Joaquín Aguirre Bellver

 

DON NORBERTO era el hombre más bueno del mundo, pero no se sabía la historia de Caín y Abel. Además, tenía muy recias las entendederas y había que repetirle las cosas la mar de veces. Con todo, lo peor es que al final siempre se confundía y preguntaba quién mató a Caín.

El primer día que les dio clase salieron los chicos de la escuela diciéndose cómo era posible que les hubiesen enviado semejante maestro, y decidieron no contar nada a nadie y divertirse a costa suya. Pero después, viendo lo bueno que era y los disgustos que se llevaba con sus continuas equivocaciones, decidieron no contar nada a nadie y ayudarle lo que pudiesen. Puestos todos a ello, la verdad, no conseguían gran cosa.

Un día don Norberto les dijo que iba a visitar la escuela un inspector.

—¿De esos que quitan un maestro de este pueblo y lo mandan al de al lado?

—Justamente.

No necesitaron ponerse de acuerdo; les bastó con mirarse uno a otros. A partir de aquel momento cerraron las ventanas, aunque acababa de llegar la primavera, y en el mayor secreto se dedicaron a explicarle las lecciones, mañana y tarde, con paciencia, con apuros, con prisas, sólo que con muy poco provecho. Nadie en el pueblo sospechó siquiera quién enseñaba a quién.

El inspector quedó asombrado de lo que aquellos chicos habían aprendido desde su última visita. Luego, a solas los dos, preguntó a don Norberto cómo se las componía para lograr tales prodigios. Por tres veces se lo preguntó y él se resistía a revelar su secreto. Entonces el inspector lo amenazó con mandarlo a otra escuela donde el maestro que había no encontraba la forma de hacer estudiar a los chicos. Don Norberto rogó, suplicó, imploró y, como el inspector no se apiadaba, confesó al fin:

—Mi secreto es que no sé demasiado.

El inspector lo reprendió severamente porque creía que era una broma.

—¿Cómo puede enseñar el que no sabe? —repetía.

—Si quiere convencerse, vuelva, pregunte a los chicos y verá cómo le dicen que han sido ellos los que me han enseñado a mí.

Volvió, preguntó y los chicos le respondieron que don Norberto era un sabio. Total, que ahí tienen ustedes a don Norberto, de un pueblo a otro, sin poderse quedar para siempre en ninguno, aunque el corazón se le parte en cada despedida. Y es que si él está dispuesto a revelar su secreto, los chicos, no.

 

  

Joaquín Aguirre Bellver (Madrid 1926- Alicante 2005) Periodista y escritor, compaginará siempre el periodismo con la literatura, tanto ficción como ensayo. Sus libros para jóvenes obtuvieron importantes premios, como "El Lazarillo" (hoy Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil), por El Juglar del Cid (1961), o el de la Comisión Católica de la Infancia por El Bordón y la Estrella (1962). Realizó adaptaciones infantiles de obras como El Quijote y La Odisea. En 1964, la película "Miguelín", basada en su primera novela, fue premiada en Cannes como mejor película juvenil. Escribió más de una treintena de libros para niños y jóvenes, algunos ilustrados por él. Ensayista cultural y estudioso de los clásicos españoles, publicó diversas obras sobre Cervantes, La Celestina y El Lazarillo. Algunas de sus obras han sido traducidas al gallego, catalán, italiano e inglés.

Don Norberto es un cuento incluido en la colección de relatos El robo del caballo de madera, del que se realizaron cuatro ediciones entre 1989 y 2003 (Madrid, ed. Anaya col. El duende verde)

 

 

© Joaquín Aguirre Bellver 1989. Espéculo 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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