Entrevista a José Luis Castillo Puche
(1978)

Juan Francisco Maura
Associate Professor
The University of Vermont


 

   
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Burlington, 7 de noviembre de 2004

Aprovechando la ocasión que me brindó haber sido alumno del citado autor me permití hacerle esta entrevista acompañada de unas fotos. Afortunadamente, siempre la conservé con cariño y ahora la saco a la luz, tras su muerte y veintiséis años después de haberse realizado.

Pienso que la presente entrevista es un testimonio inestimable de uno de los periodos históricos más importantes de la historia moderna de España: la transición a la democracia. José Luis Castillo Puche, uno de los narradores españoles más viajeros y con más dimensión americana, analiza dicho periodo histórico, dándonos una visión retrospectiva de los escritores más importantes que pasaron por su vida y analizando las relaciones entre España y Latinoamérica a finales de los años setenta.


 

Madrid, 7 de Junio de 1978


   En un clima de cordialidad el gran escritor y profesor de la Universidad Complutense, José Luis Castillo Puche, nos recibió en su casa de la “Ciudad de los periodistas” de Madrid.

Castillo Puche era para muchos de nosotros el profesor más entretenido de la recientemente estrenada Facultad de Ciencias de la Información. A menudo, en sus clases de Redacción Periodística, hacía digresiones sobre sus viajes y nos contaba algunas anécdotas sabrosísimas.

En el salón donde nos encontrábamos se agolpaban multitud de recuerdos de los numerosos viajes realizados a lo largo de su vida periodística. Un precioso gato nos hizo compañía durante toda la entrevista. Al acabar las preguntas, nos pasó al cuarto de estar, donde nos ofreció un aperitivo en compañía de su mujer y su hijo así como de una cuñada que acababa de llegar de Buenos Aires.

Entre sus últimas obras se encontraban: Jeremías el anarquista, El libro de las visiones y de las apariciones, y en periodo de elaboración, “El amargo sabor de la retama”.

 

JFM. ¿Con qué escritor y con qué época se siente más identificado?

CP. Yo soy un hombre que se identifica con la época que me ha tocado vivir, me siento identificado con mi tiempo, no me siento ajeno a los problemas del hombre y de la sociedad actual. Todos los escritores forman una lección, la lección del escritor; y es que cada uno saca lo que tiene que sacar, de un modo intuitivo, cada uno hereda de una forma inconsciente, se apodera de lo que le nutre y le da el resorte para poder hacer su obra. La obra se hace también de una manera instintiva, pesa sobre ella, no un autor, sino muchos autores, no solamente los propios, sino autores mas lejanos y remotos, aunque no sean de nuestra misma lengua.

JFM ¿Desde cuándo escribe usted y cuál es su temática preferida?

CP. Yo escribo desde siempre, porque esto es como un vicio y una enfermedad total. Escribo porque no he tenido más remedio desde el principio, es como una especie de expansión, de liberalización mía, personal, de mi espíritu. Creo que ello es necesario, vital; si no hubiera escrito no sé lo que habría hecho. Yo he tenido épocas de estudio, de inmersión, de problemas importantes de mi vida profesional y universitaria, incluso he sufrido fenómenos como la guerra. Pero todo, creo que lo he vivido no como un actor ficticio, sino como un hombre que lo que quiere es dar testimonio de su tiempo y de lo que pasa. Soy un hombre que va a remolque de los acontecimientos que le ha tocado vivir. Por lo tanto, soy un cronista inmediato de mí mismo ante los hechos que me ha tocado presenciar en la vida. Desde que ya tengo una mayoría de edad, en el sentido de independencia y de libertad propia, de independencia de lo que es posible de juicio, he escrito y he escondido lo que he escrito, o sigo escribiendo pensando que lo que escribo ahora algún día tiene que salir. Siempre de rechazo de lo que estoy viviendo en la actualidad, pero con una carga, con un peso, con un lastre inevitable de mi vida entera, sobre todo de mi niñez, de mi adolescencia y mi juventud. Todos los recuerdos se confunden, se amontonan, entonces, tomo los problemas que estoy viviendo como escritor para identificarme y transformarlos, sublimarlos y revivirlos de una manera totalmente imaginaria al mismo tiempo aunque parezca una contradicción real.

Estoy dando, siendo testigo de mi propia vida por muchos caminos, por la vía de la verdad, -como diríamos, de lo autobiográfico de algún modo- pero teniendo la vida de la creación totalmente repensada y resoñada, en un punto en el cuál yo mismo fuera un ser de muchas vidas, de muchas vidas posibles, imaginadas y fantaseadas. En todas esas situaciones yo me coloco en las vividas y en las soñadas, voy dando salida a ese mundo interior que muchas veces es un mundo de pesadillas, de gozo y de desquite, de ensueño, de revelar algo que no ha sido lo que no ha sido la realidad.

JFM. ¿Por cuál escritor siente especial admiración?

CP. Bueno, para mí ha habido escritores que han dejado más impacto que otros.

Respecto a esto, he sido un hombre muy caprichoso y arbitrario. Ha habido épocas en que los rusos han tenido mucho peso sobre mí, pero peso de sugestión, peso como de una especie de atracción casi morbosa. Otras veces ha sido un encanto con los italianos o con las novelitas de algún inglés o de algún francés, pero me parece que siempre he vivido mas cerca de los autores españoles, y al decir españoles tengo que decir también latinoamericanos -los que emplean nuestra lengua.

Yo creo que el autor que probablemente ha marcado el ejemplo de austeridad, de honradez, de decencia y de rebeldía total, -aunque fuera aparentemente hosco y un poco huraño- ha sido Baroja, al que he creído un gran señor y un gran maestro de la disciplina, hecha de una manera que parece una pura distracción, como una bagatela, sin mucho sentido de la tragedia y del sacrificio del autor. Para mí, era un señor que hace la horma y que moldea mucho el carácter y el espíritu del escritor; porque le da la incontaminación de la domesticación y la mansedumbre que crea el espacio que nos rodea. Creo que Baroja, más que estilísticamente en actitud ante la vida, ha sido el autor que más ha influido sobre mí.

JFM ¿Podría decirnos algo sobre la documentación que usted posee sobre el personaje legendario de Baroja, Avinareta?

CP. Bueno, yo en España -como tenía una especial predilección y una gran comprensión por todo el mundo barojiano-, me dediqué a seguir su pista para ver si podía encontrar más huellas, más rastros y más signos visibles de la vida, del tránsito por la vida aventurera, por la vida catastrófica y por la vida, al mismo tiempo un poco heroica o semiheroica. Porque hay muchas frustraciones en Avinareta, que es el personaje legendario de Baroja.

Efectivamente, publiqué un libro, Memorias íntimas de Avinareta, donde presento algunos de los documentos más importantes de Avinareta que Baroja no pudo ni tuvo la suerte de encontrar. Esto fue lo que realmente hizo que Baroja se echara por el camino de la invención y diera con una especie de pesadilla del personaje, recreándolo de una manera voluntariosa, tan voluntariosa que algunas veces nada tenía que ver con la realidad. Él siguió al personaje y lo idealizó, le creó situaciones, le inventó totalmente, hizo de lo que es historia una especie de relatos novelescos, hazañosos, de una gran y maravillosa idealización; hasta el punto que son muchos los libros dedicados, no a la biografía estricta del personaje de Avinareta, sino a las Memorias de un hombre de acción. Existen realmente una serie de libros de memorias de Avinareta, todas las novelas de Baroja en las que no se atascó, no afectó la falta de documentación, sino que la suplió - a mi parecer con una gran imaginación- con una fantasía desbordante pero muy contenida. Fue una pena que no contase con todos los datos de Avinareta, por ejemplo, acaban de llegar a mis manos algunos documentos de su vida, aunque ya antes había algunos inéditos de la vida de Avinareta en América, en Cuba concretamente. Tengo la intención de publicar recientemente un artículo conteniendo algún documento personal, que al propio Baroja le dolería muchísimo no haber conocido. Pero los documentos van por una parte, son como el complemento del semihéroe seguido y perseguido por D. Pío, mientras que él hizo lo que pudo, bastante a rastras, como un perro que tiene mucho olfato, como un detective, como un policía que sigue muy de cerca el asunto y el drama del ser, de ese ser al que quiso descubrir totalmente y al que creo que quiso rescatar, porque había sobre él una especie de vilipendio, olvido, negligencia y acusación histórica infamante que era convencional; quiso a su héroe al que consideraba injustamente tratado por sus contemporáneos y por la historia, por lo que puso de relieve todas aquellas acciones que en cierto modo lo engrandecían y magnificaban; por eso hizo lo que hizo. Me parece que como escritor y como novelista está maravillosamente trazado, lo que no creo es que sobre eso deba admitirse e1 rigor total histórico. Hay muchos vacíos, muchos lapsus, muchas contradicciones, muchas lagunas sobre el personaje de las que él no tuvo conocimiento, incluso hay una especie de asomarse a la realidad histórica con un afán de venganza, de reto y desafío, de decir que todos se equivocaron con Avinareta. Sin embargo, para mí la realidad histórica es que Avinareta no fue indudablemente tan importante, ya que en mi opinión se trató de un ser realmente patético, dramático, vidente, fue más bien un hombre iluso y soñador que realmente un hombre de acción trascendental. Él intervino o más bien soñó que quiso intervenir, porque realmente por sus manos pasaron situaciones comprometidas y difíciles que casi salvó. Me parece que toda la vida de Avinareta es como un sueño que además después embarga a Baroja desde dentro, porque a fin de cuentas lo siente como a un pariente, tan cercano y tan íntimo que tiene necesidad de rescatarlo y de hacer su apología ante el despecho y el odio histórico que le tuvieron sus contemporáneos, que no tuvieron mucha confianza en el.

Yo creo que este es un problema que importa poco al escritor. A mí, lo que me interesa es la anécdota de que aparezcan documentos que están en contradicción con la realidad de lo que dice Baroja de él. Esto no resta sin embargo la gran admiración que siento por su ídolo, porque a fin de cuentas, lo que cuenta es la literatura, y él quiso no hacer meramente literatura, sino hacer vida de un personaje. Que no diera auténticamente con los actos y los hechos probados de la existencia de Avinareta, no quita que haya verificado una trayectoria apasionante y eso es lo que realmente tiene interés en la novela.

Más allá de un hombre que creo que fue decisivo en muchas batallas y en muchas contiendas del X1X, Avinareta fue realmente un poco tránsfuga y un poco botarate, un poco mezclador de esto y de lo otro, un poco simulador y un poco maniático de haber intervenido y haber sido una pieza clave en muchos episodios sucedidos tanto en América como aquí. Realmente vio que existía en Avinareta una capacidad de formulación, de genio, para hacer cartas, para enredar y complicar a la gente importante de alrededor, ya que a la hora de la verdad resulta que ni era comisario real, ni tenía las misiones que se adjudica, ni realmente ejecutó las acciones heroicas que se atribuye. Esto es muy importante, porque lo mismo hojas de servicio que firmas sobre el “Empecinado” se ven que están casi hechas por el propio Avinareta. Es él mismo el que ha insuflado la leyenda ya que tenía una conciencia tan mítica de sí mismo que se creía lo que el mismo escribía. Por eso es muy propio que D. Pío se haya dejado seducir por este hombre -que además era pariente suyo-, que tenía una presencia un poco “atravesada” en el sentido físico (creo que fue parte del hecho que Avinareta no triunfara políticamente en la vida), es decir, era un hombre que no tenía una buena presencia física, que era casi calvo, que además era bizco y tal, que no infundía mucha confianza; no era un hombre agradable y además era un hombre mas bien introvertido, que se encerraba a conspirar y a buscar cadenas de complicidades y de intromisiones en una beligerancia en la cual era como el símbolo del capitán. Todo eso era un delirio, un delirio total y además la verdad es que los hechos iban por una parte y la realidad por otra.

JFM. ¿Qué lazos habría que estrechar más en la comunidad hispánica?

CP. Bueno, yo creo que en esto siempre estamos empezando a ensayar, creo que los lazos tendrían que ser los lazos cotidianos, es decir, que lo único que hace falta es que haya más comunicación y más gránulos y sobre todo mas información; nos falta una documentación elemental, al día de lo que pasa en cada país; vamos a retropelo de los acontecimientos y entonces nos enteramos de lo que ha pasado. No tenemos una información al día en lo literario, en lo económico ni en lo político. En todo hay una especie de enorme simulación y disimulo de gran hermandad y de gran sentir, y de que estamos muy fusionados, muy ligados y vinculados. En esto hay una especie de sueño, de delirio morboso que nosotros mismos queremos inventar, de una cosa que a veces no existe. Realmente algunas veces el grito de la sangre y el poder de la lengua así como los vínculos de la raza imponen o gritan algo. Aunque de hecho existe la posibilidad y la necesidad de que estemos unidos, la realidad es que los políticos y la desgana y apatía, incluso la oficiosidad de mucha de la información que tenemos entre nosotros es falsa, está mediatizada y manipulada de tal manera que no conocemos muchas veces la realidad, o nos cuesta mucho; cuando nos enteramos ya ha pasado, si se trata de una dictadura que ha contado con actos crudos y violentos, nos enteramos cuando esa dictadura ha caído y hay otra. Vamos haciendo como el balance de un testamento, como albaceas cuando ya las situaciones han pasado, no vivimos al día la realidad, hay un desconocimiento grande. Los culpables son muchas veces los instrumentos y los organismos que son inevitablemente esenciales y necesarios para esta conexión, para esta especie de nexo intercambiable y totalmente imperioso; no funcionan o funcionan en una escala puramente oficial, puramente ceremoniosa, puramente diplomática. A veces hay algún hecho relevante, una presencia allí o una presencia allá que rompe la monotonía y la rutina con que nos vemos --porque nos vemos con excesivo amor, con excesivo amor retórico y lírico, cotidiano--, para salir al paso, pero no como una necesidad profunda, inevitable y totalmente forjadora de algo solitario y cooperativo de verdad. Estamos enredados en la maldita oficina, en la burocracia y las relaciones no son las que debieran ser, algunas veces son incluso contrarias a como deberían ser.

Vamos muy detrás de los hechos, vamos en el vagón de cola recogiendo cuando ya ha pasado todo, y al mismo tiempo no nos adelantamos a nuestro papel, a nuestra función en el mundo, no estamos realmente bien relacionados. Tenemos apariencias y ficciones de hermandad y de todo eso, pero muchas veces es palabrería, no hay nada de verdad. Quizá acaso últimamente esto se ha roto por una vía que no es la instrumental oficial, quizá solamente por instinto de lo que es lo literario, este mensaje, este testimonio que hay en lo literario; quizá en este momento lo único que ha creado alguna especie de radicación, una realización sustancial de España y los pueblos hispanoamericanos lo están dando los escritores y la literatura, alguno considerado un profeta al que no creyeron y pasaron como de largo. A ello se ha unido un sentimentalismo que no se puede repetir, un sentimentalismo puro y a veces en total contradicción con los hechos. Los hechos exigirían que fuéramos más consecuentes, más razonables y más justos a la hora de medir a los países de allá, y sobre todo a la de medirnos en relación con ellos. Creo que vivimos utópicamente la realidad España-América, América-España, que seguimos creando ficciones y símbolos falsos y una ideología del tópico; así no iremos a ninguna parte. Solamente lo conseguiremos con lo que es presencia viva, esto es, la lengua; en esa sí creo. Lo que es presencia viva en algunos momentos es la sangre -eso está perfectamente demostrado-, pero desconfío mucho de las conexiones oficiales y diplomáticas, porque muchas veces viven de espaldas a la realidad.

JFM. ¿Cuál ha sido el hecho más significativo para Vd. ocurrido en estos tres últimos años en España?

CP. Bueno, a mí me parece que todo lo que está pasando es muy significativo, muy revelador. Creo que estamos, de una manera atropellada y muy poco metódica, como siempre hacemos las cosas en España, improvisando en unos años lo que hemos estado viviendo en cuarenta años y eso que en estos momentos se están realizando cosas más que constructivas y armonizadas, con una construcción sólida y cimentada para el futuro. Lo que estamos creando son precedentes y bases para que nunca se regrese a los puntos de partida anteriores, que la gente nos queremos saltar por no dar a entender y no aceptar que se han equivocado y que otros quisieron arrebatar totalmente y precipitar con una urgencia totalmente desmedida.

Creo que en estos momentos España está llevando a cabo, no un experimento, ni un ensayo, sino una tarea de la que los mismos españoles no se dan cuenta y de la que a lo mejor va a ser dificil regresar a pesar de todas las reacciones que hay en España.

España está en un camino de innovación, de cambio y de estructuras nuevas, algo que era necesario porque realmente estábamos inertes y completamente congelados. Este país, con todo su calor y su apasionamiento, es un país que ha adelantado lo indecible y en vez de ser un ejemplo para esos mismos países que hemos dicho que son tan básicos en nuestra dimensión, prolongación y continuidad histórica, hemos sido un mal ejemplo y una pésima lección durante muchos años. Pero ahora, a veces creo que es un Estado casi revolucionario. Vamos a ver hasta qué punto no somos cobardes, hasta qué punto somos unos hombres que creemos en el futuro, en la historia, en el progreso y en la democracia. Vamos a ver ahora si realmente somos un pueblo o después nos entra el pavor, el miedo y este país se anquilosa y se empavorece otra vez, volviendo al péndulo fatal de dar dos pasos hacia delante y tres hacia atrás.

España ha hecho muchas veces esto, esperemos que ahora no lo haga, porque tenemos un compromiso muy fuerte con las futuras generaciones. Son las generaciones jóvenes las que están haciendo la historia, por eso creo que es irreversible, que no hay vuelta atrás.

JFM. ¿Nos podría decir algo sobre la nueva revista que piensa publicar?

CP. Bueno, ya veremos, ya veremos, yo siempre estoy idealizando y como todos los españoles soñando con algo que hacer, algo que tenemos gana y necesidad de hacer. En los últimos tiempos he estado experimentando y creo que en poco tiempo he creado un precedente inexorable del camino a seguir. Creo que la última tentativa de mutación, de cambio de escena, de vocablos e incluso de estilo, de modos de expresión de cara a América la hizo la revista Mundo Hispánico. Los compromisos y asuntos oficiales hicieron que posteriormente la revista muriera, creo que un poco injustamente. Tampoco es que sienta dolor y lástima por una cosa, por una criatura que ya hizo lo que tenía que hacer, que construyó un hilo, un hilo de pervivencia en una actitud. Esto podrá ahora mejorarse con otras fórmulas como son las sociopolíticas y las socioeconómicas, y darle un giro totalmente distinto. Pero como yo digo, conviene cambiar el sentimentalismo como base de las relaciones con Hispanoamérica, y la retórica y el lirismo y todo lo que es declamatorio de estas fiestas solemnes, que no llevan dentro más que un poco de animación. Yo soy muy partidario de los hechos positivos e ideales que se trazaron y ahora son los herederos los que deben saber administrar lo que se les dio por anticipado sin caer en la superchería de las cifras y los números como base de vinculación y de proceso histórico armonizado entre nosotros. En lo que a mi respecta, creo que siempre habrá algo nuevo que salga, porque ahora tengo que viajar más y vendrán unas coyunturas en las cuales siempre habrá un programa que hacer, además de que nunca el hombre culmina la medida de sus deseos; por lo tanto creo que sí, que si no ya a nivel de una revista de la que sea responsable, sí que habrá algo en lo que siempre un señor que ha conocido y que ha recorrido América varias veces, así, de cabo a rabo como es el título de mi libro viajero sobre América -y que después ha ido de punta a punta afilando y perfilando, podrá hacer. Algún día todo este testimonio se tiene que concretar en algo sólido y real; y esto es todo lo que puedo pronosticar, testimonio y mensaje, un mensaje que se reducirá totalmente al testimonio, testimonio que no será efectista ni puramente decorativo sino algo inquietante, perturbador, preocupante: será el testimonio de que realmente no hemos completado la misión que tenemos que hacer entre todos y no con el típico papel de “la madre patria” y de tantas hipocresías y al mismo tiempo tanta adulación, con esas dos palabras “mágicas” que además son como nueces sin nada dentro.

JFM. ¿A qué escritor de la generación del 27 le habría otorgado el premio Nobel?

CP. Bueno, creo que está bien que se lo hayan dado a Aleixandre pero que realmente hay muchos que también lo merecerían.

Para mí, hay un hombre que es realmente un gran investigador, gran profesor y gran catedrático, que nos ha descubierto media literatura a un nivel superior y que ha enriquecido nuestro idioma con multitud de estudios, y ese es Dámaso Alonso. El hecho de que sea investigador, no quita lo creador. Creo que hay dos o tres libros de Dámaso Alonso que podían haber sido premio Nobel. Aleixandre soporta con mucha dignidad el premio, creo que es un premio muy decentemente y decorosamente repartido y compartido. Aleixandre es el portavoz de una generación. Creo que todos, unos más y otros menos, pueden alcanzar con una enorme brillantez el premio Nóbel. Ha sido una gran oportunidad y la consiguió Aleixandre, pero si la hubiese obtenido otro escritor como Dámaso Alonso la cosa habría sido totalmente honrosa y digna.

JFM . ¿A qué hora del día prefiere trabajar?

CP. A mí me ha gustado siempre trabajar por la mañana, pero las complicaciones de tener que ponerte a hacer algo para vivir, de hacer otras cosas de periodismo, que es tan matador y tan dañino algunas veces para la literatura, me ha partido en dos. Ha zanjado totalmente mi vida y me ha hecho vivir de una manera totalmente dolorosa. Menos mal que de vez en cuando vengo a darme mi gran vida de soledad y de retiro (Jávea), y en ese tiempo es cuando escribo mis libros y hago algo que no es tan mortificante y matador como esa necesidad diaria de vivir a base de periodismo, de revistas, de artículos, incluso de esa especie de esclavitud y de servidumbre que te da el periódico y la revista como director de esto o de lo otro. Quien haga lo que no quiere hacer, para después hacer lo que quiere, que lo haga con un sentido de agradecimiento, con más profundidad e interés.

Ahora vivo una etapa buena, creadora, después de que ha muerto esta revista [Mundo Hispánico] que yo intenté, que traté de cambiar de imagen y de palabra. Ahora, en mi rincón, sin abandonar totalmente lo que es mi tiempo, los hombres de mi tiempo y los problemas de este hombre y de este tiempo, manteniendo mucho contacto con la realidad, voy a dar una especie de empujón más grande, soy como esos relojes que van a presión... Ahora es una de esas épocas aparte de esta cosa que me vincula a la realidad que es el periodismo, pero el periodismo tratando a los que van a ser periodistas en la Facultad de Ciencias de la Información. Aparte de esto, que para mí es una curación, como una especie de medicina, que me da el pulso y el latido de la gente joven, de lo que sienten, de lo que piensan; aparte de esto, el hombre puede abandonar tareas inútiles cuando se convierten o te convierten a ti en una especia de fantasma muy prosaico de la realidad y no dejan realizar tu propia autenticidad, tu propia soledad y todo lo que está por hacer, para revelar tus sueños con la serenidad, con ese rigor que da el tiempo, no de esa manera tan volátil, no frívola -porque nunca he sido un hombre frívolo- con que se entregan los primeros libros, que cuando los entregaba incluso creía que todo iba viento en popa, creía en las palabras de aliento y de estímulo de los amigos, de los críticos.

Para estar satisfecho hay que llegar muy hondo y tocar venas muy profundas. Creo que esto me viene bien ahora y lo demás que se vaya al trasto o al carajo.

JFM. ¿Qué país le ha llamado más la atención?

CP. Ya sabes que soy un escritor muy viajero -ahora estoy en vísperas de irme a Rusia y China- me parece que cada país al que lo visita le viene a la medida del deseo.

Yo me he sentido muy feliz en muchos países sudamericanos, en Chile concretamente, en México, que es una delicia y donde tuve una recibida de vértigo, país que tiene una vida exuberante. Brasil, me produjo también una excitación, una especie de fiebre; hay muchos países por los que pasas más regalonamente que otros. Quizá el espacio, la dificultad, la satisfacción y el gozo vienen cuando los países son más atormentadores en algún momento y más excitantes, porque te dan una plenitud de gozo junto a un dolor más señalados.

Hay países que no te dejan nada más que el recuerdo de alguna amargura, pero hay países que tienen el estímulo de algún hecho histórico que te excita siempre. En estos momentos he dicho México; México y sus gentes, gente muy cariñosa. Chile creo que no se merece lo que esta viviendo y Brasil, que ha sido uno de los países que más ha tenido que soportar y que tiene un gran destino por delante.

JFM. ¿Cuál es la virtud que más admira en la mujer?

CP. A muchos escritores como Azorín, como Luis Vives, les ha gustado escribir sobre las virtudes que, en su opinión, ensalzan más a la mujer, haciendo de ella un tipo ideal. Yo sin embargo, soy más partidario de escribir, de hablar sobre la mujer después de conocerla. No obstante, creo que puedo responder más concretamente a tu pregunta diciéndote que la belleza es una virtud que realmente admiro en ella. Pero no me refiero a una belleza exclusivamente física, la entiendo más bien como algo abstracto, como un don. Una mujer bella para un hombre -solo uno-, capaz de poder ayudarle en todo momento, encauzarle, compartir su trabajo, sus dificultades,... inspirarle. ¡Cuantos artistas, músicos, pintores, escritores han realizado sus obras más grandes cuando esa belleza, ese carisma especial de una mujer determinada ha inspirado su fantasía, su genio! Una mujer que sabe estar en todas partes, siempre, ya con una palabra cariñosa, ya con una sonrisa amable. Es así como yo entiendo la belleza femenina, la virtud que más admiro.

 

Nota del Editor: José Luis Castillo Puche falleció el lunes día 2 de febrero del año 2004.

 

© Juan Francisco Maura 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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