Relaciones paratextuales entre Jornadas de lectura
y Por el camino de Swann de Marcel Proust

María Araceli Laurence
aracelilaurence@yahoo.com.ar
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Lomas de Zamora


 

   
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El objetivo de este trabajo es establecer una serie de relaciones entre los textos de Marcel Proust “Jornadas de lectura” publicado en Los placeres y los días en 1896 y En busca del tiempo perdido tomo I, poniendo el acento, fundamentalmente en las distintas figuras del lector que se postulan en estas dos obras.

 

Introducción

Se intentará dar cuenta de cómo la lectura es un proceso creativo que puede transformar los textos literarios.

En el acto de leer una obra se produce un encuentro entre el texto escrito y la mente individual del lector que, a su vez, está provisto de determinadas experiencias y de su propia perspectiva.

Existen entre los lectores, las obras literarias y el campo cultural una serie de relaciones específicas que imponen las disposiciones indispensables para la percepción de la literatura. Así, concebimos la existencia de lectores como un hecho social.

 

Acto de lectura

Comenzaremos haciendo una caracterización del acto de lectura.

Según Wolfgang Iser en “El proceso de lectura: enfoque fenomenológico”:

(...) la obra literaria tiene dos polos que podríamos llamar el artístico y el estético: el artístico se refiere al texto creado por el autor y el estético a la concretización llevada a cabo por el lector. (AAVV, 1995: 216)

A esta “concretización” a la cual hace referencia Iser podríamos llamarla “lectura”.

Proust en “Jornadas de lectura” se opone a la definición propuesta por Ruskin quien la define como una conversación con hombres más sabios. En oposición a esto sostiene que el acto de leer consiste en:

(...) recibir comunicación de otro pensamiento, pero permaneciendo solos, es decir, siguiendo disfrutando del poder intelectual que tenemos en la soledad y que la conversación disipa inmediatamente(...) (358)

Umberto Eco en “Entre el autor y el texto” afirma que el autor sabe que cuando un texto es producido para una comunidad de lectores no será interpretado según sus intenciones sino que en la interpretación jugarán una serie de interacciones complejas que, también, incluirán a los lectores y a “(...) su competencia en la lengua en cuanto patrimonio social” (AAVV, 1995: 72). Eco entiende por patrimonio social no sólo al conjunto de reglas gramaticales, sino que incluye al conjunto de actuaciones que esa lengua ha producido, entre las cuales podemos mencionar las convenciones culturales y las historias de las interpretaciones previas de muchos textos, incluyendo el que se está leyendo.

Si recordamos que Eco define el texto como una trama de espacios blancos (en este punto coincide Iser) la lectura sería un trabajo en el que participan tanto el lector como su cultura. Este trabajo es una condición que el mismo texto requiere para su actualización, es aquí donde aparece el lector modelo como destinatario interno. Es el texto produciendo sus lectores: el lector implícito.

Dice Proust:

(...) la lectura es para nosotros la iniciadora cuyas mágicas llaves nos abren en el fondo de nosotros mismos la puerta de las moradas donde no habríamos sabido penetrar, su papel en nuestra vida es saludable. (364)

Nos dice Umberto Eco en Lector in fabula que el texto deja al lector la iniciativa de colmar los lugares vacíos “Un texto quiere que alguien lo ayude a funcionar” (1999:76)

 

Lector modelo y lector empírico:

El lector empírico es sólo un actor que hace conjeturas sobre la clase de lector modelo postulado por el texto. El texto es un dispositivo para hacer un lector modelo.

La intención del texto es, básicamente, producir un lector modelo capaz de hacer conjeturas sobre él.

Sobre la base de lo antedicho podríamos preguntarnos: ¿cuál es el lector modelo de los textos de Proust?

Existen distintos modos a través de los cuales el lector modelo es orientado hacia la reconstrucción del topic “(...) el topic es un instrumento metatextual, un esquema abductivo que propone el lector”. (1999: 126).

En el caso de los textos que estamos tratando la señal es explícita ya a partir del mismo título: se hablará sobre el tiempo y la lectura.

Sobre la base de este topic se va estableciendo la coherencia interna de la obra o isotopía la cual es definida por Greimas como: “Un conjunto de categorías semánticas redundantes que permiten la lectura uniforme de la historia” (Eco, 1999: 131)

Nos dice Umberto Eco que el texto deja al lector la iniciativa de colmar los lugares vacíos “Un texto quiere que alguien lo ayude a funcionar” (1999: 76) sostiene que “ (...)la competencia del destinatario no necesariamente coincide con la del emisor” (1999: 77).

La cultura de la cual están impregnados los textos de Proust es muy distinta a la que posee el lector empírico. Recordemos que a principios del siglo XX Francia está en el centro del apogeo cultural europeo que precede a la Belle Epoque.

Según Jean Paul Sartre se produce entre el lector y el autor un “pacto de generosidad” a partir de éste se manifiesta la actividad que el lector realiza en relación con el texto.

Dice Sartre:

El escritor recurre a la libertad del lector para que ella colabore a la producción de la obra (Altamirano, Carlos y Beatriz Sarlo, 1993: 106)

Retomando lo dicho por Weinrich (tomamos a este autor del libro Literatura/Sociedad )podemos decir que las señales requieren de un lector que pueda decodificarlas para lo cual se precisan una serie de condiciones culturales y sociales.

En el caso de Proust se podría afirmar que la obra no ha sido escrita para alguien que no pueda comprenderla, por otro lado, el lector adecuado de En busca del tiempo perdido no parece ser el lector contemporáneo.

El lector modelo de Proust se definiría como parte de un grupo social y cultural determinado. Recordemos que en esta novela se realiza una idealización de la aristocracia y de la alta burguesía.

Recordemos que algunas de las interpretaciones que se han hecho de “Por el camino de Swann”, hacen referencia a la influencia de Hegel y Henri Bergson; a los hermanos Goncourt como uno de los antecedentes de Proust; la inclusión de descripciones impresionistas propias de la plástica; etc.

En realidad, una interpretación sólo puede ser coincidente (relativamente) entre autor y lector en condiciones de “contemporaneidad y homogeneidad estética y social” (Altamirano, Carlos y Beatriz Sarlo, 1993: 108). Esta identidad estética total es considerada por Lotman como aquella en la que emisor y receptor se sirven de un mismo código.

En este sentido podemos mencionar uno de los conceptos fundamentales a los que debemos recurrir para comprender la obra de Proust: el idealismo simbólico. Recordemos que el concepto de idealismo proviene de la teoría del conocimiento y consiste en considerar que la dimensión de los objetos depende de la actividad del sujeto. Este idealismo es denominado simbólico porque está atravezado por la simbolización del arte, por los procesos de la estética y de la escritura. Proust sostiene que todo recuerdo es una construcción literaria, una novelización, conocemos a través del arte, tanto el recuerdo como cualquier otra actividad interior son construcciones estéticas.

Proust estaría proponiendo un cambio epistemológico vinculado a las condiciones de conocimiento de lo real y de la literatura. El arte como posibilidad de relación del hombre con el mundo. El arte como fundamento de la experiencia.

Las impresiones de la subjetividad sólo se constituyen en la actividad estética a través de la escritura. En este punto podemos agregar que, retomando a Weinrich, el texto proporciona al lector señales que marcan una posible dirección, el lector realizaría con estas señales una actividad que puede asegurar u obstaculizar la realización del sentido.

Uno de los campos de más clara realización de esta subjetividad es el concepto de amor de Por el camino de Swann. Los orígenes imaginarios del amor que tienden a falsificar la realidad del objeto amado. El narrador habla de la subjetividad del amor. El amor como construcción de sentido a partir del ejercicio de un sujeto, esto va a articular toda la obra remitiéndonos, especialmente, a la relación de Swann con Odette.

Retomando el tema y siguiendo a W. Iser en El acto de leer, podemos hablar de lector implícito (también denominado por otros autores modelo, potencial o futuro)

Resume todas las predisposiciones necesarias para que la obra literaria ejerza su efecto, predisposiciones supuestas no en la realidad empírica exterior sino en el texto mismo. En consecuencia, el lector implícito como concepto, está firmemente implantado en la estructura del texto; es una construcción y no debe ser identificado con ningún lector real. (1993, 109)

Este lector que, como veníamos diciendo, debe poseer ciertas destrezas y supuestos socioculturales es al que alude el texto a través de las señales.

El lector empírico, en tanto, está ubicado fuera de la obra y su habitus puede coincidir o no con el del lector implícito.

La distancia entre uno y otro se define en cada momento histórico y en relación con cada texto.

Tanto Eco como Iser coinciden en que la asimetría entre autor y lector es el “(...)prerequisito de la situación de lectura y, especialmente, del carácter activo de la relación entre lector y texto.” (Altamirano, Carlos y Beatriz Sarlo, 1993: 110)

Dice Iser:

Una diferencia evidente y capital entre la lectura y toda otra forma de interacción social es el hecho de que la lectura no es una situación cara a cara, un texto no puede adaptarse a cada uno de los lectores con los que entra en contacto (...) (Altamirano, Carlos y Beatriz Sarlo, 1993: 110)

Obviamente, cuando los códigos sociales y culturales de autor y lector difieren la reconstrucción de la lectura es mucho más compleja.

 

Estrategias textuales

En los textos concebidos para una audiencia amplia, como las novelas, el emisor y el destinatario están presentes como “papeles actanciales” del enunciado (como los llama Jakobson).

La intervención del sujeto hablante y la actividad del lector modelo son complementarias.

El perfil intelectual del lector modelo se determina por el tipo de operaciones interpretativas que se le exige realizar.

Todo texto genera una estrategia que incluye la previsión de los movimientos del otro. En la elaboración de dicha estrategia se utilizan distintos medios:

1) La elección de una lengua.

2) La elección de un tipo de enciclopedia. En relación con este punto recordemos que Proust en “Jornadas de lectura” menciona a: Ruskin, Balzac, Anatole France, Gautier, Dante, Shakespeare, Racine, Victor Hugo, Alphonse Daudet; música de Vincent dInty; exposiciones de Vuillard y Maurice Denis. En En busca del tiempo perdido nos habla de George Sand, de Leonardo, las poesías de Musset, las obras de Rousseau, fotografías de la catedral de Chartres; etc.

3) La elección de determinado patrimonio léxico y estilístico. Dentro de este punto vemos que uno de los problemas a los cuales se enfrenta el lector es el sentido de la frase larga, compleja, rica en disquisiciones. En la novela de Proust, en proporción a las páginas escritas ocurren muy pocas cosas, sin embargo, todo lo que sucede es analizado detalle a detalle.

Aparecen en Proust una gran cantidad de imágenes metafóricas que se superponen:

El narrador y los personajes perciben casi siempre la realidad de manera analógica: la persona, la idea, el gesto es percibido a través de la memoria, del recuerdo, de la similitud sensorial o racional que otro objeto o persona despierta en la conciencia. El recuerdo se expresa, así, en metáfora o metonimia. Por ejemplo la analogía floral con la cattleya.

El texto, dice Eco, contribuye a producir la competencia del lector.

Distingue entre uso libre de un texto el cual consiste en un “estímulo imaginativo” (1999: 55) e interpretación que supone “(...) una dialéctica entre la estrategia del autor y la repuesta del lector modelo” (1999: 86)

Proust parece postular un uso legítimo de los textos al proponer encontrar en los libros:

(...) los únicos calendarios de los días que fueron y con la esperanza de ver reflejadas en sus páginas las moradas y los estanques que ya no existen. (344)

En consonancia con lo antedicho sostiene en Por el camino de Swann que las novelas de Jorge Sand predisponían a imaginar “[...]algo de indefinible y delicioso” (58).

 

Proust como lector pragmático

Notamos al leer “Jornadas de lectura” que varias de las nociones fundamentales que aparecen en Por el camino de Swann aparecen, ya, reflejadas en este texto. Entre otros podemos mencionar los siguientes ejemplos:

Proust hace referencia en “Jornadas de lectura” a la actividad de la lectura como un medio para despertarnos a “la vida personal del espíritu” y, de ninguna manera, como cosa material depositada en los libros.

(...) resulta peligroso cuando la lectura en vez de despertarnos a la vida personal del espíritu, tiende a sustituirlo, cuando la verdad ya no se nos presenta como un ideal que no podemos realizar si no es mediante el progreso íntimo de nuestro pensamiento y mediante el esfuerzo de nuestro corazón, sino como una cosa material depositada entre las hojas de los libros (...) (365)

Recordemos que la tesis que articula la ideología estética de En busca del tiempo perdido es que es imposible alcanzar en la realidad aquello que está en el espíritu del hombre.

La verdad que se va a buscar en el libro es sólo un indicio de la verdad que crea la mente.

Proust sostiene que la memoria es una construcción del sujeto. La única posibilidad de darle entidad a la actividad de la memoria es la escritura de una obra de arte.

(...) esta verdad que van a buscar lejos en un libro, más que la verdad misma es, propiamente hablando, su indicio o su prueba, dejando, por consiguiente, sitio a la otra verdad que ella anuncia que ella comprueba y que ésta sí que es al menos una creación individual de la mente. (367)

En consonancia con lo antedicho nos dice el narrador de Por el camino de Swann:

(...) me ayudaban a comprender la contradicción que hay en buscar en la realidad los cuadros de la memoria, porque siempre les faltaría ese encanto que tiene el recuerdo y todo lo que no se percibe por los sentidos. (Proust, 2000: 515)

Los libros, afirma en “Jornadas de lectura” contienen personas o lugares que ya no existen y que son embellecidos por el paso del tiempo.

Son esas formas anticuadas que se tomaron de la vida misma del pasado lo que vamos a visitar en la obra de Racine como en una ciudad antigua que permanece intacta. Ante ellas sentimos la misma emoción (...) (378)

Y en Por el camino de Swann dice:

(...) las novelas campestres de Jorge Sand que me regalaba el día de mi santo abundaban, como un mobiliario antiguo, en expresiones caídas en desuso, y convertidas en imágenes, de esas que ya no se encuentran más que en el campo. (Proust, 2000: 57)

Recordemos que una de las frases clave de En busca del tiempo perdido es: “Los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos”, la realidad presente siempre es decepcionante.

Nos dice el narrador de la novela: “(...) la realidad que yo conocía ya no existía” (2000, 516)

Las impresiones del pasado hacen gozar de la esencia de las cosas pero esto se debe a que ya están fuera del tiempo.

La posibilidad de recuperar las cosas del pasado es recuperar el tiempo perdido y trascenderlo, ponerse fuera del tiempo.

La recuperación del pasado es una construcción falsa a partir del espíritu:

La Divina Comedia, la obras de Shakespeare, nos dan también la impresión de estar contemplando, inserto en la hora actual, un poco del pasado (...) (Jornadas de Lectura: 378)

 

A modo de conclusión

A lo largo de este trabajo hemos intentado dar cuenta de las distintas figuras de lector que podemos encontrar a partir de las obras de Marcel Proust.

Para realizarlo se ha tenido en cuenta tanto la clasificación de las distintas figuras de lector que nos ofrece la teoría como, también, se ha considerado el contexto sociocultural de producción y recepción de dichos textos a partir de dos épocas claramente diferenciadas, a saber, principios del siglo XX y principios del siglo XXI.

Sobre la base de este análisis que por razones de espacio ha sido breve, podríamos afirmar que los lectores que se encuentran con Por el camino de Swann actualizan los contenidos de esta obra a partir de su competencia, de su enciclopedia.

Probablemente, un lector superficial se aburriría, en tanto que en la medida que poseamos lecturas suplementarias podríamos ubicar el texto en un contexto más amplio. Evidentemente, quien conozca la obra de Bergson o Hegel entre otros autores podrá hacer una lectura más enriquecedora de esta novela.

Cada sociedad produce un determinado modelo cultural. Dentro de este modelo los textos se ubican coincidiendo o divergiendo respecto a él. Esto nos ha servido como punto de partida para el análisis de la figura del lector en la obra de Proust ya que de ninguna manera podemos asimilar al lector actual con el lector contemporáneo al momento de producción de En Busca del tiempo perdido.

Desde su formación estética o ideológica el lector ordena el texto. Puede, de esta manera, seguir sus indicaciones y leerlo según la imagen de lector que el texto incluye o puede relacionarse con la obra desde una práctica de lectura que ésta no predetermina.

Así como Proust sostiene que “(...) nuestra personalidad social es una creación del pensamiento de las demás” (2000: 31) podríamos trasladar esto al acto de interpretación homologando la situación y diciendo que éste, también, es resultado de la creación del lector al cual, en todo caso, el texto le pone un límite.

 

Bibliografía

Altamirano, Carlos, Sarlo, Beatriz, Literatura/sociedad, Edicial S.A., Buenos Aires, 1993.

Eco, Umberto, Lector in fabula, Editorial Lumen, Barcelona, 1999.

———, Interpretación y sobreinterpretación, Cambridge University, New York, 1995.

Iser, Wolfgang y otros, Teoría de la recepción, editorial Cátedra, Madrid, 1995.

Proust, Marcel, En busca del tiempo perdido (Tomo I), Editorial Alianza, Madrid, 2000.

————, “Jornadas de lectura”, en Parodias y misceláneas.

 

© María Araceli Laurence 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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