El caso Savolta de Eduardo Mendoza,
treinta años después

Dr. Eduardo Ruiz Tosaus
Tosaus@hotmail.com


 

   
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Dentro de unos meses se conmemoran los treinta años de la aparición de una de las novelas contemporáneas que más influencia ha ejercido sobre el actual panorama de la novela española. En un año tan especial y quijotesco como éste, nuestra intención es revisar los elementos esenciales que han hecho del Savolta un clásico de la literatura española. Por razones obvias de espacio, sólo nos centraremos en aspectos de interés general sobre el estudio de la novela. Asimismo, adjuntaremos una bibliografía básica de estudio sobre la novela.

En 1975, tres meses antes de la muerte de Franco, apareció en el mercado un libro de un autor novel, titulado La verdad sobre el caso Savolta, que dejó a la mayor parte de los entendidos ligeramente desconcertados. Ese desconcierto, visto desde hoy, parecía anacrónico, pero hace veinte años esta novela aportaba una originalidad, por contraste, que la separaba de lo que en aquel momento se escribía en nuestro país. Era una novela con un cierto sabor clásico, bien construida, con una trama ensamblada sobre un fondo realista descrito con eficacia y que utilizaba determinados recursos de intriga con una pasmosa tranquilidad. Con ella, Eduardo Mendoza consiguió el interés de un público que veía en él lo que otros autores no parecían capaces de ofrecerle: amenidad unida a un buen nivel narrativo. El éxito del libro entre la crítica no se hizo esperar. Podríamos citar aquí las reflexiones de los críticos en los periódicos más prestigiosos, como por ejemplo:

No es demasiado frecuente, ni muchísimo menos, encontrar en un primerizo libro la desenvoltura literaria y la facilidad narrativa de que hace gala su autor (...) Son destacables en la novela las influencias de John dos Passos y Pío Baroja.1

Se trata de una novela considerable, que incorpora un modelo narrativo original, mezcla irónica del viejo folletín y la moderna novela policiaca.2

Estamos ante una obra de registro sumamente original y es el resultado de la combinación de muy diversos factores.3

La lectura de esta primera novela de Eduardo Mendoza me ha producido un entusiasmo que me creo obligado a moderar a la hora de escribir unas líneas sobre ella (...) por la sorpresa sufrida ante la reivindicación sin vacilaciones de la peripecia argumental como elemento esencial de la escritura narrativa.4

Lean "Savolta". Es, por lo menos, la mejor novela de mil novecientos setenta y cinco.5

El asombro con que la crítica recibió primeramente el libro se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en clara admiración, hasta el punto de que es lugar común situarla como punto de inflexión de la nueva novela española tras los años franquistas. En esta primera novela de Mendoza encontramos ya en germen todo el material que luego formará parte de su obra. Desde las tramas folletinescas hasta el tono de farsa, desde individuos obsesionados por el control del poder hasta extraños individuos que por su falta de aspiraciones terminan arrojados por la sociedad a reductos como el terrorismo libertario. Claves como el uso del localismo con funciones cómicas, la utilización de la documentación como fuente no tanto de información sino de fabulación sobreañadida y disparatada o la ciudad entendida como algo más que un lugar, una ciudad sublimada hasta ser transformada en categoría, mundo determinante de los hombres que por ella pasean, que en ella viven.

La historia del libro la ha evocado su amigo Pere Gimferrer6; en julio de 1973 Mendoza confía el manuscrito de su novela al poeta barcelonés (que había conocido en la Facultad de Derecho) y el 21 de julio se extendía un contrato para su publicación. Inicialmente, el libro tenía el título de Los soldados de Cataluña (con ironía contra el Régimen incluida) pero, tras proponerse otros como El superviviente, en homenaje al poema de Auden, la novela acabó por convertirse en La verdad sobre el caso Savolta.7

La verdad sobre el caso Savolta se divide en dos partes de 5 y 10 capítulos respectivamente; a su vez, los capítulos se componen, salvo excepción, de varias secuencias, como luego detallaremos. Así pues, se utilizan tanto las unidades conocidas por la novela tradicional como algunas secuencias propias de la novela actual. Esa combinación de tradición y modernidad se observa también claramente en la estructura interna de la obra; procede, por lo tanto, Mendoza del viejo presupuesto "algo viejo, algo nuevo" como forma de adentrarse con su obra en el panorama narrativo español.

Considerada en su conjunto, la novela recoge una serie de recuerdos del protagonista, surgida con ocasión de un pleito judicial muy posterior a los hechos recordados. Recordemos que esta estructura a Mendoza se la sugirió su trabajo como abogado en el caso de la "Barcelona Traction".8

Sin embargo, las primeras impresiones del lector son de desconcierto, ya que hasta la antepenúltima página no aparecen las razones de ese pleito (el cobro de una póliza de seguros). Si a ello añadimos la presentación sincopada de la historia y los múltiples puntos que permanecen oscuros durante el desarrollo de la acción, la obra se nos plantea como una "novela enigma", cuya estructura se halla claramente emparentada con la novela policiaca.

Todas las técnicas y géneros que se entrecruzan en la novela (historia, crónica, género negro, artículo periodístico, autobiografía, relato picaresco...) constituyen una manera de cuestionar la historia y de ofrecerla desde puntos de vista múltiples. "La verdad" del caso Savolta surge de confrontar todas las técnicas incorporadas, a pesar de que incluso todas se nieguen entre sí. Existe y no existe un discurso definitivo pero de la confrontación de todos ellos surge la verdad del caso: la novela. Probablemente la visión que el lector seleccione será siempre la correcta... Si bien inicialmente Mendoza escoge estos referentes históricos con una finalidad estética, después se da un acercamiento al hecho histórico desde un cuestionamiento, desde una contestación a la versión tradicional, de ahí las múltiples transgresiones históricas que pueblan sus novelas: leyendas que se asumen como realidad, personajes ubicados fuera de su correcta localización espacio-temporal, personajes históricos protagonistas de relatos de ficción, etc. Este cuestionamiento en su obra quiere demostrar cómo el lenguaje o la propia literatura se muestran incapaces de explicar la realidad. La narrativa se convierte así en juego, parodia, falsificación, donde toda distinción entre lo real y lo imaginario, entre lo consciente y lo subconsciente, entre el pasado y el presente, entre la verdad y lo no verdadero, será abolida.

El lector de La verdad sobre el caso Savolta intuía que existía una secreta concordancia entre 1917 y 1975, intuía que los dramáticos acontecimientos que el país estaba viviendo en 1975 tenían un reflejo o, si se prefiere, una lejana resonancia con lo que aconteció en España en 1917, y la España de 1917 actuaba como espejo (¿cóncavo?) de la España de 1975.

Mendoza entonces rescata el pasado para proporcionarnos las claves de nuestro propio presente. El lector intuía que aquellos apasionantes sucesos, que aquella complicada intriga que Mendoza situaba en 1917, estaban dando, de alguna manera, la clave de lo que estaba ocurriendo en España en aquellos azarosos días de 1975: un estado en descomposición -asesinato de Carrero Blanco (20 de diciembre de 1973), instauración de la democracia, resurgimiento de las centrales sindicales (1975) -como el que sufría el país en 1917, represión social simbolizada contra sindicalistas comunistas como Salvador Puig Antich9, últimas penas de muerte...

Y, por encima de todo, el anarquismo, que es el gran protagonista de la novela de Mendoza. No hay mejor estudio de este fenómeno en España que la "novelización" del año 1917 (en 1917 la CNT contaba con 700.000 afiliados, 100.000 de ellos en Barcelona). En nuestra novela, Domingo Pajarito de Soto empujará a los obreros a acciones reivindicativas en la empresa de armamento Savolta, violencia contrarrestada por matones y pistoleros a sueldo, entrando todos en una espiral de violencia que planea de fondo en la novela. Quizás no es casualidad que este clima de crispación coincida con la vivida en torno al año 1975 en España: los atentados de ETA a partir del asesinato de Carrero Blanco (a pesar de que ya el 7 de junio de 1968 dos miembros de la banda tienen un enfrentamiento con la guardia civil de Villabona en el que resulta muerto el guardia José Pardines Azcay), la creación del FRAP, las bandas anarquistas que resurgen en Barcelona (Salvador Puig Antich). Esta violencia lleva a Mendoza a plantearse gran parte del tema central de su novela: la búsqueda de las razones por las cuales la libertad en España acarrea inexorablemente la violencia.

Podríamos establecer un cierto paralelismo entre los acontecimientos narrados por Mendoza y situados en los años 1917-1919, y los que por los años 70 se vivían en España. Algunos acontecimientos nos lo recuerdan vivamente:

-Atentado de ETA el 2 de agosto de 1968 que mata a tiros a Melitón Manzanas, jefe de la policía política de San Sebastián.

-Huelgas de la construcción en Granada y del metro en Madrid. El 21 de julio de 1970 la policía abrió fuego sobre 2.000 obreros de la construcción en Granada, matando a tres e hiriendo a seis.

-El 1 de diciembre de 1970 un comando de ETA secuestra a Eugen Beihl, cónsul de Alemania Federal en San Sebastián, y anunció que su muerte dependería de la suerte de los seis etarras sobre los que pendían sentencias de muerte en el proceso de Burgos.

-Proceso de Burgos: consejo de guerra contra 16 etarras iniciado el 3 de diciembre de 1970. 9 de ellos son condenados a muerte pero el general Franco conmutó las penas de muerte por las de reclusión mayor.

-Huelgas de los obreros de la construcción en la factoría Seat de Barcelona, 1971.

-Durante una manifestación, el 1 de mayo de 1972, un inspector de la policía secreta, Juan Antonio Fernández Gutiérrez, es muerto a puñaladas por un miembro del ultraizquierdista FRAP.

-Secuestro en enero de 1973 del industrial Félix Huarte.

-Atentado contra el almirante carrero Blanco, vicepresidente del Gobierno el 20 de diciembre de 1973.

-Atentado en la cafetería Rolando de la calle del Correo de Madrid, en el que murieron 13 personas y otras 72 resultaron heridas, 13 de septiembre de 1974.

-Campañas de terrorismo cultural contra obreros, sacerdotes e intelectuales por parte de los llamados guerrilleros de Cristo Rey.

-Ejecución de cinco militantes de ETA y del FRAP el 27 de septiembre de 1974. Trece países retiraron a sus embajadores de España.

En nuestra novela el ejemplo es clarísimo; los remedios propuestos para acabar con el terrorismo proletario agravaron el mal, en lugar de remediarlo. A un tipo de terrorismo se le quiso oponer otro. Bandas, en el lado opuesto, como las del barón de Koenig dejaron en el país el mal precedente de sus actuaciones que introdujeron en Barcelona el veneno del "terrorismo social", irracional y destructivo como, posteriormente, se reconocería por los líderes más sensatos de derechas e izquierdas.

León Ignacio10 ejemplificaba así la barbarie común:

(...) mataron en el Paralelo al albañil Joaquín Arnal por trabajar sin haberse sindicado. Llevaba tan sólo una semana en Barcelona y nadie le advirtió que debía hacerlo. Constituye un indicio de cómo andaban los ánimos.

El sindicalista Ángel Pestaña, años más tarde y fríamente, llegó a afirmar que si bien el terrorismo ayudó "a vencer la resistencia tenaz que el mejoramiento de la situación económica del obrero oponía sistemáticamente la burguesía"..., "a ese resultado se hubiese llegado lo mismo sin el terror, con la existencia de una poderosa organización sindical". El sindicalista lo resumía así:

Lo primero y más principal fue que la organización perdió el control de sí misma, que no pudo orientar sus actividades hacia donde debió orientarlas. Después perdió su crédito moral ante la opinión. La CNT llegó a caer tan bajo en el crédito público, que decirse sindicalista era sinónimo, y es hoy aún, desgraciadamente, de pistolero, de malhechor, de forajido, de delincuente ya habitual. (...) Para cultura no había pesetas, pero las había para comprar pistolas. (Trayectoria sindicalista, Madrid, Ed. Tebas 1974)

El anarquismo no salió airoso de esta situación. Si años más tarde, en 1923, todo un país aceptó, como señala Vicens Vives11, un golpe de Estado militar para acabar con el delirio terrorista, esto nos confirma que el sindicalismo se autoincapacitó para llevar a cabo sus propósitos.

Pero el concepto de anarquía que denuncia Mendoza (como el de Baroja) es esencialmente una sensación íntima de desamparo, de desarraigo que experimenta todo individuo ante la carencia de cualquier sistema de valores. No resulta, por lo tanto, casual la conexión que podamos establecer entre algunas novelas del escritor vasco y La verdad sobre el caso Savolta o La ciudad de los prodigios; en su trilogía "La lucha por la vida" de 1904 (La busca, Mala Hierba, Aurora roja) presenta a su personaje central, Manuel, a lo largo de tres etapas de su vida: presenta al adolescente, aún sin clara conciencia de lo que desea, buscándose a sí mismo y pasivamente dejándose conducir por las gentes de su entorno. La trilogía se presenta como un retablo de la vida infrahumana de una parte de la sociedad madrileña de principios de siglo en una especie de "clamor bronco e indignado, que sin concesiones embiste contra un sistema que permite las injusticias, la corrupción y la degradación del hombre en la miseria"12. Como en la novela de Mendoza con el personaje de Miranda, el hilo conductor que utiliza Baroja para moverse entre esa amalgama de tipos humanos y escenarios es el aprendizaje de Manuel desde que llega a Madrid.13

n Aurora roja, Manuel, guiado por la vigorosa voluntad de su novia Salvadora, se ha convertido en un obrero serio y ordenado, lo que no impide que le atraiga el ideal anarquista de Juan; se refleja así el pensamiento oscilante de Manuel entre la aceptación del orden social establecido y las aspiraciones por un mundo mejor que encarnan los anarquistas. La figura de Juan y sus inquietudes sociales permite plantear la polémica entre marxistas y anarquistas o entre anarquistas violentos y anarquistas idealistas. Frente al Libertario, uno de los componentes del grupo anarquista "Aurora roja", que representa la tendencia filosófica y crítica del movimiento, Juan, sensible e idealista, encarna el lado humanitario del movimiento. Juan enferma y muere feliz con su utopía revolucionaria, después de haber conspirado inútilmente para atentar contra Alfonso XIII el día de su coronación. Sin embargo, el concepto de anarquía que sustenta Baroja y lo une con las tesis de Mendoza es el mismo: el anarquismo no es el paradigma de lo inútil o lo inviable, sino la concepción de que lo más valioso no es el éxito y la estabilidad dentro del orden social, sino la libertad de espíritu que aspira al bien aun en contra de la sociedad. Por eso Manuel, el buen burgués, ante la muerte de Juan, se percata de la belleza de su sueño, a pesar del fracaso, y de la miseria de una vida que él no se siente capaz de transformar.

Es notable que, a diferencia de Baroja, Mendoza se está dirigiendo a un lector que sabe lo que los militantes anarquistas ignoraban -y que desconocían asimismo los autores de la numerosa literatura anarquista, ficcional o no-: que el sueño anarquista de la emancipación de las masas nunca se cumpliría, o al menos no en la forma que sus adeptos esperaban. Las revoluciones obreras simplemente no surgieron o se produjeron sin éxito en las sociedades avanzadas y el desarrollo capitalista occidental trajo paradójicamente la integración mayoritaria de la clase obrera en el sistema.

La sensación de que la acción de cada individuo está desligada a todo móvil social, obedece al capricho individual más que a ningún tipo de interés o conveniencia social. En semejante medio social, el individuo no obedece a pautas de conductas marcadas por la sociedad, dirigidas desde el Estado, sino que, en el profundo desarraigo en el que vive, concibe su vida como producto exclusivo de la fortuna y el azar. La anarquía se convierte así en la expresión misma de una forma de ser hispánica, como manifestación de la personalidad del hombre español. La anarquía, como esencia hispánica es, pues, utopía, lacra social, delincuencia y condicionamiento social.

A las dos posiciones tradicionales frente al anarquismo, o sea empatía y apología versus rechazo y demonización, la revisión ideológica efectuada por Mendoza presenta una postura nueva, si bien teñida de un cierto determinismo: el final del anarquismo en Barcelona no pudo ser diferente de como fue porque las clases en conflicto eran como eran: egoístas, crueles y sin visión de futuro. Mendoza explica este fenómeno de mutua destrucción arguyendo que la clase mayoritariamente responsable, la burguesía catalana, al surgir tan de improviso, nunca tuvo tiempo de "sedimentarse como clase, de madurar como entidad económica. Ahora estaba a punto de agotarse antes de haber echado raíces en la Historia, sin haber modificado la Historia".14

Por otra parte, Mendoza recuerda que ambos grupos profesaban la creencia de que el fin justifica los medios, lo cual les llevó a adoptar, en muchos casos, una serie de tácticas moralmente reprobables. Chantaje, intimidación y asesinato, eran igualmente practicados por oprimidos y opresores. Más aún, la inclusión del dictador Primo de Rivera en estas novelas es un recordatorio implícito de que, mientras la vida social gravite hacia una lucha continua entre grupos antagónicos, persistirá el impulso de una situación autoritaria destinada a "imponer el orden". Los textos parecen confirmar la tesis conocida: reacción y revolución, he ahí los desastrosos e inamovibles parámetros de nuestro país. El individuo a la deriva, el individuo en permanente estado de flotación es una de las propuestas que hace Mendoza en sus novelas.

La verdad sobre el caso Savolta expone la confabulación entre los órganos represivos del estado y el gran capital; la corrupción en la alta burguesía financiera catalana y su afinidad con el gobierno central de Madrid, de política claramente lesiva a los intereses de Cataluña o la brutal explotación del obrero. Pero en la dinámica de la lucha de clases, la clase dominante se acaba imponiendo y el gigantesco mecanismo sigue su rumbo.

No hay mejor resumen de la interpretación de la novela que el propio comentario de Javier Miranda, su protagonista y, a la vez, cronista de la realidad que le ha tocado vivir:

Mi estancia en el balneario había sido un interludio; ahora, de nuevo en Barcelona, la tragedia se reanudaba con la misma violencia y el mismo odio, sin alegría y sin objetivo. Tras años y años de lucha constante y cruel, todos los combatientes (obreros y patronos, políticos, terroristas y conspiradores) habían perdido el sentido de la proporción, olvidado los motivos y renunciado a los logros. Más unidos por el antagonismo y la angustia que separados por las diferencias ideológicas, los españoles descendíamos en confusa turbamulta una escala de Jacob invertida, cuyos peldaños eran venganzas de venganzas y su trama un ovillo confuso de alianzas, denuncias, represalias y traiciones que conducían al infierno de la intransigencia fundada en el miedo y el crimen engendrado por la desesperación. (pág. 295)

 

NOTAS

1. Francesc Rodón, "Recreación de la historia. La verdad sobre el caso Savolta " en El Correo Catalán , jueves 1 de mayo de 1975, pág. 29.

2. Ángel Marsá, "El caso Savolta, de nuevo", El Correo Catalán , jueves, 15 de mayo de 1975, pág. 13.

3. J.L. Giménez Frontín, "El caso de El caso Savolta " en Tele-Express, miércoles 21 de mayo de 1975, p. 16.

4. Martín Vilumara, Triunfo 666, 5 de julio de 1975.

5. Rosa M. Pereda en Informaciones de las artes y las letras , 28 de agosto de 1975.

6. Gimferrer, Pere (1990): "Imágenes de Eduardo Mendoza", El País , domingo 29 de julio, págs. 11 y 12.

7. Giménez-Micó (Tesis doctoral, 1994) observa el paralelismo entre este título y el del cuento de Edgar Allan Poe La verdad sobre el caso del señor Valdemar.

8. Con la introducción de la industria eléctrica en España, se funda en Toronto (1911) el grupo "Barcelona Traction, Light and Power Company Limited" con la finalidad de explotar los saltos de agua del Pirineo catalán. Promovido por Pearson, se elaboró un proyecto de electrificación de la industria catalana y barcelonesa para aprovechar los recursos hidraúlicos del Ebro y sus afluyentes, especialmente el Noguera Pallaresa con centrales en Cabdella, Serós, Tremp-Talarn, Camarasa, La Pobla de Segur... Esta compañía hidroeléctrica, más conocida como "La Canadiense", sufrió a lo largo de la historia, diversas huelgas y expropiaciones que Mendoza recoge de alguna manera en La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios. En febrero de 1919, tras la reducción del salario de sus obreros, se niega a negociar el despido de los trabajadores, que se declaran en huelga días después sumiendo a la ciudad de Barcelona en un caos absoluto. Años después, en 1970, la empresa es expropiada por el gobierno español que gana el litigio contra el gobierno belga ante el Tribunal de La Haya. Eduardo Mendoza, ejerciendo de abogado por aquellos años, será uno de los letrados encargados de investigar el caso. La investigación de este hecho será la fuente inmediata de La verdad y La ciudad.

”Mi función allí era entrar en los archivos de las empresas, ir leyendo documentación e ir ordenando un poquito el material. Así tuve acceso a mucha documentación, aunque no excesivamente reveladora. Nunca descubrí esta conspiración que todos buscamos, pero sí un aspecto muy interesante: la forma de ir relatando un suceso a base de mínimos detalles marginales". en Ajoblanco , noviembre 1986, pág.55)

9. Salvador Puig Antich fue ejecutado por el régimen franquista el 2 de marzo de 1974. Formaba parte de un heterodoxo grupo anarquista, el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), que se declaraba partidario de la agitación armada como apoyo a la lucha de clases. En el verano de 1973, el grupo se disolvió, pero la policía siguió tras los pasos de sus miembros y el 25 de septiembre de ese mismo año preparó una emboscada a Puig Antich frente al número 70 de la calle Gerona de Barcelona. Hubo un forcejeo y un tiroteo. Murió el subinspector Francisco Anguas Barragán. Meses después, Puig Antich era juzgado en consejo de guerra y condenado a muerte por un tribunal militar. A pesar de que hubo múltiples peticiones de indulto a Franco y movilizaciones en las calles de muchas capitales europeas, el dictador denegó la clemencia. El joven fue ejecutado por el verdugo de Badajoz, mediante el sistema del garrote vil.

10. Ignacio, León (1981): Los años del pistolerismo, Barcelona, Ed. Planeta.

11. Vicens Vives, Jaume (1978): "El moviment obrerista català (1901-1939)", Barcelona, Recerques , Curial, nº 7, pág. 22.

12. Embeita, María (1979): "La lucha por la vida" en Actas del I Congreso internacional sobre la picaresca, Madrid, Fundación Universitaria Española, pág. 878.

13. La preocupación por el anarquismo en la literatura española es muy amplia y diversa; en Los cripreses creen en Dios (1952) de José María Gironella se pretende dar una visión más equilibrada es busca de una reconciliación entre burgueses y anarquistas; en la tetralogía de Ignacio Agustí, La ceniza fue árbol, se ofrece la versión totalmente parcial de una burguesía barcelonesa bienechora y azotada por el ciego terrorismo anarquista.

14. La ciudad de los prodigios, pág. 245.

 

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© Dr. Eduardo Ruiz Tosaus 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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