Problemas lingüísticos y extralingüísticos
en la traducción de lenguas afines

Marina Romero Frías y Alessandra Espa
Università di Sassari


 

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I. Contestar a la pregunta ¿qué es realmente una traducción? es complicado, pues sabemos que no es solo y exclusivamente: “la acción y efecto de traducir”1, verbo que significa: “expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra”. Diciendo eso nos encontramos, por un lado, ante una definición de carácter general2, como lo son todas aquéllas en las que aparece, implícita o explícitamente, el término “equivalencia” como en Catford: “la sustitución de material textual en una lengua (LO) por material textual equivalente en otra lengua (LT)”3, por citar sólo uno de los tantos ejemplos. Y por el otro, estamos dando una concepción despersonalizada del traducir en la que nunca están explícitas las personas que intervienen en el proceso y que son parte integrante de él4. Ese tipo de concepción que se concretiza, por ejemplo, en la escuela de Leipzig, toma como punto de partida la traducción automática creando una “Translationlinguistik” que parte de la premisa de que el objetivo principal de toda traducción es mantener invariable el contenido de información de un texto sin tener en cuenta otros elementos importantes del proceso traslativo5. Todas estas definiciones que se centran, exclusivamente, en la lengua son típicas del optimismo imperante, aún hoy, entre los partidarios de ese tipo de traducción. Una traducción en la que incluso una máquina -léase ordenador- puede sustituir al traductor.

De todas formas, existe una “teoría de la traducción contemporánea”, una disciplina que, según la división propuesta por Roman Jakobson, se compone de tres sectores que se pueden identificar en tres formas de traducción (intralingüística, interlingüística y intersemiótica). Según sostiene Gentzler todas estas formas que Jakobson ha identificado “si integrano a vicenda e, se si accetta questa definizione è facile intravedere in che modo la teoria della traduzione possa trascinare velocemente lo studioso nell'intera rete intersemiotica della lingua e della cultura, che tocca tutte le discipline e i discorsi”. Además, incluso la segunda forma jakobsoniana de traducción, o sea la traducción ¨propiamente dicha¨ presenta múltiples aspectos no sólo lingüísticos, sino también literarios y culturales.6

Por lo tanto, según lo que acabamos de decir, traducir no significa solamente prestar atención a los aspectos lingüísticos. Existen también aspectos no lingüísticos que hay que tener en cuenta cuando nos aprestamos a efectuar una traducción. La tercera acepción del término en el Diccionario de la RAE: “interpretación que se da a un texto”, nos parece pertinente para explicarlo. En la traducción hay que tener en cuenta, por tanto, elementos esenciales como son el texto, su interpretación por parte del traductor o el receptor y, sobre todo, el contexto. Al momento de traducir hay que tener en cuenta, pues, tanto los aspectos lingüísticos, como los extralingüísticos. El traductor, ha de ser un buen lingüísta, sin duda alguna, pero ha de ser, también -como sostiene Mounin-, un buen etnógrafo; el traductor no debe saber lo que significa todo de la lengua que traduce, sino también todo acerca del pueblo que utiliza esa lengua7. Por lo tanto, “traducir o, mejor, la dificultad de traducir8, qué duda cabe se encuentra supeditada a dos tipos de causas; una de orden cultural: se trataría de trasladar realidades no lingüísticas de una cultura a otra, y una segunda, de orden propiamente lingüístico: pasar de las formas específicas de una lengua a los perfiles, a menudo diferentes, de otra”9. Esta afirmación habría que, en el caso de la traducción del italiano al español o viceversa, matizarla ulteriormente. La perversa similitud que existe entre las dos lenguas y, porque no, entre las dos culturas, se suma como un elemento más -nos atreveríamos a definir como un elemento perturbardor- a la hora de enfrentarnos con una tarea tan dificultosa. Los dos idiomas pertenecen a un tronco común y lo mismo se puede decir de las dos culturas, pero de esto hablaremos más adelante.

Para traducir, que duda cabe, hay que conocer perfectamente la lengua, captar el sentido10 y la función del texto no solo en la lengua de partida, sino también en la de llegada, saber disociar las dos lenguas en contacto11. Pero la traducción es un proceso de comprensión y de generación de textos con una finalidad comunicativa -como bien sostiene Amparo Hurtado- , pues se traduce para que un lector que no comprende la lengua, ni a veces la cultura en que está redactado un texto, tenga acceso a él.12

Por lo que respecta a la cultura, que es el conjunto de factores -normas, convenciones- que regulan el comportamiento de los miembros de una sociedad, está claro que el traductor tiene que ser también un experto13. Por tanto disponer de competencia en ese campo significa conocer y saber interpretar esos factores. Por ello para traducir es importante tomar conciencia de la propia cultura y los mecanismos que la rigen y, al mismo tiempo saber valorar los fenómenos culturales ajenos. Es importante relacionar la lengua y la cultura y tratar ambos aspectos de forma conjunta, como lo es también la conveniencia de tratar la lengua como la cultura de forma contrastiva. No solo hay que conocer y saber interpretar correctamente las "marcas" de las dos culturas en contacto sino también conocer y detectar los estereotipos y presupuestos que una comunidad tiene de la otra. Pero tampoco hay que olvidar que quien traduce tiene que saber interpretar los datos en función de la recepción en la lengua y en la cultura de llegada. Pues ya desde Nida14 se tiene en consideración que existen grupos de receptores variados y a cada uno de ellos hay que proporcionarle una traducción acecuada. Por tanto no es suficiente el mero conocimiento de las lenguas, ni de la propia cultura, ni de las circunstancias históricas y culturales de la LT. El traductor debe presuponer también la reacción del lector y presuponer sus conocimientos.

 

II. Dejando estas consideraciones de carácter general vamos a entrar en la cuestión que nos interesa, o sea a la dificultad ulterior que el traductor encuentra a la hora de enfrentarse con textos de dos lenguas -y dos culturas- tan afines, por muchos aspectos, como son la española y la italiana para "interpretarlo, explicárselo" y luego "convertirlo, mudarlo o trocarlo" en una de ellas15. La comprensión del TO es lo que hace posible que éste pueda ser traducido a otra lengua. Sin comprensión, ya lo hemos dicho, no puede haber traducción. Por eso el traductor debe dividir su proceso en dos fases: en la primera debe analizar el TLO en cuanto al sentido y al estilo y en la segunda reconstrucción debe reproducir en el TLT las características de sentido y estilo del TLO, considerando la equivalencia comunicativa mejor16. Pero ¿qué sucede cuando se puede interpretar lo que no vemos a través de lo que vemos? Esto merece una explicación.

En primer lugar, en Italia existe la creencia de que el español es una lengua fácil; una creencia compartida, pues también en España se cree que el italiano es una lengua "tirada", “un castellano mal hablado (como encontramos ya irónicamente en Leopardi), una lengua privada de complicaciones para los hispanohablantes”17. O sea que son dos lenguas prácticamente iguales y por tanto con poquísimas diferencias en su morfología y sintaxis18. Los escollos se pueden encontrar, por ejemplo, en el uso de los tiempos del verbo19, en ciertas construcciones oracionales (sobre todo por lo que respecta al uso del subjuntivo en las oraciones subordinadas, que no siempre coincide), en la utilización de las perífrasis, en el sistema preposicional… Pero todo ello, no es un obstáculo, por lo menos, a nivel de la expresión oral20, para quien, teniendo un buen standard en su L1 conozca las estructuras básicas de la L2, pues es verdad que las dos lenguas, en parte, se parecen bastante. Por otro lado, tampoco lo tiene porque ser para el traductor, siempre y cuando éste sea el buen lingüista que Mounin auspiciaba.

Las mayores dificultades se presentan en el campo de la semántica, porque aquí la perversión del léxico llega a su punto máximo. Para Rodríguez y Adán estamos “ante un complicado juego de espejos en los que la sombra del léxico castellano se superpone a la del léxico italiano” y añaden que se podrían comparar “estas interferencias a las de dos antenas que, a pesar de recibir en una frecuencia parecida, más se interfieren mutuamente cuanto más cerca se encuentran, más distorsionan la límpida imagen del idioma”.21

El escollo más clásico es el de los falsos afines o falsos amigos o sea las palabras de dos lenguas diferentes exactamente iguales o semejantes en el significante pero diferentes en la totalidad o en parte de sus significados. Obviamente el problema que plantean los falsos amigos en lenguas de origen diverso22 es menos complejo que el planteado por dos lenguas neolatinas como italiano y español, pues “maggiore è la somiglianza fra due lingue, tanto più risulta difficile e tanto più è arduo per lo studente, o aspirante traduttore, cogliere tali sfumature”23. Por ello nos encontraremos que la traducción de "narici" será inevitablemente "narices" y no "orificios nasales"; o bien “vincere una partita” será “vencer un partido”, porque si "vincere le difficoltà o il nemico" es "vencer las dificultades o al enemigo”, no hay razón para que no funcione en el primer caso24. En realidad estamos aquí ante lo que Adán y Rodríguez llaman traducción visual, un procedimiento más amplio que la traducción literal, porque en este caso se trata de un sistema léxico más próximo. Quien traduce refleja lo más fielmente posiblemente el texto que tiene a la vista. Este es un error que difícilmente se da en individuos de habla eslava o inglesa y que en cambio son usuales en individuos de habla románica. Es casi siempre la fidelidad visual la que con mayor frecuencia produce la infidelidad en la traducción.25

Entre las falsas afinidades existen diferencias según la categoría gramatical a la que pertenecen. Ya de por sí, el pertenecer a una u otra categoría influye en el significado de cualquier palabra. La traducción de objetos (representados por el sustantivo) y de movimientos o acciones (representados por el verbo) suele ser más literal que la de cualidades y modos de la acción (adverbios y adjetivos), porque tanto los adjetivos como los adverbios seccionan el significado a su manera, de modo que no podemos creer en la existencia de una única traducción de cualquiera de ellas. Por tanto a las falsas afinidades hay que añadir la gran cantidad de matices de difícil percepción , y por tanto de díficil traducción, que todo adjetivo tiene tanto en la lengua hablada que escrita. El problema mayor se presenta en la preferencia secreta que cada lengua manifiesta cuando debe expresar una idea. El clásico ejemplo es "bello", usado en italiano en cualquier contexto, pero que si se traduce literalmente en español con el homógrafo, que no homófono, "bello" al lector le sonaría extraño pues es una palabra que normalmente se usa en un registro muy culto y que se reserva para definir al máximo cosas de grandísima importancia o personas de enorme perfección física.

Para delinear aún más lo que estamos diciendo quisiera sacar un ejemplo de mala traducción según lo dicho antes. El capítulo quinto de El gatopardo empieza de la siguiente manera: “I natali del padre Pirrone erano rustici: era nato infatti…” El traductor español intuye que el adjetivo rústico en español puede dar pie a una falsa interpretación26 sobre todo en su sentido figurado y decide cambiarlo: “El padre Pirrone era de origen pueblerino”, pero al hacerlo no solo no evita la fuerte carga negativa, que en italiano no tiene (puede significar también ruvido y scontroso, pero no en este caso), sino que le da un origen distinto al pobre cura27. Mientras que, creemos, Tomasi di Lampedusa quería evidenciar el contraste entre los orígenes de ambos personajes (el príncipe y el jesuita: campo <-> ciudad), pero no las diferencias culturales. La solución hubiera podido ser: “El padre Pirrone era de origen campesino…” o bien “era del campo…”, incluso hubiera sido mejor proponer “de origen aldeano”.28

Pero de la dificultad de las causas de orden lingüístico a las de orden cultural el paso es breve. El caso de los falsos amigos o falsos afines se inserta en el campo más amplio de la ambigüedad, o sea la posibilidad que un texto (o parte de él) se pueda interpretar de dos maneras distintas o de la plurisignificación, cuando las posibilidades son más de dos29. Los problemas se pueden plantear tanto en la fase de comprensión del TLO como en la de reconstrucción del TLT. En la primera fase porque quien traduce puede no individuar la ambigüidad léxica y de consecuencia elegir una interpretación que a él le parece evidente pero que no responde a la intención del autor. Otras veces puede darse cuenta pero vacilar a la hora de decidirse por una de las interpretaciones posibles. ¿Qué tiene que hacer el traductor ante una ambigüedad: eliminarla o conservarla? La respuesta la da García Yebra de una manera salomónica, pero que implica lo que decíamos al principio: que el traductor sea el experto del que hablaba Göhring30 -pues ser un buen lingüista no es suficiente- e incluso un buen crítico o un pasable escritor (si hablamos de traducciones literarias) o un técnico especializado en el campo en el que está traduciendo.31

Un caso en el que las ambigüedades del texto no han sido recogidas por el traductor es El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza32. La novela es una doble síntesis cultural. Por un lado se funden en ella la tradición literaria española a través de las lecturas de su autor; por otro, engloba el espíritu del pueblo español, su modo de entender y afrontar la vida y su sentido del humor. El escritor barcelonés utiliza para ello la lengua como un espejo que refleja lo cotidiano de la vida española del momento, enfrentándose de ese modo a un sistema cerrado que intenta frenar cualquier intento de renovación. La traducción no logra destacar este aspecto, bien por voluntad del traductor que ha optado por una traducción literal, bien porque faltándole la experiencia göhriniana de la que hablábamos antes, no ha sabido captar todo el extratexto que se celaba en la obra. No ha sabido captar las diferencias, porque las hay, de orden cultural que existen entre Italia y España, de la distinta concepción del mundo que tiene estos dos pueblos. Las estrategias lingüísticas de Mendoza, que son imprescindibles a la hora de construir el personaje y su mundo casi no aparecen en el texto italiano. El traductor se ha dejado engañar por la "facilidad" de la novela y ha optado por la traducción literal. El resultado es una novela pseudopolicial como tantas otras.

Siempre en El Gatopardo encontramos otro ejemplo de poca cultura a nuestro entender. En el capítulo IV el príncipe de Salina hace una larga reflexión para sí mismo sobre una propuesta de senador del recién formado Reino de Italia: “È vero che i doni bisogna valutarli in relazione a chi li offre: un contadino che mi dà il suo pezzo di pecorino mi fa un regalo più grande del principe di Làscari quando m'invita a pranzo. È chiaro. Il guaio è che a me il pecorino mi dà la nausea…”. En la versión española se ha hecho un milagro y el queso se ha convertido en carne: “Cierto es […] un campesino que me da un pequeño cordero suyo me hace un regalo mayor que […] Lo malo es que el cordero me da asco”. ¿Se ha dado cuenta el traductor de lo que estaba haciendo? Creemos que sí, pues ha traducido pezzo (sust.) por pequeño (adj.). Por lo tanto, no ha podido confundir pecorino con ¡el masculino de pecorella ! ni ha podido pensar que el pecorino es ¡un “prodotto o ricavato dalla pecora”! (o sea su hijo) No la explicación podría ser que un queso era un mísero regalo para un príncipe y que, en cambio, un cordero por pequeño que fuese… pero no, dejémonos de elucubraciones. Lo más probable es que el traductor ignorase que un pezzo pecorino (o sea el queso de oveja ¡he aquí el producto!) y un mendrugo de pan era la comida habitual, en aquellos tiempos, de un pastor de la Italia centro-meridional.

 

III. Con un último ejemplo gatopardesco nos parece interesante introducir otro problema lingüístico-culturale de falsas analogías que merece particular atención: “benché fosse deciso a inghiottire lo schifossimo rospo…” se convierte en español: “Aunque estaba ya decidido a engullirse el repugnante sapo…” El traductor se da cuenta de que quizás "haya metido la pata" pues no es posible que al príncipe de Salina le gusten los sapos. Así que en una nota a pie de página explica: “ingoiare un rospo (tragar un sapo) equivale a nuestra frase hacer de tripas corazón”. ¿No hubiera sido más facil traducir directamente: “Aunque ya estaba decidido a hacer de tripas corazón…”

Como demuestra este ejemplo, las estructuras idiomáticas de una lengua (locuciones, frases hechas, modismos, proverbios, frases proverbiales) siempre han planteado, y siguen planteando, un problema de difícil solución tanto para los lexicógrafos, como para los estudiantes de una lengua extranjera o los traductores. Es complicado incluirlas en los diccionarios, aprenderlas sin rayar en la pedantería y, sobre todo, traducirlas. Es importante subrayar que el estudio y la atención a la fraseología no tienen que concebirse como una estéril acumulación de estructuras para convertirnos en un moderno Sancho Panza ni para deformar un texto escrito; la fraseología no se tiene que considerar un aspecto pintoresco de la lengua, sino una realidad viva en el sistema lingüístico, que en el caso de los proverbios aporta, además, valores culturales de gran importancia.

Fórmulas fijas de una lengua, las estructuras idiomáticas no se pueden traducir literalmente porque su significado no es fácilmente analizable; se utilizan, además, frecuentemente tanto en el lenguaje hablado como en el escrito, porque responden a la exigencia de plasmar los conceptos abstractos en las imágenes de la vida cotidiana y son indispensables en la exigencia de economía de una lengua. Las fórmulas idiomáticas son estructuras cristalizadas que representan amplios conceptos y permiten evitar al hablante largos giros de palabras. Como nos demuestra Umberto Eco, es ridículo tratar de evitar una expresión como “bisogna aprire gli occhi a Giuseppe” porque podría paradójicamente convertirse en una expresión del tipo: “è condizione necessaria se pur non sufficente allo sviluppo cognitivo di Giuseppe renderlo edotto di uno stato del mondo che egli si incaparbisce a interpretare alla luce di una falsa credenza”33.

Efectivamente, casi siempre, el ser humano no clasifica el mundo según las categorías de la razón, sino a través de imágenes. Las fórmulas idiomáticas pertenecen casi siempre al mundo de las figuras, entre las que encontramos el procedimmiento del eufemismo (“andare all’altro mondo”; “scavarsi la fossa”), de la metáfora (“essere un’oca”) o de la metonimia (“dare una mano”; “essere una buona forchetta”). Siguiendo la distinción de Alonso34 a los diferentes tipos de metáforas corresponden otros tantos tipos de locución que utilizan este recurso: (a) locuciones que llevan de lo abstracto a lo concreto, o sea las experiencias abstractas se traducen en términos concretos (“stare tra i piedi”; “avere le mani bucate”); (b) locuciones humorísticas; (c) locuciones para alabar u ofender; y (d) locuciones “quasi imágenes” que contienen vocablos transformados en símbolos como, por ejemplo, el corazón considerado el lugar de los sentimientos.

Las locuciones figuradas pueden ser semánticamente motivadas u opacas, cuando no es posible percibir su significado literal; esto porque cuando las metáforas que se producen en los actos lingüísticos individuales entran a formar parte de la lengua se “desmetaforizan”. Metáforas y similitudes pierden su propia fuerza, su carga metafórica. Por este motivo no todos los hablantes son conscientes de la valencia metafórica de un signo o, si lo son, su hipótesis puede no coincidir con la verdadera historia de la metáfora. Según Coseriu esto sucede porque no sólo de los mitos nacen las palabras sino que, a veces, también las palabras crean los mitos35. Podemos ejemplificarlo con la locución “fare la cresta” que deriva de una antigua expresión “fare agresto”36. Este es un ejemplo de etimología popular: cuando un hablante pronuncia una palabra ya no de uso común, advierte una sensación de extrañeza y acaba por asociar al término poco frecuente otro más difundido con el que nota una semejanza fonética.

Es casi imposible indagar entre las razones íntimas de la creación lingüística, porque a menudo son inexplicables las causas del movimiento de la fantasía creadora; más fácil es, en cambio, individuar las razones por las que una comunidad lingüística acepta una invención. Una de las causas es el tabú lingüístico que comporta que tanto por superstición como por creencias populares se eviten muchas palabras y se sustituyan con locuciones u otros vocablos, por convicción -no sólo de las civilizaciones primitivas, sino también de las más desarrolladas- que exista una identificación entre el nombre y el objeto o entidad nombrada. “La parola -escribe Cardona- diventa essa stessa una cosa, da trattare con cautela”37. Según Ullman existen tres categorías de tabúes: por miedo, por respeto y por pudor38. El miedo de los seres y de los sucesos sobrenaturales, el respeto al tratar el tema de la muerte y de las enfermedades, el pudor con respecto al sexo o a algunas funciones fisiológicas dan vida a varias locuciones sustitutivas. Pero no solamente razones de superstición llevan a la locución sustitutiva, existen también otras causas de carácter emotivo o social; efectivamente, perífrasis y giros de palabras atenúan expresiones que el hablante considera demasiado fuertes y el deber social de la cortesía invita a un lenguaje más amplio y menos directo. Utilizar expresiones como “metido en carnes” en vez de “gordo” significa utilizar una locución en vez de un adjetivo que puede asumir connotaciones ofensivas; a menudo se trata de evitar la palabra “muerte” sustituyéndola con diferentes locuciones (“quedarse como un pajarito”, “lasciarci le penne”, “andare all’altro mondo/irse al otro mundo”, “chiudere gli occhi/cerrar los ojos” etc.)39. Por el mismo motivo se trata de no pronunciar el nombre de ciertas partes del cuerpo que se consideran indecentes y para aludir a algunas funciones corporales se utilizan locuciones: “ir de cuerpo/andare di corpo”, “cambiar la peseta”… Pero también, con el pasar del tiempo, el significado de las locuciones sustitutivas se “contamina” y pierden su propia función primaria de copertura, por lo que la comunidad lingüística tiene que sustituirlas de nuevo.

Fenómeno característico de una lengua es el trasvase de palabras y locuciones de los lenguajes sectoriales a la lengua común en la que adquieren un nuevo significado metafórico. Muchas locuciones provienen del lenguaje jurídico, del deportivo, de la jerga de los cazadores, etc. La locución “cortar la cabeza al toro/tagliare la testa al toro” nace de la antigua costumbre de efectuar esta operación al final de la caza y ha ido adquiriendo un nuevo significado metafórico. La expresión “in bocca al lupo” que ahora se utiliza como fórmula de buen augurio en varias ocasiones de la vida cotidiana, era originariamente solo una expresión de buena suerte para el cazador. Siempre de la jerga cinegética deriva en español la expresión “hacer a pelo y pluma” (en italiano: “essere di bocca buona”) con la que se aludía al perro que caza tanto los volátiles como los animales de pelo. De la tauromaquia provienen expresiones como “parar los pies”o “tener mano izquierda” que originariamente aludía al coraje que debía tener el espada para manejar la muleta con la mano izquierda.

Otras expresiones idiomáticas nacen de obras literarias, de la mitología y de las Sagradas Escrituras o, sencillamente, de la observación aguda del ambiente que circunda al hombre, del mundo animal, de la naturaleza, del propio cuerpo.

La búsqueda del origen de las locuciones es, a menudo, un viaje que tiene como meta lo anecdótico o la explicación poco científica. Para un estudio específico de cada locución sería necesario tener en cuenta el fenómeno de la etimología popular y de la transformación semántica. A causa de estas dificultades los compiladores de recopilaciones de modismos, para explicar su origen recurren a menudo a soluciones extemporáneas: “Ho raccolto qui -escribe Provenzal- un gruzzolo di locuzioni popolari, di masssime, di modi proverbiali e di parole che hanno un’origine interessante e curiosa. Tutto ciò con spiegazioni alla buona, col solo intento di essere semplice e chiaro”40. Y como justificación concluye: “le parole e le frasi sono come le persone, non sempre sono ragionevoli e sensate”.41

En el espinoso campo de la traducción se inserta el cómo afrontar las fórmulas idiómaticas de una lengua cuando es necesario trasladarlas a otra. Las locuciones y los proverbios. son características de la lengua que, como dice Mounin, constituyen desde hace más de dos mil años un problema para los traductores42. Las máquinas para traducir no se han demostrado en estos casos a la altura de la situación; pueden representar una disminución del trabajo del traductor, pero no están capacitadas para resolver los problemas que los idiotismos de una lengua determinan. Puesto que el significado de una locución (denominamos así, de modo general, las frases hechas, los modismos y los proverbios), depende de una convención que existe en la comunidad idiomática de pertenencia, no es posible traducirla palabra por palabra a otra lengua.

Los modismos, las frases hechas, se tienen que considerar unidades semánticas, ya que su significado no es fácilmente analizable. Considerando, por tanto, las locuciones como unidades lingüísticas complejas será deber del traductor el buscar las equivalencias en la lengua meta. Nos referimos aquí a la equivalencia entendida como traducción de una situación con otra perfectamente idéntica, procedimiento por el que un mensaje se puede traducir por otro en el que los significantes son diferentes pero el significado es el mismo [de significantes completamente diferentes pero de igual significado].43

El primer deber del traductor es -según García Yebra- el de individuar el significado de las unidades de las dos lenguas involucradas en el proceso traductivo y el sentido de las unidades lingüísticas complejas (locuciones, frases hechas, proverbios) de la lengua de origen (LO) y su tarea es la de encontrar los equivalentes en la lengua terminal (LT). Considera execrable la traducción de los giros de palabras, modismos y frases hechas que se realiza a través de la sustitución analítica de las unidades que la componen. Se trataría de una traducción infiel al original, porque ignora el sentido global de la frase y al mismo tiempo es también infiel a la lengua meta.44 Efectivamente, incluso los teóricos de la traducción que propugnan que el fin del proceso traductivo es acercar el lector al texto original y no al revés no llegan nunca al extremo de traducir literalmente una locución, ya que esto los llevaría a traducir una locución como “tener la carne de gallina” con “avere la carne di gallina” cuando en italiano existe una locución equivalente que es “avere la pelle d’oca”.

El sentido global de una locución no depende de la suma de los significados de los elementos que la componen, es arbitrario desde el punto de vista de la lógica y deriva de una convención aceptada por la comunidad lingüística en la que ésta se utiliza.

A este propósito es importante tener presente los cinco motivos por los cuales según Vinau y Darbelnet la traducción palabra por palabra es inaceptable: (a) cambio de sentido; (b) falta de significado; (c) imposibilidad estructural; (d) ausencia de correspondencia en la cultura de la LT; y, por último, (e) diferente registro lingüístico45. Además, el traductor tiene que tener presente que a menudo las expresiones idiomáticas son coloquiales y slang, limitadas a una clase social y pasa de moda muy rápidamente. Todo esto constituye el problema de la búsqueda de la equivalencia en la lengua meta.

Como ya hemos dicho, la traducción de las locuciones depende también del tipo de texto en el que se encuentran. Segun Newmark, el traductor tiene derecho a eliminar las expresiones metafóricas esterotipadas en cualquier texto informativo, mientras que es necesaria una cautela mayor en los textos vocativos y está obligado a no modificarlas en los textos expresivos.46

En orden de preferencia los procedimientos para la traducción de las expresiones figuradas según Newmark son los siguientes: (a) reproducir la misma imagen en la LT siempre que estén presentes , en el registro apropiado, con frecuencia y difusión parecidas. Es un método común para las metáforas simples mientras que el traslado de metáforas complejas o expresiones idiomáticas es menos frecuente y depende de las superposiciones culturales y de una experiencia universal. A menudo la imagen se puede reproducir solo en paarte (“prendere due piccioni con una fava / matar dos pájaros de un tiro”); (b) sustituir la imagen de la LO con una consueta en la LT que no desentone en la cultura de la LT usando la debida cautela porque, a veces, las expresiones idiomáticas están tan “apolilladas”, son tan convencionales o arcaicas que las utilizan más los extranjeros que los hablantes nativos; (c) traducción de la metáfora con un símil, conservando la imagen. Es el modo más sencillo de modificar el impacto; (d) traducción de una metáfora o un símil con un símil más su sentido, este procedimiento apunta a aclarar dicha metáfora; (e) reducción de la metáfora a su sentido. La frecuencia de este procedimiento depende del tipo de texto y es preferible respecto a cualquier sustitución de una expresión de la lengua LO con una de la LT demasiado amplia en el sentido o registro. Este procedimiento tiene que ir siempre precedido de un análisis componencial; y, por último, (f) la eliminación. Este criterio puede ser establecido solo independientemente texto a texto, siempre que el texto en LO no sea calificativo o expresivo.

En el caso específico de la traducción de italiano en español y viceversa se puede caer fácilmente, repetimos una vez más, en la trampa de las lenguas “cercanas” y ser inducidos a creer que exista casi siempre un isomorfismo para las imágenes y expresiones metafórica y, por tanto, la posibilidad de trasladar la imagen tal cual a la L2. Pero esto no siempre es factible, pues la superposición cultural entre las dos lenguas no es nunca total.

Para explorar el mundo de las locuciones en estas dos lenguas aparentemente afines pero, por el contrario, caracterizadas por los problemas citados anteriormente y, en general, por lo que Ortega y Gasset llama “facilidad difícil”, nos parece interesante examinar un campo semántico específico como el del cuerpo (humano y animal).

Esta elección se debe al hecho de que el cuerpo humano en su articulación y topografía es un modelo al que se refieren y caracterizan hechos lingüísticos de vario tipo. Medimos, por ejemplo, el espacio de la realidad circunstante y también de conceptos abstractos extendiendo las relaciones espaciales que existen entre las partes de nuestro cuerpo. Tanto en español como en italiano el monte tiene pies, el clavo una cabeza, y del cuerpo del animal o del hombre provienen “las patas / le gambe” de la mesa. En el intento de hacer más concreto y más expresivo el lenguaje las partes del cuerpo forman parte de muchas expresiones figuradas.

La mayor parte de las locuciones que tienen como referente el campo semántico del cuerpo proviene de la observación visiva de los hombres. En la cultura occidental lo primero que se advierte en una persona es su aspecto físico, pues se piensa que revele las cualidades íntimas de un individuo. Por tanto, no es por casualidad, que muchísimas locuciones a través de una parte del cuerpo humano indiquen aspectos del carácter del hombre o de sus sentimientos. En ambas lenguas existe la locución “bajar los ojos / abbassare gli occhi” con el significado de avergonzarse y su contrario “ir con la frente alta / andare a testa alta”, en la que, sin embargo, el todo (“testa”) se sustituye con una parte (“frente”); los ejemplos pueden multiplicarse hasta llegar a la locución que representa por entero lo que se ha dicho: “la cara se lo dice / en la cara se le conoce” que equivale a la expresión italiana “gli si legge in faccia”, que expresa la conformidad entre las inclinaciones de una persona y su aspecto.

Si emprendemos un viaje metafórico a través del cuerpo notaremos la distinción entre las partes altas y las bajas; las primeras connotan, generalmente, valores positivos (inteligencia, orgullo, audacia, etc.) las segundas fastidio, muerte… Analizando las locuciones que comprenden las partes del cuerpo en italiano y español nos daremos cuenta, en seguida, de la imposibilidad de un completo isomorfismo entre las dos lenguas.

En la cultura española los cuernos simbolizan no sólo la infidelidad, como en italiano, sino también el toro: ”ser un aficionado a los cuernos” (en italiano: essere un amante delle corride) y, además, a menudo sustituyen el diavolo de las locuciones italinanas “mandar al cuerno / mandare al diavolo”, “¡vete al cuerno! / vai al diavolo!”. El riñón, considerado antiguamente una parte importantísima del cuerpo (en las Sagradas Escrituras se le nombra en muchas ocasiones junto al corazón), simboliza en español coraje, valentía e, incluso, riqueza y, en el italiano actual, no existe un correspondiente isomorfo de la locución “tener el riñón cubierto” (en italiano: essere ricco sfondato). Por otro lado, de la imagen de los bebés que se chupan el dedo nacen en español dos locuciones que en italiano hay que traducir con estructuras no isomorfas: “no chuparse el dedo = essere un furbo di tre cotte”; “mamarse el dedo = fare il finto tonto”. Y, además, la piel en español no simboliza la amistad como en italiano (“essere amici per la pelle”) y en italiano no representa la desnudez de la frase española “estar en cueros” (en italiano: nudo, disderedato).

Es interesante subrayar, por último, el caso de algunas locuciones que son isomorfas en las dos lenguas, pues, aun presentando una correspondencia formal, tienen un significado diferente. Son, por decirlo así, falsas amigas, como por ejemplo: “legarsela al dito” (recordar una afrenta para vengarse) “átatela / que se la ate al dedo” (burlarsi di qualcuno o dirgli che non si crede a ciò che dice) y de “fuori dai denti” (abiertamente) “dientes afuera”(senza sincerità).

Para concluir, cabe evidenciar que por lo que respecta a la fraseología los diccionarios casi nunca constituyen una ayuda válida para el traductor. Incluso los diccionarios monolingües presentan a menudo grandes lagunas y, a veces, los diccionarios bilingües se limitan a dar solo la traducción literal de la locución o la explicacióndel significado, sin presentar la equivalencia (o equivalencias) en la LT47. A veces nos encontramos ante lo que Coseriu denomina “interdicción de vocabulario”48; en el DRAE no aparecen, por ejemplo, los vocablos que pertenecen sobre todo a la lengua hablada. Otras locuciones están excluidas de los diccionarios de base aplicando criterios “pudorosos” y viven solo en las recopilaciones de argot, como lenguaje prohibido. Lo mismo se puede decir de las variantes regionales. Por tanto, considerando la falta de repertorios bilingües puestos al día con las locuciones mas estandarizadas y de uso corriente, el traductor debe afrontar dichas expresiones con sus propios medios (la famosa “experiencia”) o bien recurrir a la tradición oral o a los trabajos parciales de los estudiosos.49

 

Notas:

[1] Esta es la primera acepción del término en el Diccionario de la Real Academia Española, pero no la única.

[2] Por otro lado, como dice Pilar Elena García es prácticamente imposible definir la traducción, en cuanto existen una gran cantidad de factores que intevienen en el proceso traslativo. Además, no hay que olvidar que el estudio de la traducción atañe a un sinfín de disciplinas con diferentes puntos de partida y, sobre todo, según nuestra opinión, diferentes objetivos (Cfr. P. E. GARCÍA , Aspectos teóricos y prácticos de la traducción, Salamanca 1990).

[3] J.C.CATFORD, Una teoría lingüística de la traducción: ensayo de lingüística aplicada, Caracas 1970, p. 39.

[4] Y que está en contraste con la segunda acepción del Diccionario de la RAE: «obra del traductor».

[5] Apud P. E. GARCÍA , Aspectos teóricos… cit.

[6] Cfr. E. GENTZLER, Teorie della traduzione. Tendenze contemporanee, Torino 1998, p. 7. Las tres formas de traducción que Jakobson propone son: (a) intralingüística, o reformulación de los signos lintgüísticos por medio de otros signos de la misma lengua; (b) interlingüística, o sea la interpretación de los signos lingüísticos por medio /a través de otra lengua (la traducción “propiamente dicha”); y (c) intersemiòtica o traslado ("transmutación") de los signos lingüísticos a sistemas de signos no verbales (del lenguaje al arte o a la música).

[7] Cfr. G. MOUNIN, Linguistique et traduction, Bruxelles 1976, p. 50

[8] El subrayado es nuestro.

[9] J. GARCÍA BASCUÑANA , "Traducción literaria y civilización medieval versión castellana de las poezsías completas de Charles d'Orleans", en Actas del Primer Coloquio Internacional de Traductología, Valencia 1991, p. 109.

[10] La primera fase del proceso de traducción es la de la comprensión como proceso mental del receptor, en este caso el traductor, en el que éste interviene con su saber lingüístico y extralingüístico, movilizando el saber pertinente (lingüístico y extralingüístico) que le permitirá efectuarlo correctamente. El resultado final de este proceso es el sentido considerado como la síntesis no verbal del proceso […] (Cfr. A. HURTADO ALBIR, «Traducir el sentido: una apuesta teórica y metodológica», Actas del Primer Coloquio…cit., Valencia 1991, p. 119).

[11] Y no debería, absolutamente, hacer como ingenuamente confiesa Juan Marsé: “cuando escribí Últimas tardes con Teresa, mi situación económica era bastante mala. Hacía […] traducciones (del francés y también del italiano, idioma que traducía sin saberlo) […]”. Recogido por Eduardo Chamorro en Cambio 16, n° 284 (22 mayo 1977).

[12] Cfr. A. HURTADO ALBIR, op. cit.

[13] Cfr. H. GÖHRING , «Interkulturelle Komunikation», en Kongressbrichte der 8. Jahresagung der GAL, Stuttgart 1978

[14] Cfr. E.A. NIDA , Toward Science of Translaiting, 1964.

[15] Seguimos con las acepciones del verbo traducir que aparecen en el Diccionario de la RAE.

[16] Cfr. S.W. WILSS, Übersetzungswissenschaft. Probleme und Method, Stuttgart 1977.

[17] I. RODRÍGUEZ GÓMEZ y A. ADÁN ROCA «Las amistades peligrosas: un acercamiento a los problemas del alumno en la traducción del italiano», en Actas del Primer Coloquio Internacional de Traductología, Valencia 1991, p. 179.

[18] Es archisabido, por ejemplo, que una de las diferencias fundamentales en la morfología es que los plurales en español acaban -s, o -es, o sea que se le añade eso a una palabra italiana y ya estamos hablando español, y viceversa, la idea generalizada en el mundo hispano es que para hablar italiano es suficiente añadir la terminación -i a cualquier vocablo español o, escribiendo, usar consonantes dobles… (como muestra, vale un botón: los menús de los “restauranti italiani” en cualquier ciudad española).

[19] Aquí las cosas se complican algo más, pues el uso de los tiempos en español e italiano difiere bastante, pero no hay porque preocuparse, tanto a uno lo entienden igual si usa el pretérito perfecto en vez del indefinido. ¿Qué español no va a entende al italiano que tiene delante si éste le dice «ayer he ido al cine»?

[20] De todas formas muchos italianos que, según su propia declaración, "hablan español" al igual que muchos españoles que "hablan italiano" tendrían que hacer un examen de conciencia y en toda humildad admitir que quizá lo que hacen es "tratar de hacerse entender". Aunque bien es verdad que en la mayoría de los casos lo han logrado en algunas circunstancias han dicho cosas distintas cuando no contrarias.

[21] I. RODRÍGUEZ GÓMEZ e A. ADÁN ROCA «Las amistades peligrosas…» cit. p. 180.

[22] Aunque existen diferentes ejemplos de traducción de falsos amigos entre inglés e italiano incluso ya "institucionalizados". La más común es ¨library/libreria”. En muchas series americanas los personajes se dan cita "in libreria", mientras las imágenes muestran una biblioteca.

[23] Cfr. C. MARCELLO, Dizionari bilingui, Bologna 1989, págs. 128-129.

[24] La lista de ejemplos se alargaría al infinito, por eso nos hemos limitado a ese par de ejemplos.

[25] Cfr. para otros ejemplos: I. RODRÍGUEZ GÓMEZ e A. ADÁN ROCA «Las amistades peligrosas…» cit. p. 180.

[26] Copiamos del RAE: rústico,ca. adj. Perteneciente o relativo al campo. // 2. fig. Tosco grosero.

[27] Ibídem: pueblerino, na. adj. Perteneciente o relativo a un pueblo pequeño o aldea. // 2. Dícese de persona de poca cultura o de modales poco refinados.

[28] G. TOMASI DI LAMPEDUSA, Il Gattopardo, Milano 1959 (trad. esp. El Gatopardo, Madrid 1987).

[29] Todo ello es un efecto de la polisemía o sea la capacidad de un significante de expresar dos o más significados. La polismemía que puede ser léxica, morfológica o sintáctica, y que se encuentra en todas las lenguas, puede producirse, o por divergencia de las apìlicaciones de un mismo significado hasta constituir significados distintos o por convergencia fonética de distintos significantes hasta constituir uno solo. Esta definición de polisemía se podría aplicar, a nuestro parecer, a la de los falsos afines italiano-españoles, con lo que se cerraría el eslabón de una cadena sin solución de continuidad: polisemía -> ambigüedad -> falso amigo-> polisemía.

[30] Cfr. H. GÖHRING, op. cit.

[31] El teórico español sostiene que antes de decidirse a conservar o eliminar la ambigüedad debe considerar (a) si el escritor ha querido o no expresarse ambiguamente, o sea si es una ambigüedad voluntaria o involuntaria; (b) si a pesar de ser involuntaria o probablemente involuntaria, la ambigüedad resulta enriquecedora del mensaje; y (c) si se trata de una ambigüedad claramente involuntaria y que, más bien, perturba el mensaje (V. GARCÍA YEBRA, En torno a la traducción, Madrid 1973, p. 84).

[32] E. MENDOZA El misterio de la cripta embrujada, Barcelona 1983 (trad. ital. Il mistero della cripta stregata, Milano 1990).

[33] U. ECO «Giù la maschera, tutto fumo e niente arrosto», en L'Espresso (4 novembre 1990).

[34] M. ALONSO, Gramática del español contemporáneo, Madrid, 1974, p. 248.

[35] E. COSERIU, El hombre y su lenguaje, Madrid, 1977, págs. 75-78.

[36] El agraz [agresto] es el zumo que se obtiene de la uva sin madurar. Cuando los campesinos , antiguamente, iban a recoger dicha uva para hacer agresto, cortaban también la madura, que se quedaban para ellos en vez de entregarla al señor. Este pequeño hurto era denominado “fare l’agresto”.

[37] G.R. CARDONA, Introduzione all'etnolinguistica, Bologna, 1976, p.143

[38] Cfr. S. ULLMANN, Introduzione alla scienza del significato, Bologna, 1966, págs. 309-372.

[39] Cfr. E. COSERIU, op. cit.

[40] D. PROVENZAL, Perché si dice così, Milano, 1958, p. 188.

[41] Ibídem, p. 188.

[42] Cfr. G. MOUNIN, Teoria e storia della traduzione, Torino, 1965, págs. 188-202.

[43] Cfr. J. P. VINAY e J. DARBELNET, Stilistique comparée du français et l'anglais, Paris, 1973, p. 25.

[44] Cfr. V. GARCÍA YEBRA, Teoría y práctica de la traducción, Madrid, 1982, págs. 31-37.

[45] J. P. VINAY e J. DARBELNET, op. cit., p. 49.

[46] Cfr. P. NEWMARK, La traduzione: problemi e metodi, Milano, 1988, págs. 158-172.

[47] Cfr. M. ULRYCH, «Vocabulary and Textuality», in Translating Text, Rapallo, 1992, p. 249.

[48] E. COSERIU, op. cit., p.93.

[49] Este trabajo es fruto de una labor común, pero Marina Romero ha redactado el apartado I y II mientras que el apartado III lo ha sido por Alessandra Espa.

 

© Marina Romero Frías y Alessandra Espa 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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