Tres avatares de Sherlock Holmes

Fernando Sorrentino
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1. El olvidadizo sir Arthur Conan Doyle

A pesar de que su obra es bastante extensa y se ramifica en distintas modalidades, Arthur Conan Doyle (1859-1930) es recordado sobre todo como creador de los relatos policiales que tienen por protagonista a Sherlock Holmes. Y, en verdad, en estas narraciones no hay ningún elemento superior a la atrayente personalidad del detective.

Por una simple cuestión de economía literaria, en la primera de esas historias, A Study in Scarlet (1887), el narrador -el doctor John Watson- utiliza los dos capítulos iniciales para que el lector conozca cómo era Holmes (la trama policial propiamente dicha sólo comienza en el capítulo tercero).

En el segundo, titulado «The Science of Deduction», confecciona una lista de doce puntos sobre las capacidades y carencias del detective. En los puntos 1 y 2 el doctor Watson nos informa que Holmes posee nulos conocimientos de literatura y de filosofía:

1. Knowledge of Literature. - Nil.

2. Philosophy. - Nil.

3. Astronomy. - Nil.

(Etcétera.)

Sin embargo, y a pesar de sus nulos conocimientos, no mucho después de iniciado el capítulo sexto («Tobias Gregson shows what he can do»), Holmes se luce con una cita literaria en francés:

“Oh, bless you, it doesn't matter in the least. If the man is caught, it will be on account of their exertions; if he escapes, it will be in spite of their exertions. It's heads I win and tails you lose. Whatever they do, they will have followers. Un sot trouve toujours un plus sot qui l'admire”.

-¡Ah, no sea ingenuo, eso no influye en lo más mínimo! Si el asesino es aprehendido, será gracias a sus esfuerzos [es decir, a los de Lestrade y Gregson]; si escapa, será a pesar de sus esfuerzos. Es algo así como: cruz, gano; cara, pierdes. Hagan lo que hagan, siempre tendrán admiradores. Un sot trouve toujours un plus sot qui l'admire.

(Traducción de Luz María T. de Ojeda, Lo mejor de Sherlock Holmes, México, Diana, 1953.)

Tres años más tarde, Arthur Conan Doyle publica la segunda novela de la serie, The Sign of Four (1890). Y, una vez más, también en el capítulo VI («Sherlock Holmes gives a demonstration»), el autor olvida lo que había asentado en el capítulo II de su primera narración.

Cerca del final de este capítulo VI encontramos otra cita literaria en francés:

“He can find something," remarked Holmes, shrugging his shoulders. "He has occasional glimmerings of reason. Il n'y a pas des sots si incommodes que ceux qui ont de l'esprit!

-Puede descubrir algo -comentó Holmes irónicamente, encogiéndose de hombros-. Tiene chispazos ocasionales. Il n'y a pas des sots si incommodes que ceux qui ont de l'esprit!

(Traducción ibídem.)

Da fin al capítulo este párrafo mordaz con cita literaria en alemán:

“And I," said Holmes, "shall see what I can learn from Mrs. Bernstone, and from the Indian servant, who, Mr. Thaddeus tell me, sleeps in the next garret. Then I shall study the great Jones's methods and listen to his not too delicate sarcasms. Wir sind gewohnt[,] das [sic] die Menschen verhoehnen was sie nicht verstehen. Goethe is always pithy."

-Y yo veré qué puedo averiguar de la señora Bernstone y del criado indio. Este último, según me dijo el señor Thaddeus, duerme en la buhardilla contigua. Después estudiaré los métodos del gran Jones y escucharé sus nada delicados sarcasmos. Goethe siempre tiene razón: Wird [sic] sin [sic] gewohnt[,] dass die Menschen verhohnen [sic] was sie nicht verstehen.

(Traducción ibídem.)

Es muy factible que, según avanza la serie (como se sabe, prolongada hasta 1927), este tipo de citas literarias vuelva a aparecer. Yo no podría asegurarlo porque, en realidad, a pesar de que los relatos sobre Sherlock Holmes conforman un número considerable, yo -hace muchísimos años- no leí más que siete u ocho (aunque simpáticos, terminaron por cansarme).

Sea como fuere, en los casos citados Arthur Conan Doyle cometió un pecado de lesa novelística: la inconsecuencia narrativa, donde los hechos posteriores contradicen las informaciones previas.

 

2. El desdeñoso sir Arthur Conan Doyle

En el apartado anterior reproduje tres citas literarias (dos en francés y una en alemán) que aparecen en A Study in Scarlet (a) y en The Sign of Four (b y c):

a)

“Oh, bless you, it doesn't matter in the least. If the man is caught, it will be on account of their exertions; if he escapes, it will be in spite of their exertions. It's heads I win and tails you lose. Whatever they do, they will have followers. Un sot trouve toujours un plus sot qui l'admire”.

b)

“He can find something," remarked Holmes, shrugging his shoulders. "He has occasional glimmerings of reason. Il n'y a pas des sots si incommodes que ceux qui ont de l'esprit!

c)

“And I," said Holmes, "shall see what I can learn from Mrs. Bernstone, and from the Indian servant, who, Mr. Thaddeus tell me, sleeps in the next garret. Then I shall study the great Jones's methods and listen to his not too delicate sarcasms. Wir sind gewohnt[,] das [sic] die Menschen verhoehnen was sie nicht verstehen. Goethe is always pithy."

El autor sólo nos dice que la cita en alemán pertenece a Goethe; en cuanto a las citas en francés, no nos proporciona información ninguna.

Hechas las averiguaciones del caso, resulta lo siguiente:

a)

El canto I de L'Art poétique, de Nicolas Boileau Despréaux (1636-1711), termina con estos dos versos: Et, pour finir enfin par un trait de satire, / Un sot trouve toujours un plus sot qui l'admire.

b)

Il n'y a pas des sots si incommodes que ceux qui ont de l'esprit es la número 451 de las Maximes de François de La Rochefoucauld (1613-1680). Así lo cita sir Arthur, pero la frase original presenta una ligerísima variante (point por pas): Il n'y a point de sots si incommodes que ceux qui ont de l'esprit.

c)

La cita de Goethe (1749-1832) ocupa dos versos (1205-1206) y es exactamente así: Wir sind gewohnt, daß die Menschen verhöhnen, / Was sie nicht verstehn. Pertenece a la escena III («Studierzimmer») del acto único de la primera parte del Faust.

Es fácil observar que los tres ejemplos aportados expresan ideas de profundo desdén contra la tontería humana:

a)

Un tonto siempre encuentra uno más tonto que lo admira (Boileau Despréaux; versión española citada, nota de pie de página 60).

b)

No hay nada tan molesto como un tonto que se permite opinar (La Rochefoucauld; versión española citada, nota de pie de página 174). En este caso, me permito disentir de la traductora y propongo No hay nada tan irritante como un tonto ingenioso.

c)

Estamos acostumbrados a que los hombres se burlen de lo que no entienden (Goethe; versión española citada, nota de pie de página 176). Don Rafael Cansinos Assens (Madrid, Aguilar, 1944) aderezó la sintaxis con una pequeña dosis de laberinto: Hechos estamos a que los hombres hagan befa de aquello que no entienden.

Ahora bien, una especie de demonio interior me impulsa a dudar de que el doctor en medicina Arthur Conan Doyle haya leído en francés L’Art poétique de Boileau y las Maximes de La Rochefoucauld, ni en alemán el Faust de Goethe. Me inclino a creer que habrá copiado las citas de alguna recopilación de Quotations (sabiduría en pizquitas, afán epigramático) a que son tan afectos los pueblos anglosajones.

Además, es probable que haya utilizado a Sherlock Holmes como vocero de sus propias opiniones, pues, al fin y al cabo, un personaje, cuando exitoso, constituye una proyección narcisista de su creador.

 

3. El parodiado sir Arthur Conan Doyle

En 1958, cursando el tercer año del bachillerato, vi escrito por primera vez en mi vida un término que, andando el tiempo, no vería muchas veces más y que, según creo, jamás oí pronunciar a ninguna persona relativamente sensata de este mundo: el adjetivo egregio. Estaba aplicado a sir Arthur Conan Doyle (el egregio novelista) y se hallaba en un curioso libro, escrito por un sacerdote católico mexicano, en donde, insertados en una narración de tipo pastiche, aparecían Sherlock Holmes, Watson y el mismísimo sir Arthur; no puedo recordar ni el título del libro ni el nombre del autor ni ninguna otra cosa de la trama, pero sí el propósito que animaba al buen clérigo: demostrar el error en que había incurrido el egregio novelista al dedicarse a las prácticas del espiritismo.

Menos moralizador que el mexicano, un mero propósito humorístico condujo al argentino Conrado Nalé Roxlo (1898-1971) a escribir la parodia titulada «Los crímenes de Londres». Es una de las treinta y tres «A la manera de…» que conforman la inteligentísima Apología apócrifa (1944); a la pluma de «don Miguel de Unamuno» se debe el prólogo que la encabeza.

(Nunca conocí a don Conrado. Su obra me resulta en extremo simpática y extendí esa simpatía a su personalidad. Sin embargo, diversas personas de más edad que lo habían conocido me informaron que, a pesar de la comicidad de sus páginas, Nalé era una persona descontentadiza y cascarrabias. Paradojas del humorista.)

Lamento que el espacio disponible no me permita reproducir íntegra la parodia sobre Sherlock Holmes (que es una maravilla de ingenio y finura). El detective, desde su ventana, ve un individuo de impermeable amarillo que le resulta sospechoso: en efecto, el hombre entró primero en el portal de la casa de Holmes, salió, entró en el portal de una casa de enfrente, salió y dobló la esquina. En consecuencia, Holmes se lanza a la calle, en su persecución, y Watson queda solo:

Una hora después estaba ante mí, pero tan cubierto de barro, que tardé mucho en reconocerlo. Se cambió de ropa, sin decir palabra, luego tomó su violín y ejecutó una tarantela, señal de que estaba muy preocupado. Yo guardaba un respetuoso silencio. Por fin dejó el instrumento en el paragüero y me dijo:

-Watson, ese hombre se me ha escapado.

-Lo sospechaba.

-Veo con placer, Watson, que su inteligencia se despierta.

Aquellas palabras en su boca me llenaron de satisfacción, pues era siempre muy parco en los elogios. Animado por su aprobación me atreví a preguntarle:

-¿El barro de que venía cubierto…?

-Es el barro de Londres. Alguien puso en mi camino esto, resbalé y caí. ¿Sabe lo que es esto, Watson?

-Una cáscara de banana.

-Efectivamente. Ahora siga usted mi razonamiento. En la casa de enfrente, a la que penetró como a la nuestra el siniestro personaje del impermeable amarillo, vive lord Brandy, cuyo padre fue casado en primeras nupcias con Manolita Gutiérrez, noble dama española, cuyo abuelo vivió largos años en la isla de Cuba. Ahora bien; la banana es una fruta que abunda en la isla de Cuba. ¿Ve usted la relación que existe entre los dos hechos?

Estamos en el reino del absurdo, y el humor surge del contraste entre la seriedad argumentativa de Sherlock Holmes y el razonamiento disparatado que expone. Por otra parte, cuando se descifra el enigma, resulta ser que el siniestro personaje del impermeable amarillo no es otro que el lechero del barrio en momentos de realizar su tarea.

 

© Fernando Sorrentino 2005
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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