Pluralismos: Problemas y oportunidades
para la sociocrítica en los estudios literarios

Magíster Susana Ma. Gómez
sunygomez@yahoo.com.ar
Profesora Adjunta en Teoría Literaria
Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina


 

   
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La cuestión

Ante la eclosión de sus objetos, la investigación literaria, (Robin, 1993) se halla en una redefinición de sus alcances. Los estudios sobre la cultura y los estudios culturales desde la literatura, los avances en la conformación de los campos disciplinares de los estudios del discurso o las semióticas, generan en este momento una red de interrelaciones entre diferentes teorías o perspectivas. Asimismo, los métodos transitan entre ellas, luego de la paulatina aceptación de los valores de lo heteróclito en los corpus y de la heterogeneidad de los instrumentos de observación y validación. Las implicancias del pensamiento sobre la posmodernidad, así como la conformación de estudios transdisciplinares en campos como la lingüística o la semiótica o la aceptación de las rupturas del paradigma de la complejidad, muestran una situación epistemológica difícil de evaluar en el campo literario, más si se cae en el reduccionismo de pensar los "estudios literarios" como un bloque monolítico1. A esta situación le sumaríamos la coexistencia de formas hermenéuticas en la crítica, en la cual la valoración estética parece ser el criterio principal para el estudio de las obras.

Puede pensarse en un tránsito de conocimientos en la topografía investigativa de la literatura, señalizado por los nombres de los grandes teóricos (Bajtin, Barthes, Lotman, y otros), en cuyas direcciones se orientan las políticas académicas, hasta cierto punto detenidas en el temor a la especulación crítica, a la irregularidad en la delimitación de perspectivas (o es semiótica o es sociocrítica, nunca las dos, al menos sin su correspondiente justificación de separación de aguas; o las literaturas comparadas, pero no el comparativismo teórico, que a cada enfoque su objeto y no otro.) ante condiciones académicas de aceptabilidad de los conocimientos.

Pero los objetos que hoy son "preocupación" del investigador literario requieren miradas múltiples, con valores múltiples. El trabajo con problemas resultantes de la eclosión del objeto implica aceptar que también se han fragmentado los métodos (Robin, Op. cit) y que las reglas de observación motivan la puesta en crisis de la "lectura homogénea" de las teorías en acuerdo a las cuales se elabora un proyecto de investigación.

Falsabilidad, inadecuación del instrumental, confusión en los procesos analíticos, la exégesis o el biografismo siguen marcando los límites entre el estudio literario y lo que no lo es, y que resultan en parte, de los intentos modernos de "formar una ciencia literaria, una ciencia de las obras" (Shklovski, 1970) y de los esfuerzos formalistas del estructuralismo francés (la narratología estructuralista es considerada hoy un error necesario). Asimismo, el "terror vacui" que provocan muchas teorías postestructurales en los tesistas de grado complican aún el panorama, trasladando preconceptos al imaginario académico, cosa que impide la elección de la investigación literaria como un camino profesional2. Allí hay más líneas demarcatorias que se han difuminado: las que permiten el paso de la didáctica de la investigación (si la hay) a la enseñanza de la práctica investigativa autónoma. ¿Qué es investigar en literatura?, es la preocupación actual en la formación de las carreras de letras.

 

Lectura y "cientificidad"

Hablar de "pluralismo axiológico" en la investigación de la literatura ofrece una oportunidad de reflexionar sobre la indefinición de sus alcances, sitiando los pilares de la posición epistemológica que da por dilucidado el problema de la "cientificidad" de los estudios literarios. Al ser considerada como una condición de emergencia del conocimiento sobre la literatura, dada su relatividad, tal cientificidad es cuestionada cuando se comprueba que al fin y al cabo, resulta de una lectura si se quiere particular y situada. Nos preguntaríamos si le cabe el sentido clásico de ciencia: al menos como aquella práctica teleológica destinada a producir conocimientos comprobables y transferibles a algún orden de la vida natural o social; práctica regulada por los propios saberes y reglada según epistemes epocales.

Sabemos que una de las propiedades de los conocimientos sobre la literatura es la de crear la ilusión de ser hacer ver como lecturas "objetivas" a lo que no es más que una lectura "literaria" especializada. Las diferentes dimensiones que atraviesa el investigador implican una lectura y una interpretación, ambas partícipes del hecho literario en sí, del cual el investigador no puede estar ajeno ya que su trabajo es lectura e interpretación en segundo grado. Los aparatos conceptuales contribuyen a crear esa ilusión, imprescindible para ofrecer el contexto de enseñanza que da socialidad al saber. Hoy por hoy, la enseñanza de la literatura es deudora de las investigaciones y sus conceptos son transferidos para la vital formación de lectores literarios. El arte de leer se aprende, el arte de enseñar requiere un saber que, dicho sea de paso, alimenta al anterior. Subjetividades y prácticas son evaluadas en función de la objetividad que logremos imprimirle quienes investigamos, contribuyendo a producir, los fenómenos literarios.3

El problema del objeto en los estudios literarios está señalando un campo con características sui generis, en el que las formas de manifestación y transferencia de los saberes aducen de la misma ausencia de rigor, en el sentido positivista del término, que en sus métodos específicos4. Sin embargo, por lo mismo, la apertura de las opciones investigativas permite moldear nuevos instrumentos que posibiliten abordar aquello que ha hecho eclosionar esos objetos. Entonces, estudiar la literatura se ha vuelto un estudiar la cultura, por medio de la observación de los discursos que allí circulan y, al mismo tiempo, la conforman.

El retorno de los métodos empíricos en las semióticas de la cultura, las sociosemióticas y la sociocrítica dan señales de la necesidad de producir un modo de pensar que considere los parámetros de un estudio situado en el presente, en un modelo intervencionista en aquellos objetos que así los permiten: la lectura, las semiosis, la interdiscursividad, la discursividad y las prácticas sociales mediadas por el discurso, entre otros. Expandir la mirada sobre los objetos implica en primer lugar, expandir los alcances de las investigaciones y en segundo lugar, intentar una comprensión de los fenómenos literarios como fenómenos culturales.

La clave parece estar ya no en el dilema del material literario como provocador de interpretaciones de lo real, sino en aquello que se produce como conocimiento sobre el mundo como consecuencia de los efectos provocados por el uso literario de los lenguajes contemporáneos. ¿Cuáles serían las operaciones que nos permiten pensar el pensar la producción del saber en el campo de los estudios de los discursos? ¿Podremos hallar la razón por la cual sería factible un estudio de la literatura por la vía del pluralismo metodológico?

La sociocrítica se enfrenta a la oportunidad de sintetizar los principios de observación de la materialidad textual aprovechándola para observar el dinamismo de la producción de sentido de lo social que los atraviesa. Dice Pierrette Malckuzyinski que el campo sociocrítico de investigación realiza una aproximación a la literatura reinsertándola “en el artefacto sociocultural, y su objeto de estudio, dentro de un conjunto dinámico constituido por diversas prácticas sociales en instancia de circulación.” (1991, pp 18). La semiosis resulta ser el espacio de trabajo del sociocrítico, pero sin dejar de lado que se opera con y sobre textos o modalidades textuales.

Para ello, el pluralismo metodológico del que estamos hablando es una condición sine qua non para la consecución de estudios literarios que no se cierren en el congelamiento textual o en la abstracción de la obra literaria de sus hábitat sociocultural de producción y lectura.

 

Pluralismo axiológico y comunidades académicas

La metodología es sólo una instancia en los procesos investigativos, que incluyen aquellos que no son en absoluto metodológicos sino antes bien especulativos e intuitivos. Pero la resolución de los interrogantes ofrecidos por el objeto (estallado, fracturado, pero objeto al fin) se logra de igual manera al aceptarse estas instancias que permanecen y se actualizan en todo el proceso, aún en aquellas etapas que consisten en traducir en un lenguaje formalizado los conocimientos. Si bien no deja de ser un problema a resolver, podríamos hallar la factibilidad en la multiplicidad de valores que se entrecruzan y permiten la emergencia de estas perspectivas de observación de "lo literario" a sabiendas de las dificultades para aprehenderlo.

¿Los intentos formalistas y estructuralistas parecieron perder su batalla metodológica? Hoy no les tomaríamos en cuenta muchos de sus enunciados y afirmaciones, sin embargo nos enseñaron a aceptar que el camino positivista (cartesiano) es fácilmente discutible, a la vez que nos impone de nuevo la necesidad de asumir la imposibilidad de definir la literatura sin dejar por ello de elaborar propuestas teóricas, campos conceptuales, categorías. Paradojal en cierto sentido, la literatura torna a su estudio asimismo contradictorio, pero "la paradoja es tal que podemos vivir con ella" (Angenot, 1991, pp.149)

Se sabe que las llamadas ciencias humanas proceden más que por observación, por intentos de comprensión hermenéutica de objetos y relaciones objetuales en las cuales el propio investigador está inmerso. Así lo plantea Mijail Bajtin: "..Pero un sujeto como tal no puede ser percibido ni estudiado como cosa, puesto que siendo sujeto no puede, si sigue siéndolo, permanecer sin voz; por lo tanto su conocimiento solo puede tener carácter dialógico." (1974 y 1982, pp. 385).

El estudio del hombre por el hombre presupone siempre una réplica sobre sí mismo; en contraposición a otras ciencias, los experimentos en estas ciencias humanas que cada vez son más sociales, hallan su razón de ser en los descubrimientos de un plus de sentido producido por la conformación discursiva de nuestros conocimientos. Pensaríamos que investigar literatura sería indagar en nuestros propios recorridos interpretativos: estudiamos lo que leemos y justificamos nuestras lecturas con una exegética, es decir, en un círculo. En ese movimiento que supone entender el proceso cognoscitivo provocado en el texto o la obra literarios hallamos algo más, le damos ese plus al sentido de nuestro estudio, siempre y cuando podamos evaluar (axiológica y axiomáticamente) objetos, fenómenos, problemas, interrogantes puestos de manifiesto en el hecho literario. Cuando hablamos de un plus, no nos referimos al (los) sentido(s) de los textos sino a cómo la literatura significa los cuerpos sociales y las epistemes epocales.

Por lo tanto, adecuar el procedimiento "científico" a nuestras investigaciones brinda una oportunidad de hacer dialogar (en la acepción bajtiniana, pero también la más corriente) la comprensión con el descubrimiento, aunque no una comprensión única ni un solo ni aislado descubrimiento, sino una cadena de ellos, o mejor, de comprensiones y descubrimientos puestos en abismo.5

Claro está, esta visión de la "ciencia literaria" radica en una ilusión: la de la posibilidad de un olvido momentáneo de que estamos produciendo un conocimiento que ha de ser sustentable en el tiempo, transferible en los espacios sociales del saber y proyectable a otros hechos similares; olvido que permite superar las características señaladas por Echeverría (1999, pp.119), fruto de reflexiones esquemáticas y limitadas. Olvido no de las múltiples motivaciones para estudiar la literatura, ni de los complejos campos conceptuales, sino de las ataduras que conlleva pertenecer a comunidades académicas cuyas políticas impregnan la adquisición de saberes, según reglas a las que hay que adherir para lograr imponer los nuevos conocimientos, a la vez que acceder a los mecanismos que permiten realizar nuevas investigaciones.6

Hacemos referencia comunidades en el término que utiliza Benedict Anderson (1993), quien dice que en la sociedad contemporánea las comunidades existen como entidades imaginarias al suspenderse el “cara a cara” propio de las relaciones interpersonales de la modernidad. Si bien hoy no se ha perdido del todo, hay formas de comunicación que llevan a tener conciencia del otro, aunque no lo conozcamos personalmente instalando una red global y cibernética de viejos conocidos: Ese imaginario del otro permite tender redes también imaginarias entre nosotros (la metáfora es de Anderson, de su estudio de la sociedad en la isla de Java). Claro que este imaginario es utópico, sobre todo porque se asienta en la base de los límites de fronteras elásticas, de una soberanía y una idea de fraternidad horizontal. Imaginario de la comunidad, problema de identidad y subjetividad, imaginario de las reglas, imaginario de lo posible y factible en el campo disciplinario.

Si las comunidades que llamamos científicas o académicas existen para el investigador particular como una entidad imaginaria e imaginada, la producción del saber se realiza en virtud de las propiedades que a ella le asignamos y entre las cuales encontramos a un verosímil cognoscitivo, regulado por la circulación de los discursos del saber que convergen en la conformación de dicha comunidad. La identidad subjetiva, la posición ocupada por él en tanto investigador acreditado, ubicado en un área de incumbencia, orienta sus redes en dirección de las corrientes legitimadas por las políticas de las entidades reguladoras (los organismos de gobierno, de ciencia y tecnología, las universidades y/u otras formas institucionales).

Hallaríamos un pluralismo, no dicho pero pensable, de propiedades específicas de cada comunidad académica, ya que por definición, no pueden ser las mismas para cada una de las perspectivas disciplinares constitutivas de un campo de investigaciones como el de la literatura.

Falta considerar la incidencia del pluralismo axiológico, ahora en relación a la idea de comunidad: en la epistemología que sostiene a los estudios sociocríticos es vital esta última noción, ya que allana el camino de acceso a las interrelaciones de todo tipo que invocan los objetos: interdiscursividad, intersubjetividad, interdisciplina. Los valores epistémicos nombrados por Echeverría (op. cit. Pp. 120) ofrecen oportunidades de coexistencia de enfoques disciplinares diferentes ya que el conocimiento del discurso es siempre verdadero y no depende necesariamente de un punto de vista que determine al objeto (Saussure): la sociocrítica trabaja en una mixtura metodológica basada en la visión de que todo aquello que manifiesta el tránsito discursivo de las semiosis epocales, en la integración ganada por la literatura a los fenómenos sociales, es verdadero antes que verosímil.7

 

El investigar literatura: ¿plural por necesidad?

Observadores, al mismo tiempo que observados, los investigadores de la literatura en un enfoque sociocrítico avizoran tras el objeto otros fenómenos históricos, culturales, semióticos; por lo tanto la producción de conocimientos "acerca de" es al mismo tiempo un nuevo punto de vista. Pero no determinante de los objetos ni determinista en las conclusiones, sino provocador de la producción de cambios valorativos en la adecuación entre los hechos y los lenguajes con que se manifiestan los conocimientos. El metalenguaje forma parte de estos puntos de vista, los constituye al mismo tiempo que elabora los métodos de demostración (por el lenguaje, claro está, a veces, altamente formalizado): los procesos inductivos, abductivos y las inferencias se aplican en enunciados y configuraciones cognoscitivas cada vez más amplias y más volátiles cuanto más lo son los fragmentos del discurso social en los que se opera.

Visto esto, cabe preguntarse por la factiblidad de la comprobación de los hechos, una de las condiciones propias de la cientificidad de las ciencias exactas y hasta las sociales (pueden hacerse estudios en términos de público de obras literarias, pero nunca podrá verse la lectura, por ejemplo, si no es en un anclaje en la materialidad de los textos, superficie texturada en la que pretendemos intervenir con nuestro instrumental de análisis.). Podríamos plantear un interrogante más: ¿qué de los saberes ofrecidos como resultado de estudios están dados por el objeto y qué están producidos por la mirada del investigador de los discursos?

El marco regulador que es la comunidad académica, tal como la definimos arriba, actúa como salvaguarda del verosímil de los saberes: lo que se dice acerca de la literatura, o de lo literario, o de los fenómenos literarios (un hacer crítico), a partir de un aparato conceptual imaginariamente compartido (una/s teoría/s), parecieran superar los extremos entre verdades/hechos o verosímiles/discursos, ya que la formaciones epsitémicas epocales orientan lo pensable y sus modos de explicitación.

 

Cierre: afirmaciones provisorias

Vale recordar una de las afirmaciones fundantes de la sociocrítica: "se dirige al texto" (Duchet, 1991, pp.43). ¿Qué sucede con lo que acabamos de plantear, habida cuenta de la necesidad de varios pluralismos en los estudios de la literatura? La noción de texto ha variado en el tiempo, provocando una historia disciplinaria conflictiva, que explicamos al comienzo. Pero esto ha sucedido en parte por cambios epistémicos que las comunidades científicas han hecho prevalecer, ahora concibiéndolo ya no como el objeto en sí, sino como el motivador de los objetos. Es decir, renovando las teorías (en especial las categorías y sus correspondientes definiciones convencionalizadas) se renuevan las propiedades del texto y así se llega al retorno a las vinculación entre el texto y su sentido social/ cultural. Esto implica involucrar otra vez, ahora en contextos de observación más amplios, sin temor a atravesar límites teóricos, las tres dimensiones que conforman al texto como un organismo: subjetividad, ideología, literatura (Malcuzynski, 1991, pp.15). La observación, la intervención y la evaluación otorgarían al programa de la sociocrítica los criterios flexibles que incidan en la conformación de una "perspectiva" de los estudios literarios capaz de indagar en sí misma en la búsqueda de la superación de las limitaciones que la propia literatura genera por definición.

En tal proyecto, el pluralismo axiológico y metodológico es una necesidad, de hecho, la sociocrítica halla su lugar en el campo disciplinario gracias a ellos, al establecer un núcleo axiológico compartido con otras perspectivas contemporáneas.

 

Notas:

[1] Podríamos ejemplificar con la presencia de la pragmática en la lingüística (Rorty), con el pensamiento derridiano o postestructuralista en la crítica académica y los "caminos de retorno" que fueron los aportes de los estudios literarios en categorías reconvertidas en otros ámbitos como la comunicación, el psicoanálisis, los estudios culturales anglosajones. Ante el impacto del pensamiento sobre las tecnologías, la literatura recobra sus implicancias específicas luego de un rodeo (y eclosión) de sus conceptos, útiles para pensar también otros objetos: la cultura, la política, la enseñanza, los medios masivos.

[2] Recordando la postura de Javier Echeverría, el contexto de enseñanza y de aplicación se funden, pero la innovación (sus valores) sigue siendo el aporte de los estudios literarios a las ciencias sociales en general (especialmente en comunicación social y en semiótica de los medios). El descentramiento de los objetos provocó también un descentramiento de las direcciones de enseñanza de los conocimientos científicos producidos por estudiosos del campo de las letras. La sociocrítica se caracteriza por esa expansión ya que "el decir y lo dicho" están siempre en el límite de lo que hoy consideramos "literatura".

[3] Objetividad entre comillas, ya que bajtiniannmente hablando, no podemos estar-fuera, sino estar -en el objeto que observamos.

[] "La borrosidad (le flou), la indeterminación radical del objeto resurge, de manera contradictoria, en el campo de aplicación de los métodos 'propios' de los estudios literarios, pues esos métodos no sabrían serle propios en ningún sentido riguroso." (Angenot ,1991, pp 146)

[4] Como con espejos: esta idea es de Gadamer, y tomada por Ingarden en la Escuela de Constanza, quienes estudiaron la lectura desde la hermenéutica y la fenomenologia.

[5] Que muchas veces no son "nuevos" sino ratificacicones de otros conocimientos ya producidos, pero con un prisma que puede sí ser novedoso o innovador, en acuerdo tanto con los cambios epistémicos como con los discursos académicos. Esto es, conocimientos verosímiles ya que la materia ('lo real de la literatura') no acepta una valoración de "verdad taxativa" porque lo que deviene de ella es siempre, una interpretación.

[6] No habría forma de evadir el carácter positivo de los discursos, aunque su materialidad sea evanescente e irreparable el hecho de que toda observación ha de ser relativa. El imponderable de la discursividad social es la garantía de su existencia como totalidad, por eso los valores de la "cientificidad" del estudio del discurso han de ser redefinidos a partir de un núcleo axiológico marcado por la relatividad, el fragmentarismo y el dinamismo propio de la cultura. Si no, sería cientificismo.

[7] Ya no hablaríamos sólo del objeto literatura, sino de los discursos, en permanente cambio y de la literatura como uno de ellos. También de los discursos en la literatura, con lo cual estamos tomando decisiones que atraviesan los cuerpos textuales. Allí, las valoraciones axiológicas a las cuales se ofrece resistencia son un factor de creatividad en el encuentro con fenómenos discursivos. La observación/ comprensión, en el círculo hermenéutico de la praxis investigativa, genera un metalenguaje explicativo, aunque siempre dialógico.

 

BIBLIOGRAFIA:

ANGENOT, Marc: (1991) "Frontera de los estudios literarios: ciencia de la literatura, ciencia de los discursos", en MALCUZYNSKI, Pierrette (1991) Sociocríticas, prácticas textuales, cultura de fronteras, Amsterdam - Atlanta, Rodopi.

BAJTIN, Mijail:

—— (1976, en 1982) "El problema del texto en la lingüística, la filología y otras ciencias humanas." En: Estética de la creación verbal, México, Siglo XXI.

—— (1974, en 1982) "Hacia una metodología de las ciencias humanas", en Op. cit.

DUCHET, Claude: (1991) "Posiciones y perspectivas sociocríticas", en MALCUZYNSKI, Op. Cit.

ECHEVERRÍA, Javier:

——(1999) Introducción a la metodología de la ciencia, Madrid, Cátedra.

——(1999) Filosofía de la ciencia, Madrid, Akal.

MALCUZYNSKI, Pierrette (1991): "A modo de introducción", en Op. Cit.

PRATT, Mary L. (1989): “Utopías lingüísticas” en AAVV (1989) La lingüística de la escritura, Madrid,Visor.

ROBIN, Régine: (1993): "Expansión e incertidumbre en la noción de literatura", en A.A.V.V.: Teoría Literaria, Publicación bajo la dirección de Marc Angenot, Siglo XXI, Méjico.

SHKLOVSKI, Víctor: "El arte como artificio", en: A.A.V.V.: Teoría de la literatura de los Formalistas Rusos. Siglo XXI, Bs. As. 1970

 

Susana Ma. Gómez ha publicado: Bajo la piel del papel. Aportes para la animación a la lectura en los adolescentes y Los infinitivos de la lectura. Identidades y subjetividades en la cultura juvenil de los ’90, ambos editados en Córdoba.
   Integrante del Grupo de Investigación de Humor desde el año 2000, en el cual ha publicado varios trabajos y colaborado en La Argentina Humorística, cultura y discurso en los ’90 y en 2. La Argentina Humorística, cultura y discurso en el 2000. Actualmente trabaja en la elaboración colectiva del Diccionario de términos teóricos del humor, investigación subsidiada por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.
   Es coordinadora del PROPALE (Programa en Promoción y Animación a la Lectura y a la Escritura) de la misma universidad.
   Está concluyendo su tesis doctoral sobre la ensayística política de Julio Cortázar en torno a la Revolución Cubana.

 

© Susana Ma. Gómez 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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