Generación Almada

Pablo Mora
moraleja@telcel.net.ve
Profesor Titular, Jubilado, UNET
San Cristóbal, Táchira, Venezuela
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A la Generación Almada*
A la Poesía, Sociedad Anónima
A las cuatrocientas salidas del asendereado caballero

 

Ahora mira la lluvia esparcida por el mes de noviembre,
las luces de la ciudad
y el dinero que cae en migajas los sábados a las seis,
espera
el despertar temible de Iberoamérica
y comienza a peinarte, a salir a la calle, a seguir
laborando por todos
los que callan, y avanzan, y protestan y empuñan
la luz como un cuchillo o la paz como un fusil.

     Blas de Otero: Escrito con lluvia.

De claro en claro

Ardidura chamuscada, cuello de tierra, voz de la tierra, dulzumbre, admiración, muerte arrinconada, flauta de huesos, todo huesos, enjuto rostro, de carnes seco, atarantado, descuadernado, desabrochado, desencajado, estrafalario, inaudito, extraño, firme en arrestos y en palabras, por todo lo descubierto de la tierra, avalancha, trueno, tempestad, imparable sobre el sueño. Testigo de la noche primigenia, en vuelo de latidos y esperanzas, quimeras, necedades, desatinos, encaje del mar juvenecido, lujuria del alba descubierta, pena capital de la belleza; aventura crispada de milagros, grito salpicando en la garganta, nunca jamás la lumbre acuartelada. Roble sideral, valiente, comedido, sufridor de trabajos y de encantos, a los pies de la muerte y la derrota, funda la sinrazón mientras fulgura. Amorosa insensatez los gigantes, irreales horizontes. Ciñe en la noche el pávido lucero, la encendida razón de la locura, mantiene en alto la memoria en cierne, su tea en lucha sin cesar contra los males, por la transida plenitud del sueño, velando a pensamientos desatados.

Vive fuera de sí o muy adentro, sabe el tamaño exacto de la pena, conoce el lado oscuro de la rosa y la terrible majestad del pan. De lumbre en lumbre, en orfandad suprema -hijas de los trigales y las piedras-, su cólera y ternura vagando andan por campos farallones y veredas. Vigilia del asombro detenido, marchándose de prisa sin moverse, estatua en soledad, en estampida, remontando hacia adentro de la lumbre, entre umbrales abrojos y neblinas, subterránea fuente al descubierto.

Noche a noche, de claro en claro y de turbio en turbio. Desde la noche, hacia la noche -reina negra-, profunda, eterna. Atención, vigilia, cuido. Todo, nada, fuerza, gravedad, olvido, abdicación, presencia extraña, serpiente, delicia, monstrua bella, atroz. Crepúsculo, razón, delirio. Incendio, brasa, quemadura, Amoroso intercambio de una ronda.

Revelación. Asombrada luz. Carne, redención, fracaso, gloria o esplendor. Sudar la noche. Vivir el morir. A pesar, en contra de la nada y de la muerte, tarde para los dioses, prontos para el ser. Rampante sombra. El gozo, la lujuria, la partida. Distensión del alma. Pozo sulfuroso, cenagal de sangre. Alfabeto pecaminoso, desordenado, asestado. Dos veces, dos notas, doble, triple línea, en el mismo lugar. Aria breve. Tarde en celo, en sueño.

Justo un toque de campanas para alborotar plumajes. El vientre, el útero, un modo de estar, de preservar los mil ojos de la memoria, el orden cósmico, el magma, la visión, el timbre, los arpegios. Uno más engarzado en la alambrada; vibrando en el camino, el clamor del hombre, su alarido, su gozo eterno, su asombro inextinguible, el vino, el himno de la vida, itinerario, término, confín, halando al mundo.

 

Razón de la locura

Sacando cuentas, esperando olvidos. Sintiendo las tinieblas y el relámpago. El ansia desgarrada de la luz. El canto, el rezo, el grito, el alarido. El coro, la canción, el griterío. El aullido terrible de los hombres. En el lugar del hambre todavía. En el lugar del grito todavía. A la espera del juicio, la sentencia. Frente a todos los triunfos y derrotas. Nos espera la sombra de la estrella. Primero fue el barro. Y el barro se hizo llanto. Siempre fue el llanto y estamos en el llanto. Seguimos en las sombras todavía. Al pie del grito. Vivos, en este barro todavía. Crujientes vendavales milenarios. Los pliegues de los siglos cabizbajos. Alarido crispado en huracán. Entre noches de pálpito y conjura nos quedamos de pronto sin presente, sin futuro, sin fe, sin osadía. Desde el fugaz umbral de los fogones, crepitando en enigmas postergados, pregunta que pregunta por el hombre, por la transida plenitud del sueño, la encendida razón de la locura.

Grito de hombre o de mujer. Grito perdido en los tejados. Grito del tiempo desguazado. Grito en soledad encabritada. Grito de guerra dolorida. Grito de rabia desplomada. Grito de demencia asqueada. Grito de hombre, de mujer. Grito de todos, grito macho. Grito hembra, hermafrodita. Grito, aullido, hambre a gritos. Grito, reto en el lugar del grito. Grito en la palabra, en el coro. Grito, en la canción asombro. Grito en el riel, en la barriada. Grito insomne al descubierto. Grito espeluznando la antigua noche. Grito salvaje, eterno, zigzagueado. Grito alzado rodando por la calle. Grito, visión, misterio, subversión. Grito, magma, hojarasca, huracandad. Grito volcánico, auroral, carnal. Grito greda, alma, fragua, tempestad. Grito cósmico, faro, barro alzado. Grito macho, hembra, hermafrodita, flor. El grito a sangre y fuego, a paso largo, capaz de amar, capaz de armar la paz.

Esta es la sombra antigua repitiéndose, por fin él ocupándose del hombre, el hombre, pincelazo en el paisaje, ara de dolor, barro, claroscuro, como un faro en mitad del ventisquero, mochuelo en las tronadas de la noche, abandonado al agua y sus quimeras, el hombre en ventanuras del azul sobre los fogonazos de sus huesos, delirante al acecho de otra aurora sobre la polvareda de los sueños, entre borrasca, grito y alborada, locura al cinto en lucha con su pena, andando, andando, andando, andando, andando.

Por obra y gracia del asombro el hombre, el hombre, rayo que arde en la tormenta, alarido crispado, verbo, cosmos, el hombre a punta de hombre y tempestad, el hombre, simplemente el hombre yendo, en paz consigo, con su pena al hombro, al descubierto, hermano universal, ceniza, granizada en singladura, en pulpa, en hueso, en lluvia, en soledad, semilla germinal a la intemperie, resistiendo en la tierra de la noche como un árbol al pie de la tormenta, asombro a la intemperie, al descubierto, insomne, terminal, asombro insomne.

Proviene de una despeñadura enloquecida. Insinúa una suave sonrisa divinal. Respira la celeste mirada de su sol. Consume la agónica tristeza de las hojas. Interpreta la silenciosa huracandad del tiempo. Cavila debajo de la noche y la tormenta. Desangra en las cinco parcelas de la Tierra. Agoniza en la nieve, en el llanto y en el plato. Cabalga con toda la tristumbre de los montes. Transita en tempestades mundanal miseria. Maldice las horrendas torturas del hermano. Consagra la levadura eterna de los panes. Conoce los pasos permanentes de la sombra. Despliega temores, ramalazos y portentos. Se agita en el fuego bravío de la mar. Mendiga la lumbre de la gota en el alambre. Quisiera recuperar el curricán perdido. Tritura las indómitas fieras que lo acosan. Renace de entre la podredumbre de la fosa. Se entrega en las redes de un tiempo submarino. Violenta volcánico la luz de otras estrellas. Arremete contra la infancia alada de las rosas. Se astilla ante el antiguo malecón del puerto. Desgarra el alma fulgurante de la flor. Se aferra a las entrañas de su viejo pan. Desguaza furente el huracán en alta mar. Desgaja las indomables fauces de la sombra. Se eterniza sepultado en la fragua de la guerra. Mientras yace en su sombra, apenas ilusoria, nos acusa, nos grita y nos reclama.

La risa le va durando hasta más allá de la Mancha.

 

Armaduras y luceros

Rodeados de pueblo, de malhadados libros, combatientes, versos perdidos, arrugados, rumiando hierba fresca, fusiles, cadenas, sudando a mares, leyendo historia e injusticias, objetos usados, apreciados, despreciados, noche arriba, sueño arriba, indios, buitres, poemas y canciones, vomitando salmos, cuevas, miedos y luciérnagas, soltando armaduras y luceros, entre el río, caminando, soñando, trashumando, limpiando dolores, asperezas, arrebatos, silenciosa, lenta, apresurada, exactamente, cantando, silbando, arborescentes, telúricos, orquídeos, amarantos, bosques eternos, en tempestad de sueños aurorales, bebiendo a grandes tragos, lanza en ristre, verso a verso, texto a texto, imágenes, voces y visiones; pendencias, batallas, riñas, agresiones, desafíos, a libertad por todos los caminos.

Barro modelado, soplado, savia, cicuta, dolor, llanto, locura, cruce de vientos, jaula poblada de caminos, sombra vagabunda, confundida, ráfaga inaudita, lacerada carne del sentido, lodo desolado, lo oscuro, lo que quema, lo que ata, ladridos del silencio, alud de gritos, pasos sobre los sueños, alucinamiento de vacío, abordaje, cosmos sin término, esperanza acuchillada, de puntillas, nueva voz, cauce nuevo, dorada comarca, ovillo luminoso, reverso del reloj, desvelo, turbulencia, sinrazón, palabra vieja, nueva, fecunda noche, recuerdo ensombrecido, hambremar en vuelo, tiempo prohibido, sombra loca, tecla enloquecida, deshojado día, minuto, grieta, instante a la deriva, al escondido, imagen saturada, fuego de cosechas, entraña recorrida, sudor, curso, viento, luchafuego, perraje angelical, valerosa fe, noche por venir, futuro pie, flujo, entrega, paso eterno, colores vagabundos, sonrisa de acuarela, mansa presencia, leve agitación viniendo, enderezando, yendo, no lo siendo, una coma sin bolsillos, vacío, derrumbe íntimo, penumbra antigua, sin saber qué hacer con tanta lluvia en el pañuelo, itinerario, encanto, otra eternidad, confín, a tientas, en busca de un lugar, sucios, descalzos, ángeles, laya sideral, figura triste, entreverado loco, capricho niño, salvaje enredadera, humo que se aleja, ascenso del ave, flor abierta, ola desierta, costa desierta, huella desierta, valiente, leal, devota, fiel, rostro emputecido, carcomida letra, mayúscula de América susurrando sus secretos, reptiles traspasando la frontera.

Aldea de pájaros bajo el costado izquierdo, a lo Guaicaipuro, sin franela, sin cadenas, sin escopeta pero sin miedo: brazoflecha, canción primigenia, canción para siempre, convocados sólo por el desafío, desnudos como la rabia, ebrios de futuro y de júbilo, algo entre tanto pueblo, algo de la región florentina, indeleble gota del Arauca, triunfales en el reto y la porfía; primos de Tamanaco, palabrarma, furia, gentileza, tierra brava, tierra de polvo y de agua; palabrapueblopólvora, desierto, mar, pozo, no paisaje manso, patria preñada de coraje, agravios, sinrazones, aventuras, dulce imperio… lugar, míresele por donde se lo mire, forjado a fuerza de victoria y victoria y más victoria alzada, almada.

 

Almácigos en guardia

Samain diría el aire es quieto y de una contenida tristeza. El Hidalgo dice hoy la Muerte está soldando cada lindero a cada hebra de cabello perdido, desde la cubeta de un frontal, donde hay algas, toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia. Las manos avanzan de diez en fondo, desde un martes cenagoso que ha días está en los lagrimales helado. Y preguntamos por el encuentro absoluto, por cuanto pasa de aquí para allá. Por haber sido niños y también por habernos juntado mucho en la vida, reclusos para siempre nos irán a encerrar. Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría que no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos. Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Bomba aburrida del cuartel achica tiempo tiempo tiempo tiempo. Piensa el presente, guárdame para mañana mañana mañana mañana. Aguardemos así, obedientes y sin más remedio, la vuelta, el desagravio de los mayores siempre delanteros dejándonos en casa a los pequeños, como si también nosotros no pudiésemos partir. ¿Aguedita, Nativa, Miguel? Llamo, busco al tanteo en la oscuridad. No me vayan a ver dejado solo, y el último recluso sea yo. Busco volvver de golpe el golpe. A su halago, enveto bolivarianas fragosidades. Lloro en mi mano, recuerdo, escribo y remacho una lágrima en mi pómulo. Oh las cuatro paredes de la celda. Oh las cuatro paredes albicantes que sin remedio dan al mismo número. Amorosa llavera de innumerables llaves, si vieras hasta qué hora son cuatro estas paredes. Sólo yo me voy quedando con la diestra en alto, en busca de terciario brazo que ha de pupilar, entre mi dónde y mi gallo incierto. Es posible que me persigan hasta cuatro magistrados. Es posible que me juzguen pedro. Alfan alfiles a adherirse a las junturas, al fondo, a los testuces, al sobrelecho de los numeradores a pie. Tal el tiempo de las rondas. Tal el del rodeo para los planes futuros. Cristiano espero, espero siempre de hinojos en la piedra circular que está en las cien esquinas de esta suerte tan vaga a donde asomo. Quién sabe madrugada. El cancerbero cuatro veces al día maneja su candado, chancea con los presos. Por entre los barrotes pone el punto fiscal, inadvertido, a la pista de lo que hablo, lo que como, lo que sueño. Quiere el corvino ya no hayan adentros, y cómo nos duele esto que quiere el cancerbero. ¿Puedo decir que nos han traicionada? No. ¿Qué todos fueron buenos? Tampoco. En la celda también se acurrucan los rincones. Y me retiro hasta azular, y retrayéndome endurezco, hasta apretarme el alma. Es de madera mi paciencia, sorda, vegetal. Esta noche desciendo. Rocinante me desciende, ante la puerta de la casa, donde me despedí con el cantar del gallo. Está cerrada y nadie responde. Llamo de nuevo, y nada. Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal relincha, relincha más todavía. Oh voces y ciudades que pasan cabalgando en un dedo tendido que señala a calva Unidad. Amémonos los vivos a los vivos, que siempre no estaremos como estamos. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás, tan cerca arremetió lo lejos. ¡Ah!, desgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer. Cuándo nos veremos con los demás, al borde de una mañana eterna, ¡desayunados todos! Si lloviera esta noche, retiraríame de aquí a mil años. Mejor a cien no más. Como si nada hubiese ocurrido, haría la cuenta de que vengo todavía. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta, y el canto cordial de las distancias. ¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia? Hay siempre que subir ¡nunca bajar! ¿No subimos acaso para abajo? Canta, lluvia, en la costa aún sin mar! Calla, crepúsculo futuro, y recógete a reír en lo íntimo de este celo de gallos ajisecos soberbiamente, soberbiamente ennavajados. ¡Cae agua de revólveres lavados! Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada. Todo aparentemente sigue igual. Camaradas, varios días el viento cambia de aire. Como insomnes almácigos en guardia, en la cárcel con sueño de esperanza, estará nuestra sombra cuestionando. Esto es urgente, el tiempo apremia, el día. ¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta siempre! Y entonces tocarás cómo tu sombra es ésta mía desvestida y entonces olerás cómo he sufrido. Sobre el hosco muñón de la tristeza, sólo tu brazo, ciego en el vacío.

 

Sin coraza fiel ni limpio acero

A tientas viaja, a espaldas de su sombra. Con amplias tiendas en Marte y en la Luna, desolada, la tierra sólo es queja, lamentación, huracandad y grito, sin árboles, sin lagos y sin nieves; sin huertas, sin almácigos, sin hombres. Apenas duerme el sol en altas cimas, al lado del rugido de los vientos, en noche sepulcral, horrenda y fría, lecho de fauces, fosas y lamentos. Soledad, soledad, la de la tierra, con sólo el sol soldado y centinela. Casi sueño, el hombre, sombra de paso por la noche en sombra, árbol sin tierra, fuego entumecido. El agorero llanto de los pájaros esconde en su garganta la cigarra -guitarra augusta en forestal plegaria-. Mañana cuando tornen las luciérnagas, el sol sobre la copa de los árboles brindará por el sueño de los hombres, por el canto del bosque y sus caudales, porque regresen todos los caminos y sol y nieve sigan siendo hermanos.

A ciegas cada noche o en vigilia, reconocemos nuestra casa entre la luz de los postigos. Una que otra luciérnaga alumbra la esperanza. El aire bailotea en la espesura, los gallos poco a poco se despiertan y echan al voleo su largo canto. Todo debe ir con acento cuando la vida de regreso llama, cuando se aclaran todos los caminos. Buscaremos todo, al final encontraremos nuestro viaje. Iremos al paso de una sombra. Modo de jugar a muerte, a noche, a vida. Juego antiguo, incógnito, perdido, para asaltar el alba ante el altar del viento enfurecido. Si supiesen los hombres del camino, tornarían repletos de regresos. Si el hombre se midiese con el viento, sabría que todo pasa como el sueño.

Benignas sean las horas nuevas. Benigno el campo, los hogares. Benignos los arados. Benigno el pan multiplicado en paz y en libertad. Benigna la sierra, la arboleda. Un pueblo hambriento confía en sus pasos. Es tiempo de escribir con mayúscula el amor. Es tiempo de que el prado sea más verde. De que aminore el mal, el miedo, la prisión. De que en medio del fogón resplandezca Paz. De que aparezcan otra ley, otro campo, otra ciudad. Otro pueblo, otro trabajo, otra razón. Otro palacio, vida y dignidad.

Inmensa nuestra noche. Nuestra vigilia, inmensa. Nuestra huida de la muerte. Nuestro asombro o noche sepulcral. Donde tanto fue diezmado, desguazado, consumido, arrebatado. Vivos todavía bajo la sombra de la noche, mensajera de misterios. Cabe la lumbre de un amanecer repleto de razones. Al compás de un mismo sueño. Dispuestos a alcanzar el horizonte. Desde estas alboradas soñolientas. Desde el relente de este portachuelo. Vivos bajo el caudal enloquecido. Bajo la lumbre agazapada, el cósmico pavor de la centella. Ante la huerta, jalonando soles, siglos, madrugadas, ventisqueros. Cruzando ríos en noches espantosas. Cruzando mares. Invocando orillas inasibles. Capeando turbias confusiones. Remando entre tifón o torbellino. Después del vendaval, el cataclismo y la vorágine. Después del arrebato. Después del llanto, el miedo, el desespero. El hombre al desamparo de los dioses. A cielo descubierto, galopando tristumbres, soledades y esperanzas.

Asombro el de los magmas furibundos. De mano del lucero. Junto al grano y la simiente. A la derecha de la sombra. Del remolino, el vórtice o corriente. De la sombra a la pena. De la pena al sollozo. Del sollozo al sueño. De la Nada a la Vida. De la Vida a la Muerte. De la Muerte al Misterio. Sobre las entrañas de la noche. Ya sin coraza fiel ni limpio acero. De cara hacia el misterio para siempre. La noche sepulcral donde morimos cuando a nacer apenas empezamos.

 

Sentencia de Quijotes

Mientras el oráculo inunda con su eco, dejando que el universo se mueva a su alrededor, en la honda noche diluvial de esta hora en que el sueño pertinaz de la vida corre peligro de quebranto, en esta hora tristísima del hombre, en esta hora de guerra planetaria, en la noche de la guerra, del hambre y de la lluvia, donde aparece, gigante, la sombra de la muerte, en este instante estremecido del alba, antes que a Dios le sea fácil matar del todo su obra, empecinados en sus caprichos de que son pocos los que sueñan el mundo, pensando que son sus únicos espectadores, que si dejaran de verlo se moriría, desde sus “Torres de Timón”, con fervoroso asombro, como presentimiento tembloroso del amanecer horrible que amenaza estos arrabales desmantelados, Eduardo, Elis, Sael, Leonardo, Antonio, Octavio, Wiston, Oscar, Carlos, Triunfo; Gabriel, Roger, Miguel, William, Alfredo, Elsa, Lola, Iris, Xiomara, Bettina, Luz Marina, María Luisa, Dora, Meira, Amparo, Ofelia, Mery; Jorge, Tirso, Ciro, Quijano, Sancho, Simón, Alonso, Homero, Luis José, Freddy, Antonio María, Pedro Pablo, Pablo, dos poetas, cinco poetas, diez poetas, veinte poetas, cien, mil, quinientos mil, gallos flacos, desgreñados, cantando juntos a la vez, Quijotes de la Tierra, a coro en el asombro, en soledad centenaria, trasnocharán, hasta que la noche gastada se quede en los ojos de los ciegos y nuevamente el mundo sea salvado.

Alzados en almas, al rincón del fuego, de este infierno, este fango, este fondo, presidio, cementerio o noche albada, a golpes, sin silencio, sin remedio, conscientes de que se habrá logrado una real conciencia de clase, alcanzado una sociedad más justa y un modelo de democracia directa cuando los oprimidos de todaspartes aprendamos a decir no, a objetar lo que no conviene; a negar todo orden que vaya en detrimento de nuestros derechos originales; cuando el grito negador-creador recorra las fronteras desde aquí, desde los almendros, los eucaliptos y las azoteas, desde aquel lado de la oscuridad, desde dentro del socavón y de la lluvia, desde el Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, hasta Lanzarote del Lago y Amadís de Gaula, Felixmarte de Hircania y Don Belianís de Grecia; desde las soledades sonoras de los Andes hasta las azules somnolencias de los Alpes; desde las galopantes regiones esteparias hasta los calcinantes sueños de las cálidas arenas; desde las septentrionales águilas nevadas hasta las vallejianas resonancias proletarias de las quenas; desde los espejos enterrados del alma hasta los confines donde, tal vez afuera, lejos de la tierra, titilen las estrellas; desde el Caño de la Guacharaca hasta el Raudal del Muerto, desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, desde un lugar de la Mancha hasta la eternidad; convencidos de que el despertar no es otra cosa que el fruto de la resistencia cultural de los pueblos indios y afrodescendientes que llevan más de quinientos años dando la pelea al invasor; de que los sueños no aceptan prólogos ni epílogos, de que hay mucho por hacer, mucho por corregir y todo por inventar, hasta asegurar el camino a una sociedad intercultural y equitativa, plena de individuos libres y felices… a punta de belleza y de locura, sobrevivientes de la muerte cotidiana sin sentido, frente al brutal mundo de la contrautopía, limpias las armas, de galope y aprisa, con adarga, celada y suerte almados, con seco y polvoroso rostro, con gentil talante, embrazada vida, persuasión, proeza, palabralanza en mano, embelleciendo y subvirtiendo todo acoso, alienación, diatriba; seguros de que no morirá la flor de la palabra y menos su jardín, donde aclaran los abismos, la palabra insomne, los cuarenta mil millardos de millas de hombres luz; gozosos en una pompa de jabón donde caben, enteritos, todos los sueños; mientras esperan que la noche no sea propiedad de los lobos solamente y sí ferviente procesión de altaneras madrugadas; venidos de la noche, yendo hacia la noche, mordidos por la alegría, heridos, tras las huellas del sol; unidas las manos para que el mundo no esté en pocas manos sino en todas las manos… ensartando éstos y otros tantos disparates, fantásticas, increíbles desventuras, sentencian que decir es fundar, derribar gigantes y dragones, que la palabra que se escribe sobre el papel es más duradera que el mármol, más resistente que el bronce y más efectiva contra la opresión que el fusil y la pólvora; que los tambores transmiten la buena nueva: los invasores no son inmortales; que se trata de vivir contra morir.

 

Plegaria cósmica

Más allá del cosmos, de cara al sol y desde oriente; al norte, al este, al sur, al oeste, galaxias, soles, astros, montes, dioses, rogad por nosotros, por el huracán y la gaviota, por las mil cruces siderales, por las luciérnagas sin noche, por el aullido, el grito, el griterío, por las primaveras encendidas, por los ocupados y confusos, por las alas rotas en el itinerario, por los presagios alumbrados, por los justos para que enciendan de nuevo sus milagros, por la piedra, el enigma, el insomne, el insomnio y el asombro, por el plenilunio enamorado de noches que no acaban, durante mil años después del mundo, las latas, los ejércitos batracios.

Por la espalda -trozo hambriento y desgreñado-, por el castigo siempre miserable, por la meca, el muro, sus nichos y la cúpula dorada, por el delirio de los sanos ojos, por la lengua pegada al paladar del tacto, por el padre nuestro, el odio nuestro, el mártir nuestro, la horca, el yugo, el verdugo y la palabra huérfana, por el pus latiéndole a la herida, sobre el vientre de la tierra desguazada.

Por el escalofrío del que reza a pie, de rodillas, de dorso, de frente, de perfil, inverso, adverso, por los opacos, roñosos, divinos arrepentidos, fatigados guerrilleros, héroes, vueltos, pesados, entregados; por el rastro del abecedario, por la babel y el sinsentido, por el cascabel encigarrado, por la boca, el acero, la alambrada.

Por el arroyo, arrullo del mutismo, por el malvado, el humilde, el ángel, el humano redimido, por la salamandra, el limpia casas, por el cocodrilo, el ciempiés, la iguana, por el misterio de la alondra ennegrecida, por los que follan, almuerzan, se abotonan, por la sombra insomne de esta noche incierta, por los extáticos, los desnudos, los relámpagos; por el sueldo micro o el sin sueldo, por los olores, los sabores y los panes, por el ladrón enriquecido, empobreciendo, por el desnudo, el suspiro y el empeño, por las veredas del gusano, por el santuario, cotizaciones y valores, por los celulares vertebrados capitales, por los descosidos, los distintos, los vestidos.

Por los azules excrementos, por los fuegos, por las lenguas, por los dioses, por el remanso estremecido, por el ligero, el inevitable, el insolente, por el indicativo, imperativo, activo, impertinente o desactivo; por el barro, sus flores, sus simientes, por las mutilaciones, los rodeos, las posiciones, por los cumplimientos e incumplimientos, por los canallas, las sospechas, por los bastardos y bribones, por los asquerosos y cobardes.

Por los borbotones, los impotentes y reversos, por los inocentes, los helados, los repletos, por los rotos, los usados, los doblados, los desgarrados, los caídos, encarnados, por la apetencia, la brecha, la vereda, los caminos, por el pan escaso y la avaricia pronta, por la calma, la borrasca o la herejía.

Por las tortillas, las especias, los emplastos, por los terremotos, los rosarios, los bordones, por el gemido, el grito, el alarido, por el envuelto, el quieto y el inquieto, por el furor del viento, por el incrédulo, el silbante y el creyente, por el pleito vuestro y nuestro, por la maleza incierta, por el enredo, la resaca, el miedo, por el desaguadero, la desolladura, el pan que sobra, por la cólera, el odio, la inclemencia, por el engaño y el terror y la creencia, por el descubrimiento, encubrimiento, cubrimiento, por la náusea, la quema, las cenizas, por el rayo, el espejo, la muralla.

Por el ciego, el apoyo, el fundamento, por el secreto, la tumba, la palabra, la ventana o la cortina abierta; por el beso, el barro y el planeta, por el envite, el alfarero y el nonato, por los matices y las gasas del silencio, por los pétalos del sol mugiente, por las piernas callejeras salerosas, por las sombras y las luces rotas, por el gargajo, el tártago, el trabajo y el tartajo, por la liebre, por el libre, el blindado y el venado tuerto; por el dado, el perfume y el misterio, por vivir, por morir o estar presentes, por los paréntesis solos moribundos, por las balas, las dudas y las tardes, por los nombres severos de las deudas, por la inclemente soledad del orbe, por la tardanza de quien porta el pan, por el burdel -la cópula perfecta-.

Por las flores que brotarán en las calles de Kandahar, por los presagios fulgurantes del hombre emplumado, por las ventanas que se abren más allá de las oscuras noches, por todas las historias que la ausencia nos cuenta, por quienes cañonean niños en las calles de Najaf y de Falluja, por los imperios rapaces al acecho contra el hombre, por la humanidad en marcha contra la barbarie.

Por el claro misterio de la luz, por el sol de la noche más gozosa, por la amarilla dulzura del oriente, por la tenue caricia de lo incógnito, por la antigua quebrada de la fronda, por la nostalgia vuelta hacia la infancia, por la aurora que se abre en el misterio, por el rayo furente de la vida, por el arroyo que quedó dormido, por la sencillez espiritual de un nido, por el claro sigilo del amor, por la desfachatez del cristofué, por la luz total de nuestras cosas, por la cuajada plenitud del grano.

Por los sonrojados, luminosos luceros catatumbos, mirando de reojo, por el viento durmiendo entre los árboles o a la intemperie el niño; por la emoción de quien anhela el mar desde su aldea, por el tiempo desafiando la fiesta de los hombres, por los cuentos y mitos en sombras de alborada, por la fruta y el sabor de sus perfectas mieles, por la dulce soledad del tiempo manso; por el himno triunfal de la alegría, por la lumbre amarilla del camino, por estos girasoles que nos miran, por la vida esa gloria suspendida, por el fulgente camino de la luz, por embriagar de luz la eternidad.

Por la nieve que duerme allá en Saluggia, por la nieve que nunca vio mi aldea, por la canción de cuna de la nieve, por la inmensa dulzura de la nieve, por el niño dormido entre la nieve, por el retorno eterno de la nieve; por la muerte sin tregua construida, por lo que está perdido, va o termina, por el hombre que gira con el día, por el hombre sin tiempo ni sin fin, tan sólo un animal desconocido.

Por la mágica mutilación, el afinamiento primordial, el sentido del sinsentido, camino y universo y atalaya; por el arma celeste, la palabra, para fundar un mundo para el nido, manos abiertas, pájaro en vuelo, con hambre de luz para la siembra.

Por el postigo y su presagio cuervo, por los instantes, cienes y millardos, los izquierdos, los neutros, los derechos, por lo oscuro, lo ralo, por lo ebrio, por lo hembro, lo sobrio, por lo macho, por las piedras, cimientos y cuadriles, por las señales de la santa lluvia, por quebradas, florestas, renacuajos, por los solteros, cuerdos y borrachos, por la tos, la sonrisa y las estrofas, por la guerra, la paz, por los de arriba, los del centro, sin nada, los sin heces, los de abajo, de cara al sol de oriente, por la última estrella que veremos.

Por la buenaventura de la rosa, por el atardecer de los venados, por el alma llanera dulcecita, por la primera labradora a pie, por mí, por ti, Tolú y la Trifaldi, por la casa en el aire y en el suelo, por la varilla de llegar al cielo, por los guaduales cuando van al río, por la hazaña, la fama que eternice, por la soberbia Kalamary en celo, por Darío Fray Luis y sus versiones, por la lujuria del primer jardín, por la guabina santandereana, por las penas del río cuando brise.

Por el tiempo que dura la agonía, por las espadas ángeles y aldeas, por todos los resabios rocinantes, por el plural con una sola sombra, por el poema aquel inagotable, por el misterio del divino loco, por la noche que se arma en ciego sueño, por la puerta falsa del corral de campo, por los cuchillos de la lluvia a secas, la amenaza del gato en pleno hechizo, por el barco encantado y sus aceñas, por los dos golpes a la endeble espada, por la razón y sinrazón del viento, por el sordo pecado de la luna.

 

* Razón de ser: confabulación tachirense

En octubre del año 2000, después de un buen par de pininos, sobre el banco de la paciencia, la escalera o la barricada, irrumpe en la ciudad de San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela, un verdadero complot contra la pululante abulia literaria. “Nadie Nos Edita Editores” es nombre-eslogan-escudo para el trajín de los neo-conspiradores y sus primeros dardos-poemarios. Toman una de las emisoras de radio con “Después de Misa”. Para salvarse de los espantos de la media noche y para “meterle el dedo en el ojo al silencio” fundan Los Jueves Inéditos. Coleccionan sus libros en Dragones de Papel. Piensan en un periódico propio y al instante aparece la Revista Sujeto Almado (1), con versión electrónica, advirtiendo de entrada que es peligroso asomarse a su interior. Chucho (Freddy Ñáñez), el fundador, el motor de tal confabulación.

El Grupo entra en acción, se instala justo en los albores del siglo XXI con el firme propósito de constituirse en hito fundacional capaz de pasar la página de la reivindicación de la nueva poesía tachirense. Haciendo honor a significativos testimonios culturales como la BATT (Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses), La Cueva Pictolírica, el Grupo Literario El Parnasillo, el Taller Literario Zaranda, el Periódico Voz y Rima, El Árbol Editores, la Peña Manuel Felipe Rugeles, deviene en verdadero zaguán por donde la nueva literatura regional tachirense responde por el nuevo texto de los nuevos tiempos. A un lustro de vida, es ya bisagra natural dispuesta a fundir y multiplicar, sinérgicamente, los frutos hasta ahora cosechados en uno y otro ámbito. A través de la pulcra presentación de Sujeto Almado, asistimos periódicamente a un permanente debate ideológico-literario que oscila entre los vericuetos de la razón poética y los intríngulis descaradamente dolorosos del saqueo hegemónico mundial.

Estamos, así, delante de un Movimiento que apuesta a la belleza y la locura, únicos argumentos para sobrevivir a la muerte cotidiana sin sentido. Frente al brutal mundo donde a diario se fortalece la contra-utopía, esgrime la palabra honda, la que embellece y subvierte todo acoso, alienación, diatriba. Muy agazapadamente, se propone inventar nuevos mundos y Apocalipsis. Perfectamente sabe de las falsedades de la Literatura.

¡Y miren si han sido capaces de fundar! Pretenden la refundación del quehacer literario a través de una confrontación participativa, con miras a salirle al paso a la palabra nueva, protagónica, capaz de enarbolarla como verdadera subversión o resistencia ante todo arremetimiento o impune dominación. Desde el incienso hasta el quejido del papel y más allá del viento, mientras inventan pasiones para ejercitarse, mientras se siguen robando el fuego, empuñando la luz como un cuchillo o la paz como un fusil, saben que la ruta es larga, afuera y descalza. Por eso su grito no otro que: ¡Generación Almada! ¡A navegar! ¡A soñar! ¡Hasta embriagar la realidad!

 

Notas:

[1] http://www.sujetoalmado.com/

 

© Pablo Mora 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero29/galmada.html