Del trágico al dulce naufragio

Giorgio “Jorge” Serra
donjorgeserra@yahoo.es
Universidad de Alicante


 

   
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El tema literario del naufragio puede tener significados extraordinariamente variados. Su connotación como acontecimiento negativo o positivo (para el náufrago), depende de varios factores que caracterizan la obra en la que el mismo naufragio se relata.

 

Connotaciones negativas del naufragio

La tierra siempre ha sido el lugar apropiado para toda actividad humana. El acto de navegar es, por lo tanto, la violación de un límite impuesto por la naturaleza. Se trata de una idea presente en la filosofía y en la literatura desde la antigüedad, y planteada por el filósofo alemán Hans Blumenberg, en su ensayo Naufragio con espectador. Puesto que el mar representa una frontera natural, el riesgo de naufragar representa algo normal:

El hecho de que el mar se lance contra la frágil navecilla representa simplemente la defensa de esta separación originaria, dispuesta por la sabiduría divina y olvidada por el atrevimiento de los hombres [...]. El elemento omiso: la tierra; la idea subyacente: la tierra firme es el lugar adecuado para el hombre.1

Del otro lado el deseo, tan humano, de acrecentar su propio poder militar o comercial más allá de los límites originarios siempre fue una tentación para los navegantes y los soberanos que los financiaban. Así que la navegación pronto pasó a ser índice de valor.2 Entonces la ambición de poder y de riquezas representa el “motor” que induce los hombres a hacerse a la mar. En este contexto, el naufragio se concibe como el castigo ideal para la arrogancia y codicia de navegantes y mercaderes.3

En la mayoría de los casos, este castigo procede de entidades superiores, sea cual sea la religión. La Naturaleza, a veces, desempeña el papel de la divinidad, siendo ésta una fuerza superior capaz de infligir castigos tanto como Dios, la Suerte o el Hado. Cuando se trata de castigo divino la reacción más frecuente, por parte de los marineros, consiste en la sumisión a la bondad del Señor, en arrepentimientos improvisados, formulaciones de votos. Se trata de una literatura cargada de contenidos religiosos, que abunda especialmente entre la Edad Media y el siglo XVI.

Los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo, proporcionan un ejemplo en el capítulo XXII. Un barco se va a pique por causa de una tempestad; unos cuantos marineros mueren durante el hundimiento, otros se suben a la barca de rescate, pero uno se cae al agua y ahoga. Tan pronto como los supervivientes, y un obispo que estaba con ellos, tocan tierra sanos y salvos se cumple el milagro: desde el mar salen tantas palomas como marineros muertos, y el que se había caído al agua vuelve a emerger vivo por la gracia de la Virgen. Berceo acentúa el efecto espantoso de la tempestad, para destacar el miedo al naufragio y a la muerte, y amplificar la magnitud del milagro que se va a cumplir.4

En el Decameron de Giovanni Boccaccio (en la cuarta novela de la segunda jornada) se cuenta la aventura del mercante Landolfo Rúfolo, quién, para aumentar su ganancia, llega a dedicarse a la piratería. Pero la Suerte le será adversa, y mediante un naufragio le despojará de sus bienes materiales. Pues esta experiencia lo convertirá en un hombre más prudente, haciendo que pierda la audacia de mercante ambicioso, que lo había caracterizado hasta entonces.5

Obras de este tipo presentan el naufragio y las desventuras de los náufragos con una finalidad didáctica, ya que quisieran enseñar un modelo de vida caracterizado por la devoción y la temperancia.

Incluso el Robinson Crusoe resulta estar afectado por esta intención moralizadora. No hay que olvidar que Robinson se hace a la mar para sacar mejor provecho de su actividad mercantil, pese a algunas peripecias iniciales (una tempestad y un periodo de cautiverio). Su porfía en las navegaciones le costará el naufragio en la isla desierta. La vida de náufrago de Robinson, como ya se sabe, será una oportunidad de construirse su propia fortuna partiendo de la nada, a la manera del perfecto self made man burgués. Y desde luego, Ian Watt subraya el valor arquetípico de Robinson Crusoe como héroe burgués que todo lo puede y lo sabe para mejorar su status económico. La ascensión hacia el poder, por parte de la clase media, es un fenómeno típico del siglo XVIII, cuyas bases ya se habían ido sentando desde el Renacimiento, e incluso antes.

[...] la carrera de Robinson Crusoe está basada [...] en algunos de las innumerables obras que relataban las hazañas de aquellos viajeros que, en el siglo XVI, tanto hicieron para el desarrollo del capitalismo, proporcionando oro, esclavos y productos tropicales de los que dependía la expansión comercial y que habían continuado el proceso en el siglo XVII desarrollando las colonias y los negocios mundiales de los que dependía el futuro progreso del capitalismo.6

En la novela de Daniel Defoe el naufragio castiga la codicia de Robinson a la vez que le permite fundar su propio imperio personal, como un buen hombre capitalista.

La literatura de aventura mantiene la caracterización del naufragio como castigo, pero éste último procede de la Naturaleza. La soberbia humana se concreta en el uso de la tecnología para emprender viajes extraordinarios, enfrentándose con los elementos naturales. Resulta interesante el caso del escritor Morgan Robertson, quién en 1898 escribió una novela titulada Futility, en la que se cuenta el hundimiento de un trasatlántico al chocar contra un témpano. La historia relatada es increíblemente parecida a la del Titanic, y queda claro que lo que se representa es la derrota de la ciencia y la tecnología por las fuerzas de la Naturaleza. Este significado del tema del naufragio aparece con mayor frecuencia en la literatura decimonónica, especialmente en la de aventura: autores como Jules Verne y Emilio Salgari tendrían mucho que enseñar.7 La reacción de los náufragos, en estas situaciones, suele ser más activa y practica, sin hacer tanto recurso a la fe.

Un tema directamente relacionado al naufragio es el de la isla. Cuando ésta aparece connotada de forma negativa, puede representarse como un lugar desolado, donde la supervivencia se convierte en verdadera hazaña. Es el caso de Robinson Crusoe: durante el primer periodo de su vida de náufrago las cuestiones relativas a la supervivencia son su única preocupación; sólo más tarde la isla llegará a constituir su mundo ideal del que él será el dueño. Así que la isla de Robinson va progresivamente perdiendo la inicial connotación negativa, para convertirse en el dominio personal del náufrago, dominada por su ingenio.

En obras bien distintas la isla se representa como un ambiente en el que toman cuerpo los instintos más salvajes y brutales del hombre. Eso es lo que se observa en Lord of the flies, de William Golding. Un grupo de chicos naufraga en una isla desierta. El intento de fundar una sociedad ordenada fracasa y los jóvenes regresan a un estado de barbarie primordial, hasta el punto de matarse entre ellos.

En The island of Dr. Moreau, un náufrago llega a una isla donde un científico ha llevado a cabo experimentos para crear seres mitad humanos y mitad animales. Se subraya entonces la cara oculta del progreso científico, justo en la época en que más se confiaba en ello, ya que la novela de Herbert George Wells fue escrita en 1896.

De todos modos permanece evidente la condición de aislamiento del náufrago y de la misma isla, así que ésta se presenta como un micro-mundo lejano del mundo común, y a menudo regido por sus propias leyes.8

Otra posibilidad de naufragio es la deriva. El hecho de encontrarse en una embarcación sin rumbo, sujeta a los caprichos del mar, puede tener, una vez más, connotación negativa o positiva. En el primer caso, los inseparables compañeros del náufrago serán, primero, la sed y el hambre. Los sufrimientos resultantes dan lugar a alucinaciones, actos irracionales, y hasta podrían obligar a cometer actos de canibalismo entre personas. Edgar Allan Poe da muestra de todo eso al escribir The adventure of Arthur Gordon Pym. La condición inhumana de los marineros a la deriva es causa de actitudes absurdas, próximas a la locura. Hay un momento en que los náufragos matan a un compañero para comérselo.

Otras veces, como ocurre en The shadow line de Joseph Conrad, el barco detenido por la bonanza es teatro, a la vez que de la muerte de los marineros, de profundas reflexiones y remembranzas.

En general, la deriva resulta especialmente apta para ser leída como viaje a través de lo irracional o del instinto. Cuando se representa de forma negativa la reflexión, más o menos consciente (y siempre cuando esté presente), aparece como un trágico presentimiento de una mala condición o de un final poco halagüeño, más bien que un medio para solucionar la situación de manera favorable.9 La deriva queda dominada por la indeterminación, y muchas veces es metáfora de perdición de la razón o del orden.

 

Connotaciones positivas del naufragio

A partir del siglo XVIII se detecta un cambio en la manera de tratar el tema del naufragio. El riesgo que conllevan los viajes por mar empieza a estar considerado como un precio a pagar, si es que se quiere desarrollar el conocimiento del mundo. Dicho de otra forma, durante el Siglo de las Luces el deseo de conocer, descubrir y comprender lo que nos rodea, anima a la humanidad a salir de sus confines naturales, aceptando los riesgos resultantes. Blumenberg expresa muy bien este concepto:

Del otro lado, uno de los conceptos esenciales de la Ilustración considera que los naufragios son el precio a pagar para que la absoluta bonanza no impida a los hombres toda relación con el mundo. Es la justificación de las pasiones diferenciadas por la filosofía que se expresa de esta manera: la razón pura sería la bonanza, la inactividad del hombre en pleno control de toda su lógica.10

Las expediciones científicas, que se llevaron a cabo con tanta frecuencia a partir del siglo XVIII atestiguan este cambio de visión que afecta la imagen del naufragio, en la filosofía, pero también en la literatura. Esto no significa que la tragedia marítima sea una experiencia positiva para quien la viva, pero empieza a ser aceptada como riesgo inevitable de una vida activa y satisfactoria.

El mismo Robinson Crusoe, consciente del peligro que va a correr al llevar sus asuntos de comercio por mar, decide embarcarse aunque su motivación no sea la curiosidad científica sino la ambición de riquezas.

En 1967 el escritor francés Michel Tournier propuso una reescritura de Robinson Crusoe con la novela Vendredi ou les limbes du Pacifique. En vez de ser Robinson el que opera la conversión del salvaje a la religión y costumbres europeas, es Viernes quién lleva al náufrago a una dimensión existencial primordial, más auténtica. Al final Robinson se quedará en la isla mientras Viernes saldrá para conocer el mundo.11 Si la obra de Defoe presentaba el exilio en la isla como un difícil desafío para el náufrago (aunque Robinson aceptara los riesgos relacionados con los viajes marítimos), Vendredi ou les limbes du Pacifique ofrece una valoración de la experiencia del naufragio, como si ésta fuera la oportunidad de recuperar un estilo de vida más puro, basado en el contacto con la naturaleza.

Del mismo modo que lugar inhóspito, la isla puede ser un mundo idílico o utópico, en el que, como se observaba, es posible llevar una vida ideal, lejos de la corrupción y del caos del mundo civilizado. Paul et Virginie de Bernardin de Saint Pierre da esta imagen positiva e idealizada de la isla donde viven los dos protagonistas. Aunque no se pueda definir como obra centrada en el tema del naufragio, en Paul et Virginie la propugnación de un modelo de vida análogo al de un “náufrago feliz” resulta interesante. El naufragio sí está presente sólo en el final de la narración, llevando a un trágico desenlace que da a ver el mundo edénico derrotado por la civilización corrupta. The coral island, del inglés Robert Michael Ballantine, sí se refiere a una situación determinada por un naufragio. Algunos jóvenes logran sobrevivir y asentarse con éxito en una isla, gracias al apoyo y solidaridad recíproca.

En ambos casos la isla es presentada como el lugar ideal para la fundación y el desarrollo de una vida idílica. Es sobre todo en el Romanticismo cuando se recupera y propone esta imagen idealizada, de acuerdo con la inquietud y la necesidad de evasión del mundo que experimenta el hombre romántico. Cabe destacar que una representación de este tipo, tan lejana de la realidad, tenga sus raices en la antigüedad, precisamente en la representación virgiliana del locus amoenus. Ya desde la época latina se recurría a descripciones idealizadas del entorno natural como algo placentero, según la finalidad y la atmósfera de la obra.12

Otro tema atañe el naufragio en sentido más metafórico que literal. A partir del Romanticismo se descubre la oportunidad de conseguir una muerte deseada ofrecida por el desastre marítimo. El agua, según tradiciones muy antiguas, es tanto origen de la vida como elemento destructor y causa de muerte. La muerte por agua, por lo tanto, puede ser interpretada como un simbólico regreso al estado prenatal. Pues el paralelismo se establece en la similitud entre el agua y el líquido amniótico, en que el cuerpo humano queda sumergido antes de ver la luz. El deseo de morir, para volver a la condición previa al nacimiento (que entonces daría la posibilidad de renacer), puede satisfacerse mediante la muerte por naufragio. The waste land, obra de Thomas Stearns Eliot, representa esta búsqueda del regreso al origen en la historia del marinero fenicio que perece ahogado por causa de una tempestad.13

La connotación positiva del tema del naufragio, alternativa a la más común del naufragio trágico, se ha ido especialmente desarrollando después del Romanticismo; hasta las sirenas (desde siempre criaturas legendarias temibles, directamente conectadas con el naufragio), han llegado a caracterizarse como «seres benéficos, inmortales, que en las aguas de las islas Afortunadas dan conciertos a los bienaventurados».14

Alicante, Junio de 2004

 

Notas

[1] [Che il mare si scagli contro la fragile nave, rappresenta semplicemente la salvaguardia di questa separazione originaria, disposta dalla saggezza divina e dimenticata dalla spavalderia degli uomini [...]. L’elemento omesso: la terra; l’idea interpolata: la terraferma é la dimora appropriata dell’uomo] H. Blumenberg, Naufragio con spettatore, Il Mulino, Bologna 1985, pp.32-33. Traducción mía.

[2] Cfr., ibid., pp.53-54.

[3] Cfr., ibid., p. 32.

[4] Para un comentario de este caso de naufragio véase: C. Alvar, «Náufragos y naufragios literarios medievales (notículas de emergencia)», en VV. AA., Naufragi, atti del convegno di studi, Cagliari 8-9-10 Aprile 1992, Bulzoni Editore, Roma 1993, pp. 145-159.

[5] Cfr. F. Tronci, «Storie di ordinari naufragi nel Decameron», en ibid., pp. 131-132.

[6] [la carriera di Robinson Crusoe è basata [...] su alcuni degli innumerevoli volumi che raccontavano gli exploit di quei viaggiatori che, nel sedicesimo secolo, tanto avevano fatto per lo sviluppo del capitalismo fornendo oro, schiavi e prodotti tropicali dai quali dipendeva l’espansione del commercio e che avevano continuato il processo nel diciassettesimo secolo sviluppando le colonie e il mercato mondiale da cui dipendeva il futuro progresso del capitalismo] I. Watt, Le origini del romanzo borghese, Bompiani, Milano 1999, pp. 62-63. Traducción mía.

[7] Cfr. M. Domenichelli, «Epaves : per una topología letteraria del naufragio», en VV. AA., op. cit., p. 44.

[8] Cfr. P. Tucci, «Introduzione», en ibid., p. XXVII.

[9] Para observaciones análogas cfr., Ibid., pp. XXX-XXXI.

[10] [Del tutto all’opposto, una delle idee fondamentali dell’illuminismo sarà che i naufragi sono il prezzo da pagare perché l’assoluta calma di vento non renda impossibile agli uomini ogni rapporto con il mondo. É la giustificazione delle pasiones discriminate dalla filosofia che viene formulata in questa figura: la ragion pura sarebbe la bonaccia, l’immobilitá dell’uomo nel pieno possesso di ogni ragionevolezza] H. Blumenberg, op. cit., p.54. Traducción mía.

[11] Un interesante análisis de esta obra de Tournier, y de otras reescrituras de Robinson Crusoe, se encuentra en: M. Di Maio, «Tre volte Robinson (Verne, Giraudoux, Tournier)», en VV. AA., op. cit., pp. 515-526.

[12] Sobre la representación idealizada del paisaje, cfr. E. R. Curtius, Literatura europea y Edad Media Latina, vol. I, Fondo de Cultura Económica, México D. F. 1955.

[13] Cfr. P. Fasano, «Morte per acqua», en VV. AA., op. cit., pp. 473-497.

[14] A. Cunqueiro, Fábulas y leyendas de la mar, Tusquets Editores, Barcelona 2003, p. 181.

Bibliografía

Alvar, Carlos; «Náufragos y naufragios literarios medievales (notículas de emergencia)»; en VV. AA.; Naufragi; atti del Convengo di Studi, Cagliari 8-9-10 Aprile 1992; Bulzoni Editore; Roma 1993; pp. 145-159.

Blumenberg, Hans; Naufragio con spettatore; Il Mulino; Bologna 1985.

Cunqueiro, Álvaro; Fábulas y leyendas de la mar; Tusquets Editores; Barcelona 2003.

Curtius, Ernst Robert; Literatura europea y Edad Media Latina; vol. I; Fondo de Cultura Económica; México D. F. 1955.

Di Maio, Mariella; «Tre volte Robinson (Verne, Giraudoux, Tournier)»; en VV. AA.; op. cit.; pp. 515-526.

Domenichelli, Mario; «Épaves : per una topologia letteraria del naufragio»; en ibid.; pp. 7-46.

Fasano, Pino; «Morte per acqua»; en ibid.; pp. 473-497.

Tronci, Francesco; «Storie di ordinari naufragi nel Decameron»; en ibid.; pp. 117-144.

Tucci, Patrizio; «Introduzione»; en ibid.; pp. VII-XXXII.

Watt, Ian; Le origini del romanzo borghese; Bompiani; Milano 1999.

 

*Giorgio “Jorge” Serra Maiorana: Actualmente es doctorando en Literatura Hispanoamericana y Teoría de la Literatura en la Universidad de Alicante (España). Licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Sássari (Italia). Entre sus lineas de investigación destacan las temáticas relacionadas con la historia colonial hispanoamericana, y el estudio del naufragio como tema literario.

 

© Giorgio “Jorge” Serra 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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