Hasta dentro de cien años:
el homenaje del teatro al Tercer Centenario del Quijote
(Iª parte)

Dra. Pilar Vega Rodríguez

Universidad Complutense de Madrid


 

   
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1. Las conmemoraciones del Tercer Centenario

El teatro fue uno de los instrumentos aprovechados para la divulgación cervantina en las fiestas de su tercer centenario. Como punto de encuentro para la celebración de homenajes y veladas lírico-dramáticas, los coliseos sirvieron de escenario a las numerosas funciones académicas en las que se dictaron discursos, se repartieron premios de certámenes literarios, se realizaron ofrendas de flores ante bustos de Cervantes -o lápidas conmemorativas- se leyeron capítulos aislados del Quijote y, principalmente, se sacaron a escena numerosas adaptaciones episódicas o globales del Quijote y de las Novelas Ejemplares. Además, con motivo del homenaje, regresaron a las tablas varias de las obras del corpus teatral de Cervantes, no del todo triunfador del prejuicio que le adjudicaba un papel secundario en su producción, dado que -en su mayoría- fueron los entremeses - es decir- el teatro popular y cómico el seleccionado para el programa de los homenajes dramáticos. Diez años después, en la celebración del tricentenario de la muerte de Cervantes de 1916, otra vez las reposiciones del teatro cervantino y las adaptaciones del Quijote sirvieron eficazmente al homenaje del autor.

La costumbre de celebrar el natalicio de Cervantes o de conmemorar la fecha de su muerte era ya una práctica social y cultural consolidada. En su Vida de Cervantes (1737), Mayáns había recogido la tradición de que Cervantes debía haber fallecido antes del 24 de septiembre del año 1616, pues en tal día le había sido concedida a su viuda, doña Catalina de Salazar, licencia para imprimir Los trabajos de Persiles y Sigismunda. También de acuerdo a esta fuente era conocida desde antiguo la fecha en que el escritor había recibido su bautismo en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, 9 de octubre de 1547. Ambos datos corroboraba el opúsculo preparado por Manuel José Quintana para prologar la edición del Quijote en 1797 [1] aunque fijando en el 23 de abril la fecha de la muerte de Cervantes (que cinco días antes había recibido los Santos Óleos). El detalle de la cronología cervantina había dado pie a una abundante bibliografía entre los eruditos. Pero ocuparnos ahora en el detalle de los hechos que configuraron esta fiesta cívica es algo en lo que nos detendremos en otro estudio. Lo interesante aquí es interpretar la decisión de la Junta del III Centenario de la Publicación del Quijote, nombrada por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes del gabinete de Maura, que estableció el calendario festivo de la conmemoración para los días 7 al 10 de mayo de 1905. De una parte porque aquel año, el 23 de abril, la clásica fecha de la celebración cervantina coincidía con la Pascua de Resurrección. En segundo lugar, porque el Rey Alfonso XIII tenía previsto un viaje por el país de algunas semanas de duración que concluyó al comenzar la Semana Santa. Por otra parte, porque fue el 15 de mayo de 1606 cuando partieron rumbo al Nuevo Mundo los primeros volúmenes del Quijote, ciertamente de una segunda edición, ya que la novela había comenzado a venderse en la librería de Fernando Robles, el 16 de enero de 1605, aunque el impresor Juan de la Cuesta ya tenía preparado el libro en diciembre de 1604. De ahí que en los círculos literarios de Cataluña se adelantase varios meses el comienzo oficial del centenario, pues la primera sesión de homenaje tuvo lugar en la Academia de Buenas Letras de Barcelona el 21 de enero, y que, unos meses después, en la clausura de los actos del Centenario en Salamanca se mofase Unamuno de que en España, el país donde siempre se llega tarde a todo, se hubiese celebrado el tricentenario de la primera edición del Quijote en 1905 cuando en verdad la novela había sido publicada en 1604. [2]

Dos atrás, el 12 de diciembre de 1903, el periodista Mariano de Cavia había publicado un fogoso artículo en El Imparcial [3] en el que apremiaba al pueblo español a celebrar magníficamente el aniversario del Quijote y proponía a los poderes públicos una serie de iniciativas para hacer del homenaje la más luminosa y esplendorosa fiesta jamás celebrada en honor de la propia raza, el propio idioma y el alma nacional. Si España había perdido las Indias, las Españas Occidentales, aún le quedaba esta obra literaria inmortal, se consolaba Cavia [4]. Por esta razón, en el homenaje al genio que había llevado lo hispano hasta el más alto grado de excelencia se entreveía la gran oportunidad -aún reciente el desastre del 98- de un hermanamiento con los pueblos latinos emancipados y el más eficaz remedio para combatir la apatía que desmoralizaba a los españoles en los últimos años. Lo que Mariano de Cavia planteaba era organizar -como se había hecho en el Centenario de Calderón- un homenaje destinado a todos los españoles, cualquiera que fuese la clase social a la que perteneciesen. Por esto esbozaba en su programa festejos de la más variada condición: recepciones oficiales, fiestas palaciegas y funciones de gala en el teatro Real, pero también procesiones, cabalgatas, ofrendas artísticas, exhibición de grupos alegóricos, verbenas, etc. En un grado intermedio, anunciaba su artículo, podrían situarse las ceremonias académicas de los ateneos, sociedades culturales, etc.

Varias de las iniciativas propuestas por Mariano de Cavia llegaron a realizarse, entre ellas, la votación de una ley en las Cortes para la preparación del Centenario [5]. Sólo había transcurrido un mes desde el artículo de Cavia y ya el gobierno publicaba el proyecto de Real Decreto para la conmemoración del Tercer Centenario en La Gaceta de Madrid (2 de enero de 1904) nombrando una Junta encargada de los actos del Centenario. El texto del decreto animaba a los ciudadanos a expresar con espontaneidad la veneración por la figura de Cervantes a fin de que en todo el mundo quedase patente que “la santa unidad a quien el amor llama Patria no sólo funde la diversidad de pueblos, intereses y anhelos de un día, sino también el patrimonio espiritual atesorado por las generaciones que pasaron, y los alientos vivificadores con que se han de realizar las providencias, destinos colectivos”. Con esto se buscaba justificar la intervención del gobierno en un homenaje cuya primera virtud debería haber sido la adhesión popular y espontánea. Era lógico- alegaba el decreto- que el gobierno de España diese cuerpo a un propósito del que sólo cabía esperar el fortalecimiento de la unidad nacional ya que convertir a Cervantes en el emblema de la antigua gloria hispana significaba proponer a los españoles el más acabado tipo de perfección, un modelo hacia el cual orientar la regeneración de un pueblo abatido y confuso [6]. España será grande, decía Bermúdez Jambrina en la Revista Gallega, mientras exista en ella algún ejemplar del Quijote, mientras pueda tomarse como punto de referencia al héroe que tendió irrevocablemente al ideal pese a todos los sacrificios [7]. La consideración que solía escucharse por entonces en la prensa, aunque por motivos diversos según la orientación ideológica era, la de que de lo que andaban sobrados los españoles era de Sancho Panzas. Para unos, sólo la reanimación del espíritu quijotesco podría alentar la recuperación del pueblo hacia los impulsos que hicieron de España en otro tiempo una nación respetada en Europa. Enrique Pérez, presidente de la asociación de la Prensa de Málaga y mantenedor de sus juegos florales diría en el discurso inaugural de los mismos, el 9 de mayo de 1905:

¿será cierto que a la raza de Cervantes, por no hablar más que de Cervantes como tipo de la raza y el pueblo del Quijote, admirable muestra de vigor intelectual de este pueblo, no le espera otra cosa que la decadencia y la muerte? [8]

Y en la Revista Gallega confirmaba algo similar Eugenio Carré:

As cousas tal ai vai pondo
a malafada de cote
que emos de chegar ao fondo
por termos Sanchos abondo
e nos morrer D. Quijote

Por él foi o sobresalgo,
pois a nosa raza entraña
e tolo ou non o fidalgo:
s ´en nós xurde, somos algo
s´en nós morre, morre España. [9]

Para otros la visión era diametralmente la opuesta. Si los Sanchos abundaban en el país era porque demasiados acaparaban las riquezas de las ínsulas Baratarias y disfrutaban de privilegios mientras los Quijotes decaían bajo el peso de la miseria y el trabajo extenuante de las minas o las fábricas. Los Sanchos de hoy, aseguraba Joseph Roca en La Campana de Gracia, son esos que, inevitablemente, casi por instinto, no pueden ser sino farsantes, embusteros que, curiosamente, vienen a coincidir con todos aquellos que están en condiciones de regir los destinos humanos [10]. En el remate de la adaptación dramática que Eduardo Barriobero y Herrán estrenó por las fechas del Tricentenario de la muerte de Cervantes (1916) se hacía constar la misma perspectiva desesperanzada. Ya no quedan héroes que salven el propio país. Por lo demás, es lo propio del Quijotismo que su acción redentora nunca se descubra sino tarde. Quizá por esto resulta perfectamente inútil fomentar un culto oficialista cervantino

Quijotes hubo y aun habrá Quijotes
nadie lo duda, pues los da la tierra
y luego los educa diligente
el pueblo, adorador de las leyendas,
para matarlos cuando cuerdos obran
o llevarlos en andas cuando yerran. [11]

De ahí que las palabras de D. Miguel de Unamuno, en la clausura de los actos del centenario en la universidad salmantina, rezumasen melancólica ironía [12]. Aunque más modesta en comparación con las celebraciones de otras ciudades, la conmemoración del centenario en Salamanca sí había resultado auténticamente representativa de la admiración popular por el autor del Quijote, pues brotó no a instancias de la oficialidad sino por un impulso genuino [13]. Bien se habían ocupado de reprochar al gobierno los nacionalistas catalanes contrarios a la celebración del centenario de que la participación ciudadana en los homenajes hubiese tenido origen en una exhortación “oficialmente espontánea” , el decreto del Ministerio de Instrucción pública (de 7-3-1905) por el que se disponía que en todos los Institutos, Escuelas Normales, Colegios privados y públicos, (y por extensión del mismo modo se comportaron las sociedades de Recreo, Academias, y demás instituciones culturales) se organizase una función de homenaje a Cervantes [14]. Pero la postura de rechazo o reconvención del nacionalismo catalán, ajeno a la gloria lingüística del Quijote -que no era la suya- ni mucho menos a sus ideales patrios, no fue tan unilateral como podría juzgarse en un principio. Por ejemplo, en el pleno de la sesión del Ayuntament de Barcelona el 28 de abril de 1905 lo que se discutió no fue precisamente si debería ser lógico o no que los coros Clavé participasen en los festejos del Centenario en Madrid, sino, examinando la propuesta de los concejales Fabra, Serraclara y Giner de los Río de que también la banda municipal de Barcelona acompañase a Clavé, sino la más pedestre cuestión acerca de a quién correspondía sufragar los gastos de desplazamiento de los músicos [15]. Por otra parte, no sólo en ciudades como Lérida o Barcelona, fue intensa la actividad celebrativa del homenaje. También en París, el Centre Catalá reunió en sesión solemne el 15 de mayo a importantes escritores en intelectuales franceses para la celebración del centenario [16]. Por lo demás, en la Publicación homenaje Paris Quixote, editada lujosamente en París participaron, junto a autores como Galdós, Unamuno o Azorín, escritores catalanes de la importancia de Narcís Oller.

Ya que los días 7 al 10 de mayo (domingo a jueves) habían sido declarados jornadas de vacación escolar y el día 9 no laborable en todas las capitales de provincia, la mayor parte de las ciudades y poblaciones pudieron celebrar -sin más trabas que el presupuesto municipal- gran variedad de festejos públicos conmemorativos del centenario: jornadas artísticas, batallas florales, concursos literarios, cabalgatas, desfiles de carrozas, lidia de toros, entrega de limosnas en los pasacalles, reparto de ejemplares del Quijote, carruseles de obstáculos hípicos, conciertos y veladas literarias, conferencias, discursos y actos académicos, oficios religiosos y homenajes militares, etc.

Los desfiles de carrozas y los pasacalles seleccionaron para su representación episodios emblemáticos de la novela apoyándose en el criterio de la popularidad y contribuyendo a confirmarla. Ejemplos de esta especie de escenificación antológica pudieron verse en el certamen de carrozas de Madrid (9 de mayo de 1905) en que la Carroza de Vinateros representó la aventura de Clavileño, la de los Autores escenificó el episodio de las Cortes de la Muerte, la Carroza del Gremio de Tejidos dramatizó los capítulos del yelmo de Mambrino y las bodas de Camacho, mientras la carroza de la Diputación resumía la aventura de D. Quijote y los leones [17]. En la misma fecha, se celebró en Valencia una cabalgata histórica para representar la entrada de Cervantes en Valencia, al regreso del cautiverio de Argel, con parada en la calle de Guillén de Castro y en la calle de S. Vicente, antigua sede de la imprenta de Felipe Mey (el impresor valenciano de la primera edición del Quijote). El pasacalles organizado por la Academia de Argamasilla del Alba (8 de mayo) hizo desfilar a D. Quijote y Sancho en sus caballerías y a toda una cohorte de grupos artísticos que representaban detrás las aventuras del Vizcaíno, el entierro de Grisóstomo, el manteamiento de Sancho, el cautivo, el episodio de las Cortes de la Muerte y D. Quijote en la jaula. En la procesión cívica de Pamplona (7 de mayo) desfilaron tipos y escenas del Quijote [18] y en Bilbao (10 de mayo) se representaron escenas del cp. VII (cinco reyes de armas vestidos con trajes de época) y el XLVI, el encantamiento de D. Quijote, de la primera parte, junto con el episodio de las Cortes de la Muerte y la procesión de la casa de los duques (cp. XI y XXXV, de la segunda parte). Además, el cinematógrafo de la Gran Vía de Bilbao exhibió en su sala escenas del Quijote. Sesiones cinematográficas en Zaragoza compusieron también una breve antología del libro [19]. Y en los muelles de Noja y Vigo se programaron sesiones de fuegos artificiales en los que pudieron reconocerse imágenes alusivas al Quijote.

El mismo efecto antológico consiguieron pantomimas como la escenificada en la Escuela Normal de Maestras de Madrid "Selección de la Biblioteca de D. Quijote [20]o la función del 8 de mayo en el teatro Gayarre de Pamplona en la que se representaron escenas plásticas del Quijote a cargo de alumnos del Centro Obrero). [21]

Con motivo del centenario muchos periódicos sacaron la tirada de un número especial dedicado al Quijote y se convirtieron en altavoz de concursos literarios. En La Coruña, una comisión de artistas, escritores y miembros de la Liga de Amigos, proyectó la publicación de un periódico titulado El Quijote, que fue editado lujosamente, a todo color, con grabados y dibujos de importantes artistas, con el objeto de dar lucir la calidad de las letras gallegas [22]. El diario ABC fue publicando en primera página los trabajos enviados a su premio de ensayo, aún bajo la plica del concurso y casi contando con la opinión de los lectores, y los carteles del concurso convocado por la casa Gal, con premio de 1000 pts, cuyo premio falló el Círculo Artístico de Barcelona. Por otra parte, las iniciativas para celebrar esta fiesta recorrieron variedad de opciones. Desde la colonia de viviendas para obreros inaugurada en Oviedo en recuerdo del escritor llamada “Miguel de Cervantes”, a las numerosas calles dedicadas en varias ciudades (en Santoña, según hace notar el Diario Montañés, el 8 de mayo de 1905, o en Lérida, dando nombre a una plaza, y muchísimas más) [23] y hasta la sesión extraordinaria de toque de campana en homenaje a Cervantes que consta en el cuaderno firmado por Rafael Aguado en la Santa Iglesia Metropolitana de Valencia (9 de mayo).

Entre los actos celebrados en Madrid puede mencionarse la actuación de los coros Clavé -a la que ya se ha aludido- en la Fiesta de la Plaza de Toros (en la que participaron también otras asociaciones artísticas y musicales) la retreta militar y subsiguiente batalla de flores prolongada desde la plaza de Colón hasta la Castellana, la procesión cívica en la plaza de las Cortes, la entrega de una corona ante el busto de Cervantes (por el duque de Sotomayor y en presencia de su Majestad el Rey) el descubrimiento de una lápida conmemorativa en el Hospital de Atocha, antiguo emplazamiento de la imprenta de Juan de la Cuesta y los funerales en los Jerónimos. Se celebraron varias exposiciones cervantinas: en el Círculo de Bellas Artes, en el teatro Lírico, en el Palacio Real, una fiesta aristocrática en el palacio del Marqués de Cerralbo y numerosos actos académicos, en la Universidad Central, Real Academia de la Lengua, Academia de la Historia, de Bellas Artes, en la Sociedad Geográfica, la Sociedad Económica Matritense, el Ateneo, etc., durante las cuales pronunciaron discursos escritores como Galdós, Mariano de Cavia, José Moreno Robredo, Echegaray, etc.

Pero los dos hitos visibles en que cristalizaron los fastos del tercer Centenario del Quijote y de la muerte de Cervantes en Madrid fueron la decisión de dedicar un nuevo monumento a Cervantes [24] (1905) y la fundación del Instituto Cervantes (30 de abril de 1916), lugar concebido “para la confraternidad artística, sin razas ni fronteras", según declaraba su discurso inaugural el presidente de la institución, D. Antonio López Muñoz [25]. Mariano de Cavia había solicitado la colocación de una estatua de Cervantes más digna que la emplazada en las Cortes (como “menguado sujetapapeles” ) y también la propuesta de fundación de un instituto que acogiese el retiro de los escritores ancianos o enfermos.

Concretamente en las fiestas del tercer centenario de la novela, pese a las indecisiones o la abulia de la Junta organizadora, cuya negligencia y errores no quedaron sin censura por parte de muchos, el vértigo cervantino llegó a existir y la celebración congregó manifestaciones laudatorias heterogéneas. Pero fue todo cosa del último momento. Razones económicas podían ser invocadas para explicar la precipitación y escasez de los actos, buscaría excusar Doña Emilia Pardo Bazán. Y otras circunstancias, la más dramática el hundimiento del depósito de agua en Madrid a principios de abril, accidente en el que perdieron la vida decenas de personas. Por otra parte, el ministerio de Instrucción Pública había pasado por tres inquilinos en el tiempo de la preparación del centenario: primero Carlos María Cortezo Prieto, a continuación Justo Sierra, y tras éste, Juan de la Cierva y Peñafiel, el ministro que hizo obligatoria la lectura del Quijote en las escuelas. No puede decirse que esto contribuyese precisamente a la eficaz organización del centenario. No estaba la “Magdalena para tafetanes” se burlaría Helius en La Campana de Gracia [26]. De ahí que las iniciativas para la celebración del centenario hubiesen pasado rutinariamente de una a otra comisión. Y en lo que se refería al teatro, si bien es cierto que por un acuerdo unánime, la Sociedad de Actores -a través de sus representantes, Cirera, Rivas y Gamero- se había puesto a disposición de la Junta del Centenario para cualquier eventualidad que exigiese la representación de escenas o diálogos del Quijote [27], muy poco antes de los festejos los empresarios de teatro se declararon en huelga cerrando provisionalmente los coliseos de Madrid [28] cuando se encontraban en cartel obras tan sustanciosas como la Bárbara de Galdós, o Rosas de Otoño de Benavente.

Era innegable, no tendría más remedio que admitir Dña. Emilia, que la responsabilidad última de aquel fracaso sólo podía atribuirse a la gestión de la Junta organizadora.

Solo se consigue, en esta ebullición estéril de apresuramientos, en este brillar de cohetes y fogarachos, presentar ciertos remedos de las cosas, ciertas telonerías y bambalinas, que a nadie enga­ñan, y menos a los extranjeros, a quienes queríamos deslumbrar con tal aparato de escenografía barata. Si es cierto que lo cursi... consiste en las preten­siones que no se justifican, en el quiero y no puedo, España, en esta ocasión se ha expuesto a la nota de cursilería. [29]

Y de algún modo, era lo que la prensa había repetido incansable plasmando el eco popular: "el centenario ha sido, para sus organizadores, tarea de última hora" (Heraldo de Madrid). A pocos días de la celebración del Real seguía sin haberse decidido el contenido de la velada censuraba Andrenio (Eduardo Gómez Baquero) en La Época:

Se habla de diálogos del Quijote, de decoraciones, de trajes, de coros, de apoteosis, pero todo ello está para empezar... para llevarlo a cabo quedan tres semanas. [30]

Las acusaciones de precipitación tenían su fundamento. El Noticiero Universal se quejaba de que los programas de la celebración no se habían sacado al público “¡hasta la misma tarde de la inauguración de los festejos!” [31]. Pero La Época reaccionaría al clima jeremíaco que rodeó las reflexiones posteriores al evento lamentando que siendo siempre mucho más fácil sacar “peros” a algo que ponerse a ejecutarlo, aquel descontento no hiciese sino continuar retratando lo específicamente hispano, la autoconmiseración:

Con mayor y más constante preparación, el centenario del Quijote hubiera podido ser más brillante, ¿quién lo duda? Pero las censuras que ahora se prodigan son injustas y exageradísimas, son, en fin, un nuevo ejemplo de la propensión estéril á ver solo lo imperfecto de las cosas y á rebajar y deprimir cuanto se hace, que es, por cierto, una manía castizamente española, más acentuada ahora que nunca. En esto sí que somos cada día más castizos” [32]

Según otros, lo mezquino del centenario era la lógica consecuencia de haber concedido tanta importancia al reciente homenaje de Echegaray. Los ficticios personajes de un diálogo dramático en la sección “Diario de un espectador” de La Época llegaron a decir que el periódico satírico Gedeón había dado en el clavo al presentar la caricatura de Cervantes quejándose compungido del boato gastado con Echegaray, muy poco antes: “no va a quedar nada para mí”. Por su parte, Miguel Tuto y Amat, al hacer la crónica de aquella celebración rutilante y profusamente aristocrática, no había podido evitar un grito iracundo: “Basta de homenajes”

Procuremos en vez de gastar percalinas, energías, oro y masa gris en estos menesteres, derrocharlas en conseguir que se eleve la mentalidad; en propagar la hermosa lengua de Cervantes, en procurar la creación de centenares de escuelas, y en alcanzar que la tierra española, que debía ser un vergel, no sea en su mayoría, mustio e incultivado erial sediento de agua, hambriento de abono, y deseoso de brazos peritos que con medios adecuados lo transformen.

Menos homenajes y más cuidar de las verdaderas riquezas del país. [33]

Toda la parafernalia de los centenarios no era en el fondo, opinaban estos escritores, sino un acto de culto disimulado, desacralizado, una lamentable mojiganga, representación teatral que sólo buscaba entretener la ilusión de un público ingenuo. Puesto que el espíritu de ceremonia ha entrado en decadencia - reflexionaba La Época- era lógico que todos los actos de homenaje hubiesen sonado a cosa artificial.

Antes los pueblos adoraban a sus bienhechores y los convertían en semidioses, o héroes de linaje divino. Hoy, que lo maravilloso ha venido tan a menos, queremos hacer, sin darnos cuenta de ello, un simulacro de aquellas adoraciones, y resulta un culto laico, algo por el estilo del calendario positivista de Augusto Comte, o del culto a la diosa Razón. En resumen, una cosa un poco artificial, que huele un poco a mascarada. [34]

Pero yendo más al fondo, aún quedaba por revelarse en la falta de entusiasmo por el centenario algo mucho peor: que al español había perdido toda capacidad para entusiasmarse por nada. “Todos los grandes entusiasmos están en decadencia. No tenemos pulso, como dijo el Sr. Silvela”, se dolía el personaje de la sección “Diario de un espectador” en La Época [35]. Por eso el español se siente en la obligación de exagerar mucho cada vez que quiere convencerse de que algo le entusiasma:

Necesitamos meter mucho ruido, agotar la hipérbole para convencernos á nosotros mismos y convencer a los demás de que estamos entusiasmados, en efecto. [36]

Para otros, en cambio, lo deslucido del centenario era simplemente la consecuencia de una conmemoración que desde el principio había estado pensada como algo privativo de la élite, de un homenaje que había resultado tan escasamente popular que difícilmente habría podido interesar al gran público. Esto es lo que decía la crónica del Heraldo de Madrid, por ejemplo:

Adviértese una frialdad, una falta de entusiasmo, impropias del momento. Baste recordar lo sucedido cuando el centenario de Calderón y cuando el del descubri­miento de América. Palpitaba entonces en el ambiente algo que hoy no se ha advertido aun siendo el instante de los más solemnes de España. [37]

El Noticiero Universal se quejaba, más concretamente, de que no se hubiesen previsto más representaciones de aforo libre de capítulos del Quijote. Estas y otras iniciativas más cercanas al pueblo hubieran contribuido a difundir la lectura del gran libro de Cervantes.

Se ha hecho a Madrid, a España entera, el agravio de convertir las fiestas el Quijote en una serie de actos para el mundo oficial, ni más ni menos que si se tratara de celebrara alguna boda de elevados personajes ó la apertura de una legislatura [38]

Pero esta crítica quizá no era del todo justa y de hecho, no faltaban los que achacaban a la celebración precisamente lo contrario, el exceso popularista. La visión de Antonio Herráez, también en Noticiero Universal, denunciaba la pésima organización del centenario pero desde la perspectiva contraria. El gobierno ha dado pan y circo a los españoles para evitar otro tipo de reflexiones a que hubiera podido incitar el mito quijotesco. Tan ansiosos estaban los madrileños de disfrutar de una diversión pública gratuita que hasta se produjeron incidentes en la adjudicación de las entradas para oír a los coros de Clavé.

Durante los míseros festejos del Quijote, los españoles se han congregado en torno de las músicas y allí han permanecido largo tiempo, sin ocuparse de más; revistas, coros, procesiones, todo se ha resumido en esto, porque han comprendido los organizadores, que era el medio más seguro de ahogar las protestas y de acallar a los descontentos (ibid)

El programa del centenario había tratado de incorporar a las diversiones populares el leit-motiv del homenaje cervantino, trayendo a colación las escenas más conocidas -o que se suponían tales- del público lector. Así pues, no es posible decir que las celebraciones cervantinas no habían sido del gusto popular por la razón sencilla y obvia de que en su mayoría ya constituían festejos populares. Pero a lo que quizá se referían estas críticas- al margen de la alusión a un cierto elitismo en las celebraciones madrileñas- era al triste hecho de que toda la actividad conmemorativa no logró el objetivo prioritario de divulgar la obra del que era, supuestamente, el primer escritor de la literatura española y la encarnación más pura lograda por el castellano. Cuantos habían estado implicados en los eventos de la conmemoración no pudieron deshacerse de la terrible sospecha de que era, precisamente en España, donde el magnífico escritor paradigma de lo hispano resultaba un desconocido no sólo del pueblo sino también de las clases cultivadas. Al concluir los homenajes, aquella sospecha se había convertido en evidencia. Amargamente reflexionaba Manuel Bueno en El Heraldo de Madrid,

Salimos del teatro Español con el alma invadida de corrosiva tristeza. Estos días en que ha surcado el ambiente de nuestra patria una sombra de gloria que ha enorgullecido nuestros corazones, nos preguntamos más de una vez con estupor y amargura, cuál pudiera ser el motivo del desvío con que nuestro pueblo, sin exclusión de ninguna clase, ha asistido a los festejos que se le han hecho a la memoria de Cervantes. [39]

Si ese había sido el verdadero propósito de los festejos, como aceptaba de buena gana La Vanguardia poco antes de la celebración, “que muchas personas que habían oído celebrar desde los días de su infancia las bellezas del Quijote, sin haber tenido jamás la curiosidad de leerlo, se hayan decidido a leerlo, siquiera para estar al corriente de la situación” [40], el espectáculo del Teatro Real, la noche del 10 de mayo de 1905, no había dejado dudas al respecto: “ni el pueblo, ni la aristocracia ni la clase media conocen a Cervantes más que de nombre (....)” se lamentaría en El Heraldo de Madrid, Manuel Bueno. “No ya la muchedumbre de los analfabetos sino la inmensa mayoría de los españoles que saben leer son incapaces de apreciar la hermosura de la genial creación” [41] y de ello tiene culpa el envilecimiento del lenguaje en las obras de reciente creación y la invasión del género chico en el teatro. Es lógico que una obra como el Quijote se haga ininteligible e inalcanzable para el público de hoy. Al centenario se había llegado sin la debida preparación, y por eso todos los actos del homenaje habían concluido siendo algo artificial [42]. Descorazonado, Manuel Bueno reflexionaba desde las páginas de El Heraldo de Madrid.

Este pueblo, que se estremece de emoción, y de entusiasmo con las insanas garrulerías de Echegaray, con el vacío palabreo de Mancha que limpia y con los centelleantes disparates de El estigma, ha oído con ofensiva indiferen­cia las palabras alternativa­mente risueñas y melancólicas, siempre veraces, de nuestro glorioso escritor (....) este libro, que ha glorificado a España más que los tesoros de Flandes y más que las plumas de todos nuestros escritores juntos, no ha llegado a la entraña ni al pensamiento de nuestro pueblo (... ) En España - digámoslo con agresiva franqueza, ni se conoce ni se ama ese libro admirable, de exploración a través del vivir humano, de ironía, de desaliento y de dolor. [43]

Por eso, al concluir los festejos de 1905 se quejaba amargamente un anónimo autor en el Noticiero Universal que las fiestas en honor de la publicación del Quijote de la Mancha casi habían terminado oficialmente. “Y decimos oficialmente porque nacionalmente no han comenzado, ni han podido por consiguiente concluir” [44]. El periodista Antonio Herráez del Noticiero Universal daba su adiós al Quijote hasta el siguiente centenario ”el libro inmortal, con su insigne autor han vuelto otra vez al olvido para la mayoría de los españoles...” [45]

 

Notas:

[1] Gregorio de Mayáns, Noticia de la vida y de las obras de Cervantes, Imprenta Real, Madrid, 1797.

[2] Crónica del Centenario del Don Quijote en Salamanca, publicada bajo la dirección de Miguel Sawa y Pablo Becerra . - Madrid : [s.n.] , 1905 (Tip. Antonio Marzo) p. 500-501. Tomamos datos de Programa de festejos, III Centenario, Madrid, 1905; Programa oficial de espectáculos, Madrid, Imprenta de Alonso, 1905. Las Provincias, Valencia, mayo de 1905. El Correo Gallego, mayo de 1905. El defensor de Granada, mayo de 1905. Gaceta Médica de Granada, mayo de 1905. El Mercantil Valenciano, mayo de 1905. El Teatro, Barcelona, 1905. Almanaque de la Ilustración Española y Americana, 1905. La Ilustración Artística de Barcelona, 13 de marzo de 1905. Boletín del Tercer Centenario de la muerte de Cervantes, núm.146, 1905. Los Quijotes, 10 de marzo de 1915. Blanco y Negro, septiembre de 1915. Diario ABC, mayo de 1905. Heraldo de Madrid, mayo de 1905. El Mensajero de León, mayo de 1905.

[3] Mariano de Cavia, “Post tenebras spero lucem” (El Imparcial, 2-12-1903), contestado por Maeztu al decir que el Quijote era el libro de los viejos por lo que en modo alguno podía remontar el decaimiento de los españoles: “Ante las fiestas del Quijote”, Alma española, 13 de diciembre de 1903 y también “El libro de los viejos”, La Correspondencia de España, 12 de mayo de 1901. Para algunos, el artículo de Cavia no fue entendido en su verdadero propósito, más acorde al afán de notoriedad o la provocación burlesca (A. March, “¿Solemnitat Nacional?” en La Campana de Gracia, 6 de mayo de 1905, p.7) citado por Carme Riera, El Quijote desde el nacionalismo catalán, en torno al Tercer Centenario, Barcelona, 2005, Destino, p. 70.

[4] Dedicatoria a D. Juan de la Cierva y Peñafiel, en Miguel Sawa y Pablo Becerra, Crónica del Centenario del D. Quijote, p. 95.

[5] Mariano de Cavia había solicitado la convocatoria de un certamen literario organizado por la Academia española al que pudiesen concurrir las Academias americanas con trabajos variados, empresas editoriales, artísticas, o bibliográficas, relacionadas con la historia cervantina, (como la exposición de ediciones antiguas del Quijote, o la preparación de ediciones correctas y manejables de la novela de Cervantes). La Época destacaría que la primera ofrenda del Centenario había venido de la América hispana, la edición a cargo de D. Gabino J. Vázquez, de un lujoso folleto sobre el Quijote en Yucatán (México) en el que participaron escritores y artistas (La Época, 8 de marzo de 1905, p. 3).

[6] En torno a esta fecha las autoridades representativas de todas las capitales de provincia celebraron reuniones para decidir el modo en que sería celebrado el centenario en sus localidades.

[7] Revista Gallega, 6 de mayo de 1905, n. 529, p. 2.

[8] Crónica del Centenario del D. Quijote, p.479.

[9] Eugenio Carré Aldao, Revista Gallega, 6 de mayo de 1905, n. 529, p.2. Autor de la Geografía del reino de Galicia, y propietario de la Librería Regional.

[10] “Quixots i Sanxos del sigle XX” , firmado por P.K. (Joseph Roca y Roca, director de La Campana de Gracia: “En tal situació de vergonya y oprobi han quedat transformadas á comensos del sigle XX, las dos simbólicas figuras de la vida nacional, que tres centurias enrera creà el geni incomparable del Princep dels Ingenis”, (La Campana de Gracia, 6 de mayo de 1905, p.2) Si volviera a nacer Cervantes no lograría encontrar un tipo quijotesco al que convertir en héroe de su novela.

[11] Eduardo Barriobero y Herrán, D. Quijote de la Mancha, Madrid, 1916.

[12] Artículo de Unamuno, “Muera D. Quijote” (1895), Obras completas (Prólogo, edición y notas de Manuel García Blanco). Madrid: Afrodisio Aguado, S. A., 1958, p. 712-716.

[13] Crónica del Centenario, pp. 500-501. Acababa de publicar Unamuno su artículo “Sobre la lectura e interpretación del Quijote”, en La España Moderna, año XVII, núm. 196, Madrid, abril de 1905. Sobre el mismo guión construyó su Vida de D. Quijote y Sancho según Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Librería Fernando Fe, 1905.

[14] Si la universidad, los institutos, las corporaciones oficiales, las academias o los círculos literarios se habían sumado al movimiento fue, exclusivamente, decía Joseph Roca “porque el Gobern els ho mana” (P.K., La Campana de Gracia, 6 de mayo de 1905, p.4)

[15] La Vanguardia, 28 de abril de 1905, p.2.

[16] La Vanguardia, 15 de mayo de 1905, p. 8. En París, por iniciativa de la Ligue d´Action Latine que presidía Mr. Paul Donmer -también presidente de la Cámara de Diputados- cerca de tres mil personas se reunieron el 9 de mayo de 1905 en el anfiteatro de La Sorbona para brindar un solemne homenaje a Cervantes. El actor de la Comedie Française, Mr. Mounet-Sully, Mr. Calvet, el príncipe Brancouvan, Director de la revista La Renaissance Latine, el hispanista Mr Lebbadi, el académico Jules Claratie y el redactor de Le Temps, Mr. Guilaine pronunciaron importantes discursos en esta velada literaria (La Época, 10 de mayo de 1905). Otros artistas de la Comedie Française, entre ellos la notable actriz Mme. Renée Di Minil, leyeron poesías de Sardou, Edmond de Haracourt, Le Lorrain, Alfred Perière y José María Canilo. Asimismo se presentó en Paris el número único del periódico titulado Paris-Quichotte. En Londres, el tercer centenario del Quijote se celebró con la asistencia y protagonismo del famoso actor sir Henry Irving, quien por entonces representaba en el London Theater un famoso monólogo tomado del Quijote. El 14 de octubre de 1905 el periódico londinense The Times anunciaba la muerte del actor y la revista Strand Magazine hacía referencia en el obituario a la magistral actuación de Irving como D. Quijote: “The part was written for him, and he looked the character to perfection. But one great difficulty that presented itself was the finding of Don Quixote's horse-sufficiently quaint, starved, and aged. Irving had not himself thought much about it, but as the time for the production drew near he realized with anxiety that he had to appear, attired in armour, astride his charger”. (http://www.arthurlloyd.co.uk/IrvingFiles/Strand.htm). El Centenario de la muerte de Cervantes se celebró en Londres conjuntamente con el de Shakespeare el 5 de mayo de 1916 en una función en la que se exhibieron cuadros sobre la cautividad de Cervantes y en la que se representó La guarda cuidadosa y La Tempestad (última obra compuesta por Shakespeare) (Vassar History). Lisboa tuvo una solemne sesión en al Real Academia de Ciencias, bajo la presidencia de su Majestad D. Carlos y en la Academia de estudios libres (12 de mayo de 1905, Crónica del Centenario, p.555).

[17] Este certamen dejó desierto el primer premio y concedió el segundo para el Gremio de Tejidos

[18] Homenaje de Navarra a Cervantes, acordado celebrar el 7, 8 y 9 de mayo, Pamplona, 1905. Crónica, p. 397-398.

[19] La Época, 7 de abril de 1905, p. 2.

[20] Crónica del Centenario, p.279.

[21] Homenaje de Navarra a Cervantes, acordado celebrar el 7, 8 y 9 de mayo, Pamplona, 1905

[22] La sociedad estaba formada ya en febrero de 1905 y se había pensado tirar 6000 ejemplares de este folleto. Colaboraron en él los escritores Pondal, Vicuña, Ramón Bernárdez, Gago Salinas, Juan Barcia Caballero, entre otros, y los pintores y dibujantes, Román Navarro, Urbano González, José Lloréns, José Gómez, Karikato y J. Abella. No se perdonan a Cervantes sus ironías sobre los gallegos en La Tía Fingida y se le reprocha que haya sido tan desafecto a la tierra cuando fue gracias a un gallego, el conde de Lemos, como logró abrirse paso hacia la fama, (Revista Gallega, Francisco Tettamncy, 6 de mayo de 1905, p.2)

[23] Crónica del Centenario, p. 450.

[24] Era obra de Antonio Solá y de los artistas prusianos Luis Follaje y Guillermo Hopsgarten. Se había inaugurado en 1835. El nuevo monumento fue obra de obra de Lorenzo Coullaut Valera. Para sufragar los gastos del nuevo monumento entre otras iniciativas se realizó una función teatral en el Español el 14 de mayo. (La Vanguardia, 12 de mayo de 1905, p. 5). La nueva estatua fue obra de Lorenzo Coullant Valera y Rafael Martínez Zapatero, quienes ganaron el concurso convocado por el Ayuntamiento de Madrid en 1916 (ABC, 9 de mayo de 1916, p.14)

[25] También presidente de la Asociación de Escritores y Artistas y ministro de Instrucción Pública con el conde de Romanones. “Se alzará (...) el Instituto Cervantes para ejemplo de los siglos, y albergará en sucesivas generaciones á los escritores y artistas rendidos ya por el infortunio, por la edad, ó por lo duro del combate en honor de las trazas providenciales que señalan la tierra de promisión de las almas; y al lado de este refugio, que será lugar de reposo y templo de confraternidad artística, sin razas ni fronteras, se alzará, bajo la misma advocación, para educar á los hijos de aquéllos, la Escuela de primeras letras, donde el trajín sano y bullicioso de la niñez, contrastando con la quietud melancólica de la experiencia y endulzando sus rigores, mostrará la imagen de la vida, cuyos extremos se enlazan por el nexo divino del deber que aliente y redime, como intuición luminosa en el niño, que pide ser depurada, en la Escuela, y como firme convicción en el viejo, que pide ser resguardada de tristezas y decaimientos en amorosa convivencia de hermanos” (ABC, 1 de mayo de 1916, p. 16). La institución de un premio Cervantes fue iniciativa de Mr. M.Archer Huntington -el fundador de la Hispanic Society of America- con motivo del Tercer centenario de la Muerte de Cervantes (ABC, 8 de mayo de 1916, p.15)

[26] Helius “Quixotades”, en La Campana de Gracia, 6 de mayo de 1905, p.2.

[27] La Época, 2-2-1905, p. 4.

[28] La Vanguardia, 9-III-1905, p.8

[29] La Ilustración Artística de Barcelona (1905), núm.­1207. p.330

[30] La Época, 17-4-1905, p.2.

[31] Noticiero Universal, 10 de mayo de 1905, n.117, p.1

[32] La Época, 17 de mayo de 1905, p. 1.

[33] Noticiero Universal el 20 de marzo de 1905 (n.7, 1.)

[34] Opina Juli Francesc Gibernau que los actos del centenario sólo han servido para sostener un poco más al gobierno (La Esquella de Torratxa, número extraordinario). Lo mismo afirma en La Renaixença Jaume Arau “Moxiganges”, Any XXXV, nº3348 (29 abril de 1905). Citado por Carmen Riera, El Quijote desde el nacionalismo catalán, en torno al Tercer Centenario, Barcelona, Destino, p.64-66.

[35] El ex presidente Silvela había disertado en el Ateneo de Madrid, las semanas previas sobre la “Historia de las ideas estéticas en España” y también sobre El Quijote y el Centenario (La Epoca, 17 de abril, de 1905).

[36] “Diario de un espectador”, La Época, 14 de abril de 1905, p. 1.

[37] Heraldo de Madrid, 7-5-1905, p.1 y Manuel Bueno y Bengoechea, en Heraldo de Madrid, 13-5-1905: "este libro, que ha glorificado a España más que los tesoros de Flandes y más que las plumas de todos nuestros escritores juntos, no ha llegado a la entraña ni al pensamiento de nuestro pueblo", p. 1.

[38] Noticiero Universal, 10 de mayo de 1905, n. 117, p.1.

[39] Manuel Bueno, Heraldo de Madrid, 13-5-1905, p. 1.

[40] La Vanguardia, sábado 6 de mayo de 1905, p. 4 (“Juan Buscón”).

[42] Citado por La Vanguardia, (El Correo), 12 de mayo de 1905, p. 6 y 7

[42] La Vanguardia, 10 de mayo de 1905, p. 4 y 5.

[43] Manuel Bueno y Bengoechea, en Heraldo de Madrid, 13-5-1905, p. 1.

[44] Noticiero Universal, 10 de mayo de 1905, p. 1. En el segundo homenaje de 1916 las consideraciones serían las mismas. Rodríguez Marín se reafirmaba en la conferencia dictada en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, el 29 de mayo de 1916, de que la realidad innegable era que en España no se leía a Cervantes Francisco Rodríguez Marín, "¿Se lee mucho a Cervantes?" (1916), Madrid (Cuenca, Imprenta moderna) 1931.

[45] Noticiero Universal, 20 de mayo, n.117, p.1.

 

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© Pilar Vega Rodríguez 2006

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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