La relación biografía/ideología
en La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa

Mar Estela Ortega González-Rubio
marestelagr@hotmail.com
Maestría en Literatura Hispanoamericana
Universidad Pedagógica Nacional
Bogotá - Colombia


 

   
Localice en este documento

 

¿Qué es un creador? -Es un hombre que en algo “perfectamente” conocido
encuentra aspectos desconocidos. Pero, sobre todo, es un exagerado.

Sábato, 1970

 

Después de la época de los ismos en la que se impusieron modas efímeras, era difícil encontrar en el mundo literario hispanoamericano perfiles de permanencia. Los novelistas del llamado boom trazaron una dimensión nueva, original y firme, de la personalidad universal del hombre hispanoamericano, con una lengua y unos sociolectos propios. Uno de los máximos exponentes de esa afirmación es el peruano Mario Vargas Llosa, quien ha logrado construír su estilo literario como uno de los nervios más vigorosos de nuestra actual novelística. Este ensayo busca proponer un análisis ideológico de su primera novela La ciudad y los perros (LCP), publicada por primera vez en 1959.

Para acceder a la comprensión y explicación de la ideología de un texto artístico hay que trabajar en estrecha sintonía con las vivencias personales del autor para poder ofrecer un soporte de los sentidos fundamentales que estructuran la novela. No intentamos aquí superponer la ideología a la literatura, ya que la obra se convertiría en un simple panfleto colocado al servicio de ciertas directrices político-ideológicas. Tanto en el periodo de implantación del nazismo, como en el que siguió a la revolución soviética, se sucedieron las tomas de posición que consignaban a la literatura una misión de divulgación político-ideológica.

De ahí que las formulaciones entre literatura e ideología que proponemos en este trabajo están condicionadas por la articulación de lo estético. Nuestra idea es acercar la novela LCP al texto de la sociedad y la Historia. Esta articulación permite apreciar el contexto de la vida social de un momento clave de ruptura en la sociedad peruana a mitades del siglo XX.

En este sentido, nos parece pertinente dar una definición de ideología; nos referimos a la que propone Guy Rocher, cuando dice que es “un sistema de ideas y de juicios, explícita y genéricamente organizado, que sirve para describir, explicar, interpretar o justificar la situación de un grupo o de una colectividad y que, inspirándose ampliamente en valores, propone una orientación precisa para la acción histórica de ese grupo o de esa colectividad” (1968, 127).

Así vemos pues, que en la medida en que seamos capaces de entender el texto literario contextualizado, éste podrá ser analizable en cuanto a prácticas ideológicas se refiere. Lo interesante es detenerse en la elaboración y metamorfosis de esas ideologías.

Mario Vargas Llosa nació en 1936, en Arequipa, Perú. Sus padres se separaron antes de él nacer. Lo educaron su madre y sus abuelos maternos en Cochabamba, Bolivia. En 1945 sus padres se reconcilian y él vuelve a vivir con ellos en la ciudad de Piura, en el Perú. Al año siguiente, 1946, se trasladan a Lima, la capital, en donde el autor permanecerá por varios años. Comienza su instrucción secundaria en escuelas parroquiales; de estas primeras experiencias, no muy agradables para su sensibilidad rebelde e independiente, nace su antipatía hacia todo dogma. A partir de estos años, se inician los choques de temperamento entre padre e hijo. Esta enemistad contra el padre llegó a su culminación cuando Mario fue enviado al Colegio Militar “Leoncio Prado”, de Lima, en 1950.

Esta primera parte biográfica sirve como marco de referencia para ir acercándonos a la dimensión histórico-biográfica de su primera novela. El padre de Vargas Llosa, periodista en el Servicio Internacional de Noticias, era para el joven un símbolo de la burguesía de aquel momento. Las palabras del propio autor sobre esta experiencia son muy reveladoras:

“Mi padre me envió allí [se refiere al Leoncio Prado]. Yo estaba convencido que mi padre estaba muerto. Cuando lo descubrí, no había ya posibilidad ninguna de comunicación entre nosotros. Nos llevamos muy mal durante los años que convivimos juntos. Nuestros caracteres eran polos opuestos. Había una desconfianza mutua entre nosotros. Éramos como extraños” (Harss y Dohmann: 1969: 353).

El Colegio “Leoncio Prado”, que era (es) una escuela reformatoria de tipo militar, con cánones tradicionalistas y conservadores, marcó una huella dolorosa en la psiquis del adolescente. Este espacio será después el centro de la trama de LCP. Es interesante saber que a Vargas Llosa se le envió al Leoncio Prado, como el mismo autor lo ha revelado, por juzgársele incapacitado para hacer labor literaria. Pero fue precisamente allí, según el autor le cuenta a Marcelo Camelo en una entrevista, donde empezó a escribir en serio: "[...] fue una grata experiencia literaria. Allí empecé a escribir de forma, en cierta manera, profesional. Cartas de amor para los compañeros y pequeñas novelitas eróticas que me permitían justificar mi vocación en un mundo en el que ser poeta era ser marica" (1989: 26).

En el Colegio “Leoncio Prado” estuvo Vargas Llosa hasta 1952. Fueron dos años brutales para él. Aquí observó la realidad de la posición darwiniana de la vida: sobrevivencia del más fuerte, ley de la violencia, la sociedad como jungla o selva. Fuera ya del Colegio, trabaja en varios periódicos de Lima, para independizarse y hacerse autosuficiente, a la vez que estudio en el Colegio San Miguel, preparatorio para entrar luego a la Universidad. Pero es hasta 1959 cuando empieza a trabajar en su novela LCP, cuando ya es un hombre casado; después de escribir La huida del Inca (1952) y Los jefes (1956), ser locutor de radio, reportero, catedrático y oficinista, entre otros oficios.

El primer título que le puso al quilométrico primer borrador de 1.200 páginas fue La morada del héroe, que cambió luego por Los impostores, para decidirse finalmente por el actual título La ciudad y los perros. Estando todavía manuscrita esta novela, ganó en 1962 el Premio Biblioteca Breve. Fue publicada en 1963 por la editorial Seix-Barral, de Barcelona. Una vez editada, obtuvo el Premio de la Crítica de 1963, y estuvo a punto de obtener el Premio Prix Formentor, por un voto fallido. Se ha reeditado muchas veces, y se ha traducido a muchos idiomas.

Debido a la sátira contra el Colegio Leoncio Prado que aparece en la novela, tan pronto como la obra comenzó a venderse en Lima, en una edición rústica, esta institución, fiel a su posición conservadora, declaró a Vargas Llosa como un pervertido mental, y se quemaron mil ejemplares en dicho colegio, en una ceremonia oficial. Dos generales dijeron que la novela era el producto nauseabundo de una mente enferma, y se tildó al autor de enemigo del Perú. También se le acusó de perversión, se le amenazó con demandarle para privarle de su ciudadanía, y se proclamó que difamaba los “sagrados valores nacionales” (Harss: 1969: 345). Este ataque a la novela acrecentó su fama y su popularidad, convirtiéndola en best-seller de la noche a la mañana. Vargas Llosa comenta su percepción de la novela:

“[...] ya no hay la ingenuidad de los años cincuenta, cuando se decía que a través de una novela se podía cambiar la historia. Pero tampoco me convence la idea de que la literatura es un entretenimiento superior, un juego del espíritu. Creo que deja huella en las personas y que modifica las personalidades; yo estoy muy condicionado por las obras que marcan mi memoria. [...] Creo que la creación literaria es una tentativa de recuperación y a la vez de exorcismo de ciertos fantasmas. Cuando uno escribe para compartir la experiencia, y a la vez está tratando de rescatar, de revivir, de salvar del olvido cierto tipo de experiencias que lo han marcado más profundamente que otras y que no quiere dejar morir, que no quiere que desaparezcan. Es un proceso complejo, contradictorio y del que el escritor no siempre está muy consciente y que, por otra parte, no siempre puede gobernar: muchas veces es gobernado por él” (Camelo: 1989: 25).

Con LCP, Vargas Llosa logra construir una sátira social, que es el presupuesto ideológico fundamental de la novela. Allí desenmascara las hipocresías de las instituciones, y señala las enfermedades espirituales de su época. El escritor peruano descubre una vía de acceso a su realidad: la actitud violenta con la que los individuos responden a una sociedad también violenta. El círculo cerrado de agresión llega a la literatura como el reflejo de un malestar sociológico generalizado, pero también como una clave simbólica más profunda: la rebeldía. Ésta se encarna principalmente en los jóvenes, y en ella puede verse un parricidio cifrado, la negación total de un sistema de vida heredado por una nueva generación, cuyos impulsos son tan urgentes como oscuros para ellos mismos.

LCP está habitada por jóvenes adolescentes, cuya expresión vital es la acción pura e irreflexiva. El Jaguar, por ejemplo, es un personaje marginado, violador de la norma social: mandar, controlar, acorralar, matar son sus móviles habituales. La historia de LCP posee una fuerza exaltada y un alto contenido energético: en ella la violencia brilla como un arma desnuda. La violencia estratifica a los individuos y los vuelve irreconciliables; para realizarse tienen que imponerse a los demás antes de que se los impida otro más fuerte; por todas partes rige la brutalidad y el culto al machismo. El propio Vargas Llosa ha dicho: "Yo creo que en un país como el mío la violencia está en la base de todas las relaciones humanas. Se halla omnipresente en todos los instantes de la vida de un individuo" (Camelo: 1989: 24).

La ideología esencial en toda la obra de Vargas Llosa (ya empezada a dibujar en “Los Jefes”) es la de la mecánica de los actos que desborda a sus agentes y los enfrenta a una situación que no atinan a comprender; sus propios actos los acusan, los reclaman como responsables, aunque no estén preparados para ello. Al jugar a la rebeldía, los colegiales, se transforman, de hecho, en rebeldes, y descubren que en la vida se está de un lado o del otro; del lado de los jefes o del colegio, de los viriles o de los cobardes, de los que mandan o de los que son mandados. Caen las máscaras y aparecen los rostros, para sorpresa y aún para terror de algunos que preferían la seguridad.

Fuerte y firme en su preocupación por toda injusticia, Vargas Llosa rechaza todo dogma esclavizante. La visión de una realidad local en que se enfoca a Latinoamérica como un mundo caótico, le desespera, llevándole a ver todo el universo como un caos. Precisamente, por su seguridad de que existe una sofocante crisis social y cultural en toda América Latina, es por lo que intenta hacer claro que el escritor debe enfilar sus lanzas contra todos los viejos valores que han tenido esclavizado al continente por tantos siglos. De ahí arranca su concepto de una literatura como escándalo, es decir, como cambio, como inquietud, como revolución.

La posición de Vargas Llosa en su novela inquieta los espíritus y despierta los anhelos de renovación; no nos parece que la actitud del autor sea la de una filosofía pesimista, desolada, fatalista y frustrante. La meta del escritor, como artista, es clarificar la verdad escondida (Oliart: 1970: 510), o como ha dicho García Márquez: “[...] voltear la realidad al revés” (Durán: 1968: 29). De ahí que Vargas Llosa arremeta contra el militarismo, contra la burguesía, contra el falso machismo, contra la violencia brutal, contra las esclavizadoras instituciones enmascaradas de ovejas. Para él, el individuo corrompe a la sociedad (a diferencia de Rousseau) y ésta corrompe a su vez al individuo, formándose así un círculo vicioso. De allí que la literatura deba ser insurrección, sátira, revelación de la realidad enchapada, intento continuo y agudo por desenmascarar la pobredumbre social. Es lógico que cuando se va a limpiar la casa, hay que revolcarla.

Este inconformismo del escritor frente a su época, es el eje de la novelística en Hispanoamérica. Como él ha explicado muchas veces, tal situación se ha dado siempre en épocas de profunda crisis social e histórica, antes de que se derrumbara por completo el andamiaje cultural (Vargas: 1966: 14). El conocimiento del mundo descrito en la novela, le viene al novelista directamente de su vida, de su propia experiencia. El factor autobiográfico siempre ha sido en Vargas Llosa un motor de experimentación.

LCP es un libro complejo en el que Vargas Llosa toca un tema álgido: la urgencia de cada gobierno por tener un ejercito fuerte, aprovechando, en este caso, la incapacidad de sacar buenas calificaciones y tener una buena conducta por parte de los alumnos de distintos colegios, los cuales son internados, en este caso, en el Colegio “Leoncio Prado”, por los padres que creen corregir, con una instrucción machista, las deficiencias de sus hijos. Alberto Fernández (el poeta), Roberto Arana (el Esclavo), el Jaguar y el Boa, a pesar de sus evidentes diferencias ideológicas, forman un cuadrado de víctimas y victimarios sociales que se repiten en la adultez.

El perspectivismo de la narración, caracterizado por la multiplicidad de puntos de vista o la apreciación del hecho desde distintas perspectivas, hace que los fenómenos pierdan importancia, concentrándose en los sujetos. La apreciación de la realidad es claramente crítica: el Colegio, aparte de ejemplificar la pésima reglamentación militarista, no es más que la representación de una sociedad peruana en crisis colectiva de valores. Los cadetes representan, entonces a la sociedad peruana, con sus distintos problemas. Los valores que rigen a estos personajes fueron impartidos por sus familias, las cuales son las causantes de este espiral de poder.

 

Bibliografía:

-CAMELO, Marcelo. “Conversación con Vargas Llosa”. En: Revista Diners No. 32. Bogotá: Panamericana, 1989. p. 23-27.

-DURÁN, Armando. “Conversaciones con Gabriel García Márquez”. En: Revista Nacional de Cultura No. 185. Caracas, julio-agosto-septiembre de 1968. p. 29-34.

-HARSS, Luis y DOHMANN, Bárbara. Antología mínima de Mario Vargas Llosa. Buenos Aires: Alfaguara, 1969.

-MARTÍN, José Luis. La narrativa de Vargas Llosa: Acercamiento estilístico. Madrid: Gredos, 1974.

-OLIART, Alberto. “La tercera novela de Vargas Llosa”. En: Cuadernos hispanoamericanos No. 248-249, agosto-septiembre de 1970. p. 54-59.

-SÁBATO, Ernesto. Hombres y engranajes. Buenos Aires: Emecé, 1979.

-VARGAS LLOSA, Mario. La ciudad y los perros. Buenos Aires: Alfaguara, 1997.

-VARGAS LLOSA, Mario. “La novela” (Conferencia pronunciada en la Universidad de la República, Montevideo). En: Cuadernos de Literatura No. 2. Montevideo, 1969. p. 65-70.

 

© Mar Estela Ortega González-Rubio 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/ciperros.html