace como la historia misma.

La novela transcurre en la ciudad de Bogotá, no sólo su ubicación se señala explícitamente, sino que se dan indicios sobre su espacio urbano (la reclusión del escritor en un departamento en un extremo de la ciudad, las montañas a lo lejos, las calles como nudos). Es decir, existe un espacio urbano donde el autor campea con la realidad, pero sobre ella (la realidad), se desliza un espacio de ficción posible: 1) una ciudad apocalíptica, azotada por los bombardeos que se acentúan cada vez mas dejándola casi en ruinas; y 2) el juicio de un guerrillero condenado a la pena capital. Estos dos hechos (no ciertos hoy) hacen de la novela una historia ligeramente cercana a la ficción, lo cual transmite la sensación de estar presenciando el futuro.

 

Su contribución al imaginario urbano.

Dentro de los estudios sobre el imaginario urbano de Bogotá, se han construido algunas imágenes de la ciudad como, la "ciudad terror", "ciudad fuga", "ciudad muerte", "ciudad rizoma", entre otros. El imaginario de "Debido proceso" es un imaginario apocalíptico, la ciudad que queremos se nos deshace en las manos; el mismo autor lo señala en una de las solapas del libro: "Tenemos la ciudad que nos merecemos. Indómita y medrosa a la vez. Sucia y bella. Amable y peligrosa. Engreída y terrible. Resulta casi imposible ofrecer imágenes fieles de ella. Cuando comencé a escribir este relato, la única referencia con la que contaba para describir sus probables ruinas eran las fotos del bogotazo del año 48. Lo demás ha sido un deseo casi morboso de contemplar su fin como una suerte de destino inevitable. Algo así como cerrar todas las puertas y forzar la imaginación hasta obtener una iconografía apocalíptica" (el subrayado es del autor del presente artículo).

Hemos tenido en nuestra novelística bogotana imaginarios ya por este estilo (lo recuerdo precisamente en "El día del odio" de J.A. Osorio L., que narra los acontecimientos del 9 de abril) pero este es distinto por la existencia de la autoconciencia narrativa: el autor no describe lo que ha sucedido, ni imagina lo que va a suceder, vive los acontecimientos físicos con la misma intensidad con la que se derrumban sus ideales y la de sus personajes. "Ciudad final" sería el imaginario de "Debido proceso" (3)

El imaginario de la ciudad, construido por sus habitantes, se desliza en los pliegues de las novelas, pues los escritores son también habitantes de ciudad. El imaginario de Bogotá apenas se ha movido a lo largo de los últimos años. Desde ese de las "calles del terror" de los días del 9 de abril, hasta este construido en la novela de Jaime Alejandro, que me he atrevido a señalar inicialmente como de "ciudad final".

Hoy habitamos en Bogotá un espacio caracterizado por la desconfianza, la intolerancia y la masificación de la violencia. Los Bogotanos hemos construido imaginarios rugosos, desdentados, de calles del terror, donde solo es posible el esfuerzo y no el placer lúdico del deambular. Este imaginario no depende del progreso arquitectónico de la ciudad, es sumatoria de los problemas sociales de un conglomerado de hombres que viven un espacio que no tolera más la desproporción. Por ello el imaginario de "ciudad final" no es exactamente una exageración o un caso de ficción novelada, se convierte para el lector como algo posible, no deseable.

 

Lo filosófico.

Camus dijo alguna vez: " Cada generación se cree predestinada a rehacer el mundo. Mas sin embargo, la mía sabe que no lo rehará pero su obligación es mayor: impedir que el mundo se deshaga". Nosotros los hombres que sobrevivimos intelectualmente al derrumbe del positivismo habíamos llegado hasta Camus. Dejamos de "... tomar al brazo la luna en el noveno cielo y pescar tortugas en lo hondo de los siete mares. Nada es imposible si el hombre se atreve a alcanzar las alturas", como lo dijo en un verso Mao Tse Tung. Nosotros aceptamos la imperfección como lo inevitable, pero Jaime Alejandro se atreve, en el contexto de la novela, a ir más allá, a insinuar la crisis absoluta de la fe, o mejor, a mostrar cómo el final de siglo ha comenzado a dar muerte a las ciencias sociales.

"Mi rostro esta desfigurado y en el pecho y los brazos se han extendido las llagas, pero aún tengo capacidad para teclear estas últimas palabras. Todo se deshizo. El intento por detener el derrumbe fue inútil. Siento sin embargo el sosiego de la tarea cumplida. Esta escritura no tiene razón ya para prolongarse. Puedo morir tranquilo, mientras escucho la terrible y a la vez reconfortante carcajada de los muchachos desde la eternidad"(pág. 154). El escritor perece por el deterioro físico. La escritura no tiene ya razón de continuarse. Los muchachos (sus amigos de vida y de intelectualidad) se ríen desde la eternidad. Pareciere que el autor nos habla de la muerte de todo: de la ciudad, de la fe, del futuro, de las ciencias sociales, de la literatura, pues la escritura (4) fue la única alternativa propuesta por el narrador ante la crisis (escribir aunque por ello se fuera la vida y... lamentablemente se fue).

Novela apocalíptica o final?. Es posible escribir un espacio contiguo a este (de la novela "Debido proceso)"? O lo que propone el autor es el único reto posible para los hombres del milenio? Construir, escribir pero en un espacio que no sea contiguo.

Hay que dar el salto! Ahí está la salida, dar el salto... pero ahora tocó darlo desde la muerte! Afortunadamente el narrador dejó un atisbo cuando señala que los niños serán los beneficiarios de las nuevas oportunidades que se les abren.

 

Sus puertas falsas

La novela deja inicialmente un sabor amargo pues pareciere ser simplemente un espectáculo de arquitectura narrativa en el Apocalipsis de una sociedad.

Su reflexión permite enfrentar unas puestas falsas que invitan a pensar sobre la verdadera intensión del autor:

La primera de ellas es su título(5) "Debido proceso". Sugiere este la verdad y la razón. Proceso, nos lleva a pensar en lo secuencial, en un final adecuado para la historia o para la ciudad o para la sociedad o la filosofía. Simplemente la novela es lo contrario. Nos enfrentamos desde el comienzo a una puerta falsa, pues lo que su título sugiere, es el proceso de la escritura misma de la novela.

La segunda de ellas es el índice, el cual sugiere dividir la novela en tres secciones: La indagatoria, el juicio y la condena. Parece que tal división se superpone con los verdaderos pliegues de la historia: Los primeros bombardeos sobre la ciudad; los estallidos extendidos sobre cualquier parte de su arquitectura, y tres, la ciudad en ruinas. Aunque ambas series de división del texto sugieren un camino al deterioro, la ciudad en ruinas queda en manos de los rebeldes como anunciando un final, que no es exactamente el final. O será esta otra puerta falsa? Y pensarlo vale la pena, pues hoy, es una verdad innegable que las puertas que ofrecen "los rebeldes" actuales en nuestro país, conducen a callejones donde no hay posibilidades para los "niños", como si lo señala el narrador.

La tercera puerta, es la arquitectura de la novela. Estamos frente a la lectura de la obra de un escritor que es un experto en hipertexto, es más, su novela se publica en paralelo con un extenso ensayo suyo sobre hipertexto y literatura. Allí plantea la muerte del texto tal como hoy le conocemos. La novela que se escribirá cada vez mas en el futuro, está formada por ventanas de autoconstrucción que se manejan entre lectores y escritores que deambulan por laberintos de imágenes y palabras. Esta novela ("Debido proceso") dista de lo hipertextual pero anuncia la muerte del trabajo literario como lo practica el narrador de la misma. O es sólo la puerta que nos conduce a esa reflexión, sobre nuestra necedad al negarnos (los escritores) a aceptar el hipertexto como un aspecto protuberante en el futuro? .

 

*   *   *

 

Es esta una novela contradictoria. Allí está su riqueza. La desesperanza que deja su lectura permite la reflexión para encontrar indicios del final de nuestra ciudad. Novela que pone distancia de otras publicadas últimamente que han abordado el tema de un final que se avecina.


Notas:

(1) Carlos Luis Torres-Gutiérrez (1956, Bucaramanga, Colombia). Magister en Literatura Latinoamericana, escritor y profesor de literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. Su novela "Barco a la Vista" fue publicada para la celebración del Quinto centenario del descubrimiento de América. Sus trabajos de creación poética, crítica literaria se publican en revistas virtuales y periódicos nacionales. Su dirección en internet: Cartg@hotmail.com
Otros trabajos suyos publicados en:
http://usuarios.iponet.es/casinada/xcltg.htm
http://www.ucm.es/info/especulo/numero12/plataque.html
http://www.ucm.es/info/especulo/numero9/n_urbana.htm
http://www.americadelsur.com/letralia/

(2) Al referirse a los poemas escritos por el "guerrillero loco" el profesor señala ver como "... una especie de escepticismo radical. La referencia al mundo exterior como un lugar en el que no puede haber ya amparo y la constante justificación del narrador protagonísta de su refugio en el interior, manifiestan esa desconfianza en la cultura, propia del nihilista, que ..."

(3) Escribo este artículo sobre la novela de Jaime Alejandro en el momento en que la ciudad de Bogotá recibe el empuje de infraestructura mas grande de toda su historia. El alcalde Peñalosa ha reconstruido andenes, vías, parques y sueña con un servicio masivo de transporte. ¿Será que el espacio apocalíptico construido en la novela es una equivocación del autor? ¿O simplemente que las construcciones en la ciudad son sólo el último repunte tardío de la planificación occidental?.
Los imaginarios formados en la mente de los habitantes de las ciudades sólo se cambian con el paso de los años, y no sólo desde lo físico pues los imaginarios urbanos son la sumatoria de los problemas sociales. Esta es una ciudad donde un gran porcentaje de sus pobladores son campesinos o migrantes muy cercanos a estos que vienen huyendo de una país que se desangra.
Es cierto que la ciudad ha cambiado: en la mitad de siglo esta era una pequeña ciudad de tranvías y tradicionales edificios. La segunda mitad se caracterizó por una prolongada violencia rural a lo largo del país que condujo a una gran migración hacia Bogotá, la formación de las nuevas instituciones y los intentos de planificación urbana centralizada. También fueron décadas cruzadas por la lucha intelectual, la capital fue el escenario para la fundación de grupos guerrilleros y levantamientos. Los años siguientes a los 80s y los 90s, han sido cruzados por la masificación de la violencia. Este corto espacio temporal para ir de la aldea a la urbe le dio a la ciudad un cuerpo físico, en apariencia metropolitano, y una mentalidad tradicional en la mayoría de sus habitantes.

(4) El escritor se enfrenta ante una sociedad en crisis y al reconocerlo recurre a la literatura como su única posibilidad de salvación. Recurre a la palabra pero en el proceso de su construcción se da cuenta que es muy poco lo que puede hacerse. De allí su afán por aferrarse a Angelita, su mujer, y a sus amigos los muchachos que ya ni son tan muchachos. Ese aferramiento resulta algunas veces una posibilidad, otras su única sensatez y otras simplemente una cursilería (en medio de tanto naufragio y sangre, aferrarse al pasado también es una contradicción).

(5) " ... ahora que los muchachos no son tan muchachos" pareciera que debe ser el titulo de la novela. Ahora que la realidad no es lo que debiera ser. Ahora que nuestro esfuerzo ha sido inútil.

30/09/2000

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/debido.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2000