La coordinación en inciso y su puntuación

Miguel Ángel de la Fuente González
Escuela Universitaria de Educación de Palencia


 

   
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Generalizando, se podría afirmar que los problemas de la puntuación pueden reducirse a tres: qué puntuar, cómo y por qué. Pues bien, en este artículo trataremos de responder a las tres preguntas, en el caso concreto de la coordinación en inciso.

 

1. IDENTIFICACIÓN DEL FENÓMENO

Para saber qué puntuar es necesario identificar el lugar o el fenómeno sintáctico pertinente, lo cual no siempre es tan simple como pudiera parecer. En el caso de la coordinación en inciso, y para una primera toma de contacto, puede servirnos el siguiente ejemplo:

De esta visión mutilada surge una visión deformada de las cosas que —y esto es lo más grave— intenta imponerse a los demás (Díaz-Plaja 1968: 45).

Lo que primero llama nuestra atención es su ortografía: vemos una coordinación enmarcada por rayas (signo típico de los incisos), lo que supone, además, una entonación a un nivel inferior al del resto del texto en el que se encuentra inserta. Morfosintácticamente, advertimos que se inicia con y; es decir, con una conjunción coordinante (podría ser otra, como ni, o, pero o sino). Por último, y por lo que se refiere a su contenido, se trata de una especie de digresión que sirve para valorar uno de los datos de la oración. En esta oración tenemos, pues, un parte objetiva, de exposición de hechos, la parte principal; y otra parte subjetiva, evaluativa, en inciso.

Este ejemplo, pues, puede servirnos de prototipo y como primer acercamiento a un fenómeno, el de la coordinación en inciso, que presenta una rica variedad de contenidos y de formas. Al estudio de estas variedades se dedicarán los apartados que siguen, no sin antes advertir que este tipo de construcción ha sido objeto de estudio, entre otros, por parte de Rojas Nieto (1982: 235-248), aunque sin referirse a sus problemas ortográficos.

 

2. TIPOLOGÍA O VARIEDADES FORMALES

Para explorar la tipología formal de las coordinaciones en inciso, vamos a tener en cuenta seis factores: el tipo de conjunción, su morfosintaxis, posibilidades de reintegrarse, su localización, extensión y complejidad.

El estudio de esta tipología tiene un doble objetivo. Por un lado, nos servirá para poder identificar, con una mayor seguridad, los casos de coordinación en inciso, en sus diversas posibilidades o variedades; y, en segundo lugar, para puntuarlos adecuadamente, ya que sus estas características pueden repercutir en el modo o tipo de puntuación (coma, raya, paréntesis, etc.), aunque a este factor en concreto le dedicaremos un apartado especial. Vayamos, pues, a la tipología formal.

2.1. Según el tipo de conjunción o nexo que lo encabeza. Suelen considerarse conjunciones coordinantes y (e), o (u), ni, pero, sino (por ejemplo, en Alarcos 1994: 318-323). Sin embargo, incluiremos también ejemplos de aunque, ya que su comportamiento tonal y ortográfico coincide con las otras conjunciones.

No obstante, y de momento, prácticamente, no tendremos en cuenta otras construcciones muy similares a la coordinación en inciso, como las iniciadas por otro tipo de elementos, como incluso, así como, además, excepto, etc. Estas otras construcciones, que también tienen un comportamiento ortográfico y tonal muy similar (que es lo que realmente nos interesa en este artículo), serán objeto de estudio en la segunda entrega de este artículo.

2.2. Según el aspecto morfosintáctico, tendremos incisos de oraciones o de partes de la oración. Así, encontramos incisos que, simplemente, incluyen nexos, y otros con oraciones, pasando por sintagmas de todo tipo (sujeto, complemento directo, etc,) y todo tipo modificadores. Algunos ejemplos:

Así se entiende que su devoradora pasión, sin (o con) esperanza, sólo pudiera dirigirse hacia una tercera persona (Turner1977: 20).

No obstante, ha habido autores que han pretendido hacer explícita la alternativa; que en lugar (o además) de ejercer la crítica a una realidad educativa dada, proyectaban a través de la literatura sus expectativas, sus deseos o sus predilecciones pedagógicas (Trilla 2002: 149).

Desde la muerte de Paolo Freire (y ya antes) son frecuentes los homenajes a su persona y a su obra (Trilla 2002: 174).

Ruth estaba asustada —y no sin motivo— y temía que cualquier asociación conmigo pudiera poner en grave peligro su carrera, la razón fundamental de su existencia (Sajarov 1991: 617).

Sin embargo (y éstas eran siempre ocasiones especiales), ella iba y pasaba unos días con él (Sajarov 1991: 617).

Si nuestro pueblo y nuestros líderes sucumben alguna vez ante tales nociones (y tengo más confianza en la resistencia de la gente lisa y llana que en la de los líderes), los resultados podrían ser trágicos (Sajarov 1991: 565).

Tal vez lo único que de ella [de esa teoría] podamos salvar es el reconocimiento implícito —ni siquiera declarado— de que el amor es, en algún sentido y de alguna manera, impulso hacia lo perfecto (Ortega 1971: 46).

2.3. Desde el punto de vista de su posible normalización, o incorporación al texto abandonando su carácter de inciso, podrían considerarse dos tipos, según resulten o no prescindibles los signos de puntuación. Tal posibilidad suele depender del elemento que le precede: si es de igual o diferente naturaleza morfosintáctica (o, incluso, semántica), lo que, respectivamente, favorece o impide su integración.

2.3.1. Incisos incorporables. Si el elemento anterior exterior al inciso es de la misma naturaleza (funcional o morfosintáctica) que el interior, se pueden suprimir los signos de puntuación (comas, etc.), sin que, según los casos, se advierta gran diferencia:

Durante muchos años iba a ser el español una lengua presentey creciente— en este tipo de obras (Lodares 2001: 77).

Durante muchos años iba a ser el español una lengua presente y creciente en este tipo de obras.

Más ejemplos:

El mandatario, bien es sabido, era el elegido por el pueblo —o el dictador— para que gobierne, es decir, un mandado para que mande (L. Carreter 2004: 69-70).

Está bastante claro lo que el señor Rajoy —o su intérprete— quiso significar: las iniciativas futuras del Gobierno dependerán de las circunstancias de cada momento (L. Carreter 2004: 288).

Estas historias, y otras semejantes, acabarían por confluir y sintetizarse en torno a la gran figura histórica del ya citado rabí Judá Loewe [...] (Azancot 1983: 8).

Y así, [el prefijo] súper- puede crecerle a cualquier adjetivo (o sustantivo) y hay miles de hablantes que se sentirían desvalidos si no ornaran sus calificaciones con ese bubón: su ligue les parece superguay, gozan de una pareja muy supercálida […] (L. Carreter 2004: 44).

Si mis ayudantes hubiesen estado antes a mi disposición —y si no hubiera tenido tanta confianza en un lugar como Nepal— aquella catástrofe hubiera podido evitarse (Subirana 2002: 95).

2.3.2. Los incisos no incorporables, que carecen de las características de los anteriores:

Habría que decir —¿pero cómo?— que la selección se hace con toda honestidad, con los datos que pueden conocerse (Díaz-Plaja 1968: 88).

Parece innecesario insistir en lo que es sabido: la dificultad de elaborar una antología que sea realmente expresiva no sólo del estilo, sino, y sobre todo, del pensamiento del autor seleccionado (Lago Carballo 1992: 17).

Es posible que estas normas favorecieran usos de pronunciación divergentes, o viceversa, que usos de pronunciación divergente —y hay algunos— pasaran con facilidad a representarse en distintas ortografías (Lodares 2001: 120).

Habían disuelto [los repobladores] lazos de parentesco o de servidumbre para llegar allí; procedían de muy diversos destinos, pero muchos —y esto es interesante— podían entenderse porque su fondo lingüístico, aunque divergiera, era el común heredado del latín (Lodares 2001: 197).

Por lo que hace a [el cuento] “El concierto”, había (y aquí sí la realidad no podía ser más real) una hija del presidente estadounidense Harry S. Truman, y esa hija de ese presidente era una cantante puede decirse que mediocre […] (Monterroso 2003: 46-47)

Pues bien, desde hace muchos años —y Emilio García Gómez me es testigo de mayor excepción— sostengo que la Edad Media europea no puede ser bien vista si la miramos centrando la historia de aquellos siglos en la perspectiva exclusiva de las sociedades cristianas (Ortega 1971: 136).

2.3.3. Los incisos reubicables. Se trata de casos en que se ha adelantado el segmento coordinable, a un lugar anterior al que le corresponde. Por ello, se podrían reubicar y suprimir la puntuación, o suavizarla al menos. Dos ejemplos:

Por ahora—aunque parezca paradójico—sólo le pediría yo a España una colaboración verbal (Reyes 1992: 51).

Por ahora sólo le pediría yo a España una colaboración verbal, aunque parezca paradójico.

Más adelante, sí le vería [a Pablo Neruda] algunas veces en París [...] y varias veces en Barcelona. Nunca, y lo lamento, en la mítica casa en la arena de Isla Negra (Tusquets 2004: 16).

Más adelante, sí le vería algunas veces en París y varias veces en Barcelona. Nunca en la mítica casa en la arena de Isla Negra, y lo lamento.

A la juventud argentina de entonces —y el caso podría hacerse extensivo a la juventud de otras repúblicas americanas— le aburría El Quijote; España no podía ofrecerles nada parecido a lo que ofrecían las obras de Rousseau o Tocqueville (Lodares 2001: 123).

A la juventud argentina de entonces le aburría El Quijote, y el caso podría hacerse extensivo a la juventud de otras repúblicas americanas; España no podía ofrecerles nada parecido...

2.4. Por su localización en la oración. Aunque, por su denominación, lo natural es considerar al inciso en el interior de la oración, hay seis posibilidades: al inicio de la oración (o coordinada al elemento inicial), en el interior (o coordinado al elemento interior), al final e, incluso, fuera de la oración. Vamos a verlas.

2.4.1. Al inicio de la oración, sólo es posible con aunque y con otros elementos como además de, excepto y similares. Dos ejemplos:

Aunque con cierto esfuerzo, puedo concebir la ausencia de la vida anterior, pero sin tu ayuda es imposible imaginar la presencia de la nueva (Kaverin 1972: 136)

Aunque menos truculenta, la muerte del Convencional G, en Digne, tiene un sesgo operático [...] (V. Llosa 2004: 124-125).

2.4.2. Unidos a un elemento inicial (por lo que aparece en segunda posición). Ejemplos puntuados con comas y rayas:

Sin embargo, y sin poder evitarlo, llega el instante en que una de mis tías nos sorprende y nos saca de nuestro escondite de escándalo (Monterroso 1993: 20).

Terminada la reunión, y de vuelta a casa, Father me aclaró muy seriamente que no se trataba de una broma (Subirana 2002: 170).

Así pues, y con la intención de ir clarificando la cuestión, vamos a detenernos en tal palabra (Vattimo 1994: 44).

Por sus ideas políticas —y algunas crisis personales—, a los treinta y cinco años, en 1810, embarcó [White] rumbo a Inglaterra (Lodares 2001: 122).

A la hora de la independencia —y durante muchos años después— la mayoría de los nuevos países americanos advirtieron la falta de una red escolar medianamente organizada, o de bibliotecas públicas, y con esta carencia la de manuales, cartillas y obras de divulgación (Lodares 2001: 115).

Por decirlo así —y salvadas esas pequeñas diferencias—, todos los hombres que la mujer conoce están a igual distancia atencional de ella, en fila recta (Ortega 1971: 57).

Ahora bieny aquí viene la segunda consideración que anunciábamos—, quizá no todas las pedagogías (teóricas y prácticas) sean igualmente coherentes y consistentes, en orden a promover el desarrollo de las condiciones felicitarias (Trilla 2002: 197).

Sin embargo, las cosas han sido de la siguiente manera: en primer lugar —y no se trata de falsa modestia—, en las ocasiones en que esos reconocimientos me han llegado no he creído nunca merecerlos (Monterroso 2003: 121)

El inciso, también, puede coordinarse con un segundo elemento, con lo que pasará a ocupar el tercer lugar:

Así, poco a poco, y sin que apenas se dieran cuenta, fueron pasando los días, los meses, y la Princesa comunicó al Príncipe que estaba embarazada y que su embarazo ya era bastante avanzado (Matute 1999: 12).

Sin embargo, para el hombre, y para la psicología del hombre, el rasgo más sobresaliente de la Colectivización fue su fracaso, profundo, abismal y con un impacto gigantesco (Amis 2004: 131).

Cuando nos trasladamos a la calle del Sol, a la casa nueva —y éste es uno de mis recuerdos más antiguos—, mi padre recibió la visita de sus amigos (Pla 1999: 18).

En definitiva, en España —y en otros países de Europa latina— el abultado, alambicado y volátil entramado político-administrativo fue vehículo de movilidad social (Varela Ortega 1998: 48).

2.4.3. La posición media o interior es la más típica, si no la más frecuente. Sólo podremos, pues, un ejemplo:

Respetó —e incluso encasilló— a sus figuras más emblemáticas (Varela Ortega 1998: 63).

2.4.4. Posición media coordinada a otro elemento (quizás menos frecuente que las del anterior apartado). Un caso con comas sólo:

El niño, en sus primeros años, usa las mismas palabras que pueda usar un adulto, pero no dice lo mismo porque aún no ha desarrollado plenamente la función simbólica [...]. Las primeras palabras del niño, así, y sean las que sean, cumplen únicamente una función deíctica (Cantero y Arriba 1997: 35).

Casos de comas y rayas o paréntesis:

Es la teoría de los fines y los medios que, intelectualmentey la descomposición de fines y medios es ya el resultado de una operación intelectual—, es insostenible (Aranguren 1968: 95).

Consigamos, en cambio —y mientras dura su etapa final formativa—[,] que [los bachilleres] alcancen a la tarea de ser hombres, partes integradoras de una colectividad que habla y se expresa a través de los contextos históricos y literarios (Díaz-Plaja 1968: 95-96).

Según este artículo[,] nuestro horizontes cultural habría entrado en una crisis notoria [...] al no haber continuado, con valores de primera línea, la gran creación poética iniciada por la generación del ventisiete, de la que cita (llamándoles, por cierto —y por razones bien discutibles—[,] “casi italianos”) a Rafael Alberti y a Jorge Guillén [...] (Díaz-Plaja 1968: 123-124)

Los niños dormían tranquilos, el fuego del hogar ardía cálido y apacible, y el mundo, sin embargo —o por lo menos su pequeño mundo que con tanto esfuerzo mantenían—, se estaba hundiendo (Matute 1999: 49).

La verdad, en definitiva —y esto es trágico—, depende de los medios de expresión, y mis medios de expresión son escasísimos (Pla 1999: 87).

El Quijote, sin ir más lejos (¿y qué decir de Shakespeare, expertos?), está plagado de préstamos de los clásicos griegos y latinos (Armas 1996: 41).

2.4.5. Casos en que el inciso se encuentra en posición final de oración:

Odiar es anulación y asesinato virtual —pero no un asesinato que se ejecuta una vez, sino que estar odiando es estar sin descanso asesinando, borrando de la existencia al ser que odiamos[—] (Ortega 1971: 36).

Se hacía esto [encajar a los niños en una lengua minoritaria] como si tal cosa fuera una conquista de la modernidad (y como si fueran idénticos los casos del gallego, el vasco y el catalán, el último de los cuales tiene poco que ver con los dos anteriores) (Lodares 2000: 257).

Se invita a los eruditos locales, gente más en contacto con la realidad popular (y que, por cierto, también dan clase en la universidad en algunos casos) (Lodares 2000: 128).

Todos [estos procesos] ocurren más bien entre niveles (o más precisamente, entre entidades que pertenecen a niveles diferentes) (Bunge 2000: 103).

No veo que haya ninguna afición, naturalmente, por la lotería —ni por la nacional ni por ninguna otra combinación de esta clase— (Pla 1999: 206).

2.4.6. Por último, en posición externa. Aquí ya no se encuentra enquistado el inciso, sino fuera y después de punto. Para que se perciba claramente que se trata de un inciso, y no de una coordinación normal, suele acompañarse de paréntesis (no hemos encontrado ningún caso con raya). Según la nueva normativa (RAE 1999: 57), el punto debe ir fuera del paréntesis (antes debía ir dentro). Algunos casos:

Carner, claro, tendrá discípulos. (Y quizás esto es lo que no convendría) (Pla 1999: 63).

Lo que importa de una teoría es que debe “funcionar”. (Pero no explica exactamente qué significa que una teoría “funcione”) (Bunge 2000: 284).

Una segunda razón es metodológica: los académicos del llamado campo humanista tienden a rechazar sin más la teoría de la elección racional a causa de su apelación a la razón y su empleo frecuente de símbolos y argumentos lógicos. (Pero no ofrecen modelos alternativos) (Bunge 2000: 148).

Las referencias extralingüísticas no son tales, sino al revés: el lenguaje, lingüística o filosófico-lingüísticamente considerado, funciona como un juego, atenido a sus reglas intrínsecas, las que lo constituyen como tal: lo extralingüístico, en la medida -problemática- en que se puede “hablar” de cosas, más allá del lenguaje, lejos de servir de fundamento a éste, han de derivarse de él. (Y en efecto, eso es lo que muestra Hjelmslev a través de su famosa contraposición de “Wood”, “Holz” y “Bois”: cada una de estas palabras, dentro de la estructura unitaria de la lengua a que pertenece, alumbra, recorta, constituye un “mundo exterior” diferente) (Aranguren 1968: 137).

El máximo de separación sería formar parte de otro párrafo (ir tras punto y aparte), como en este ejemplo (Díaz-Plaja 1968: 49):

El modo británico de la oratoria exige, como se sabe, el gesto de los brazos verticales, y la modulación mínima de la palabra. Gritar es un atentado a la buena costumbres, porque lo que prevalece es el contenido mental que la voz proyecta en el aires. Sólo eso.

(¿Y no es bastante?).

2.5. Por la extensión, hay enorme variedad de posibilidades, a partir de los casos mínimos (de dos palabras):

En este trabajo, intentaremos describir y comprender cómo era —o es— eso que se ha llamado “escuela tradicional” (Trilla 2002: 21).

¿Debemos quejarnos, o no, de los tiempos que vivimos? (Pérez de Ayala 1985: 65).

Sería petulante (y falso) decir ahora que con este pequeño trabajo el autor intenta paliar tal ausencia (Trilla 2002: 182).

Los últimos [moriscos] en marcharse —o asimilarse— fueron los del valle de Ricote, la tierra murciana que va de Avarán a Calasparra (Lodares 2001: 93).

La extensión puede repercutir, entre otras cosas, en la utilización de un signo fuerte de la escala (raya o paréntesis, en vez de coma), con el objeto de conseguir mayor seguridad en la identificación del inciso y pleno control visual de sus límites.

Por otra parte, la extensión del inciso puede medirse de forma relativa, comparándola con la oración que lo contiene. Así, puede ser, cuantitativamente, menor (como los ejemplos de dos palabras), igual o superior a ella. Unos ejemplos variados:

En su mentalidad, se comprende el desconcierto de este hombre ante la actitud ambigua de una Iglesia algunos de cuyos miembros contribuyeron a la proscripción del catalán —y subrayaron los símbolos unitarios de la lengua española mucho más allá de lo que al franquismo más extremoso y delirante se le hubiera ocurrido, como lo de españolizar el latín— y ahora andaba por otros derroteros (Lodares 2000: 240-241).

La mayor parte de mis proyectos —y entre ellos el de escribir esto que estoy escribiendo sobre la manera cómo se hace una novela— quedaban en suspenso (Unamuno 1971: 138).

Creemos que, en buena medida, eso [la idea global de escuela] se ha perdido (o se ha ganado, ya que tampoco nos atrevemos a afirmar que este cambio de orientación en el discurso pedagógico sea para mal: en cualquier caso, es un hecho) (Trilla 2002: 98).

Como todas las generalizaciones demasiado ambiciosas —y más cuando se refieren a las evoluciones sociales, tan complejas siempre, tan imbricadas en la trama de sus diversos elementos, y donde cada instante conserva aún la memoria o el resabio del instante anterior y anuncia ya las adivinaciones o pregustos del instante que ha de sucederle—, esta afirmación ha de tomarse con algunas reservas (Reyes 1992: 143).

2.6. La complejidad del inciso se puede manifestar de diferentes formas. Así, la coordinación puede encadenarse o contener, a su vez, otro inciso.

2.6.1. Coordinaciones en inciso consecutivas (seguidas de otra, de segundo orden, digamos). Aquí pondremos ejemplos donde no sólo hay conjunciones coordinantes, sino también otros tipos de nexo (además de...; así como...; etc.). Las soluciones ortográficas son varias (sólo comas o combinaciones de comas y rayas o paréntesis). Ejemplos:

Así Cassou me llama, además de salvaje —y si esto quiere decir hombre de la selva, me conformo—, paradójico e irreconciliable (Unamuno 1971: 109).

Más cercanos a nosotros, casi todos los ideólogos de la Nueva Derecha son racionalistas, en tanto que la Nueva Izquierda (o lo que queda de ella), así como los movimientos feministas y ecologistas, están plagados de irracionalistas, en concreto de enemigos de la ciencia y la tecnología (Bunge 2000: 209).

Raffaella, además de ser una hermosa italiana de pelo oscuro y ojos vivarachos, y licenciada en chino (de hecho, se conocieron como estudiantes de chino), es sin lugar a dudas una excelente cocinera que sabe preparar las pastas como nadie (Subirana 2002: 20).

Ejemplos de incisos coordinados en cadena, puntuados por coma:

Pero aquí no intentamos (ni podríamos, ni sabríamos) hacer la historia cronológica y minuciosa de la escuela, sino sólo mostrar cuatro sistemas genéricos de enseñanza, para esbozar la génesis de la escuela tradicional (Trilla 2002: 62).

Además, una filosofía social no puede limitarse a la política (o a la economía, o a la cultura) (Bunge 2000: 199).

El honor nacional —o regional, o local— está mucho más alto que el color de una camiseta (Díaz-Plaja 1968: 204).

Hay una gran diferencia entre un hombre de negocios —o un organizador, o un político, o un general— experimentado y otro que no lo es (Popper 2002: 101).

2.6.2. Coordinación en inciso imbricada dentro de otra coordinación en inciso (el inciso imbricado lo reproducimos en cursiva, además de en negrita):

Evidentemente, leer a cualquiera de estos gigantes —o a otros que podría, y acaso debería, haber nombrado— constituye un enorme placer y reporta innumerables beneficios [...] (Sánchez Ron 2005: 34).

Ejemplos con diversos tipos de nexos (incluso, amén de, etc.) y diversas soluciones ortográficas (comas, rayas y paréntesis):

Como si no hubieran pasado décadas, El tiempo de la amistad escrito por Bowles es una metáfora de la utopía de la paz, de la placidez imposible y de la irreversible decadencia que acompaña al ser humano en cada uno de sus actos, de sus pasos y sentimientos, incluso —y sobre todo— el de la amistad (Armas 1996: 260).

Descubrí también que en la radio, en “Protagonistas”, con Luis del Olmo, dijeran lo que dijeran (y digan hoy lo que digan quienes siguen diciéndolo con el virus de la inquina o porque el mundo no les ha dado la gloria —incluso radiofónica— que ellos creen que merecen), podía ejercerse con nitidez una extraña libertad, sin miedos y, al mismo tiempo, expresar (también sin miedo) un sarcasmo feliz y constante frente al poder y sus diferentes aparatos (Armas 1996: 190).

En medio no está sólo la bodeguita, la fula (el dólar) -también llamado elegguá, el orisha que “abre y cierra caminos”-, el turismo sexual de españoles, italiano y alemanes (amén de la curiosidad —también sexual— de otras tribus civilizadas y opulentas) (Armas 1996: 250).

 

3. TIPOLOGÍA Y VARIEDADES SEGÚN SU CONTENIDO

La coordinación en inciso, en oposición a la normal (o del mismo nivel), puede estar motivada por diferencias de contenido entre los elementos coordinados. Permítasenos emplear el socorrido refrán: No se pueden sumar peras y manzanas; refrán que advierte sobre el problema que supone las diferencias entre los sumandos (aquí, oraciones o partes de oración), diferencias que determinarán cierta distancia o desnivel: no una coordinación normal, sino en inciso.

Por tanto, nos encontramos con una oposición de contenidos entre el primer elemento (el de la oración receptora) y el del inciso. Esta oposición podría ser por ejemplo: contenido residual frente a contenido principal; contenido negativo frente a contenido positivo; subjetivo frente a objetivo; etc.

No pretendemos estudiar este aspecto de forma exhaustiva, sino que vamos a limitarnos a los casos que nos han parecido más significativos. Son un total de once: contenido residual, no banal, opuesto, cuestionado, reconsiderado, de semejanza fónica, subjetivo, metalingüísticos, enfatizado y de modalidad, tiempo y aspecto diferentes.

3.1. Contenido residual. Se trata de un material que se añade al cúmulo de informaciones, no como un elemento más, sino como secundario o de segundo orden:

Fernanda ha aprendido a nadar, Clío ha aprendido a hablar y yo he aprendido a pronunciar una versatilísima frase en español: Lo siento mucho, no puedo ayudarle (ah, y la igualmente socorrida Yo no sé nada) (Amis 2004: 260).

Nicolás II fue fusilado en secreto en un sótano de provincias con su familia inmediata (y cuatro miembros de su séquito) (Amis 2004: 63).

Este carácter residual se nota especialmente, si le antecede una enumeración completa (aquella cuyos dos últimos elementos van coordinados), o está incrustada en ella, como sucede en los siguientes casos:

En las altas esferas del Perú, de Colombia, de Venezuela y de México —y también de Argentina—, Miguel Boyer fue por mucho tiempo el hombre del milagro económico español (Armas 1996: 85).

El nivel cultural de los presos era asombrosamente elevado, había académicos y científicos (y novelistas) paseando en las celdas (Amis 2004: 273).

¿Cómo las interpretaron en Londres, París y Washington, y en Berlín, conforme se acercaba la guerra? (Amis 2004:188).

Unos días después de iniciarse la Operación Barbarroja (nombre en clave original, y más brutal: Operación Fritz) opiniones informadas sostenían en Londres y Washington —y en Moscú— que la guerra estaba ya perdida (Amis 2004: 210).

La “Vida de Chernichevski”, que abarca unas cien páginas de La dádiva, es seria (y cómica) y erudita, y se basa en abundantes lecturas (Amis 2004: 53).

Para explicar esta humillación se suelen aducir ciertos condicionantes históricos, que son: la herida generacional de la Primera Guerra Mundial (una guerra triunfalmente calificada de “imperialista” y por lo tanto de capitalista), la depresión económica de 1929-1934, el ascenso del fascismo y luego del nazismo (y su confluencia en la guerra civil española) y, más tarde, el peso moral de las bajas rusas en la Segunda Guerra Mundial (Amis 2004: 48).

También en este apartados podrían incluirse ciertos contenidos eruditos. Algunos ejemplos:

Esa madre generosa que le llevaba a uno de la mano, desde Lisboa a Jerusalén (o desde Odisipo a Hierosolyma, si prefieren), entendiéndose con casi todo el mundo que le saliera al paso (Lodares 2000: 259).

Gracias a eso también, y como contrapartida, simultáneamente encontrábamos la mejor manera de vengarnos de esas palabras, jugando siempre con ellas, construyendo palíndromos (o palindromas, como los llamábamos), retruécanos o epigramas, a la vez que soportábamos o disimulábamos nuestras angustias existenciales y nuestras tristezas entre bromas constantes y fiestas con mucho vino (Monterroso 2003: 38).

3.2. Añaden o suman un contenido no banal. Por ello, conviene reconsiderar el tópico de que, por tratarse de un inciso, se puede suprimir y no pasa nada en la oración. Ciertamente, en la estructura de la oración, no; pero en el contenido, sí, pues lo empobrecemos o mutilamos, más unas veces que otras. (Problema diferente es la conveniencia de incluir, en un inciso, una determinada información). Algunos ejemplos:

No menos preciso fue mi anuncio de las profundas —y entonces increíbles— mutaciones políticas que iban a venir (Ortega y Gasset 1965: 79).

Porque yo era testigo excepcional de casos y cosas que por respeto al prójimo —y a mí mismo— debía silenciar (Dicenta 1996: 33).

Los primeros —y torpes— esfuerzos del antropólogo por hablar la lengua de sus anfitriones también suelen provocar mucha risa (Bremmer 1997: 236).

Al final de su carrera —y de su vida—, ambos extremaron la vuelta a los orígenes, a la subversión contra la sociedad burguesa establecida (Platón 1998: 143).

El barullo en Europa —y en todas partes— es indescriptible (Pla 1999: 550).

Tan sombría o más —y, desde luego, mucho menos irónica— es la visión del pueblo de la gran ciudad y de la sociedad de la capital provinciana (Laín Entralgo 1997: 208).

Quizás el origen de la curiosidad que he sentido por la Química y la Medicina —y por la ciencia positiva, en general— proviene del respeto que siempre he tenido por el materialismo experimental (Pla 1999: 365).

Joan B. Coromina se ha considerado obligado a hablar, con displicencia —y en nombre de la religión—[,] de las beatas de la villa (Pla 1999: 427).

3.3. De contenido opuesto. Incisos que niegan algún elemento de la oración en que se insertan (antónimos, polaridad negativa frente a la positiva, etc.). Por ejemplo:

Y también es probable que alguien advierta que los éxitos (o los fracasos) deportivos de un país están en relación directa con el mimo (o la desidia) con que este país trata la educación física escolar (Trilla 2002: 173).

Por desgracia —o por ventura— eso no acontece (Ortega y Gasset 1965: 29).

Y así, viendo lo que es el recreo, vemos lo que no es la clase (o viceversa) (Trilla 2002: 46).

Otro criterio de distribución de los lugares podría ser el sexo, si las escuelas eran mixtas (aunque no coeducativas): las niñas delante y los niños detrás (o al revés) (Trilla 2002: 65).

Y esto nos lleva a enfrentarnos con la otra cuestión antes planteada, la del carácter imprescindible, necesario —o, por el contrario, prescindible o innecesario— del contorno definicional (Porto Dapena 2002: 316).

Será casualidad —o no—, pero a los cuatro días aparecía en estas mismas páginas un artículo sobre el estudio de un sociólogo catalán [...] (Castrillo Salvador 2004: 4).

3.4. Incisos que cuestionan o matizan, en cierto modo, algún contenido de la oración receptora, sin ser tan rotundos como el tipo anterior. Ejemplos:

Algún autor ha hablado también de la “escuela-cuartel” como una forma metafórica (o no tan metafórica) de describir el funcionamiento de algunas instituciones educativas (Trilla 2002: 160).

El manual escolar es como el depositario de la verdad que debe ser transmitida; por eso no es extraño que los libros sagrados fueran antiguamente —y no tan antiguamente— los libros educativos y escolares por excelencia (Trilla 2002: 51).

¿Cuándo comienza ese pequeño —o no tan pequeño— drama en España? (L. Carreter 2004: 15).

Lo único bueno de ese recorrido […] es su desenlace, esa noche de escrutinio durante la cual sobreviene un derrame de felicidad en todos los partidos (o casi) (L. Carreter 2004: 74).

Al poco tiempo Sergei Vavilov llegó a (o tal vez ya lo era) presidente de la Academia de Ciencias [...] (Sajarov 1991: 122).

Todos creíamos (o por lo menos esperábamos) que el mundo de la posguerra sería decente y humano (Sajarov 1991: 75).

Hoy en día sólo el ciego o el sordo no saben (o fingen no saber) (Sajarov 1991: 73).

[...] La película de “romanos” que, con la habitual sensibilidad waltdisneyana, se complace en destacar las crueles costumbres imperiales en Roma, como si esa crueldad no fuese, ni más ni menos —y más bien menos que más—[,] la propia de la época (Goytisolo 2002: 154).

3.5. Retoma (y repite en forma más o menos completa) un elemento antecedente para añadir nueva información o matizarla. Algunos ejemplos, donde el elemento retomado lo ponemos en cursiva:

Entonces, y sólo entonces, Madrid nos habrá revelado su secreto (Laín Entralgo 1997: 166).

La finalidad de la educación no puede ser (o no puede ser sólo ni principalmente) el dar trabajo a los profesores (Trilla 2002: 187).

Ya [los alumnos] no se aburren en la escuela (o no se aburren tanto como antes): lo cierto es que ahora algunos se aburren cuando no pueden ir a la escuela (Trilla 2002: 200).

Bien podría aplicarse aquello de: “dime qué libros de texto utilizasy si los utilizas o no— y te diré qué pedagogía es la que gastas” (Trilla 2002: 53).

Mi característica profunda es la debilidady la debilidad es peligrosa porque puede contener muchos gérmenes de injusticia— (Pla 1999: 89).

Ya que tenía que haber acción —y tenía que haberla porque la presiente allí, al borde de la piscina del hotel Delhi, al percibir, muy cerca, el movimiento del mundo—, es la acción lo que la envuelve a ella (Puértolas 1993: 272).

Nada de eso es de sentido común, porque además no es posible llevarlo a cabo (y si se pudiera, sería un despilfarro de tiempo) (Trilla 2002: 89).

Un caso típico puede ser el inciso que comienza con “y esto...” o similares (tanto con valor anafórico como catafórico, y quizás con ambos). Por ejemplo:

Es uno de aquellos hombres que no puedo imaginar más que en plena salud —y esto independientemente de las circunstancias, favorables o adversas, de la vida— (Pla 1999: 109).

Queda por decir —y con esto reanudo un cabo entonces suelto— que no fue siempre esta la actitud intelectual y estimativa de Unamuno (Laín Entralgo 1997: 450).

Pero otras veces, y en esto consiste su más alta gloria, llegó [Manuel Machado] a ser poeta para todo pueblo y todo tiempo (Laín Entralgo 1997: 514).

Los escritores del 98 —y este es otro rasgo esencial de la escuela— van a ese gran poeta [Gonzalo de Berceo], como van a otros autores de la Edad Media, como reacción lógica ante la ampulosidad en la literatura (Laín Entralgo 1997: 440).

3.6. Contenido que, por su semejanza (fónica u ortográfica), conviene incluir en inciso para crear un conveniente distanciamiento:

No olvidemos que las reglas gramaticales describen —y presciben— el lenguaje escrito, no necesariamente la lengua hablada, cuyo conocimiento gramatical deja aún mucho que desear (Cantero y Arriba 1997: 166).

¿Cómo esa situación histórica, compartida por todos los miembros de la generación [del 98], pudo determinar —o codeterminar, cuando menos— esa común disociación entre la historia y la intrahistoria, y el común menosprecio de lo que suele designarse con el nombre de la primera? (Laín Entralgo 1997: 333).

[…] Si toda la población española conoce el español ¿en qué idioma —o Idioma— van a funcionar mejor y con más frecuencia notarios y registradores? (Lodares 2000: 237).

3.7. Un cambio del plano objetivo al subjetivo, o una referencia al sujeto emisor. Algunos ejemplos:

No sería difícil dibujar la fisonomía de esa existencia que ha coincidido con el período llamado —y a mi juicio mal llamado— de la posguerra (Ortega y Gasset 1965: 74).

El mejor remedio para estas angustias ante la competencia lingüística —y reconozco que esta es una opinión muy particular— es dejar que cada cual obre por su cuenta según sus intereses (Lodares 2000: 83-84).

Pero este criterio así tomado —y debo confesar que no lo toman así, tan toscamente, los sumos [representantes] de la escuela— es de una estrechez inaceptable (Unamuno 1964: 18).

Este es un sermón que hay que predicarlo a diario —y por mí no quedará— en aquellos países, entre aquellas gentes donde florece la sobreestimación a la ingeniería con desdén de otras actividades (Unamuno 1964: 20).

Puede tratarse de un gesto irónico o jocoso, dentro de un contenido serio:

Este es el malvado busilis de la palabra, que se esconde a la agudeza de quienes tratan de esas cosas; el concejal, el alcalde, el diputado y demás agraciados —o desgraciados— por los votos dejan de ser electos en cuanto toman posesión, esto es, apenas entran en nómina (L. Carreter 2004: 190-191).

La carta de Breznev había desaparecido, al igual que los originales que representaban cinco meses de trabajo de estas Memorias. Este fue el primero de muchos robos (o “confiscaciones”, llámelos como quiera) de este sisífico trabajo mío (Sajarov 1991: 671).

Quiero decir (y digo) que la clase de Derecho Penal de la Universidad meseteña se asemejaba a tantas ciudades de la Meseta: una alta catedral gótica rodeada por humilde caserío (Prieto1980: 250).

Es el médico de casa —y , por lo tanto, es un gran médico— (Pla 1999: 114).

[...] El Partido Comunista acaba de aprobar, triunfalmente, en su último congreso, la marcha indetenible del país hacia el mercado y el capitalismo bajo la dirección esclarecida —¡y única!— del marxismo-leninismo-maoísmo (V. Llosa 1994: 157).

Todos los arquitectos, antes o después, construyen un mausoleo. Y todos los arquitectos (o sea, los mismos), entes o después creen que han hecho la pirámide de Keops (Rigalt 2004: 72).

El hecho de no puntuarla puede dificultar la percepción de una ironía o guiño del autor. Tal es, en nuestra opinión, el siguiente caso:

Carmelo era católico, sentimental y poco inteligente o trabajador, pues eso de la inteligencia es muy complicado (Prieto 1980: 15).

Carmelo era católico, sentimental y poco inteligente —o trabajador, pues eso de la inteligencia es muy complicado—.

3.8. De contenido metalingüístico, con reflexiones sobre lo dicho o lo que se dirá (frecuentemente con verbo dicendi). Ejemplos:

Yo —y lo confieso no con pesar, sino con nostalgia— era, por aquel entonces, un odioso niñato que cantaba las cuarenta al lucero del alba (Dicenta 1996: 33).

Nunca me ha acabado de convencer la interpretación vulgar —y digo que hay interpretación vulgar porque hay otras—[,] la interpretación vulgar de lo que se llama materialismo histórico de Carlos Marx (Unamuno 1997: 485)

Las huelgas más nobles —y luego tendré ocasión de hablar de esto— han sido las huelgas que se han hecho por un sentimiento de justicia, por un sentimiento de dignidad, porque no sea uno atropellado en su personalidad (Unamuno 1997: 486).

Había aquellas huelgas, todos recordaréis, que se decían puramente económicas; pero ha habido una que ha sido una huelga —y lo repito constantemente— de la cual todavía se está viviendo en España, que fue la huelga del 17 (Unamuno 1997: 493).

Después de refrendarse la Constitución (¿o se debiera decir referendarse?), Juan volvió a Madrid para entrevistarse con el ministro de su ramo (Prieto 1980: 129).

¿Sienten la Historia —quiero decir: interés y gusto por el pasado— los escritores del 98? (Laín Entralgo 1997: 289).

En el primer caso, el escritor se evade de la Historia —o, mejor dicho, de lo que suele llamarse Historia— hacia la cotidianidad; en el segundo, salta desde la Historia hacia la intimidad personal (Laín Entralgo 1997: 312).

Para festejar la cosa, se citó medio Madrid (y cuando digo medio Madrid en realidad estoy diciendo el Madrid entero: tela de gente) en el mausoleo que diseñó Bofill para cabreo de muchos madrileños (Rigalt 2004: 72).

Todos, decenios más tarde, acabarán siendo —o llegarán a ser, no sé cómo decirlo— literatos y soñadores (Laín Entralgo 1997: 136).

El 13 de noviembre, citaron a Lusia para un interrogatorio en Lefortovo, donde la KGB tenía su departamento de investigación y prisión (o “centro de aislamiento”, en terminología oficial) (Sajarov 1991: 547).

3.9. Un elemento enfatizado. La enfatización puede conseguirse a través de elementos morfosintácticos, retóricos (reiteración) ortográficos (uso de signos de exclamación, por ejemplo), etc.

3.9.1. Con ciertos signos de puntuación (entonación):

Pero la República —¡y qué República!— se estableció en Rusia (Unamuno 1997: 330).

Ha habido notorias excepciones (¡y tan notorias!) (Trilla 2002: 72).

Lo mismo que conocía sus procedimientos de vida [...], conocía también —¡y qué bien!—la pureza de su alma, la blancura de su fervor y el mérito precioso, auténtico, de su tesoro lírico (Dicenta 1996: 24).

3.9.2. Con la adición de ciertos operadores o elementos ponderativos (los señalamos con cursiva). Por ejemplo:

Como su lengua la aprendían los demás, los españoles que salían por el mundo —y sobre todo si eran castellanos de pura cepa— apenas tenían ganas de aprender idiomas (Lodares 2001: 80).

Escritores populares —y en especial, novelistas— han existido siempre (Goytisolo 2002: 93).

Dicho de esta manera, la cuestión puede parecer —y lo que es peor, termina siendo— puramente retórica, mera sucesión de palabras huecas (Goytisolo 2002: 169).

3.9.3. Sin embargo, el mero hecho de producir una coordinación en inciso ya parece provocar, a veces, un efecto enfatizador. Por ejemplo:

Yo recuerdo (y vivamente) lo contrario (Amis 2004: 57).

El efecto enfatizador desaparece si descoordinamos y anulamos su carácter de inciso suprimiendo la puntuación:

Yo recuerdo vivamente lo contrario

Sin embargo, se enfatiza en diferente grado si lo consideramos inciso (aunque no sea coordinado) y lo aislamos con los signos de la escala de incisos:

Yo recuerdo, vivamente, lo contrario

Yo recuerdo (vivamente) lo contrario

Yo recuerdo —vivamente— lo contrario

No deja de resultar curioso que el inciso, que parece, en principio, un receptor de material de segundo plano (y, por tanto, de menor importancia), pueda acabar siendo una forma de enfatización. Énfasis acústico, por la variación de tono; y visual, porque lo destacan las rayas o los paréntesis.

3.10. Cambio de modalidad (de la certeza a la duda)

Decía ser —y es muy probable que lo fuera— propietario de un saloncillo en París, donde aseguraba que recientemente habían expuesto hombres de tanto relieve como Braque y Soutine (Kaverin 1972: 128)

Las voces de la gente parecen —o tal vez son— viciosas y ásperas (Sajarov 1991: 659).

Puede que el misterio sea innombrable y, si lo queremos mantener, si queremos seguir escribiendo sobre él (¿y sobre qué otra cosa podríamos escribir?), debemos callar ante su enunciado (Puértolas 1993: 38).

3.11. Cambio de tiempo o de aspecto verbales

Lo que tenía —y tengo— por vulgarismo cuenta, pues, con muy eminentes padrinos (L. Carreter 2004: 285).

Era —y es— el ideario absoluto del tradicionalismo, el refinamiento máximo (Lodares 2000: 19)

Erigieron un monumento a Zola e inmediatamente pintaron al pie —y siguen pintando— inscripciones injuriosas (Kaverin 1972: 214)

Es vedad que entre la institución escolar y la institución militar han existido —y quizás sigan existiendo— ciertas correspondencias (Trilla 2002: 160).

Europa éramos nosotros y no los demás pueblos; o por lo menos lo éramos tanto nosotros —y lo seguimos siendo— como las demás naciones (Laín Entralgo 1997: 447).

Polonia es ya —y continuará siéndolo durante mucho tiempo— la primera noticia de los informativos de los países libres (Platón 1998: 276).

Las características de una novela deben ser referidas a su autor, que le da —o debiera dar— un sello inconfundible (Goytisolo 2002: 131).

Llega Baroja hasta a dar una definición del patriotismo: es —o debe ser— “la verdad nacional, calentada por el deseo del bien y por la simpatía” (Laín Entralgo 1997: 188-189).

Allí, en el manuscrito que me aguardaba en mi habitación, estaba, o trataba de estar, la respuesta a la pregunta (Puértolas 1993: 36-37).

 

4. LA PUNTUACIÓN DE LAS COORDINACIONES EN INCISO

Una vez que hemos identificado y caracterizado el objeto de puntuación, debemos responder a la pregunta de cómo puntuarlo y porqué hacerlo de una forma u otra.

Como a cualquier inciso, a las coordinaciones en inciso corresponde puntuarlas con los signos de la “escala de los incisos”: comas / rayas / paréntesis. Una primera y elemental valoración de estos signos podría ser la siguiente: la coma puede considerarse como signo, a veces, demasiado débil; la raya, como el más eficaz y enfatizador; y el paréntesis, como demasiado fuerte, excesivamente aislante, incluso un poco antipático, para algunos.

Pero también se pueden emplear los signos de la escala de la sucesión o enumeración: coma / punto y coma / punto (seguido o aparte). Sin embargo, con estos signos no queda tan claro que las coordinaciones sigan conservando su condición de incisos (aunque su contenido sea apropiado), y puede surgir la duda de si no estaremos ante una coordinación normal y corriente. Una prueba para deshacer tal duda podría ser puntuarlos con paréntesis o rayas.

Por otra parte, los signos de esta escala (olvidándonos de la coma) podrían valorarse así: el punto y coma, como un tanto arcaico; y el punto, como enfatizador fuerte (el punto pertenece también a la escala enfatizadora) y de carácter mucho más moderno.

Los signos de ambas escalas se utilizan teniendo en cuenta tres factores o motivos: las características del segmento (formales o de contenido, ya estudiadas), del contexto y el estilo. Sin embargo, estos tres factores no siempre están tan claros ni se respetan tajantemente, o al menos cabe la posibilidad de aplicarlos de diferente modo o con criterios distintos.

Comentar y justificar cada uno de los ejemplo que vamos a reproducir en este largo apartado sería, además de tedioso, no siempre fácil. Por ello, y para que, en cierto modo, sirvan de modelo y punto de referencia, vamos a poner ahora unos casos concretos de cada uno de los motivos de puntuación, y luego (en el resto del artículo) nos limitaremos a reproducir un conjunto de ejemplos clasificados según el tipo de conjunción y de signo de puntuación.

A) Motivo de puntuación: las características formales del inciso. Por ejemplo, un inciso muy extenso, o que en su interior tiene ya comas (por enumeración, otro inciso, etc.), no conviene puntuarlo, externamente, con comas, pues su control y demarcación resultará más difícil, y menos cómoda su lectura. Unos ejemplos:

En 1945 es el padre Azkue —presidente de la Academia de la Lengua Vasca— el que retoma la labor para la unificación del eusquera, abandonada más bien por indiferencia —y por las dificultades propiamente técnicas, lingüísticas, del proyecto de unificación— que por otra causa (Lodares 2002: 157).

Pues bien, Dickson nos hace ver cómo en esa región de Arabia —y, en cierta manera, en toda Arabia— el adulterio es desconocido (Ortega 1971: 148).

Otra bellísima costumbre de quienes luchan contra el crimen en aquel país —y, en esto, nada se diferencian de otros grupos sociales, incluidos los criminales— es la de solemnizar cualquier evento feliz reuniéndose de esmoquin y esposas de traje largo en actos sociales ad hoc (L. Carreter 2004: 99).

La solución […] satisfará, tal vez, a quienes tienen que vivir en tal contrariedad, y sería aceptable si no hiere el sentimiento lingüístico castellano (y catalán, portugués, italiano, francés, etc.), donde se diferencian muy bien cosas tan distintas como son el género y el sexo (L. Carreter 2004: 139).

Vemos, pues, que el historicismo es esencial —o, al menos, hasta hace poco, así se había pensado unánimemente— al sistema de Marx (Aranguren 1968: 110).

No nos parece, pues, muy adecuado puntuar simplemente con comas, el ejemplo siguiente, donde hay una coordinación en inciso seguida de otra. No lo destacaremos con la negrita habitual, para que se perciba de forma natural su dificultad de demarcación y control:

Y desde entonces, y aun antes, y sobre todo después del grosero homenaje del 13 de Septiembre de este año en que se puso en evidencia la vanidad y el fracaso de ese rebañego baturrillo de la llamada Unión Patriótica, se nos ha querido hacer creer en una distancia entre Don Alfonso y Primo de Rivera y se ha acentuado la artificiosa leyenda de que aquél, prisionero de éste, busca libertarse (Unamuno 1997: 531-532).

Y ahora lo puntuamos con raya (y sin negrita, por justicia con el caso anterior):

Y desde entonces y aun antes, y sobre todo después del grosero homenaje del 13 de Septiembre de este año en que se puso en evidencia la vanidad y el fracaso de ese rebañego baturrillo de la llamada Unión Patriótica—, se nos ha querido hacer creer en una distancia entre Don Alfonso y Primo de Rivera y se ha acentuado la artificiosa leyenda de que aquél, prisionero de éste, busca libertarse.

B) Motivo de puntuación: el contenido del inciso. No consideramos adecuado puntuar con simple coma (que crea poca distancia), los casos en que se juega con la semejanza fónica entre el inciso y un elemento externo (tampoco ahora utilizaremos negrita, para que se pueda comprobar mejor lo que decimos):

Durante el caos de 1918-1920, periodo en que el gobierno de Kiev cambió de manos trece veces, los bolcheviques se entrometieron, o reentrometieron, en campañas anuales (Amis 2004: 149).

Puntuamos ahora con raya, aunque sin negrita:

Durante el caos de 1918-1920, periodo en que el gobierno de Kiev cambió de manos trece veces, los bolcheviques se entrometieron —o reentrometieron—, en campañas anuales.

Otro ejemplo:

De ser escritor rigurosamente profesional (eso es: uno que viviera exclusivamente de su producción literaria), ¿podría Monterroso producir tan morosa, y amorosamente, los textos que hoy produce tan avaramente? (Monterroso 1990: 92).

¿Podría Monterroso producir tan morosa —y amorosamente—, los textos que hoy produce tan avaramente?

C) Motivo de puntuación: el contexto. Por ejemplo, en un contexto morfosintáctico donde hay enumeraciones, hay que procurar que no se produzca la mezcla o confusión de los elementos de la enumeración en inciso (que irán entre rayas o paréntesis) y los de la enumeración normal externa (puntuada con comas). Pueden servir los ejemplos de contenido residual que se añaden a una enumeración completa (punto 3.1), o el caso especial en que el segundo miembro de una enumeración y el del inciso tienen iguales elementos en su inicio (y que...):

Pero también cabe la posibilidad de que todo esto fuese un truco, que Yakovlev no muriese —y que la mujer que vino a vernos no fuese su madrey que todos estos acontecimientos estuviesen pensados única y exclusivamente para acobardarme (Sajarov 1991: 610).

Otro caso, en que coinciden al inicio complementos circunstanciales de tiempo (“con frecuencia” y “algunas veces”), lo que puede llevar a confundir los elementos en inciso y los normales, si no se usaran paréntesis:

Un conocido médico, el doctor Vagralik, me visitaba dos o tres veces al día, acompañado de su ayudante, del doctor Rulev, que era el encargado de atenderme (y que con frecuencia venía solo), y algunas veces de un cuarto doctor, que me dijeron que era neurólogo, pero yo más bien creo que fuese psiquiatra (Sajarov 1991: 784).

D) El motivo estilístico (la voluntad, más o menos arbitraria o difícil de justificar, de cada redactor) resulta mucho más arriesgado de interpretar. Así, el carácter erudito de un inciso (característica de contenido) podría determinar usar paréntesis; sin embargo, podría imponerse el gusto personal del redactor, a quien pueden resultarle los paréntesis antipáticos (o puede tener en cuenta otro factor que no adivinamos). Así, el ejemplo siguiente, puntuado con rayas:

Si se hace un balance de lo expuesto hasta aquí se advertirá que hay un antes y un después de Carlos III en nuestra historia lingüística —o de 1767, si se quiere utilizar convencionalmente la fecha de la expulsión de los jesuitas, o de 1765 si se cuenta desde los ensayos de liberalización comercial— (Lodares 2002: 91).

Sin embargo, tampoco hubiera sido descabellado usar paréntesis:

Si se hace un balance de lo expuesto hasta aquí se advertirá que hay un antes y un después de Carlos III en nuestra historia lingüística (o de 1767, si se quiere utilizar convencionalmente la fecha de la expulsión de los jesuitas, o de 1765 si se cuenta desde los ensayos de liberalización comercial).

Y es que suelen considerase las rayas como un recurso más adecuado para lo personal o subjetivo, que para lo impersonal u objetivo. Y ahora, el caso contrario. Francisco Rico se lamenta, y con razón, de los problemas que causa la normativa de puntuación española no solo para los textos actuales, sino también para una edición de El Quijote, por ejemplo, lo que hace que se empleen soluciones diferentes y variables en cada caso; y concluye:

Obrando de tal modo, hemos intentado conciliar la fidelidad al autor y la facilidad del lector, a sabiendas de que uno y otro obedecen (y desobedecen) a códigos diversos (Rico 2004: 695).

Consideramos el paréntesis demasiado frío para esta frase cargada de intención y de complicidad con el lector:

... hemos intentado conciliar la fidelidad al autor y la facilidad del lector, a sabiendas de que uno y otro obedecen —y desobedecen— a códigos diversos.

Y, con esto, damos por terminada esta introducción. A continuación vamos a poner, simplemente, un repertorio de ejemplos de puntuación, clasificados según los tipos de conjunción y de signo (de la escala de incisos o de la enumeración).

3.1. CASOS CON LA CONJUNCIÓ “Y”

3.1.1. Con comas

En nuestros países, y esto es quizás lo que haga que ciertos críticos quieran más política en lo que uno escribe, la política absorbe prácticamente todo (Monterroso 1990: 61).

Y a propósito de Stravinsky, recuerdo otros casos de disgusto o franca irritación producidos por la necesidad de hablar idiomas ajenos, pero en especial el francés, cuya pronunciación quizás sea la más difícil de adquirir y usar sin sentir que uno hace un poco o un mucho el ridículo, sobre todo, y no sería nada del otro mundo averiguar por qué, tratándose de ingleses de Inglaterra, tan insulares ellos (Monterroso 1999: 22-23).

Prefiero lo epicúreo y lo sensual sin más; pero en la erudición, y esto lo conocen bien los eruditos, en la erudición hay una sensualidad, un epicureísmo de lo más sutil y quintaesenciado (Monterroso 2003: 59).

Después de treinta segundos de sincera reflexión, resolví, y así se lo dije, que sin duda alguna tal animal era la pulga […] (Monterroso 2003: 89).

A medida que pasaba el tiempo, las insinuaciones de mi padre y de la Bernarda, e incluso de Barceló, empezaron a hacer mella en mí (R. Zafón 2003: 59).

3.1.2. Con rayas

Esto [el que el gallego estuviera ligado a las clases modestas] ha hecho que la “identidad lingüística” haya tenido expresiones menos encendidas —y menos secundadas por la Iglesia— que la vasca o la catalana (Lodares 2002: 62)

Distinto es que, en las clases medias, antes que entre el proletariado, el catalán tuviera cierto ascenso aquellos años como forma de marcar la diferencia —y la ventaja social o laboral— frente a los trabajadores que procedían de otras regiones (Lodares 2002: 129-130)

Yo —y sólo me pongo como testigo— pertenezco a la misma generación de narradores a la que pertenece Juan José Arreola […] (Monterroso 2003: 71).

[…] El poeta, cerca de quinientos años después de muerto, me conminaba con desesperación a señalarlo y ponerlo en el lugar en que alguien como el doctor Verrié lo viera —y lo vio por casualidad— y decidiera sacarlo del lóbrego sitio en que estaba aprisionado […] (Monterroso1993: 31).

En los años de la temprana industrialización de Cataluña ha sido [el catalán] lengua de trabajadores pero también —y es importante tener esto en cuenta para entender algunas cosas— de patronos (Lodares 2000: 111).

La antinomia bondad-maldad de la naturaleza humana —y, en este caso, infantil— es irresoluble científicamente (Trilla 2002: 74).

3.1.3. Con paréntesis

No estaba [el intérprete] muy bien pagado (y las propias leyes lo reconocen) (Lodares 2001: 31).

Para el arrinconamiento del gallego, el eusquera, el catalán, el valenciano (y nada que decir de los bables asturianos o fablas aragonesas) no hizo falta un cuerpo coactivo de leyes lingüísticas en sí mismas, hechas para obligado cumplimiento de todos y cada uno de sus hablantes (Lodares 2001: 66).

Correas repite, noventa años más tarde, la misma observación de Valdés transcrita al inicio de este capítulo (y asimismo con su punto de exageración) (Lodares 2001: 73).

En México, la escuela no se planteó como principal tarea la erradicación de las lenguas indígenas en sí mismas. Podría haberlo hecho así (y, en efecto, durante años estuvieron vetadas en las escuelas); sin embargo, se trataba sobre todo de dar voz en español a los indios, nada más (Lodares 2001: 156).

No podía hacerlo [escribir] en otra lengua que no fuera la común y mayoritaria de los plebeyos (y de los nobles, con quienes tuvo muy serios enfrentamientos) (Lodares 2001: 218).

Para mí, el secreto de esta aparente desmesurada pretensión […] estriba en el hecho, muy simple, de que Calvino anhela tan sólo que nuestra literatura (y cuando digo literatura digo literatura, claro) siga siendo en el futuro como lo ha venido siendo durante los últimos venticinco siglos (Monterroso 1999: 75).

3.1.4. Con punto y coma y con punto. No hemos localizado ningún caso con punto y coma (hay problemas de confusión con la simple coordinación); y sólo un caso que se use sólo punto, sin paréntesis (también con problema de confusión con la simple coordinación).

Pero, por supuesto, además de orden, también hay desorden: desde simples accidentes a la aleatoriedad. (Y, como Paul Valéry señaló, el mundo [social] está amenazado tanto por el orden como por el desorden) (Bunge 2000: 183).

¿Qué es lo que mueve a sor Suzanne [...] a defender, soportando torturas de toda índole, su derecho a la Libertad? (Y escribamos la palabra con, mayúscula porque es un concepto sagrado) (Puértolas 1993: 148).

Estos escritores no abarcan la realidad. (¿Y quién abarca la realidad?) (Puéstolas 1993: 213).

Vas a llevarte muchos disgustos en la vida, Daniel. Y muy pronto (R. Zafón 2003: 58).

3.2. EJEMPLOS CON LA CONJUNCIÓN “NI”

3.2.1. Comas

Podría alegarse retrospectivamente que Stalin no era, ni mucho menos, el primer candidato en el que se habría pensado para este papel. (Amis 2004: 119).

No había ira en su voz, ni apenas reproche, sólo cansancio (R. Zafón 2003: 93).

Ni la satanización de quienes evocan a Santiago Matamoros, ni la angelización, son vías que eviten sendos callejones sin salida (Elorza 2004: 21).

Son todas estas —y otras— preguntas a las que no se ha podido, ni tal vez se podrá nunca, dar una respuesta teóricamente aceptable (Porto Dapena 2002: 135).

3.2.2. Rayas

La recuperación de la España plurilingüe, o mejor, del concepto de lenguas “propias”, “nacionales”, definitorias de una comunidad (catalana, vasca, gallega, valenciana…), no es sólo —ni siquiera principalmente— obra de la lucha contra el régimen de grupos liberales, progresistas o de izquierdas (anecdóticos durante la dictadura en unos casos, duramente reprimidos en otros), ámbitos donde, antes de 1939, no hubo defensores de las lenguas como símbolos nacionales […] (Lodares 2002: 36-37).

La mayoría de los métodos [de lectura] utilizados en las escuelas no han tenido en cuenta —ni lo tienen todavía— este aspecto tan básico (Correig 2000: 132)

Quien investiga no debe ignorar —ni borrar ante los demás— sus puntos de vista previos, los criterios teóricos y metodológicos de los que parte, su manera de entender los problemas que aborda, así como los sentimientos y los cambios que la propia investigación le hace experimentar (Calsamiglia y Tusón 2002: 355).

En los ejercicios de tiro que hicimos en Montjuïc, no acerté ninguna diana —ni por casualidad— (Pla 1999: 475).

No es mi intención presentar ahora —ni nunca— un Balmes vulgar, comerciante y adocenado, sino la de presentar a un Balmes completo (Pla 1999: 217).

La frase se hizo en seguida célebre y le abrió una serie de puertas que no se le han cerrado —ni es posible que se le cierren— nunca más (Pla 1999: 216).

3.2.3. Paréntesis

No le recomiendas (ni le deseas) a nadie el hecho de ser autodidacta (Monterroso 1990: 93).

En el proceso los científicos no descubrirían ni inventarían nada (ni siquiera los mismos instrumentos) (Bunge 2000: 289).

Ya no hubo más soplones acercándose al buzón del campo con denuncias, nadie dio más nombres a los guardianes (ni siquiera bajo coacción violenta) (Amis 2004: 276).

Y aunque me descubro ante la fuerza y limpieza de los relatos y novelas de Dashiell Hammett (sobre todo, La llave de cristal), y no desdeño la obra de Cornell Woolrish ni la de Ross MacDonald (ni siquiera desdeño la de Jim Thomson, Hadley Chase o Chester Himes, entre quienes me vienen ahora a la memoria), y aunque admiro las novelas de Patricia Highsmith y la habilidad de P. D. James, el autor que me rindió fue Raymond Chandler (Puértolas 194).

3.2.4. Punto y coma y con punto

Hoy, ni a nadie se le ocurriría pronunciar esta clase de discursos, ni parece probable que, de pronunciarlo, lograse hacer surgir un solo voluntario. Ni aquí ni en ningún país occidental (Goytisolo 2002: 142)

Pero saber estas tres cosas no me ha valido de nada. Ni me vale (Chabás 1998: 190).

Me dijo que volvería , pero no le he vuelto a ver por aquí. Ni ganas (R. Zafón 2003: 141).

3.3. EJEMPLOS CON LA CONJUNCIÓN “O”

3.3.1. Comas

El [libro] primero es, ¿o debería decir “era”? [porque lo prestó y no se lo devolvieron], el relato Kappa del enloquecido y suicida (a los treinta y cinco años) cuentista japonés Ryunosuke Akutagwa […] (Monterroso 2003: 94).

El “jus gentium”, o derecho internacional, ya en habiéndose planteado el “casus belli gerendi”, es una frase sin sentido, una mofa trágica (Pérez de Ayala 1985: 14).

Por casualidades del destino, o por culpa de aquellos horóscopos que leía Pepi en la peluquería, Vicki estaba destinada a una vida gris (Subirana 2002: 12).

El propósito, formulado con semejante simplicidad, o, si preferís, sencillez, no ofrece dificultad mayor (Pérez de Ayala 1985: 30).

Vulgar y nescientemente se presupone que maquiavelismo y amoralismo, o inmoralismo, son uno y lo mismo (Pérez de Ayala 1985: 69).

3.3.2. Rayas

Estos fueron años de una notable efervescencia pedagógica: aparición —o, en su caso, recuperación, actualización y divulgación— de planteamientos pedagógicos muy críticos y radicales; realización de experiencias de este mismo tipos, quizá sólo puntuales, pero que tuvieron un eco considerable; [...] en definitiva un notable optimismo pedagógico de signo progresista (Trilla 2002: 94).

Un escritor que ha alcanzado el grado de madurez que en usted se reconoce, ¿sigue estando expuesto a beneficiarse —o a padecer— influencias ajenas? (Monterroso 1990: 90).

Son consideraciones hipotéticas que abundan en un hecho comprobable: la predicación cristiana separa a las comunidades —o colabora a ello— por el sencillo método de dirigirse a cada una en su lengua (Lodares 2002: 60).

Sólo que muchos de ellos decidieron perseguir al catalán —o contribuir a su persecución— durante esos años para mayor gloria de la lengua nacionalcatólica en que entonces se había convertido el español (Lodares 2002: 148-149).

Con los años, las prácticas evangelizadoras y el sistema de producción que arropaban entraron en contradicción con las actividades civiles y comerciales criollas, para las que la lingüística misionera y la ideal división por pueblos —o naciones— homogéneos según raza, lengua y costumbres resultaba un estorbo (Lodares 2002: 79)

La falta de conciencia antedicha es el resultado de un proceso que se inició hace años y, más que un fracaso —o una excentricidad— de la izquierda, se podría considerar como un triunfo de la tradición conservadora en sus diversas líneas (Lodares 2002: 178)..

3.3.3. Paréntesis

En el fondo de uno mismo, ¿cuál es la realidad? Supongo que todos los que escribimos (o pintamos o cantamos) nos hacemos alguna vez esa pregunta (Monterroso 1990: 20).

Los tres [libros] se han ido haciendo paralelamente y publicándose cuando cada uno ha adquirido (o vaya adquiriendo, en el caso del que preparo) su forma de libro (Monterroso 1990: 15).

Las corrientes migratorias y demográficas que se prevén plantearán problemas y exigencias de adaptación cultural y lingüística para los que el multiculturalismo (o el nacionalismo lingüístico que, siendo distinto, se ampara en él) no tiene, por ahora, buenas soluciones (Lodares 2002: 201).

Gran parte del despegue que experimenta el catalán a partir de 1855 […] es debido al empuje de un nuevo tipo humano que ha creado la sociedad fabril, que se gesta en ciudad, que trastorna a menudo los vínculos de la Tradición —como le son inútiles—, que es revoltoso y al que el catalán (o el vasco o el gallego) se le queda estrecho con frecuencia: el obrero industrial (Lodares 2002: 108).

Se puede ser optimista, porque que te concedan la medalla de bronce en una competición de seis mil ciento setenta lenguas que hay en el mundo (o de dos mil setecientas, según quien haga la cuenta) no es poco premio (Lodares 2001: 165).

Sé que nací en un sector de Tegucigalpa llamado entonces Barrio Abajo (¿o se llamaba La Olla?), en una casa bastante grande en la que mi padre había instalado una imprenta (Monterroso1993: 33).

3.3.4. Con punto y coma

Huelga declarar al lector que en la paráfrasis [de la fábula] que precede he procedido con la mayor libertad; o, lo que es lo mismo, con la mayor complacencia (Pérez de Ayala 1985: 18).

Ese encierro político ha desaparecido pero lo que hoy nos aparta de Francia es, sobre todo, la diferencia inmaterial, la destartalada calidad de una escena donde no se sufre la pandemia de la menudencia política, los superpringues de la salsa rosa o el fútbol en todas las emisoras simultáneamente como si no hubiera ningún interés mayor; o igual (Verdú 2004: 80).

Europa éramos nosotros y no los demás pueblos; o por lo menos lo éramos tanto nosotros —y lo seguimos siendo— como las demás naciones (Laín Entralgo 1997: 447).

Siempre negativo, pero, a veces, positivo; esto último ocurre cuando se puede ser paraninfo, esto es, anunciador de buenas nuevas; no se le hizo caso a Unamuno, y también nosotros inventamos; o lo parece (L. Carreter 2004: 251).

En la mención que de Esopo hace Herodoto se describe (como acaso recuerde el pío lector) un caso de justicia natural; o sea, de venganza primitiva (Pérez de Ayala 1985: 47).

3.3.5. Con punto y seguido

Don Porfirio era un maestro. Don Porfirio no era el maestro, pues todos le rechazaba. O casi todos (Prieto 1980: 130).

Debía dejarse llevar por el impulso que le arrastraría a la cima. O al abismo (Troyat 2004: 134).

Según Luria (1979), el lenguaje interior se caracteriza por ser formalmente abreviado y funcionalmente predicativo. O, lo que es lo mismo, el lenguaje interior consiste en una serie de palabras significativas (los “núcleos semánticos” del discurso, normalmente su parte remática) con sus enlaces potenciales, o valencias (o “papeles temáticos”) (Cantero y Arriba 1997: 49).

Mira a su alrededor y concluye que amigos y conocidos se encuentran más o menos como él, en parecido colapso vital, en semejante indeterminación. Al borde del derrumbamiento, puede ser. O al borde de un cambio, o de la continuidad (Puértolas 1993: 207).

Sólo entonces lograremos ser a la vez “españoles” y “hombres”. O, más exactamente, “hombres españoles” (Laín Entralgo 1997: 462).

3.4. CON LA CONJUNCIÓN “PERO”

En este caso, quizás sea más difícil diferenciar las coordinaciones en inciso, de las normales. Claro que uno puede fiarse de las apariencias y pensar que, si va con rayas o paréntesis, se trata indudablemente de un inciso; sin embargo, a veces, con mayor o menor motivo, le entrará la sospecha de si no se encontrará ante una incorrecta puntuación. Quizás los casos en que se den menos dudas sean los de coordinación de un elemento que no es oración.

3.4.1. Comas

Hubo una fuerte oposición por parte de M. N. Riutin, que en el presente contexto viene a ser una especie de héroe menor y sin lustre, pero indómito (Amis 2004: 160).

Su padre de usted y servidor estábamos de cuerpo presente y le puedo asegurar sin lugar a dudas que la muchacha no tenía las pintas de ser una aparición. Le podría describir a usted hasta el olor. A lavanda, pero más dulce (R. Zafón 2003: 158).

No es que Pedro J. pase lista, pero casi (Rigalt 2004: 72).

De esta suerte, no hay que entender el 98 como una reacción aislada y pesimista, sino amarga, cáustica y despiadada, pero afirmativa en el fondo, que venía e iba desde y a lo lejos y que buscaba la expiación por vía de contrición imitativa: la modernización (Varela Ortega 1998: 69).

3.4.2. Rayas

Característico —pero no exclusivo— de esta corriente [nacionalista católica] es considerar la lengua como uno de los elementos naturales donde se funda la teología de la nación (Lodares 2002: 17).

Por eso la lengua española es para muchos de ellos una anomalía —pero no algo por sí mismo hostil, ni inútil— corregible o “normalizable” a largo plazo (Lodares 2002: 56).

[…] No nos queda sino animar a las familias a que sigan jubilosas en esa línea, deseándoles rápido y próspero retorno a esa lengua que no han hablado nunca —pero que era la suya propia— y ya están en el feliz trance de recuperar (Lodares 2000: 276).

Los novelistas y poetas que desde el punto de vista literario merecen tal nombre son estudiados en los libros de texto por los escolares y cuentan con un número de lectores adultos no inferior —pero tampoco superior— al de hace esas pocas décadas [...](Goytisolo 2002: 92).

[...] He venido publicando un artículo cada dos semanas, a modo de réplica impremeditada —pero real— de las ficciones de mi Diario 360º (Goytisolo 2002: 188).

3.4.3. Paréntesis

En él [un artículo] se explicaba la naturaleza de las misiones culturales (pero sobre todo comerciales) que tras la Conferencia Panamericana de Washington (1915) iban a emprender los norteamericanos al sur del continente (Lodares 2001: 116-117).

En su Stalin, Dmitri Volkogónov describe (pero no reproduce) unas fotos de su entierro en las que se ve a Koba “bajo y delgado, con el pelo revuelto, de pie junto a la tumba, con cara de dolor sincero” (Amis 2004: 141)

Los hombres lloraban a menudo, por perder unos calcetines, por ejemplo, o de frío (pero no de hambre, que produce una ira torturante pero sin lágrimas) (Amis 2004: 167).

Y en algún momento de la redacción de Los Miserables éste sintió la necesidad de explicar dentro del propio texto sus cambios políticos, con una confesión de lo que había sido (pero que, finalmente, no incluyó): “... ilógico y probo, legitimista y volteriano, cristiano literario, bonapartista liberal, socialista a tientas en la realeza...” (V. Llosa 2004: 140-141).

3.4.4. Con punto y coma y con punto

En cuanto uno se distinguía se le aguantaba y se le soportaba; pero de muy mala gana (Unamuno 1997: 485).

El momento presente, a falta de una mayor perspectiva temporal, puede parecer contradictorio; pero sólo a primera vista (Goytisolo 2002: 105)

Ante un objeto de uso cotidiano como el libro cuesta creer que todos estos elementos, que hoy nos parecen imprescindibles, no formaran parte de él desde el principio. Pero no fue así (Ramos 2004: 18).

Hay padres que deberían haber quedado en chimpancés. Pero dentro de la jaula, claro (Lindo 2004: 72).

Bien está, en cambio, atender a nociones como las de lo equilibrado, lo orgánico, lo funcional. Y estudiar su desarrollo en el manual. Y pensarlas en el propio quehacer. (Pero sin repanchingarse, que a lo funcional no le basta con serlo: es preciso, además y sobre todo, que funcione) (Florensa 2004: 18).

3.5. CON LA CONJUNCIÓN “AUNQUE”

Como en el caso de la conjunción “pero”, aquí la diferencia entre una coordinación normal y otra de inciso resulta, a veces, muy difícil de establecer.

3.5.1 Con comas

La mayoría de ellos, aunque familiarizados con el tema educativo, no entendían que aquellas eran aulas para que los niños trabajaran en ellas (Subirana 2002: 88).

Ardens le dijo que, aunque con dificultad, se podía lograr la autorización para el viaje (Kaverin 1972: 275)

Escribe de poesía, envíame, aunque sea de vez en cuando, recortes de los periódicos (Kaverin 1972: 142).

La hacienda de Antón, aunque pequeña —cinco ovejas, un cerdo y gallinas—, daba su trabajo (Métter 2001: 118).

Lo cierto es que, aunque en menor escala, todas las ficciones hacen vivir a los lectores “lo imposible”, sacándolos de su yo particular [...] (V. Llosa 2004: 218).

3.5.2. Con rayas

Un caso de distinta índole —aunque también relacionado con la angustia lingüística— lo encontramos en las llamadas a la Unesco, esta vez por parte del nacionalista Josep Benet: “Se tortura a nuestros niños durante los primeros años de escuela aprendiendo una lengua que no es la materna” […] (Lodares 2002: 187)

Este proceso no ha creado todavía conflictos graves —aunque sí innúmeros asuntos de mayor o menor entidad que, en ocasiones, han acabado en los tribunales—, pero abre un interrogante respecto a cuáles serán los efectos y beneficios de los “fueros lingüísticos” para los trabajadores en su conjunto y cómo afectarán a los fundamentos de la democracia […] (Lodares 2002: 199).

El almirante había aprendido leyendo a Aristóteles que en tierras de similar latitud —aunque lejanas— deberían darse elementos similares (Lodares 2001: 15).

Precisamente porque el amor se equivoca a veces —aunque muchas menos de las que se dice— tenemos que devolverle el atributo de la visión, como Pascal quería […] (Ortega 1971: 26-27).

La noche fue transcurriendo entre revelaciones sorprendentes —aunque no muy halagüeñas— (Subirana 2002: 100).

En el fondo envidio a la gente que se divierte —aunque sea aparentemente— (Pla 1999: 338).

3.5.3. Con paréntesis

Y así, con estos tiras y aflojas de los gobernadores de turno, se estuvo hasta la segunda mitad de los cincuenta, sin que en todos esos años dejaran de publicarse en catalán obras de contenido religioso (aunque no sólo éstas), poco interesantes literariamente hablando, pero que continuaban una tradición puesta en peligro, más que por la Falange Catalana o el franquismo, por el laicismo republicano (Lodares 2002: 147).

No representó para ella ninguna sorpresa (aunque sí un doble golpe) averiguar que la memoria de Kozarnovski “era como un gigantesco y rancio pastel de carne en que la realidad y las fantasías de su temporada carcelaria se habían mezclado y cocido, formando una masa inseparable” (Amis 2004: 88).

Así crecieron en su fulgor los dioses de sí mismos que fuimos todos (aunque unos mucho más que otros) durante las últimas décadas de gloria y esplendor (Armas 1996: 144).

Tengo la sensación de que a las mujeres se nos pide algo concreto (aunque no enteramente definido) cuando intervenimos en el universo de la creación (Puértolas 1993: 60).

¿Cuál es el crimen de este misterioso anciano a quien el narrador se limita a mencionar con la letra G? Haber sido miembro de la Convención, la institución regicida que en enero de 1793 aprobó la pena de muerte contra Luis XVI (aunque G votó en contra, por su oposición a la pena capital) (V. Llosa 2004: 143).

3.5.4. Con punto y coma y con punto

En las últimas décadas, esa autoridad moral del escritor ha empezado a disiparse de forma paulatina en todo el mundo. Aunque con matices (Goytisolo 2002: 92).

La carta de Breznev había desaparecido, al igual que los originales que representaban cinco meses de trabajo de estas Memorias. Este fue el primero de muchos robos [...] de este sisífico trabajo mío. (Aunque, al contrario que Sísifo, yo siempre me las arreglé para dejar en lo alto de la montaña un trozo, por lo menos, de la roca que estaba acarreando) (Sajarov 1991: 671).

3.6. CON LA CONJUNCIÓN “SINO”

Sólo en algunos textos de Ortega hemos encontrado el uso de coordinación en inciso con “sino” (y sólo con rayas). Por ejemplo:

Y como el tema de la historia no es la vida humana, que es asunto de la filosofía —sino los cambios, las variaciones de ella—, tendremos que el mundo vigente en cada fecha es el factor primordial de la historia (Ortega y Gasset 1965: 57).

Pero claro es que la vida de cada uno de ustedes no es lo que cada uno de ustedes es para mí, lo que es hacia mí, por tanto, hacia fuera de cada uno de ustedes —sino que es lo que cada uno de ustedes vive por sí, desde sí y hacia sí— (Ortega y Gasset 1965: 36).

Dicho en otra forma: el hombre no se ocupa en conocer, en saber simplemente porque tenga dotes cognoscitivas, inteligencia, etc. —sino al revés, porque no tiene más remedio que intentar conocer, saber, moviliza todos los medios de que dispone aunque éstos sirven muy malamente para aquel menester— (Ortega y Gasset 1965: 25).

 

4. ALGUNOS PROBLEMAS ORTOGRÁFICOS DE PUNTUACIÓN

Ahora que ya hemos visto abundantes ejemplos de puntuación correcta, estamos preparados para enfrentarnos a algunos casos problemáticos o incorrectos.

4.1. Ausencia de puntuación. Podemos descubrirlos por su posible comportamiento entonativo y semejanza con otros incisos que normalmente aparecen puntuados. Algunos ejemplos:

Es en este punto y no en las secuelas del asesinato de Kírov (diciembre de 1934) donde vemos la aceleración del Gran Terror (Amis 2004: 126).

Es en este punto —y no en las secuelas del asesinato de Kírov (diciembre de 1934)— donde vemos la aceleración del Gran Terror.

Cuando llegaba a la escuela, a la una y media de la tarde, podía encontrarme con cualquier sorpresa y, la mayoría de las veces, no muy agradable (Subirana 2002: 104).

Cuando llegaba a la escuela, a la una y media de la tarde, podía encontrarme con cualquier sorpresa —y, la mayoría de las veces, no muy agradable—.

Tolstoi señala, con razón, la importancia olvidada pero indudablemente grande de las decisiones y acciones de los incontables individuos desconocidos que lucharon en las batallas, que quemaron Moscú y que inventaron la guerra de guerrillas (Popper 2002: 166).

Tolstoi señala, con razón, la importancia olvidada, pero indudablemente grande, de las decisiones y acciones de los incontables individuos desconocidos que lucharon en las batallas, que quemaron Moscú y que inventaron la guerra de guerrillas.

4.2. Falso inciso. Algunos redactores, a veces, confunden el último elemento de una enumeración, con una coordinación en inciso. El motivo puede ser cierto deseo de énfasis, que no consideramos correcto señalar de esta forma. Algunos ejemplos:

A)      Este espíritu —¿cómo llamarlo?—, esta lumpencredulidad primitiva, este semianalfabetismo de la imaginación podría explicar en parte un aspecto de los Procesos de Moscú de 1936-1938, en los que reputados bolcheviques de la vieja guardia como Bujarin, Kámiev, Zinóviev (y Trotski, en rebeldía) “confesaron” una serie de delitos fantasmagóricos [...] (Amis 2004: 184)

[...] reputados bolcheviques de la vieja guardia como Bujarin, Kámiev, Zinóviev y Trotski, en rebeldía, “confesaron” una serie de delitos fantasmagóricos.

B)     Su personalidad, su talento, su visión —y, si se quiere, su delirio— fueron el factor determinante de la notable transformación que experimentó Francia con la Quinta República (V. Llosa 1994: 20).

Su personalidad, su talento, su visión y —si se quiere— su delirio fueron el factor determinante de la notable transformación que experimentó Francia con la

Su personalidad, su talento, su visión y, si se quiere, su delirio fueron...

C)      Costó mucha sangre, muchas guerras, además de incontables libros, polémicas, discursos —y una considerable proporción de abusos e injusticias, también— que el cristianismo evolucionara hasta aceptar este dualismo que, aunque establecido en los Evangelios -“Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios”-, nunca había llevado a la práctica (V. Llosa 1994: 24).

Costó mucha sangre, muchas guerras —además de incontables libros, polémicas, discursos y una considerable proporción de abusos e injusticias, también— que el cristianismo evolucionara hasta aceptar este dualismo...

D)     [La anterior es] una noticia del siglo XX escrita en lengua del siglo XV, con las lógicas variaciones que el tiempo, la dispersión, el gusto (y a veces el capricho) de quien la escribe hayan producido en aquel fondo itinerante del castellano viejo (Lodares 2001: 95)

[La anterior es] una noticia del siglo XX escrita en lengua del siglo XV, con las lógicas variaciones que el tiempo, la dispersión, el gusto y, a veces, el capricho de quien la escribe hayan producido en aquel fondo itinerante del castellano viejo.

E)      Lo que, sin embargo, parece evidente es que, en muchas ocasiones, ese espacio y ese tiempo psicosocialmente creados o activados orientan, guían —y por ello restringen— la producción y la interpretación de los enunciados [...] (Calsamiglia y Tusón 2002: 105).

... Ese espacio y ese tiempo psicosocialmente creados o activados orientan, guían y, por ello, restringen la producción y la interpretación de los enunciados.

4.3. Cierre anticipado del inciso. Suele suceder cuando, dentro de la coordinación en inciso, hay otro inciso inmediatamente después de la conjunción. Unos ejemplos:

A)     El aprendizaje *—o, más bien— la creación de esa preciosa libertad, que ahora es también patrimonio de rusos, letones, ucranianos, bolivianos, nicaragüenses, españoles o polacos, ha costado a esos pueblos incontables sacrificios (V. Llosa 1994: 89).

Son posibles, por lo menos, dos puntuaciones:

El aprendizaje —o, más bien, la creación— de esa preciosa libertad que ahora es también patrimonio de rusos, letones, ucranianos...

El aprendizaje o —más bien— la creación de esa preciosa libertad...

B)     Siempre he vivido y vivo en función del día a día, es decir de la obligación *—o dicho más suavemente— de la necesidad de hacer algo en un momento dado (Métter 2001: 74).

Siempre he vivido y vivo en función del día a día; es decir, de la obligación —o, dicho más suavemente, de la necesidad de hacer algo en un momento dado—.

Siempre he vivido y vivo en función del día a día; es decir, de la obligación, o —dicho más suavemente— de la necesidad de hacer algo en un momento dado.

C)     La expresión “soluciones habituales” es muy significativa de la locura que nos embarga *(y nunca mejor dicho), porque el tema de la vivienda en España ya no tiene nombre y el lenguaje se nos muestra insuficiente (Cuevas 2004: 2).

La expresión “soluciones habituales” es muy significativa de la locura que nos embarga (y nunca mejor dicho, porque el tema de la vivienda en España ya no tiene nombre y el lenguaje se nos muestra insuficiente).

4.4. Falta de cierre del inciso. Según la RAE , la raya sirve de “signo de apertura y cierre que aísle un elemento o enunciado” (1999: 77); por ello, debe colocarse también al final del inciso. Y aquí nos enfrentamos con dos problemas diferentes: incisos en interior de párrafo y al final. Veamos el primer caso en unos textos traducidos:

Se trata del estudiante pedante, del letrado o del maestro —o, según la feliz traducción de Barry Baldwin, el egghead[—]. Algunos chistes le reconocen algo de ingenio, como el nº 55: «Un ingenioso joven scholastikos vendió sus libros cuando andaba necesitado de dinero. Luego escribió a su padre: “Felicítame, padre, ya estoy ganando dinero por mis estudios”» (Bremmer 1997: 17)

Los límites del humor vienen, por lo tanto, definidos por su función en la retórica: el ingenio sirve para hacerse con el público —y, sobre todo, como señala Quintiliano, para hacerse, atrayéndolo, relajándole o divirtiéndole, con el juez[—]. El orador romano debe personificar la perfección propia de la clase senatorial [...] (Bremmer 1997: 31).

Casos de incisos al final de párrafo lo tenemos en textos españoles, por ejemplo, de Ortega y Gasset (también Pla):

Si piensa mal, esto es, sin íntima veracidad, vive mal, en pura angustia, problema y desazón. Si piensa bien encaja en sí mismo —y eso, encajar en sí mismo, es la definición de la felicidad (Ortega y Gasset 1965: 125).

No está, pues, dicho que la inteligencia del hombre sea, en efecto, inteligencia; en cambio, la faena en que el hombre anda irremediablemente metido, ¡eso sí que es indubitable —y, por tanto eso sí que lo define! (Ortega y Gasset 1965: 25).

Estos casos, inciso a final de párrafo sin cierre de la raya (seguramente por influjo de ortografías foráneas), quizás esté más justificado (algo parecido sucede con los diálogos); aunque opinamos que, por tratarse de incisos, no deberían hacerse más distingos y, simplemente, cerrarlos también con raya (como se hace con los paréntesis siempre, por ejemplo).

4.5. Apertura retrasada del inciso. Algún ejemplo:

En Barcelona hay mucha gente aún que sale de noche, que considera, por ejemplo, que es mucho más agradable o, simplemente más factible, hacer tertulia por la noche que por la tarde (Pla 1999: 349).

En Barcelona hay mucha gente aún que sale de noche, que considera, por ejemplo, que es mucho más agradable, o simplemente más factible, hacer tertulia por la noche que por la tarde.

En Barcelona hay mucha gente aún que sale de noche, que considera, por ejemplo, que es mucho más agradable —o, simplemente, más factible— hacer tertulia por la noche que por la tarde.

La prueba de la inadecuada puntuación está en que si suprimimos el inciso tal y como aparece puntuado en el ejemplo original, la conjunción, no incluida en el inciso (y que no tiene función fuera de él), quedaría colgada y sin sentido:

En Barcelona hay mucha gente aún que sale de noche, que considera, por ejemplo, que es mucho más agradable o hacer tertulia por la noche que por la tarde.

 

5. PUNTUACIÓN ESTÉTICA

Este tipo de puntuación, practicada por algunos autores, cuando llega el caso de una coordinación en inciso puede dedicarle una línea en exclusiva. Un ejemplo de un cuento de Lobo Antunes (2004: 24):

Lo que siento ahora, a unas dos semanas de acabarlo [el nuevo libro], es una enorme náusea física por el acto de escribir. Hasta junio o julio no comenzaré otra novela porque me siento exhausto. Y no obstante

(y por eso no estoy contento)

me fastidia tal vez tener, con suerte, tiempo para dos o tres libros antes de que las aguas se cierren definitivamente sobre mi cabeza: he ahí la verdad. Y ese hecho me fastidia.

 

6. DESPEDIDA MOMENTÁNEA

A pesar de lo extenso de este artículo, lo que no quita que en algunos aspectos haya resultado insuficiente (aparte de más o menos acertado), no está agotado el tema de la coordinación en inciso. Aún queda materiales para uno próximo, donde esperamos contar con la atención de nuestro paciente lector.

 

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© Miguel Ángel de la Fuente González 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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