Aspectos argumentales de Marcela o ¿cuál de las tres?,
de Bretón de los Herreros

César Besó Portalés
I.E.S. Clara Campoamor
Alaquàs (Valencia)


 

   
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El argumento de Marcela o ¿a cuál de los tres? queda esbozado con las palabras de un personaje, casi al principio de la obra:

“Mi ama, como viuda y rica,
goza de su juventud,
¡ah!, pero con juicio, aunque esto
no es hoy día muy común.
No le faltan aspirantes,
pero ella, sea virtud,
sea orgullo o lo que fuese
no se ha decidido aún
por ninguno. Hay un poeta
que lo mira de trasluz
(...)
un compadre andaluz
capitán de artillería
(...)
el tercero (...)
es un fatuo, un botarate” (I, 3).1

Con esta introducción de la sirvienta Juliana, se destaca ya el meollo de la obra, cuyo argumento es el siguiente:

Acto I: Tres pretendientes rodean a la joven y desenfadada viuda Marcela, intentando seducirla cada uno conforme a su propio temperamento: D. Agapito, petimetre y afeminado, ayudándola en sus labores de costura y ofreciéndole dulces; el tímido poeta D. Amadeo, suspirando y confiando sus penas a la criada Juliana; el impetuoso capitán de artillería Martín, primo del anterior, ahogándola en un diluvio de palabras. Ella contesta garbosamente a todos, sin darse cuenta de brindar a cada uno la ilusión de ser el preferido. A su lado, Juliana juzga y comenta, interpretando el pensamiento del autor, en tanto que el tío Timoteo, algo chocho, embute sus charlas de sinónimos y, al final, invita a todos a almorzar.

Acto II: Después del almuerzo, Juliana le manifiesta a Marcela que los que ella cree solamente amigos, en realidad están profundamente enamorados de ella. Llega Agapito, que se le declara, afirmando con mucha presunción que ella no puede menos que corresponderle. Luego Amadeo le entrega una lírica de amor, pero le falta valor para manifestarle que está dedicada a ella. Por fin, Martín, después de una infinidad de prolegómenos, se le va a declarar, pero es interrumpido por el anuncio de que la gata ha parido. Los dos primos, Martín y Amadeo, se alían contra Agapito.

Acto III: Han salido todos y, quedando solos Marcela y don Timoteo, éste intenta convencer a su sobrina de que se case con Martín. Tres mensajeros llevan cartas de cada uno de sus pretendientes, que Marcela lee y comenta acompañada por Juliana, la cual toma partido a favor de Amadeo. La carta de Agapito rebosa de vanidad; Amadeo envía un soneto humilde y desconsolado; Martín propone el enlace como un contrato ventajoso para los dos. Marcela los convoca a todos y, después de comentar con gracia las tres cartas, se niega a casarse, queriendo gozar la libertad que le conceden la viudez, las rentas y sus 25 años.2

Como el propio Bretón de los Herreros señaló el dos de enero de 1832, poco después de estrenarse la obra, la inspiración del argumento se encontraba en los siguientes versos:

“¡Qué no ha de poder
ser amable una mujer
sin que la persigan necios!” (III, 4).3

Así pues, nos encontramos con una comedia “de pretendientes”4, que Bretón utilizaría en no menos de seis comedias, tal y como ha estudiado Garelli5. Según esta experta en el teatro bretoniano, la situación de Marcela, joven viuda que se encuentra en la obligación de tener que elegir entre varios pretendientes aparece sistemáticamente en la obra de Bretón: Un novio para la niña o la casa de huéspedes; Un tercero en discordia; Todo es farsa en este mundo o Un novio a pedir de boca son las comedias que más claramente exponen el tema. Esta repetición fue señalada por Larra, con respecto a Un novio para la niña y Un tercero en discordia, lo que le valió la enemistad del autor. Pero el tema apareció en obras posteriores a Marcela, muerto ya Larra, como si Bretón se hubiera olvidado de la crítica de éste, o tal censura no le preocupara.

Lo cierto es que los problemas del matrimonio ocupan repetidamente al dramaturgo: Dios los cría y ellos se juntan; Un francés en Cartagena; La escuela del matrimonio. Tema este por excelencia del teatro del siglo XIX, como indica Díaz-Plaja6, este asunto aparece en El sí de las niñas, en el Don Álvaro y en Los amantes de Teruel. Del mismo modo, Joaquín Casalduero recuerda el enorme interés que suscitaba en esa época en el público el tema matrimonial:

“Siempre ha de haber, para que la burguesía se entusiasme, un gran conflicto entre novio y novia; y el ignorar si al fin se casan o no mantiene el interés y lo gradúa hasta que se pronuncia la palabra sacramental del matrimonio”.7

Alonso Cortés8 señala que desde que Larra notó la semejanza en el asunto de varias obras de Bretón, ha sido lugar común entre los críticos el notar la falta de originalidad del dramaturgo riojano. Ya en su época, la comedia bretoniana llamó la atención por la simplicidad esquemática de su estructura. Recoge Alonso Cortés la crítica negativa de Ferrer del Río, que se hacía eco de una opinión muy extendida entre los revisteros de teatro:

“entretener a los espectadores con una acción poco animada, supliendo con las sales cómicas lo que falta de interés y de intriga; preferiríamos nosotros más complicación porque de este modo profundizaría más sus asuntos el Sr. Bretón de los Herreros”.9

O Palacio y Rivere, en 1864:

“Personajes que hablen mal
derramando ingenio y sal
son su primer elemento;
pero le falta argumento
para ser autor cabal”.10

El propio Bretón de los Herreros era consciente de estas críticas y rechazaba la acusación:

“He reproducido, por ejemplo, no sé cuántas veces el carácter de coqueta [...] pero no todas mis coquetas son de la misma manera y en iguales circunstancias”.11

Los críticos han querido resaltar el hecho de que lo que le interesa a Bretón no es elaborar tramas complicadas. Efectivamente, en Marcela apenas existe conflicto dramático. Juliana, la criada, se encarga de darnos la exposición del asunto y, desde entonces, la comedia no gana ni un solo paso en complejidad; las escenas que se suceden durante tres actos no tienen más objeto que retardar el desenlace. Como apunta Del Campo12, lo importante para el público no era la pobreza de la trama, sino divertirse con los abundantes motivos cómicos.

De la misma opinión es el profesor Muro, que destaca lo literaturizado del argumento, muy poco ajustado a la realidad social de su tiempo, como ya había percibido Larra. Es un tema, eso sí, con precedentes en algunos de los dramas del teatro del siglo XVII y encuentra similitudes en el de Gómez de Avellaneda, aunque no tanto en el drama romántico, donde la mujer aparece retraída.13

Lo de menos era que el argumento fuera original o se ajustara estrictamente a la verosimilitud, lo que pretendía Bretón, en última instancia, era divertir a su público en cada función:

“Se crea una realidad para las tablas, que, aunque tiene parecido con el mundo real es, en esencia, deudora del acervo literario. De ahí lo teatral del nudo argumental: tres hombres que pretenden y cortejan a la misma mujer, en el mismo día, en el mismo lugar [...] el público recibe lo que espera, sin sorpresas, ya que su competencia literaria básica le permite situarse con comodidad ante esta comedia y anticipar su desarrollo en lo fundamental”.14

 

Notas:

[1] Seguimos la moderna edición preparada por el profesor Miguel Ángel Muro: BRETÓN DE LOS HERREROS, Manuel: Obra selecta. Teatro largo original, Logroño, Universidad de la Rioja e Instituto de Estudios Riojanos, 1999.

[2] Vid. CALDERA, Ermanno: El teatro en la época romántica, Madrid, Castalia, 2001.

[3] Vid. DÍEZ TABOADA, J.M. y ROZAS, J.M.: Manuel Bretón de los Herreros, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1965, p. 171.

[4] De posibles reminiscencias goldosianas, como apunta algún crítico; Vid. CONSIGLIO, Carlo: “Algunas comedias de Bretón de los Herreros y sus relaciones con Goldoni, Berceo, 2, 1947, p. 142.

[5] GARELLI, Patrizia: “El teatro de Manuel Bretón de los Herreros”, en CARNERO, Guillermo: Historia de la literatura española. Siglo XIX (I), Madrid, Espasa-Calpe, 1997, p. 357.

[6] DÍAZ-PLAJA, Guillermo: “Perfil del teatro romántico”, en “Romanticismo y realismo”, en RICO, Francisco: Historia y crítica de la literatura española, Vol. 5, Barcelona, Crítica, 1982, p. 202.

[7] CASALDUERO, Joaquín: “El teatro en el siglo XIX”, en DÍEZ BORQUE, J.M.: Historia de la literatura española. Siglos XVIII y XIX. Vol III, Madrid, Taurus, 1980, p. 512.

[8] ALONSO CORTÉS, Narciso: “Prólogo”, en BRETÓN DE LOS HERREROS, Manuel: Teatro, Madrid, la lectura, 1928, p. XIV.

[9] Ibídem, p. XIV.

[10] Ibídem, p. XIV.

[11] Ibídem, p. XIV.

[12] DEL CAMPO, Agustín: “Sobre la Marcela de Bretón”, Berceo, nº2, 1947, p. 52.

[13] Vid. MURO, Miguel Ángel: “La comedia de Bretón de los Herreros a Tamayo y Baus”, en HUERTA CALVO, Javier (dir.): Historia del teatro español, Vol. II, S.XIX, Madrid, Gredos, 2003, p. 1954.

[14] MURO, Miguel Ángel: “Introducción”, en BRETÓN DE LOS HERREROS, Manuel: Obra selecta. Teatro largo original, cit., p. 13.

 

© César Besó Portalés 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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