El Quijote, la idea del héroe
y la reflexión ética de nuestros días

Inger Enkvist

Departamento de Lenguas Románicas
Universidad de Lund, Suecia


 

   
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Nuestra modernidad nace bajo el signo de un héroe delirante y ridiculizado -Don Quijote- y va acumulando sarcasmos y recelos sobre el heroísmo hasta que poco a poco sólo queda la convicción de su fracaso inevitable [1]

Los héroes triunfantes -que siguen existiendo, naturalmente, porque son imprescindibles para que la fe en la vida no decaiga- pertenecen a las manifestaciones culturalmente menos refinadas (novela popular, cine de serie, canción ligera, deporte, televisión…); para círculos más exigentes, el único héroe tolerable es el héroe vencido, abandonado, aquel en que se revela la imposibilidad de la virtud y no su triunfo. [2]

Don Quijote escapa de casa. Sale a los caminos sin prever nada. No trae dinero para pagar la venta y no ha llenado las alforjas de víveres. El yelmo es tan malo que decide no someterlo a pruebas porque sabe que no resiste al más mínimo golpe. Físicamente le va bien el sobrenombre del ”caballero de la triste figura”. En el primer tomo, las intervenciones de don Quijote son negativas: destruye molinos de vientos, causa estropicios en la venta, roba una bacía y una mula a un barbero y es la causa de que el amo de Andrés golpee a éste dos veces. En el segundo tomo, no sólo no es heroico sino es el hazmerreír de los duques y de sus criados. Su desconocimiento de la realidad es tan grande que no se da cuenta ni siquiera de unos engaños muy burdos.

Don Quijote no actúa según un plan - pero sí según una intención. Esta intención se podría llamar ideológica, aunque no es una ideología como las que hemos conocido en el siglo XX. Antepone su ideología al mundo, lo cual le lleva a desdeñar la realidad. No estudia la realidad y tampoco aprende de ella. Don Quijote vive divorciado de la realidad y esto queda patente cuando, en el segundo tomo, se presentan problemas sociales de verdad como el bandolerismo y la piratería. En estos casos, don Quijote no tiene nada que decir y nadie cuenta con él para nada.

Hay que dejar muy clara la diferencia entre Cervantes como persona y autor y su personaje don Quijote. Cervantes conocía a fondo la sociedad de su época. Para mencionar lo que todos sabemos, había sido soldado, había viajado a Italia y había luchado con la armada en Lepanto, situado entre lo que es ahora Grecia y Turquía. Había vivido unos cinco años en Argel como prisionero. De España conocía Castilla, Andalucía, Cataluña y las costas mediterráneas en general. Pocas personas han tenido unas experiencias personales tan variadas como él: primero soldado y herido; durante los cinco años en Argel, líder de unos tres mil prisioneros; de vuelta a España, comerciante y recaudador de impuestos; y finalmente como escritor había tenido contactos tanto con el mundo de la nobleza como con el mundo del teatro. En cuanto a la variación y la intensidad de las experiencias sociales, pocos le ganan a Cervantes. Larroque (2001) subraya que para el que conozca la época de Cervantes, sus libros están llenos de alusiones concretas a los temas del día. Combinado todo esto con la comprensión profunda por todo lo humano y su amor por la naturaleza, el arte y la música estamos frente a una personalidad excepcional desde todos los puntos de vista. Cervantes sabía mucho de la condición humana, de triunfos y de fracasos, de la buena suerte y la mala, del heroísmo y de la cobardía. Sin embargo, su personaje más famoso no es un héroe de aventuras ni un humanista sino un loco simpático.

En La tarea del héroe de 1981, Savater señala a don Quijote como uno de los primeros antihéroes de la literatura occidental. En las novelas de nuestros días, muchos protagonistas no quieren realizar ningún acto brillante aunque tienen la posibilidad. Otros intentan un acto espectacular pero fracasan. El héroe actual es el antihéroe, el débil, el que despierta nuestra compasión. En vez de admirar al héroe, le tenemos lástima. Se habla de la dignidad del fracaso. Esto forma un contraste con el verdadero héroe, alguien que puede y quiere realizar actos extraordinarios. Quizá ”poder” se podría precisar como saber mas poder. Don Quijote no sabe lo suficiente: no entiende cómo funciona la sociedad, no se toma la molestia de averiguarlo. No puede realizar los gestos grandiosos con los que sueña porque es físicamente débil y no tiene los ayudantes ni los medios técnicos que hubieran podido compensar su falta de prestancia física. Lo que tiene es la voluntad de realizar hazañas.

El Quijote trata de la relación entre la literatura y la realidad y, a la vez, de la relación entre el individuo y la realidad. Don Quijote no basa sus acciones en la realidad y no logra su propósito, pero muchos jóvenes lectores de hoy le perdonan su falta de logros porque tiene buenos propósitos. En cada curso de literatura del Siglo de Oro, mis estudiantes alaban la bondad de don Quijote sin apenas mencionar su locura. Suelen basar su juicio en una comprensión parcial no sólo de la obra de Cervantes sino también de la relación entre el individuo y la sociedad. Por todo esto, el personaje de don Quijote y su recepción es un tema que se presta bien para discutir de las corrientes de pensamiento de nuestros días. La interpretación del personaje como un luchador por ideales utópicos en un mundo degradado tiende a enfocar el altruismo teórico del personaje y subvalorar la inadecuación social de sus actos. ¿Por qué estos jóvenes de una sociedad de bienestar de signo postmoderno no quieren ver la locura sino sólo la bondad? ¿Tenemos una concepción romántica del héroe? El presente trabajo tiene el propósito de explorar la resistencia actual a ver la locura de don Quijote.

 

Locura

Los pensadores como Adam (2004) y Couvreur (2004) que se han interesado por la inteligencia y sus diferentes antónimos señalan que el niño que no tiene información sobre el mundo no es tonto sino todavía ininteligente. Lo tonto es cerrarse a la realidad y no hacer el esfuerzo de conseguir las informaciones necesarias para entenderla. Lo tonto es no ver más allá de lo obvio, de las cosas en su materialidad. La actuación inteligente es adaptar su comportamiento a la realidad y ver siempre más allá de lo inmediato. La actuación no inteligente es una cerrazón a la realidad por pereza o por el convencimiento de estar ya en posesión de la verdad. La otra vertiente de la actuación no inteligente es lo precipitado, el acto no premeditado, el dejarse llevar por sus pasiones. El que sigue sus impulsos se basa en sus pasiones y no en la realidad, es decir, se rige por ideas falsas [3]. Según esta definición, no hay ninguna diferencia entre la locura de don Quijote y la tontería descrita por estos pensadores.

Don Quijote cree en lo maravilloso, algo que sólo existe en palabras. Su locura es estrictamente literaria. Además, es una visión del mundo en blanco y negro, un maniqueísmo. Don Quijote es fanático dentro de su ideología, un ”egoísta lógico”, pero no un “egoísta moral”, porque su visión del mundo y su actuación son desinteresadas [4]. La locura podría ser para Cervantes la falta de autocontrol o la incapacidad de relacionarse razonablemente con el entorno social, algo que constituye un peligro para el individuo y la sociedad [5]. Cervantes sabía cómo era el entorno social y lo saben la mayoría de los personajes del Quijote. La realidad no logra penetrar la ideología y llegar hasta el cuerpo en el caso de don Quijote que recibe palos constantemente pero sigue como si nada, como si fuera un personaje en unas historietas cómicas. El dolor no sólo no le afecta sino que don Quijote parece feliz, corriendo tras la aventura. Está feliz dentro de su ficción. Como los niños, don Quijote vive en el aquí y ahora y se olvida de lo demás. Don Quijote se cree un héroe. Explica su falta de éxito como la influencia de los malos encantadores y no se da cuenta cabalmente de sus fracasos. En muchas ocasiones, sobre todo en el castillo de los duques, le toca un papel de víctima, pero tampoco lo ve. Por eso, la tendencia actual a presentarse como víctima de los demás para solicitar la compasión o una recompensa no se encuentra en don Quijote ya que él se ve en el papel del héroe que rescata a las víctimas. En la primera parte, don Quijote intenta imponer su visión del mundo sobre la realidad y a los otros personajes les toca reaccionar, mientras que, en la segunda parte, las expectativas de los demás personajes forman el reto ante el que reacciona don Quijote.

Neuschäfer (1999) subraya que, además de don Quijote, hay otros personajes locos en el Quijote y que esta locura consiste en no aceptar la realidad o en entregarse a las pasiones, en primer lugar la sexualidad. En el Quijote hay varias historias de amores no controlados por la razón. Además de la de don Quijote y Dulcinea, que es pura fantasía, están la de Dorotea y Fernando y la de Cardenio y Luscinda y, sobre todo, la del curioso impertinente. Fernando personifica la irresponsabilidad y la arrogancia y se deja llevar por los instintos. Cardenio es dominado por su cobardía y Luscinda por su debilidad ante sus padres, mientras que Dorotea usa su inteligencia y conserva su autocontrol. Sólo cuando la inteligencia se combina con una actuación deliberada se logra resolver una situación difícil. Además, en esta historia los hombres tienen las cualidades que se suelen considerar femeninas como ser juguetes de sus pasiones o tener poca voluntad. Dorotea no necesita la ayuda de don Quijote sino al revés y conoce bien la situación en la que se encuentra, pero don Quijote no. Admiramos cada vez más la inteligencia de Dorotea pero cada vez menos la de don Quijote, especialmente después del capítulo sobre los galeotes y del episodio de Andrés.

Algo similar es verdad si comparamos a don Quijote con los dos hermanos que se vuelven a encontrar. Ellos conocen el imperio español y el mundo de los asuntos públicos, mientras que don Quijote es ”don Quijote de la Mancha” [6]. La experiencia de los hermanos es paralela a la de Cervantes porque quien ha servido de soldado y es escritor de verdad es Cervantes y no el personaje don Quijote a pesar de su discurso sobre las armas y las letras.

La parte ideológica y autoritaria de la visión del mundo de Don Quijote se nota en que no se informa antes de actuar en el caso de Andrés o cuando encuentra a los comerciantes que van a Murcia. Por no informarse, por no pensar que podría haber otra verdad que la suya, constituye un peligro para los demás. Es obvio, como dice Neuschäfer, que el mundo tiene que defenderse de las personas que se parecen a don Quijote. Neuschäfer es uno de los investigadores que rechazan la interpretación del personaje don Quijote como el símbolo del fracaso del idealista ante la realidad.

Lo que a pesar de todo suscita nuestra simpatía por don Quijote y Sancho en comparación con los personajes episódicos es que llegamos a seguirlos durante bastante tiempo y en la ficción los protagonistas casi siempre centran nuestro interés y se atraen nuestra benevolencia. Además, don Quijote y Sancho son personajes más complejos que los otros, con más de un rasgo característico y hasta con rasgos contradictorios -Don Quijote es discreto y loco y Sancho es tonto y listo-, lo cual es una de las razones por las que la obra invita a la interpretación. [7]

 

Don Quijote - ¿héroe romántico?

Pasco (1997) ha investigado la novela francesa de 1750 a 1850 y ha establecido un retrato robot del héroe romántico. Subraya los paralelismos con la realidad social del momento y las consecuencias familiares de las guerras napoleónicas. En las novelas de la época del Romanticismo son frecuentes los protagonistas huérfanos y los protagonistas están desprotegidos también porque las instituciones que tenían una función ”paternal” están cuestionadas y debilitadas: el rey, la iglesia, el ejército y la nobleza. El hundimiento de la familia y el desorden social crea una ansiedad generalizada que se traduce en el arte a través de temas como naufragios, inundaciones, catástrofes y una ”epidemia” de huérfanos, quizá porque también los lectores habían carecido de cuidado [8]. Además, claro, los huérfanos abren muchas posibilidades para la trama. Pasco toma como ejemplo a Fabricio, el protagonista de Stendhal, que no hace nada sino que está a la deriva. Es un verdadero antihéroe: se dedica a las intrigas y al dinero [9].

Pasco insiste en la costumbre muy extendida en la época de dejar al recién nacido con un ama, quizá lejos del hogar. Muchos niños murieron y casi todos sufrieron una "deprivación" material y psicológica. En muchos casos fueron dejados con el ama hasta la edad de cuatro años. Pasco cree que a la luz de lo que sabemos hoy, el héroe romántico es un caso típico de “deprivación" maternal. Entonces se hablaba de cansancio y aburrimiento pero ahora hablaríamos de depresión: el héroe es inestable, caprichoso, pasivo, pero de vez en cuando tiene arrebatos de mal humor, de deseo o de rebelión. Si emprende algo, lo organiza de tal modo que es casi seguro que no va a lograr su propósito. Así se convierte en un fracaso y se siente victimizado. Estos héroes no tienen amigos y tampoco se insertan realmente en el mundo. Un rasgo siempre repetido es el orgullo centrado en quienes son y no en lo que han hecho. Son de clase alta y de buen parecer. No trabajan y tampoco intentan conseguir empleo, desdeñan a los demás y se creen superiores sin haber hecho nada en particular. Pasco concluye diciendo que casi nunca en la literatura occidental ha habido unos héroes tan desagradables, egocéntricos y quejumbrosos. Son personajes que no han logrado establecer una relación profunda e íntima con nadie, es decir que no han sido socializados. Son como niños de baja edad [10]. Los héroes románticos no mueren por una buena causa sino en el intento de recuperar sus bienes y su estatus social [11]. La comunidad les importa menos que su propia individualidad. No empatizan con los problemas de otros.

Las investigaciones de Pasco apoyan la imagen tradicional de la diferencia entre el Romanticismo y el Clasicismo. Típicamente, los románticos sólo hablan de sí mismos y quieren la glorificación de sí mismos. El Clasicismo busca la razón, lo universal y la disciplina y el Romanticismo la imaginación, el sentimiento y el individualismo. Hay en el Romanticismo un fuerte deseo de muerte y de autodestrucción [12].

Si comparamos con don Quijote vemos que no sabemos nada de él antes de la edad de cincuenta años, nada de sus padres, de por qué no está casado ni tampoco nada de sus relaciones con la gente de su pueblo fuera del hecho de que le quieren el barbero y el cura. No hay apoyo en el el texto para la idea de un posible trauma infantil. Don Quijote intenta honrar los valores de la comunidad tal como los entiende. No busca su propio bien; al revés, es molido a palos y despilfarra los pocos bienes que tiene. Busca la fama individual, eso sí, pero no como algo contrapuesto a los valores de la sociedad. No notamos ningún deseo de autodestrucción o de muerte, y menos en Sancho. Don Quijote quiere proteger a los desvalidos, y sobre todo a las damas en peligro, pero no se da cuenta de la contradicción que supone dejar sin protección a su ama de llaves y a su sobrina.

Por todo esto, hay razones para rechazar la interpretación romántica del personaje a pesar de que hay unas cuantas similitudes superficiales. Don Quijote no es el típico héroe romántico y hay poco apoyo en el texto para el llamado ”quijotismo”, la idea de interpretar al personaje como un idealista confrontado con una realidad hostil. Es un personaje loco y ridículo pero también simpático, ya que no busca su propio provecho. En vez de traumas psicológicos, se deben mencionar los muchos rasgos teatrales incorporados en el Quijote. Varios personajes ”juegan”: don Quijote imita a los caballeros andantes aunque para él no es un juego, Dorotea imita a la princesa Micomicona, Sansón al caballero del verde gabán y varios personajes juegan a ser pastores y pastoras [13].

 

Los tiempos postmodernos

Si la interpretación romántica de don Quijote como un idealista no comprendido no tiene mucho apoyo en el texto, ¿quizá esta idea se puede explicar por las actitudes intelectuales vigentes en el mundo intelectual de ahora? La cultura postmoderna quiere que todo sea ‘light’. La infinita levedad de todo es el refrán del día y podrá estar relacionado con el bienestar económico. No es de buen tono hablar en serio de temas serios; esto sólo lo hacen las personas pesadas, las que no son divertidas. En vez de decir que hay que tomar medidas, rectificar, evitar males, lo que se hace es decir que ya se solucionará solo, que hay que tomárselo con calma y que no sirve de nada emocionarse porque de cualquier modo no podemos hacer nada. Está de moda quitarle importancia a lo realmente importante, y dedicarse a lo superficial, lo transitorio y lo efímero. Los occidentales podrían haber perdido la noción de la precariedad de su bienestar. No entienden que hay que esmerarse en mantener un alto nivel de desarrollo y que si no, este nivel bajará. La idea del nivel económico como ”regalo” es un concepto cuidadosamente entretenido por algunos políticos que presentan el bienestar como un logro suyo por el que los ciudadanos deben serles agradecidos.

Los seres humanos hemos desarrollado la técnica de planificar nuestros actos y de concentrar nuestra atención sobre una tarea, y esto nos ha permitido mejorar la vida del grupo. La técnica de la organización social nos ha permitido entreayudarnos y especializarnos. A través de los libros y el aprendizaje de idiomas extranjeros, también hemos conseguido guardar la experiencia de los seres que han vivido antes que nosotros y hemos aprendido a aprovechar la experiencia de personas en otros países. Si todo debe ser espontáneo y decidirse en el momento, nada de esto podría sobrevivir.

La idea de lo espontáneo, lo no pensado, lo instantáneo como lo auténtico se asocia con Sartre pero también con los ‘hippies’ californianos, con el sexo libre y la droga y con un hedonismo que no piensa en el mañana. Marina es uno de los pensadores que han subrayado que este tipo de vida no lleva a la felicidad humana. Siguiendo la inspiración del momento, nadie logra una meta de largo plazo [14]. Ni siquiera funciona así la creatividad porque que hay dos fases en la creación, una de invención y otra de selección. Al revés de lo que afirman algunos, la creatividad necesita un largo proceso de entrenamiento para lograr una ejecución fluida, libre e innovadora. Sólo el que domine las técnicas del oficio puede improvisar. Los músicos de jazz conocen un número infinito de composiciones. El campeón de ajedrez se sabe de memoria miles y miles de partidas antes de ”crear” una nueva combinación de jugadas. Los maestros de pintura pasaban años a copiar a otros y a pintar detalles de poca importancia en los cuadros de su maestro. Lo espontáneo no es creativo, sino sólo un gesto irreflexivo.

La idea de lo espontáneo como lo auténtico podría también venir de la psicología. De Freud nos ha llegado la idea del superego como un nivel de imposición, instalado por la sociedad y por los padres, sobre el ego. Esto ha dado origen a la idea de que hay que ”liberarse” de las imposiciones de la sociedad, de que el yo auténtico es el yo después de deshacerse de las reglas e ideas promovidas por la sociedad. Esta idea significa que estamos en una nueva situación como miembros de una sociedad. Los seres humanos pertenecemos a una especie social que ha sobrevivido y que ha podido mejorar sus condiciones de vida gracias a la colaboración, pero ahora de pronto se dice que el joven vive mejor rebelándose contra las consignas del grupo.

Muchos de los que han sido defensores de esta nueva actitud han sido como Sartre fervorosos adeptos de sistemas políticos totalitarios. Es decir que aceptan el control político de la sociedad pero proclaman la abolición de un control del ser sobre sí mismo. Esto es una contradicción - a menos de que no sea una estratagema. Si los súbditos no reflexionan, es más fácil imponerles la voluntad del régimen. Arendt y otros analistas del totalitarismo dicen que los estados totalitarios no quieren cambiar el mundo sino cambiar al ser humano. Esta actitud corresponde a una nueva visión del hombre. La meta no es un ser autónomo y responsable sino un ser confuso al que se puede manipular fácilmente.

La idea de lo espontáneo como lo auténtico puede haber influido en una suspicacia hacia la actuación deliberada. El acto elegido conscientemente, después de analizar el problema y tomar en cuenta los conocimientos y las experiencias anteriores sería menos auténtico del que actúa sin pensar. Los que actuaban sin pensar solían ser considerados infantiles o imprudentes, como don Quijote. Hay ahora una suspicacia hacia la sistematización y también hacia el autocontrol, una suspicacia que podría hacer que un personaje como don Quijote se acoja con más simpatía ahora que en la época de Cervantes.

 

Madurez y responsabilidad

La madurez psíquica es uno de los conceptos más importante para nuestra vida y nuestra sociedad. La síntesis de las experiencias y reflexiones de nuestra especie nos ha llevado a cierto nivel de civilización y es algo conseguido de manera colectiva. Es peligroso para la sociedad si hay muchas psiques infantiles en cuerpos adultos, sobre todo ya que los inmaduros casi nunca se dan cuenta de su falta de madurez [15].

La idea de la madurez está relacionada con la idea de desarrollo. Un hombre debe desarrollarse, dejar el egocentrismo del niño y acercarse a la madurez. Madurar es aceptar responsabilidades, fijarse metas y mejorar su capacidad de resolver problemas. Desde el punto de vista emocional o social, ser adulto es ser capaz de dar y recibir, tener un sentido de la justicia y estar preparado para ayudar a otros espontáneamente. Un adulto infantil, como don Quijote, continúa buscando soluciones infantiles a problemas adultos, mientras que alguien maduro aprende de lo que sucede y sigue madurando continuamente. Como el héroe romántico, don Quijote es inmaduro, grotescamente inmaduro. Es un hombre de cincuenta años, lo cual en la época correspondía a un anciano. Ha vivido casi toda su vida pero no ha madurado socialmente. Su caso se podría describir como una tragedia, pero Cervantes ha decidido convertirlo en una farsa. Madurar es dejar lo egocéntrico para abrirse a la sociedad y ser capaz de sentir y expresar empatía. La empatía de don Quijote es teórica, ideológica, hasta el final del segundo tomo cuando don Quijote se conmueve y dice a Sancho que deje de darse azotes. Don Quijote madura en su relación con Sancho pero no en otros asuntos. Es llamativa su falta de madurez sexual en la que se basa una parte del humor del libro. La “locura” se puede describir como una falta de madurez.

Como dice Savater en Valor de elegir, actuar consiste en elegir y para poder elegir uno tiene que combinar adecuadamente los conocimientos, la imaginación y la decisión y, además, mantenerse dentro del campo de lo posible [16]. Con esta enumeración, vemos otra vez en lo que falla don Quijote. No tiene suficientes conocimientos, no pone límites a su imaginación y no se mantiene dentro del campo de lo posible. De cierto modo es admirable que se atreva a emprender actos que tienen poca posibilidad de salir bien. No es admirable, claro, si lo hace porque no entiende que no puedan lograrse. Una minusvaloración de la realidad, algo que se puede considerar como una animadversión a la realidad, se da actualmente con bastante frecuencia, cree Savater [17]. Las personas que en su propia vida han adoptado esta actitud podrán querer ”disculpar” a don Quijote por haber ”leído” mal la realidad.

Algunos lectores actuales tienen tendencia a perdonar a don Quijote sus locuras con el argumento de que ”se equivoca pero en el fondo es buena persona” [18]. Con otras palabras, estas personas piensan que no somos responsables por nuestros actos. Otra razón por disculpar a don Quijote es que hay una tendencia actual a ya no exigir una solidaridad por parte de los ciudadanos con la sociedad sino exigir que la sociedad proteja al individuo sin que éste deba nada a la sociedad. Esta es una idea no realista porque no toma en cuenta que la sociedad se compone de los individuos. El propio don Quijote rechazaría este razonamiento porque si no es responsable por sus actos tampoco la gloria puede ser suya. De ser así, sus ”hazañas” se diluirían en la nada.

La manera de pensar de algunos lectores modernos se podría llamar paternalista, porque parte de la idea de la superioridad de quien juzga la conducta de otro con una benevolencia sentimental. Savater discute varios casos en los que el Estado de bienestar paternalista niega al ciudadano el derecho de tomar decisiones que el Estado considera equivocadas y cómo esto puede llevar a la infantilización del ciudadano y a la desesperación de los que insisten en considerarse adultos [19].

La ética y la voluntad

Según Savater, la ética no tiene otro fundamento ni otro mensaje que el triunfo del bien [20]. Sin embargo, para hablar del bien y del mal, hay que partir de la idea de un hombre no cosificado, algo que nos recuerda la filosofía de Buber y el que sólo un tú me puede reconocer como otro tú. En eso, Savater ve la similitud entre la ética, la democracia y el arte; los tres conceptos parten de un hombre no cosificado, de un hombre que tiene un valor en sí mismo y no obtiene su valor por servir de instrumento a otra voluntad. Para Savater, la verdadera pregunta de la ética no es ”lo que debo hacer” sino ”lo que quiero hacer”, algo que para él expresa la diferencia entre la religión y la ética, ya que el hombre religioso intenta seguir una norma que viene de fuera, intenta hacer lo que debe hacer. Si ahora se culpabiliza la voluntad del hombre, es decir la expresión del hombre de lo que quiere ser, se quita al ser humano lo esencial de lo que es, su poder de expresar su ser a través de sus acciones. Si se ataca a la voluntad, queda poco del ser humano. Lo que buscamos en el intercambio social es el reconocimiento de nuestra no-identidad cosificada. Sólo reconocido por los otros, muchos otros y quizá por ”todos los otros”, un ser humano es realmente humano, tanto para sí mismo como para los otros. Este reconocimiento tiene un lado recíproco: no sólo se trata de obtener un reconocimiento del otro sino también de descubrir un reconocimiento de sí mismo en el otro. Relacionado con la expresión de la voluntad de la autoafirmación está la idea de la conexión con los otros, con lo social. Lo ético es lo social. No puedo recibir del otro más que lo que le entrego [21]. Don Quijote obviamente pretende influir en lo social, ésta es la gran misión que se ha dado, pero, al mismo tiempo, no logra llevar a cabo su misión, porque no entiende cómo es el mundo.

Entre los filósofos, Schopenhauer insiste en que el rasgo fundamental del hombre es su fragilidad y que la renunciación de la voluntad es una manera de sufrir menos. Freud podría haber encontrado su idea de la culpabilización de la voluntad en Schopenhauer, y la voluntad de distinguirse, defendida por Nietzsche, va a entenderse como algo asocial, culpable. En los países democráticos, desde Schopenhauer y Freud, la idea del héroe como valor positivo en la reflexión intelectual desaparece prácticamente pero sobrevive en la cultura popular, cree Savater.

Marina ha comentado la desaparición de la voluntad desde un punto de vista psicológico [22]. Su enfoque es similar al de Savater. Constata que se ha convertido en un dogma que la voluntad es igual a la voluntad de poder y que lo no espontáneo es falso, calculador e hipócrita. La influencia de la moral de la autenticidad, relacionada con Sartre, ha ganado muchos adeptos, pero una libertad sin voluntad es una voluntad a la deriva, subraya Marina. El mundo del ser ”espontáneo” es similar al de los inadaptados sociales en general. Para ellos, el futuro no existe y por eso sus acciones parecen no tener consecuencias. No se ponen metas, no hacen planes, son incapaces de aprender de sus propios errores porque viven en el aquí y ahora en búsqueda de sensaciones agradables inmediatas.

Tanto Savater como Marina señalan la desaparición de la voluntad. No está bien visto querer lograr una meta sino que esto se considera un acto calculador, malvado, un acto desleal, una manera de querer ganar a otros que tienen tanto derecho a triunfar como tú. Sólo en el deporte se considera normal tener un entrenador, medir el rendimiento, fijarse metas difíciles pero no imposibles para encontrar la concentración psíquica necesaria para mejorar. Como dice Marina, la técnica psicológica de proponerse metas escalonadas, lograrlas y proponerse otras es una de las técnicas psicológicas más comprobadas. Quizá influye un resentimiento ”democrático”: ”No quiero hacer ningún esfuerzo pero tampoco quiero que otros sean mejores que yo. Para no sentirme inferior yo, prefiero que nadie siga adelante.”

Quizá esta idea revele una mezcla del psicoanálisis de Freud y de la idea de la lucha de clases de Marx: el padre, el jefe, el profesor, el entrenador son vistos como personas con poder sobre mí, como ”el superego”, algo que se confunde con la ”clase alta”. ¿Por qué voy a obedecer yo, el ego, a ”ésos”? ¿No soy libre? ¿No valgo tanto como ellos? Damos todas las posibilidades al ego de seguir los impulsos del momento, sugeridos por el id en vez de hacer caso a los consejos del superego.

Ésta podría ser una explicación por lo que Savater llama el eclipse de los valores paternos. Nadie quiere asumir el papel del padre, tomar decisiones, establecer límites, decir que no, es decir que ayudar a formar el superego de su hijo. Sin embargo, en el desarrollo del niño, la prohibición sirve para proteger al joven de los riesgos que todavía no está en edad de confrontar. Recibir protección y obedecer es el primer paso en la educación, y el segundo paso es que el joven aprende a darse órdenes a sí mismo, es decir, utilizar su propia voluntad para dirigir su vida. Si la función paterna no es atractiva, la materna sí lo es y se entiende como arropar, alimentar y consolar. La tendencia en las familias modernas es que los padres adopten los dos el típico papel de la madre y que ninguno de ellos quiere poner límites. Los varones quieren también la recompensa psicológica del amor irrestricto del hijo. Savater subraya que el niño necesita una combinación de lo que pueden ofrecer el papel típico del padre y de la madre [23].

Ahora podemos empezar a vislumbrar la razón de la simpatía por el personaje espontáneo que es don Quijote. Se prefiere lo espontáneo a la expresión de una voluntad que se entiende como un cálculo para sacar una ventaja individual. Se prefiere que nadie sobresalga, que todo sea ”libre” y espontáneo. En estas preferencias, no hay ninguna referencia a lo que esté bien para el individuo o para la sociedad y se hace caso omiso a lo autoritario y violento que es don Quijote en sus intentos de imponer su visión del mundo. Cervantes siempre describe a don Quijote como un loco ridículo y de ninguna manera como un modelo a seguir.

Si miramos al personaje don Quijote a través de la lupa de Marina, podemos ver que tiene una voluntad construida culturalmente en el sentido de que ha encontrado los ideales de la caballería en los libros, es decir, los productos culturales de su época. Además, don Quijote ha adquirido una admirable disciplina, no se sabe bien cómo. También tiene bastante habilidad para regular sus propias emociones, ya que está totalmente enfocado en su meta. De cierto modo, ha adquirido una autonomía fuera de lo común. Sin embargo, no tiene lo que se llama ahora una ”buena gestión de metas” porque su propósito no se puede realizar en el mundo real en el que vive, es decir, no se ha fijado metas posibles de alcanzar. Falla porque, como dice Marina, la voluntad no es buena por ser voluntad sino por ser inteligente [24].

Marina nos da más pautas para entender a don Quijote. La libertad no le sirve para nada al hombre, afirma, si faltan la meta y los vínculos religiosos y morales. Lo mismo pasa si el hombre está desvinculado de la realidad, un rasgo que Marina ha asocia con en el postmodernismo [25]. Lo que gusta ahora es una afectividad ingeniosa, divertida, no comprometida, devaluadora de lo real. Don Quijote no niega los vínculos morales y religiosos con los otros pero tiene problemas con el vínculo a la realidad. No comparte el gusto por lo ligero y divertido, sino al revés, se toma muy en serio su misión de ”desfacer entuertos”. Por eso, cuando algunos postmodernos lo ven como uno de los suyos, dejan de lado una parte de su personalidad.

En la estética del antihéroe, Marina ve un tipo de juego. Se trataría de vivir divertidamente, de despojar cualquier asunto de gravedad, de igualar normalidad y anormalidad, de dejar que coexistan humorísticamente la verdad y la falsedad. Si nos alejamos de la realidad, todos los datos pueden ser presentados como iguales. Una verdadera ”democratización” ingeniosa de los discursos [26]. Sin embargo, cree Marina, este tipo de ingenio sin substancia termina por cansarnos. Las obras se convierten en sistemas autosuficientes, autorreferenciales, infinitos, que giran sobre sí mismos [27]. La libertad no es igual a ingeniosidad sino algo más amplio. Es suscitar, controlar y dirigir sus actividades mentales con la voluntad para lograr una meta [28]. Las costumbres de pensamiento de nuestros días podrían dificultar una recepción del Quijote basada en el contenido del texto. Lo admirable no es la actuación de don Quijote sino el ingenio de Cervantes

 

El concepto del héroe y la democracia

La tarea del héroe de Savater es uno de los pocos estudios sobre la figura del héroe del último medio siglo. Para él, el héroe es alguien que logra combinar la acción y la excelencia. Relaciona el concepto de héroe con el de la virtud, una palabra cuya etimología tiene que ver con ‘vir’, fuerza, valor. Lo noble es el valor físico y moral y la generosidad, es subyugar el miedo, la sensualidad, los celos y los prejuicios ejerciendo una autodisciplina [29]. Savater cree que la virtud se puede ejemplificar mejor de manera narrativa que a través de definiciones [30]. Destaca que el individuo heroico suele presentarse como individuo, y no como hijo ni padre. Un héroe suele renunciar a la pasión y a la familia porque no puede ser fiel a la vez a su misión y a otros deberes. Tampoco es intercambiable sino un individuo ”irrepetible, autoprocreador, distinto y único”. Puede triunfar porque no aspira a ningún premio ajeno a lo que él mismo es. Su fin es mostrarse cómo es -heroico- y es lo que logra hacer si es heroico. El héroe quiere tener importancia, una importancia que quiere personal. El héroe también admira la excelencia en otros, ya que la generosidad es una de sus cualidades. En todo esto reconocemos a don Quijote. Su único afán es ser heroico y admira a los héroes que ha conocido a través de los libros. Los admira tanto que se compara constantemente con ellos. Los imita por ejemplo cuando pide a los galeotes que vayan a presentarse ante Dulcinea. Don Quijote es ávido de honores y cree que es recibido como conviene a un caballero en el castillo de los duques. Cree que los duques lo ven como lo que quiere ser, un caballero andante; por eso, las burlas son más crueles todavía aunque don Quijote no se dé cuenta.

Savater rechaza lo que llama la poética moderna del fracaso y la glorificación de la derrota. Cree que no se debe elogiar la dignidad del ”querer y no poder” o del ”poder pero no lograr querer”, que es lo fácil. Lo difícil es triunfar: querer y poder. Sólo en la actividad lograda queda patente nuestra independencia relativa de lo necesario. Savater hasta habla de nuestro parentesco con los dioses y dice que, en la actuación heroica, el héroe guarda fidelidad a la memoria de su origen y merece ser quien es. La persona que logra actuar de manera ética, expresando su voluntad de ser para el bien de su comunidad, llega a un grado alto de humanidad.

Lo nuevo en Savater es que asocia el concepto de lo heroico no sólo a la nobleza como actitud vital sino con lo democrático. Un cobarde, un avaro, un opresor o un débil no pueden ser heroicos. Ahora con la democracia, más caminos están abiertos y ha aparecido la posibilidad para todos nosotros de actuar de manera ética y heroica [31]. A la vez, aumenta nuestra responsabilidad. La relación entre lo noble y lo democrático, lo social y lo ético podría expresarse diciendo que el héroe busca el reconocimiento de compañeros y no de súbditos porque lo que quiere es el reconocimiento de sus iguales. Tanto Savater como Marina relacionan la ética, la realidad, la democracia y la virtud. La democracia es igual a la ”cristalización política de la posibilidad ética del hombre”, cree Savater [32]. La democracia nos permite vivir como sujetos. Como el arte, la democracia es una técnica no instrumental - tiene un propósito pero no es útil.

Deberíamos darnos cuenta, cree Marina, que la democracia no sobrevive de manera automática sino que puede degradarse. Enumera como causas el miedo, la ignorancia, el irracional desprecio de la razón, la miseria extrema, la falta de compasión o un hedonismo desesperado que todas son formas de degradación de la inteligencia humana. Uno de los héroes históricos de Marina es Condorcet que decía que había que buscar el consenso de los seres racionales e instruidos [33].

El hombre democrático actual se podría ver la ética como la compasión y no con una voluntad de conocer la realidad y de actuar. Como durante el Romanticismo, el arte de nuestros días nos presenta antihéroes, héroes vencidos. Diferentes filósofos y psicólogos de los últimos dos siglos nos han enseñado una suspicacia ante la voluntad, elogiando al contrario lo espontáneo. Durante las últimas décadas, el postmodernismo ha añadido una fuerte suspicacia frente a la realidad. Dentro de unos esquemas mentales de este tipo no hay sitio para héroes que quieren y pueden proteger a su sociedad. Por eso, pensadores como Savater y Marina van contracorriente cuando nos presentan a la democracia, la ética, la voluntad y la inteligencia como ideas emparentadas e interdependientes. La sola voluntad de hacer el bien sin tomar en cuenta la realidad y sin contar con los demás no es suficiente. Es una actitud loca, no inteligente, y Cervantes no la idealiza.

 

Bibliografía

Adam, Michel. Essai sur la bêtise. París: La Table ronde, [1975] 2004.

Couvreur, Jean-Michel. La bêtise se soigne-t-elle?Nantes: Pleins feus,2004.

Larroque, Luis. La ideología y el humanismo de Cervantes. Madrid: Biblioteca nueva, 2003.

Marina, José Antonio. Elogio y refutación del ingenio. Barcelona: Anagrama, 1992.

___. El misterio de la voluntad perdida. Barcelona: Anagrama, 1997.

___. Los sueños de la razón. Ensayo sobre la experiencia política. Barcelona: Anagrama: 2003.

___. El vuelo de la inteligencia. Barcelona: Plaza & Janés, 2000.

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Neuschäfer, Hans-Jörg. La ética del Quijote. Función de las novelas intercaladas. Madrid: Gredos, 1999.

Overstreet, Harry Allan. Den mogna människan. Estocolmo: Gebers, 1951 (traducción. En inglés: The Mature Mind).

Pasco, Allan H. Sick Heroes. French Society and Literature in the Romantic Age, 1750-1850. Exeter: University of Exeter Press, 1997.

Savater, Fernando.Ética como amor propio. Madrid: Grijalbo-Mondadori, 1988.

___. La tarea del héroe. Madrid: Taurus, 1981.

___. El valor de educar. Barcelona: Ariel, 1996.

___. El valor de elegir. Barcelona: Ariel, 2003.

Notas:

[1] Savater, Fernando. La tarea del héroe p. 132.

[2] Ibid. p.134

[3] Adam, Michel. Essai sur la bêtise; Couvreur, Jean-Michel: La bêtise se soigne-t-elle?

[4] En Ética como amor propio p. 46 Fernando Savater retoma los conceptos de Kant.

[5] Neuschäfer, Hans-Jörg. La ética del Quijote 20

[6] Ibid. p. 93.

[7] Iidd. p. 96.

[8] Ibid. pp. 11-14, 35.

[9] Ibid. pp. 93-99.

[10] Pasco, Allan. Sick Heroes p. 52.

[11] Ibid. p. 89.

[12] Ibid. pp.116, 134, 146.

[13] Montero Reguera, José. El Quijote y la crítica contemporánea p. 82.

[14] Marina, José Antonio. El misterio de la voluntad desaparecida.

[15] Overstreet, H.A. Den mogna människan p. 12

[16] Savater, Fernando. Valor de elegir p. 35.

[17] Ibid. p.110.

[18] La frase también se utiliza en la actualidad política para disculpar actos de violencia.

[19] Ibid. p.72.

[20] Savater, Fernando. La tarea del héroe p. 25.

[21] Ibid. p.82.

[22] Marina, José Antonio. La desaparición de la voluntad.

[23] Savater, Fernando. El valor de educar p. 8.

[24] Marina, José Antonio. El vuelo de la inteligencia p. 72.

[25] Marina, José Antonio. El elogio del ingenio.

[26] Ibid. pp.176-178.

[27] Ibid. p. 220.

[28] Ibid. p. 226.

[29] Ibid. pp. 125, 138.

[30] Ibid. pp. 111-112.

[31] Ibid. p. 181.

[32] Savater, Fernando. La tarea del héroe p. 181.

[33] Marina, José Antonio. Los sueños de la razón. pp. 223-224.

 

© Inger Enkvist 2005

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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