Espectáculo y gastronomía en el Quijote:
Una crítica a la sociedad española
en el episodio de las Bodas de Camacho

María I. Ortiz
ortizmi@email.uc.edu    mioci@hotmail.com
Doctoranda
Department of Romance Languages
University of Cincinnati


 

   
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“Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón:
la bella Inés, el jamón
y las berenjenas con queso.”
Baltasar de Alcázar1

 

Como bien sabemos, este año se celebran 400 años de la publicación de El Quijote. Ante tal evento, se han preparado cientos de actividades alrededor de esta temática, lo que reafirma la trascendencia y actualidad de esta obra en las letras españolas y universales. Todo esto gracias a que con cada lectura del texto, se nos revelan nuevas posibilidades y significaciones, que a su vez, le permiten mantener el estatus de ingenio y grandeza literaria. De este modo, la oportunidad de acercarnos a esta inagotable obra cervantina nos lanza el reto de mirar entrelíneas para descubrir otras perspectivas dentro de la novela.

Es bien entendido de todos, que la obra encierra en sí misma una serie de complejos niveles de significación de incansable estudio. Sin embargo, entre los acercamientos críticos más recientes, aparece con gran frecuencia el estudio de la novela como muestra de la gastronomía de la época, llevando al estudio y recreación de las comidas mencionadas en el texto. Por eso notamos que durante varios momentos en la novela, pareciera que Cervantes quisiera mostrarnos un mundo no tan complicado, y que simplemente desea darnos una boleta de entrada a la vida cotidiana de la España del siglo XVI por medio de la comida y la fiesta.

Como explica Lorenzo Díaz: “La cocina del Quijote se nutre de despensa y forma de vida de una economía de subsistencia” (29). Es al mismo tiempo el reflejo de una sociedad de extremos, ya que se nos presenta la carencia y la abundancia como reflejo de la realidad de un pomposo imperio español frente a un pueblo lleno de necesidades. Indudablemente, esto se refleja en la fiesta, y en el consumo y la alimentación de esta sociedad. De este modo, el contacto con el elemento culinario y con el espectáculo a su vez nos permite entrar al mundo de la cotidianeidad y la sociedad cervantina, lo que nos lleva a repensar la novela desde otra perspectiva, ya que hablar de celebración y comida en una sociedad donde prevalece la pobreza, es un motivo que resalta a nuestros ojos pidiendo estudio y atención.

Un claro ejemplo de esto lo encontramos en la segunda parte de la novela, en el episodio de las bodas de Camacho, donde Cervantes nos recrea una estampa de mundo representado por medio de espectáculo y lo gastronómico. Como parte de este episodio, vemos que en ese momento los personajes principales pasan a un segundo plano, ya que el festejo, enmarcado por lo gastronómico subvierte el protagonismo de Don Quijote y de Sancho, al mismo tiempo que traza el marco narrativo. Como nos explica Teresa Ferrer Valls en su artículo La fiesta del Siglo de Oro: en los márgenes de la ilusión teatral “la fiesta se convierte en un objeto de gran valor para acercarse al estudio de una sociedad, en tanto en cuanto traduce simbólicamente sus relaciones políticas y sociales [...] ofrece a su público una realidad transformada”(2). Esto resulta en la conjunción de la realidad, la fiesta, lo gastronómico y lo literario que nos sirve como guía para otra lectura de El Quijote, ya que nos permite poner en perspectiva los significados entre estas correspondencias del poder.

Por esta razón, estudiaremos el uso del espectáculo y lo gastronómico como discurso del poder y marco en el episodio de las Bodas de Camacho (Capítulo XXI-XXII), con el propósito de compenetrarnos en la experiencia de Don Quijote y Sancho en esta estampa de la vida cotidiana del siglo XVI y la crítica social que se hace de ésta.

Tomando esto como punto de partida, es necesario que precisemos el significado de lo gastronómico dentro de la estructura de la novela, ya que envuelve otra dimensión significativa. Como nos explica Gian-Paolo Biasin en su libro The Flavors of Modernity: Food and the novel:

The representation of reality plays and important role, and in particular the representation of food (a metonymy of the real) occupies a well defined, albeit little explored, literary space: it is worth examining such a representation because it carries meanings that have to do with human experience. (4)

Si llevamos esa experiencia humana a la que Biasin se refiere dentro del marco de la novela cervantina, podríamos interpretarla como parte de la experiencia vivida por Don Quijote y Sancho como individuos más que como personajes literarios dentro del mundo español del siglo XVII.

A esto se suma el hecho de que toda esta comida es parte de un marco mayor, ya que representa una parte del espectáculo que Camacho despliega, como parte de su matrimonio con Quiteria. Asimismo, la fiesta vista desde el contexto social, es una muestra de la sociedad moderna. Como nos explica Guy Debord en su libro La société du spectacle:

La société porteuse du spectacle ne domine pas seulement par son hégémonie économique les régions sous-développées. Elle domine en tant que la société du spectacle. Là où la base matérielle est encore absente, la société moderne a déjà envahi spectaculairement la surface sociale de chaque continent. (40)

El espectáculo sirve para mostrar el capital, en términos económicos, o el poder y la influencia social que puede tener un grupo sobre otro, lo que vemos que ocurre en este episodio de las bodas de Camacho. No es solamente la capacidad económica de llevar a cabo tan pomposa fiesta, sino la imposición hegemónica del ideal del dinero como que todo lo puede y todo lo compra Por eso cuando combinamos el elemento de lo gastronómico y el del espectáculo, veremos como ambos se unen para hacer una crítica a la sociedad española de la época. Esto lo identificamos cuando vemos que la comida sirve como pantalla del espectáculo que esconde en sí la predicación del discurso del poder económico.

Pero, primero, es necesario indicar que todo este episodio transcurre en la narración de cuatro capítulos, ya que la mención de la historia de amor de Basilio, Quiteria y Camacho aparece en el Capítulo XIX y termina solucionándose en el Capítulo XXII. No es nuevo que Cervantes traiga a la narración novelas intercaladas con las aventuras de Don Quijote. Pero en esta ocasión, tenemos la oportunidad de presenciar los actos de los amores y traiciones a la par que Don Quijote y Sancho, ya que anteriormente nos enterábamos de estos infortunios amorosos por medio de referencias una vez que habían sucedido, por lo que presenciamos las consecuencias. Entonces, el narrador nos lleva al escenario y nos dice: “Otros muchos andaban ocupados en levantar andamios, de donde con comodidad pudiesen ver otro día las representaciones y danzas que se habían de hacer en aquel lugar dedicado para solemnizar las bodas del rico Camacho y las exequias de Basilio” (Cervantes 697). Y pese a que Don Quijote desiste de entrar al pueblo esa misma noche, dada su condición de Caballero, esta cita sirve como antesala a los eventos que están por venir.

Así, Don Quijote espera hasta el otro día para hacer entrada al pueblo y no es hasta que Sancho despierta que empezamos a participar de esa estampa. Inigualable por demás, Sancho se incorpora y exclama: “De la parte de esta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto de más torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben ser abundantes y generosas” (698) a lo que Don Quijote responde “Acaba glotón […] ven e iremos a ver estos desposorios, por ver lo que hace el desdeñado Basilio” (698). Rápidamente, notamos que se inicia la acción con la fiesta y lo gastronómico, mientras que al mismo tiempo se desprende que por el olor de la comida es una familia pudiente, ya que Sancho hace mención de lo abundante y generoso del banquete. No tenemos duda de que Sancho está más que admirado con el banquete y la fiesta, lo que refuerza ese discurso sobre el poder de Camacho, no sólo para con su futura esposa, sino para con algunos otros miembros de la sociedad.2

Sancho está hipnotizado por todo el banquete de boda: “un entero novillo […] seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne […] liebres sin pellejo, gallinas sin pluma […] más de sesenta zaques de más de a dos arrobas cada uno, y todos llenos, según pareció, de generosos vinos” (699). Ante tan detallada muestra de tal esplendor culinario, no cabe duda de que nos encontramos en un lugar de mucha abundancia y que este banquete de bodas sugiere una buena posición social, dada la mención de estos ingredientes, lo que Maravall explica como que “las fiestas del barroco se hacen para ostentación y para levantar admiración” (487), ya lo que Camacho reafirma por medio del despliegue de lo culinario.

Como nos explica Paul Fieldhouse en su libro Food and Nutrition: Customs and Culture, “In general, the foods use for feasting are: a) scarce, b) high quality, c) often expensive and d) difficult and time consuming to prepare” (78). De este modo sabemos que toda esta comida con la que Sancho está alucinando representa la abundancia en una época donde predomina el hambre y la pobreza, lo que al mismo tiempo transforma lo gastronómico para establecer un discurso de poder, ya que el exceso de comida es casi carnavalesco por la desproporción agigantada en la que se presenta, ya que no es cualquier menú, sino algo planificado y escogido: “Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba, y de todo se aficionaba” (Cervantes 700). Este banquete fue pensado de antemano con intenciones premeditadas que se perciben de los alimentos que forman parte de ese agasajo.

Interesante por demás, conocemos el motivo de esta demasía por medio del cocinero: “Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene jurisdicción el hambre, merced al rico Camacho” (700) y más adelante “Pues llevaos - dijo el cocinero - la cuchara y todo: que la riqueza y el contento de Camacho todo lo suple” (701). Esta afirmación comprueba el estatus sobresaliente del novio dentro de esa sociedad. Camacho ha creado un sitial para sí, por medio de esa exhibición culinaria y la tornaboda que ha preparado. Esta apertura y acceso gratificado concedido por Camacho para quienes asistan a la ceremonia de bodas, sugiere poder y control, ya que podía darse el lujo de invitar a comer a quien quisiese, ganándose el favor y agradecimiento de quienes podían saborear tan exquisito banquete. Camacho busca desesperadamente la aprobación de sus compueblanos, por lo que justamente crea este espejismo de agasajo. Como nos explica Teresa Ferrer Vals la fiesta es “la imagen que es capaz de crear de sí mismo, particularmente en un momento de crisis, de duda y desasosiego,” (1) indistintamente de lo que pueda suceder, Camacho desea representar su persona como un hombre dadivoso, por medio del espectáculo, ya que trata de opacar la crisis en la que queda una vez burlado por Basilio.

Retomamos de nuevo a Fieldhouse quien nos dice que “these grand feasts had a socio-political purpose in that they symbolized the power which the nobles held over the common people and also over the food supplies” (77), obvio control material que tiene Camacho. A esto se suma el hecho de que el novio es considerado como el que todo lo suple, un proveedor, una figura paterna, lo que nos lleva a re-pensar el por qué de tan gran fiesta y de las intenciones de Camacho para con los invitados3. Es una oportunidad para congraciarse con los menos acorralándolos con tan gran fiesta, al menos eso aparenta. No cabe duda de que hay una premeditación de manipular e influenciar a los invitados, que es lo que se esconde tras el espectáculo. Y Sancho cae preso de la trampa culinaria cuando más adelante en el episodio nos dice “El rey es mi gallo: a Camacho me atengo” (705).4

Pero toda esta antesala culinaria nos sirve para combinar la abundancia de alimentos con lo que pueda traerse entre manos Camacho y Basilio, lo que Don Quijote advierte, ya que él no cae preso de lo gastronómico, aunque sí del espectáculo pre-nupcial. La exuberancia que hace del banquete un nirvana culinario, se extiende al cortejo que precede a la llegada de los novios, el cual capta la atención de Don Quijote:

Por una parte de la enramada entraban hasta doce labradores sobre doce hermosísimas yeguas, con ricos y vistosos jaeces de campo y con muchos cascabeles en los petrales, y todos vestidos de regocijo y fiesta; los cuales, en concertado tropel, corrieron no una, sino muchas carreras por el prado con regocijada algazara y grita diciendo: - Vivan Camacho y Quiteria, el tan rico como ella hermosa, y ella la más hermosa del mundo. (Cervantes 701)

De inmediato Don Quijote entra en desacuerdo con quién es la mujer más bella, pero acierta con la belleza y exceso del cortejo y de la representación teatral. Pero todo este recibimiento va precedido por el interés, que como vimos anteriormente gracias al recurso gastronómico, es toda una fachada para la empresa de Camacho y Quiteria. Todos estos detalles se suman para ir recreando poco a poco esta estampa que sirve como crítica a la realidad del siglo XVII, y que a su vez propone una re-valoración de la misma.

La clave para entender esto nos la da José María Díez cuando nos explica que “el cortejo exhibición es una forma de ostentar y mostrar el poder” (211). De este modo, vemos que Camacho sigue ampliando este espectáculo cuando quiere cegar a todo el mundo con su señorío con el propósito de poner en desventaja a Basilio frente a todo el pueblo. Esto funciona al mismo tiempo como una propaganda social y política que le permite demostrar su personalidad tan banal a través de tanta suntuosidad. Pero este desfile de poderío se suma a la anterior presentación sobre lo gastronómico y se complementa con la representación teatral previa a la ceremonia.

De la historia sabemos que la ceremonia y la celebración de la boda se lleva a cabo en casa de Camacho. Esto es otra clave para entender las intenciones de Camacho, ya que, aunque los nobles llevaban a cabo las fiestas en sus propiedades, “In towns, the wedding meal, as well as the wedding celebrations in general, also took place in the home of the bride” (Hörandner 256). Esto se suma a la idea de poder y la manipulación ejercida por el novio en su interés de controlar a la gente del pueblo, y en especial a la novia. Entonces vemos que ya Camacho subvierte la tradición y trae la boda a su casa como una forma de imposición para con Quiteria.

Interesante por demás, como parte de la celebración, Don Quijote y Sancho tienen la oportunidad de ver una representación simbólica del amor de Camacho y Quiteria, que funciona como otros géneros y relato intercalado a la historia: “Tras esta entró otra danza de artificio de las que llaman habladas” (Cervantes 702), entiéndase una representación escrita en verso. Esta actuación metaforiza los aparentes valores de la época como el amor, la valentía, el linaje, dádiva, tesoro, posesión pacífica, pero de una forma carnavalizada, ya que el disfraz es parte esencial de la representación. Esta situación que se suma al hartazgo y a lo que Díez Borque comenta que son “abundantes testimonios de la celebración del carnaval en los siglos XVI y XVII” (202).

Así, cuando llega el momento de la actuación vemos que la obra pareciera favorecer, con cierto halo irónico, a Camacho (dado su estatus social) frente a las habilidades de Basilio, como bien comenta Don Quijote: “Yo apostaré [...] que debe ser más amigo de Camacho que de Basilio el tal bachiller o beneficiado, y que debe tener más satírico que de vísperas: ¡Bien ha encajado en la danza las habilidades de Basilio y las riquezas de Camacho” (Cervantes 705).

Interesante por demás, Don Quijote es capaz de percibir la ironía en esa representación, dado que menciona la intención satírica detrás de la obra mientras que Sancho sigue abobado por el exceso de comida, un claro ejemplo del individuo totalmente liado en la festividad y lo gutural: “Sancho es loco, tonto carnavalesco, expresión del espíritu festivo popular” (Urbina 10). Esta cuestión nos lleva a entender por qué Sancho, al igual que muchos otros habitantes de ese pueblo, quieran comer y congraciarse con Camacho, ya que es éste quien le está proveyendo, y se está igualando a él por medio del concepto del carnaval. Entonces todo este proceso teatral, este espectáculo, termina reafirmándose gracias al elemento culinario.

De la misma forma que Sancho ha quedado prendado con la comida, Cervantes lleva ese mismo encanto a la representación teatral, pero refiriéndose a lo material. Consecuentemente, el significado y la presencia de este tipo de actividad permiten acercarnos también a esa experiencia de los personajes dentro de ese momento particular, ya que la fiesta nos sirve para entender las costumbres y realidades de un pueblo. Como nos dice Diez Borque “la riqueza y la pluralidad de espectáculos fueron y son un reto para investigar estas formas privilegiadas del imaginario colectivo en su poliédrica construcción de espectáculo y regocijo compartido” (10). Entonces podemos comprender que esta sociedad se favorece con la fiesta, desde la parte del banquete hasta la ceremonia en sí. Todo esto forma parte de una realidad vivida donde se celebra en demasía con el propósito de contraponer la fiesta con la carencia en la que se vive, mientras que al mismo tiempo se escenifica y critica a esa misma sociedad.

El conflicto entre el amor verdadero y el acomodo social son parte de esa lucha de valores y del conflicto de clases y que se suma al deseo de Camacho de imponerse a Quiteria como podemos comprobar en esta representación menor:

Llegó el Interés con las figuras de su valía, y echándola una gran cadena de oro al cuello, mostraron prenderla, rendirla, cautivarla; lo cual visto por el Amor y sus valedores, hicieron ademán de quitársela; y todas las demostraciones que hacían eran al son de los tamborinos, bailando y danzando concertadamente. (705)

La metáfora de estar atrapada por el amor y el interés resuena nuevamente sobre el tema de lo económico. Más adelante, Sancho habla de la capacidad de poseer materialmente, como resultado de lo que ha visto en esta antesala al matrimonio de Camacho y Quiteria. Este detalle también se suma al hecho de que haya tanta comida, y la preferencia de Sancho para con el novio: “No sé de los que soy - respondió Sancho -; pero bien sé que nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como esta que he sacado de las de Camacho” (705) [...] “Y diciendo esto comenzó de nuevo a dar asalto a su caldero” (705). Sancho está más que convencido.

Ante toda esta situación, aún no se ha efectuado el casamiento, pero sí se ha desarrollado el festejo previamente gracias a la comida y las habladas. Llegado el momento de la boda, se crea otra realidad dual, ya que la intervención y la simulada muerte de Basilio para salirse con la suya y casarse con Quiteria aparece como otra representación dentro de la historia. Esta particularidad sobre el engaño y la boda de Basilio y Quiteria tiene una raíz, ya que como nos explica John Sinnigen: “the occurrence of the ceremony in a teatro implies that the wedding is but one more artificio” (165). De aquí deducimos que todo este episodio es el resultado de una creación burlesca por medio de la cual Cervantes se mofa y critica a la sociedad en la que vive. Es un mise en abyme del espectáculo preparado por Camacho y que ha sido desarticulada gracias a la burla hecha por Basilio.

Cabe la posibilidad de que Camacho estuviera tratando de mantener el espectáculo, ya que su situación económica estaba en descenso, como nos explica María Inés Vigil:

Las dificultades económicas también habían afectado la vida de la nobleza. Muchos ya no conseguían mantener sus propiedades, así como su nivel de vida relacionado con fiestas palaciegas, lujos y diversiones. Las luchas militares también habían disminuido, la sociedad en sí estaba sufriendo grandes modificaciones y el ideal de la caballería ya no encontraba más aplicación. Pero la nobleza no reconocía ni aceptaba esa decadencia ni la posibilidad de perder su estatus y su poder. (2)

Lo que puede ser otra razón por la cual Camacho recurre a tan extensiva fiesta, ya que en realidad sus posesiones podrían estar agotándose, y necesita representarse siempre poderoso frente a los otros nobles y a la sociedad en general.

Más adelante, Don Quijote defiende la unión entre Basilio y Quiteria porque la entiende verdadera. Y pese a que Basilio se vale del mecanismo del engaño y la teatralidad, el detalle está en que Basilio sigue las reglas del juego de Camacho, donde las apariencias lo son todo, y para Basilio, esto se convierte en una fisura por donde se cuela su venganza por haber tratado de quitarle a su amada. Entonces ese “espectáculo de la riqueza” (Vivar 84) es desmantelado frente a todos los participantes ya que Basilio responde “No ‘milagro, milagro’ sino industria, industria” (Cervantes 712), por lo que el Cura y Camacho se dan cuenta de que han sido burlados.

Hasta este momento, Sancho y Don Quijote han sido participantes pasivos y espectadores en medio de toda esta situación. Por eso lo gastronómico y la fiesta son elementos claves y fundamentales para entender el rol de la representación y la puesta en segundo plano de Sancho y Don Quijote, ya que la comida y la celebración pasan a ese primer plano para ser observados y cuestionados, no sólo por los protagonistas, sino también por el lector. Por eso Francisco Vivar explica que “el escenario de las bodas y su función de contemplación es muy importante para comprender por qué la exquisita comida se contempla pero no se come” (89). De este modo, la comida funciona como elemento esencial para reconstruir la escena carnavalesca, a la par de la crítica a las superfluas apariencias.

Sólo cuando se da el enfrentamiento entre los seguidores de Camacho versus los de Basilio es que se lleva la intervención y recuperación de ese plano protagónico de Don Quijote, quien vuelve a asumir su rol como caballero andante. Éste trata de evitar la afrenta y busca un consenso entre los participantes, defendiendo el amor verdadero como la justa razón para toda esta burla. Así, en este episodio, el amor triunfa por encima de lo económico.5

Como resultado de esto, el narrador hace una crítica a los intereses de Camacho de la siguiente manera: “es rico, y podrá comprar su gusto, donde, cuando y como lo quisiese,” (Cervantes 713) aunque nunca el amor de Quiteria. Camacho no acepta quedar como un fracasado, aunque se ha comprobado que sí lo es. De esta forma, las intenciones de Camacho, en relación con lo gastronómico y el espectáculo, son lo que lo llevan a “una astuta retirada estratégica para pretenderse indiferente respecto a su derrota” (Zimic 247). Igualmente, otra consideración para su distanciamiento podría ser la posible esterilidad de Camacho, la cual tratar de compensar por medio de la abundancia de la comida y la extravagancia de la fiesta.

De este modo, cuando nos acercamos al final de este episodio, podemos ver que el mismo se cierra de modo circular, con la fiesta y el banquete que de un principio había atraído a Sancho y a Don Quijote. Cada parte ha quedado satisfecha, pues Basilio y Quiteria pueden celebrar abiertamente su amor, mientras que Camacho “por mostrar que no sentía la burla, ni la estimaba en nada, quiso que las fiestas pasasen adelante como si realmente se desposara” (714). La crítica por medio de lo gastronómico y de la fiesta es porque Camacho desea mantener esa necesidad de hacer creer que allí no había pasado nada y que la fiesta debía de continuar, motivo que lleva a que Basilio y Quiteria se vayan a celebrar a su región, lejos de todo este espacio que ha pasado por la transformación carnavalesca.

Y junto a ellos, le siguen Don Quijote y un muy apenado Sancho, que se despide del festejo:

A sólo Sancho se le oscureció el alma, por verse imposibilitado de aguardar la espléndida comida y fiestas de Camacho […] y triste siguió a su señor […] y así dejó las ollas de Egipto, aunque las llevaba en el alma: cuya ya casi consumida y acabada espuma, que en el caldero llevaba, le representaba la gloria y la abundancia del bien que perdía; y así congojado y pensativo, aunque sin hambre, siguió las huellas de Rocinante. (714)

Nuevamente, destacamos el hecho de que a Sancho no se le permitiera comer, lo que reafirma la falsedad de las apariencias de esa fiesta. A Sancho se le hace difícil alejarse de la comida, pues no puede comprender el valor del verdadero amor sobre lo material, que es lo que ve Don Quijote durante todo este episodio, y que Cervantes trata de criticar con esta historia en referencia a su contorno social.

Por consiguiente, hemos podido ver que los roles de lo gastronómico y el espectáculo en Don Quijote, es un recurso constante y muy acertado para la novela. En este caso, nos ayuda a ir más allá de una descripción de la vida cotidiana, ya que nos sirve como marco diegético entre el episodio de la visita al Castillo del Caballero del Verde Gabán y el descenso de Don Quijote a la Cueva de Montesinos. Este episodio le permite a Don Quijote el prepararse para una nueva empresa y una transformación de su carácter, ya que una vez desciende a la cueva, su rol literario sufre un cambio que predominará el resto de la obra hacia el final.

Al recurrir al uso de la fiesta y de lo gastronómico también nos ha permitido ver cómo Cervantes hábilmente pone en segundo plano a los personajes principales, con el propósito de convertirlos en participantes de la acción, más que ejecutores de la misma, para así crear un cierto paralelismo con el lector. De este modo, pareciera que se crea un plano análogo donde el lector, en conjunto con los personajes, tienen la oportunidad de participar de la acción a la par que esta ocurre. Por eso, podemos disfrutar, o al menos alcanzar a imaginar, la pasión por la comida que se sirve, y por la fiesta que se celebra. Al mismo tiempo, esto nos permite descubrir, comprender y llegar a criticar todo está pasando en el momento, ya que logramos ser partícipes del episodio gracias a estos recursos.

Como hemos podido notar, la conjunción del espectáculo y el elemento de lo culinario nos ha servido también como guía y crítica a los conflictos sociales de la época, pues la representación de la comida como metáfora de las apariencias y la banalidad que trataba de ocultar la clase alta por medio de la fiesta y el control de los alimentos, recibe aquí una crítica burlesca, que contiene en sí misma el deseo de desestimar esta práctica. Cervantes nos muestra la doble faceta de una sociedad que amaba la bulla, aunque se estuviera muriendo hambre, mientras notamos la transformación de los valores como consecuencia de esta ideología equívoca, tan centrada en el materialismo puro.

 

Notas:

[1] Lorenzo Díaz, La cocina del Quijote, Madrid: Alianza Editorial S.A., 1997, 51. Este es uno de muchos ejemplos que Díaz usa como muestra de las proximidades entre lo gastronómico, y en este caso, lo poético, como parte de la creación literaria de la época.

[2] Don Quijote ha aprendido bastante de sus aventuras, y no queda tan prendado del montaje culinario. Sin embargo, es muy sugerente cuando en contraste menciona la posibilidad de lo que pueda hacer el desairado Basilio, ya que previamente se habla sobre la celebración de las exequias de éste, por lo que Cervantes pareciera dejar escapar este pequeño detalle tan importante en el desenlace de las bodas.

[3] Esto puede ser interpretado como una reafirmación de la imposición del discurso falocéntrico de Camacho por medio de lo económico.

[4] Curiosamente, la edición del Quijote en su 4to centenario tiene una nota que reinterpreta esta frase como “Apuesto por el poderoso” (705) lo que reafirma nuevamente el estatuto que Camacho alcanza a los ojos de Sancho por medio del banquete y la fiesta.

[5] Esta crítica a la pérdida de estos valores, contrapuestos con la representación por medio de lo económico, podría acercarse a la personalidad de Cervantes ya que “no se dejaba llevar por la grandeza y los grandes oropeles” (17) Díaz, “La cocina del Barroco”.

 

Trabajos Citados:

Biasin, Gian-Paolo. The Flavors of Modernity: Food and the novel. New Jersey: Princeton University Press, 1993.

Cervantes Saavedra, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Madrid: Real Academia Española, 2004.

Díaz, Lorenzo. La cocina del barroco: la gastronomía del Siglo de Oro en Lope, Cervantes y Quevedo. Madrid: Alianza Editorial, 2003.

---. La cocina del Quijote. Madrid: Alianza Editorial, 2003.

Debord, Guy. La société du spectacle. Paris: Éditions Champ Libre, 1983.

Díez Borque, José María. Los espectáculos del teatro y de la fiesta en el Siglo de Oro español. Madrid: Ediciones del Laberinto, 2002.

Ferrer Valls, Teresa. “La fiesta en el Siglo de Oro: en los márgenes de la ilusión teatral.” Teatro y fiesta del Siglo de Oro en tierras europeas de los Austrias, Madrid, SEACEX, 2003. 27-37.

Fieldhouse, Paul. Food and Nutrition: Customs and Culture. London: Dover, 1986.

Hörander, Edita. “Food and Ambience.” Food and celebration: From fasting to feasting; proceedings of the 13th Conference of the International Commission for Ethnological Food Research. Edited by Patricia Lysaght. Ljubljana: Zalozba ZRC, 2002.

Maravall, José Antonio. La cultura del barroco: Análisis de una estructura histórica. 2da edición. Madrid: Seix Barral,1980.

Sinnigen, John. “Themes and Structures in the ‘Bodas de Camacho’.” Modern Language Notes. 84. 2 (1969): 157-170.

Urbina, Eduardo. El sin par Sancho Panza: parodia y creación. Barcelona: Editorial Anthropos, 1991.

Vigil, María Inés.”El Quijote, el reflejo de una sociedad de apariencias.” Revista de Pesquisa Discente em Español. (2000):1-4 25 Jan. 2005

Vivar, Francisco. “Las bodas de Camacho y la sociedad del espectáculo.” Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America. 22.1 (2002): 83-109 17 Jan.2005.

Zimic, Stanislav. “El ‘engaño a los ojos’ en las bodas de Camacho.” Los cuentos y las novelas del Quijote. Madrid: Iberoamericana, 1998. 227-53.

 

© María I. Ortiz 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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