Estudio de un personaje de José Pedro Bellán.
Alejandra Leonard: Entre Eva y Lilith

Prof. Fernando Casales

Instituto de Profesores “Artigas”
Montevideo,Uruguay
fercas71@hotmail.com


 

   
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Introducción.

La delimitación de las generaciones literarias es una empresa difícil de llevar adelante. Generalmente, salvo en algunas ocasiones, los críticos se ponen de acuerdo. La generación que queremos situar, para así luego presentar al autor, José Pedro Bellán, es la que se conoce con el nombre de Generación del '15, '17 o '20. Preferimos denominarla del '17 siguiendo la propuesta de Jorge Arbeleche y Graciela Mántaras [1], para centrarla exactamente entre la del '900 y la del '30 o Centenario. Los críticos antes citados proponen un lapso de quince años de distancia entre una generación y otra. Así, la del '17 abarcaría los nacimientos entre 1880-1895. José Pedro Bellán nace en 1889.

Con respecto a las características de este grupo de escritores destacan la falta de autoconciencia generacional y la vocación continuadora que explican con las siguientes palabras:

"En nuestra historia literaria, el primer grupo que tuvo conciencia generacional, que se vio a sí mismo como diferente a los anteriores y que en virtud de esa diferencia que cifró en razones de juventud, se propuso una tarea cultural, fue el grupo formado en torno a ANDRÉS LAMAS, MIGUEL CANÉ y el periódico "El Iniciador", en 1838. Habrá que esperar luego hasta el 900 para que se reedite el hecho y luego nuevamente hasta la generación Crítica. El fenómeno de la autoconciencia nacional, está ligado a otros dos: el propósito de continuidad o de ruptura con relación al pasado inmediato y la invención o la adopción de novedades artísticas. Cuando una generación inventa o adopta un estilo artístico nuevo rompe con el pasado, especialmente la generación anterior y genera una autoconciencia poderosa. Cuando se propone una tarea de continuidad, no rompe con el pasado y puede no generar autoconciencia generacional. Es lo que ocurrió con las generaciones del '17 del '30. Se vieron a sí mismas como continuadoras de una labor literaria que juzgaron excelente y las novedades que incorporaron o inventaron (regionalismo, vanguardias, nativismo) no les parecieron antinómicas del repertorio heredado del 900." [2]

En este clima cultural e ideológico es que produce su obra Bellán.

Nace en 1889 y se destaca en el ámbito de la dramaturgia y la narrativa. José Pedro Díaz comenta:

"Aquellos éxitos del dramaturgo hicieron que se considerase en un segundo plano su labor como narrador, donde su tarea fue sin embargo más importante y duradera. Y no sólo porque escribe relatos, que son uno de los puntos de arranque de nuestra moderna narrativa urbana, sino porque, aunque comienza apoyado en la línea naturalista, los desarrollos que en varios de ellos logra, sobre todo en el tratamiento del amor y del sexo, configuran el hallazgo de una modulación propia (...) " [3]

Entre sus obras narrativas podemos destacar "Huerco" (1914), "Doñarramona", "Primavera" (1920), "El pecado de Alejandra Leonard" (1926) . En el drama, obras como "Amor" (1908), "Dios te salve" (1920), "Tro-la-lará" (1922) , "La ronda del hijo" (1924), "El centinela muerto" (1930).

Bellán muere en 1930, truncándose así no sólo su vida, sino su carrera en la época en que ésta experimentaba un cambio.

Sus compañeros de generación son entre otros , Adolfo Agóreo, Horacio Maldonado, Montiel Ballesteros, José Monegal , Juana de Ibarbourou, Emilio Oribe, Fernán Silva Valdés, Alfredo Mario Ferreiro.

El presente estudio pretende mostrar un aspecto de la narrativa de Bellán que es la posición de la mujer puesta en evidencia en el cuento "El pecado de Alejandra Leonard".

 

"EL PECADO DE ALEJANDRA LEONARD"

La colección encabezada por este cuento se publica en el año 1926. Año fermental, según algunos críticos ya que otros narradores publican obras clave de nuestra literatura, por ejemplo: Horacio Quiroga, "Los desterrados", Francisco Espínola, "Raza ciega", Zavala Muniz, "Crónica de un crimen", Enrique Amorim, "Horizontes y bocacalles" [4].

 

Espacio, tiempo, historia, narración.

Un aspecto importante de la narrativa de Bellán es su condición de fundador de la narrativa ciudadana. Los avatares de los personajes acaecen en el medio urbano, esto es importante porque surge la ciudad como elemento estructurante de la narración y no como mero telón de fondo. Los acontecimientos que integran la historia de Bellán no tendrían sentido en el campo. [5]

El cuento en cuestión está dividido en cuatro partes que abarcan la infancia, adolescencia y juventud de la protagonista. El narrador plantea un desarrollo cronológico de los hechos. Este manejo tradicional del tiempo de la historia que coincide con el de la narración, adquiere un valor metodológico que conduce a la demostración de la crítica social de Bellán. Critica el discurso social de la época que se inserta en la más absoluta tradición occidental cristiana, con el propio discurso tradicional, sin alteraciones temporales. Además, esta técnica narrativa conviene a Bellán porque los miedos del profesor Leonard, aquellos temores que siente, se comprobarán al final de la historia, con el pasaje del tiempo: "Ahora, cuando su hija le sorprendía con alguna reflexión profunda, se sentía aprensivo, receloso y pensaba inevitablemente en los tiempos que habrían de llegar. Su porvenir empezaba a inquietarle. Por primera vez se preguntó si el intelectualismo que rodeaba a la pequeña sería la ruta deseada para su felicidad."

El narrador toma una actitud narrativa heterodiegética [6], es decir, que se ubica fuera de la historia que cuenta. Esta también cita la tradición literaria de fines del siglo XIX. La adopción de esta actitud narrativa es acertada porque Bellán se propone hacer una crítica social y qué mejor que realizarla mediante una conciencia que ubica fuera de los hechos, lo que le asegura un mayor grado de objetividad.

Fernando Aínsa sobre la postura crítica de Bellán anota: "(...) los cuentos de Bellán trazan una pintura de época, desde la perspectiva de preocupada modernidad que asumía el autor." [7] Estas palabras son ciertas pero su modernidad no se percibe en la técnica narrativa, sino en la denuncia de injusticias sociales.

El comportamiento social de la protagonista nutrido de su rica psicología es lo que circula por las palabras de esta obra para darnos testimonio de una época

 

El nombre y la herencia paterna

Desde su nombre, la protagonista, aparece estigmatizada. Nombre de origen y tradición griegos la emparenta con la lucha, la fuerza, la valentía del guerrero, del rey. Ella señorea en la obra a través de su constante lucha intelectual y moral por permanecer coherente con sus principios. Si atendemos a la etimología Alejandro puede descomponerse en dos elementos: "Aleks" que significa defensor y "andros" varón. Sobre este aspecto podemos precisar dos cuestiones:

1— En el propio origen de su nombre está el elemento masculino, aquel que le aporta a su carácter semejanza intelectual con el varón. Aquello que provoca a la vez admiración y rechazo. El novio de su prima Elsa la define en este aspecto con claridad:

"Me place hablar con Alejandra porque es muy inteligente y sabe mucho. Pero esto no tiene nada que ver con el amor que siento por ti. Una mirada tuya, una sonrisa, unas palabras, una palabra, la que pronuncias nombrándome tiene para mí mucho más valor que el pensamiento de Alejandra. Porque yo te amo tal como eres y probablemente a condición de que seas así: una adorable muñequita que guarda muchos secretos, pero no sabe que los tiene. La simplicidad posee encantos que solo los hombres podemos comprender."

Roberto la admira, le gusta contender intelectualmente con ella, acepta en esa instancia lo que la iguala al varón. Pero no la ama, no se casaría nunca con ella, porque no podría ejercer sobre ella dominio intelectual. Alejandra piensa, decide, tiene ideas propias, no se somete a la doble moral.

2—El nombre significa "el defensor de los hombres".En esto, algunos críticos [8] marcaron la ironía de Bellán, porque si hay algo que no hace Alejandra es defender a los hombres. Tampoco los ataca, pero su agresión está en la posibilidad de igualación intelectual. Alejandra, carga con el peso de su nombre y también con la herencia de su padre. Ella hereda algunos aspectos del carácter de este y además con el modelo de este con quien convive sin la presencia femenina de una madre, ya que la pierde a los tres años. El profesor Leonard es un elemento determinante en la constitución del carácter de Alejandra.

"...el profesor Leonard, buen historiador, que en ese instante se hallaba atareadísimo, abstraído, subyugado por el vaho sedante de los textos antiguos. (...) investigador, crítico, lingüista famoso, poseyendo un extraordinario conocimiento del génesis de la sociedad humana, científico por temperamento y convicción zozobró entre el cuento y la historia."

Indudablemente, la convivencia con un hombre de tales características además de su parentesco sanguíneo moldean una psicología que no tendrá una fácil inserción social. Los conocimientos del profesor Leonard no son útiles a la hora de educar a su hija. El profesor y el padre no están en armonía. Cae en la torpeza, en la falta de tacto, así en el episodio de la paloma muerta que inaugura la narración se evidencia esto:

"—Papá, papá...una paloma se murió.

El profesor Leonard dijo sin ninguna intención:-¡Bah !...Todos tenemos que morirnos.(...) Un momento después el llanto de la pequeña.(...) Entonces, él recordó lo de la paloma.-¿ Es por la paloma que lloras?...¡Pero tienes muchas otras tú! El palomar está lleno y son todas tuyas.¡No llores así!...Si quieres te compraré una igual a esa.(...)

—¿Tú también te morirás? (...)

—No, nenita, yo no me muero nunca."

No es precisamente la respuesta adecuada para un niño que inicia su proceso de cuestionamiento sobre la muerte. El profesor, el crítico, el sabio, sucumben frente al padre que no explica como debe las cuestiones esenciales de la existencia humana.

 

La mujer

Alejandra, desde pequeña mostró su lucidez, en el episodio con la paloma, la vemos perfilarse como un ser pensante con deseos de conocer.

A medida que la edad avanza la diferencia con los otros se nota más. Fuera del ámbito académico tiene problemas de integración. El narrador nos comenta sobre esto:

"Pero fuera del aula, durante los recreos a la hora de la salida, en ese corto trayecto que los alumnos hacen juntos, Alejandra notaba en sus compañeras una frialdad general. Nunca entraba bien en una conversación. Había advertido que al acercarse a un grupo, sus condiscípulas, por lo regular mayores que ella, de quince o dieciséis años, cambiaban el tema de la conversación o se callaban ostensiblemente. No podía comprender el motivo de esa separación que le imponían. Era objeto de una diferencia irritante, recibida siempre con la mueca de la sonrisa cordial, disciplinada, que sirve generalmente para cerrar nuestro espíritu a la mirada ajena."

En este entorno, templa su carácter y surge su postura vital fundamental: la coherencia que conlleva el rechazo por la doble moral de la época:

"Alejandra que no podía comprender la verdadera causa que producía esta diferencia natural entre ella y sus compañeras de clase, sufrió sin una queja, pero no hizo nada por modificar la actitud de sus condiscípulas y legítimamente reaccionó alejándose a su vez."

Pretendemos centrar nuestro estudio del cuento en el personaje femenino protagónico y restringirnos a uno de los aspectos de su carácter, su actitud transgresora. Para ello planteamos las siguientes consideraciones acerca de la mujer. La figura femenina ha estado siempre sometida a la masculina. No es una concepción que se origine en la época que la narración recrea. El pensamiento occidental fundamentado en la cosmogonía hebrea señala en el Génesis 2,21-24:

"Entonces Dios, el Señor, hizo caer al hombre en un sueño profundo y, mientras dormía, le sacó una de las costillas y le cerró otra vez la carne. De esa costilla Dios, el Señor, hizo una mujer, se la presentó al hombre, el cual al verla, dijo:¡Esta si que es de mi propia carne de mis propios huesos! Se va a llamar mujer porque Dios la sacó del hombre. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona."

Frente a estas afirmaciones bíblicas queda clara la supremacía del varón. Dice claramente: "Dios la sacó del Hombre."

Hay dos cuestiones significativas en el relato del génesis que quisiéramos destacar aquí. En primer lugar, la actitud de la divinidad de crear a la mujer a partir del cuerpo del varón, ya indica el sometimiento. Por lo tanto la posición de la mujer en la sociedad occidental está explícitamente avalada por la propia actitud divina.

En segundo lugar, el varón, desde el inicio la considera de su pertenencia, nacida de él. En estos breves versículos está el germen del lugar de la mujer en la sociedad actual.

La supremacía del varón hecho a imagen y semejanza de la divinidad nombra y señorea sobre la creación incluida la mujer. Esta mujer es Eva, la que unida a ese hombre primero, Adán ,constituyen la pareja original.

Sobre Eva apunta Cirlot: "Símbolo de la vida ,de la Natura naturans, o madre de todas las cosas, pero en su aspecto formal y material." [9]

Enrique Rodríguez Navarrete comenta sobre Eva: "....ella no tiene voluntad propia, siendo parte entera de Adán. Ella, esa parte de nosotros, que como personas civilizadas, mostraremos a los otros. Eva es lo que ha sido programado en nosotros como lo "aceptable". [10]

Verdaderamente y más allá de su "culpa" a la hora de ser parte activa en el momento de la tentación, Eva no deja de ser considerada como la madre. Pero en la Biblia se cita otra figura femenina que el Cristianismo no propaga , a Lilith. Antes de Eva hubo otra mujer creada por Yahvé en Génesis 1,27 se dice: " Cuando Dios creó al hombre lo creó parecido a Dios mismo; hombre y mujer los creó, y les dio su bendición."

Cirlot apunta sobre Lilith: "Primera mujer de Adán, según la leyenda hebrea." [11]

En este capítulo del Génesis se plantea a esa mujer ,creada, no del varón sino con el varón y como este a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto está igualada al varón. Cuenta el mito que Adán en el intento de cópula con ella , pidió estar arriba pero Lilith se negó argumentando que fueron creados iguales y que debían hacerlo en posiciones iguales. Nos dice el mito: "Ella fue con Yahvé y usó sus destrezas, su seducción con él. Yahvé conocido por su tacto suave ante las mujeres, finalmente conducido a revelarle su nombre sagrado y así Lilith pronunció el nombre divino y voló lejos del jardín y Adán para siempre." [12]

Se nos figura la primera mujer emancipada de la historia. El aspecto que de este mítico personaje nos interesa, para reconocerlo en Alejandra Leonard, es la actitud transgresora. El lado maligno, erótico y nocturno no se aviene a nuestros intereses. Así, Lilith es una feminista, cuestiona al varón, se emancipa, se le iguala y lo abandona. Alejandra Leonard es Eva y es Lilith, se debate entre ambas y es lo que intentamos demostrar en las líneas que siguen. Bellán, dice Fernando Aínsa, "...utilizaba un enfoque eminentemente feminista. La mujer es la gran constante de su obra, eficazmente insertada en la medida en que es vista desde una óptica social..." [13]

En la adolescencia Alejandra comienza a dar muestras de su lucidez y de su visión crítica acerca de las "sagradas" instituciones sociales, visión que le sería permitida si fuera varón. Su espíritu cuestionador y sobre todo trasgresor, inquietan al padre, quien escribe a su hermana Clemencia en busca de ayuda:

"Si fuera varón no me importarían tanto ni su inaptitud para la adaptación, ni su temperamento absorbente, ni su constante visión del ridículo.(...) Noches pasadas fuimos a presenciar el casamiento de uno de mis colegas (...) de regreso ya en casa (...) riéndose estrepitosamente reconstruyó los principales episodios del enlace. En todo halló torpeza, aparatosidad, vacío. (...) Me resistí a la crítica, pero los fallos eran tan certeros, que hube de reírme a mi vez de la ceremonia."

El propio padre, representante también de la doble moral social ( "si fuera varón..." ) no puede contenerla y reconoce la certeza de sus juicios. Se desprende de estas palabras de Leonard que la visión del ridículo y la crítica ácida hacia las instituciones sociales sólo podían venir del varón al que le estaba permitido pensar. Alejandra no es como su prima en la que predomina Eva: "Elsa (...) era una muchacha de dieciocho años, morena, de grandes ojos, juguetona, picaresca, coquetuela, que le gustaba, mientras pensaba en otras cosas, cantar y tocar el piano. En Corrientes había dejado dos novios, al uno indiferente, al otro, desconsolado."

Ella actúa como la sociedad espera y exige, es la casa de la mítica Eva, concepto de mujer sobre la que se funda la sociedad occidental. Por eso se casa, forma su hogar y tiene sus hijos. La otra, se debate entre lo intelectual y lo afectivo. Su desmedido afán por lo primero la lleva a transgredir la norma social, hace renacer a Lilith que esconde a Eva. Su carácter lilíthico se evidencia más claramente en sus relaciones afectivas. Justamente en el aspecto en el que más tendría que aparecer Eva. Pero ella es coherente, tiene un discurso unívoco que no se aviene a la doble moral masculina y eso la pierde socialmente.

Gualberto Cánepa su primer novio, es seducido por lo que Alejandra tiene de Eva y de Lilith. Pero a medida que las relaciones avanzan, a medida que se conocen más el peligro crece y Gualberto, como el profesor Leonard, como varón que es también manifiesta la doble moral. Por eso la relación luego de ciertos vaivenes, concluye. Es Alejandra la que finaliza el noviazgo con estas magistrales palabras:

"Te lo diré en pocas palabras. Tú eres como todos los hombres y yo no soy como todas las mujeres. Y si hay aquí algún reproche es contra mi misma naturaleza que lo dirijo. ¿Qué aman ustedes de la mujer? La trivialidad con sus monerías, el concepto pueril, su cabecita loca, su aparente fragilidad. No me perdonarías nunca el tener que compartir conmigo el mismo plano de la vida. Me hubieses amado si hubiese sido hueca como las muñecas. Lo que aman ustedes de la mujer es su cuerpo y su eterna pasividad (...) Porque yo te quiero como eres a pesar de tu egoísmo y de su carácter impositivo. Porque si me dijeras: no hables, no hablaría; porque si me dijeras : no pienses, no pensaría. Estaba resuelta al sacrificio de mi pobre ser por ti, a convertirme en tu segundón sumiso, en la obediente compañera del dueño y señor. Pero tuviste miedo, sí, confiésalo. Miedo de que la mirada del esclavo te descubriese en soledad, en el instante del recogimiento, cuando nos mostramos como somos; miedo de que el esclavo pesara tus pensamientos; miedo de que distinguiese las joyas malas de las joyas buenas. Este es el germen que mató tu amor. Puedes irte en paz. (...)

—Tienes razón. Perdóname. No te apenes por esta separación. No soy digno de ti".

El discurso de Alejandra muestra la imagen de la mujer que la sociedad gobernada por el varón exige: sumisión, banalidad, no cuestionamiento.

La actitud de sus condiscípulas, de Elsa y su marido confirman explícitamente lo que dice Alejandra. Indudablemente el varón exige una Eva y no hay lugar para Lilith, su vieja competidora. Nuestra protagonista quiere ser como Eva porque sabe que es lo que la sociedad le pide, pero su temperamento crítico y trasgresor, es decir, Lilith no se lo permite. Como decíamos antes, ella es fiel a sus principios. Por eso también fracasa en su segundo noviazgo con un pretendido poeta que al mostrarle sus versos no acepta la crítica.

Hacia el final de la narración, su prima Elsa (Eva) le da la clave del comportamiento social femenino. Alejandra le pregunta:

"—¿Te gustaría ser como yo? (...) Elsa bajó los párpados e hizo un gesto negativo. (...)

—Aún puedes casarte. Todo está en que te prestes a hacer lo que dice Roberto.

—¿Y qué dice?

—Que te hagas la nena boba."

Como decíamos, esta es la clave del comportamiento social que la mujer debe llevar a cabo para "realizarse". Debe dominar a Lilith y someterse, ser Eva y podrá entonces recibir la recompensa que la sociedad tiene para las mujeres, el matrimonio.

En el último párrafo del cuento, Eva golpea, un señor le dice a Alejandra:

"—¡Qué hermoso hijo le ha dado Dios, señora!

Alejandra sintió una honda sacudida en todo su ser. Sorprendida, iba a decirle : "no es mío" pero la voz no se pronunció. Apretó el nene contra su pecho y empezó a subir. Las piernas le flaqueaban."

En este final, decíamos, golpea Eva, ¿será que ahora Alejandra se da cuenta de que no fue madre? ¿Será que toma cabal conciencia de que además de no haber conseguido un compañero tampoco pudo dar a luz? Es la estacada final al personaje que se debate entre las míticas mujeres.¿Comenzará a regir Eva o Lilith se instalará definitivamente en la amarga aceptación de su destino por parte del personaje?

 

Consideraciones finales:

El título del cuento "El pecado..." nos introduce en un ámbito religioso que permite vincular a la protagonista con las míticas mujeres. La falta que comete el personaje femenino es no adaptarse a las normas que la sociedad destina a la mujer. Esas normas adquieren en este contexto un carácter sagrado. Alejandra como sujeto, intenta alcanzar la felicidad que esa sociedad señala para la mujer constituida por el matrimonio y la maternidad, pero fracasa, porque se le oponen los vaivenes de su carácter y su moral que nada tiene de doble. Ella misma se constituye en el oponente, en el adversario más feroz de sí misma. En la naturaleza del personaje están ambas mujeres míticas. Y el no saber dominar a Lilith la hace incurrir en el "pecado" que la sociedad condena y sanciona.

Es muy interesante destacar, para concluir, cómo todos los elementos tradicionales que encontramos en la narración (manejo del tiempo, mirada del narrador, técnicas narrativas, creencias, etc.) contribuyen a poner en evidencia la injusticia social y el cuestionamiento a esa tradición. Es una denuncia de la tradición desde la tradición misma. Es ella misma la que genera el cuestionamiento.

 

BIBLIOGRAFIA

Aínsa, Fernando, “La narración y el teatro en los años ‘20” Capítulo Oriental n° 17, EBO

Arbeleche, Jorge y Mántaras, Graciela, “Panorama de la literatura Uruguaya entre 1915 y 1945” Academia Nacional de Letras, Montevideo, 1995.

Bellán José Pedro “El pecado de Alejandra Leonard”, Introducción y análisis de J.J. Quintans y Amanda Espinoza. ARCA textos, Montevideo, 1995

Cirlot, Juan E. “Diccionario de Símbolos”, Labor, Barcelona, 1991.

Díaz, José Pedro, en Oreggioni, Alberto, “Nuevo diccionario de literatura uruguaya” tomo I, Banda Oriental, Montevideo, 2001

Pozuelo, J.M. “Teoría del lenguaje literario.” Cátedra, Madrid, 1994

Rodríguez Navarrete, Enrique.

 

Notas:

[1] Se sigue aquí la propuesta de Arbeleche, Jorge y Mántaras, Graciela, “Panorama de la literatura Uruguaya entre 1915 y 1945” Academia Nacional de Letras, Montevideo, 1995.

[2] Ibidem.

[3] Díaz, José Pedro, en Oreggioni, Alberto, “Nuevo diccionario de literatura uruguaya” tomo I, Banda Oriental, Montevideo, 2001.

[4] Ibidem 1

[5] Ibidem 1

[6] Terminología de Gerard Genette citado por Pozuelo, J.M. “Teoría del lenguaje literario.” Cátedra, Madrid, 1994

[7] Aínsa, Fernando, “La narración y el teatro en los años ‘20” Capítulo Oriental n° 17, EBO.

[8] Bellán José Pedro “El pecado de Alejandra Leonard”, Introducción y análisis de J.J. Quintans y Amanda Espinoza. ARCA textos, Montevideo, 1995.

[9] Cirlot, Juan E. “Diccionario de Símbolos” Labor, Barcelona, 1991.

[10] Rodríguez Navarrete, Enrique. www.letrasocultas.galeon.com

[11] Ibidem 9

[12] Ibidem 10

[14] Ibidem 7

 

© Fernando Casales 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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